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miércoles, 28 de julio de 2010

LITERARY LIFE

Guión: Posy Simmonds

Dibujo: Posy Simmonds

Editorial: Jonathan Cape

Formato: Álbum Cartoné. 76 Páginas

Precio:
£16.99

Calificación: 8.5/10


Si algo dejaba claro Tamara Drewe es que (como suele pasar cuando esto sucede) Posy Simmonds iba a ser una de esas autoras a las que iba a haber que seguir sí o sí conforme el resto de su producción fuera viendo la luz en nuestro país. Su singular forma de narrar, lo real de sus personajes y la solidez de la historia que componía en el tomo editado por Sins entido son sólo algunos de los valores que atesoraba la citada obra. Así que no debe resultar extraño que, cuando encontré en este tomo en Forbidden Planet (y ya falta muy poco para que os cuente esa historia que tanto llevo postponiendo acerca de la batida que allí pude llevar a cabo) me lanzara de cabeza a por él máxime si tenemos en cuenta que incluso venía firmado por la autora, aunque eso sea un detalle que con los años ha dejado de tener importancia.

Enmarcado en el mismo mundo literario en el que se desarrollaba Tamara Drewe, la gran diferencia de Literary Life con aquella es que mientras la primera contaba una historia de principio a fin, este recoge todo aquello que Simmonds publicó en la sección de crítica literaria de The Guardian entre 2002 y 2004. ¿Y qué significa esto?, pues que lo que aquí vamos a encontrar son las constantes disgresiones de la autora acerca de los escritores y su particular mundo, así como los arquetipos que rodean a editores, librerías e incluso ciertos géneros literarios como el misterio o los cuentos de hadas.

Tan ecléctica mezcla nos ofrece todo un rosario de un humor caústico en el la autora demuestra que no sólo domina el slice of life más original (el que le pudimos ver en Tamara Drewe), sino que a la hora de plantear un humor inteligente y elocuente, capaz de arrancarnos la mayor de las carcajadas al tiempo que nos hace reflexionar sobre lo divino y lo humano sin el perfecto funcionamiento de ninguna de las dos vertientes se vea afectada por la otra. El genio que ello demuestra se puede encontrar en cada página del tomo, ya sea en esas historias sobre dos libreros con muy diferentes puntos de vista acerca de las grandes superficies, ya en las diatribas de una estrella de los best-sellers, ya en un ficticio doctor encargado de curar los males literarios.

Unido a su personal grafismo, lo que resulta más curioso y brillante de esta magnífica lectura es el hecho de que por mucho que los personajes y algunas de las situaciones puedan llegar a sernos totalmente ajenas, sea porque los personajes son británicos, sea porque vivamos totalmente alejados del mundillo literario, no resulta complicado sentirse identificado con las pequeñas idiosincrasias que Simmonds va asignando a los protagonistas de sus pequeñas perlas aviñetadas. El resultado, como huelga ya afirmar, sólo sirve para cerciorarse de que la impresión que nos llevamos con Tamara Drewe no era errónea: en Posy Simmonds tenemos a una figura del noveno arte a la que no hay que perder de vista.
Sergio Benítez (395)

miércoles, 11 de noviembre de 2009

LAIKA

Guión: Nick Abadzis

Dibujo: Nick Abadzis

Editorial: Glénat

Formato: Libro Rústica. 208 Páginas

Precio: 19.95€

Calificación: 7.5/10

Para aquellos que crecimos en la década de los ochenta escuchando Los 40 Principales a todas horas del día, el nombre de Laika tiene una connotación muy particular e irrepetible (al menos en el contexto en el que para nosotros se dió) asociada a otro nombre propio, Mecano. Y que levanten ahora la mano aquellos que se hicieron adolescentes a ritmo de las rimas del grupo formado por Ana Torroja y los hermanos Cano y que no recuerden la letra de Laika. ¿Nadie verdad?. ¿Cómo olvidar aquél "Era rusa y se llamaba Laika....Ella era una perra muy normal....Paso de ser un corriente animal, a ser una estrella mundiaaaaaal"?...olvidarlo, eso es lo que yo querría, pero en fin, sigamos...

Con el anuncio del lanzamiento de esta novela gráfica por parte de Glénat, me comentaba nuestro compañero Mario que en el Comics Bulletin era una de esas obras que calificaban de imprescindibles, y aunque una vez leída yo no llegaría a tanto, si que es cierto que resultan muy evidentes la muchas bondades que encierra este entrañable trabajo del inglés Nick Abadzis.

Para empezar, y dejando a un lado su vocación juvenil (no eran uno sino varios chavales los que la leían hace un varios días en la Fnac de Sevilla con muchísimo interés) lo interesante de Laika es como el autor mezcla realidad y ficción para componer un relato emotivo, que se agarra con fuerza al corazón del lector y que, aún a sabiendas de cómo finalizará - y el que no lo sepa que repase un poquito la historia o en su defecto escuche la canción de Mecano - provoca en él un continuo sentimiento de angustia por el destino final que correrá la perrita. Para ello, Abadzis echa mano de una narrativa que no escatima en recursos para avanzar con decisión, ya sea en su planteamiento, con algún que otro flashback muy bien injertado; ya sea en sus personajes, siendo imposible distinguir cuáles son reales y cuáles inventados por el artista para potenciar la cualidad dramática del relato; ya sea, sobre todo, en su potente componente visual, arma fundamental para poder llegar con la cercanía que lo hace. Es en ésta donde el artista vuelca todos sus esfuerzos, tanto a la hora de estructurar las páginas (no hay dos iguales, y si las hay están muy bien escondidas), profusas en viñetas y recursos estilísticos, como en el uso de ese trazo suelto, ligero y poco definido que ayuda sobremanera a no recargar las formas y a dejar que la historia respire con el espacio que necesita. La conjunción de estos tres aspectos provoca que Laika llegue con tan inusitada intensidad al lector, que no deberá extrañarnos nuestra incapacidad para contener alguna que otra lágrima conforme se acerque el final.

Sergio Benítez (310)

domingo, 28 de diciembre de 2008

JUEZ DREDD MEGACITY BLUES



Guión: Alan Grant y John Wagner

Dibujo: Simon Bisley


Editorial: Norma

Formato: Álbum 48 Páginas

Calificación: 8/10


Hace poco, en el especial dedicado a Will Eisner, una de las reseñas de las que me encargué fue Pequeños Milagros, una recopilación de historias cortas, que si te cogía en un día tontorrón bien podías dejar caer algunas lagrimillas. Ahora le toca el turno a otro tomo compuesto, también, por historietas de escasa longitud, y al igual que las de Eisner, también podemos ponernos a llorar, pero por otros motivos bien distintos.

Cuando se es un zagal cuya indumentaria principal son las camisetas negras de grupos heavilones y el hobby principal es leer tebeos, no puedes ir por ahí diciendo que tus lecturas favoritas son los comics de Disney y los Pumby, no. Lo que te pide el cuerpo son cafradas tipo Lobo o mucho 2000 AD, vamos, el Juez Dredd para más señas.

Recuerdo perfectamente cuando me compré este volumen de Cimoc Extra Color. Que manera de fardar: “Esto es lo que leen los tipos chungos de barrio y no esas apestosidades de los mutantes”. Pasan los años y con un poco más de calma y sentido común casi sigo pensando lo mismo, pero es evidente que muchas cosas ha cambiado.

Las historias de Dredd hay que tomarlas como lo que son, un autentico desenfreno de violencia (ultraviolencia si lo dibuja Bisley), consignas de lo más fascistoide, motoristas zumbados, mujerzuelas de las más cachondas y humor negro y grueso en cantidades industriales. ¿Es entonces un comic de ésos que se califican como trabajo menor? ¡Por favor! Pues claro que no. Después de un buen tiempo sin releerme esta Canción Triste de la Megaciudad puedo decir que ya quisiera yo envejecer tan bien como este tebeo.

Los guiones de Alan Grant y John Wagner siguen teniendo ese halo de gamberrismo, descaro e incorrección política de hace algunos años, y siguen provocando, al menos a mí, carcajadas a troche y moche. Las situaciones planteadas en cada una de las historias no pueden ser más absurdas, y es justamente ahí donde reside el principal acierto y encanto de estos guiones.

Si a ésto añadimos un ilustrador de estilo enfermizo y exagerado, que además sea un auténtico Heavy Metal Warrior como Simon Bisley, pues apaga y vámonos. Menudo recital de sangre, puñetazos, desmembramientos y demás escenitas dignas de la trastienda de una casquería se marca el bueno de Simon.

Lo dicho un poco más arriba haciendo referencia a la juventud de este tierno infante bien se podría aplicar a edades un poco más avanzadas. Quizás haya colgado las camisetas negras de música ratonera pero en cuanto a las lecturas, la cosa se ha movido poco. Así que si quieres ser un auténtico embrutesio de la vida y que no te tachen de nenaza…¡MIRATE EN EL PUÑO DE DREDD!

Marione (46)

sábado, 29 de noviembre de 2008

STRONTIUM DOG



Guión: Alan Grant

Dibujo: Carlos Ezquerra

Editorial: MC Ediciones

Formato: Comic Book. 32 Páginas

Calificación: 9/10

Como ya apuntaba en la reseña de Sebastian O, el conocer a los autores de los comics con los que has crecido, te da una nueva perspectiva a la hora de encarar una relectura de dichas obras. Dicho y hecho. Tras compartir este fin de semana pasado unos minutos con, entre otros, Alan Grant y Carlos Ezquerra, lo mínimo que podía hacer era rendirles un pequeño homenaje recomicdando una de sus obras. Si encima esa obra es una de mis lecturas favoritas y para colmo es hasta buena, ésto se convierte en una balsa de aceite.

La complicidad, bromas privadas y batallitas vividas a lo largo de años de carrera estaban presente durante la sesión de firmas de estos dos monstruos. Eso también se nota nada más leerse uno de los comics hechos por esta pareja. Como por ejemplo el que hoy se reseña, Strontium Dog.

Hace la tira de años me hice con un retapado con los cuatro primeros números de la serie. Las historias que nos vamos a encontrar son de lo más variadas aunque todas tienen una base que se repite hasta la saciedad, como todo buen comic de la revista 2000 AD. Johnny Alpha y su socio Wulf Sternhammer son dos cazarecompensas que viajan a lo largo de la Galaxia en busca de criminales, con el único fin de ganarse la vida y, de paso, patear algunos culos de gente indeseable. El amigo Alpha, expuesto al nacer a lluvia radioactiva de estroncio, posee ciertos poderes que le ayudaran en su tarea recaudatoria.

Básicamente, ésto es Perros De Estroncio. Si a cada aventura se le añade un malo malísimo y un motivo por el que nuestros protagonistas deben dar caza al tipo chungo de turno, tenemos una serie, que sin ser el colmo de la originalidad, promete lecturas de lo más apasionantes y entrañables. Y es que los diálogos que traza Grant son sencillamente geniales, caracterizando a cada uno de los personajes a la perfección, teniendo un trato preferente la crudeza de las palabras de Alpha, un tipo durísimo mezcla de Clint Eastwood y el Juez Dredd, casi na. Si a ésto le añadimos los acertados e impactantes dibujos de Ezquerra nos encontramos con unos tebeos de los más honestos y entretenidos que nos podamos echar a la cara. En las tres historias que se cuentan en este retapado (El Incidente De Moses, La Matanza y Two-Faced Terror) nos vamos a encontrar planetas habitados por muertos vivientes, brujos con el poder de revivir, torneos de lo más sangrientos, circos itinerantes y un larguísimo etcétera de ideas descabelladas y originales.

En el Reino Unido han sacado unos TPB llamados Search/Destroy Agency Case Files, y algo parecido ha publicado en España la editorial Kraken. La edición de Rebellion no la he visto, pero la española sí, y… Bueno, para empezar ambas son en blanco y negro, pero el número de páginas de la española es sensiblemente inferior a la inglesa. Y en cuanto a la calidad de impresión, de nuevo advirtiendo que la edición foránea no ha estado en mis manos, es mala. El negro satura los dibujos y muchas páginas se ven borrosas. Creo que no es el trato que se merece esta colección.

De todas formas intentaré hacerme con la edición de Rebellion ya que la obra bien lo vale. Mientras tanto me deleitaré con mi retapado a todo color de MC Ediciones cuyo primer número está firmado y dedicado por estas dos leyendas vivas que tuve el gusto de conocer y que hoy en día parecen no tener cabida en la industria comiquera, al menos, como me contó Grant, en las editoriales grandes. Ellos se lo pierden.


Marione (36)