Dibujo: Rafael Albuquerque y otros
Editorial: DC
Formato: Comic book. 32 páginas
Precio: $3.99
Calificación: 9/10
Guión: Kyle BakerA finales de 1999 (iba a decir finales de siglo, pero no quiero entrar en absurdas polémicas) el mundo vivía preocupado sobre la posibilidad de que la llegada del año 2000 fuera interpretada por los ordenadores que rigen el mundo (aviones, comunicaciones, electricidad, etc.) como que la fecha era 1900, y todo se viera sumido en la oscuridad y el caos.
Con semejante material como premisa, y acostumbrado a jugar con las inquietudes y neuras de la sociedad para escribir muchas de las historias que publicada mes a mes, el sello Vértigo editó en esa fecha una serie de especiales que tenía mucho que ver con el Y2K (el fin del milenio y sus consecuencias), y que bautizaría como V2K. Dentro de la irregular producción de títulos, aparecerían obras como Totems, de Tom Peyer, donde Shade, Animal Man, La Cosa del Pantano o John Contastine se reúnen en una extraña fiesta fin de milenio, rodeados de Conspiradores y alienigenas.
Por suerte, el experimento V2K dio mejores frutos, como el que nos ocupa. Moriré a Medianoche cuenta la historia de Larry, a tan sólo 90 minutos de la llegada del año 2000. Su novia Muriel acaba de dejarle, y Larry ha decidido acabar con su sufrimiento, ingiriendo un bote entero de pastillas. Pero claro, cuando acaba de imprimir su nota de suicidio (sí, de imprimirla), y de tomar la última pastilla, la mismísima Muriel aparece en el apartamento de Larry, diciéndole que lo ha pensado mejor, y que quiere que vuelvan juntos. A partir de ahí, la noche de Larry camino al nuevo año será un titánico esfuerzo por vomitar las pastillas ingeridas, y encontrar otras pastillas que contrarresten el efecto.
El personal hacer de Kyle Baker hace el resto. Con su particular estilo Cartoon, y casi como si de un Storyboard cinematográfico se tratase, las viñetas son “subtituladas” con los diálogos que deberían aparecer en su interior. De ritmo frenético, estos noventa minutos de la vida de Larry pasan como una exhalación, y como queriendo acompañarle en su frenética carrera por salvar su vida, la propia lectura parece acelerarse, saltando entre las paginas para ver como la capacidad narrativa del señor Baker sigue en plena forma, y casi no necesita de textos de apoyo para contarnos una historia.
En el trayecto, páginas tan efectivas como el reencuentro entre Larry y Muriel, contado en segundo plano, ya que el primero lo ocupa el bote vacío de pastillas que lo provoca todo, una persecución en las alturas con la muchedumbre de Times Square que espera la celebración del nuevo año, o ese impagable primer plano de Larry escuchando al conserje que le ha interrumpido cuando pretendía vomitar las pastillas, para contarle una estremecedora historia personal. En resumen, una obra capaz de satisfacer tanto a los incondicionales del autor de Porqué odio Saturno (cuya imposible adaptación cinematográfica se anuncia en el Times Square de este comic), y a cualquiera que se acerque por vez primera a su particular universo de Tex Avery enloquecido.
Guión: Peter MilliganEl buen sabor de boca que la primera miniserie de Blanco Humano dejó a crítica y público, fue motivo mas que suficiente para que Vertigo volviera a confiar en Peter Milligan y le diera la oportunidad de seguir contando la historia del atormentado Christopher Chance, esta vez como novela gráfica, y sustituyendo al malogrado Edvan Biukovicz (sí, lo he tenido que copiar…) por nuestro Javier Pulido.
Y aunque esta novela gráfica diera lugar, a su vez, a una serie regular, de la que hablaremos otro día, estas 96 páginas suponen, para quien esto escribe, la mejor historia del personaje. La acción arranca donde terminaba la anterior, con ese cartel de Hollywood, que viene como anillo al dedo a los clientes que nuestro enigmático Señor Chance tendrá en este volumen.
Para los no iniciados con el personaje, que por cierto, ha contado este año con su propia serie de TV (cuyo resultado final no es para tirar cohetes), decirles que Christopher Chance es capaz de metamorfosearse, con ayuda de maquillaje y algo de látex, en cualquier persona, y así protegerlos de cualquier amenaza, hasta el punto de que sus seres mas cercanos son incapaces de darse cuenta de que están siendo suplantados. El problema, y para mi el gran acierto del personaje, y por tanto de la serie, es que se mete tanto en las personas que debe proteger, que no está seguro de donde empieza el personaje y donde termina Christopher Chance, e incluso dudar de cuál de entre todas las personalidades que se agolpan en su cabeza es la verdadera (si es que todavía queda algún rastro de su personalidad original).
En esta ocasión, y tras haberse producido el chantaje y posterior asesinato de varias estrellas de Hollywood, le tocará suplantar y proteger a Dai Thomas, una estrella en horas bajas que busca desesperadamente un nuevo éxito, y que no dudará en utilizar incluso las amenazas para volver a la cima. Aprovechando la ocasión, Milligan hace un cruel retrato de la meca del cine, dominada por estrellas obsesionadas con envejecer, niños actores obligados a ser adultos demasiado pronto, y guionistas dispuestos a cualquier cosa por ver su guión trasladado a la gran pantalla. Como de costumbre, se tratará de un peligroso juego donde nada es lo que parece, y donde Christopher pasará de una personalidad a otra intentando descifrar la clave para que un niño estrella pueda volver a reunirse con sus padres.
En el apartado gráfico, Javier Pulido comenzaba a demostrar (la obra es de 2004) que era un artista muy a tener en cuenta, y es que su dibujo de alargados rostros y figuras, tan personal y característico encaja a la perfección en la serie, y los que hemos seguido su trayectoria hemos comprobado que no hace sino mejorar en cada nuevo proyecto. En resumen, un guión complejo y fascinante, cuyas piezas van encajando poco a poco a lo largo del relato, un dibujo soberbio, y un personaje al que se le coge cariño con facilidad: un hombre que, a fuerza de suplantar a otras personas, ya ni siquiera recuerda quien es realmente.
Guión: Grant MorrisonDios ha muerto. O por lo menos el actor que hacía de Dios en la obra de teatro de un pequeño pueblo llamado Townely. Este es el punto de partida de la obra de Grant Morrison, la aparición del detective Frank Carpenter y su investigación, nos servirá a los lectores para pasar lista y conocer de primera mano a los sospechosos del crimen y los entresijos del pueblo.
Acompañando al detective, la aparición de una periodista del pequeño periódico local precipitará los acontecimientos, hacia un final tan inesperado como surrealista. Visto en conjunto, la novela gráfica peca de dispersarse en su argumento, donde el personaje principal, el detective Carpenter, va de un lado a otro, interroga sospechosos mientras tiene extrañas visiones (quizás premonitorias), o visita un prostíbulo que parece salido de Twin Peaks sin ningún motivo en particular, mas allá de definir innecesariamente la enfermiza personalidad del alcalde del pueblo.
Personalmente, y tras haber leído bastantes obras de Grant Morrison, da la sensación de que este trabajo intentaba asemejarse al estilo de otros compañeros del sello Vertigo, como Neil Gaiman, que sí que saben dotar a sus personajes de la profundidad que necesitan. En este caso, sólo tenemos clara la necesidad de la periodista de salir del pueblo y trabajar en la gran ciudad (más que nada, porque lo oímos de su boca en dos ocasiones), pero el resto de personajes no siguen un rumbo fijo, y aparecen y desaparecen de forma constante.
Sin embargo, algunos destellos de genialidad se dejan entrever en este peculiar relato, como la conversación mantenida con el Reverendo Tilley, quien ha dejado de creer en Dios tras perder a su mujer a causa del cáncer pero sigue dando ánimos a sus feligreses, y nos deja esta frase digna de enmarcar: “Somos animales estúpidos y asustados que rogamos a un cielo vacío, y si puedo calmar el miedo de mis semejantes mintiéndoles sobre el cielo, lo haré”. Brutal.
Publicada por vez primera en 1994, El Misterio religioso supuso la consagración de Jon J Muth, que obtendría al año siguiente el premio Eisner al Mejor ilustrador de Cómics. Y la verdad es que cada página de la novela gráfica merece tal honor. Como sucediera con Dave Mckean en Arkham Asylum, es bastante complicado imaginar la obra y la sensación final que deja al lector, sobre todo en el tercio final, si cualquier otro dibujante se hubiera hecho cargo. Realista, con un prodigioso dominio de la luz y el color, consigue que nos olvidemos de las pequeñas carencias narrativas de un primerizo Morrison para dotar de un mayor empuje y efectividad al conjunto.
Guión: Ian Rankin

Corría el año 1994, y en las oficinas de la editorial Vertigo debieron pensar que, si contaban con un buen puñado de series regulares, que gozaban de buena salud mensual, porqué no emular a su editorial “madre”, DC Comics, y preparar algún tipo de evento que uniera a todas las series durante algún tiempo, provocando que los lectores de determinadas series tuvieran que leer las demás para conocer la historia completa, y ganar así algunos lectores más, que nunca vienen mal. La idea no era del todo mala, y si además contaban con el multipremiado Neil Gaiman como guionista, miel sobre hojuelas.
El evento tuvo lugar, como ya he comentado, en 1994, y los editores tuvieron el suficiente critero (¿me oyes, Dan Didio?) de hacer que este cruce no tuviera lugar en las series regulares, dada la complejidad de tramas de muchas de las mismas, sino en dos especiales que abarcaran todos los personajes y que daban inicio y fin a todo, y entre estos dos, en los anuales de las respectivas series.
Así, el primer capitulo del cruce (no lo llamo saga porque podrían confundirlo con Final Crisis o Secret Invasion) era obra de Neil Gaiman y Chris Bachalo, y allí se nos contaba como la desaparición de todos los niños del pueblo de Flaxdown, ponía sobre la pista a los detectives muertos Rowland y Paine, que pronto descubrirán que todos han ido a parar a País Libre, un idílico lugar que esconde mil y un secretos.
Para terminar de involucrar al resto de series de la casa, se echaba mano de los niños o jóvenes de cada una de las series, para así tener la excusa perfecta para dedicar un anual completo al desarrollo de la trama. De esta forma, Maxine, la hija de Animal Man, la Dorothy de Doom Patrol o el Tim Hunter de los Libros de la Magia se verían involucrados en esta Cruzada de los Niños.
Como no podía ser menos, el relato de Gaiman resulta delicioso, sobre todo en los diálogos que mantienen los Detectives Muertos, simplemente perfectos. A los lápices, un Bachalo realmente inspirado, nada que ver con su trabajo actual en varias series, que brilla con especial intensidad en el tramo final, cuando para ilustrar la llegada de los niños a País Libre, utiliza tan sólo los colores rojo y azul, sobre sombras negras, con un resultado espectacular.
El problema venía de la dispar calidad de los anuales que recogían el desarrollo de la saga, que iban desde la simple corrección de los anuales de Orquidea Negra, La Cosa del Pantano, o Los libros de la Magia, al desastre más absoluto de Animal Man o la Doom Patrol, cuyos guionistas debieron pensar que al tener niños de protagonistas, el nivel de guión debía ser el mismo.
Este irregular resultado intentaba cerrarse medianamente bien con el segundo especial, nuevamente de la mano de Gaiman, acompañado de muchos de los guionistas de los anuales, y es que, por mucho interés que el autor de Sandman tuviera en que todos los cabos quedasen bien atados, había desaguisados que era casi imposible justificar, devolviendo a cada guionista la tarea de arreglar sus propios errores.
La única pega que se puede poner, más allá de dos desafortunados anuales, es que de haber dejado todo el proyecto en manos de Gaiman y Bachalo, como un especial unitario, podríamos estar hablando de una maravillosa historia, al nivel de las miniseries que ambos autores dedicaron a Muerte, la hermana de Sandman.
Jose (44)
Guión: Garth Ennis
Guión: Garth Ennis
Guión: Garth EnnisIncluso os podría contar que como en casa yo soy el único que lee en inglés, al final la serie terminó cayendo también en castellano adquiriendo los tometes de Norma a partir de dónde Zinco lo dejó, financiados en parte por mi hermano, que era el interesado en su lectura. Y al final la colección se ha quedado en mi casa. Sip, ésta serie es uno de ésos materiales que se tienen duplicados por cuestiones idiomáticas. Y lo curioso es que con el paso de los años no me ha dado por desprenderme de ninguna de las dos versiones. ¿Alguien quiere alguna? Porque por un precio razonable... Y no, no es por comprar el anunciado cofre con tres megatochos planetarios, que deben de ser la leche de incómodos de leer. La cuestión es que definir Predicador no es tarea fácil. ¿Es una road-movie?¿Un western moderno?¿Desvarío religioso por culpa del guionista? Pues sí, es todo éso y algo más.
En el primer tomo habían dos historias diferenciadas, cosa que aprovecharon los de Zinco en su día para sacar dos tometes. La primera es básicamente el planteamiento de toda la serie, la segunda un interludio antes de meterse en todo el fregado. El principio de la serie es típicamente ennisiano: tres personajes en un local charrando y tomando algo. Ya puede ser un restaurante, un pub, un puesto de perritos en la calle, un local de striptease o en la cola del super, pero me faltan dedos en las manos para contar las veces que Ennis recurre al diálogo entre sus personajes de ésta forma. Bueno, pues resulta que están hablando entre ellos y poquito a poco, a base de flasbacks narrados por cada uno, se nos presenta una breve historia de ellos hasta que llegan al punto en el que los estamos leyendo.
Ennis nos escribe sus típicos diálogos reales como la vida misma, plagados de palabras malsonantes y coloquiales a más no poder. Y poquete a poco, nos enteramos de quienes son Jesse, Tulip y Cass. No nos lo cuenta todo de ellos (que todavía quedan más de sesenta números y varios especiales por delante), pero sí que logra que simpaticemos con ellos y nos interesemos lo suficiente para seguir con la serie.
La segunda historia nos plantea un punto de inicio en el que comenzar a buscarlo, a través de un amigo de Cass. Se adereza la cosa con un caso policial de un asesino en serie en New York, un poli con mala pata, otro con un curioso secreto y un amigacho de Cass casi tan peculiar como él y... ¡tachán! tenemos un pequeño descanso antes de la tormenta. ¡Y menuda tormenta! Aunque de éso ya hablaremos, pero tranquilos que meteremos el acelerador en el siguiente párrafo, porque como alargue ésto a más de diez entradas entre recopilatorios y especiales variados seguro que Sergio me manda de paseo...
Así que resulta que el trío protagonista se ve enfrascado en la búsqueda de Dios por todo el mundo, que es el motor principal de la serie. Ya sea New York, Francia o el mismísimo Alamo (recordemos que ésto es un semi-western). Durante su periplo descubrimos cosillas como el linaje de Jesucristo con María Magdalena, la historia de Proinsas Cassidy en la que sabremos cómo y por qué es lo que es, a una organización mala malosa que pretende controlar al mundo con un nuevo Salvador religioso, la importancia de John Wayne en la vida de Custer, y un sin fín de personajes a cada cual más estrambótico. Sobre el destino de Jesse y la resolución de la serie un servidor no va a decir absolutamente nada, no sea que se lo destripe a cualquier posible lector que todavía no se haya acercado a ella.
Y ahora vamos a rascar un poquete la superficie. Porque debajo del cafrismo al que Ennis nos tiene acostumbrado, en ésta obra tenemos un pequeño tironcillo de orejas a la sociedad americaniense. Temas como la droga, prostitución, fanatismo religioso, el fenomeno fan llevado al extremo, las secuelas de la guerra del Vietnam, la inmigración, la verdad, la integridad y resto de "valores americanos". Y es que no hay nada mejor como no ser americano para poder burlarse de las creencias de éstos.
Graficamente tenemos en todos y cada uno de sus números a Steve Dillon. Con si dibujo claro y limpio éste artista es capaz, curiosamente, de plasmar las más horribles y desagradables escenas de masacre, mutilación y destripamiento que Ennis escribe. Es de agradecer que no haya baile de dibujantes en la serie, dando una coherencia especial a la misma.
Pues eso, que si os gusta Ennis, las pelis de vaqueros, las series de Vertigo, una buena historia con su principio-nudo-desenlace, bien escrita y dibujada... ¿qué haces que no te pones a leer o releer el Preacher?
Saludos!
Nacho (45)
Guión: Ed BrubakerA pesar de mi tendencia natural a acudir a fuentes pijamistas siempre que piso una tienda de comics (me atraerán los colorines, digo yo...), y a mi terror natural a todo lo europeista y el estilo “slice of life” de contar historias de muchos autores independientes americanos, debo reconocer mi debilidad por el sello Vertigo, donde he podido encontrar refugio tras la debacle pijamista de los útlimos años, provocada por una sobresaturación de Crisis, Noches Oscuras y Reinados todavía mas oscuros, y por la vuelta a los 90, donde sólo nos faltan las tintas holográficas para volver a un tiempo en que era necesario seguir simultáneamente 32 series para entender algo.
Este rollo que os acabo de endilgar viene al caso porque cada vez con mas frecuencia prefiero releer una determinada etapa o pequeño proyecto de autores ya consagrados, que intentar seguir al día de las novedades de las distintas editoriales americanas, y como ejemplo, tenemos a Ed Brubaker. El escritor americano, famoso en los últimos años por haberse cargado al Capitán América, y según parece, también por volverlo a traer de vuelta (¿véis lo que os decía?), es uno de mis guionistas preferidos, siempre que se ciña, como cierto mutante canadiense, a lo que mejor sabe hacer: escribir cine negro.
Y es que se nota a la legua cuando la serie que tiene entre manos es de encargo, o cuando se le da la suficiente libertad para hacer y deshacer a su antojo, o lo que es lo mismo, parece que el pijamismo le constriñe (esos trajes son ajustados) y se mueve mejor en ambientes pequeños. Así, y dado que sus recientes etapas en Daredevil o el Capitán América han sido ya comentadas por aquí, me centraré en su otra faceta de producción, donde obras como Sleeper o Criminal han supuesto el encuentro del gran público con la novela negra.
Pero vayamos entrando en materia, que se me acaba el espacio. La Escena del Crimen, publicada entre Mayo y Agosto de 1999 por el sello Vertigo, sigue la pista a Jack Herriman, detective privado que anda tras los pasos de su padre, un detective de policía asesinado, y del último caso que ha decidido aceptar, el de la desaparición de una chica, a la que relacionan con una secta, y a la que su hermana hace semanas que no ha vuelto a ver. Como es habitual en las obras de Brubaker, un encargo sencillo terminará complicándose, y nuestro protagonista se verá inmerso en una trama de traiciones que se inició hace veinte años.
La miniserie de cuatro números, que debía dar pie a una serie regular que nunca vió la luz, es una muestra más de la genialidad del guionista a la hora de describir personajes, situaciones y ambientes totalmente creibles, de hacernos partícipes de coartadas falsas, asesinatos y todos los detalles de ese particular submundo, y se agradece que su compañero de viaje sea Michael Lark, con quien ha repetido colaboracion en infinidad de proyectos hasta la fecha, y quien retrata fielmente esos ambientes enterrados en sombras, con personajes de turbulentos pasados y policías corruptos.
Jose (41)
Guión: Steve DarnallSeguir a un determinado autor, ya sea guionista o dibujante, en el cambiante mundo del cómic es una ardua tarea que pasa por dejar series inconclusas, familiarizarte con personajes o editoriales desconocidas, e incluso comprar series que, de estar firmadas por otra persona, jamás incluirías en tu lista de compra.
Esto fue básicamente lo que me pasó con Alex Ross, y lo que llevó a adquirir Uncle Sam bastante tiempo después de su publicación, y aprovechando que una de esas ediciones “definitivas” veía la luz. El estilo de Alex Ross siempre me ha llamado la atención. Cualquiera que haya visto sus dibujos, conocerá su grado de detallismo, y su particular intento de que cada viñeta sea como un pequeño cuadro, repleto de detalles, y de luces y sombras.
Su relación con el mundo del cómic se ha caracterizado por una visión “realista” de los superhéroes, donde podemos disfrutar de un Superman más humanizado que nunca en su obra mas famosa, Kingdom Come, junto a Mark Waid, de la serie de especiales que ilustró junto a Paul Dini, o de la mas reciente Justice, ejemplo paradigmático de su forma de ilustrar héroes y villanos con total acierto.
Por eso seguía llamando mi atención aquel pequeño proyecto de tan solo dos números que publicaba en 1997 bajo el sello Vertigo, junto al para mi desconocido Steve Darnall, aunque en este caso, y como viene haciendo en sus ultimos proyectos, también parte del guión estaba firmado por Ross.
La historia de Uncle Sam es tan sencilla o complicada como queramos verla. Un vagabundo deambula por las calles con la apariencia del tío Sam, esa figura simbólica que define los Estados Unidos de América, y que se popularizara en aquellos carteles donde nos increpaba con el dedo índice: “I want YOU for the US Army”. Este símbolo de todo lo bueno que representa el sueño americano, las barras y estrellas y la tarta de manzana, es aquí utilizado por los autores para todo lo contrario, para reconstruir los mas famosos pasajes de la historia americana, y comprobar la verguenza que suponen algunas de las acciones de sus politicos y gobiernos.
Así, mientras nuestro protagonista va saltando en el tiempo, envuelto en una neblina histórica, que le devuelve ocasionalmente a la realidad actual, podemos verlo transfigurado en JFK, en Dallas, justo tiempo para recibir el fatal disparo que acabaría con su vida, comprobar los sangrientos orígenes del país sobre los cadáveres de Pieles Rojas, su incursión en recientes conflictos armados, o su visita a épocas donde los hombres eran asesinados por el color de su piel.
Este viaje Dickensiano, donde se enseña al protagonista todos los errores cometidos, pero aquí sin posibilidad de enmendarlos, sirve hacer una realista y salvaje radiografía de los oríegenes de este sueño americano, del que resulta imposible permanecer inalterable, y de esto último tiene mucha culpa el dibujo de Ross.
Sin embargo, la lectura para ojos españoles de este Uncle Sam puede resultar agotadora, y es que cada página está salpicada de mil y una referencias históricas, de imágenes y de textos, incluso de párrafos de la declaración de independencia, muchas de las cuales no son fácilmente identificables, lo que desluce el conjunto para aquellos no abonados al canal de historia.
En resumen, una obra visualmente impecable, como no podía ser de otra forma, brillante a la hora de retratar de forma despiada al continente americano, como un país incapaz de reconocer sus propios errores, idiotizado por la televisión, pero que hace aguas en cuanto al guión, que más allá de la sucesión de épocas e imágenes no parece tener una estructura o desenlace claro, o incluso mucha coherencia en determinadas partes de la obra.
Jose (39)
Guión: VVAAEl sello americano Vertigo, que naciera como división adulta de las más familiar DC (aunque habría que ver que opinan los padres de que últimamente, los muertos se levanten de sus tumbas en Blackest Night), siempre ha supuesto un añadido de calidad y madurez, principalmente por los autores con los que ha contado, y por esa libertad creativa que ofrecía y sigue ofreciendo.
Durante tres años, se publicaba con cadencia anual una serie de especiales que con el titulo Al Filo del Invierno ofrecían un conjunto de historias cortas, la mayoría con temática navideña, de entre cuatro y seis páginas de varios equipos creativos con dos objetivos: el primero, ser un capítulo extra de series que ya se publicaban con éxito en la editorial, como Sandman, Hellblazer o Transmetropolitan, y el segundo, que otras de estas historias fueran de nuevas series, recién publicadas o a punto de hacerlo, y que este aperitivo, a modo de trailer cinematográfico, sirviera para convencer a los lectores de la calidad del producto.
La calidad de las historias era diversa, al igual que la de sus equipos creativos, pero merecen especial relevancia las siguientes:
- Sandman. Como no podía ser de otra forma, Neil Gaiman estaba al frente de cada una de las historias, donde John Bolton, Jeff Jones y Michael Zulli le ayudaban respectivamente a contar tres relatos de los eternos, y donde nos demostraba su buen hacer como escritor, consiguiendo maravillas en unas pocas páginas. Una auténtica delicia.
- Hellblazer. Paul Jenkins y Paul Pope se hacían cargo de una lacrimógena historia de Navidad y seres queridos que ya no están, Garth Ennis y Steve Dillon nos contaban una menos lograda historia sobre oportunidades perdidas, y Dave Gibbons como autor completo utilizaba un formato de novela ilustrada para contar la suya.
- Transmetropolitan. Warren Ellis y Darick Robertson, el equipo cretivo de la serie aparecía en dos de los tres especiales para darnos su particular visión de la navidad, cafre como pocas, y el que conozca las aventuras de Spider Jerusalem sabrá de que hablo.
- Los Invisibles. Grant Morrison se dejaba acompañar de Phillip Bond y Phil Jimenez, para darnos su ración de King Mob y compañía como sólo el sabe hacerlo, en forma de recortable para que vistas a tus antihéroes favoritos a la moda.
La lista de series y autores es interminable, pero baste añadir algunos nombres como Matt Wagner, Ed Brubaker, Brian K. Vaughan o Brian Azzarello y series como The Minx, Los Libros de la Magia, La Cosa del Pantano o La Casa de los Secretos para demostrar la calidad del atípico producto final.
Y es que, aunque la mayoría de historias cortas se han ido recogiendo en los recopilatorios de cada serie, como la de 100 Balas o Los Invisibles, el que los tres volúmenes estén saldados en cualquier tienda es una buena oportunidad de hacernos con ellos y quizás descubrir series y autores del sello a los que nunca hemos dado una oportunidad.
Jose (37)
Guión: Andy Diggle