martes, 12 de junio de 2012

Diario de una Lectura. GRANT MORRISON's BATMAN (II)

DÍA VII. 8 de Junio de 2012. Cambiando de Rumbo

Batman and Robin #'s 1-6

Guión: Grant Morrison

Dibujo: Frank Quitely & Philip Tan

Editorial: DC

Formato: Cómic Book. 32 Páginas

Precio: $2.99

Calificación: 8/10


Tras un día de descanso que he dedicado a llenar con otro tipo de lecturas, el ansia por seguir leyendo lo que fuera que Morrison le tenía preparado al Caballero Oscuro ha podido más que los muchos títulos de material europeo que se acumulan en mis estanterías esperando a ser consumidos. Y así, tan sólo dos días después de dejar a Batman ¿muerto? al final de R.I.P, comenzamos esta segunda (y última) parte del Diario de Lectura con los seis primeros números de Batman y Robin (que recientemente publicaba ECC en un tomo en tapa dura).

Antes que nada, un necesario aviso para aquellos que hayan sentido curiosidad por acercarse a este título. Aunque puede leerse sin haber tenido que pasar antes por todo lo que ha quedado incluido en la primera entrega de este Diario, me atrevería a aventurar que ello supone, aproximadamente, perderse un 50% de lo que Morrison plantea en la serie. De hecho, con lo que llevo ya leído de los números que vienen después, esta afirmación se hace más que cierta, y sin saber todo lo que pasa anteriormente, resultará harto difícil comprender muchos de los puntos vitales de la nueva cabecera.

Partiendo de la base de que Batman ha muerto (dejémoslo así por ahora, ya desvelaremos más adelante la verdad) y arrancando de nuevo in media res, algo que ya hemos visto que le encanta al autor, Morrison plantea el primer número de Batman y Robin reduciendo muchísimo la carga referencial con la que se habían caracterizado sus anteriores números, pero sin renunciar por completo a ella, dejando que la acción y el maravilloso trabajo de Frank Quitely (la fluidez en la narrativa de este artistazo se pone de relieve una y otra vez en las soberbias secuencias de luchas que se suceden en los tres primeros números) sean los protagonistas casi absolutos en estos primeros momentos. 

Pero claro, como decíamos, Morrison no puede desprenderse del todo de la inercia que venía arrastrando, y así, estos seis primeros números de la serie (que, en resumen, siguen a Dick Grayson y Damien Wayne bajo el manto de los nuevos Batman y Robin al tiempo que luchan primero contra un psicópata que pretende controlar a Gotham con una enfermedad y, después, en su enfrentamiento con el nuevo Red Hood) contienen mucho material del que sacar punta. 

Para empezar, están los pequeños apuntes que dan continuación a lo que Morrison venía desarrollando. Variando aquí las reglas del juego, lo que antes era un enfretamiento entre la vida y la muerte en un juego con actos aleatorios de violencia (los que llevaban a cabo Joker y Simon Hurt para hundir a Batman con toda aquella simbología del rojo y el negro sobre la que tantísimo incidió la anterior etapa) se ha convertido en una lucha entre el bien y el mal, con el blanco y el negro como colores significativos (esas piezas de dominó que Batman va encontrando). Pero como ya digo, la importancia de los símbolos se ve reducida ostensiblemente con respecto a los números previos, y muchas veces da la impresión de que, debido a la inercia, uno está sufriedo ese curioso síndrome llamado Apofenia que hace que se vean patrones y signficados ocultos donde puede que no haya nada.

De hecho, dejándome llevar por esa pervertida percepción, me voy a atrever a apuntar una similitud que he visto reflejada en otros comentarios de la serie y que no puedo dejar pasar por alto. Tenemos a un nuevo Batman. Y es de recibo pensar que, cuando arranca la serie, y tal y como hace las cosas Morrison, su intención (algo que corrobora en cierta manera el Batman INC) es que Dick Grayson siga portando la capa del justiciero durante largo tiempo. Así las cosas, es lógico pensar, si uno ha leído algo del oscuro héroe, que uno de los puntos definitorios del Señor de la Noche es tener una antítesis que le sirva de referencia. Con el Joker como complejo y perfecto archienemigo de Bruce Wayne, Morrison podría haber tirado por la vía fácil y haber buscado el recoveco para hacer que el personaje siguiera siendo el contrapunto del héroe. Pero nuevos personajes requieren nuevos villanos, y es aquí donde entra esa similitud que apuntaba al comienzo del párrafo.

Supongo que coincidiréis conmigo en que, a la hora de hablar del cómic que mejor ha reflejado el enfrentamiento entre Batman y Joker, La Broma Asesina es el primer título que a uno se le viene a la cabeza, siendo el trabajo de Moore y Bolland uno de los pilares fundamentales en la mitología del Hombre Murciélago. Y eso es algo que Morrison no puede dejar pasar por alto. Si Bruce Wayne tiene al Joker, y ambos La Broma Asesina, Dick Grayson necesita un villano y una historia que esté a la altura. Y aquí es donde entran en juego los seis primeros números de Batman y Robin.

En ellos (y de nuevo, tengan en cuenta que todo esto es una teoría que puede no tener ningún fundamento) es inevitable no ver las muchas similitudes que Morrison plantea para con la obra maestra de Moore y Bolland. Veamos algunas de ellas. Para empezar, esa feria en la que sitúa su base el Doctor Pyg (un demente que ya aparecía en el número 666 de Batman, en el que se veía un posible futuro de Gotham) es la misma en la que Joker tiende la trampa a Batman en La Broma Asesina. Pero Morrison no se queda ahí, y si las referencias en los tres primeros números se reducen a dicho lugar y a las muchas concomitancias que hay entre las acciones del Joker y el citado Pyg (la escena que cierra el primer número es muy similar al ataque del Joker al apartamento de Jim y Barbara Gordon, igual que la manera de Pyg de torturar a Robin mientras lo tiene capturado se asemeja a la que usa el Joker con Jim); cuando pasamos a los números del cuatro al seis, los puntos en común comienzan a multiplicarse.

La inclusión de Capucha Roja es el más evidente de todos ellos, teniendo en cuenta que bajo esa identidad era como conocíamos al Joker en La Broma Asesina. Ocultándose debajo de ella, tenemos a Jason Todd, el antiguo Robin asesinado por Joker, traído de vuelta por Superboy Prime y cuya psique fue regenerada gracias a uno de los Pozos de Lázaro utilizados por Ra's Al Ghul, un personaje que, en un giro brillante, Morrison acerca al origen del Joker tal y como lo narraba Moore, haciendo que, al igual que el Batman original afectara el aspecto físico de su archienemigo, el Batman actual, haga lo propio con Todd. A la aparición de Capucha Roja, el escritor escocés añade la de Flamingo, un villano colorido (como el Joker) que, a parte de algún gruñido, sólo se expresa con risotadas (y que es empleado por El Penitente, un criminal tras el que parece ocultarse Simon Hurt la verdadera identidad de Guante Negro). Pero donde realmente Morrison deja ver de forma clara el homenaje a La Broma Asesina es en el deselance del sexto número y en esas dos viñetas en las que Todd responde al ofrecimiento de Grayson a ayudarle, momento en el que el guionista rescata, en esencia, las mismas palabras con las que el Joker responde a Batman en los momentos finales de su enfrentamiento en el título de Moore (incluso visualmente, la pose de Todd es muy similar a la de Joker, por más que el irregular y olvidable trabajo de Philip Tan esté a años luz del de Bolland).

Ahora bien, lo que es evidente es que ninguno de estos villanos por si sólos le llega a la altura del betún al Joker pero, ¿y la suma de todos ellos? Al igual que podríamos considerar que los miembros del Club de Héroes (aquellos Batman de Otras Naciones) representan a diferentes facetas del Hombre Murciélago, nos sería descabellado pensar que las personalidades unidas de El Sapo, Capucha Roja, el Doctor Pyg y Flamingo dan como resultado la complejidad del carismático enemigo de Bruce Wayne. Además, si sólo centramos nuestra atención en Todd y lo comparamos con el Joker, la tragedia de éste último y el Batman original es que, si no hubiese sido por la cruel mano del destino, ambos podrían haber sido amigos (siempre se ha dicho que son caras opuestas de una misma moneda separadas por una fina línea), una tragedia que se ve aumentada exponencialmente si consideramos que Grayson y Todd podrían haber llegado a ser hermanos.


DÍA VIII. 9 de Junio de 2012. ¿El Regreso de Batman?

Batman and Robin #'s 7-9, Batman #'s 701 y 702

Guión: Grant Morrison

Dibujo: Cameron Stewart & Tony Daniel

Editorial: DC

Formato: Cómic Book. 32 Páginas

Precio: $2.99

Calificación: 8/10


Comencemos por el final, comentando primero no sólo los números 701 y 702 de Batman, si no todo lo que, durante la Crisis Final, le acaceía al héroe. Para empezar, dejemos claro que Batman no moría al final de R.I.P (hubiera sido de una ingenuidad tremenda creerlo dadas las veces que el Señor de la Noche ha sobrevivido a cosas mucho peores que la explosión de un helicóptero sobre el agua) y que el ominoso título hace más referencia al cambio en el status quo del alter ego de Bruce Wayne que a su defunción. 

Con nuestro protagonista vivito y coleando y Simon Hurt desaparecido, los números 701 y 702 se dedican por entero a llenar los huecos de aquello que sucedió tras R.I.P y durante la Crisis Final. En esencia, y dado que en ellos tenemos a un Morrison en piloto automático (y aún así tiene tiempo de dejar alguna pista que saldrá a la luz en Batman y Robin), lo que aquí se nos narra es cómo Bruce no muere tras su enfrentamiento con Darkseid (y su Efecto Omega) si no que es trasladado por este a la prehistoria, una era de la que tendrá que volver como sea en una aventura que se narrará en The Return of Bruce Wayne (y de la que daremos cuenta más abajo). Más allá de eso, lo único reseñable de estos dos números es la notable mejora en el dibujo de un Tony Daniel que comienza aquí a dejar atrás la hosquedad de su trabajo en R.I.P, acercándose a lo que le hemos podido leer en el Detective Comics de las Nuevas 52.

Así las cosas, damos unos pocos pasos hacia atrás y nos centramos ahora en los números 7 al 9 de Batman y Robin, en los que Morrison auna esfuerzos con un genial Cameron Stewart para narrar una corta aventura intercontinental (se desarrolla a caballo entre Gotham y Londres) muy relacionada con lo que se nos narraba en los números 682 y 683 de Batman, en los que, al margen de trazar una disección brillante de la relación entre Bruce y Alfred, Morrison describía los experimentos llevados a cabo por dos secuaces de Darkseid para crear clones de Batman desprovistos de todas las buenas intenciones originales del icónico personaje. Jugando a confundir momentáneamente al lector, Morrison termina el número 6 de Batman y Robin mostrándonos a Dick abriendo una cámara acorazada (cuya clave es curiosamente la frase Zur En Arhh) en la que se encuentra el cadáver uniformado de Batman. Pero este no es Bruce (recordemos que está perdido en el tiempo) si no uno de esos clones creados por orden de Darkseid que Dick pretende resucitar utilizando un Pozo de Lázaro que se ha encontrado en Londres.

Y ahí es donde arranca la acción. Tras una primera página que se relaciona de forma directa con la última del número 6, nos encontramos en la capital del Imperio Británico con un Batman (Dick Grayson) en plena faena junto a Squire (uno de los Batman de Otras Naciones) tratando de llegar a tiempo para detener una explosión en el metro de Londres. En una sucesión de acontecimientos frenética (que Stewart ilustra de forma maestra con una fluidez digna del mejor Quitely) veremos como Dick interroga a un criminal en la Torre de Londres (donde aparecerán de nuevo las piezas de dominó) y, después, como llega junto a Squire a una mina en la que se encuentra situado el Pozo de Lázaro donde se encontrarán de forma fortuita con Batwoman.

Muchas peleas perfectamente coreografiadas por Stewart (atención a la icónica splash page en la que Dick salva a Damien) y un raudo regreso a Gotham, donde se decidirá el destino del resucitado clon de Batman, ponen fin a un mini arco argumental intenso y muy directo que sirve como preludio perfecto a ese Regreso de Bruce Wayne que comenzará a continuación. 

DÍA IX. 10 de Junio de 2012. Bruce Wayne, colega de Marty McFly

Batman and Robin #'s 10-16, The Return of Bruce Wayne #'s 1-6 y Batman #700

Guión: Grant Morrison

Dibujo: A. Clark, F. Irving, C. Sprouse et al.

Editorial: DC

Formato: Cómic Book. 32 Páginas

Precio: $2.99

Calificación: 9/10


BUFFFFFFFF!!!!!!!!!!!!! 
Si la cabeza no me estalla, cosa que es bastante probable después del atracón de lectura que me acabo de dar (ahora mismo son las 23:14 del sábado 10 de junio y he invertido la mayor parte del día en acabar lo que me quedaba por leer), y soy capaz de poner en orden mis ideas, algo que es bastante improbable, en los siguientes párrafos voy a dar cierre a un trabajo que, probablemente se verá en unos años como una de los pilares básicos a la hora de entender al Hombre Murciélago.

Y, por supuesto, si ya con Batman R.I.P avisaba de la más que probable incoherencia del discurso que iba a abordar, ese aviso se torna aquí en clara advertencia con tintes de alarma, ya que no tengo la menor idea de lo que va a salir de todo esto. Sin más preámbulos, allá vamos.

14 números para dar cierre a lo que podría ser considerado una primera parte del cuerpo de una historia que, aún hoy, sigue viva gracias a la reciente aparición del primer número de Batman Incorporated. Unas 400 páginas para redondear el intrincado trabajo de referencias, redefiniciones, simbologías y nuevas lecturas que Morrison comenzaba en 2006. Un ejercicio que adopta aquí su más compleja acepción ya que, de cara a lo que comenzará en Batman INC, el escocés necesita cerrar casi todo lo que ha ido planteando, una tarea nada sencilla si tenemos en cuenta que a la hora de abordar dicho cierre, el guionista debe clausurar no sólo lo concerniente a lo que se ha planteado en Batman y Batman y Robin, si no también muchas de las ideas que aparecían en Final Crisis.

¿Por dónde comenzar? ¡Ah, sí!

Aclaremos antes que nada que, para poder aprehender todo lo que Morrison plantea en estos números, es completamente imprescindible apoyar la lectura con la visita a algunas de las muchas páginas dedicadas a anotar (en inglés, eso sí) todos y cada uno de los detalles que a cualquier mortal se le escaparían. Tanto es así, que algunas de las conclusiones que iré vertiendo en adelante, son préstamos directos o ligeras variaciones de lo mucho que, en estos días, he tenido que leer acerca del FINAL de esta primera fase de Batman.

Y ha sido en ese proceso de idas y venidas (llegado el momento, a la conclusión de un número acudía raudo a alguna de esas páginas de anotaciones para que no se me escapara detalle antes de seguir la lectura) en el que he podido constatar que, como ya afirmé en la primera parte del Diario, Morrison es un maldito genio. Sólo así se puede calificar a alguien que plantea una idea de la complejidad que él ha plasmado en las páginas de Batman, la desarrolla a lo largo de cuatro años, le da forma en varias etapas perfectamente diferenciadas, la concluye de forma más que satisfactoria (todos tememos siempre las conclusiones de series prolongadas de esas que calificaríamos de míticas) y controla a la perfección hasta el más mínimo detalle gráfico para que nada se pueda escapar (y un vistazo a cualquiera de sus páginas de guión confirma lo mucho que describe las viñetas al dibujante de turno). A este respecto, cabe señalar la asombrosa planificación que Morrison hace de su Batman, convirtiendo su estancia no sólo en la obra seminal que resulta siendo, si no también en un cómic que reta de forma constante al lector a no perder ni el más mínimo detalle de todo aquello que acontece, algo que no suele ser habitual en el tebeo de superhéroes y que eleva, si cabe aún más, la magnífica percepción que (al menos por mi parte) se termina teniendo de su genial trabajo.

Con las piezas perfectamente dispuestas, y el tablero preparado para empezar a jugar, lo que Morrison va planteando en los números que dan cierre a su saga tiene su arranque en los 10 al 12 de Batman y Robin (correctamente ilustrados por Andy Clarke), en los que se plantan dos semillas bien diferenciadas. La más inmediatas son las que terminan descubriéndonos la identidad de Oberon Sexton (el detective enmascarado que ha estado ayudando a Batman y Robin en sus enfretamientos con el Penitente/Simon Hurt y sus hombres) y, por otro lado, la continuación del juego de dominó que ya apuntábamos más arriba y que comienza aquí a adquirir muchísima más relevancia. La otra semilla, la que terminará germinando en Batman INC, tiene que ver con Damien, Talia y el control que la hija de Ra's al Ghul quiere tener sobre su vástago.

Trascendidos estos tres números (que, como siempre, dan para muchísimo en cuanto a pistas, referencias y pequeños apuntes de esos que enriquecen la lectura), comienza lo que podríamos calificar como "LA MADRE DEL CORDERO DE TODAS LAS SAGAS DE BATMAN" una lectura continuada que se puede acometer de muy diferentes maneras pero que desde aquí recomiendo a quién no la haya hecho que se plantee alternando cada número de Batman y Robin a partir del 10 con uno de los de The Return of Bruce Wayne ya que, llegado el 13, la cosa comienza a adquirir el sentido que, sin duda, Morrison pretende darle a la acción.

¿Y qué vamos a ir encontrándonos en una y otra serie? Comencemos por The Return of Bruce Wayne. Trasladado en el tiempo como ya comentamos debido al Efecto Omega de Darkseid, Morrison va explicando en esta miniserie de seis números como Bruce va avanzando por diferentes épocas de la historia, desde la prehistoria hasta la actualidad. Convertido por Darkseid en el arma definitiva que acabará con el Universo (al desplazarlo en el tiempo lo que el Dios de Apokolips consigue es que conforme va regresando a su época Bruce vaya acumulando la energía Omega suficiente para poner fin a todas las cosas) Morrison va haciendo que nuestro héroe se vaya encontrando a si mismo en la piel de algunos de sus antepasados, planteando así un pequeño homenaje en cada número a los géneros de cómic que, desde el de aventuras, al noir, pasando por el fantástico o el western, causaron furor entre los lectores de tebeos durante los años cuarenta a sesenta. Al mismo tiempo, el escritor va enhebrando el tejido sobre el que apoyar todo aquello que ha venido construyendo hasta ahora en su estancia en la serie, aportando datos fundamentales sobre el pasado de la familia Wayne y, sobre todo, sobre la verdadera esencia de Batman y su origen, algo sobre lo que volveré a incidir más tarde.

No menos importante es lo que le espera al lector en las páginas de Batman y Robin, ya que en los cuatro números que cierran la colección y que se agrupan bajo el título Batman and Robin Must Die (Batman y Robin deben morir) Morrison plantea una siniestra simetría con el R.I.P, transmutando la mayoría de las claves del enfrentamiento a tres bandas entre Batman, Simon Hurt y el Joker, en uno a cinco bandas con el añadido de Robin y un recuperado Doctor Pyg. Con el magnífico trabajo a los lápices de Frazer Irving, Morrison va dando nueva identidad a los hitos, ya visuales, ya argumentales, que fueron jalonando la primera mitad de esta estancia en el personaje, resolviendo al tiempo todas las dudas que había al respecto de la verdadera identidad de Simon Hurt. Un villano que se termina descubriendo como el mejor de cuántos enemigos ha tenido el Señor de la Noche, quizás por debajo del Joker, y que se revela, al tiempo, como un fiel reflejo del complejísimo trabajo de documentación e inserción en la mitología de Batman con el que Morrison ha caracterizado esta magna aproximación al personaje. 

Todo lo anterior (y aquí tengo que enfatizar el millón de reflexiones y comentarios que me dejo en el tintero para no hacer de esta reseña una tesis doctoral) se cierra, por un lado, en el número seis de The Return of Bruce Wayne y, por el otro, en el 16 de Batman y Robin. Y aquí si me voy a permitir ser un poco más específico con lo que Morrison termina desvelando, ya que aquí es dónde, por fin, el escritor termina su proceso de deconstrucción/reconstrucción y dónde averiguamos cuál era el fin último al que el guionista quería llevar el personaje. Y ese no es otro que aportar un matiz más a las motivaciones que hicieron que un niño que perdió a sus padres en un callejón oscuro, dedicara su vida a la lucha contra el crimen. Establecidos muchos de los parámetros de la personalidad de Batman en títulos puntales como Año Uno o Dark Knight Returns, lo que Morrison plantea en las últimas páginas del número 6 de The Return of Bruce Wayne, y completa con las últimas de Batman y Robin 16, es que Batman nunca podría haber llegado donde está si no hubiera sido por la constante ayuda con la que contó desde un principio. Primero, con el siempre desinteresado apoyo de Alfred. Después, con los diferentes Robin que han pasado por su vida, así como la gente como Jim Gordon o sus compañeros superhéroes, haciendo que su misión adquiera sentido y perspectiva a cada momento y siendo este el motivo principal para seguir adelante cuando las fuerzas han flaqueado. Tamaño hallazgo de cara a un personaje del que parecía haberse dicho todo, termina alejando a Batman de la imagen de oscuro vengador que siempre le ha acompañado para llevarlo hacia la luz del renacimiento al que le somete Morrison. Un renacimiento en muchísimos y muy complejos sentidos que no ha hecho más que empezar y que, además, se establece como punto de apoyo perfecto para entender el por qué de Batman INC.

Mucho he dejado por el camino y mi cabeza es, en estos momentos, un hervidero de mil ideas que podría intentar poner en orden y plasmar aquí. Pero ahora que estoy a punto de dar cierre a este intenso Diario de Lectura, me doy cuenta de que abundar más en lo que Morrison consigue con este soberbio trabajo sería deslucir en cierto modo la miriada de sorpresas que aguardan al lector que tenga a bien acercarse a él. Así que, sin más, dejo aquí estas muchas líneas con la esperanza de que os motiven lo suficiente como para adentraros en tan significativo e intenso viaje. Creedme cuando os digo, con la mayor sinceridad, que VALE LA PENA.


Sergio Benítez (XIII)

P.D: un pequeño añadido de última hora, antes de publicar esta segunda entrega. Por un lado, unir a la recomendación de la lectura de todo lo que aquí hemos repasado, el Batman INC, una serie brillante, con dibujantes sensacionales que sirve de perfecta clausura a todo lo que aquí hemos analizado al tiempo que se establece como brillante arranque de lo que ya hemos podido empezar a ver en Batman Incorporated. Por el otro, recomicdar también el acercamiento a ésta última, una serie en la que Morrison, con un fantástico Chris Burnham a los lápices, ha arrancado a todo gas.