Dibujo: Sean Phillips
Editorial: Image
Formato: Comic-book. 32 páginas
Precio: $3.99
Calificación: 9/10
Guión: Robert Kirkman
Guión: John Layman
Todos los coleccionistas de comics sabemos que pillar el primer volumen de una colección a ciegas no es tarea fácil. La mayoría de las veces, una vez terminada la lectura, nos preguntamos quien nos mandaría ampliar el abanico de lecturas, con lo bien que estábamos con las que ya seguíamos.
Ultimamente cuando me acerco a una colección lo hago con una marcada predisposición a que no me guste. Quizás sea producto de los tiempos que nos ha tocado vivir a los consumidores de cultura mediática. Hay demasiado producto donde escoger y los controles de calidad no son todo lo rabiosos e infalibles que cabría esperar. A veces se presuntea, se pide prestado, pero comprar a ciegas como solíamos hacer no hace mucho es cada vez mas raro.
Por eso, cuando algo como Chew llega a tus manos y ves que está creada por un tipo llamado John Layman, en cuyo curriculum encontramos cosas como Dinastía de M: Cuatro Fantásticos o Marvel Zombies (para mi los únicos zombies que parecen tener algo que contar son los de Kirkman y los que dieron origen a la fiebre marveliana comecerebros escritos por Millar), uno abre el tomo con cierto aire de desinterés. Pero claro, no olvidemos que todo el mundo la pone por las nubes, y que te ha salido tirada de precio, así que te acaba de llegar a casa, así que te pones a leer.
Es entonces cuando te encuentras con Tony Chu, un detective cibopático que consigue las pistas de sus casos de lo que come. Con sólo un bocado, sabe dónde ha estado, quién la ha tocado y de dónde viene esa comida. Chu trabaja para la División de Crímenes Especiales de la FDA, organismo gubernamental que investiga los más extraños crímenes del mundo. Y en uno de sus casos y teniendo que luchar contra el reloj para atrapar a un asesino caníbal, Chu toma una decisión tan radical y horrible que cambiará su vida y su don para siempre. Ah, y debido a un brote mundial de fiebre aviar todo el pollo ha sido prohibido por el gobierno y se ha convertido en el equivalente al alcohol en la época de la ley seca, en lo que será seguro una de las líneas argumentales recurrentes de la serie.
Layman, ayudado brillantemente en el apartado gráfico por un gran Rob Guillory, pasa de la comedia negra al horror en cuestión de dos viñetas. Los dos artistas trabajan a la perfección juntos en esta depravada versión del mundo que nos ofrece esta colección. Y es que el final del primer tomo deja con ganas de mas, de mucho mas. Así que cuando tengas este tomo en tus manos (si es que algún día se publica por aquí) y te dispongas a abrirlo, hazlo con la seguridad de que vas a disfrutar de una lectura original, salvaje y extrañamente fascinante. Y no comas pollo en una temporada, por lo que pueda pasar…
Guión: Robert Kirkman
Y es que este muchacho decidió reinventar el género de superhéroes con sabor clásico con Invencible, el cómic de zombies donde lo menos importante son los zombies, y hasta se atrevió con el Hombre Lobo, y en todas ellas ha salido airoso. Si no me creen, pueden buscar sendas recomicdaciones de un servidor y sus compañeros de blog, ensalzando las virtudes de estas tres series.
Total, que de buenas a primeras, desde Image anuncian a bombo y platillo (o sea, por internet), que el mismísimo McFarlane se ha unido con nuestro Kirkman para crear un nuevo personaje en la editorial, y vemos en la imagen promocional que tiene toda la pinta de ser Spider-man con traje nuevo, porque hasta una especie de telarañas se dejan ver al fondo. Y claro, tentado por el buen hacer de Kirkman, me dejo llevar y ¡zas! cae incluso en grapas mensuales americanas, que eso de esperar a que salga el TP a veces desespera…
Una vez leídos los primeros cinco números, (que por cierto, sí que forman un TP muy simpático, ya disponible, por si a alguien le interesa), descubrimos que hay detrás de este Haunt que con tanto misterio se nos presentaba. Por un lado, tenemos a un sacerdote de lo más atípico (bueno, en la parroquia de mi barrio, por lo menos, no son así), una especie de versión light de Jesse Custer, el protagonista de Predicador, que fuma, no se afeita y esas cosas. Y por el otro, a su hermano, agente del gobierno metido en unos "fregaos" muy oscuros, tanto, que por lo menos hasta el número cincuenta con portada alternativa de Jim Lee, no los vamos a descubrir todos (bueno, y si la serie vende bien, hasta el cien). Lo que si descubrimos es que la muerte de un hermano deja al otro con la tarea de “custodiar” una especie de traje que parece robado del armario de Veneno, y que acaba por poseerle, y ya no cuento más, que la gracia está en ver lo que pasa luego.
Los guiones de Kirkman, no es que sean un alarde de originalidad, pero a estas alturas, me sirve con que un cómic me entretenga, y eso sí que lo hace, aunque haya algún giro o alguna base secreta subterránea que me suenen de otros títulos de la casa.
La revelación, un Ryan Ottley a los lápices que, una vez entintado por Grez Capullo, no lo reconoce ni su padre, y es que al dibujante de Invencible parecen sentarle bien tanto los chillones colorines de superhéroe como los sombríos y apagados de este Haunt. Además, ya ha anunciado que se marcha y deja solo a Capullo a los lápices, veremos como se defiende.
En resumen, una serie simpática y facilona, que se lee como el que come pipas, y que demuestra que tampoco hace falta ser muy original para entretener y mucho en un cómic mensual de accion y superhéroes.
Jose (43)
Guión: J.M. StraczynskiLa primera vez que escuché hablar del guionista de nombre impronunciable, J. Michael Straczynski, fue cuando, siguiendo a mi siempre admirado Gary Frank, y su espectacular sentido del dibujo, decidí hacerme con la serie en español, recién finalizada y en grapa, en una de esas compras a ciegas que tanto nos gusta hacer de vez en cuando.
Hasta entonces, lo único que había leído del autor era Rising Stars, pero su irregular ritmo de publicación y baile de dibujantes, me hizo olvidarme de la serie hasta mucho tiempo después (pero esa es una historia que dejaré para otra recomicdación). El caso es que comencé a leer con cierto recelo, pero disfrutando con cada viñeta y dejándome sumergir por ese tono de novela de cine negro que desprendían las primeras páginas, y de la mano del teniente Grey, y de esos textos de apoyo que hacían las veces de “voz en off”, conocer a Laurel, a ese lugar que existe entre dos sitios, y todo lo que nos cuenta esta serie de docenúmeros que todo amante de los comics debería tener en sus estanterías.
El resultado, como podéis suponer, me dejó fascinado, y no tuve más remedio que leer la obra de un tirón, incapaz de frenar las ganas de coger la siguiente grapa cada vez que terminaba la anterior. Ni que decir tiene que poco tiempo después me hice con la edición en tomo, y desde hace muy poco, y aprovechando la edición en tapa dura que la editorial Norma sacó hace poco, la compro para regalar cada vez que tengo ocasión.
¿Qué de qué trata Midnight Nation? Pues de todo, supongo, de la vida y la muerte, del amor, del sufrimiento, del destino, de lo bueno y lo malo, de los sacrificios que hacemos, de la supervivencia, de la lealtad, de todo un poco. Pero bueno, sin ponernos trascendentales, la serie cuenta el viaje que el detective Grey debe emprender cuando, tras ser atacado por unos extraños seres, descubre que tiene menos de un año para recuperar su alma si no quiere terminar convertido en aquello que mas teme. Durante el viaje, estará acompañado de Laurel, una joven “desposeída” que tiene experiencia en este tipo de viajes, y que guiará a nuestro protagonista en este nuevo universo donde terminan las personas y las cosas que son olvidadas.
Como no podía ser menos, tratándose de una historia acerca del “viaje del héroe”, cada capítulo supondrá una oportunidad de conocer más a fondo quién era Grey antes de iniciar el trayecto, y en quién se irá convirtiendo ante nuestros ojos. El guionista aprovecha la ocasión para alternar este fascinante road-trip con los flashbacks que nos muestran cómo los personajes han llegado a ser olvidados por el mundo, e incluso alguna referencia al mito de la caverna de Platón, hasta llegar a un climax muy bien planificado, y un epílogo que conmoverá a cualquiera con sangre en las venas.
Del apartado gráfico poco menos que alabanzas puedo hacer de la labor de Gary Frank: su minuciosidad y capacidad de detalle son asombrosas, en cada pelo de la cabeza, en cada expresión del rostro de los personajes, en los fondos, los escenarios, etc. en lo que para mi supone el mejor trabajo de toda su carrera.
Por todo lo anterior, y porque cada relectura que hago de la obra me hace considerarla una historia más y más redonda, os animo a leerla y pararos a contemplar y disfrutar cada detalle, cada curva del camino, y cada pequeña historia que el guionista ha incluido dentro de una historia, llena de grandes y pequeñas cosas al mismo tiempo, como la vida misma.
Jose (35)
Guión: Scott KurtzDesde que puedo recordar, siempre me han gustado las tiras cómicas. Empezando por Carlitos y Snoopy (que flaco favor le hicieron los llaveritos y los pijos a este pobre perro), siguiendo por Garfield, Orson, Robotman, hasta los mas recientes Calvin y Hobbes o Liberty Meadows, siempre me ha gustado esa libertad que te otorga el formato de la tira, el saber que puedes permitirte el lujo de leer solo una, pero que al final tendrás tu pequeña historia contada, tu planteamiento, nudo y desenlace, y una pequeña sonrisa de regalo al final. Pero no nos engañemos, si la tira es buena, como las que cito, nos pasara igual que con las Pringles, que una vez empiezas, ya no hay quien nos pare.
Por esta razón, y animado por las criticas y recomendaciones que autores como Kurt Busiek, Robert Kirkman o Frank Cho hacían de la obra, no tarde mucho en hacerme con los primeros tomos que recopilaban las tiras diarias de PVP.
Como su nombre indica, Player versus Player (PVP) nos cuenta el quehacer diario de los trabajadores (por así llamarlos, aunque no den palo al agua) de una revista dedicada a los videojuegos. Entre su plantilla encntraremos a Cole, el editor jefe, Brent, director creativo, su novia intermitente y redactora, Jade, o Francis, el soporte técnico de la empresa. No, no me olvido de Skull, es que lo he dejado para el final, porque no todas las revistas de videojuegos tienen un troll azul como becario… Quitando lo del troll, todo parece normal, ¿no? Pues no. Todos estos personajes y Marci, Max y los que se irán añadiendo conforme avanza la serie, son todos una panda de freakies, que no dudaran en escaquearse del trabajo para ir a ver la ultima peli de estreno, disfrazarse para echar una partida de rol en vivo o jugar en la X-Box sin descanso.
Afortunadamente, no todo son videojuegos en PVP, o me hubieran perdido desde el principio, porque mis referencias terminan en el Tetris y el Arkanoid. Y es que aquí todo es susceptible de ser parodiado (la mejor forma de homenaje, según dicen). Matrix, Liberty Meadows, Los 4 Fantasticos, Indiana Jones o Star Wars son sólo unos pocos ejemplos de lo que PVP ha convertido en su sello propio. No es extraño ver a sus protagonistas disfrazados, en las versiones mas estrambóticas de nuestros héroes y personajes de ficción favoritos. Y por el camino, convenciones de comics, Dragones y Mazmorras, apariciones estelares de dibujantes y personajes, Pac-man, gatos domésticos que quieren dominar el mundo (este es mi debilidad), y mucho, mucho humor.
Excepto en el primero de los tomos, que recopilaba las primeras historias publicadas por Dork Storm Press, donde se hacia uso del formato grafico habitual de comic-book y se contaban pequeñas historias autoconclusivas de ocho o diez paginas, en los cinco tomos siguientes publicados hasta la fecha, se adopta el formato tira, y de hecho, hay que leer el tomo de forma horizontal, con dos tiras por pagina.
Pero, ¿Quién esta detrás de PVP? Pues en este caso, y como tantos otros autores de tiras, Scott Kurtz se encarga tanto del guión como del dibujo, con un resultado más que satisfactorio. El dibujo, sencillo, en blanco y negro y en dos dimensiones, sin mucha profundidad, aprovecha el espacio que tiene, que no es mucho, para contarnos personajes y situaciones, teniendo en cuenta que muy pocas veces el autor saca a los personajes de las oficinas de la revista que da nombre a la tira.
En resumen, una lectura fresca y divertida, muy actual, y que al termino de cada tomo, deja con ganas de mas. ¡Ah! Se me olvidaba. Como estamos en época de crisis (algo habréis oído, seguro) y de todas formas, nadie se ha animado en nuestro país a publicar la serie de Image, vuestro querido recomicdador os enlaza con la pagina donde se publican las tiras originales de PVP de forma diaria y gratuita, ¡y además en color!… Eso si, sólo para los que chapurren un poquillo de inglés. Luego no me vengáis con que la gente no lee porque los precios son desorbitados, ¿eh?. Ya no hay excusas. Pasaros por PVPonline y me decís que os parece. (¿Has visto, jefe?, ¡¡¡criticas interactivas!!!...vaya "pedaso" de blog…)
Jose (21)
Guión: Erik LarsenCuando hace algunos meses os recomicdaba el primer volumen de esta misma serie, (¿Cómo que no os acordáis? Si hombre, aquí mismo) y os instaba al segundo, nada podía hacerme adivinar lo que encontraría en estos veintiocho números de las aventuras del policía verde. Un adelanto: sin dejar de ser entretenido, el tomo resulta muy irregular. Y si os decía la vez anterior que era la serie perfecta por la libertad que el personaje daba al autor, y porque prácticamente podía pasar de todo en cada número, ahora me pregunto si no le vendría mal al señor Larsen un buen editor que le parase los pies de vez en cuando.
Pues bien, niños y niñas, la libertad creativa es buena, pero peligrosa en manos de algunos desaprensivos. Y es que, si te llamas Erik Larsen y eres uno de los fundadores de Image Comics, seguramente pase que, independientemente del tamaño de la chorrada que se te ha ocurrido una noche de insomnio que has cenado demasiados burritos de frijoles con extra de picante, tienes a tu servicio a una editorial entera que te la publicará puntualmente, mes tras mes. Ah, y además, tampoco puedes confiar en que sea el dibujante de turno el que te dé el toque, y te llame preocupado a las dos de la mañana para decirte: “Eric, una cosa… seguro que quieres que dibuje un villano que es un pollo gigante?”, porque Mr. Larsen se escribe, dibuja, y hasta se entinta, el muchacho.
Y claro, luego pasa lo que pasa… Que el hombretón no sabe a quien sacar este mes, pues tira de catalogo Image, o le pide un personaje a un coleguilla. Resultado: Las tortugas Ninja, Spawn, The Maxx, Hellboy, los marcianos de Mars Attacks… (¿pero es que todo el mundo tiene que pasarse a dar una vueltecita por este cómic?). Que no se le ocurren malos, pues le implanta el cerebro de Hitler a un gorila gigante y santas pascuas…
Sin embargo, el momento cumbre de este tochaco de mas de seiscientas páginas es poco menos que indescriptible (pero lo intentare, que soy un profesional del pijamismo). A ver: aprovechando que nuestro Dragon favorito está muerto y en el infierno, y se acaba de encontrar con el Demonio (sí, en serio), empieza una pelea en la que terminara metido el mismisimo Dios (sí, sí, con su barba blanca y todo), y que se resuelve tras catorce páginas de splash pages con Dios diciendole al Diablo: “Don´t Fuck with God”.
¿Estáis todos bien? Comprendo que ha sido muy fuerte… bueno, pues seguimos.
Por otro lado, y con mucha habilidad, las tonterías dejan paso de vez en cuando a interesantes subtramas, a bodas y nacimientos, fallecimientos, viajes espaciales, dioses mitologicos, atlantes, accion a raudales y un sentido del humor muy particular, marca de la casa. Y claro, cuando uno se da cuenta de que lleva leyendo una semana el mismo tocho, que le ha costado menos de quince euros, y que esta tan despistado que ya no sabe que va a encontrarse al pasar la pagina, uno se da cuenta de que esta enganchado sin remedio a este culebron pijamista, y esperando a que publiquen ya el tercer tochaco para ver como sigue la cosa. Y es que la serie de Larsen ha superado en EEUU los ciento cincuenta números, así que el restaurante mexicano frente a su casa debe estar ya forrado…
Por cierto amigos, lo del pollo gigante metido a villano y el gorila con el cerebro de Hitler es totalmente cierto...palabra de pijamero.
Jose (19)
Guión: Erik LarsenDecía el otro día Sergio, en su recomicdación de Deathblow, que en sus comienzos, la editorial Image se había caracterizado por ser el "no va más". Y es que en los 90, y cegados por sus tintas líquidas, sus portadas alternativas y sus artistas hot, comprábamos casi cualquier cosa que sacaran… por el simple hecho de ver el logo de la editorial en la esquina de la portada. Sin exagerar. Yo seguía comprando Spawn mes tras mes, con la esperanza de entender algo, o de que la cosa mejorase... pero no hubo forma, por más que Alan Moore intentara hacer algo al respecto…
El cómic que hoy nos ocupa, sin embargo, es de aquella minoría de autores que, aprovechando la libertad que se les daba, aprovechaba para crear personajes y entornos, en lugar de repetir los de Marvel y DC (¿Eh? ¿Jim Valentino?) y nos contaba una historia, incluso digna de relectura, que además ha sabido envejecer bastante bien, a tenor de lo que encontré a terminar el enorme tomo publicado hace un par de años por Image.
Con muy buen criterio, la editorial americana utilizó el formato Essential, como el que Marvel usa para reeditar en blanco y negro (D`oh!!!) las primeras aventuras de X-Men o Spider-man, para volver a poner a disposición del público (y de un servidor de ustedes) aquellos materiales ya publicados hace más de 15 años, y hoy ago difíciles de encontrar. 24 números a $19.99, que no está nada mal en tiempos de crisis. (Un amigo no deja de decirme que compro al peso, pero una ganga es una ganga).
Acomodado en mi sillón favorito me dispuse a redescubrir esos primeros números de Savage Dragon, con el miedo de que la obra me hubiera dejado mejor recuerdo que otra cosa... El resultado: horas de diversión.
El tomo, creado, escrito, dibujado y hasta entintado por el bueno de Erik Larsen ofrece páginas y más páginas (más de 600, oiga) de acción, traiciones, cameos de personajes de Image (desde Spawn hasta WildCats, pasando por Youngblood), venganzas, explosiones, y hasta las mismísimas Tortugas Ninja, aparecen por aquí. Como curiosidad, se puso en marcha un concurso en el que los lectores crearan su “malo” del mes, y el ganador aparecería en el comic mensual. Así que, si ven a una Langosta Gigante que atiende al nombre de “Jimbo, Da Mighty Lobster!” (así, con exclamación y todo), dándose de tortas con Savage Dragon, no culpen a Larsen y su afición al vodka, que en esto no tuvo nada que ver.
Para los más despistados (y algún europeista sin remedio, je, je) y de forma muy resumida, contarles que Savage Dragon cuenta la historia del teniente Frank Daring, de la policia de Chicago que, tras encontrar a un amnésico y verde fortachón de más de 2 metros, decide incorporarlo al cuerpo de policía, para desgracia de la multitud de supervillanos que operan por la zona.
Aprovechando que Dolmen ha sacado para el Salón un tocho muy similar de precio y características, es una perfecta lectura de verano, así que vayan poniéndose el bañador y ¡¡¡a disfrutar!!!!.
Jose (5)
Guión: Robert Kirkman
Guión: Mark Millar
Por eso, y siempre atento cuando escucho su nombre en los créditos de un cómic, me sorprendí bastante al encontrar hace algunos meses en el Previews una nueva edición de Chosen, ahora rebautizado como American Jesus. Book One: Chosen. El motivo era su deseo de continuar la historia a partir de este otoño, y como quiera que me deshice de mi edición de Planeta, sacarme $9.99 del ala aprovechando la ocasión iba a ser un juego de niños para Image. Hecho el consiguiente desembolso, me volví a encontrar con esta peculiar obra, que ya leí hace algunos años, y que ha mejorado con el tiempo. Bueno, supongo que la obra es la misma, que el que ha prestado más atención he sido yo…
¿Y qué nos cuenta Chosen? Pues bien, ni más ni menos, que la segunda venida (¿o era la tercera?. Definitivamente de esta semana no pasa que vaya a misa…) de Jesucristo a la tierra, bajo la forma de un chico de 12 años, y todo lo que estos cambios que van produciéndose en el protagonista, suponen para su familia y amigos. Del apartado gráfico se encarga Peter Gross, viejo conocido del que escribe por acompañar a Mike Carey en Lucifer, y al que considero una elección perfecta, porque aporta las dosis justas de realismo para meterte de lleno en la historia, al ser un excelente narrador de eso que yo llamo “gente hablando mientras que no pasa nada”. Por si no me he explicado con claridad, y aprovechando que la reseña me ha quedado cortita, os enlazo otro maravilloso ejemplo de este género artístico de “gente hablando” con el soberbio trabajo de Pia Guerra en Y:The last man, sin el cual ya no imagino esta maravillosa obra, y con las excelentes recomicdaciones (ésta, ésta, ésta y ésta otra) que en su día hizo Sergio (Jefe, súbame el sueldo…) Maravilloso, ¿no?
El resultado final es una obra que perfectamente podría haberse publicado bajo el sello Vertigo, con una historia sencilla pero atrayente, un dibujo correcto y efectivo, y lo mejor, un final de esos de “ya me la han vuelto a colar” que tanto nos gusta a los lectores de comics (Un final inesperado, ¿eh? no que nos la cuelen…). Todo esta pasa en sólo 72 páginas, pero que merecen mucho la pena. La pega no se la pongo todavía, y esperaré a tener en mis manos American Jesus. Book Two: Resurrection para ver como continua la cosa, y si todo sigue bien, contarles aquí mismo si mi fé en Mark Millar sigue inalterable.
Jose (4)
Guión: Robert KirkmanLa semana pasada el amigo Jose os hablaba de la penúltima obra de Kirkman. Hoy he decidido liarme la capa (aunque el personaje no la lleva) y comentaros algo de la gran obra pijamera personal de éste autor: Invincible. Y no, no lo he escrito mal, es que está en inglés. Si lo quieres leer en castellano me cambias la segunda i por una e y listo.
No me voy a poner a contaros las excelencias y bondades de éste escritor cuando trabaja en sus propias creaciones. Eso sería repetir lo que se ha podido leer una y otra vez en cualquier sitio en el que se habla de ello, sólo serviría para hacer la reseña más larga y no tendría utilidad alguna. Como éste mismo párrafo que estáis leyendo, que no os aporta nada, pero es que yo cobro por palabras, así que en realidad me está proporcionado dineritos para poder comprarme un bocata de atún.
A lo que íbamos. Cuando Image decidió lanzar su nueva y flamante línea pijamera, éste fue el personaje mimado (y único superviviente) por la editorial. Puede que fuera porque tiene como emblema el logotipo de la misma, o quizá porque desde el principio ya se notaba que la serie llegaría lejos. Aqui el Sr. Kirkman nos demuestra que en el pijamismo no está todo dicho, y que siempre es posible reinventarse, cambiar de rumbo y mantenerse fresco durante números y números (cuando os escribo llevamos sesenta y dos).
La serie comienza con el típico chavalín, hijo de héroe pijamero, en el momento en que descubre que le comienzan a aparecer sus poderes. Se sientan unas bases, te plantean un par de aventurillas o tres y… ¡ZASCA!, te sale un cambio en la trama que manda a paseo las bases que había asentado para cambiarlas totalmente. Y entonces te acomodas. Te gusta como sigue la serie y… ¡ZASCA!, sorpresón al canto que te marea de nuevo. Y es que si hay algo característico de ésta serie (y marca distintiva del autor) es que todo se puede cambiar.
El Sr. Kirkman realiza un ejercicio de comic pijamero con la plantilla clásica de toda la vida: desarrollar la historia, avanzar subtramas, muchas hostias y finales de grapa de ésos que atrapan hasta la siguiente entrega. El mecanismo del botijo, pero hecho con arte y sin la lacra de una continuidad que se remonte más allá de veinte años ni un gran grupo corporativo dueño de los personajes que sólo quieren que la vaca siga produciendo leche, aunque esté aguada y sea imbebible. En la parte gráfica la serie comenzó con Cory Walker hasta su séptimo número, siendo reemplazado desde entonces hasta la actualidad por Ryan Ottley. Ambos autores son de trazo bastante limpio, competentes en el campo narrativo y, sin ser lo que denominan “artistas Hot”, resultan bastantes agradables a la vista.
Lo que debería de aclarar, porque luego hay algunos a los que les gusta criticar las notas obtenidas en las recomicdaciones, es que el peazo nueve que se lleva ésta serie está pensado dentro del contexto y el género al que pertenece, es decir: el pijamismo. Si la comparamos por ejemplo con los libros de Teo (título al azar), está claro que merecería un uno o menos aún… Pero no os preocupéis, en la actualidad me estoy leyendo todos y cada uno de los libros del susodicho personaje para colgar la reseña en el futuro.
Pues bien, espero haber logrado picar la curiosidad de aquellos lectores pijameros que nunca se han acercado a la obra sin caer en el destripamiento del argumento de la serie, conseguido arrancar una sonrisa a los seguidores de la misma al recordar los buenos momentos que les hace pasar, y tener suficientes palabras en la reseña para que además del bocata de atún me llegue para una cervecita fresquita.
Saludos!
Nacho (4)
Guión: Robert KirkmanSi me esfuerzo un poco, puedo verme, con 6 ó 7 años, sentado en la mesa de la cocina, al lado de mi hermano mayor, con mi primer comic en la mano. No recuerdo con exactitud si fue un número de Los Vengadores o de Los Cuatro Fantásticos, pero sí que recuerdo dos cosas, que ya no pasan tanto como antes en los comics que sigo leyendo.
La primera es que un solo número me duraba toda la tarde. Es cierto que mi hermano leía más rápido que yo, pero no era por eso, era por la cantidad de cosas que pasaban en sólo 22 páginas, y que ahora se necesita de un HC completo para que realmente pase algo (sí, Bendis, va por ti). Cosas de la “descompresión narrativa”, que la llaman ahora, o “cómo llenar una serie durante año y medio sin que realmente pase nada”.
La segunda cosa que más me gustaba de mis comics de antaño es que todo era posible. Me explico: los personajes sufrían todo tipo de aventuras, y estaban a punto de morir en cada número, y si lo hacían, aquello tenía visos de permanencia (Brubaker, ésta va por ti…). Con el paso de los años, descubrí que la muerte de un personaje que salía en cine o TV, tenía su propia colección (o 5 ó 6), y generaba dinero a mansalva, nunca iba a ser muy definitiva.
Pero bueno, Jose, a qué viene todo este rollo? (sí, sí, ya voy, y me he quedado con vuestras caras, ¡¡sois los de la otra vez!!!). Pues todo esto viene a cuento porque Robert Kirkman ha conseguido devolverme esa ilusión de que todo es posible en los comics. ¿Y cómo se consigue esto? Muy fácil, creas tus propios personajes, y así no hay problema en matar al que se te antoje, ni editores que te busquen las cosquillas…
Una vez me tuvo enganchado con sus Invincible y Walking Dead, el siguiente paso fue echarle un vistazo a su nueva creación en Image. El tema no me atraía mucho, pero viniendo de un guionista que ha hecho de las peripecias de los supervivientes de un ataque zombie una de mis lecturas preferidas mes a mes, no pude resistirme. A los lápices le acompañaba Jason Howard (Otro de los de “Jason, ¿no?, ¡encantado hombre!"), que se parecía lo suficiente al dibujante de Invincible para terminar de convencerme.
¿El resultado? En primer lugar, se trata de un comic de superhéroes en toda regla. Es decir, que el hombre lobo en este caso tarda muy poco en “equiparse” para combatir el mal, y deja de lado angustias existenciales. Eso sí, los dramones personales y familiares siguen, y el que decida dar una oportunidad a la serie sabrá de lo que hablo. Por el camino, muertes, alguna resurrección (no he dicho que Kirkman fuese perfecto), acción a raudales, subtramas, y final inesperado “marca de la casa” en cada número. Yo sólo digo que el segundo TPB viene de camino a mi casa…
Pues eso, que habrá que dar las gracias a mi hermano mayor por prestarme aquellos primeros comics y responder a mis interminables preguntas sobre el tema (gracias, Quique), y a Kirkman por escribir como lo hace y ofrecer cada mes 22 páginas como las de antes.
Jose (3)
Guión: Robert Kirkman