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viernes, 30 de abril de 2010

MARCO MONO

Guión: Carlos Trillo

Dibujo: Enrique Breccia

Editorial: Doedytores

Formato: Libro Rústica. 64 Páginas


Precio: 10.95€

Calificación: Incalificable


La última (y ahora que lo pienso, única) vez que usamos por estos lares el término incalificable para evitar ponerle nota a una de nuestras recomicdaciones, el tebeo agraciado fue Shaolin Cowboy, un producto tan sumamente extraño y surrealista que escapaba a cualquier tipo de calificación ortodoxa que a uno pudiera ocurrírsele. Con Marco Mono no queda más remedio que adherirse a los mismos parámetros con los que juzgábamos la obra de Darrow, tal es el calibre que manejan tanto Trillo a los guiones como Breccia a su siempre espectacular dibujo.

Marco Mono es un primate que se dedica a vagar por un fantástico mundo dedicándose más a meterse donde no le llaman y a enredar que a deshacer entuertos. En teoría, su profesión es la de vender ilusiones, aunque en la práctica sólo le veremos ejercer tan curiosa tarea en sólo una de las varias historias cortas que pueblan la fragmentada y curiosa narración. Se nota durante ésta, y se nota mucho, que este trabajo (como pasa con muchos otros de otros autores de tanta personalidad como Trillo) fue un experimento encaminado a descubrir hasta dónde era capaz de llegar, y como tal, la lectura del mismo resulta ardua, no porque su carga de texto sea muy profusa, sino porque muchas veces hay que desentrañar el verdadero significado de lo que el guionista argentino pretende transmitir, Aún en este semblante tan obtuso, es bastante evidente que, en gran parte de la acción, lo que Trillo construye es una constante y demoledora fábula contra la sinrazón de nuestra sociedad vista a través de un personaje que resulta ora execrable, ora adorable, pero siempre agudo e incisivo, algo que Breccia sabe recoger a la perfección con un dibujo que, sin llegar a la majestuosidad de su Alvar Mayor o a la profusión de su Lovecraft, concuerda a la perfección con el tono irreverente y alocado que su partenaire aporta a este singular tebeo.

Sergio Benítez (371)

lunes, 13 de julio de 2009

El DÍA del JUICIO

Guión: Ricardo Barreiro

Dibujo: Francisco Solano López

Editorial: Doedytores

Formato: Libro Rústica. 148 Páginas

Precio: 12€

Calificación: 6.5/10

Después del inmejorable sabor de boca que me había dejado As de Pique, tanto por la magnífica labor de Juan Giménez, como por los soberbios guiones de Barreiro, decidí que ya era hora de acometer la lectura de este Día del Juicio, que llevaba posponiendo por un motivo o por otro desde que me leyera el volumen tres de esta Biblioteca MP de Novela Gráfica con la que Doedytores ha recuperado ya Gilgamesh, El Loco Chávez (¡qué ganas de que Planeta lo edite ya!) y El Peregrino de las Estrellas, recomicdación esta última que cayó allá por el mes de mayo. Con una portada impactante, y un título no menos evocador, la verdad es que, una vez terminada la lectura, lo primero que tengo que decir es que ila nicié totalmente engañado (no me suele gustar leerme los resúmenes de las contraportadas y mi idea era que este iba a ser un tebeo orientado hacia la ciencia ficción).

Nada más lejos de la realidad, El Día del Juicio es un cómic que sirve a Barreiro para denunciar de alguna manera la impunidad con la que pueden llegar a actuar algunos cartéles de la droga (aquí se citan los de Medellín y Cali, los dos más conocidos de Colombia). El problema es que al llevar las actuaciones de estos del narcotráfico al terrorismo internacional a gran escala (con bombas atómicas en suelo americano incluidas) el verismo del que hace gala todo el cómic, refrendado por varios personajes muy bien construidos y un ritmo de acción bastante conseguido, queda deslavazado tanto por el forzado cariz que toma el relato hacia el tramo final (aunque a la luz de los acontecimientos del 11-S casi se diría que Barreiro era un profeta) como por la personalidad del protagonista, ese hijo de narcotraficante asesinado que no sabe quién es su padre pero aún así termina siguiendo su oscuro sendero y aceptando el legado de muerte y crímenes de su progenitor y supera, con mucho, los más delirantes sueños que aquél pudiera haber albergado.

De Solano López poco se puede decir que no vaya encaminado a reincidir lo que todos los que hemos leído El Eternauta hemos coincidido en alabar: la enorme capacidad narrativa del argentino y la facilidad con la que siempre ha sabido caracterizar a sus personajes, algo que los numerosos primeros planos de que se nutren muchas páginas de este Día del Juicio ponen de manifiesto con su minuciosidad. Ganando varios enteros con respecto a lo que le podíamos ver en la inmortal obra de Oesterheld, los años transcurridos desde aquella (por lo poco que he podido averiguar indagando por la red y lo que se deriva de ciertos personajes del cómic - como ese presidente clavado a Bill Clinton - el tebeo tuvo que publicarse a principios de los noventa) sientan de escándalo a un dibujante que ya veinte años antes hacía lo que se le antojaba con los lápices y que aquí cuaja un trabajo que queda muy por encima de lo que el guión es capaz de ofrecer, dando como resultado final una lectura que no pasa de ser entretenida pero que cuenta con un dibujo espectacular.

Sergio Benítez (209)