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lunes, 24 de agosto de 2009

En BUSCA de PETER PAN

Guión: Cosey

Dibujo: Cosey


Editorial: Planeta DeAgostini


Formato: Álbum Cartoné. 144 Páginas


Precio: 12€


Calificación: 7/10

Cautivado por esa gran lectura que había resultado ser Viaje a Italia, no vacilé ni un momento a la hora de acercarme a mi tienda de cómics habitual para llevarme las otras dos obras de Cosey que se habían editado en nuestro país, En Busca de Peter Pan y Saigón-Hanoi. A sabiendas, por los comentarios que se habían dejado en la reCOMICdación de Viaje a Italia, así como por la reseña que le había leído al Carcelero, que Saigón-Hanoi era la mejor de las dos, decidí, como siempre suelo hacer, dar salida a este En Busca de Peter Pan, cuyas primeras impresiones me hacían esperar un tebeo similar a aquél con el que abrimos este párrafo.

Y desde cierto punto de vista (que diría Obi Wan) podríamos afirmar que ambas historias guardan no pocas concomitancias más allá de lo evidente, esto es, el dibujo. Esos parecidos entroncan más bien con el viaje iniciático con el que Cosey hilvana el discurrir de la acción; un viaje que en la primera obra era tan externo como interior, y que aquí, aunque el título podría dar a entender lo contrario (que se trata de la eterna búsqueda del niño que llevamos dentro), no queda tan bien definido, jugando el artista con la ambigüedad de si al buscar a su hermano desaparecido, el protagonista en realidad no está intentando re-encontrar esa inspiración que se le escapa, y por ende a si mismo.

Rodeando esta ambigüedad con los preciosos parajes de los Alpes y apoyando el comienzo de cada capítulo con una cita del Peter Pan de Barrie, Cosey consigue dotar al conjunto de un cierto aire irreal que se mueve con comodidad entre la fábula y el slice-of-life, insuflando a sus personajes una vida que se ancla, ora en la realidad de la vida en un momento y un lugar muy concretos (un pequeño pueblo en los aledaños de un amenazante glaciar), ora en el mundo interior del personaje principal, a través de cuyos ojos y pensamientos vamos adentrándonos en una trama que, desafortunadamente, carece, a partir de cierto punto, del interés con el que sí contaba Viaje a Italia.

Y es quizás ahí donde mayores se hagan las diferencias entre uno y otro tebeo, en la complejidad de sus personajes: si en Viaje a Italia los tres protagonistas eran descritos con precisión quirúrgica por Cosey, haciendo que las tormentosas relaciones entre ellos fueran el eje sobre el que giraba todo el relato; en el presente volumen, el autor suizo intenta cargar todas las tintas sobre los estrechos hombros de un único personaje, un escritor que, aunque dibujado con fluidez y solvencia, no llega a tomar forma como para resultar lo suficientemente apasionante. Un problema que se agrava, aunque no en exceso, por la parquedad con que son descritos los otros dos personajes principales de la trama, cuyo peso en la historia no es más que una mera comparsa del hilo principal.

Con todo, Cosey sabe como sobrellevar estos sensibles estorbos, y si bien no llega a la intensidad de Viaje a Italia, no se le puede negar a En Busca de Peter Pan ser tremendamente entretenida y enganchar al lector, aunque sea de forma intermitente, para que su interés por el devenir de la historia decaiga lo menos posible durante su transcurso. Tras esta lectura queda afrontar Saigon-Hanoi con un nivel de expectativas que, a priori, parece el idóneo: a un estado intermedio entre las altas que creó Viaje a Italia y las medias que termina destilando la presente obra. ¿A cuál de ellas se aproximará más?.

Sergio Benítez (246)

miércoles, 12 de agosto de 2009

DRÁCULA de Pascal Croci

Guión: Pascal Croci adaptando a Bram Stoker

Dibujo: Pascal Croci

Editorial: Norma

Formato: Libro Cartoné. 152 Páginas

Precio: 19.5€

Callificación: 2/10

Al ponerme a comentar este comic que tengo entre mis manos, me vienen a la cabeza dos asuntos; el primero, es que quizás debería releerlo para reseñarlo mejor, pero como ni soy tonto ni me gusta flagelarme, no lo voy a hacer y lo analizare desde el pésimo, todo sea dicho, recuerdo que me dejó. El otro asunto es una reseña que hizo nuestro querido "jefe" de la anterior obra de Croci, Auschwitz, en la que me basare un poco para hacer esta ingrata pero también necesaria labor.


Decía, más o menos el "boss" que la obra de Auschwitz le llamó la atención pero no llegó a cuajarle por esa falta de implicación del autor y de los personajes en la historia. Cosa que yo pensaba que el suizo hacía a drede, ya que la temática lo podía requerir, además ese dibujo y color frío, impersonal, esos alargado personajes, labrados en aristas con esos ojos enormes, producto del miedo, le venían como anillo al dedo a un cómic sobre el más infernal de los campos de concentración. En otras palabras, tan peculiar forma de plantearse el tebeo con su dibujo, su guión y el color me pareció curiosa y original.


Pero, ¡¡ah, copón!!, ¡en mala hora me compré este Drácula!, en la que he asistido entre atónito y cabreado a una revisitación del personaje empezando por su pasado como Vlad Tepes el Empalador y a una especie de relato contado (que no se sabe bien quien lo narra) por Mina Harker y por Van Helsing, comprobando que Croci mantiene la misma forma de trabajar que en Auschwitz. Pero claro, si en el primero lo justificaba (y sigo justificándolo) por la temática, en este segundo hace que a la mitad de la lectura me pregunte: ¿pero qué diantres es esto?.


Además más me reafirmo en aquello que dice que lazos familiares no son buenos en esto del cómic al ver que es su mujer la que se encarga de los diálogos, cargantes y cansinos sobre una estructura de guión infumable y un mismo dibujo de figuras alargadas, ojos grandes y colores fríos, que repito, en un campo de concentración y en las caras de los judíos lo acepto y me gustó, pero en esta castaña pilonga que me ha costado sus buenos euros, pues como que no.


Y cuidado amigos, que tenéis aquí alguien que tiene a Bram Stoker y su novela en un altar; que soy un auténtico fan del vampirismo, que desde Bela Lugosi, pasando por el cine de la Hammer y terminando con esa pedazo de obra que es el Drácula de Coppola acepto de todo, igual si hablamos de novelas, desde la original, pasando por las nuevas revisitaciones de Anne Rice y su Entrevista con el Vampiro y mil autores más. Recordando esto, echo de menos imperiosamente la lectura de El Príncipe de la Noche de Swolfs, paradigma de cómo hacer un buen comic de vampiros entretenido y sin ínfulas pretenciosas. Pero esto que ha perpetrado Pascal Croci es un atentado contra el buen gusto de los chupasangres y ya les veo removerse en su tumba, no por llegada del ansiado anochecer, sino por la publicación de este engendro.


Toni Caracrater (7)

viernes, 7 de agosto de 2009

LUPUS

Guión: Frederik Peeters

Dibujo: Frederik Peeters


Editorial: Astiberri

Formato: 4 Álbumes Rústica. 96-112 Páginas


Precio: 15-16.5€


Calificación: 8.5/10


Tras varias intentonas de completar el único trabajo de Peeters de los editados en nuestro país que me faltaba por leer, finalmente fue el Carcelero el que propició la adquisición del cuarto volumen resolviéndome la duda que tenía acerca de si las páginas en blanco que en él aparecían eran un error de impresión o un recurso narrativo (y muy bueno por cierto). Con el cuarto tomo ya en mi posesión, y habiendo dejado unos cuantos meses la colección durmiendo el sueño de los justos, la lectura de Constellation provocó unas ganas enormes de acometer la que por todos lados había sido calificada como la Obra Maestra del artista suizo.

A todos aquellos que así la consideran quizás les parezca baja la calificación obtenida, pero la verdad es que, aún siendo un cómic que sobresale por encima de la media, Lupus no consigue llegar (al menos en mi modesta opinión) a las cotas de genialidad que si alcanzaba Píldoras Azules. Ahora bien, salvo esa fantástica forma de entender el amor que ya le observábamos al autor en la citada obra, el tono de esta se separa completamente para pasar de la autobiografía a la ciencia ficción mezclada con genialidad con las bases de partida de las buddy movies por una parte y de las road movies por otra. El resultado, como es esperable con tal mezcolanza de influencias, es de todo menos típico.

La estructura de Lupus, al menos la superficial y más apreciable cuando se ha finalizado la lectura, parte de la base de utilizar a tres personajes principales cada volumen, una suerte de extraña trinidad donde dos de ellos, Lupus y Sanaa siempre son fijos, mientras que el tercero varía desde Tony, el compañero y amigo del protagonista, pasando por Nyargance, el carismático anciano que les ayudará en el segundo volumen, Darnelle, la piloto de la cápsula médica, hasta llegar al más peculiar de todos, el robot ¿B2t? que les acompañará en esa abandonada estación espacial que sirve de marco al cuarto y último tomo. Con todos ellos, y algunos secundarios más, Peeters va construyendo un universo que mezcla lo real con lo onírico, plasmando las extravagantes visiones y ensoñaciones de Lupus mediante fantásticas viñetas con criaturas y constelaciones que parecen sacadas de cualquier relato lovecraftiano.

Dominando a la perfección todos los recursos narrativos a su alcance, y habiendo encontrado un perfecto punto de equilibrio a la hora de captar la expresividad de sus personajes, Peeters encara el montaje de Lupus como si cada viñeta formara parte de un complejo mecanismo de relojería en el que todo tiene que engranar al milímetro. Quizás sea por este motivo por el que, al contrario de lo que ocurría en Píldoras Azules, en algunos momentos (los menos, todo hay que decirlo), la obra del suizo se antoje fría y poco apasionada, algo que Peeters se encarga de ocultar envolviendo al resto del relato de una carga emocional que siquiera consigue equilibrar toda la obra y ofrecer, a la postre, una lectura multifacetada con varias capas de contenido.

Cargados de complejos simbolismos plasmados a través de su expresionista y brillante trazo, estos cuatro volúmenes suponen un peldaño considerable en la constante ascensión que Peeters ha seguido demostrando después con sus dos magníficos volúmenes de RG. Obra compleja en lo visual, con pocas (muy pocas) concesiones a la galería en lo argumental, y un final tan inesperado como poético y apropiado, Lupus se vislumbra como uno de esos tebeos que, de cuando en cuando, habrá que retomar para ir exprimiendo diferentes lecturas que nos vayan acercando a la completa y anhelada aprehensión de todos los mensajes que Peeters disemina en estas geniales cuatrocientas páginas.

Sergio Benítez (232)

viernes, 24 de julio de 2009

CONSTELLATION

Guión: Frederik Peeters

Dibujo: Frederik Peeters


Editorial: Astiberri

Formato: Libro Rústica. 32 Páginas

Precio: 3.5€

Calificación: 8.5/10

Me encontraba repasando el interesantísimo catálogo del presente año de Astiberri cuando llegué a las páginas dedicadas a las obras de Frederik Peeters publicadas por dicha editorial y la vista fue a parar a la portada de un tebeo cuya existencia desconocía. Como quiera que con las lecturas de Píldoras Azules y RG, el autor suizo ya había pasado a formar parte de esos a los que había resuelto seguir la pista, y que además el precio del cómic era irrisorio (¡sólo 3.5€) decidí que lo mejor que podía hacer era llamar a mi tienda de cómics para encargarlo con la mayor brevedad. A los pocos días de dicha llamada, Constellation se unía a la pila de lecturas atrasadas que amenaza, cada vez más, mi integridad física.

Sacando un hueco entre un par de volúmenes más gruesos, logré intercalar hace un par de días una lectura que deja claro el hecho de que, si se tiene una buena idea, o una historia sólida que contar, no hacen falta grandes artificios ni una extensión desmesurada para llevarla a cabo. Treinta y dos páginas son suficientes para que Peeters narre, con el virtuosismo al que nos tiene acostumbrados, una historia de amores imposibles, espionaje y venganzas fraternales, y todo ello en el constreñido marco de un avión que sobrevuela el Atlántico rumbo a Nueva York. En este decorado, el artista de Lupus nos presenta a tres únicos personajes y como si de Kurosawa se tratara, nos cuenta la misma historia tres veces desde sendos puntos de vista: el primero, un nervioso hombre que tiene un secreto que ocultar y flirtea con su compañera de asiento; la segunda, una escritora rusa que se encuentra con un peculiar compañero de viaje que pretende ligar con ella pero que no le parece nada interesante; el tercero, un asistente de vuelo con una venganza en mente.

El resultado del cruce de las tres historias queda hilvanado a la perfección en las pocas páginas en las que Peeters desarrolla el relato, alternando en el mismo los bocadillos de diálogo con la narración en off que representa a los pensamientos de los personajes y que permite a los lectores asomarse de forma simultánea a lo que uno piensa y luego dice, o viceversa. Esta estructura queda plasmada en una secuencia de seis viñetas que el autor rompe en muy pocas ocasiones, ya sea para indicar la transición de un personaje a otro, o para mostrar la ensoñación con la que pone punto y final a un cómic brillante que se establece como una clara contrapartida a esa descompresión narrativa que tanto gusta hoy en día y que tantos sinsabores deja a los lectores. Ya podrían aprender los guionistas "hot" del momento de un artista más interesado en contar una buena historia que en cobrar un abultado cheque a final de mes.

Sergio Benítez (220)

martes, 7 de julio de 2009

DÁNDOLE VUELTAS

Guión: Frederik Peeters

Dibujo: Frederik Peeters

Editorial: Astiberri

Formato: Libro Rústica. 184 Páginas

Precio: 19€

Calificación: 9.5/10

Autoimponerse, o que te impongan, una extensión breve para contar una historia (o escribir una crítica, ensayo o lo que a ustedes se les ocurra) nunca suele traducirse en que la labor se facilite. En mi caso - que quieren, es el ejemplo que tengo más cercano - durante años tuve la suficiente libertad en Cine & Bso para que las críticas, tanto de cine como de bandas sonoras, tuvieran la longitud que se me antojara. Pero con el paso al periódico, de repente me vi constreñido a que lo que antes decía en un "folio y medio" de word, ahora tenía que decirlo en dos columnas de texto. Ello te obliga a prescindir de la paja, ir al grano, y deshacerte de las estructuras mentales adquiridas con el tiempo ( de nuevo en mi caso, comentario de la película por encima - director - actores - guión - música - conclusiones finales) para dotar de vida propia y originalidad a cada una de las creaciones que salen de tu cerebro en ebullición. Lo curioso, y voy a dejar de mirarme el ombligo para centrarme en el noveno arte, es que si se llega a dominar la técnica, una historia corta puede excitar (en el sentido más amplio de la palabra, no me seáis gorrinos) mucho más la imaginación que una narración prolongada. Ello se debe al curioso funcionamiento de los mecanismos de atención del cerebro que, dependiendo del individuo, permiten tener aquélla centrada en lo que está consumiendo sea de la extensión que sea, o todo lo contrario.

Como quiera que el mío se acostumbró in hilo tempore a trabajar en multitarea (cuando escribo estas líneas estoy hablando con Nacho por el Gtalk y escribiendo también la crítica de la irregular Ice Age 3) leer en pequeñas dosis se ha convertido en una costumbre, lo que no significa que no sea capaz de consumir un tebeo de más de doscientas páginas de una sola sentada, cuidado. De esta costumbre se derivó en su momento mi debilidad por las tiras de prensa y ella es la que explica, al menos inicialmente, el merecidísimo sobresaliente que consigue esta recopilación de historias cortas a través de las cuáles podemos corroborar, sin miedo a equívocos, que Peeters es un genio de la narrativa, da igual con lo que se atreva.

Veintiséis historias de desigual longitud y temáticas ajenas son las que componen este volumen. Veintiséis historias que nos acercan a la personalidad de un autor complejo y poseedor de un intelecto tan atractivo como intrigante. Asistiendo a través de las páginas de Dándole Vueltas a la evolución de un artista en constante búsqueda de nuevas fórmulas narrativas, las pequeñas dosis de genio que Peeters nos regala en cada uno de los relatos que conforman este mapa fragmentado e incompleto de su personalidad permiten hacernos una idea, aunque sólo sea en parte, de ciertos posicionamientos vitales del autor suizo: desde su fino sentido de la ironía y su enorme capacidad para el humor negro - esa historia que abre el volumen, en la que compara a los duendes de Santa Claus con una pervertida versión de los judíos de Auschwitz es clara muestra de hasta dónde es capaz de llegar el autor - hasta la analítica y clínica mirada (siempre cargada de ironía y cierto pesar por cómo discurren las cosas en este mundo nuestro) que es capaz de arrojar sobre los hechos más cotidianos, como la vida de una familia de inmigrantes en Suiza o la evolución urbanística de una playa vista a través de los ojos de un perro.

Entre medio, y haciendo gala siempre de un estilo visual que como mínimo se debe calificar de portentoso y que explora una y otra vez las fronteras del noveno arte - las páginas dedicadas a la historia de las drogas en Suiza son ASOMBROSAS - Peeters nos ofrece un rosario inmenso de géneros y tipologías narrativas que incurren una y otra vez en cambiar el uso de uno, dos (o varios) elementos, alejarse un paso y observar, cual científico, como se articulan entonces los mecanismos del tebeo. Los más evidentes son aquellos que eliminan el texto del normal discurrir de los relatos, para que sean las imágenes (¡y qué imagenes!) las que transmitan por ellas solas lo que Peeters imagina. Los menos evidentes se van traduciendo en lo intricado de alguno de los capítulos, que hay que releer varias veces - como si eso importara mucho - para poder extraer todos los sintagmas de significado que el suizo introduce.

He nombrado dos o tres capítulos que sirven como ejemplo de la genialidad de lo que queda recogido en este magnífico volumen (editado como siempre de forma brillante por Astiberri), pero lo que aquí ha sido citado es sólo una minúscula muestra de lo que llegan a ocultar las muchas viñetas de las ciento ochenta y cuatro páginas. Todo un viaje que además, puede servir de travesía inicática para aquellos que aún no hayan navegado por las maravillosas aguas del autor. Sinceramente, ¿a qué estáis esperando?.

Sergio Benítez (204)

viernes, 19 de diciembre de 2008

PÍLDORAS AZULES

Guión y Dibujo: Frederik Peeters

Editorial: Astiberri

Formato: Libro Rústica. 204 Páginas

Precio: 16€

Calificación: 9.5/10


Decía hace unos días en el especial que dediqué a Clandestine que hace pocos años ni me hubiera planteado adquirir Píldoras Azules. Mentía.

Cambien años por poco más de una docena de meses y ajustaremos más el radical cambio que se ha producido en las lecturas que ahora estoy descubriendo: ya no resulta tan importante la estética a la hora de decidir si compro o no cierto título mientras exista una cierta certeza de que la historia que desarrolle el cómic en cuestión me atrape con brío. Contando con dicha certeza de manos de las fervorosas recomendaciones de mi compañero Mario, no podía seguir ignorando la llamada que Píldoras Azules me hacía cada vez que pasaba por su lado en mi tienda de cómics habitual y, como podrán imaginar, hace unas cuantas semanas fue liberado de esa cárcel de madera que son las estanterías de Amuleto.

Tras leer la hermosísima historia de Peeters lo primero que debo exclamar es un sonoro GRACIAS dirigido, cómo no, a Mario. Aunque, lógicamente, ambos compartimos esta estupenda filia que es leer cómics, cada uno seguimos manteniendo pequeñas parcelas de privacidad no exploradas por el otro. Una de esas parcelas, en la que Mario sí ha navegado a placer mucho antes que yo, es el cómic de corte independiente, ya sea americano o europeo. El caso es que en los años que hace que nos conocemos (que ya son unos pocos), Mario, desde su entrañable humildad, siempre ha intentado que mi colección se compusiera de algo más que tomos y tomos de superhéroes. Al final algo de ese mensaje ha tenido que calar, y buena prueba de ello la podéis encontrar observando la gran variedad de géneros y países que tocamos en este rincón de crítica.

Con un personalísimo estilo de dibujo que llama la atención nada más abrir un cómic con su nombre en la portada (y ya hablaremos de lo camaleónico de su trazo cuando repasemos RG) Frederik Peeters es, ante todo, un brillante narrador de historias como pocos se cuentan en este medio. Comprendo que dicha aseveración sea un poco arriesgada teniendo en cuenta que aún tengo pendiente la lectura de su otra "obra maestra", Lupus, pero espero que sean capaces de perdonármela si les digo que no soy muy dado a regalar exacerbados piropos. Sólo tienen que efectuar un breve repaso a lo que se ha escrito por aquí para constatarlo.

El caso es que a la hora de referirme a esta maravilla aviñetada que es Píldoras Azules, todos esos epítetos que normalmente suelo guardar para momentos puntuales, se agolpan en mi cabeza sin dar cabida a que pueda ordenarlos, menos aún transcribirlos. La experiencia vital que supone la lectura de la obra de Peeters es casi equivalente a situarse en la posición de un inesperado voyeur que tuviera acceso a los más recónditos secretos que encierra nuestro corazón. Este paseo por una vida, la suya, que Peeters efectúa con una honestidad que huye en todo momento de sensiblerías inútiles, va recalando en momentos que oscilan entre la trivial (el hijo de Cati probando la sal) y los más profundos sentimientos (Cati y Frederik conversando, después de haber hecho el amor, acerca de por qué se quieren) ostentando ambos una inusitada y poco común solidez que encuentra su paroxismo en ese impresionante capítulo en el que Peeters utiliza a la figura de un mamut para improvisar un complejo psicoanálisis de su yo más profundo.

La franqueza con la que el autor afronta el relato, es de tal magnitud que atraviesa sin problemas cualquier barrera moral o psicológica, hace añicos las evidentes diferencias culturales (que no generacionales) y borra por completo los pocos prejuicios que pudiera albergar aún hacia este tipo de cómic, y es precisamente la que hace tan grande a Píldoras Azules. Y aunque no sea la primera vez que leo en formato de tebeo una historia autobiográfica (ahí está las geniales True Story Swear to God, Fun Home o Piel Color Miel para demostrarlo) tengo que admitir que no estaba preparado para la arremetida emocional que ha supuesto este enorme cómic. De nuevo, muchas gracias Mario.

Sergio Benítez (83)

martes, 14 de octubre de 2008

VIAJE a ITALIA

Guión y Dibujo: Cosey

Editorial: Planeta DeAgostini

Formato: Álbum Cartoné. 106 Páginas

Precio: 12.95€

Calificación: 9/10

Norma, la editorial que hasta ahora ha mantenido su hegemonía en cuanto a edición de material europeo en nuestro país se refiere, debería empezar a replantearse ciertas políticas de precios a la vista de lo que Planeta está lanzando de forma cada vez más agresiva mes a mes. Vale que muchos de los tomos que está editando son de tamaño reducido para así abaratar costes, y que en cuanto a gramaje del papel, Norma sigue un poco por delante de lo que Planeta es capaz de ofrecer pero, lo que está claro es que en estos tiempos de crisis que corren, cosas tan banales como la calidad del soporte casi no se tienen en cuenta.

Viaje a Italia forma parte de las pocas novedades que Planeta edita este mes de octubre ante la avalancha de títulos que nos espera para el próximo noviembre y la verdad es que se agradece que hayan editado un tebeo de estas características en un mes tan paupérrimo, más que nada porque ello ha permitido una lectura calma sin las "presiones" usuales de tener que leer las últimas compras cuanto antes.

La primera conclusión clara que uno saca al finalizar la lectura de Viaje a Italia es el fuerte carácter cinematográfico que Cosey imprime a toda la narración: ya sea en el preciso uso de los flashbacks que sirven al autor para ir respondiendo a las lógicas preguntas que uno se va planteando a lo largo de la lectura; sea en la descripción de unos personajes que, aunque ligeramente estereotipados, adquieren la suficiente definición conforme la historia va desvelando sus secretos; o, sobre todo, por una composición de página que parece directamente arrancada de un story-board fílmico.

En este sentido, y siendo Viaje a Italia mi primer contacto con el autor, descubro en él un dibujante hábil, que construye a sus personajes de forma simple pero tremendamente sólida y cuya narrativa resulta tan ágil como la sencillez con la que se desarrolla. Y aunque el tebeo guarda muchos y muy buenos momentos, me quedo especialmente con uno, ese final...qué digo final, ese finalazo, que Cosey resuelve en las tres últimas páginas, cada una de ellas perfectamente estructurada mediante diferentes aviñetados: desde la fragmentada y cerrada visualización del tiempo en esa conversación telefónica, hasta las dos páginas que cierran la lectura, toda una lección de temporalización gráfica en la que el autor ralentiza el avance de la cuarta dimensión para que el tinte trágico que lo envuelve sea aún más efectivo. Impresionante.

Lo malo (si es que puede considerarse así) es que ahora que he descubierto a Cosey, y sabiendo que su trabajo para Saigón-Hanoi es poco menos que una obra maestra, "me veré obligado" a empezar a recopilar todo lo que haya sido editado del autor suizo en nuestro país. En fin, ¿qué se le va a hacer?.

Sergio Benítez (37)