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jueves, 22 de julio de 2010

NARUTO

Antes de comenzar esta reseña quería dar las gracias a Sergio y todos mis compañeros por darme la oportunidad de participar en este gran blog donde hemos podido hablar un poco de todo, comic, manga, tebeo, obras maestras, otras que no lo son tanto… por todas esas lecturas, por todas las reCOMICdaciones que he (hemos) podido disfrutar, GRACIAS.

Guión: Masahi Kishimoto

Dibujo: Masahi Kishimoto

Editorial: Glénat

Formato: Libros Rústica. 192 Páginas

Precio: 7.5€

Calificación: 8/10

Para unos será Mazinger Z, para otros lo fue Dragon Ball y para muchos de ahora lo es Naruto. Una serie para recordar, algo que nos acompaña en nuestra infancia, nuestra adolescencia y más alla, pues a pesar de los años y las canas que uno pueda soportar estas series nos han llenado y probablemente podamos verlas una y otra vez y probablemente acabaremos consiguiendo que las siguientes generaciones disfruten de lo que para nosotros fue una gran serie.

Después de leer más de 500 capítulos, más de 50 tomos (y los que quedan) puedo decir sin dudar que esta es una de las mejores series Shonen que hay en la actualidad (no podría decir la mejor ya que algún fan de Bleach o One Piece podría saltar). Es la historia de el niño a que nadie quería, la historia de un niño que fue conocido como el Ninja bocazas, el Ninja imprevisible y muchos otros apelativos en su mayoría despectivos. Es la historia de un chaval que soñó con que llegaría a ser el más grande Ninja de todos, que llegaría ser la persona a la que todos alabarían y entonces por fin dejaría de sentir que su vida la llenaba la soledad entre clase y clase.

Esta gran serie ha ido desarrollando a lo largo de estos años una gran telaraña de tramas y personajes, cada uno con su propia historia, con su propio drama que consigue sin mucho esfuerzo hacer que nos toque y nos emocione. Pero por supuesto no sería un shonen sino hubiera acción y vaya si la hay. Desde el capitulo 1 tenemos enfrentamientos entre ninjas del mismo clan, del mismo pueblo y hasta de la misma sangre. Batallas espectaculares con técnicas que siempre acaban sorprendiéndonos y puede que hasta nos hagan soltar un “WOAAAA”.

Y todas estas batallas, todas las historias y personajes acaban girando en torno, por uno u otro motivo, del gran protagonista de esta serie: Naruto Uzumaki. No os negare que al principio el personaje me pareció bastante estupido y bocazas pero al poco descubrimos que es su forma de enfrentarse al dolor de ser huérfano y a la soledad que le lleva ser quien es y lo que provoca las iras y temores de todos sus conocidos. Pero poco a poco este Ninja bocazas acabará haciéndose un hueco en la vida de todos puede que hasta acabe convirtiéndose en lo que un día soñó: El más grande Ninja de todos los tiempos.

Si fuiste de los que disfrutaron de las grandes batallas de Mazinger, de las búsquedas
incansables de las bolas de dragón, probablemente también seas alguien que pueda disfrutar de las aventuras de este pequeño Ninja rubio que ha llegado a calar hondo en todo el mundo.

Sebastián (y 37)

martes, 20 de julio de 2010

1936-1939. TORMENTA SOBRE ESPAÑA

Guión: Víctor Mora

Dibujo: VVAA

Editorial: Glénat

Formato: Álbum Cartoné. 88 Páginas

Precio: 20€

Calificación: 8.5/10

Atentos a los datos sobre este gran volumen. A los guiones Víctor Mora, al que creo no hace falta que presente a estas alturas. A los dibujos, nombres tan consagrados como Víctor de la Fuente, Florenci Clavé, José Ortiz, Jesús Blasco, Alfonso Font o Tha, y otros no tan conocidos como los de Annie Goetzinger, Antonio Parras o Attilio Micheluzzi, usuales (al menos los de la primera y el tercero) en las páginas de cierta mítica revista allá por los años ochenta. Y como temática común a los ocho relatos que aquí se recogen, la Guerra Civil como sólo Mora sabía hacerlo.

El hecho de citar a esa "mítica revista", es que fue en CIMOC...¿ah, pero no sabiáis que era de ella de la que estaba hablando?... en donde por primera vez aparecieron todas las historias que Glénat recopilaba hace dos años en este excepcional tomo que hoy recomicdamos. Excepcional por mucho motivos. Primero porque su publicación casi coincidió con el 75 aniversario del comienzo de la guerra que dividió a España en dos (aunque al parecer la editorial quiso retirarse de forma consciente de los actos institucionales que quisieron conmemorar tan horrible suceso). Segundo porque cuando Mora se hace cargo de la escritura de los guiones de Tormenta Sobre España se encuentra en el momento más maduro de su longeva carrera, uno al que había llegado tras dejar atrás sus Capitán Trueno, Jabato o El Corsario de Hierro (y no es que tenga nada que objetar de tan legendarios títulos), pariendo otros mucho más puntales dentro de su producción como Dani Futuro, Sunday o Las Crónicas del Sin Nombre. Y en tercer lugar porque los dibujantes asociados al proyecto forman parte de la historia del noveno arte en nuestro país, como ya hemos afirmado por activa y pasiva en las muchas recomicdaciones que aquí le hemos dedicado a algunos de ellos.

Como es de esperar, Mora no se ocupa en Tormenta Sobre España en elogiar a los héroes de la guerra, sean de un bando u otro, ni de relatar lo épico de alguna de las batallas que trufaron la parricida contienda. Nada más lejos de la intención del escritor. Lo que Mora concreta aquí son historias en las que el dolor, la tragedia, el drama y las miserias que la Guerra Civil trajo a nuestros antecesores. Y lo hace a pie de calle, entre los barracones, en primera línea de batalla, en los comienzos de la contienda o cincuenta años después, sin que nada importe a la efectividad de lo que cuenta el personaje o personajes elegidos para ello, ya sean estos rabiosamente republicanos como fachas hasta la médula, españoles o alemanes, hombres o mujeres. El genio y talento que Mora destila en cada una de las historias sólo está al alcance, y eso es algo que el lector puede inferir tanto de lo que directamente lee en las páginas del volumen como de lo que Mora deja entre líneas para que seamos nosotros los que completemos la experiencia única que es este intenso viaje a nuestro pasado.

En lo que al dibujo respecta, resulta asombroso que, aún con la diversidad de artistas que trufan el álbum, la percepción del mismo que uno se lleva cuando ha completado la lectura es de fuerte unidad entre todos. No cabe duda de que parte de ella se debe a su guionista, pero tampoco se puede vacilar a la hora de ser conscientes de que es responsabilidad última de los grandes nombres que acompañan a Mora el que Tormenta Sobre España tenga la entidad que tiene. Dejando a un lado filias personales que colocarían a José Ortiz y Víctor de la Fuente por delante de sus compañeros, no sería justo valorar más a ellos que a lo que Clavé, Goetzinger o un desconocido pero virtuoso Antonio Parras consiguen transmitir con sus viñetas.

Guardando ese carácter de obligatoria lectura que es denominador común a todos los tebeos que han hecho hincapié en lo miserable de la Guerra Civil española, Tormenta Sobre España sobresale de la media por ser, en su falso carácter fragmentado, una visión única sobre un momento histórico que marcó a nuestra tierra, dejando en ella cicatrices que todavía hoy perduran (y que es muy probable que tarden mucho en olvidarse).

Sergio Benítez (391)

jueves, 8 de julio de 2010

SAY HELLO to BLACK JACK

Guión: Syuho Sato

Dibujo: Syuho Sato

Editorial: Glénat

Formato: 13 Libros Rústica. 230 Páginas c/u

Precio: 3.95€ c/u

Calificación: 7.5/10

Si hay algo que House y Anatomia de Grey nos han enseñado es que las historias de médicos triunfan. Ya sea con alicientes como triángulos amorosos o grandes personajes carismáticos la verdad es que estas series llaman mucho la atención del público. Sobre todo lo hacen por el drama humano, personas como tu y como yo que tienen un accidente y le tienen que amputar una pierna, ancianos como nuestros abuelos que tienen que extirparles un tumor en algún lugar muy difícil de sacar o madres de familia que tienen cáncer y deben sobrevivir a duras penas a la quimioterapia.

Todas estas historias son solo unos ejemplos de lo que podemos ver en este tipo de
series, y algunos de esos ejemplos aparecen en esta serie cuyo titulo hace homenaje al gran Black Jack, personaje creado por el padre del manga moderno Osamu Tezuka.

Say Hello... se centra en un joven estudiante de medicina que empieza sus prácticas en un hospital universitario, donde cada ciertas semanas ira rotando de especialidad hasta acabar decidiéndose por alguna. Saito (el estudiante) es un chaval bastante inocente y con una visión idealizada de lo que es un médico. El pobre acabará estampándose contra la realidad al comprobar que la mayoría de los médicos son unos ávaros que solo buscar forrarse a costa del sufrimiento ajeno. Comprobará que luchar contra el sistema es algo que puede acabar destruyéndole como persona y como médico. Pero sobre todo irá encontrando el camino hacia el médico que él quiere llegar a ser.

Todo este camino de maduración ocurre mientras Saito se traslada de una especialidad
a otra, se enfrenta a casos que a cualquiera le harían soltar una lágrima de tristeza y es ahí donde el dibujante usa todo lo que tiene para dibujar escenas muy dramáticas, aunque muchas veces las posturas y caras de los personajes son bastante exageradas.

A media lectura de la serie (13 tomos en total) ya uno puede intuir como se irán
desarrollando las tramas, pero no por ello dejan de ser menos dramáticas o dejan de transmitir el mensaje que el autor quiere transmitir: El sistema está podrido y las reglas están para saltárselas si es para ayudar a quien lo necesite.

Es una lastima que la serie no haya vendido lo que se merece y su segunda parte no vaya a llegar (al menos por el momento) a España, pero mientras nos quedamos con la esperanza de que eso ocurra tenemos 13 tomos a 4€ por tomo para poder disfrutar de buenas historias fuera de los típicos shonen de niñatos con superpoderes salvando al mundo.

Sebastián (35)

miércoles, 7 de julio de 2010

Las CRÓNICAS del SIN NOMBRE

Guión: Víctor Mora

Dibujo: Luis García

Editorial: Glénat

Formato: Álbum Cartoné. 112 Páginas

Precio: 14.96€

Calificación: 9/10

Si escribir una crítica siempre es un ejercicio complicado; hacerlo, y hacerlo de manera que se honre en condiciones al trabajo del que se habla, lo es aún más. Tanto es así, que si sobre un título al uso, las ideas que al final terminan concretándose sobre este espacio en blanco que nos proporciona la ventana de Blogger son más o menos adecuadas; cuando la recomicdación que uno arranca es de tal calibre como estas Crónicas del Sin Nombre, dichas ideas se muestran esquivas, como si una mano invisible quisiera impedir que lo que se plasmara en estas líneas no hiciera justicia a aquello de lo que se habla. Y es que este título de Víctor Mora y Luis García no es uno cualquiera, sino probablemente el pináculo de la carrera de su escritor, algo que es mucho decir si tenemos en cuenta de quién estamos hablando.

Tan severa afirmación necesita de aserciones que la refrenden. Y es aquí donde esa torpeza que muchas veces arrastra el lenguaje a la hora de expresar las sensaciones hace su inefable aparición. Les pido disculpas pues de antemano si lo que a partir de ahora vayan a leer no consigue alcanzar a transmitir la grandeza de esta insigne obra.

Lo primero que exige esta recomicdación es una contextualización temporal: corre el año 1973 cuando Víctor Mora y Luis García comienzan a trabajar en la realización de la primera historia de las siete que, a lo largo de seis años, terminarán por concretar Las Crónicas del Sin Nombre. Son tiempos convulsos para nuestro país ya que, tras treinta y cuatro años de dictadura, comienza a vislumbrarse un final cercano para el franquismo (que aún tardaría dos años en expirar). En esta tesitura y con ese oxímoron entre aperturismo y conservadurismo que planteó el régimen en sus últimos tiempos, Víctor Mora acomete la escritura de los guiones de estos relatos como un silente agitador de conciencias. Para ello, y mezclando de forma sublime ficción y realidad, y muy a la manera de como Oesterheld ya había hecho años atrás en su magistral Mort Cinder, se inventa a un personaje que ni tiene nombre ni rostro definido, un grito claro del guionista a la masa que, callada (voluntariamente o a la fuerza), había aguantado de forma estoica la pobredumbre de la posguerra y el drama de una España dividida en dos. Con tal bofetada a las constreñidas mentalidades que habían provocado el exilio de muchos españoles, Mora traza, con suma inteligencia, una suerte de recorrido metafórico que va haciendo hincapié en conceptos como la injusticia, la ética o, sobre todo, la libertad.

Sutil por un lado, y contundente por el otro, el trabajo del guionista catalán oculta muy bien sus cartas para aquellos que no sepan como leerlas. Es por ello que resulta grandioso descubrir hoy, más de treinta años después, la carga conceptual que se ocultaba tras todas y cada una de las historias, escondida en géneros tan dispares como la aventura medieval, el drama cotidiano, la ciencia-ficción o el western. En cada uno, Mora introduce ese pequeño apunte, esa nota discordante que sólo aquél con vista y ingenio agudizado podía encontrar. Pero ahí está no obstante, esperando pacientemente a ser encontrado. Optaré aquí por no desgranar una por una las historias que componen este maravilloso fresco que es Las Crónicas del Sin Nombre, y les dejaré el reconfortante trabajo de que descubran, sin ningún tipo de influencias externas, lo que Mora legó a la historia del tebeo español hace más de tres décadas.

Lo que no puedo dejar de comentar es lo mayestático del dibujo de un Luis García para el que faltan epítetos: detrás de cada idea, de cada argucia enterrada en diálogos aparentemente inocuos, detrás de todas y cada una de las pautas que Mora iba marcando, encontramos a un dibujante pletórico en imaginación y soberbio en su concreción gráfica. Mucho se le ha criticado a García (o mucho se le criticó) el hecho de que la gran mayoría de su trabajo se basara en la referencia fotográfica. A todas esas voces, hoy acalladas gracias a que el paso del tiempo siempre pone las cosas dónde deben estar, yo les diría que ya quisieran muchos tener el talento del puertollanense para, con fotos o sin ellas, ser capaces de plasmar ideas con la fuerza con la que él lo hacía. Y aquí, de nuevo, habría tantos ejemplos como páginas y viñetas tiene el volumen: de lápiz prodigioso, capaz de un hiperrealismo que deja boquiabierto al lector, el dibujante no se esconde en sus referencias, antes bien, las moldea a su antojo en una estructura que se aleja de la estaticidad propia de la técnica de referencia fotográfica para acercarse al dinamismo de los grandes narradores. Aprehender una página de García podrá ser un proceso extenuante para un lector que no esté acostumbrado a más profusión que la que dan los colores infográficos, pero aquellos que se dejen seducir por la desnudez de su lápiz y su plumilla, encontrarán en él a uno de los mejores dibujantes que ha dado nuestro país.

No quisiera finalizar sin antes advertirles de algo vital: Las Crónicas del Sin Nombre no es un tebeo de lectura fácil. Exige de nosotros una atención que no suele ser común en páginas aviñetadas. Puede llegar al punto de ser algo obscura y huidiza a la hora de regalar el tesoro que lleva escondida. Pero les garantizo que, poniendo algo de empeño y mucho mimo, encontrarán en ella una lectura de esas que nunca se olvidan.

Sergio Benítez (382)

miércoles, 30 de junio de 2010

BANDOLERO

Guión:Carlos Giménez

Dibujo: Carlos Giménez

Editorial: Glénat


Formato:Álbum Cartoné. 64 Páginas


Precio: 11.95€


Calificación: 8.5/10


Resulta algo triste observar cómo muchos de los personajes que fueron iconos de nuestra infancia son desconocidos totales para las nuevas generaciones, y algo más darse cuenta de que con el tiempo, estos caeran en el olvido. De los muchos que podríamos citar está claro que Curro Giménez marcó una época en televisión española, dando una visión bastante aproximada (todo lo aproximada que una serie de ficción suele ser) de la vida de un grupo de bandoleros en la Andalucía decimononesca. A lo largo de sus tres temporadas, la serie hizo famosos a sus tres actores principales: Sancho Gracia como el protagonista, Álvaro de Luna como el Algarrobo y José Sancho como el Estudiante, papeles por los que todavía hoy, más de treinta años después, siguen siendo reconocidos.

Aunque su primera emisión me pilló bastante pequeño, el recuerdo temprano de la misma, unida a un visionado en las muchas veces que TVE la repuso a comienzos de los ochenta hizo que las aventuras de los bandoleros formaran parte de mi infancia tanto como las de Mazinger, Heidi, Marco u Orzowei. Así que pueden imaginarse la sorpresa cuando descubrí que uno de los muchos títulos que componían la extensa tebeografía de Carlos Giménez llevaba por título Bandolero y por subtítulo: Historia Verdadera y Real de la Vida y Hechos Notables de Juan Caballero, Escrita a la Memoria por él Mismo y Adaptada a la Historieta por Carlos Giménez, dando a entender tan extensa frase que, separándose de lo que suele ser habitual en su obra, el autor madrileño había basado su guión, no en experiencias personales o en la ficción escrita por alguno de los guionistas con los que ha trabajado, sino en la historia real de un personaje que vivió durante el s.XIX en tierras de Despeñaperros hacia el sur.

Poco importa, a la luz de la magnífica lectura, que Giménez extraiga su inspiración de la singular biografía de Juan Caballero cuando los resultados son de tan alta calidad como los que podemos encontrar aquí: tomando tan sólo varios episodios de la vida del bandolero, el artista español construye un relato apasionante que entronca de pleno en la mejor tradición del western que tan bien supo cultivar con Gringo adaptando los parámetros del género americano a un sabor mucho más castizo y nuestro sin que ello vaya en ningún momento en detrimento de lo que el autor de Paracuellos es capaz de cuajar. Por las páginas de Bandolero, y con su habitual genio, Giménez describe con presteza la singular y paradójica figura de Caballero, un asaltador de caminos con un peculiar sentido del honor, por una parte; y los escenarios por los que este se movió, por la otra, situándonos a la perfección (tanto como la serie de televisión o mejor) en la época en que el personaje llevó a cabo sus correrías mediante unas magníficas localizaciones y mejores escenarios. El resultado, aun a sabiendas de que es un trabajo de menor calado que Paracuellos, Los Profesionales, Hom, Koolau o 36-39: Malos Tiempos, sigue demostrando, más allá de toda duda, que cualquier tebeo de Giménez, por muy pequeño que sea, es más grande que los mayores de otros autores.

Sergio Benítez (381)

viernes, 21 de mayo de 2010

El SILENCIO de MALKA

Guión: Jorge Zentner

Dibujo: Rubén Pellejero

Editorial: Glénat

Formato: Álbum Cartoné. 88 Páginas

Precio: 15€

Calificación: 7.5/10

Si se piensa con detenimiento, la gran cantidad de información que (y vamos a acotarla a este terreno que tantas alegrías nos da) de cómics nos llega al cabo del día, sobre todo desde que este maravilloso mundo de internet existe es, por usar un término poco ortodoxo, acojonante. Decenas de blogs que opinan sobre uno u otro título, cientos de comentarios en cada uno de ellos que nos llevan a conocer la práctica totalidad del posible abanico de opiniones que pueda llegar a formarse y sólo un intermediario, el que supone el filtro que con el tiempo vamos elaborando poco a poco. Buena parte de lo que termina formando parte de ese filtro tiene mucho que ver con la confianza que se va forjando entre los internautas, esa que lleva a que lo que esté firmado por tal o cual persona sea, como poco, más que fiable. Uno de esos nombres que se convirtió en inexcusable a la hora de decidirse por un título en concreto fue el de Angux, creador de la tristemente difunta Caraviñeta y un gran amigo en la virtualidad de la red de redes. Muchas han sido las adquisiciones que servidor ha llegado a concretar llevado por alguna de sus personalísimas reseñas sin que nunca haya asomado un reproche por mi parte acerca de lo erronéo de su criterio. Tanto es así que, en lo que a Rubén Pellejero respecta puedo afirmar con total tranquilidad que si no hubiese sido por Juanma, nunca me habría acercado a la obra del artista español.

Como siempre suele pasar, no fue hasta que Angux me habló de él, que no empecé a ver su nombre por todas partes: ya fuera en Amuleto (mi tienda habitual de cómics) como en esa colección completa de CIMOC que mi suegro ha tenido a bien pasarme, lo cierto es que de repente Rubén Pellejero estaba en todas partes. Y como por algún sitio tenía que comenzar a introducirme en su extensa producción decidí, alentado de nuevo por Juanma, empezar por la que para muchos es la mejor de las colaboraciones que el dibujante ha hecho con el argentino Jorge Zentner. Considerando que es mi primer acercamiento a ambos autores, resulta evidente que no estoy en posición de poder dar la razón a los que así concluyen, más no creo que tales actitudes sean muy descabelladas a la luz de lo que la lectura ha dado de sí.

Mezclando realidad y fantasía en un relato documentado de forma exhaustiva tanto desde el guión como en la fastuosa labor de Pellejero (de ésta última no os voy a hablar más, instándoos en su lugar a que os paséis por AQUÍ...sobran las palabras), El Silencio de Malka comienza en las estepas rusas para trasladarnos después al exilio forzoso al que se vieron sometidos muchos de los judíos del país a finales del s.XIX tras el asesinato del Zar Alejandro II. Perseguidos al encontrarse carentes de la protección que este les había ofrecido hasta entonces, los judíos emprendieron un éxodo que los llevaría desde diversas regiones de su tierra al puerto de Odessa y de allí a la tierra virgen que entonces era la pampa argentina. Zentner fija su atención en dos familias unidas por lazos de sangre, una sangre que manará a borbotones cuando uno de sus miembros, guiado por una aparición que dice llamarse Isaac, le inste a dar vida a un Golem, dejando a partir de entonces el relato la realista componente que había mantenido para adentrarse en terrenos algo más fantásticos, aunque perfectamente entroncados en el imaginario judío.

Aún con la presencia del fantástico ser nacido de la tierra, los goznes de la maquinaria que el guionista va construyendo con el desarrollo de la historia no parecen chirriar, no al menos hasta ese último salto temporal que se antoja algo forzado. Ello no es impedimento para que la historia se lea con avidez, sobre todo por la magnífica labor de un Pellejero que se esfuerza por dejarse la piel en cada plancha, caracterizando a los personajes y las localizaciones de forma brillante. No sé si será el mejor trabajo de los autores
, pero sí que es un gran trabajo.

Sergio Benítez (374)

lunes, 10 de mayo de 2010

MONDO LIRONDO

Guión: La Penya

Dibujo: La Penya

Editorial: Glenat

Formato: Tomo 272 páginas

Precio: 19,95€

Calificación: 9,5/10


La semana pasada ya os hablé de refilón sobre ésta serie. Editada en un principio por la desaparecida Camaleón en 8 grapitas numeradas del 0 al 7 supuso todo un descubrimiento por mi parte.

En una época en la que todavía me desplazaba a Barcelona para los Salones del Comic, me dió por comprarme ése fanzine (porque para mí siempre ha sido un fanzine) de humor realizado por un grupete de amigachos que respondían al nombre de La Penya. Pero bajo ésta denominación grupal se encontraban unos seres que en el futuro serían bastantes populares en el panorama viñetero nacional: Albert Monteys, Ismael Fito, Jose Miguel Alvarez e Ismael Ferrer.

Con un planteamiento de historias independientes realizadas por cada autor, que al final vemos que tienen más que ver entre sí de lo que pensamos al principio, asistimos a los avatares del Valle de las Zarzamoras. Y es que tenemos desde una trama que se continúa número a número, hasta tiras de prensa, pasando incluso por panfletos religiosos de Las Moscas del Apocalipsis. Este peculiar conjunto nos da la impresión de que estuviesemos leyendo una revista recopilatoria de historietas, como El Jueves, apoyada ésta impresión por la variedad de autores y temas.

En cuanto a la historia principal que ocurre en el Valle de las Zarzamoras, habría que comentar que como protagonistas tenemos a los típicos animales antropomórficos (bueno, también hay vegetales e incluso minerales si contamos con Jack) que se ven envueltos en una trama policíaca relacionada con cierto asesino... Pero eso sí, todo ello llevado con un humor fresco y desenfadado que se desprende en todas y cada una de sus páginas. Tanto que incluso fue merecedor de una lujosa edición en tapa dura por parte de Glenat unos añetes después.

Y es que habría que romper una lanza a favor de Camaleón, pues en su seno aparecieron varias obras de indiscutible calidad llegando algunas de ellas con el tiempo a ascender por derecho propio a las editoriales "grandes". Así de memoria me vienen a la mente éste Mondo Lirondo, Gorka, Tess Tinieblas, B3 o Manticore...

De imprescindible lectura para todos aquellos que quieran pasar un buen rato. Os aseguro que al terminar el tomo os quedaréis con un poco de tristeza porque no haya más historias de el friki Topo Topolino, los atracadores Antonio el Elefante y Ricardo la Termina con su inseparable Enrique el Murciélago, la pareja gay formada por Fray Chiquen y el Limón Gazmoño, el erizo Miguel con tendencias suicidas, Josele el ratón envidioso y miserable que fue compañero de guardería del acaudalado empresario de éxito y canario Armando, la pulga prostituta Annabelle, el inspector Caracolín y su ayudante la mariquita promiscua Waldo, los patitos forenses, el pez Jeremías explorador , las mencionadas Moscas del Apocalipsis o la impagable y genial piedra Jack. Si tras haber leído éste resumen del elenco de personajes no tenéis un mínimo de curiosidad por leerlo os retiro la palabra desde ya mismo.

Y para finalizar toca anécdota de abuelito cebolleta: En uno de los salones les compré un ejemplar para su firma. Como no estaban todos los autores en ése momento en el stand, e lo guardaron para firmarlo y hacer dibujetes por turnos y que pasara más tarde a por él. Curiosamente se les extravió el comic, por lo que firmaron uno nuevo. Cuando me acerqué a recogerlo resulta que apareció el primero, así que tengo un par de ejemplares firmados y garabateados por ellos. ¡¡Y sin cobrarme el segundo ejemplar!!

Nacho (50)

jueves, 22 de abril de 2010

CLAUS & SIMON: LOS REYES DE LA EVASION

Guión: Santiago Arcas

Dibujo: Daniel Acuña

Editorial: Glenat

Formato: Tomo 48 Páginas

Precio: 13,95 €

Calificación: 8/10


Es gracioso las cosas que puede tener el destino. Me pasé varios días registrando un mercadillo de libros de segunda mano (los cuales no abundan) buscando algún comic interesante y el último día fue cuando me llamo la atención una caja de cartón donde sobresalían comics de Mortadelo, Zipi y Zape… etc.

No, no fui a por un Mortadelo, ya tengo varias cajas de esos, fui a la aventura, a ver si por alguna casualidad algún comic pijamero noventero o así se habría colado entre el montón. No fue así y mucho que me alegro. Lo que sí encontré fue a uno de mis dibujantes favoritos: Daniel Acuña. Con los ojos como platos al haber encontrado ese tesoro y al ver la pegatina “4” no dudé ni un momento en llevármelo a casa.

Y no me he arrepentido.

Claus & Simon son dos personajes (payaso y dinosaurio antropomórfico respectivamente) creados por Acuña y Santiago Arcas en el 98 para la editorial La Cúpula. Sus tres primeras aventuras fueron editaras directamente en el mercado Español y esta última de la que os hablo fue editada primero en Francia (y al contrario que las otras, a todo color) y después aquí por Glénat. No he leído las anteriores obras de estos personajes pero según tengo entendido no forman ninguna continuidad, no hace falta leerse los anteriores cómics para entender este.

He destacado que este cómic si está a color ya que es lo primero que me llamó la atención. Si hay algo que defina bien el trabajo de Acuña es la palabra “colorido”. La obra goza de unos colores que le dan vida propia, haciendo más humanos y vivos a los personajes (a pesar de ser animales).

La historia va sobre como estos dos actores desconocidos pasan a ser unas grandes estrellas del espectáculo del escapismo. Una fama que vendrá con todo el paquete, mujeres, dinero, fama, merchandising variado y dos familias de mafiosos intentando controlar todo el cotarro y por supuesto aguándoles la fiesta a nuestros protagonistas. No es una historia espectacular con grandes giros de guión, pero lo que si promete es un buen entretenimiento y una alegría para la vista en cada una de sus 48 paginas.

Sebastián (24)

jueves, 15 de abril de 2010

BLEACH

Guión: Tite Kubo

Dibujo: Tite Kubo

Editorial: Glénat

Formato: Libro Rústica. 192 Páginas

Precio: 7.5€ c/u

Calificación: 6.5/10


Cambiando un poco el ambiente cósmico de Marvel, esta semana me gustaría empezar a hablaros de el que es para mi uno de los mejores shonen actuales.

Para los que el término shonen les suene a chino les explico que es un tipo de manga de entre los muchos tipos distintos que hay, cada uno con su propio estilo y dirigido a un publico, como el shojo, seinen, hentai o el yaoi, y el shonen en particular es un tipo de manga dirigido a adolescentes. Básicamente los mangas shonen tratan sobre adolescentes y/o pre-adolescentes con superpoderes que se lían a ostias y salvan el mundo, la villa o a la princesa. Vamos, que si les pones mayas y mascaras más de un manga podría tener el nombre de “Jovenes Vengadores Ninjas” o “One Titan Piece”.

Bleach cumple con creces todas y cada una de las cualidades que un buen shonen debe de tener. Un protagonista carismático que va superándose a cada enfrentamiento, una chavala con grandes pechos con la cual habrá tensión sexual no resuelta (muy típico de estas series), un grupo de amigos que acompañaran a Ichigo (el protagonista de esta serie) en todas sus aventuras, mucha acción y mucho humor.

La historia comienza un día cualquiera en la vida de un chaval para nada cualquiera, ya que Ichigo puede ver a los fantasmas desde que tiene uso de razón. La cosa no pasaría de ser una versión japonesa de Entre Fantasmas sino fuera por la aparición de Rukia Kuchiki, una Shinigami cuyo papel es enviar a los espíritus buenos al más allá y cargarse a los espíritus malos, llamados Hollows, que son monstruos enormes que se alimentan de espíritus normales o de personas con un poder espiritual fuera de lo normal y es ahí donde entra en juego el pobre Ichigo. Sin comerlo ni beberlo Ichigo acabará haciendo el papel de Shinigami sustituto cambiando su vida por completo y la de la gente que le rodea, pues la influencia en sus amigos y familiares será mucho más fuerte de lo que ninguno pueda esperarse.

Los ocho primeros tomos hacen la vez de saga de introducción. Ocho tomos para conocer a Ichigo, su estrambótica familia (los cuales todos pueden ver/sentir espíritus, excepto el padre, de edad mental doce años), los mejores amigos de Ichi y los primeros detalles de la Sociedad de Almas, asociación a la que sirven todos los Shinigamis. Es cuando esta asociación entra en juego cuando el status quo de Ichigo cambiará por completo, obligándole a tomar un camino del cual no sabe si podrá regresar.

Una de las cosas que más me gustan de esta serie es la manera que tiene el autor de mezclar drama y comedia, intercalando escenas donde los protagonistas están haciendo el tonto con otras donde la están palmando o llorando. Para los que intenten acercarse a esta serie les recomiendo que al menos lean hasta el tomo tres, titulado muy acertadamente Memories in the Rain, dónde empezamos a conocer más profundamente a Ichigo, descubriendo el por qué de su personalidad y donde los lectores puedes empezar a empatizar con el personaje.

Sebastián (23)

viernes, 26 de marzo de 2010

ZORA y los HIBERNAUTAS

Guión: Fernando Fernández

Dibujo: Fernando Fernández

Editorial: Glénat

Formato: Álbum Cartoné. 102 Páginas

Precio: 25€

Calificación: 8.5/10

A estas alturas, después de lo que ya hemos hablado de él por activa y por pasiva, decir que Fernando Fernández es un genio del noveno arte es una obviedad como la copa de un pino. Lo que no resulta tan obvio quizás es matizar tal afirmación y, como ya hicierámos en la última recomicdación del artista que publicamos por estos lares, acotarla a lo que a dibujo y narrativa gráfica se refiere ya que, en cuanto a guión, los trabajos del autor en solitario nunca llegaron a estar a la altura de lo que visualmente era capaz de ofrecer. Y si bien en Cuba y en las historias sueltas que recogía el volumen de Cuando el Cómic es Arte esto era más que patente, aquí en Zora, la fuerte diferencia que en los anteriores se palpaba queda algo diluida gracias a un guión que se antoja más trabajado.

No es que la historia de Zora y los Hibernautas sea un dechado de originalidad, ya que la lectura va dejando un constante regusto familiar mediante el que resulta un proceso bastante sencillo anticiparse a alguno de los momentos clave en el desarrollo de la acción. Ahora bien, para crédito de Fernández, estos momentos son los menos y la inmersión en el relato de una fémina imposible miembro de una sociedad matriarcal que encuentra a un grupo de hombres hibernados desatando así una guerra civil en su entorno resulta, en la mayor parte de su desarrollo, tan apasionante como anárquica, echando mano el artista de cualquier herramienta argumental que le sirva para seguir avanzando en el relato. Así, no resulta extraño que en un tebeo que bebe de tan diversas fuentes como es este, nos encontremos con que el autor español mezcle ciencia-ficción a lo space opera (y aquí Alex Raymond y su Flash Gordon tendrían mucho que decir) hasta mundos post-apocalípticos que parecen sacados ya de aquél futuro distópico que pintaba La Fuga de Logan, ya del que dibujaba H.G.Wells en su Máquina del Tiempo con esos Morlocks que esclavizaban y mataban a los Eloi.

Pero Fernández no se conforma con dejarse "inspirar" por tan honrosas influencias, sino que va más allá e introduce, muy a la manera en la que se hacía a finales de los setenta (principios de los ochenta) en la ciencia-ficción, claves filosóficas, metafísicas, existencialistas e incluso algo lisérgicas (ese recuerdo del viaje al interior de un ser supremo tiene mucho de alucinógeno), encarnadas todas ellas en la figura de los protagonistas principales, Zora y Amon, prestando el autor gran atención a aquella que da título al tebeo, una mujer cuya determinación y voluntad son el motor que mueve toda la acción. Es para ella para quien Fernández reserva lo mejor que su mitad escritora puede dar de sí, aunque en este punto habría que achacarle que, frente a la profundidad que desarrolla en ciertos aspectos del guión, la relación que se establece entre los protagonistas sea en cierto sentido bastante pueril, algo que, no obstante, se podría justificar desde cierto punto de vista si así se quisiera.

De todas formas, querer entrar en cierto tipo de disquisiciones es buscarle tres pies al gato cuando lo que queda muy claro al finalizar la lectura es que la historia de Zora y los Hibernautas sirve a la perfección a lo que resulta más apasionante de aquella, el maravilloso disfrute que se deriva de la contemplación de todas y cada una de las páginas que componen el volumen. Y aquí no hay paliativos posibles que criticarles a un dibujante que echa el resto en cada plancha, componiendo a su antojo con una narrativa que huye del encierro de la viñeta para construir un nuevo tipo de lenguaje en el que cada página puede verse como un todo o como las partes en las que se divide. Partiendo de la partícula más pequeña de significado de la estructura narrativa, Fernández es capaz de montar un macro-universo lleno de matices en el que segundas y terceras lecturas irán desvelando nuevos detalles que enriquecen sobremanera lo que el lenguaje escrito no es capaz de alcanzar. Experimentando con todas aquellas técnicas que tiene a su alcance, de Zora no se puede decir que el ojo se acostumbre y amodorre, ya que cada nuevo tornar de hoja supone un reto para un lector que no sale de su asombro: tratando la concepción global de todo lo que aparece en el cómic como si de un biólogo se tratara, el prisma orgánico (y en este sentido el diseño de las naves es fascinante) que utiliza el artista echa mano desde el lápiz directo en blanco y negro al óleo, pasando por lápiz a color, acuarela o tinta en un fascinante y soberbio recital capaz de dejar extasiado hasta al más pintado.

Decía al principio que hay ciertas afirmaciones que resultan muy obvias. Pero si son de la magistral magnitud que Fernández era capaz de desarrollar antes de retirarse al mundo de la pintura, ¿a alguien le importa?.

Sergio Benítez (365)

viernes, 12 de marzo de 2010

CUENTOS del 2000 y PICO

Guión: Carlos Giménez

Dibujo: Carlos Giménez

Editorial: Glénat

Formato: Álbum Cartoné. 68 Páginas

Precio: 11.95€

Calificación: 7.5/10

Ya lo decía Anton Ego en ese elocuente monólogo que tiene hacia el final de Rataouille:" En muchos sentidos, la labor de un crítico es sencilla. Arriesgamos muy poco y sin embargo disfrutamos de una posición privilegiada sobre aquellos que ofrecen su trabajo y su persona a nuestro juicio. Prosperamos gracias a la crítica negativa,que es divertida de escribir y leer. Pero la triste verdad que debemos enfrentar los críticos, es que en el gran orden de las cosas, cualquier plato común seguramente tiene más sentido que la crítica que lo condena". Estas pocas líneas, que más de uno no habrá tenido la oportunidad de escuchar por aquello de huir del cine de dibujitos, encierra una de las disquisiciones más lúcidas sobre el trabajo de un crítico que haya tenido la oportunidad de analizar. ¿Que por qué sacarlo ahora a colación?. Muy fácil. La última vez que hablamos por aquí de Carlos Giménez, decía que si todas las obras del autor iban a seguir estando al nivel de Koolau, Romances de Andar por Casa o Malos Tiempos, iba a tener que dejar de recomicdar al gran artista español para evitar caer en la monotonía de tacharlo siempre de genio. Quiso la casualidad, pues no fue otra quien guió mi mano, que la siguiente lectura fuera este Cuentos del 2000 y Pico en lugar de optar por alguno de los otros volúmenes de Giménez que aguardan en mis estanterías. Y debido a ella, di con una obra "menor" del artista que podría usar para esa crítica algo negativa (negativa por completo resulta imposible con Giménez) de la que hablaba Ego. Pero he decidido que no lo voy a hacer.

En lugar de ello, y dejándome guiar por el buen humor en el que me encuentro en el momento de escribir estas líneas (derivado, qué duda cabe, de las risas que acabo de echar), voy a usar el espacio de esta recomicdación para hablar de las virtudes (muchas) que encierra esta simpatiquísima obra, dejando los defectos (pocos) para que cada uno los descubra si es que decide hacerse con ella.

Principal virtud de Cuentos del 2000 y Pico es lo sangrante del humor con el que Giménez trastoca los relatos clásicos de los Hermanos Grimm, Andersen y compañía para adaptarlos a los tiempos que corren. Unos tiempos en los que a continuación del eterno "Érase una vez..." el artista casi siempre interpone la misma premisa de partida, una familia muy pobre, en paro y sin subsidio. Tal decisión obliga al lector a recordar, cada vez que comienza una nueva historia, que aquí no vamos a encontrar moderadas variaciones sobre Aladino, Hansel y Gretel o La Bella Durmiente, sino sarcásticas y cáusticas remodelaciones de los parámetros en los que estos y otros cuentos se movían para darles un giro bastante abrupto. Así, no debería sorprendernos que la bruja de Hansel y Gretel se gane la vida haciendo hamburguesas con la carne de los niños que atrapa; que para despertar de su sueño, La Bella Durmiente tenga que echar un polvo de campeonato o que los cuarenta ladrones de Ali Babá sean banqueros corruptos.

Sin mostrar clemencia con nada y con nadie, Giménez arremete desde el humor más descarado contra estamentos religiosos y políticos (las apariciones de Aznar son delirantes) y no deja títere con cabeza mientras estructura la narración con un esquema clásico de tres por tres viñetas, permitiendo de esta manera dejar entrever que a la fluidez de su trazo (quizás más gamberro que nunca) no le hacen falta las magistrales composiciones de Koolau para lograr una narrativa dinámica y brillante que arranca carcajadas del lector página sí, página también.

Sergio Benítez (363)

miércoles, 24 de febrero de 2010

NOCHE en BLANCO

Guión: Yann

Dibujo: Olivier Neuray

Editorial: Glénat

Formato: Libro Cartoné. 240 Páginas

Precio: 24€

Calificación: 7.5/10

Al mismo tiempo que dejaba el tebeo Cero Absoluto en el mismo lugar donde lo había cogido, la estantería de novedades de mi librería habitual; tras apercibirme que el tal Bec estaba en el apartado gráfico del mismo, siendo argumento suficiente para no querer saber mucho más (y dándome igual quien fuera el guionista) oteé dos puesto más allá un integral del que no sabía nada. Lo cogí, ví que estaba Yann como guionista, cosa siempre buena, ya que este autor es sinónimo de calidad casi siempre y observé un dibujo que me llamo la atención bastante. Sin apenas pensármelo me lo compré, cosa que no hago últimamente, ya que miro con lupa todos mis gastos comiqueros. Luego en mi casa, algo me incitaba a su pronta lectura por lo que no lo puse a la cola de la famosa pila, sino que la subí unos cuantos puestos y al par de días acometí su lectura.


Noche en Blanco es un integral que aglutina cinco tomos editados a finales de los 80 y principios de los 90. Trata sobre un recorrido histórico por los años de la revolución bolchevique de 1918 en su confrontación con el ejército blanco zarista hasta la Europa de los años 30 pasando por el convulso Shangai de los años 20. Por lo que ven, el itinerario, época y el paisanaje son sencillamente apasionantes. En dicho integral se pueden distinguir tres partes: la primera donde se pueden englobar los tres primeros tomos, El Ruiseñor de Kursk, Agafia y Vladivostok, donde se nos presentan los personajes, dos hermanos capitanes del ejercito zarista, donde uno de ellos deserta y se une a los comunistas, una mujer, amor de los dos hermanos y un momento crucial en la historia de la humanidad: el momento en que el zar Romanoff es aniquilado junto con toda su familia. Este primer número es ante todo bélico pues muestra las distintas escaramuzas de cada ejercito y las continuas escabechinas que se practicaban. En el segundo, Agafia, vemos a Sascha, capitán zarista, derrotado y huido de los rojos, que acabará moribundo en la cabaña de unos aldeanos que se rigen por una arcaica religión rusa medieval y terriblemente estricta, donde conoce a un persona especial, y en el tercero, asistimos al asedio de Vladivostok, que fue donde el ejercito zarista desmembrado, se difuminó, mostrándonos el tebeo como campaba la corrupción, la morfina y los espías de uno y otro bando por los distintos cabarets y fumaderos de la gélida ciudad rusa.


Hasta aquí, Yann lleva una historia con mano maestra dándole tintes épicos, con un poder evocador realmente bestial, donde se suceden aventuras hermosas y exóticas, que nos recuerdan a esas películas tipo o 55 Días en Pekín o Dr. Zhivago, con personajes trabajados psicológicamente, capitaneados por ese héroe inmerso de un aura de seducción y de ambigüedad romántica. Al dibujo está el desconocido belga Olivier Neuray, forjado en el diseño gráfico publicitario, con un trazo vigoroso y un color vivo, que vagamente puede recordar a una línea clara de marcada fuerza. Lo dicho, un autor para no perderle de vista.


En el cuarto tomo, Shangai, donde nuestro protagonista ya huido de la derrota en Rusia y aparece en dicha ciudad asiática perteneciendo a los servicios de seguridad franceses, baja ligeramente de calidad, en una historia policiaca, con el guión mas aturrullado y el color sobre todo bastante chillón que hace que desmerezca respecto a los tres anteriores. Pero todo se arregla con un último número, Los Espectros del Zar, donde vemos al capitán Sascha Kalitzin, cincuentón, taxista en Paris y con el prestigio y la amenaza de ser uno de los generales rusos de la oposición al temible Stalin, llevar en un genial viaje en taxi por el Paris navideño de 1937 a un enigmático personaje. Este último número aglutina todo lo bueno que anteriormente hemos citado de los autores.


Decir que la reducción del tamaño en el integral no hace forzosa la lectura a mi parecer, ya que, digamos que la cámara, el ojo del dibujante, traza las figuras bien de cerca, lo que hace que al reducirlo no se resienta tanto la lectura y sea una delicia sumergirse en este viaje exótico, evocador y aventurero por la historia del s.XX con esta galería de personajes tan geniales.


Toni (21)

miércoles, 17 de febrero de 2010

De VUELTA a CASA

Guión: Enrique Sánchez Abulí

Dibujo: Jordi Bernet

Editorial: Glénat

Formato: Álbum Cartoné. 62 Páginas

Precio: 12.95€

Calificación: 7/10

Una gamberrada. Así de simple y así de fácil. Eso es lo que Abulí y Bernet ponen en pie en De Vuelta a Casa, un tebeo que no se aleja mucho de los postulados que ambos autores trabajaban en Historias Negras, esto es: humor muy negro (cáustico, cínico y salvaje si quieren algún calificativo más), carácter episódico, aunque aquí no se trate de historias independientes sino de una misma trama argumental dividida en varios capítulos con una semblanza de continuidad, personajes extremos, situaciones más extremas aún y el arte de Bernet como elemento aglutinador y compactador del conjunto.

La historia de De Vuelta a Casa, situada en un lejano futuro, bien podía haber tenido lugar en nuestra actualidad, cambiando a esa prisión estelar tan lejana a nuestro orbe, por cualquier cárcel. Teniendo en cuenta esto, no resulta extraño que todo lo que Abulí nos narra en las sesenta y dos páginas del volumen nos sea extrañamente familiar. Argumentalmente, el tebeo no tiene mucha enjundia: varios presos que desean volver a la Tierra y librarse así de sus sendas cadenas perpetuas aprovechan la visita de unos incautos extraterrestres al planeta prisión donde se encuentran para matarlos y robar su nave espacial, poniéndola en rumbo hacia su hogar. Preguntarse cómo unos criminales convictos sin experiencia en pilotar y mucho menos en navegación estelar son capaces de llegar a la Tierra en un platillo volante es algo que carece de sentido si se quiere entrar en el juego que plantea Abulí. Uno lleno de ironía y mala baba en el que el guionista de Torpedo, junto con su dibujante fetiche (que una vez más plantea un arte narrativo alucinante, con sus magníficos juegos de luces y sombras, esos personajes tan bien caracterizados y esas mujeres imposibles) plantea la típica historia coral en la que el personaje más inesperado es el que termina dando la sorpresa más agradable al lector, siendo a este respecto esas últimas viñetas alternadas las que mejor reflejan desde ese humor sangrante que tanto gusta a guionista y dibujante la tremenda y bien confeccionada broma que es esta obra.

Sergio Benítez (359)

miércoles, 3 de febrero de 2010

SUNDAY

Guión: Víctor Mora

Dibujo: Víctor de la Fuente

Editorial: Glénat

Formato: Libro Rústica. 320 Páginas

Precio: 29.50€

Calificación: 10/10

Si bien el recomicdar el Cuando el Cómic es Arte dedicado a Víctor de la Fuente hubiera sido el primer paso normal para introducir al maravilloso autor español en este blog (como ya hemos hecho con José Ortiz o Fernando Fernández), lo cierto es que fueron los contenidos del mismo los que me hicieron inclinarme hacia acometer la lectura de este Sunday como primera reseña que se hacía aquí del dibujante. ¿Y qué contiene el tomo de Toutain para que te hayas decidido a no comentarlo?. Pues al margen de tres introducciones por nombres que probablemente no os dirán nada (no creo que conozcáis a un tal Richard Corben, o a ciertos autores llamados Víctor Mora o Carlos Giménez, ¿no?) y una completa auto-biografía, el volumen que Josep Toutain dedicó al artista se nutre de reproducir, por este orden, una historia completa de las doce que conforman el volumen que hoy nos ocupa, diecisiete páginas de Mathai-Dor, cinco sin diálogos de Haggarth y dieocho de Haxtur más alguna que otra ilustración. Como quiera que las estupendas ediciones de Sunday y Haxtur ya esperaban lectura y posterior crítica, no he creído necesario una recomicdación completa para hablar de las virtudes de las otras dos cuando en lo concerniente al dibujo ya vamos a hablar (y mucho) en las siguientes líneas.

Pero antes de ello, antes de desgranar la grandeza de un dibujo para el que es muy probable que el torpe verbo de un servidor se quede corto, hay que hablar, y también mucho, del magnífico trabajo que Víctor Mora concreta a los guiones. Aparecida durante los tres años que transcurrieron entre 1969 y 1971, Sunday supone un punto y aparte en la carrera como guionista de un autor la que tengo que confesar que hasta ahora no le había echado mucha cuenta más allá de alguna aventurilla suelta que leí cuando pequeño del Corsario de Hierro (y sí, no he leído nada del El Capitán Trueno ni de Dani Futuro, ya pueden lapidarme a placer). El caso es que con Sunday, Mora se plantea junto a de la Fuente hacer un cómic del oeste alejado de los parámetros más comunes del género, acercando los postulados de la historia a las características del western crepuscular.

Con esto último en mente, acercarse a la lectura de Sunday es un gustazo de principio a fin. Mora consigue, desde la primera página, dotar al tebeo de un tono apesadumbrado muy acorde con el desencanto hacia la visión romántica del oeste que caracteriza a cintas como Sin Perdón o Bailando con Lobos, dibujando un sombrío Far West en el que no existen los buenos y malos absolutos, sino una tremenda escala de grises en la que los personajes se van acomodando como pueden. Tan tridimensionales como pudieran serlo aquellos que vemos en la gran pantalla, los actores que el guionista va "seleccionando" para su reparto están sacados de los rincones más oscuros de las más polvorientas tabernas, salones y cuadras que poblaron el oeste americano. Movidos por intereses que casi siempre pasan por la propia supervivencia, Mora evita en la mayoría de las historias ofrecer juicios de valor sobre sus personajes, dejando que sea el lector el que decida si son de su agrado o no. Y si esta decisión se antoja muy eficaz para los "villanos" resulta muy sorprendente que a la hora de definir a Sunday, el guionista se aparte muy poco de ese esquema, perfilando a un antihéroe cuyos hilos mueve un destino difícil de concretar.

Y así es como aparece en los doce capítulos que Víctor de la Fuente dibujó (después seguiría su hermano), como un hombre solitario, un veterano yanqui de la Guerra de Secesión que perdió a su mujer y a su hijo y ahora busca denodadamente a éste con la vana esperanza de que siga vivo; un hombre que, aún sin ser héroe, se ve curiosamente mezclado siempre en situaciones cuya intervención resulta crucial (muy a lo John McClane) y que tanto el guionista como artista tienden a desdibujar de cara al lector en una decisión que sólo puede calificarse como perfecta. Un calificativo éste último que le va como anillo al dedo a lo que podemos contemplar en el dibujo de Víctor de la Fuente, cuyo trabajo en Sunday también admitiría epítetos tales como maravilloso, virtuoso, soberbio, asombroso...y no sigo, que supongo que ya os hacéis una idea.

En la serie, y siempre con un riguroso blanco y negro, vemos a de la Fuente ejercitar de forma increíble los dos aspectos que determinan la calidad de un dibujante: el preciosismo de su trazo y la precisión de su narrativa. Del primero dan muestra inmejorable su extrema habilidad para concretar un rostro con cuatro líneas, una figura humana o un caballo (¡y qué caballos!) con pocas más. Al segundo lo acreditan parámetros de esos que, cuando se citan, parece más que estemos hablando de una película que de un tebeo: una secuenciación de viñetas que no responde a un esquema ortodoxo; un diseño de producción asombroso, documentado y con un mimo por el detalle que deja sin aliento; una capacidad para el encuadre que demuestra, incluso en las "escenas" de conversaciones hasta que punto controla de la Fuente el escenario; una profundidad de campo que, por su perfección, llega a pasar desapercibida, quizás el mejor elogio que pueda recibir tal característica...en fin, un DIBUJO que no deja lugar a dudas: estamos ante uno de los ARTISTAS más importantes de la historia del tebeo español, y este volumen es testimonio vivo de ello.

Sergio Benítez (356)

lunes, 25 de enero de 2010

KOOLAU el LEPROSO

Guión: C. Giménez adaptando a J. London

Dibujo: Carlos Giménez

Editorial: Glénat

Formato: Álbum Cartoné. 48 Páginas

Precio: 11.95€

Calificación: 10/10

A este ritmo, me parece que muy pronto me voy a ver abocado a dos opciones cada vez que termine de leer una obra del insigne Carlos Giménez: o decido dejar de recomicdarlas y me guardo mis opiniones, o caigo en la más absolutas de las monotonías a la hora de valorar el trabajo del autor español. Y es que todavía está por aparecer un tebeo del artista que sea valorado por un servidor por debajo del nueve: qué voy a decir de Paracuellos sino es calificarla de magistral (y lo sé, no está recomicdada, pero eso no quita para que me la leyera hace tiempo); y para qué voy a recordar lo que en su momento comenté sobre 36-39 Malos Tiempos o Romances de Andar por Casa, si vosotros mismos podéis comprobar hasta que punto me parecieron excelsos ambos títulos. Y como no hay dos sin tres (ni parece que vaya a haber tres sin cuatro, ni cuatro sin cinco, ni....bueno, ya os hacéis una idea) ahora le toca el turno a Koolau el Leproso, una asombrosa adaptación del relato de Jack London en el que Giménez se aleja del tono costumbrista y/o autobiográfico en el que se enmarcan la gran mayoría de sus obras para ofrecernos un cómic de aventuras visto bajo su personal prisma.

Para aquellos que crean que lo que van a encontrarse aquí son aventuras éxoticas en un paraje paradísiaco (al fin y al cabo la acción se desarrolla en un lugar indeterminado de la Polinesia) con un protagonista que lucha contra malvados enemigos que se vaya olvidando. En Koolau no hay exotismo (bueno, un poco sí, pero tal y como aparece a uno se le encoge el corazón) y si grandes dosis de un realismo doloroso, de ese al que es imposible escapar una vez se ha comenzado la lectura. Tampoco hay parajes cálidos con cocoteros y aguas cristalinas, sino la frialdad desnuda y escarpada de las montañas donde se hacinan el protagonista y sus congéneres, todos afectados por la terrible enfermedad a la que hace referencia el título. Su protagonista no lucha contra el mal, al menos no directamente, sino que, en su constante batalla por la libertad, se debe enfrentar a las hordas anónimas de un enemigo invisible que quiere echarlo de las tierras donde nació, creció y una vez fue feliz. Unas fuerzas que Giménez nos retrata con un humanismo sublime al que no queda más remedio que rendirse de forma incondicional cuando uno ve como detrás de cada fusil y de cada disparo hay un ser humano que "sólo cumple órdenes" pero que, al igual que Koolau "tiene una familia e hijos".

La brutalidad descarnada con la que Giménez afronta la fiel adaptación del relato de London casi resulta consecuencia lógica de el las cuatro obras que predecieron en el tiempo a Koolau: Hom, Paracuellos, España Una Grande y Libre y Barrio, títulos todos en los que el autor por fin podía dar rienda suelta a su ideario político contra el franquismo al que el presente cómic, en su constante discurso por la libertad del individuo a toda costa por encima de cualquier otra consideración posible, no es ajeno en absoluto.

Pero hay mucho más que extraer de esta fascinante y soberbia lectura que Giménez vuelve a engalanar con un trazo fabuloso, en el que la estructura narrativa es manejada a placer para pasar de la viñeta a la total descomposición de la misma en tan sólo dos páginas (y en este sentido son soberbias aquellas dedicadas a las secuencias de acción, unas planchas que directamente quitan el hipo). Recursos estílisticos como provocar l
a constante e inevitable identificación del lector con el antihéroe o la desaparición de los textos de apoyo, se unen a otros visuales como las composiciones en las que varias viñetas conforman un mismo elemento del paisaje, la desnudez de éste (que provoca un dolor aún mayor cuando Koolau rememora su pasado), las apariciones de la luna, asociadas siempre al personaje, o esos poéticas aves cuyo vuelo arranca en el recuerdo para llegar al presente son sólo algunos de los muchos que podemos encontrar comprimidos en cuarenta y ocho páginas de auténtico genio. Mucho más habría que decir de Koolau, un cómic que demuestra una vez más que en Giménez, guión y dibujo son un ente tan indivisible como vida y muerte. Una comparación que a la luz de la historia del cómic resulta más que adecuada, como adecuado es volver a insistir (y no me cansaré de hacerlo) en el GENIO sin paliativos que es nuestro Carlos Giménez.

Sergio Benítez (352)