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miércoles, 25 de noviembre de 2009

La ESTACIÓN de las FLECHAS

Guión: Samuel Stento

Dibujo: Guillaume Trouillard

Editorial: Sins Entido

Formato: Álbum Cartoné. 104 Páginas

Precio: 18€

Calificación: 9/10

Por mucha experiencia que uno llegue a acumular en escribir sobre cómics, siempre llegará el momento en que un tebeo lo deje sin palabras, o al menos le obligue a expresarse en modos y términos diferentes a los que está acostumbrado. En el año y pico que llevamos de blog, muy contadas son las ocasiones en las que esto me ha ocurrido, y a vuelapluma podría llegar a nombrar títulos como Fun Home, George Sprott, Mi Pequeño o Fueye, la ganadora de la primera edición del Premio Internacional de Novela Gráfica Fnac-Sins Entido y predecesora en estas lides de la que hoy nos ocupa, esta Estación de las Flechas. Comentábamos el pasado año en la recomicdación de Fueye que la obra de Jorge González arrancaba nuevos sintagmas de significado a la palabra cómic, aportando a la lectura todo la musicalidad que unas páginas aviñetadas son capaces de trasnmitir. Y aunque con el ganador de la segunda edición no podemos hablar de musicalidad, si que lo podemos hacer en unos términos que, a fin de cuentas, hablan de lo mismo que afirmábamos en esencia con Fueye: transgresión y exploración.

La Estación de las Flechas transgrede el significado normal y más clásico de la palabra cómic y, en un mismo movimiento oscilatorio, juguetea con acercarse y alejarse de las connotaciones que se asocian a novela gráfica para, en el interín, crear una nueva y compleja entidad que sirve de crisol para muchas y muy diferentes formas narrativas. Así, el trabajo de Stento y Trouillard establece desde su singular y surrealista comienzo un diálogo distinto para con el lector, uno que no proporciona a aquél que se sienta cómodamente en su sofá todas las herramientas necesarias para la interpretación de lo que se nos narra, exigiendo de nosotros mucha más implicación de la que solemos encontrar en el papel impreso. Ese surrealismo al que hacía referencia antes es quizás la principal y más explotada cualidad de la que hace gala el guión del volumen pues, ¿cómo si no podríamos definir a una historia que parte de la premisa de que un matrimonio recibe en su casa una anhelada lata de conservas con una familia india dentro?. A partir de tan esperpéntico comienzo, Stento va desarrollando poco a poco y sin ningún tipo de prisas una historia que se mueve entre lo lisérgico y lo onírico y que, en su exposición, no desdeña acudir a cuantos más recursos mejor para estimular una y otra vez a un lector que, como poco, se quedará atónito ante lo que se despliega, página a página, delante de sus narices.

En ese titánico esfuerzo, Stento se descubre como un guionista hábil en extremo a la hora de introducir en La Estación de las Flechas muchas más lecturas de las que aparentemente se podrían encontrar. Yendo de lo más simple a lo más complejo, podemos encontrar en el discurso del tebeo desde un peculiar pero sentido homenaje al género del western (ya sea en el cómic como en el cine) hasta toda una feroz crítica hacia esa sociedad de consumo que un día terminará por manufacturarnos en serie, pasando por una soterradas pero sensibles denuncias hacia la sistemática desaparición de la raza india en los Estados Unidos por una parte y el grave problema que supone la inmigración ilegal por la otra, o un bellísimo canto, ya sea hacia un modo de vida que se perdió en el tiempo (en el que el hombre era la medida de sí mismo) o hacia una naturaleza con la que cada vez estamos menos en contacto. En todas ellas Stento hace gala de una enorme sensibilidad que se apoya de forma constante y sin ningún tipo de reparos en la soberbia labor gráfica de Trouillard.

Es gracias a éste que podemos hablar de ese otro término que comentábamos antes: la exploración. El artista francés compone con cada página (o par de páginas) de La Estación de las Flechas todo un ejercicio de superación constante de las formas narrativas habituales, trascendiendo en muchas ocasiones las fronteras de lo que normalmente consideraríamos como parte del noveno arte, para elevarse como una pieza única y autocontenida. De esta forma, y con un diseño fascinante que no conoce la palabra limitación, Trouillard se aproxima a la ejecución de cada página como un nuevo reto a superar, estableciendo un complejo diálogo entre estructura individual y estructura global en el que las variaciones sobre la composición tradicional de viñetas ofrecen un rosario de genialidad inusitado: partiendo del esquema básico (con unas acuarelas magníficas que saben aprovechar la complejidad de la técnica de la veladura en toda su magnitud) Trouillard aborda lo que el guión de Stento le exige desde muchos y muy diferentes puntos de vista, ya sea en la forma de diario del protagonista, ya como los manuales que se acercan al invento de "el indio en conserva", ya en las muchas páginas que rompen el sentido de léctura lógico y ofrecen más de un acercamiento al mismo.

La conjugación de ambos aspectos de una misma entidad, conforman a La Estación de las Flechas como un fascinante ejercicio narrativo ante al que al lector le es imposible permanecer impasivo dada la magnitud y calidad de lo que se despliega en el volumen, concretando, qué duda cabe, uno de los tebeos imprescindibles de este 2009 que toca a su fin.

Sergio Benítez (319)

jueves, 19 de noviembre de 2009

EXTERIOR NOCHE

Guión: Gipi

Dibujo: Gipi


Editorial: sins entido


Formato: Álbum Rústica. 96 Páginas


Precio: 15€


Calificación: 9.5/10


Tanto si eres de los que lleva cierto tiempo pasándose por este blog de forma más o menos asidua como si te encuentras en ese reducido grupo que ya no puede vivir sin su ración de recomicdaciones diarias, es muy probable que hayas tenido la oportunidad de observar qué bien hemos tratado por estos lares en cuestiones de calificación a los tomos recopilatorios de historias cortas. Llaménse El Circo del Desaliento o La Tetería del Oso Malayo de David Rubín, o responda al nombre de Dándole Vueltas con Peeters como autor. Sea El Ólmo del Cáucaso de Taniguchi o el En Pocas Palabras de Jason, lo cierto es que ningún volumen de los citados ha bajado del notable, encontrándose de hecho la mayoría de en la acomodada posición del sobresaliente. El que todos los títulos citados formen parte de tan selecto grupo de cómics parece que debiera ser óbice para que, al menos a priori, este Exterior Noche de Gipi, que supone la cuarta lectura que le hacemos al italiano en esta bitácora, tuviera que entrar en la misma categoría que los demás por el mero hecho de recoger varias historias de diverso talante del autor. Pero, aunque esto fuera cierto, no lo sería menos que si el volumen mete la cabeza como lo hace en el grupo de elegidos es por que se lo gana a pulso, y de qué manera.

Con el común denominador que supone un estilo artístico único, en el que Gipi explora las posibilidades del óleo en tonos azulados y grises mezclado con tintas, algo de aguadas y su característico trazo, Exterior Noche es un compendio de lo mejor que le he podido leer al artista desde que lo descubriera en S. Y aunque no me suele gustar ser muy explícito en mis comentarios sobre un cómic, y menos aún desglosar una por una las historias de un volumen para comentarlas, aunque sea brevemente, en este caso me veo obligado por la enorme calidad de cada una de ellas a si quiera apuntar una suerte de serie de mini-recomicdaciones que traten de capturar (dentro de mis limitaciones) su magnificencia.

La Historia de Cara: de una parte el narrador, que puede ser el propio Gipi, u otra persona. De la otra, un personaje muy peculiar que responde al nombre de Cara. En medio, la historia que el primero quiere contar con un tono poético que se aleje del realismo que siempre le caracteriza, pero que el segundo no permite que se eleve por encima de la altura del gris asfalto y la dura vida de la calle. El encuentro entre uno y otro da como resultado una narración brillantemente entrecortada en la que una voz pisa a la otra cuando así le conviene para tomar las riendas de lo que se nos cuenta.

Calle de las Adelfas: a los que hayan leído Mi Vida Mal Dibujada les debería sonar el recuerdo que Gipi pone aquí en viñetas. Como si de una buena historia de terror se tratara (y en realidad lo es, no sabéis hasta que punto) la narración comienza de forma casual, con el autor recordando las calles donde pasaba su infancia, los vecinos que tenía y con quién jugaba y no. Y así, con ese azaroso sentido que tiene la vida cuando uno es pequeño, es como el italiano nos da el mazazo final, tan abrupto como necesariamente inconcluso para que sea nuestra imaginación la que ponga conclusión a tan terrible hecho.

Las Caras Bajo el Agua: aún ostentando un cierto carácter fantástico, sobre todo en su resolución, Las Caras bajo el Agua se acerca mucho a los postulados de lo que Gipi desarrollaría después en Apuntes para una Historia de Guerra, esto es, una historia de corte realista enmarcada en el ámbito de un conlficto armado desconocido. A través de tres personajes, que el autor consigue definir de forma brillante en muy pocas líneas de diálogo, se nos acerca a un sesgo de la crudeza que cualquier guerra encierra, suavizado, qué duda cabe, por ese giro final que, lejos de chirríar con respecto al resto de la narración, la concluye con un esperanzador tono.

Coche Bajo la Lluvia: experimento narrativo prodigioso, el autor comienza articulando la rotura del cuarto muro de una forma bastante peculiar. Sí, uno de los protagonistas es consciente de que no es él quien mueve los hilos de su destino, sino una fuerza superior llamada guionista. Pero no, no lo expresa hablando directamente al lector, sino contándoselo a su compañero de vehículo. En paralelo, Gipi desarrolla una anécdota argumental que, condensada por lo escueto del desarrollo del relato, no ve alterada la ironía de su trasfondo en ningún momento.

Las Cinco Curvas: indignado y cabreado por la inconsciencia de los jóvenes de su pueblo, que se matan en las cinco peligrosas curvas que hay por la carretera por culpa de unas arriesgadas carreras de ciclomotores. Haciendo gala de una conciencia social que ya quisieran para si muchos políticos de tres al cuarto, Gipi da toda una lección de humanidad y preocupación hacia lo que le rodea, demostrando además en cuatro viñetas que, aún atado a la triste realidad que narra, tiene la capacidad de mostrarse tremendamente poético.

Muttererde: tierra madre en alemán. Así es como se llama el carguero en el que el italiano sitúa la historia más larga de todo el volumen. Una en la que Gipi es capaz de saltar del intimismo que le otorga el que el narrador sea la voz anónima del diario de uno de los tripulantes, hasta el desgarrador brutalismo con el que unos militares a los que él llama nazis, no sabemos si porque lo son en realidad -el relato huye de temporalidades - o por las connotaciones que ello conllevan, tratarán una situación de polizontes. Situación cuyos dramáticos resultados llevarán al autor a convertirse en digno heredero de Gabriel García Márquez para, emulando al escritor en Relato de un Náufrago, llevar el final de la historia a terrenos muy diferentes de aquellos donde arrancó.

Pocas conclusiones son necesarias que no redunden en alabar las muchas virtudes del magnífico trabajo que despliega el italiano, algo que resultaría reiterativo a estas alturas de la recomicdación, así que mejor cortamos y les invitamos a que se hagan con este excelente volumen que, por si fuera poco, es una ganga en cuanto a relación calidad (y no he comentado la estupenda edición de sins entido, con un papel e impresión de aquí te espero) precio.

Sergio Benítez (316)

lunes, 2 de noviembre de 2009

La VIDA es BUENA si NO te RINDES

Guión: Seth

Dibujo: Seth


Editorial: sins entido


Formato: Libro Cartoné. 200 Páginas

Precio: 17.90€


Calificación: 8.5/10


Dice Seth en una estupenda entrevista que hace unos días tuve la oportunidad de ver por la red (búsquenla, vale la pena verla si entienden la lengua de la pérfida Albión) que detesta que muchos críticos lo hayan calificado de nostálgico en las constantes alabanzas hacia su obra. Y lo dice con el conocimiento del sentido peyorativo que hasta cierto punto arrastra el calificativo y, sobre todo, porque si hay un epíteto que defina a la perfección el sentimiento que con más fuerza dimana de las páginas de La Vida es Buena si No te Rindes ese es la melancolía, algo que se constata de manera indefectible cuando uno ve alguna foto del autor canadiense y esa forma tan particular de vestir con la que siempre se muestra. Salido directamente de un armario de la América de la década de los treinta o los cuarenta, Seth es una contradicción en sí mismo. Y de contradicciones, melancolía y maestría a la hora de narrar es de lo que debemos hablar al referirnos a esta insigne obra y a su autor.

Un paseo rápido por las páginas de esta segunda (y estupenda) edición de sins entido del título con el que el autor comenzó a llamar la atención no es capaz de revelar mucho más que una apesadumbrada primera impresión, la que se deriva del bitono y de las muchas ausencias de diálogo que se aprecian a simple vista. Pero no nos dejemos engañar, La Vida es Buena si No te Rindes es mucho más que lo que cualquier mirada furtiva (o para el caso malintencionada) sería capaz de captar, dando Seth toda una lección de maestría narrativa y configurando con este título un primer acercamiento inmejorable a su recién editada (y al parecer soberbia) George Sprott, que aguarda ya en mis estanterías a ser leída.

Centrándonos en el título que nos ocupa, el autor no puede arrancar mejor su narración: mediante un discurso en primera persona y voz en off, Seth se nos presenta como un amante empedernido de los cómics, un coleccionista enfermizo y compulsivo que, cuando se embarca en una empresa, no conoce límites y, sobre todo, una persona que aún teniéndolo relativamente fácil para ser feliz, se empeña en no serlo. Así las cosas, y con unas primeras páginas hipnóticas en las que el autor captura con inusitada facilidad la atención del lector, el hilo conductor que sirve a Seth para llevar a sus sufridos interlocutores por los diversos vericuetos de su vida es la búsqueda impenitente de un dibujante de nombre Kalo que ilustró algunas páginas de humor para la revista The Newyorker. La obsesión que el autor desarrolla por el artista (ficticio como muy bien observa Fran J. Ortiz en su estupendo blog) es el motor que impulsará las doscientas páginas que componen el volumen, una obsesión que en ocasiones rallará lo enfermizo y que llevará al autor a un viaje por los recovecos de su propia memoria y existencia, al viajar, buscando pistas, a algunos lugares en los que pasara su infancia.

La melancolía que Seth imprime a todas sus páginas es una de la que resulta muy fácil (y hasta cierto punto apasionante) impregnarse. No sólo el autor consigue transmitir sin ningún tipo de cortapisas las complejidades y constantes contradicciones que abundan en su existencia (como por ejemplo la incapacidad para mantener una relación estable aunque no le cueste encontrar pareja) a través de unos monólogos intensos y perfectamente insertados en el devenir de la historia, sino que desde el punto de vista meramente visual, La Vida es Buena si No te Rindes es un festín melancólico como pocos. Decía un poco más arriba que el bitono ayudaba a que dicha cualidad apareciera en una rápida mirada al volumen, una mirada que, obviamente no era capaz de captar la forma en la que Seth juega con los ritmos, aparententemente pausados y, sobre todo, los silencios, dedicándose en esos momentos en que su voz se acalla y no hay nada que interrumpa el inquieto movimiento de nuestros ojos, a recorrer mediante fantasmagóricas instántaneas los mudos y sombríos paisajes urbanos de Ontario, haciendo hincapié, ora en sus edificios, ora en las personas que los pueblan.

Testigo mudo del mundo que se desenvuelve ante él, Seth se muestra no obstante muy elocuente cada vez que pretende acercar al lector su gran pasión por el noveno arte. Y lo hace de la mejor manera posible, trufando la narración de constantes menciones a otros cómics que, de un modo u otro, le fueron dejando huella a lo largo de su vida: mucho habría que decir de las numerosas referencias que el canadiense incluye, pero, ya por desconocimiento de algunas de ellas, ya porque para hablar sobre las que sí conocemos (Carlitos o Tintín) necesitaríamos muchas más líneas de las que a estas alturas de la recomicdación estaríais dispuestos a seguir leyendo, dejamos esa tarea y la de descubrir a un autor fascinante y una obra fantástica en vuestras manos. Os aseguro que no os arrepentiréis.

Sergio Benítez (305)

jueves, 15 de octubre de 2009

APUNTES para una HISTORIA de GUERRA

Guión: Gipi

Dibujo: Gipi

Editorial: sins entido

Formato: Álbum Rústica. 112 Páginas

Precio: 15€

Calificación: 7/10

Uno de los filmes que más me impactó el pasado 2008 fue, sin duda alguna, Gomorra, brillante traslación por parte de Mateo Garrone de la arriesgada novela de Roberto Saviano, periodista y escritor calificado por Umberto Eco como "héroe nacional" y que debido a las amenazas de los retratados en su novela se vió obligado a abandonar Italia. De todos los aspectos relacionados con la Camorra italiana que la cinta toca el que más llamó mi atención fue, al margen de la diáfana claridad con la que exponía que el pueblo italiano ha llegado a un punto en el que la indignación puede más que el miedo a la muerte, las ganas de protestar más que las amenazas que puedan atenazar su lengua, la forma en que mostraba como los jóvenes se sentían atraídos por la vida al límite que supone formar parte de tan temida organización. Y en cierto sentido eso, y algunas cosas más es lo que nos ofrece Gipi en estos Apuntes para una Historia de Guerra.

Previa a las dos lecturas que ya hemos recomicdado del italiano (S y Mi Vida Mal Dibujada), este álbum publicado por sins entido abandona el carácter autobiográfico o semi-autobiográfico de las citadas obras para entrar de lleno en el realismo de ficción. La historia que nos cuenta el autor se enmarca en una guerra imaginaria que afecta al país en forma de bota presentándonos a tres jóvenes que intentan sacar tajada a la continua destrucción de los pueblos cercanos a ellos para vender piezas de coches que han robado. Cada uno de ellos es definido por Gipi de forma precisa tanto desde el diálogo (con unas pocas líneas nos hacemos una idea de cómo son cada uno de los personajes) como desde el dibujo, con ese trazo suelto que tan bien le caracteriza y que aquí acompaña de aguadas grises. Una vez presentados, el artista plantea el que será punto de inflexión para el devenir de los chavales, el encuentro con un mercenario que vende su talento para la guerra al mejor postor y que encargará a los muchachos una misión en "la ciudad".

Vista como la madre de toda la corrupcción, la gran urbe servirá para que el autoproclamado caudillo de los tres amigos saque a la luz toda la rabia contenida que llevaba guardando durante mucho tiempo. Con un Gipi convertido a partir de ese momento en una suerte de observador de la naturaleza humana casi documentalista, Apuntes para una Historia de Guerra se torna entonces en una lectura en la que el autor no ofrece conclusiones, limitándose a que sean sus "actores" los que hablen por si solos y que el público saque las conclusiones que tenga que sacar, ya de lo absurdo de la guerra visto por la mirada de esos adolescentes que se meten en ella por un mal entendido sentido del deber, o porque creen que van a poder sacar tajada, ya de lo maleable del carácter de los jóvenes, arcilla en manos de los adultos si estos así lo pretenden. Estructurado como si de un guión cinematográfico se tratara, en tres actos que suponen claramente la exposición, el nudo y el desenlace, resulta curioso (a la par que lógico y consecuente) observar el giro que dan las personalidades de dos de los tres jóvenes en el último de ellos, cerrando Gipi a través de un extenso flashback un trabajo que, sin llegar a la maestría de los dos títulos que citábamos más arriba, si que estimula lo suficiente el diálogo interno del lector, algo que, de cuando en cuando, es deseable encontrarse en un tebeo.

Sergio Benítez (291)

jueves, 25 de junio de 2009

TAMARA DREWE

Guión: Posy Simmonds

Dibujo: Posy Simmonds


Editorial: sins entido


Formato: Libro Cartoné. 136 Páginas


Precio: 22€


Calificación: 9/10


Si alguien me llega a decir hace unos años que el slice of life iba a convertirse en uno de mis géneros comiqueros favoritos...

Tal y como comentaba ayer en la recomicdación de El Arte de Volar, había sendas novedades del Salón que D. Álvaro Pons consideraba como aquellas que se ceñían a la expresión "sólo pueden quedar dos". El tebeo de Altarriba y Kim era uno, Tamara Drewe, la obra publicada por Posy Simmonds en la sección Review de los sábados del periódico británico The Guardian que ha conseguido alzarse con dos premios tan sumamente importantes como el de la Crítica de ACBD al mejor álbum publicado en Francia durante el 2008 y el Esencial de Angouleme, el otro. Tantas alabanzas y premios, unidos a la normal curiosidad que ambos habían provocado en un servidor hacían de este volumen una de las compras obligadas del evento comiquero barcelonés.

Y lo cierto es que en esta ocasión todo lo que se ha dicho sobre el trabajo de la autora británica ha sido totalmente justificado. Para empezar, y resumiendo mucho lo que a continuación pasaré a comentar de forma más exhaustiva, Tamara Drewe es una obra apasionante, intensa, que atrapa en la primera página y no te suelta hasta el final, un virtuoso ejercicio en metalenguaje visual que se devora con fruición y que deja una inmejorable sensación en el lector.

Para conseguirlo, Simmonds no echa mano de historias de ciencia ficción, o complicadas tramas de asesinatos envueltas en modélicos thrillers; no necesita de superhéroes en esa clave realista (y casi surrealista) que tanto han explorado Ellis o Morrison, ni tampoco aventuras en el sentido clásico de la palabra. A Simmonds tampoco le hacen falta personajes que tengan el pesado lastre de la continuidad atado a sus páginas, ni precisa de nombres famosos con los que ganarse el público antes de salir publicado. No, la guionista y dibujante, cuya trayectoria se remonta más de treinta años en el pasado, sólo requiere de un puñado de personajes sacados de la clase media británica, un entorno reducido en el que poder controlarlos y un hilo conductor en la forma de una femme fatale, una Dalila que sin poder controlarlo emite una irresistible pulsación sexual que afecta todo lo que se encuentra alrededor, arruinándolo sin remedio. Esa mujer es Tamara Drewe.

Como si de una Agatha Christie se tratara (pero sin que haya un escabroso crimen por medio que resolver..aunque si hay alguna muerte que otra) Simmonds coloca a sus personajes, sus piezas, en el decorado que conforma un pequeño e imaginario pueblo en el condado de Wessex. Allí, y de la manera más natural que a uno pueda ocurrírsele, la autora nos presenta poco a poco a los protagonistas de la tragicomedia: primero está Glen Larson, un orondo escritor americano atascado con su novela que llega a una granja cuyos propietarios, Beth y Nicholas Hardiman, han transformado en un paraiso para literatos. Ella se centra en las tareas de atención a los inquilinos mientras que él, un afamado escritor de novelas de misterio (con un personaje que arrastra gran cantidad de seguidores, el Dr. Inchcombe, una suerte de Hércules Poirot, de nuevo la similitud a Christie), trata de sacar su siguiente trabajo adelante mientras esconde a su esposa sus continuos escarceos amorosos con otras féminas. Completando el eje principal de la historia encontramos a la mujer que da título al volumen, Tamara, una belleza que levanta pasiones y que se convierte en centro de atención allá donde va. Será ellá la que, con su presencia, y de forma directa o indirecta, de lugar a la maraña de acontecimientos que Simmonds desgrana con presteza en las poco menos de ciento cuarenta páginas de que consta la "novela gráfica".

Rodeados de varios secundarios con voz propia y de gran peso específico en la trama, la grandeza de Tamara Drewe radica tanto en la forma en que la artista hace interactuar a sus personajes, como en el realismo que todos ellos destilan y, sobre todo, en el envoltorio con el que la creadora dota a su obra. Muestras de lo primero y de lo segundo son los diálogos, frescos, naturales y que podrían pasar tranquilamente por transcripciones de conversaciones auténticas entre dos (o más) personas cualesquiera sin que, además, los cambios de edad de sus protagonistas (que se mueven desde la adolescencia a la cincuentena) afecten a la gracilidad con la que Simmonds insufla vida a cada uno, siendo tan veraces los personajes de Casey o Jody, dos jovencitas con mucho que decir en el discurrir de la historia, como los de Nicholas o Glen.

Ahora bien, lo que resulta más llamativo a priori, y se descubre después como un potencial inagotable, es la forma visual que la autora da al discurrir de la acción: entremezclando texto con dibujos (unas veces encerrados en viñetas, otras no) Simmonds aporta una inercia a la lectura que resultaría imposible valorar en su justa medida: diferentes tipos de fuentes para identificar de forma sutil a cada personaje cuando este habla por vía de los textos van jugando a un multiplicidad de significados de los cuales tres son los más evidentes. El primero y el segundo, los que se identifican a un golpe de vista, responden al constante juego de protagonismo con que la británica dinamiza la lectura, haciendo que ora el texto sirva de apoyo a las viñetas, ora éstas últimas sean las que relegan su importancia a los párrafos de una prosa brillante en lo descritpivo, vibrante en lo argumental. El tercer sintagma de significado es el que adquiere Tamara Drewe una vez se ha concluido la lectura. Sólo entonces puede apreciarse en su totalidad ese juego metalingüistico de varios niveles que plantea Simmonds, sobre todo en esa dualidad última que adquieren los textos primero como narración en el hilo conductor, después como parte de algo más grande, un algo demasiado valioso para ser expuesto aquí y que prefiero dejar a cada uno el placer de poder descubrir.

....sinceramente, jamás le habría creido.

Sergio Benítez (194)

lunes, 15 de junio de 2009

Mi VIDA MAL DIBUJADA

Tan sólo un par de líneas para instaros a que permanezcáis muy atentos esta tarde al blog, pues os tenemos reservada una pequeña sorpresa...y hasta aquí puedo leer. Os dejo ahora con Gipi.

Nuff said!!

Guión: Gipi

Dibujo: Gipi

Editorial: sins entido

Formato: Libro Cartoné. 146 Páginas

Precio: 19€

Calificación: 8.5/10

Después de leer Mi Vida Mal Dibujada, la primera pregunta que le viene a uno a la cabeza es cuánto hay de real y cuánto de ficción en esta historia supuestamente autobiográfica. Y es esa y no otra la duda que me asalta dada la profusión de detalles que el autor de S. vierte en cada página del cómic. Como resolución de la misma sólo hay tres posibilidades: que Gipi está vertiendo en las páginas de Mi Vida Mal Dibujada todo aquello que experimentó en su juventud y en el paso de la misma a la edad adulta. Que el italiano está mintiendo como un bellaco y quiere hacernos creer que todo lo que aquí se narra es veraz o, por último, que en las páginas de este tebeo, verdad y ficción se estrechan la mano de forma íntima.

Como resulta imposible saber a ciencia cierta cuál de las tras anteriores es cierta y cuál no, no nos queda más remedio que hipotetizar. Si la realidad se ajusta a la primera posibilidad, entonces estamos ante un autor cuya vida ha sido fascinante, y cuyo mundo interior tiene que ser de una riqueza y complejidad que ya quisiera cualquier psiquiatra para poder diseccionar. La narración de Gipi, mucho más compleja y desestructurada que en S., recorre los recovecos del alma del protagonista, que vuelve a no tener nombre, ya sea mediante viajes lisérgicos o conversaciones que empiezan en lo mundano y acaban en lo divino con interlocutores tan variopintos como un dentista o el mejor amigo del narrador. Todas ellas van hilándose a través de los complejos mecanismos funcionales de la memoria, capaz de saltar de un tiempo a otro sin que al lector pueda darle tiempo muchas veces a reaccionar.

Si es de la segunda posibilidad de la que estamos hablando, entonces el autor es poseedor de una imaginación portentosa capaz de hacernos creer que todo lo que cuenta fue, en algún momento indefinido de su pasado, una realidad tan palpable como el papel en el que ha quedado recogida para siempre: drogas, alcohol, una breve estancia en la cárcel, enfermedades venéreas, la muerte de la niñez por el abuso que un adulto (el hombre de la oscuridad) hizo de su hermana, y se puede sobreentenderse que de él, los héroes de la infancia y de la adolescencia, los amigos que nunca se olvidan, las trastadas que siempre se recuerdan....todo eso y mucho más va poco a poco añadiéndose, aparentemente de forma casual, al enorme tapiz que Gipi teje con habilidad y extrema soltura en el presente tebeo, demostrando que, aún con la carencia de una estructura cerrada, tanto en la narración escrita como en la visual, un genio es capaz de hacer accesible el material que se le antoje.

Por último, la tercera opción es quizás la que, dentro de nuestra capacidad de comprensión como entidades ajenas al autor que somos, más lógica puede antojársenos. En ella, uno es capaz de ir identificando cuando el italiano está exagerando y cuando no, cuando está adornando la realidad y cuando está siendo fiel a la misma. Un proceso complicado ya que, al margen de las hermosas páginas acuareladas que salpican el hilo conductor de la historia con otra íntimamente relacionada con ella (y que, sea por estar protagonizada por piratas, sea por su estrecha relación con lo que cuenta la trama "principal", recuerda de forma inmediata a las Tales of the Black Freighter de Watchmen), Gipi caracteriza Mi Vida Mal Dibujada precisamente por eso, por un trazo desenfadado, muchas veces más insinuado que definido, y que no necesita de artificios para llegar con inusitada fuerza al lector. Desnuda de ornato, la narrativa visual del artista, que ya me pareciera genial en su obra anterior, alcanza aquí mayores y más sólidas cotas, reforzadas, qué duda cabe, por las excelencias de una soberbia edición por parte de sins entido de la que ya podría aprender cierta editorial "planetaria". Una obra fascinante que pide a gritos más de una lectura para ser disfrutada en toda su plenitud, algo que habrá que hacer, sin lugar a dudas, en un futuro no muy lejano.

Sergio Benítez (184)

viernes, 12 de junio de 2009

UNA POSIBILIDAD ENTRE MIL

Guión: Cristina Durán & Miguel A.Giner

Dibujo:
Cristina Durán & Miguel A.Giner

Editorial: sins entido

Formato: Libro Rústica. 128 Páginas

Precio: 15€

Calificación: 9/10

Dice Álvaro Pons en su reseña, y dice bien, que Una Posibilidad Entre Mil no es un cómic sobre el que él pueda escribir de forma objetiva dado su conocimiento en primera persona del matrimonio de autores y su pequeña Laia. A tal aserción, yo puedo añadir que, el no conocer a Cristina y a Miguel, y por supuesto a su hija, no hace más fácil la labor de recomicdar un tebeo que es testimonio veraz y sincero sobre una situación que a muchos padres en potencia nos horroriza a priori, el que nuestro futuro hijo nazca con alguna discapacidad.

Ese sentimiento es plasmado con precisión en la primera página de la narración, en la que vemos a ambos autores llorando abatidos en un coche. Con sólo tres viñetas Cristina y Miguel nos sitúan sin lugar a equívocos en su dramática situación para, inmediatamente, llevarnos a tres meses antes, cuando su preciosa niña ve por primera vez la luz. A partir de ahí, los autores y padres nos cogen de la mano y pasean por un recorrido intenso e íntimo tanto de los hechos médicos concisos que van rodeando el devenir de los primeros meses de vida de su hija, como de la lucha interna de ambos, unos padres ilusionados que ven como su felicidad pende de un invisible hilo que nadie sabe localizar. A través de las magníficas ciento veintiocho páginas por las que se extiende lo que ambos tienen a bien compartir con nosotros los lectores, la cercanía que sentimos hacia ellos, cultivada por la franqueza con la que ambos nos hablan desde su aviñetado púlpito, es tal que, conforme la lectura llega a su fin, los sentimientos de congoja, alegría y alivio van agolpándose sucesivamente. Así de fuertes son los lazos emocionales que uno llega a atar con la historia, máxime sabiendo que ésta (al igual que pasaba con Arrugas) es tan real como la vida misma.

La parte gráfica, de una simplicidad brillante, ayuda sobremanera a que esa sensación de cercanía que el matrimonio de autores plantea quede clara desde el principio: no hay grandes alardes visuales, ni en el trazo, de corte caricaturesco; ni en el color, tratado con una reducida paleta bitonal de negro y gris verdoso orientada, qué duda cabe, a no distraer nuestra atención sobre nada que no sea Laia y su incierto futuro. Y huelga decirlo, pero lo consiguen, y de qué manera: haciendo que Una Posibilidad Entre Mil sea una lectura amena a la par que educativa que, al igual que ocurría con la citada obra de Paco Roca (o con Pedro y Yo, que ya se recomicdará por aquí) no busca en ningún momento la lágrima fácil y si consigue hacernos llorar, y lo logra, creánme, es porque en cada página palpita el amor de unos padres por su hija pequeña, algo tan grande que parecería imposible que una hoja impresa pudiera abarcar. El trabajo de Cristina y Miguel lo hace y desde aquí les doy mil gracias por dejarnos compartirlo.

Sergio Benítez (183)

miércoles, 20 de mayo de 2009

EVELYN. El EXTRAORDINARIO CASO del DOCTO CORMAN

Guión: Andrés G.Leiva

Dibujo: Andrés G.Leiva

Editorial: sins entido

Formato: Álbum Cartoné. 64 Páginas

Precio: 13€

Calificación: 6.5/10

Aunque haya pasado ya casi un siglo desde que el expresionismo hiciera su aparición en las artes (sobre todo en arquitectura, pintura y en el cine) resulta curioso observar como de cuando en cuando, surgen proyectos como este Evelyn que entroncan de pleno en lo que la citada corriente artística llego a ofrecer.

Recogiendo el testigo visual de Munch y los intereses narrativos de Lang o Murnau, Andrés G.Leiva se adentra con Evelyn en el siempre fascinante mundo de los vampiros a través de una historia de marcado carácter gótico cuya acción gira en torno a cuatro personajes: el Doctor Corman que da nombre al título, Mr.Prince, cuyos intereses siempre quedan ocultos hasta la revelación final; Eryp Mav (leánlo al revés), el desencadenante de la búsqueda a la que somete el primero, y Evelyn, una niña con ciertos poderes víctima de unas circunstancias que la superan. Con ellos, y algún secundario relevante para el avanzar de la trama, Leiva construye una historia que, sin ser original en exceso, atrapa a un lector intrigado en resolver el misterio que se esconde detrás de varios detalles que el artista va introduciendo de forma sutil a lo largo de la acción. Teniendo en cuenta su brevedad, y que Leiva no gusta de cargar las páginas con muchos diálogos ni cuadros de apoyo, la lectura se pasa en un suspiro, algo que no impide poder apreciar el verdadero punto fuerte de la obra, el dibujo del cordobés.

De enorme plasticidad y un uso asombroso de los negros y grises, Leiva concreta un tebeo singular que resulta en un festín para la vista: de luces mortecinas y sombrías, rostros más sugeridos que definidos y con una niebla que lo envuelve todo, el dibujante va componiendo una macabra sinfonía visual en la que se adivinan ciertas influencias de la obra de Breccia en general y su Mort Cinder en particular, aunque el trazo de artista andaluz nada tenga que ver con la compulsión de líneas del argentino. Reproducido con presteza por la estupenda edición de sins entido (que nos ofrece varias páginas finales con bocetos), el dibujo de Leiva, terminado con ceras y toques de lo que parece ser óleo, captura la atención del lector y estimula su imaginación mucho más de lo que el guión llega a conseguir, logrando las viñetas y la cuidada ambientación, trasladarnos a la gris época victoriana en la que se desarrolla la historia. Sin duda alguna, un tebeo para disfrutar a la luz de unas velas y con la casa completamente en silencio.

Sergio Benítez (166)

miércoles, 15 de abril de 2009

S.

Guión y Dibujo: Gipi

Editorial: sins entido

Formato: Libro Rústica. 112 Páginas

Precio: 16€

Calificación: 8/10

Siempre me ha dado la impresión que los premios del Salón del Cómic de Barcelona tenían cierto tufillo elitista. Debido a ello, jamás había sentido curiosidad por ojear alguna de las "mejores obras" galardonadas en dicho evento. Con S. fue diferente. No se si fue la cuidada edición (con un papel de alto gramaje), o el hecho de que al leer las dos primeras páginas en mi tienda de cómics habitual ya estuviera enganchado. El caso es que no pude evitar traérmelo a casa. Ahora me alegro.

De forma totalmente aleatoria (o al menos así lo parece al principio, después descubriremos que no) Gipi nos pasea por S. a través de sus recuerdos y los de su otro protagonista, cuya identidad se mantiene oculta hasta bien entrada la lectura, su padre. Más que un cómic, S. es un acto de amor al tiempo que una válvula de escape que sirve al autor para poder verter en sus geniales viñetas acuareladas todo aquello que le ayuda a superar el tremendo dolor por la muerte de su progenitor. Como si de un caótico diario se tratara, por las páginas de S. Gipi va desgranando, casi siempre en pasado, muy pocas veces en presente, historias que fueron vitales en las vidas de los implicados, ya fueran de tanta envergadura como la participación de su padre y tío en la Segunda Guerra Mundial; como lo anecdótico de un viaje en barca con su primo. Sin dar a unas más importancia que a las otras, Gipi deja en manos del lector la responsabilidad de ponderarlas y de concretar de cuáles de ellas podemos sacar enseñanzas vitales.

Cosidas con firmeza, ambas vertientes del relato pergeñado por Gipi quedan realzadas por una labor gráfica impresionante que sorprende en cada nueva página por su variabilidad y juego. Distinguiendo primero entre viñeta cerrada y abierta, color y paleta monocromática para diferenciar sus recuerdos de aquellos de su padre, Gipi estructura las páginas con pocos dibujos para que sea la historia (y sobre todo lo que no se nos cuenta de la misma) la que vaya respirando a placer sin las constricciones propias de una estructura narrativa cerrada. Ello permite al autor jugar a su antojo con las herramientas iniciales trastocándolas de forma arriesgada hacia el final de la narración.

Así, llegadas las últimas páginas de la historia, cuando el artista ya ha desvelado todas sus cartas y aceptado que no volverá a ver a su padre, nos encontramos con que estas están en blanco a excepción de los textos de apoyo: desprovisto así de cualquier atadura narrativa, Gipi deja que sean sus sentimientos, perfectamente acotados mediante una entrañable anécdota, los que traspasen la frontera del papel y lleguen al lector en su estado más puro, sin estar contaminados por ninguna manipulación visual. Les puedo asegurar que lo que esas dos páginas remueven en el lector supera con mucho lo que otros autores son capaces de expresar con muchos más recursos. Si eso no merece ser alabado...

Sergio Benítez (143)