miércoles, 22 de abril de 2009

DAREDEVIL: HELL to PAY TPB's 1 & 2

Guión: Ed Brubaker

Dibujo: Michael Lark

Editorial: Marvel

Formato: TPB. 144/160 Páginas

Precio: $14.99/15.99

Calificación: 9/10

La noticia no dejaba indiferente a nadie. Tras permanecer al frente de la colección durante cincuenta y cinco números y casi seis años, Brian Michael Bendis y Alex Maalev dejaban Daredevil. Atrás quedaba la que, con permiso de Frank Miller, se perfilaba como la mejor época de la serie del luchador ciego. En esos cuatro años largos Brian Michael Bendis había cogido un personaje que no pasaba por su mejor momento tras los raros experimentos de David Mack y, dándole la vuelta, lo entregaba de nuevo a un público que no podía hacer otra cosa que rendirse ante el genio del guionista. (AVISO. Sáltate lo que sigue a continuación si no has leído la etapa del escritor. De hecho, ¡¿qué haces leyendo esta reseña cuando podías estar disfrutando de uno de los mejores cómics de superhéroes de los últimos tiempos?!) Con Bendis al timón Matt Murdock se casaba, veía su identidad secreta desvelada al gran público, su vida puesta en peligro constante y por último, daba con sus huesos en la cárcel junto a Kingpin.

Tras el demoledor final del número ochenta y seis quedaba claro que la tarea que le esperaba al sustituto de Bendis no iba a ser ni de lejos fácil. Superar la intensidad conseguida durante tantos números sin ser comparado con el genio de Cleveland era, a todas luces, imposible; claro que nadie sabía que su sustituto iba a ser otro de esos guionistas que convierten en oro todo lo que tocan: Ed Brubaker.

Catwoman, Sleeper y Gotham Central. Como carta de presentación no está nada mal, ¿no creen?. Pero dicho así, de forma tan fría uno no puede hacerse una idea de lo que Brubaker logra alcanzar con cada una de las citadas colecciones. Con Catwoman, el guionista se da el gustazo de cambiar el status quo de uno de los personajes más ambiguos del universo de Batman, escribiendo una serie de claro gusto por los ambientes noir sacados del cine negro de los años cuarenta y cincuenta. Sleeper es, hasta la fecha, lo mejor que se ha publicado en Wildstorm. Punto. Intensa y brillante, la colección de veinticuatro números demuestra, fuera de toda duda, que a la hora de ser caustico, Brubaker compite de tú a tú con Millar. Por último, Gotham Central, una título policíaco que durante su corta vida deja en pañales a cualquier serie de televisión que se le ponga por delante.

Sabiendo que los guiones de Daredevil estaban en tan buenas manos, y que la parte gráfica iba a recaer en Michael Lark, el efectivo dibujante de Gotham Central, no había nada que temer. Y efectivamente así ha sido. Con dos arcos argumentales hasta la fecha, Brubaker nos hace olvidar rápidamente a Bendis. En el primero, The Devil Inside and Out, el guionista continua la historia justo donde la dejó su antecesor, cambiando en sus doce primeros números el rumbo de la colección sin que en ningún momento lamentemos el nuevo destino. En el segundo arco, objeto de esta reseña, Brubaker construye una de las historias mejor hilvanadas que hayan tenido como protagonista, no ya a Daredevil, sino a cualquier superhéroe.

Tomándose su tiempo para desgranarla a lo largo de los doce números que la componen, Hell to Pay arranca con Melvin Potter, el Gladiador, tratando de averiguar por qué no es capaz de recordar las muertes de las que es claramente culpable; y termina con un Matt Murdock que ha pasado un infierno para averiguar cuál de sus enemigos se ha propuesto arruinarle la vida a él y a todos sus seres queridos. En el interín, Brubaker y Lark (cuyo dinámico y sucio estilo van que ni pintados al toque realista del escritor) cogen a Matt/Daredevil, lo vapulean, zarandean y maltratan a placer escribiendo por el camino momentos antológicos entre los que se cuentan, sin excepción, todas las páginas de un impresionante número 100.

De entre toda la bazofia que Marvel (bueno, y también DC) sigue empeñada en editar al cabo del mes, es de agradecer que haya guionistas como Bendis o Brubaker empeñados en mantener a sus criaturas alejadas de los tejemanejes de los directivos de las compañías, demasiado ocupados en contar billetes para darse cuenta de que más le valdría tener dos colecciones como este Daredevil, que setenta como las que ofertan cada mes. Más claro no se puede decir.

Sergio Benítez (148)

martes, 21 de abril de 2009

GREEN LANTERN: SECRET ORIGIN

Guión: Geoff Johns

Dibujo: Ivan Reis

Editorial: DC

Formato: HC. 160 Páginas

Precio: $19.99

Calificación: 8.5/10

Lo ha vuelto a hacer. No se cómo, pero lo ha vuelto a hacer. Mira que el origen de Hal Jordan es una historia que nos han contado mil veces, desde mil puntos de vista y mil autores diferentes (hasta ahora mi favorita sigue siendo la que narró Darwyn Cooke en su maravillosa New Frontier); y que debido a ello, no sólo era complicado hacer estos números atractivos, sino que además, resultaba evidente, al menos en apariencia, su carácter de puente hacia eventos más importantes dentro de la continuidad de una de las pocas series pijameras que sigo fielmente. Pero ahí es donde entra Geoff Johns para demostrarnos de nuevo (y van...) que él tiene la última palabra en cuanto a lo que es complejo y no y, más aún, para dejarnos boquiabiertos con un trabajo excelente que para colmo sirve como perfecto punto de partida a aquellos que no se hayan acercado nunca a Linterna Verde.

Como es de imaginar por el título, Johns, ayudado por el siempre efectivo dibujo de un Ivan Reis que sigue puliendo su estilo (aunque aún sean muy evidentes sus deudas a Carlos Pacheco y Bryan Hitch), abunda en los siete números aquí recogidos en el origen del personaje, tocando al mismo tiempo ciertos puntos clave que nunca han tenido explicación como por ejemplo por qué Abin Sur siendo un Green Lantern llegó a la Tierra en una nave espacial. Pero lo realmente interesante es observar como el guionista se introduce en los instersticios de la mitología del personaje para ofrecer detalles acerca de su personalidad, su relación con Sinestro - que plantea una gran pregunta, ¿y si ambos hubieran seguido siendo amigos? -, y las causas reales de la muerte de su antecesor y cómo estas van a afectar directamente a lo que esta por venir en la colección, sobre todo en lo que atañe a ese esperado The Blackest Night.

Lo dicho, esperaba que esta fuera una lectura entretenida y poco más, y Johns ha vuelto a confirmarme por qué es uno de los pocos guionistas actuales dentro de las dos grandes que merece mi total atención en todo aquello que haga (deseando estoy echarle el guante al Superman: Brainiac) y mi más profunda admiración hacia la gran mayoría de lo que ha escrito hasta ahora para DC. Green Lantern es la mejor prueba de que cuando hay ganas, buenas ideas y se tiene bien planificado lo que se quiere hacer con un personaje, el resultado es INMEJORABLE. ¡A seguir así Sr. Johns!.

Sergio Benítez (147)

lunes, 20 de abril de 2009

Las CALLES de ARENA

Guión: Paco Roca

Dibujo: Paco Roca

Editorial: Astiberri

Formato: Libro Cartoné. 116 Páginas

Precio: 15€

Calificación: 9/10

Si hay dos autores que en los últimos tiempos se han hecho indispensables a la hora de hablar de cómic español, esos son David Rubín y Paco Roca. El primero, a través de los tres volúmenes publicados hasta la fecha (El Circo del Desaliento, La Tetería del Oso Malayo y Cuaderno de Tormentas), ha demostrado que con imaginación y ganas, hasta superhéroes como Superman y Batman pueden ser tratados con capacidad innovadora. Del segundo hay muy poco que decir que no se haya dicho ya durante todo el 2008. Acaparador de premios con su inmensa Arrugas (que se ha llevado uno de los pocos dieces otorgados por estos lares), estaba claro que su siguiente trabajo iba a ser motivo por una parte de celebración, pues el autor no ha decepcionado en ninguno de sus tebeos hasta la fecha, y por la otra de un agotador escrutinio, ya que, habiendo conseguido poco menos que una Obra Maestra con su anterior cómic, las expectativas estaban, qué duda cabe, muy altas.

Vaya por delante, y para que nadie se lleve a engaño, que Las Calles de Arena NO es Arrugas ni se le parece en nada, salvo en el nombre de su autor, claro está: ambos tebeos no tienen relación alguna en la temática, ni en el estilo narrativo que Roca utiliza para la ocasión - incluso el dibujo, aún conservando sus señas de identidad, se vuelve más menudo- separándose completamente (e intuyo que de forma más que consciente) de su galardonada obra. Ahora bien, el que no se parezca ni en el "blanco de los ojos" a Arrugas, no quita para que estemos ante un gran tebeo, preñado de imaginación y multitud de detalles que enriquecen la lectura muy por encima de lo que, hoy por hoy, podemos encontrar en muchos de los cómics publicados en nuestro país.

Más allá de la gran cantidad de referencias literarias a las que hace alusión Juan Manuel Díaz de Guereñu en su introducción, muchas de las cuales me habré perdido por no haber leído a Cortazar o Borges (sí, lo se, son asignaturas pendientes), lo que a mi modesto entender supone un gran punto a favor de lo pergeñado por Roca, es cómo el autor consigue enganchar al lector desde la primera página, atrapándolo hasta tal punto en el laberinto de calles que conforman el Barrio donde la acción tiene lugar, que es prácticamente imposible soltar el volumen (editado con la calidad habitual por parte de Astiberri) toda vez se haya comenzado la lectura. Para ello, el artista valenciano se sirve de una historia que comienza de forma muy sencilla y no por casualidad en una libreria (que tiene todo el aspecto de una tienda de cómics) en la que el personaje, cuyo nombre no conoceremos en todo el relato, compra una estatua de Corto Maltés. Con este pequeño recurso - no hay nada que guste más a un aficionado a los tebeos que verse reflejado en los mismos - Roca se gana al lector de forma instantánea, entregándose éste a todos los juegos que el autor comienza a proponer cuando, de repente, el personaje se pierde entre las callejuelas sin nombre del Barrio Viejo.

Lo que sigue es un corolario de lo mejor que Roca sabe hacer, pintar una realidad no muy opuesta a la nuestra introduciendo en la misma pequeños matices diferenciadores, ya sea en el decorado donde se mueve la acción, como, sobre todo, en los peculiares y carismáticos personajes que acompañan al protagonista en un viaje que tiene poco de búsqueda exterior (por más que el "héroe" de la función trate de salir por todos los medios del Barrio) y mucho de interiorización, sirviendo cada conversación que este tiene en el edificio en el que se desarrolla la práctica totalidad de la acción, como un paso más hacia el esperable, aunque no por ello menos poético, final. Tratando a esa improvisada Torre de Babel donde se despliegan los encuentros como un personaje más dentro del transcurso de la trama, Roca consigue dibujar una realidad cohesiva en la que persona y edificio no constituyen entes alienados, resultando imposible entender a los primeros sin aprehender la idiosincrasia del segundo.

Es precisamente en la descripción de los peculiares habitantes del Barrio y el Hotel La Torre, cuyas vidas en un momento u otro han quedado atrapadas en la inercia funcional del mismo, donde el autor alcanza los mejores momentos de la lectura. Cada uno de ellos ofrece, a su manera, una historia que pudiera haber llenado perfectamente todas las páginas del tomo sin que la lectura se hubiera resentido un ápice: desde el improvisado compañero de habitación del protagonista que nunca consigue llenar la maleta para irse del edificio (y cuando lo hace, la sutileza del momento es tratada simplemente de forma magistral), hasta el imposible cartógrafo agorafóbico y sus mapas personalizados, pasando por Don Diógenes, un vampiro atrapado en el recuerdo de los objetos que le rodean; Don Soto, el hombre que quiere dejar de vivir y pasa todo el día en su ataúd; el Coronel Franciso Piedra, científico a su pesar que persigue una y otra vez el sueño de que su mujer vuelva a la vida; la improbable pareja formada por la Señora Esther (gerente del edificio) y el Señor Rueda, su encargado de mantenimiento o Eva, la cartera que mantiene viva al Barrio a través de una correspondencia que ella misma escribe...todos conforman un lienzo vivo y cambiante que se ve afectado irremisiblemente por la incursión del protagonista en sus vidas hasta tal punto que él será el inesperado desencadenante de todo el final.

Lo poético de la resolución de todas las vidas que se tocan en la lectura - bellísimo como se resuelve, por ejemplo, el personaje de Don Diógenes - y ese final en el que el protagonista comprende por fin cuál es su verdadero sitio, terminan por cuajar un magnífico tebeo, de lectura obligada y relectura más que aconsejable en el que Roca consigue de nuevo cautivar al lector de principio a fin con unas páginas tan impregnadas de poseía visual como de inusitada vida mucho tiempo después de que la lectura toque a su fin. El artista español es un genio del noveno arte y Las Calles de Arena es buena prueba de ello.

Sergio Benítez (146)

viernes, 17 de abril de 2009

STURMTRUPPEN vol.3

Guión y Dibujo: Bonvi

Editorial: Nuevas Fronteras del Arte

Formato: Álbum Cartoné. 64 Páginas

Precio: 12€

Calificación: 9/10

La capacidad para reírse de todo, sea ese todo tan dramático como queramos, es algo innato al ser humano y que no todo el mundo es capaz de asimilar, ofendiéndose en vano cuando ciertas intenciones van claramente orientadas a quitar hierro a todo lo que de un modo u otro va marcando la historia. Esta suerte de máxima es la que Bonvi siguió al pie de la letra cuando creó Sturmtruppen en 1963, una serie de tiras cómicas protagonizadas por los soldados rasos (y algún que otro cargo de mayor rango) del ejército alemán durante la Segunda Guerra Mundial. Publicado por primera vez en España en los años ochenta, el recuerdo que guardaba de aquellos pequeños tomos que publicaran Nueva Frontera y New Comic se había mantenido en mí indeleble, aunque siga sin poner en pie ni que fue de ellos ni dónde los leí (es más que probable que la respuesta a esta última duda sea la casa de mis abuelos paternos). El caso es que, cuando hace tres años se anunció el lanzamiento del primer volumen en tapa dura de la mítica serie de Bonvi, esos recuerdos que se mantenían en letargo me avisaron que esta era una colección que tenía que llevarme a casa sí o sí. Algo que, obviamente, terminé haciendo.

Con una cadencia de publicación que se antoja eterna - en tres años han aparecido tres tomos con una separación entre el primero y el segundo de casi veinticuatro meses- la editorial Nuevas Fronteras del Arte, heredera directa de aquella que editara el material de Bonvi en los ochenta, se ha propuesto lanzar una edición integral de todo lo creado por el italiano en los treinta y dos años que el artista estuvo dibujando a sus soldaditos. A ritmo de dos años de material por volumen, y si el ritmo de un ejemplar al año se mantiene, la editorial se enfrenta a dieciséis largos años (trece sin consideramos los tres que ya han pasado) en los que seguir sacando a la luz estos Sturmtruppen; demasiado tiempo para un mercado como el español, la verdad.

Dejando a un lado la que es única pega del tebeo, Sturmtruppen se alza como una de las mejores tiras cómicas que uno puede sentarse a leer: echando mano de unos personajes tan estereotipados como los soldados alemanes, Bonvi plantea un firme alegato antibelicista que aumenta en intensidad con cada lectura de un nuevo tomo en directa relación a como elevan su tono las carcajadas (sí, carcajadas, nada de medias sonrisas) que uno suelta cuando lee cualquiera de las tiras elaboradas por el artista. El uso de los arquetipos sirve a Bonvi para despersonalizar a los soldados hasta tal punto que todos tienen el mismo rostro y, salvo el Sargento al que todos los soldados temen, y el Coronel del que todos se mofan a la mínima de cambio, el único nombre que se utiliza es el de Franz. La recurrencia de estos tres personajes, y su uso reiterado es parte de la gran comicidad que atesoran las tiras, debiéndose otra gran parte a los mil y una giros y matizaciones que el autor es capaz de darle al mismo chiste.

De trazo caricaturesco y exagerado en cuanto a la eterna postura de sus "actores", que siempre aparecen encorvados y con las piernas flexionadas, Bonvi no mantiene una estructura constante en cuanto a número de viñetas en que dividir la tira, no pasando nunca, eso sí, de tres, algo que hace aún más genial la labor del dibujante. Con una capacidad innata para situar la "acción" con cuatro trazos y gran limpieza en el acabado, el dibujo de Bonvi para Sturmtruppen es tan reconocible como indisoluble del producto final (ya quisieran muchos dibujantes presumir de que sus trabajos tuvieran una ligazón tan íntima con la historia que cuentan los guiones) colocando a esta maravillosa serie como una de mis cinco tiras cómicas favoritas de todos los tiempos. Ahí es nada.

Sergio Benítez (145)

jueves, 16 de abril de 2009

Los CARRUAJES de BRADHERLEY

Guión y Dibujo: Hiroaki Samura

Editorial: Dolmen

Formato: Libro Rústica. 216 Páginas

Precio: 8.95€

Calificación: 8.5/10

Convocándoos con la clara intención de haceros partícipes de este espacio de la red que visitáis cada día, la idea de haceros elegir Lo Mejor del 2008 tenía una inocente intención oculta, llamar mi atención sobre aquellas lecturas del pasado año que se me hubieran pasado por alto y que debían formar parte de mi tebeoteca. Y aunque la gran mayoría de lo que recomicdásteis ya había pasado por mis manos o estaba esperando para su lectura, una considerable cantidad de títulos de los que nos hicisteis llegar eran todavía tierra por descubrir. Con la clara resolución de que durante este año aparezcan algunos de ellos que ya han sido convenientemente adquiridos, me pareció adecuado empezar por este manga del que tanto había oído hablar con mucha razón.

Ya he comentado en más de una ocasión que el manga (fuera de ciertos autores a los que sigo fielmente) no es santo de mi devoción. Ello no quita para que, de cuando en cuando, y si las críticas hacia él vertidas así lo propician, no sepa dejar de lado mis reservas y me acerque intrigado a ciertos títulos. Con una portada hipnótica y bastante inquietante que refleja de forma sutil lo que nos vamos a encontrar en el interior, tengo que admitir que Los Carruajes de Bradherley dejó profunda mella en mi ánimo tras finalizar su lectura. Será casualidad, aunque con los años cada vez creo menos en que las cosas ocurran por azar, pero la lectura del manga coincidió con el visionado de una película con la que guarda no pocas concomitancias, la francesa Martyrs. Ambos, cómic y filme, parten de una enfermiza premisa para terminar sirviendo de análisis más o menos preciso de lo horrible de la naturaleza humana.

Las diferencias entre uno y otro, al margen de las obvias debidas a lo diferente de las disciplinas artísticas en las que se enmarcan y la historia que cuentan, se circunscriben de forma más ajustada a la crudeza con la que el filme de Pascal Laugier muestra la violencia (hasta límites dolorosamente explícitos) en firme contraposición a el portentoso uso de la elipsis y esa brillante manera de enseñar sin enseñar de la que haga gala Samura en el manga. De trazo capaz de aunar fragilidad y delicadeza con una violencia desgarradora, el autor japonés enmarca Los Carruajes de Bradherley en una época enormemente adecuada para el tono del relato, la Inglaterra victoriana (aunque en ningún momento se cite per se que estemos en Gran Bretaña), y sus ocho capítulos más epílogo ofrecen todo un recital narrativo en el que el artista juega con los saltos temporales y en centrarse en un personaje determinado para ir deshaciendo el horrible ovillo que se oculta tras el Plan 1.14.

De resonancias truculentas, el manga se lee aguantando la respiración ante lo real del terror que subyace bajo la bella pátina que suponen las viñetas de Samura. Lectura intensa, a la par que tremendamente poética y evocadora, la innegable calidad de Los Carruajes de Bradherley sirve como importante apoyo a mi lenta reconciliación con el cómic manufacturado en el país del sol naciente.

Sergio Benítez (144)

miércoles, 15 de abril de 2009

S.

Guión y Dibujo: Gipi

Editorial: sins entido

Formato: Libro Rústica. 112 Páginas

Precio: 16€

Calificación: 8/10

Siempre me ha dado la impresión que los premios del Salón del Cómic de Barcelona tenían cierto tufillo elitista. Debido a ello, jamás había sentido curiosidad por ojear alguna de las "mejores obras" galardonadas en dicho evento. Con S. fue diferente. No se si fue la cuidada edición (con un papel de alto gramaje), o el hecho de que al leer las dos primeras páginas en mi tienda de cómics habitual ya estuviera enganchado. El caso es que no pude evitar traérmelo a casa. Ahora me alegro.

De forma totalmente aleatoria (o al menos así lo parece al principio, después descubriremos que no) Gipi nos pasea por S. a través de sus recuerdos y los de su otro protagonista, cuya identidad se mantiene oculta hasta bien entrada la lectura, su padre. Más que un cómic, S. es un acto de amor al tiempo que una válvula de escape que sirve al autor para poder verter en sus geniales viñetas acuareladas todo aquello que le ayuda a superar el tremendo dolor por la muerte de su progenitor. Como si de un caótico diario se tratara, por las páginas de S. Gipi va desgranando, casi siempre en pasado, muy pocas veces en presente, historias que fueron vitales en las vidas de los implicados, ya fueran de tanta envergadura como la participación de su padre y tío en la Segunda Guerra Mundial; como lo anecdótico de un viaje en barca con su primo. Sin dar a unas más importancia que a las otras, Gipi deja en manos del lector la responsabilidad de ponderarlas y de concretar de cuáles de ellas podemos sacar enseñanzas vitales.

Cosidas con firmeza, ambas vertientes del relato pergeñado por Gipi quedan realzadas por una labor gráfica impresionante que sorprende en cada nueva página por su variabilidad y juego. Distinguiendo primero entre viñeta cerrada y abierta, color y paleta monocromática para diferenciar sus recuerdos de aquellos de su padre, Gipi estructura las páginas con pocos dibujos para que sea la historia (y sobre todo lo que no se nos cuenta de la misma) la que vaya respirando a placer sin las constricciones propias de una estructura narrativa cerrada. Ello permite al autor jugar a su antojo con las herramientas iniciales trastocándolas de forma arriesgada hacia el final de la narración.

Así, llegadas las últimas páginas de la historia, cuando el artista ya ha desvelado todas sus cartas y aceptado que no volverá a ver a su padre, nos encontramos con que estas están en blanco a excepción de los textos de apoyo: desprovisto así de cualquier atadura narrativa, Gipi deja que sean sus sentimientos, perfectamente acotados mediante una entrañable anécdota, los que traspasen la frontera del papel y lleguen al lector en su estado más puro, sin estar contaminados por ninguna manipulación visual. Les puedo asegurar que lo que esas dos páginas remueven en el lector supera con mucho lo que otros autores son capaces de expresar con muchos más recursos. Si eso no merece ser alabado...

Sergio Benítez (143)

martes, 14 de abril de 2009

La COSA NOSTRA. Primera Época

Guión: David Chauvel

Dibujo: Erwan Le Saëc

Editorial: Planeta DeAgostini

Formato: Libro Cartoné. 224 Páginas

Precio: 20€

Calificación: 7 /10

"Que yo recuerde, siempre quise ser un gángster".

Con esa frase comenzaba una de las cintas más ambiciosas de Martin Scorcese, Uno de los Nuestros. Un calificativo, el de ambicioso, que muy aplicado al cine y casi siempre a las nuevas producciones del citado director, Ridley Scott o James Cameron, casi nunca encuentra su traslado al noveno arte. La Cosa Nostra no sólo se adhiere perfectamente a este concepto, sino que su ambición termina jugando en cierto modo en su contra.

Chauvel y Le Saëc plantean con la presente serie un repaso a los orígenes de la Mafia en Estados Unidos, alrededor de los cuales hay más mito que realidad; intentando los autores acercar su relato más hacia el segundo de los términos. Este deseo se refleja, antes que nada, en el grafismo de Saëc, cuyo verismo a la hora de construir las calles de Nueva York, se enfrenta a lo que el artista llega a dar de si cuando toca dibujar a los personajes: si bien su caracterización está bastante conseguida y es fácil distinguir a Capone de Lucky Luciano, Bugsy Siegel o Frank Costello, el encorsetamiento que produce tamaña labor redunda en detrimento de la fluidez narrativa, con unos personajes abigarrados y estáticos que en ocasiones entorpecen el ritmo de la lectura.

En lo que a Chauvel respecta el ritmo no es un problema. La labor de investigación y documentación que el autor demuestra en cada página del tomo es tan exhaustiva como asombrosa: muestra de ello son las últimas páginas del volumen, donde se citan las fuentes y pequeñas licencias que el escritor se ha tomado a la hora de estructurar la narración (siempre en off, como las grandes cintas del cine negro). Chauvel recaba información de muy diversos rincones para contarnos, de forma casi lineal (aunque permitiéndose varios saltos temporales), una historia apasionante en la que cada "actor" está dotado de una precisa voz propia, siendo precisamente este el punto fuerte de la labor del guionista. Desde el desconocido narrador, hasta cada uno de los mafiosos protagonistas, Chauvel escribe con pulso firme sin que en ningún momento decaiga, no ya la descripción de los mismos, sino el vertiginoso devenir de los acontecimientos en los que se ven envueltos.

A la postre, es por el trabajo del guionista más que por el de Saëc por lo que La Cosa Nostra termina siendo una lectura apasionante, que atrapa en cada capítulo y no da un respiro al lector. Teniendo en cuenta dónde acaban los acontecimientos narrados en este tomo, muy mal lo tiene que hacer Chauvel para no enganchar aún más con el siguiente, en el que, a todas luces, se revisarán los años de la Ley Seca, apasionante época para el que alguna vez se haya acercado a la historia de los Estados Unidos.

Sergio Benítez (142)