Guión: Maurice TillieuxDibujo: Maurice Tillieux
Editorial: Planeta DeAgostini
Formato: Álbum Cartoné. 240 Páginas
Precio: 23€
Calificación: 7.5/10
Desde siempre he sido cautivado por el magisterio y los dictados que Hergé y todos sus compañeros y continuadores han creado a lo largo de la historia dando lugar a una forma de entender el arte de la historieta y por ende de la vida. La línea clara francobelga es una de las cosas más grandes que ha pasado en este mundo, aunque en nuestra tierra sigue siendo bastante desconocida pese a que estos países los tenemos a tiro de piedra (ya sabéis amigos, que los gigantes USA y Japón ostentan unos tentáculos y un influjo de lo más poderoso). De entre todos esos popes, hay que mencionar al gran Hergé, Jacobs, Martin (recientemente fallecido), Goscinny, Franquin, Jijé, Greg, Tillieux y un largo etc.
Precisamente de este último, Maurice Tillieux se editaba hace poco y como Dios manda, un primer integral de su personaje Gil Pupila, del que ya publicó algo hace más de 30 años. El integral reune su primera etapa de 1956 a 1960, agrupando cuatro números. En ellos vemos a un joven licenciado en derecho, que investiga casos sospechosos, ayudado por otros dos personajes fundamentales, y aquí viene la primera novedad de su propuesta, ya que agrupa en una sola entidad la divina trinidad del thriller: el detective privado, el malhechor (arrepentido) y el inspector de policía. La diferencia con otros comics de aventuras de la época radica sobre todo en que Tillieux es creador de thrillers, digamos que Gil Pupila es genero negro, en comparación con Tintín o Spirou por poner dos magnos ejemplos.
En los dos primeros Libélula se Evade y Arte y Popaina (el propio Tilleux se adelanto a la censura y se inventó este vocablo derivado de la perniciosa droga) asistimos a la presentación rápida de los personajes y una puesta en acción algo brusca para ponernos detrás de unos traficantes de cocaína que están inundando Francia de tal sustancia. El tercero, El Paso del Ahogado es sin duda el mejor del integral y es una gozada leerlo, tratando sobre un anticuario, la herencia que deja y unos personajes turbios rondando alrededor de ella. La lectura acaba con Los Barcos del Crepúsculo, sobre la fuga de un delicuente y su venganza sobre el abogado que mal lo defendió.
En todos ellos vemos a un Tillieux fuertemente influenciado por Franquin, con los personajes caricaturescos, según explica él, por imposición del editor Charles Dupuis cegado totalmente por el genio del creador de Spirou, que por entonces acosaba insistentemente a sus dibujantes a que se inspiraran en él. Aunque Tillieux no fuera un dibujante virtuoso compensó sus carencias mediante una técnica del montaje digna de Hergé y por un sentido de la composición tomado del cine. Trascendió el género del thriller insuflándolo de buenas dosis de humor encontrando ese difícil equilibrio entre lo ridículo y la acción. Ahí tenemos los constantes juegos de palabra de Libélula y lo calamitoso que hace el personaje del inspector de policía Corrusco. Otro hallazgo en Tillieux es que se presenta como un dialoguista puro, por más secundario que pueda parecer un personaje tiene su propia voz y su fraseología.
Cuando acabas de leerlo, te das cuenta del buen rato de entrenimiento que has pasado y, a mi por lo menos, me afloró un sensación nada justa con el tebeo de compararlo con Franquin y su Spirou, que todo sea dicho, junto con Tintín y Astérix forma el triunvirato de oro de la historieta francobelga, pero Tillieux, por todo lo que he comentado supo darle su toque y su impronta personal convirtiéndolo en otra de las referencias del comic europeo.
Toni (24)









