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miércoles, 7 de abril de 2010

GIL PUPILA vol.1

Guión: Maurice Tillieux

Dibujo: Maurice Tillieux

Editorial: Planeta DeAgostini

Formato: Álbum Cartoné. 240 Páginas

Precio: 23€

Calificación: 7.5/10

Desde siempre he sido cautivado por el magisterio y los dictados que Hergé y todos sus compañeros y continuadores han creado a lo largo de la historia dando lugar a una forma de entender el arte de la historieta y por ende de la vida. La línea clara francobelga es una de las cosas más grandes que ha pasado en este mundo, aunque en nuestra tierra sigue siendo bastante desconocida pese a que estos países los tenemos a tiro de piedra (ya sabéis amigos, que los gigantes USA y Japón ostentan unos tentáculos y un influjo de lo más poderoso). De entre todos esos popes, hay que mencionar al gran Hergé, Jacobs, Martin (recientemente fallecido), Goscinny, Franquin, Jijé, Greg, Tillieux y un largo etc.


Precisamente de este último, Maurice Tillieux se editaba hace poco y como Dios manda, un primer integral de su personaje Gil Pupila, del que ya publicó algo hace más de 30 años. El integral reune su primera etapa de 1956 a 1960, agrupando cuatro números. En ellos vemos a un joven licenciado en derecho, que investiga casos sospechosos, ayudado por otros dos personajes fundamentales, y aquí viene la primera novedad de su propuesta, ya que agrupa en una sola entidad la divina trinidad del thriller: el detective privado, el malhechor (arrepentido) y el inspector de policía. La diferencia con otros comics de aventuras de la época radica sobre todo en que Tillieux es creador de thrillers, digamos que Gil Pupila es genero negro, en comparación con Tintín o Spirou por poner dos magnos ejemplos.


En los dos primeros Libélula se Evade y Arte y Popaina (el propio Tilleux se adelanto a la censura y se inventó este vocablo derivado de la perniciosa droga) asistimos a la presentación rápida de los personajes y una puesta en acción algo brusca para ponernos detrás de unos traficantes de cocaína que están inundando Francia de tal sustancia. El tercero, El Paso del Ahogado es sin duda el mejor del integral y es una gozada leerlo, tratando sobre un anticuario, la herencia que deja y unos personajes turbios rondando alrededor de ella. La lectura acaba con Los Barcos del Crepúsculo, sobre la fuga de un delicuente y su venganza sobre el abogado que mal lo defendió.


En todos ellos vemos a un Tillieux fuertemente influenciado por Franquin, con los personajes caricaturescos, según explica él, por imposición del editor Charles Dupuis cegado totalmente por el genio del creador de Spirou, que por entonces acosaba insistentemente a sus dibujantes a que se inspiraran en él. Aunque Tillieux no fuera un dibujante virtuoso compensó sus carencias mediante una técnica del montaje digna de Hergé y por un sentido de la composición tomado del cine. Trascendió el género del thriller insuflándolo de buenas dosis de humor encontrando ese difícil equilibrio entre lo ridículo y la acción. Ahí tenemos los constantes juegos de palabra de Libélula y lo calamitoso que hace el personaje del inspector de policía Corrusco. Otro hallazgo en Tillieux es que se presenta como un dialoguista puro, por más secundario que pueda parecer un personaje tiene su propia voz y su fraseología.


Cuando acabas de leerlo, te das cuenta del buen rato de entrenimiento que has pasado y, a mi por lo menos, me afloró un sensación nada justa con el tebeo de compararlo con Franquin y su Spirou, que todo sea dicho, junto con Tintín y Astérix forma el triunvirato de oro de la historieta francobelga, pero Tillieux, por todo lo que he comentado supo darle su toque y su impronta personal convirtiéndolo en otra de las referencias del comic europeo.


Toni (24)

miércoles, 4 de noviembre de 2009

EVA



Guión: Didier Comés

Dibujo: Didier Comés

Editorial: Norma

Formato: Álbum Rústica. 95 Páginas

Calificación: 8/10

Viendo la rica mezcolanza de géneros, estilos y autores en la que se está convirtiendo este blog de Sergio, Mario y nosotros sus colaboradores (irrumpo fuerte con el peloteo, ¡¡eh!!) me vienen a la cabeza ciertas ausencias, en ningún momento debidas a los anteriormente citados. Y si todos sabemos ya que el mundo del cómic es vasto e inmenso como ancha es Castilla, también deberíamos ser ya conscientes de que con paciencia y sobre todo con este grupo de locos todo llegará y se recomicdará.


Sabedor de que mis compañeros fichajes controlan más los ámbitos pijamistas, vertigueros, garthennieros y que el omnipresente Sergio controla las nuevas tendencias astiberras con alguna que otro guiño a los toutaineros y en realidad a todo lo que se le ponga por delante; yo, además de recomicdar alguna que otra obra nueva, voy a comenzar con mi regreso a recuperar autores y obras de la vieja Europa, historia viva de este Arte, que puede que no los conozca ni el tato pero ahí estarán en los archivos recomicdadores.


Al hilo de lo comentado al principio, esta ausencia (ya reparada) de la que hablo hoy hace referencia al autor belga Dieter Hermann Comés, más conocido como Didier Comés; autor que comenzó hacia 1969 en las revistas Pilote y Spirou haciendo trabajos primerizos pero que no fue hasta mediados los 70 cuando cambió y encontró su marchamo propio y su grafismo peculiar con el blanco y negro, del que hizo su modo de vida y se erigió en uno de sus mayores genios.


La obra de la que vamos a hablar, de la muchas que hay editadas en ediciones antiguas pero que aún se pueden encontrar, es Eva, una historia que empieza con una bella mujer que tiene una avería con el coche en medio del campo y va a pedir ayuda a la única casa que se encuentra, una vieja mansión habitada por dos extraños y ambiguos hermanos gemelos. Lo que es un comienzo normal y usual, de la mano del amigo Comés va derivando en todo un tratado de las relaciones sexuales, del desdoblamiento de la personalidad. En la historia vamos asistiendo a un crescendo no exento de morbo y lascivia por un lado y temor e intriga por otro, en el que se crea un triángulo amoroso que al final es un puro espejismo, en un mundo creado por fantasmas y autómatas. Una historia que, a la postre, versa de cómo la soledad tiene mil formas de hacer mella en las personas.


Pero nada esta dicho si no hablamos del dibujo. Este hombre tiene la misma facilidad para dibujar los claroscuros como cualquier persona tiene la de respirar. Leyendo el cómic se nota esa virtud pasmosa con la que crea la historia utilizando solo esos dos colores. Los personajes son algo hieráticos y sus rostros inexpresivos pero pronto se nota que es su estilo, lo hace adrede, y en esta obra en concreto dota al ambiente de una cualidad claustrofóbica que es lo mejor de la lectura.


En definitiva, un cómic mitad thriller psicológico mitad obra personal y peculiar de un autor que hace ya mucho renegó de la comercialidad y el éxito para hacer bullir su vida interior con el blanco y con el negro y sugerir cosas, muchas cosas. Simplemente eso.


Toni (13)

SAMBRE Integral

Guión: Bernard Yslaire & Balac

Dibujo: Bernard Yslaire

Editorial: Glénat

Formato: Álbum Cartoné. 304 Páginas

Precio: 45€

Calificación: 6.5/10

Como lo prometido es deuda, y me gusta cumplir mi palabra cuando así la doy, tras los comentarios que se vertieron en la anterior recomicdación de Yslaire que se hizo en estas líneas (la de la irregular Cielo Sobre Bruselas), resolví que cuando tuviera la oportunidad me haría con los cuatro volúmenes que componían Sambre, la que para todo entendido era la mejor obra del artista belga. Dejándolo estar momentáneamente por la dificultad de conseguir los cuatro a la vez, así como por el hecho de toda la lectura que sigue acumulándose en mis estanterías, el mes de julio (que fue cuando algún lector me pidió que lo leyera y lo recomicdara) dió paso al de agosto, y luego al de septiembre, y así habría continuado por mucho tiempo sino hubiera sido porque Glénat decidió echarme un cable y sacar este precioso integral (el volumen es una maravilla) con toda la historia y mucho material extra a la manera que ya habían hecho con el Peter Pan de Loisel. Y bueno, sí, eran cuarenta y cinco euros en algo sobre lo que sólo tenía vagas referencias pero, ¿quién dijo miedo?.

La ambiciosa historia de amor imposible que Yslaire propone en Sambre tiene como marco histórico una época no menos convulsionada de la historia de Francia, la que abarcó desde la instauración de la monarquía constitucional en 1830 hasta la proclamación de la breve pero intensa Segunda República en febrero de 1848, centrando el artista belga la acción del cómic en el último año de monarquía previo a la sublevación popular que llevaría a la deposición Luis Felipe de Orleans, el llamado rey burgués. Es en este marco, y en principio alejado del cosmopolita París, donde Yslaire permite que Sambre de comienzo. Y lo hace dejándose imbuir por el desatado espíritu romántico decimononesco que tan buenas muestras dejó en el arte pictórico de la época, arrancando en un cementerio con el entierro del patriarca de la familia Sambre. Allí conoceremos a Bernard y Sara, los hermanos que servirán al artista de espina dorsal de toda la narración. Y allí también nos presentara este a Julie, una joven con los ojos rojos (por una supuesta hemofilia del nervio óptico) cuya intervención supondrá el comienzo del fin para la familia Sambre.

A partir del pasional encuentro de Bernard y Julie, Yslaire comienza a vertebrar una historia de ritmo muy irregular cuyas ambiciones terminan pasándole factura: por una parte, todo aquello que atañe a la revolución popular, y en particular el uso que el autor hace de Julie como alegoría de la libertad (con constantes referencias al famoso cuadro de Delacroix) sitúandola en una posición de gran relevancia, es de una correcta solidez, y se eleva a la postre como lo mejor de la lectura. Sin embargo, el resto de la misma parece más un folletín de tres al cuarto, con multitud de oscuros secretos del pasado, amantes, bastardos y demás elementos que harían las delicias de cualquier guionista televisivo venezolano. El que este sea el aspecto más potenciado, sobre todo por esa constante huida que el Yslaire guionista provoca de la solución final (seamos francos, la historia que se cuenta en cuatro álbumes no daría ni para dos en manos más hábiles), hace que al final la lectura se vuelva plúmbea y algo farragosa, llegando a importarle a uno poco más que un pimiento el cruento destino que puedan llegar a sufrir los personajes.

Afortunadamente, en el aspecto gráfico Yslaire si que da la campanada, con un dibujo que caricaturiza a sus personajes olvidándose hasta cierto punto de la proporcion facial para dotarlos de mayor expresividad, un objetivo que, sin duda, consigue con creces. Además, ese romanticismo desaforado que antes coméntabamos se hace palpable en casi cada página del volumen, tanto por la cualidad oscura de sus viñetas, como por la sombría paleta elegida (en la que sólo destaca el rojo de los ojos de Julie, del pelo de los Sambre, o de la sangre del pueblo) o por los escenarios quejumbrosos y preñados de una fuerte carga de melancolía en los que se van desarrollando los acontecimientos. Punto fuerte de la obra, es el dibujo el que sirve al lector para seguir mostrando un cierto interés por una historia cuyos valores descienden en picado tras un interesante primer volumen. Y si remataba la recomicdación de Cielo Sobre Bruselas afirmando que no volvería a incidir en la obra del belga, ahora lo vuelvo a repetir: Sambre será, esta vez con pleno convencimiento, la última lectura que le haga a Yslaire. A más ver.

Sergio Benítez (307)

miércoles, 5 de agosto de 2009

LESTER COCKNEY. integral volumen 1

Guión: Franz Drappier

Dibujo: Franz Drappier

Editorial: IO Ediciones

Formato: Álbum Cartoné. 256 Páginas

Precio: 44€

Calificación: 7/10

Hace mucho tiempo escribió el poeta aquel verso de: Cómo a nuestro parecer cualquier tiempo pasado fue mejor; a lo que yo añadiría, a raíz de reseñar esta obra, que mejor, lo dudo, pero más fascinante, visto desde estos días modernos y monocordes, estoy seguro que sí. Se me verá, amigos, el plumero, pero el género histórico es el marco básico e ideal para enmarcar toda historia que se precie, sea la época que sea y en la civilización que fuera. El cine y la novela han explotado y explotan continuamente dicho género, pero en el cómic hay carencias, lagunas, vacíos clamorosos. Es posible que uno de los factores por los que amo el tebeo europeo es esa pasión por los buenos comics de aventuras y viajes enmarcados en el género histórico, ya que en otros lares es más raro de ver, excepto el genero medieval samurai en el manga; eso es irreprochable para los japos, el como lo cuidan.


Toda esta plática viene sobre la aparición del integral de Lester Cockney, del belga Franz. A raíz de este integral recuerdo que hace años apareció mi hermano pequeño con unos comics llamados Muñeca de Marfil de este mismo autor, que trataban sobre los sanguinarios khanes de la estepa mongola, sus violentas incursiones arrasando territorio chino y sus cruentas guerras civiles sobre quién detentaba el poder. En otras palabras , fascinante y único. Es tan bueno el recuerdo que no lo dudé cuando me enteré de la aparición de este integral. En él se recopilan cinco tomos a tamaño original (eso no se dejará de agradecer nunca), en los que se muestran las tribulaciones alrededor de 1840-1850 de un bruto pero bondadoso irlandés, obligado a alistarse a la fuerza en el odiado ejercito inglés, y de cómo es enviado a la India y después Afganistán, donde trascurren los dos primeros tomos, Los locos de Kabul, en los que se muestran los problemas que sufrían los ingleses para mantener el orden con la continuas revueltas de las tribus afganas. En el tercero, Una húngara en Punjab, vemos como nuestro héroe tiene que salvar a una princesa húngara de las manos de un rico Rajá, líder de la secta de los estranguladores de la diosa Kali. Ya en el cuarto, asistimos a la vuelta de nuestros héroes a Hungría a dejar a la dichosa princesa iniciándose un peligroso periplo por las costas de Yemen, atravesando la árida Somalia y llegando al peligroso Sudán, donde los ingleses apenas conseguían hacerse notar, terminando todo esto con el quinto numero en el que desde Alejandría cruzan el mediterráneo y las costas dálmatas donde comprueban la crueldad de los turcos en los territorios croatas y albanos hasta que llegan a Pecs en Hungría, fin de la aventura.


En toda la lectura del integral comprobamos la pasión del autor por los viajes aventureros y las escenas de caballos, escenas que jalonan continuamente la lectura y donde asistimos al genio de Franz al dibujar estos animales. El guión es casi todo diálogo con apenas textos introductorios o de apoyo, lo que le da la sensación muy cinematográfica de película de aventuras de las toda la vida. Ahí viene la bondad del comic, su lectura recuerda esas maravillosas tardes de domingo que uno se sentaba frente a la tele a ver Las Cuatro Plumas, Gunga Din, Beau Geste o la inmensa El Hombre que Pudo Reinar.


Al cómic no se le puede pedir más que pasar un rato entretenido, de los de aventura clásica y realista de toda la vida, históricamente didáctico y con un oficio bregado, el de Franz, de los artesanos de antes. Personalmente, me gusta más su Muñeca de Marfil, por más que este Lester Cockney sea la obra de su vida (quedan otros cuatro números que se podrían agrupar en otro integral, donde el protagonista viaja al lejano oeste). Puede que no estemos hablando de clásicos como Los Pasajeros del Viento de Bourgeon o Las Torres de Bois Maury de Hermann, pero sí de un cómic que no defraudará a los amantes del género histórico con viajes arriesgados, mujeres en peligro y aventuras, muchas aventuras.


Toni (6)

miércoles, 22 de julio de 2009

El CIELO SOBRE BRUSELAS

Guión: Bernar Yslaire

Dibujo: Bernar Yslaire


Editorial: Norma

Formato: Álbum Cartoné. 64/96 Páginas

Precio: 15 /19€


Calificación: 5.5/10

Oteando el vasto panorama del cómic europeo para ir conociendo a todos esos autores a los que durante tantos años he dado la espalda, era inevitable en un momento u otro recalar en Yslaire. Tras consultar por la red qué obras eran las que se habían editado en España del artista belga, decidí que empezaría por hacerme con Sambre, de la que casi todo el mundo hablaba bastante bien. Dispuesto a desembolsar los cuartos me acerqué presto a mi tienda habitual de cómics para adquirir los cuatro volúmenes que editó Glènat en su momento pero, oh sorpresa, sólo estaba disponible el cuarto. Con la resolución tomada de tener que llevarme algo de Yslaire de la tienda, repasé las estanterías y sólo había una obra de las tres del artista que estaba disponible de forma completa (de Cielo XX.com sólo había dos tomos), así que finalmente fue este Cielo Sobre Bruselas el que terminó formando parte de la colección.

Sin saber muy bien que iba a encontrarme en cuanto a historia, y habiendo sólo ojeado por encima el dibujo, un imposible cruce de influencias entre Kyle Baker y Enki Bilal, me dispuse a leer los dos tomos. Para empezar, lo primero que llama la atención es el uso descarado (sobre todo en el segundo volumen) de fotogramas sacados de la caja tonta: queriendo ilustrar de la manera más verídica posible los días previos al comienzo de la guerra de Irak, Yslaire se toma la licencia (y una muy grande) de calcar directamente muchas de las imágenes que pudimos ver en esos aciagos momentos. Esto, que en principio no debería ser una molestia si se hubiera hecho con algo de contención, acaba por lastrar la lectura hasta límites insospechados, dedicando el belga más interés en muchos momentos a la correcta elección del fotograma que a la narración en sí.

En cuanto a la historia, Yslaire no podría ser más tendencioso y manipulador. Por más que diga en el epílogo del segundo volumen, que ha intentado ser lo más objetivo posible, se nota que el mensaje de paz y amor que pretende lanzar no es uno que pretenda hacer mella por la intensidad de su contenido, sino más bien, por la potencia de su continente. Y es ahí donde el tebeo comienza a tener serios problemas. Lo último que esperaba encontrarme (aunque bien podría haber inferido algo por la portada) es un cómic que mezclara de forma tan ramplona un mensaje medio político, medio humanitario, con imágenes de alto contenido sexual. Si el autor se hubiera limitado a su inclusión de forma sutil como hace en el primer tomo, no estaría escribiendo estas líneas. El problema se plantea cuando en el segundo volumen abandona toda sutileza y comienza a incluir viñetas totalmente explícitas de las relaciones carnales entre los dos protagonistas. ¿Necesario para la historia?, lo dudo mucho.¿Justificado para que esta funcione por contraposición de mensajes?, lo dudo aún más. Lo único que consiguen dichas viñetas es que de un mensaje pacifista, que tampoco es nada novedoso, se pase a uno que quedaría resumido en "¿Por qué guerrear cuando podemos follar?".

Lo único que termina salvando in extremis a la lectura es lo agradecido a la vista que resulta el trazo del artista belga. Más allá de eso, buscarle sentido a una historia que (siempre para el que esto suscribe) carece de él, es como buscar la piedra filosofal, un acto fútil. Huelga decir que mi contacto con Yslaire ha comenzado y terminado con este cómic. Ni haré por comprar Cielo XX.com, ni por rebuscar en las tiendas para hacerme con Sambre (aunque sepa que es su mejor obra). Quedan todavía muchos artistas por descubrir para perder el tiempo (y el dinero) con uno en concreto. Agur.

Sergio Benítez (218)

jueves, 23 de abril de 2009

Mi PEQUEÑO

Guión: Olivier Schrauwen

Dibujo: Olivier Schrauwen

Editorial: Norma

Formato: Libro Cartoné. 56 Páginas

Precio: 15€

Calificación: 8/10

Una portada que retrotrae de forma inmediata a los modos gráficos de Windsor McCay en un cómic europeo es algo que era imposible pasar por alto cuando hace unos días repasaba las últimas novedades de Norma en mi tienda habitual de cómics. Después de meditarlo durante un rato decidí que Mi Pequeño fuera, junto a Prince of Persia y Pietrolino uno de los tres ganadores de aquella tarde (quedándose convenientemente apartados para su posterior recogida el Burbujas de Daniel Torres y el Long John Silver de Dorison y Lauffray). Dados su pequeño tamaño, sus pocas páginas y lo intrigado que estaba por leer tan curioso tebeo, di buena cuenta de él en el pequeño rato (no hacen falta más de quince minutos para acabar su lectura) que pasé sentado en un banco público mientras esperaba a que mi esposa viniera a recogerme.

La primera impresión, y la que al final ha resultado determinante para calificar al trabajo de Schrauwen es su inclasificable carácter: en su brevedad el tebeo del belga hace gala de un surrealismo cuasi pesadillesco en el que la acción que se nos muestra sólo cobra sentido si no se intenta aprehender desde la lógica. Así las cosas, esta historia de un padre que debe criar a su hijo (del tamaño de un ratón) tras la muerte de su mujer - genial homenaje al cine mudo esas cuatro primeras páginas - no se construye al uso con un final definido, ofreciendo un ténue hilo argumental que casi se podría afirmar que es inexistente. Sin conclusiones que entresacar del desarrollo de la narración, Mi Pequeño apela directamente a esa parte de nuestro cerebro que se activa cuando todas las demás descansan y sólo así es cuando su genialidad sale a la luz, ya que su originalidad es algo evidente a simple vista.

Digno heredero del creador de Little Nemo tanto a nivel visual como ciertos pequeños detalles que no desvelaré, el artista belga dota a su obra de una cualidad que se escurre entre las palabras, y que, muy probablemente, se ajuste de forma diferente a cada lector que se acerque a ella, adquiriendo una dimensión mucho más compleja dependiendo de lo que cada uno vierta en sus páginas. Que tan complicado proceso dimane de tan aparentemente simples páginas es una virtud de la que muy pocos cómics pueden alardear. Si eres de los que disfruta cuando una lectura pone a prueba tus sentidos, entonces Mi Pequeño es sin duda una obra de compra obligada.


Sergio Benítez (149)

martes, 6 de enero de 2009

KOGARATSU vols.1 al 4



Guión: Serge Bosmans "Bosse"

Dibujo: Mar Degroide "Michetz"

Editorial: Norma

Formato: Álbum Rústica. 48 Páginas c/u

Calificación: 8.5/10

En los casi quince años que hace que le conozco, no ha pasado ninguno sin que mi querido amigo Miguel me haya recomicdado por activa y pasiva la lectura de Kogaratsu un tebeo que, en sus palabras, "es la mejor visión que haya leído sobre la vida de los samuráis". Pero claro, no hay peor interlocutor que aquel que no quiere escuchar, y hasta que a un servidor no le dió por abrir sus miras a otras orillas que no fueran las norteamericanas, no pensó en intentar hacerse con los cuatro volúmenes que ahora comentamos, algo curioso si tenemos en cuenta que de lo poco que me atrae de la cultura oriental, el mundo del Japón feudal y sus samuráis siempre ha sido una debilidad.

Corregido el error y gracias a un amigo que tuvo a bien venderme cuatro de los cinco tomos que Norma editó a principios de los noventa (los que conforman un arco argumental más o menos cerrado), pude por fin colmar la curiosidad que durante década y media Miguel había ido alimentando.

Ya sea centrándome en lo que concierne a los guiones de Bosse, como en lo que atañe a la labor de Michetz a los lápices, la valoración que se merece este Kogaratsu no desmerece en nada a lo que las obstinadas recomicdaciones de mi amigo apuntaban: es una gran historia de samuráis, no ya por lo que a su ingente tarea de documentación se refiere, que también, sino porque sabe capturar desde una mentalidad occidental el espíritu y la esencia de la idiosincrasia de conceptos tan fundamentales para los legendarios guerreros japoneses como el honor, la fidelidad a una causa o el deshonra de no servir bien a esta o a tu señor.

Utilizando nombres y expresiones directamente extraídas del diccionario nipón, Bosse traza una historia apasionante llena de traiciones, lealtades, amores imposibles y duras batallas que gracias a la impresionante labor de Michetz quedan impregnadas de un fuerte sentido de la épica. A este respecto son dignas de mención las secuencias de batallas (perfectamente planificadas) y otras que ponen de manifiesto en el terreno visual la exhaustividad con la también el dibujante se ha documentado, siendo de especial intensidad aquella en la que se nos muestra con todo lujo de detalles el seppuku (o hara-kiri) de uno de los personajes.

Sabiendo que en el país vecino se han editado hasta doce volúmenes que siguen las aventuras del protagonista, cabe preguntarse por qué motivo Norma abandonó (o aún no ha recuperado) uno de los mejores tebeos europeos que he tenido la oportunidad de leer hasta la fecha....al final no me va a quedar más remedio que ponerme a recordar mi oxidado francés...lo que no haga esta afición...

Sergio Benítez (92)

jueves, 11 de diciembre de 2008

PIEL COLOR MIEL




Guión y Dibujo: Jung Kin Jun

Editorial: Rossell

Formato: Libro Cartoné. 297 Páginas

Precio: 22.95€

Calificación: 8.5/10

Aunque con los años he ido creyendo cada vez menos en las casualidades, no puedo dejar de sorprenderme muchas veces ante las extrañas coincidencias de la vida. En este caso, y aunque probablemente os extrañe de primeras, la casualidad ha sido la sucesión de dos lecturas autobiográficas con claras concomitancias en cuanto a la forma de plasmar gráficamente los recuerdos: una es esta Piel Color Miel, la otra, que me tiene absorbido en estos días, La Ascensión del Gran Mal. Los lugares comunes entre una y otra, desconocidas por el que esto suscribe hasta hace un par de semanas, es lo que me ha llevado a pensar en esto de las casualidades, en cómo muchas veces las cosas se van alineando para que, al final uno termine disfrutando de dos cómics que son una auténtica delicia (aunque del segundo todavía me quede más de la mitad, lo estoy devorando, y eso es siempre una muy buena señal).

El haber leído tantos cómics de autor completo en los últimos tiempos ha ido provocando que cada vez se me antoje más complicado el poder dividir una reseña en términos clásicos de guión por un lado y dibujo por otro. Esto no significa que no pueda hacerse, sino que el separarlos desvirtuaría por completo un comentario que ya de por si no es capaz de hacerle justicia a una obra de arte. Y si muchas veces esta separación resulta compleja (como podía serlo hace unos días la recomicdación de El Cazador de Rayos) cuando se trata de un tebeo como Piel Color Miel, la tarea se torna en imposible.

Ello es debido principalmente a que la traba con la que Jung liga dibujo y narración escrita está tan bien imbricada y transmite un discurso tan genial en su conjunto que separarlos sería como intentar hacer una mayonesa batiendo los huevos por un lado y el aceite por otro. Hilando sus recuerdos de forma aparentemente aleatoria, Jung va guiando al lector por los recovecos más personales de su atribulada vida, comenzando con el relato de cómo, siendo coreano, llego a vivir a los cinco años con una familia belga. Lejos de querer conmover o caer en el sentimentalismo, el autor narra Piel Color Miel impregnado de un optimismo contagioso que, si bien en ciertos momentos se deja contaminar por un hálito de tristeza (esa continua búsqueda interior de su auténtica madre), es capaz de elevar la moral al más pintado.

En el relato que el artista hace de su vida llama poderosamente la atención ( y es ahí donde conecta directamente con la obra de David B.) la forma tan primaria de plasmar los recuerdos y de cómo estos se trasladan al terreno visual. Implicando directamente al lector en la comprensión última de lo que se pretende con cada viñeta, Jung echa mano de un lenguaje visual brillante en el que lo que se plasma con el dibujo es, casi siempre, la primera imagen que a uno se le viene a la cabeza leyendo el texto: por ejemplo, si en una viñeta está contando que los escandinavos fueron los que mayor número de coreanos adoptaron, el dibujo que acompaña al texto es un barco vikingo con la bandera del país asiático.

Preñado de ideas visuales que inciden una y otra vez sobre este concepto narrativo, la lectura de Piel Color Miel termina convirtiéndose en una sorpresa continua siempre a la expectativa de saber con qué nueva invención va a dar al pasar la página. Esta variabilidad hace que las casi trescientas páginas (entrevista con el autor incluida) no caigan en ningún momento en la monotonía que uno no tiene que esforzarse mucho por encontrar en decenas de tebeos mainstream (aquí no hay descompresión narrativa) de esos que han ido provocando mi actual desinterés por los universos MarvelDCeros. Una gozada de cómic.

Sergio Benítez (79)

domingo, 13 de julio de 2008

DEOGRATIAS

Guión y Dibujo: Jean-Philippe Stassen

Editorial: Planeta DeAgostini

Formato: Cartoné. 80 Páginas

Precio: 10.95€

Calificación: 9/10



Cuando hace tres años se estrenaba en los cines Hotel Rwanda, los espectadores de todo el mundo podían contemplar por fin el grotesco genocidio que, a partir de abril de 1994, acabó con la vida de más de 800.000 personas en el país africano. La cinta, dirigida con un magnífico pulso por Terry George, y protagonizada magistralmente por Don Cheadle, suponía ante todo un hermoso canto a la esperanza de que algún día la humanidad deje de luchar (la reseña completa de la película la podéis leer siguiendo el enlace a Cine&Bso). Deogratias se sitúa en el extremo opuesto del espectro para mostrarnos la desesperanzadora historia de un adolescente hutu (la tribu dominante en Ruanda) al que la guerra dejará marcado de forma indeleble.

La biografía de Stassen es, como poco, singular: nacido en Lieja (Bélgica), el autor empezó a viajar desde muy joven por el continente africano recorriendo Marruecos, Algeria, Costa de Marfil y una decena más de países, hasta que recaló en Ruanda, su actual residencia. Las múltiples experiencias acumuladas en estos viajes se notan nada más abrir la primera página de Deogratias: los contrastados colores diurnos se contraponen perfectamente a las uniformes viñetas nocturnas aportando con ello una indeleble sensación de realismo que se ve reforzada aún más si cabe por la claridad del trazo y la facilidad para caracterizar (aunque sea caricaturizando) a los personajes del relato.

Consciente de que la historia que necesita contar no requiere de grandes aspavientos gráficos, Stassen cuida minuciosamente que sus páginas contrapesen a la perfección la simplicista fuerza de sus dibujos con el tremendo mensaje que cargan las líneas del guión: estructurando el relato a base de flashbacks, desde un primer momento sentimos un pesado hálito de dramatismo que el autor va desgranando con una alucinante contención durante el desarrollo de la historia. Ello permite dejar respirar a su protagonista, turbulento sufridor de unos acontecimientos que le superan con creces. A la largo de las breves ochenta páginas que dura la historia, Stassen va alternando los citados flashbacks con un presente en el que Deogratias ha perdido el juicio, se cree un perro y sólo es capaz de relacionarse con sus semejantes para mendigar cerveza de banana y alertar acerca de unos perros fantasma que al parecer lo persiguen.

Poco podemos imaginar lo que el autor nos tiene preparado cuando nos estalla en la cara con toda su fuerza y carga simbólica en las últimas páginas. Demolido por el desenlace, no es hasta tiempo después de haber concluido la lectura que somos capaces de empezar a aprehender las valiosas lecciones vitales que Stassen imparte con este Deogratias. Y si comenzaba esta reseña citando una película, Hotel Rwanda, la concluyo nombrando a otra, En el Valle de Elah, cuyas concomitancias argumentales con Deogratias no hacen sino poner de relieve la necesariedad de que miradas críticas hacia la guerra sigan tomando forma desde las esferas del pensamiento y las artes. Quizás algún día se logre concienciar al mundo de que el diálogo y el entendimiento son las mejores armas con las que cuenta la raza humana.

Sergio Benítez (9)