Guión: Cosey Dibujo: Cosey
Editorial: Planeta DeAgostini
Formato: Álbum Cartoné. 144 Páginas
Precio: 12€
Calificación: 7/10
Y desde cierto punto de vista (que diría Obi Wan) podríamos afirmar que ambas historias guardan no pocas concomitancias más allá de lo evidente, esto es, el dibujo. Esos parecidos entroncan más bien con el viaje iniciático con el que Cosey hilvana el discurrir de la acción; un viaje que en la primera obra era tan externo como interior, y que aquí, aunque el título podría dar a entender lo contrario (que se trata de la eterna búsqueda del niño que llevamos dentro), no queda tan bien definido, jugando el artista con la ambigüedad de si al buscar a su hermano desaparecido, el protagonista en realidad no está intentando re-encontrar esa inspiración que se le escapa, y por ende a si mismo.
Rodeando esta ambigüedad con los preciosos parajes de los Alpes y apoyando el comienzo de cada capítulo con una cita del Peter Pan de Barrie, Cosey consigue dotar al conjunto de un cierto aire irreal que se mueve con comodidad entre la fábula y el slice-of-life, insuflando a sus personajes una vida que se ancla, ora en la realidad de la vida en un momento y un lugar muy concretos (un pequeño pueblo en los aledaños de un amenazante glaciar), ora en el mundo interior del personaje principal, a través de cuyos ojos y pensamientos vamos adentrándonos en una trama que, desafortunadamente, carece, a partir de cierto punto, del interés con el que sí contaba Viaje a Italia.
Y es quizás ahí donde mayores se hagan las diferencias entre uno y otro tebeo, en la complejidad de sus personajes: si en Viaje a Italia los tres protagonistas eran descritos con precisión quirúrgica por Cosey, haciendo que las tormentosas relaciones entre ellos fueran el eje sobre el que giraba todo el relato; en el presente volumen, el autor suizo intenta cargar todas las tintas sobre los estrechos hombros de un único personaje, un escritor que, aunque dibujado con fluidez y solvencia, no llega a tomar forma como para resultar lo suficientemente apasionante. Un problema que se agrava, aunque no en exceso, por la parquedad con que son descritos los otros dos personajes principales de la trama, cuyo peso en la historia no es más que una mera comparsa del hilo principal.
Con todo, Cosey sabe como sobrellevar estos sensibles estorbos, y si bien no llega a la intensidad de Viaje a Italia, no se le puede negar a En Busca de Peter Pan ser tremendamente entretenida y enganchar al lector, aunque sea de forma intermitente, para que su interés por el devenir de la historia decaiga lo menos posible durante su transcurso. Tras esta lectura queda afrontar Saigon-Hanoi con un nivel de expectativas que, a priori, parece el idóneo: a un estado intermedio entre las altas que creó Viaje a Italia y las medias que termina destilando la presente obra. ¿A cuál de ellas se aproximará más?.





