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martes, 22 de mayo de 2012

él. Los VIVIENTES MUERTOS

Guión y Dibujo: Óscar Martín

Editorial: Ominiky

Formato: Libro Cartoné. 128 Páginas

Precio: 20€

Calificación: 8/10




Parecía un dibujo salido de una película de Disney...si no hubiera sido porque en un mano llevaba un pistolón enorme, en la otra una espada sanguinolenta y a sus pies yacía muerto un bicho gigantesco. Para los que lo hayan leído, sabrán que estoy hablando de la portada del recopilatorio de Solo que Edicions de Ponent editaba hace un lustro. Para los que no...¡¡¡¿¿¿que cojones estáis haciendo con vuestras vidas que no habéis leído una de las series más cafres y mejor dibujadas que se han editado en nuestro país???!!!...contento me tenéis.

Pero dicho tomo no era el primer contacto que los lectores teníamos con aquella rata gigante que se paseaba desmembrando toda clase de criaturas en un mundo post-apocaliptico a lo Mad Max ya que, como he apuntado en el párrafo anterior, el volumen que hoy se puede encontrar en cualquier librería...¡¡¡ya estáis tardando!!!...recopila lo que anteriormente había sido publicado en nueve números con alma de fanzine con los que en algún momento el que esto suscribe se había cruzado por alguna de las varias tiendas de cómics de Sevilla creyendo que lo que tenía delante era el trabajo inaugural de un autor novel que intentaba abrirse camino. No podía estar más equivocado.

Para los que no lo sepan, Óscar Martín lleva dando tumbos en el mundo del cómic desde que comenzara, en 1986 (sí, el tipo lleva casi tres décadas dándole al callo) a dibujar y guionizar la serie de Tom & Jerry para países como Alemania o Suecia, una labor que, jalonada en sus comienzos por trabajos para la Disney (su trazo no engaña), fue galardonada por Warner Bros en 2002 con el Lifetime Achieve Award, un premio tremendamente prestigioso y raro que suponía el punto álgido de una carrera que, no obstante, iba discurriendo de forma paralela por lugares completamente ajenos. 

Y es que, quizás para desfogar toda la mala leche que en Tom & Jerry siempre queda diluida, quizás para dar salida a una compulsión narrativa que probablemente quede ahogada por los patrones de unos cómics dirigidos principalmente a infantes, Óscar Martín comienza con Solo una andadura que lo llevará, primero, a publicar dos álbumes más de la rata y el mundo apocalíptico (también editados por De Ponent e igualmente imprescindibles) y, después, a tocar en las puertas de Casterman para iniciar en 2006 La Hermandad, una serie de cuatro volúmenes de los que hasta la fecha sólo han aparecido dos y que, si bien a nivel gráfico cuentan con un gran trabajo del artista, en lo que a la historia se refiere queda excesivamente lastrada, siendo este último el más que probable motivo por el que, tras un segundo álbum aparecido en 2008, no haya tenido continuidad.

Algo que importa bien poco si tenemos en cuenta que, a la espera de que aparezca ese ansiado nuevo tomo de Solo (un proyecto colectivo que está cercano a su publicación), Martín decide regalar a sus seguidores con la creación de un chucho irreverente, fumador, mujeriego, malhablado y, en definitiva, encantador que, en un alarde de originalidad tiene por nombre él. Con un primer volumen publicado por Ominiky el pasado 2011, y considerando el abultadísimo panorama del tebeo español en la actualidad, habrá sido más que normal que él haya pasado por vuestro radar sin haberos coscado. Y lo cierto es que muchos podréis pensar que con la vastedad de historias que se cuentan hoy por hoy en nuestras viñetas, el humor desenfrenado y de marcado carácter friki que plasma Martín en sus páginas está demasiado visto como para merecer vuestra atención. Y os estarías equivocando.

Libre de cualquier atadura editorial, de cualquier esquema o patrón y dispuesto a hacer lo que le salga de las gónadas, Martín consigue con el primer volumen de él una lectura fresca en la que se rompe la cuarta pared de forma constante para implicar al lector en un relato de corte noir en el que nuestro "héroe" tendrá que investigar un misterioso misterio (os podría desvelar cuál, pero tendría que mataros). Arropado por un trazo también liberado de cualquier atadura, Martín experimenta en las páginas del cómic con multitud de recursos, haciendo de la lectura de él, quién si no, una auténtica gozada con la que reir a placer; y dejando, obviamente, con ganas de más, mucho más. Unas ganas que ahora vienen a cubrir estos Vivientes Muertos

Agarrándose a la actual moda de los zombis, la opción de contar una historia de muertos vivientes, ha pasado de ser una novedad a convertirse en un abuso por parte de cualquiera que pretenda que le presten atención. Pero lean bien el título de este segundo volumen de él (que Ominiky ha publicado en esta ocasión en tapa dura tras haber ido sacándolo en varias entregas digitales a través de Koomic), no es una historia que avanza por ese manido MacGuffin que comienzan a ser ya los no muertos, si no que Martín reordena las palabras y da con un concepto que le sirve para, dentro de la coña constante en la que se desarrollan las páginas del libro (él no para de criticar a lo que nuestro artista hace al otro lado del tablero), arremeter de frente contra la sociedad en la que nos ha tocado vivir. 

Muy a la manera del fantástico análisis que Aleix Saló hace en Simiocracia, Martín lleva a su personaje a un hipotético futuro en el que las cadenas de televisión sólo emiten concursos y programas basura que lavan el cerebro a los televidentes; un futuro en el que el fútbol ha trascendido la manida frase de ser "el opio del pueblo" para convertirse en una droga dura; un futuro en el que el gobierno y los poderes fácticos hacen lo que pueden para mantener en un estado de constante subyugación a sus gobernados, ofreciéndoles cuanta más basura y miedo mejor para, así, hacer con sus vidas básicamente lo que les plazca; un futuro, en defnitiva, que se parece demasiado a nuestro presente, convirtiendo así Martín la lectura de un cómic de "cachondeo" en toda una crítica nada somera hacia esos vivientes muertos en los que ya se han convertido buena parte de la población de nuestra piel de toro. Tan sólo por eso (y cuando tengan el volumen en las manos verán que hay mucho más que disfrutar en su lectura) vale la pena atender a un cómic de esos que, como diría nuestro amigo Mario, "tiesquetener".

Sergio Benítez (IX) 

miércoles, 18 de abril de 2012

PLAGIO. El SECUESTRO de MELINA

Guión: Hernán Migoya

Dibujo: Joan Marín

Editorial: Norma

Formato: Libro Cartoné. 272 páginas

Precio: 22€

Calificación: 6.5/10

Siendo muy simplistas, pecando de excesivamente ingenuos (o quizás no) e ignorando toda la escala de grises que separa el blanco del negro, podríamos afirmar que este mundo está escindido en dos mitades completamente descompensadas: aquella en la que residen los habitantes del primer mundo, y el resto. Tamaña división genera unos contrastes sociales apreciables cada vez que se viaja a cualquiera de esos países en los que el concepto de crisis global no es algo que los medios de comunicación puedan esgrimir para atemorizar al pueblo porque éste lleva viviendo en continua crisis desde hace más tiempo del que puede recordar. Y esta situación es la que, sin duda alguna, hace aflorar (igual que la guerra) lo mejor -su ingenio para sobrevivir hasta en la más adversa de las condiciones- y lo peor -utilizar ese ingenio para hacer el mal al prójimo- del ser humano.

Sin pretender ofender a nadie (y si así fuera, vayan mis disculpas por anticipado), un rápido vistazo a muchos de los países que conforman Sudamérica devuelve la clara impresión
de que los continuos secuestros express, la proliferación de mafias, cárteles y guerrillas formadas para un supuesto bien elevado no hace más que reforzar el hecho de que los que hemos tenido la suerte (¿deberíamos empezar a entrecomillar tal sustantivo?) de nacer en el seno de un sesgo de la sociedad algo más "civilizado" (y esta sí que no hay que tener dudas al entrecomillarla) solemos tener sobre una situación que, por mucho que queramos, jamás podremos llegar a comprender en su entera complejidad.

Y ahí es donde entra de lleno el tremendo esfuerzo emocional que ha debido suponer para Hernán Migoya el relatar con pelos señales los tres días de secuestro que vivió su mujer Melina (y la familia de ésta) cuando contaba con dieciocho años. Acercándonos de forma intensa a lo que supone ser secuestrado, Migoya relata con todo el distanciamiento que puede los acontecimientos que acaecieron en una país, Perú, cuyas "pequeñas idiosincrasias" harán que el lector español comience a comprender el por qué de ese éxodo (¿podríamos calificarlo de masivo?) que, en los últimos años, ha llevado a tantos sudamericanos a querer abandonar su tierra para buscar prados más verdes en nuestra piel de toro. Entre esas "rarezas", quizás la que más pueda asombrarnos sea que la policía espere una compensación económica por un trabajo bien hecho o, por supuesto, el que los secuestros y amenazas para con aquellos que viven en una situación algo más privilegiada del resto, sean el pan nuestro de cada día.

Trasladados pues a Perú, el equipo creativo detrás de Plagio no escatima esfuerzos para hacernos sentir que realmente nos hemos mudado a la capital perurana, ya sea por mor de un guionista que se esfuerza tanto en situar a la perfección las diferentes acciones que van acaeciendo (contando con la ayuda de un escritor peruano para adaptar el castellano al español de allí), como por la labor de un dibujante que se deja la piel en dar precisa respuesta a los esfuerzos de su compañero de viaje. Un viaje intenso al que, no obstante, este lector debe poner una falla, la que se deriva precisamente de ese distanciamiento emocional con el que Migoya ha dotado a la lectura. Dejando que sea el lector el que juzgue el devenir de los acontecimientos, y no aportando reflexiones acerca de lo que se nos ofrece, Migoya no termina de insuflar de vida propias a una historia que, a mi parecer, la necesitaba a manos llenas sin necesidad de caer en falsos dramatismos, por supuesto. Pero, por supuesto, es una opinión personal y no debería ser excusa para dejar de acercarse a un relato que, sin duda, sirve para denunciar lo que muchas voces nativas nunca se atreverían a hacer por el maldito miedo.

Sergio Benítez (III)

jueves, 12 de abril de 2012

SIMIOCRACIA

Guión: Aleix Saló

Dibujo: Aleix Saló

Editorial: Random House Mondadori

Formato: Libro Rústica. 144 Páginas

Precio: 9,95€

Calificación: 10/10

Todo empezó con un video en YouTube.

Editores de Tebeos (cuando aún se llamaba Glénat) estaba a punto de publicar Españistán, la segunda obra de Aleix Saló, un joven arquitecto metido a ilustrador. Tras Fills del 80: La Generació Bombolla (sólo publicada en catalán) este joven arquitecto metido a ilustrador, desmontaba en seis minutos y medio todo el entramado de la crisis económica actual, utilizando como arma principal la sátira y un humor que hacía derramar lágrimas (y no vamos a entrar a analizar de qué tipo, que no queremos herir sensibilidades). Con tamaño antecedente, Españistán, el libro, prometía ser un pelotazo de padre y señor mío...

Pero la promesa no se cumplió. Al menos, no del todo.

Demostrando ser un friki con dos pares de cojones muy bien puestos, Saló mezclaba en Españistán un ataque frontal contra el status quo actual con multitud de referencias a la cultura popular (el hilo conductor de la historia de un joven que quiere encontrar a los responsables de toda la mierda que nos entierra hoy día, era calcado de El Señor de los Anillos); pero, ay, fallaba en dotar al volumen de la misma idiosincrasia y genialidad que tenían cada uno de esos seis minutos y medio que duraba el video de presentación. Con todo, Españistán se convertía en un éxito de ventas bastante considerable, propiciando incluso una reciente segunda edición en tapa blanda distribuida por todas partes.

Saltemos un año en el tiempo. Y la historia vuelve a repetirse. Volvemos a tener video de presentación (casi una continuación del de Españistán), y éste vuelve a ser una pequeña maravilla, elocuente y dolorosamente cáustica que en sólo un día se ha movido sobremanera por el Facebook. Simiocracia, el nuevo título de Saló, esta vez de la mano de Random House, vuelve a tornarse en promesa de una de esas lecturas que hay que hacer sí o sí.

Y esta vez no defrauda.

En sus 144 páginas (quiten ustedes las pocas de rigor que no forman parte del cuerpor de la historia) el joven autor, que ahora mismo cuenta con veintinueve "tiernos" años se dedica, ahora sí, a plasmar en papel el mismo tipo de análisis que hemos disfrutado en sus videos, alejándose en la medida que puede del contenido de aquellos para centrarse en otros muchos aspectos de la crisis global actual. Dando un repaso histórico que contextualiza la situación actual comparándola (inevitablemente) con el Crack del 29, Saló pasa rápidamente a desgranar la miriada de situaciones estúpidas que definen nuestra "suciedad" hoy por hoy, siendo particularmente elocuente en lo que a la cultura de la basura se refiere e hincando sus dientes sin piedad en la pretensión, por parte de los mass media, de idiotizarnos cuanto más, mejor.

Poniendo en tinta impresa muchas de las reflexiones a las que cualquiera con dos dedos de frente llega al analizar el sinsentido del mundo que nos rodea, Simiocracia es, fuera de toda duda, un libro que debería convertirse en lectura obligada para todo aquel que quiera desprenderse a hostia limpia de la molesta capa de polvo con la que el gobierno (da igual el signo político que tenga, todos son la misma mierda con diferente color), la banca y los medios de comunicación llevan pretendiendo tenernos enterrados desde hace ya demasiado tiempo.

Sergio Benítez (II)

jueves, 29 de julio de 2010

Las AVENTURAS del CAPITÁN TORREZNO

Guión: Santiago Valenzuela

Dibujo: Santiago Valenzuela

Editorial: Edicions de Ponent

Formato: Álbumes Cartoné. 116 a 150 Páginas

Precio: 10 a 14€

Calificación: O.M

Me piden los amigos de Lecturas Recomicdadas una reseña de una obra capital, que me impactara en su día, que dejara mella en un servidor. No me lo pensé mucho a pesar que tenía unas cuantas por ahí rondando. Esta vez si que iba a por ti, Torrezno. Ya te podías esconder donde quisieras y hacerte pasar por cualquiera. Iba a volver a releerte e iba a sacarte de tu adorado ostracismo.


La tenue línea que separa una obra maestra de otra viene fuertemente marcada por el subjetivismo. ¿Cómo si no iba yo a señalar esta Obra de redonda, de maestra?. Motivos podría dar unos cuantos, como unos cuantos serán los que dudarán de mi aseveración. Este es un reparte obra maestras… dirán; la verdad que no suelo dar ese premio más que a cinco o seis clásicos y desde hace unos años entra esta saga. Lo primero que puedo decir a su favor, es que siento una química especial con el autor de este cómic, pese a no conocerlo de nada. Los dos hemos recorrido bares, fiestas de bellas artes, escenarios irreales y momentos peliagudos. Hemos crecido viendo y aprendiendo y hace tiempo nos dimos cuenta que esto, la vida, es una batalla constante llena de olvidos y nostalgias y el humor nuestro mejor ariete.


Otro punto a favor, es que entrar en este mundo requiere de abandonar toda otra cosa que se este haciendo, de ahí la pereza que me entraba para volver a releer al Capitán Torrezno. La morosidad, la urgencia, la violencia que preside esta obra hace que su lectura sea tan absorbente que durante días (sabed, oh grandes amigos que son 6 tomos metidos en su señorial cofre) no podrás salir de este inmenso y a la vez diminuto infierno.


Para terminar de hacernos el hara kiri, hay que mencionar que la obra es española. Ahí esta lo bueno, no tenemos que irnos a otros países. Deneeim esta aquí, a la vuelta de la esquina, en nuestras conciencias. El autor Santiago Valenzuela es un vasco afincado en Madrid. Calidad a arrobas. Os lo dice alguien que lleva leyendo la tira de años.


Pero, os diréis, vosotros apóstoles de la desconfianza, que de ¿qué diablos va esta saga?.


Es una gran pregunta e intentaré dar unas pinceladas cuerdas sobre el demencial contenido y continente. Torrezno es una historia-río que comienza con nuestro héroe es arrancado de su mundo y metido en un mundo de fantasía, de épica guerrera, de violencia y huidas, de temor y de honor. Historia que solamente de vez en cuando es salpicada con elementos reconocibles de la realidad del personaje, un borrachete cachondo de cualquier tugurio de la periferia de Madrid. En el primer número, Horizontes Lejanos, vemos esa lisérgica parábola sobre que a todos nos gustaría jugar a ser Dios, en este caso, en la piel de un gris funcionario reconvertido en demiurgo. En los siguientes números se marca más el aspecto bélico de la historia, sucediéndose homenajes e influencias de lo más dispares y variadas y siempre desternillantes, observando atónitos, nosotros insignificantes mortales, este despliegue de costumbrismo castizo, cultura popular y angustia bélica.


De la saga y del autor (cuidado si vais a empezar a leer otras obras de este autor, algunas son muy difíciles, buscar los tomos de Torrezno, no os será fácil encontrar el 1º a no ser que lo hayan reeditado) hay que mencionar su vigor narrativo, realmente impresionante, y sus tintes kafkianos. Su pasmosa facilidad para crear mundos y universos imaginarios realmente atrapadores como telas de araña. Con un dibujo en blanco y negro y con tonos grisáceos nos demuestra con variados registros gráficos su talento innato para diferenciar los planos de realidad que conviven en el relato, amen de un dominio increíble de los montajes paralelos (llega un momento que tiene articuladas hasta 5 ö 6 tramas paralelas) y sobre todo la inclusión y profusión de textos de cualquier tipo, desde literarios recargados hasta poéticos todo en aras de detallarnos e idealizarnos este mundo, esta historia. Con la salida del último numero Los Años Oscuros cerró la historia dejando muchas cosas en el aire (con el tiempo me di cuenta que esto es así, que es inútil intentar explicar más). Este último número, con mucha parte de libro, defraudó a bastante gente que esperaba que siguiera su surrealista odisea; yo con el tiempo (y con ese pedazo de portada) he llegado a apreciarlo mucho y a ver un extraño final a un extraño cómic. Y ¡ojo! que extraño está dicho en lo más benevolente y fascinante sentido de la palabra. Y con esto acabo, ya que podréis imaginar, queridos y calidos amigos, que son varias las hojas que podría escribir sobre el choteras de Torrezno, esos copones, esas mecaguen las hostias y esas ganas de tomarse su anisete y que le dejen en paz, sea donde sea, son y serán impagables.


Toni (y FIN)

lunes, 26 de julio de 2010

CLARA...de NOCHE. PUTA pero HONRADA

Guión: Carlos Trillo & Juan Pablo Maicas

Dibujo: Jordi Bernet

Editorial: El Jueves

Formato: Álbum Cartoné. 64 Páginas

Precio: 11€

Calificación: 8/10

Comentaba no hace mucho en la recomicdación de El Demonio Rojo, que aunque no soy de aquellos que compran religiosamente El Jueves todas las semanas, en mi tebeoteca si figuran ciertos volúmenes recopilando material de algunas de las "series" que alberga la revista. El hecho de repasar los títulos que tenía por aquí unido al repaso más o menos exhaustivo que llevamos haciendo de un tiempo a esta parte sobre la obra del gran Jordi Bernet, me llevó a sacar un volumen que adquirí hará un año pero que, por un motivo u otro no recomicdé en su momento.

Serie longeva dentro del Jueves donde las haya, Clara...de Noche es un ejemplo más (y ya he perdido la cuenta de cuántos van) de la gran variedad de géneros en los que ha sido capaz de embarcarse el artista español. Dado su carácter humorístico y la rapidez que exige el sacar dos páginas semanales, no encontraremos aquí una narrativa tan elaborada como en las otras obras que hasta ahora hemos visto de Bernet. Ahora bien, eso no implica ni mucho menos que la calidad de lo que el catalán es capaz de cuajar con tan poco margen de tiempo sea baja, antes bien, en lo que a funcionamiento de los gags se refiere, el artista es todo un maestro, temporizándolos perfectamente para causar la carcajada en el último momento. En cuanto al trazo, en las páginas de Clara se diferencian con claridad aquél que corresponde a la protagonista, un dechado de curvas imposibles claramente inspirada en Bettie Page, y aquellos con los que se perfilan al resto, en los que se observa la vetusta influencia de los tiempos del dibujante en Doña Urraca.

En lo que a Trillo y Maicas se refiere, poco hay que reprochar al trabajo de un dúo de guionistas que sabe como hacer reir una y otra vez en las páginas de las desventuras de esta prostituta a la que todo bicho viviente con pene quiere beneficiarse. Las situaciones en las que los escritores envuelven a Clara resultan de lo más hilarante por más que pueda parecer que, después de los casi veinte años que hace que la crearon, el cansancio acerca de los chistes que contar debería haber hecho mella en el personaje. Ese es sin duda el mejor halago que se le puede hacer al trabajo de Trillo, Maicas y Bernet, que sigan consiguiendo, semana a semana, poner una sonrisa en todo aquél que se acerque a las páginas de esta "puta honrada".

Sergio Benítez (394)

martes, 20 de julio de 2010

1936-1939. TORMENTA SOBRE ESPAÑA

Guión: Víctor Mora

Dibujo: VVAA

Editorial: Glénat

Formato: Álbum Cartoné. 88 Páginas

Precio: 20€

Calificación: 8.5/10

Atentos a los datos sobre este gran volumen. A los guiones Víctor Mora, al que creo no hace falta que presente a estas alturas. A los dibujos, nombres tan consagrados como Víctor de la Fuente, Florenci Clavé, José Ortiz, Jesús Blasco, Alfonso Font o Tha, y otros no tan conocidos como los de Annie Goetzinger, Antonio Parras o Attilio Micheluzzi, usuales (al menos los de la primera y el tercero) en las páginas de cierta mítica revista allá por los años ochenta. Y como temática común a los ocho relatos que aquí se recogen, la Guerra Civil como sólo Mora sabía hacerlo.

El hecho de citar a esa "mítica revista", es que fue en CIMOC...¿ah, pero no sabiáis que era de ella de la que estaba hablando?... en donde por primera vez aparecieron todas las historias que Glénat recopilaba hace dos años en este excepcional tomo que hoy recomicdamos. Excepcional por mucho motivos. Primero porque su publicación casi coincidió con el 75 aniversario del comienzo de la guerra que dividió a España en dos (aunque al parecer la editorial quiso retirarse de forma consciente de los actos institucionales que quisieron conmemorar tan horrible suceso). Segundo porque cuando Mora se hace cargo de la escritura de los guiones de Tormenta Sobre España se encuentra en el momento más maduro de su longeva carrera, uno al que había llegado tras dejar atrás sus Capitán Trueno, Jabato o El Corsario de Hierro (y no es que tenga nada que objetar de tan legendarios títulos), pariendo otros mucho más puntales dentro de su producción como Dani Futuro, Sunday o Las Crónicas del Sin Nombre. Y en tercer lugar porque los dibujantes asociados al proyecto forman parte de la historia del noveno arte en nuestro país, como ya hemos afirmado por activa y pasiva en las muchas recomicdaciones que aquí le hemos dedicado a algunos de ellos.

Como es de esperar, Mora no se ocupa en Tormenta Sobre España en elogiar a los héroes de la guerra, sean de un bando u otro, ni de relatar lo épico de alguna de las batallas que trufaron la parricida contienda. Nada más lejos de la intención del escritor. Lo que Mora concreta aquí son historias en las que el dolor, la tragedia, el drama y las miserias que la Guerra Civil trajo a nuestros antecesores. Y lo hace a pie de calle, entre los barracones, en primera línea de batalla, en los comienzos de la contienda o cincuenta años después, sin que nada importe a la efectividad de lo que cuenta el personaje o personajes elegidos para ello, ya sean estos rabiosamente republicanos como fachas hasta la médula, españoles o alemanes, hombres o mujeres. El genio y talento que Mora destila en cada una de las historias sólo está al alcance, y eso es algo que el lector puede inferir tanto de lo que directamente lee en las páginas del volumen como de lo que Mora deja entre líneas para que seamos nosotros los que completemos la experiencia única que es este intenso viaje a nuestro pasado.

En lo que al dibujo respecta, resulta asombroso que, aún con la diversidad de artistas que trufan el álbum, la percepción del mismo que uno se lleva cuando ha completado la lectura es de fuerte unidad entre todos. No cabe duda de que parte de ella se debe a su guionista, pero tampoco se puede vacilar a la hora de ser conscientes de que es responsabilidad última de los grandes nombres que acompañan a Mora el que Tormenta Sobre España tenga la entidad que tiene. Dejando a un lado filias personales que colocarían a José Ortiz y Víctor de la Fuente por delante de sus compañeros, no sería justo valorar más a ellos que a lo que Clavé, Goetzinger o un desconocido pero virtuoso Antonio Parras consiguen transmitir con sus viñetas.

Guardando ese carácter de obligatoria lectura que es denominador común a todos los tebeos que han hecho hincapié en lo miserable de la Guerra Civil española, Tormenta Sobre España sobresale de la media por ser, en su falso carácter fragmentado, una visión única sobre un momento histórico que marcó a nuestra tierra, dejando en ella cicatrices que todavía hoy perduran (y que es muy probable que tarden mucho en olvidarse).

Sergio Benítez (391)

viernes, 16 de julio de 2010

Las MIL CARAS de JACK el DESTRIPADOR



Guión: Antonio Segura

Dibujo: José Ortiz

Editorial: Toutain

Formato: Álbum Rústica. 80 Páginas

Calificación: 9/10

Resulta cuanto menos curioso que, con respecto a ciertos iconos de la cultura popular (y si ya entramos en iconos frikis la cosa se agrava) cada uno tengamos nuestros claros referentes. En el caso de Jack el Destripador, y como ya dieron buena cuenta tanto en la recomicdación como en los comentarios de From Hell, nuestros compañeros Mario y Nacho no albergaban dudas acerca de cuál era el suyo, la serie de televisión Jack the Ripper en la que Michael Caine interpretaba al Inspector Abberline, áquel que se hiciera cargo de los crímenes de Whitechapel. En mi caso, y de nuevo con respecto al asesino de prostitutas londinense, los referentes se duplican con dos cintas en las que la leyenda del Destripador se mezcla con otros personajes coetáneos tanto o más conocidos que él. La primera es Asesinato por Decreto, un filme en el que John Hopkins, guionista británico de segunda, hacía que los mismísimos Sherlock Holmes y Watson (interpretados por Christopher Plummer y James Mason) se implicaran en la investigación del posible autor de los crímenes, apuntando, como haría también Alan Moore en From Hell, a una operación de cobertura de una indiscreción de la realeza británica. La segunda, y de mayor peso específico, era la que cruzaba a H.G.Wells en el camino de Jack. Su título, Los Pasajeros del Tiempo, dirigida por un Nicholas Meyer que hacía que el novelista, encarnado brillantemente por Malcom MacDowell, viajara al futuro (al igual que había hecho George Pal en El Tiempo en sus Manos) esta vez para atrapar al asesino que, en una vuelta de tuerca, no era otro que uno de sus mejores amigos, un elegante, terrorífico y la mar de convincente David Warner.

Muchos años han tenido que pasar para que a estos títulos venga a añadirse ahora uno más que, sin dudarlo ni un momento, gana por goleada a la hora de establecerse como el primero de esta particular lista. Y es que el trabajo de Segura y Ortiz en Las Mil Caras de Jack el Destripador es de esos que sabe como atraparte en la primera página y mantenerte en vilo hasta la última sin necesidad de grandes gestos como usar personajes que nada tuvieron que ver con el asesino, o menos aún de recursos tan efectivos y artificiosos como los viajes temporales. No. Como fue marca de la casa en los trabajos que ambos concretaron en conjunto (ese Hombre que tantas veces hemos citado y que se asomará en un futuro no muy lejano por estas líneas, o los Burton & Cyb y Morgan de los que algún día hablaremos largo y tendido), el título que hoy nos ocupa es de una suciedad tremendamente elegante.

Nada resulta más apropiado para visualizar esa Inglaterra victoriana que el asombroso trazo de Ortiz y los ásperos guiones y diálogos de Segura. Todo lo que podamos llegar a decir aquí del primero es saliva gastada en vano pues ya se ha dicho antes muchas veces y por "plumas" más hábiles que la que firma esta recomicdación: no hay nada en el dibujante valenciano que pueda resultar desdeñable, absolutamente nada. Por empezar con algo, resulta obvio cuando se han pasado un par de páginas de este o cualquier otro trabajo del artista, que la capacidad de Ortiz a la hora de caracterizar a sus personajes no conoce límites. Huyendo de forma consciente del hiperrealismo e inclinándose por un trazo que en ocasiones es caricaturista, la extrema expresividad que alcanza desde el personaje con mayor protagonismo hasta el que sólo aparece fugazmente en una viñeta es, junto a la facilidad con que se pueden diferenciar unos de otros, una de las grandes (que no la única) virtudes del español. Junto a ella, la precisión en el tempo narrativo; la sencillez en la estructura, que huye de efectivismos vacuos como las splash-pages para centrarse en una composición tan clásica como efectiva; el control que la plumilla ejerce sobre la luz, apagándola sin ahogarla en viñetas de las que uno juraría que dimanan la humedad y el olor del Tamésis....lo dicho, Ortiz es un grande y este álbum no es más que otra muestra del talento que desplegó en nuestras tierras antes de ponerlo al servicio de Bonelli y su Tex.

Pero claro está, cuando se tiene detrás un guión como el de Segura, todo parece sencillo. La idea del guionista para con Jack el Destripador es clara. Si mucho ha llegado a especularse con la posibilidad de que el asesino no fuera una sino varias personajes, el escritor le da la vuelta a tales opciones y juguetea con el hecho de que Jack sería ni más ni menos que un maestro del disfraz con personalidad múltiple. Descrito así, y a lo largo de siete sórdidas historias en las que el asesino adopta diferentes apariencias, Segura tiene la oportunidad de concretar sendos relatos negros en los que la miseria del alma humana se expone de forma descarnada, sin que necesariamente provenga de Jack, sino más bien de los deleznables personajes que pueblan el bajomundo londinense. En las pocas páginas de que consta cada una, escritor y dibujante dan lecciones magistrales de cómo condensar la narración para ser tan efectivos como se podría desear. Partiendo de la base de que este es un trabajo de ficción que poco o nada juega a ser un posible reflejo de la realidad, resulta brillante la historia con la que se cierra el magnífico álbum: con un título tan revelador como La Primera Vez, Segura se atreve a arrojar luz sobre el origen del asesino,;uno que, por más veces que haya sido usado en el cine, no deja de producir escalofríos cuando es plasmado con la maestría con la que el escritor lo hace.

Poco más puedo contarles hoy. Tan sólo que hagan por encontrar este soberbio álbum editado por Toutain allá por 1986. Si después de su lectura no se han convencido de que pocos dibujantes ha dado nuestro pais como José Ortiz es que, sin ánimo de ofender, se merecen que un tal Jack les abra un bonito hojal en "todo lo que viene siendo" de ombligo para abajo.

Sergio Benítez (390)

miércoles, 14 de julio de 2010

SARVAN



Guión: Antonio Segura

Dibujo: Jordi Bernet

Editorial: Planeta DeAgostini

Formato: Álbum Rústica. 136 Paginas

Calificación: 9/10

A estas altura tiene que haberos quedado claro que, poco a poco, y sin ninguna prisa, me he propuesto recomicdar la obra completa de ciertos artistas españoles de esos a los que todo el mundo coincide en llamar GRANDES. Carlos Giménez, Fernando Fernández, José Ortiz, Miguelanxo Prado, Víctor de la Fuente, Luis García, Antonio Hernández Palacios y Jordi Bernet. Esos son los autores a los que he ido (y sigo) completando con no pocos esfuerzos (hay títulos de algunos de ellos que o son inencontrables o están a precios prohibitivos) para mi bolsillo. Y aunque a veces tales esfuerzos se vean poco compensados por el resultado de la lectura, otras como este Sarvan, cubren de forma holgada todo dinero que se haya invertido en su búsqueda.

Con sólo leer los nombres que están implicados en él, uno ya puede hacerse una idea de que no está ante un tebeo cualquiera: Antonio Segura (uno de los mejores guionistas que tuvo el noveno arte en nuestro país durante los ochenta) y Jordi Bernet, del que poco o nada habría que decir a estas alturas que no se haya dicho ya por activa y por pasiva. La combinación del talento de ambos ya nos había dejado por aquí esa magnífica obra llamada Kraken, título puntal (¿acaso hay alguno que no lo sea?) dentro de la tebeografía de Bernet que, contra todo pronóstico, se ve superado por este Sarvan, un tebeo sobresaliente se mire por dónde se mire.

Aparecido en las páginas de CIMOC, y con dos volúmenes de Norma recopilando en blanco y negro y color las aventuras de esta despampanante fémina, sería Planeta la que, muchos años después (tantos como los doce que transcurrieron entre 1986 y 1998) y ante la complicada perspectiva de poder hacerse con el primero de los tomos editados por Norma, terminaría por agrupar por completo y, de nuevo en b/n, las historias que Segura y Bernet habían creado tiempo atrás.

En Sarvan, el tándem de autores construye un mundo fantástico cuya ambientación queda definida a medio camino entre el universo post-apocalíptico que el guionista ya había explorado a conciencia en Hombre y otro, completamente opuesto a él, que se situaría en la línea de fantasía heróica definida por el Conan de Howard. A tan explosiva combinación habrá que sumarle deidades en conflicto, referencias religiosas nada veladas (ese final) y visitas de razas extraterrestres. Tal mezcolanza de referencias y géneros habría devenido en un batiburrillo inconexo con cualquier otro escritor, pero Segura sabe darle un hálito de coherencia a un conjunto que, si en la superficie podría no pasar de ser un tebeo más de escapismo, en el fondo guarda ciertas reflexiones que van asentándose con calma conforme avanza la lectura. Arropada por un erotismo nada soterrado (algo propio de la época que provoca que a la protagonista se le vea la delantera a la mínima de cambio, y aparezcan objetos fálicos cada vez que nos descuidemos), Sarvan es una lectura vivaraz que derrocha imaginación por los cuatro costados, inventándose Segura todo un microuniverso al que, lamentablemente, nunca ha vuelto a viajar.

Y dando respuesta pertinente a todo ello está el gran Bernet. Que el dibujante catalán es capaz de cuajar unas mozas de infarto es algo que nadie pone en duda y su diseño de Sarvan no hace más que ponerlo de relieve. Pero, como también ha demostrado hasta la saciedad, sus capacidades como artista gráfico no se limitan a esculpir beldades femeninas sino que su asombroso talento queda plasmado también en esos imposibles adonis masculinos y, en términos generales, en cada página del volumen, mediante una imaginación que en ningún momento le va a la zaga a la del guionista. De factura impecable, asombroso control de los claroscuros y una narrativa alucinante, cualidades todas que ya hemos desgranado aquí una y otra vez, el trabajo de Bernet en Sarvan es, en definitiva, otra pieza más en el enorme y fabuloso puzzle que componen todas y cada una de las obras del genial autor español.

Sergio Benítez (388)

viernes, 9 de julio de 2010

COLECCIÓN FIRMADO POR: ISAAC ASIMOV



Guión: Isaac Asimov


Dibujo: Fernando Fernández

Editorial: Bruguera


Formato: Álbum Rústica. 68 Páginas

Calificación: 8/10


Terminamos aquí nuestro repaso a esta colección Firmado Por... con el volumen que motivó incialmente la compra de los otros dos que ya hemos recomicdado previamente (el de Yo, Robot y el Corre, Hombre). Y la verdad es que la espera en la lectura ha valido la pena, puesto que de los tres he dejado sin duda el mejor para el final, ya sea por la calidad de los relatos de Asimov que se han seleccionado, ya sea por la soberbia labor de Fernández a la hora de adaptarlos y plasmarlos como sólo el sabía hacerlo.

Este volumen supone, en el segundo de los sentidos, todo un lujazo para la vista ya que, desarropado de ese color que tan bien manejaba, podemos asistir en las poco menos de setenta páginas que conforman la lectura a una clase magistral en el uso del lápiz, la plumilla y la aguada de parte del dibujante: su trazo, capaz de amalgamar virtudes tan contradictorias como el barroquismo y la limpieza, se despliega a lo largo de las ocho historias de manera asombrosa, cubriendo con viñetas y una facilidad pasmosa todo aquello que la fértil prosa de Asimov había dejado plasmado en párrafos de texto. Por las páginas del tebeo, Fernández va dejando volar la mano y la imaginación para dejarnos atónitos con mundos futuristas que entroncan a la perfección con ese carácter orgánico y maleable que ya le habíamos conocido en Zora y que aquí adquiere mayor fuerza al contraponerse a la frialdad de la robótica y el vacío insondable del espacio exterior.

Y si decía al comienzo que con respecto a la lectura de los tres tomos que componían la serie Firmado Por... había dejado lo mejor para el final, esta misma afirmación, aplicada al cómic en sí, adquiere el mismo sentido, ya que de todos los relatos, el titulado 2.430 D.C es, con tan sólo cinco páginas, el que se revela como el mejor de todos (sin querer desmerecer a los demás, que el anterior a éste, Multivac, es tremendo): engatusándonos como ha hecho durante toda la lectura con esa página que es a la vez póster y soberbia arquitectura de viñetas que juguetea con el texto, Fernández pone de relieve el carácter de parábola de esa historia en la que un hombre se ve obligado a deshacerse del último atisbo de vida animal en el planeta en aras de la consecución de la perfección a la que la sociedad lleva siglos aspirando. Esa última viñeta, con un hombre apagado sosteniendo una paloma blanca, alberga tanta poesía que resulta harto difícil no dejarse embargar por la melancolía que de ella dimana. Un final soberbio para un tomo que no le va a la zaga.

Sergio Benítez (387)

El DEMONIO ROJO. GANAS de FOLLAR

Guión: Mauro Entrialgo

Dibujo: Mauro Entrialgo

Editorial: La Cúpula

Formato: Libro Rústica. 140 Páginas

Precio: 12€

Calificación: 8/10

Según me decía alguien hace algún tiempo, se dice por ahí (no se puede ser menos preciso que un servidor) que los lectores de cómics de nuestro país se dividen en dos grupos: aquellos que compran El Jueves, y aquellos que no lo hacen. Exageración cachonda donde las haya y muy lógica si nos estamos refiriendo a la hilarante revista, a la hora de adherirse a uno de los dos, me tendría que inclinar por el segundo, ya que nunca me ha dado por seguir semanalmente la revista. Ahora bien, eso no significa que en mi tebeoteca no haya sitio para muchos de los personajes que en algún momento han pasado por las páginas del semanal, llaménse estos Makinavaja, Historias de la Puta Mili, Historias Fermosas, El Todopoderoso o, cómo no, Clara de Noche. Pero había uno al que hasta ahora no había prestado atención, este Demonio Rojo.

Y no lo había hecho por un motivo principal, y este no era otro que el total desconocimiento de su existencia hasta que no hace mucho (por noviembre del año pasado) La Cúpula lanzara un recopilatorio sobretitulado Siga Usted Todo Tieso, agrupando las últimas páginas a color de las aventuras sexuales de este ex-luchador de wrestling. La lectura de éste, y las muchísimas carcajadas que llegó a provocarme fueron razón suficiente como para querer tener algo más de Entrialgo y su personaje en mi colección. Y así es como llegó este Ganas de Follar, publicado en 2007 y que, en bitono (rojo y negro o turquesa y negro) recoge páginas que van desde la aparición del personaje en El Víbora allá por 1994 hasta principios de la década que ha tocado a su fin.

¿Y qué podemos encontrar en este estupendo volumen?. Pues, al margen de muchas risas, muchas carcajadas (y esos dolores intensos de cabeza que provoca el no poder parar de reir) El Demonio Rojo es un perfecto manual tanto de los muchos arquetipos que rodean a ambos sexos cuando se trata del fornicio, como de verdades como puños relacionadas con el folleteo y todos sus derivados. Sin pelos en la lengua ni un atisbo de nada que se parezca a un tapujo, Entrialgo habla al lector como sólo lo haría ese amigacho que te conoce desde hace años o la pareja que te lleva soportando desde hace algunos más. Esa cercanía provoca una empatía inmediata con todos y cada uno de los personajes que pueblan el particular universo del Demonio, llámese Rafa, el protagonista (cuya única ocupación es follar, y con cuántas más mujeres distintas, mejor), o Higueras, Jorge o Átomo, algunos de sus más que lamentables amigos.

Pero lo mejor de El Demonio Rojo no es conseguir que nos riamos con una facilidad pasmosa. No. Lo mejor es que en su reducido reparto Entrialgo condense con maestría a casi todo lo que cada uno de los sexos puede reservar con respecto a sus apetitos y formas de relacionarse. Es por ello que no debería extrañarnos vernos reflejados en alguno de los personajes o alguna de las muchas anécdotas que estos cuentan. Y es que, a fin de cuentas, este Demonio Rojo es real como la vida misma.

Sergio Benítez (386)

miércoles, 7 de julio de 2010

BARCELONA

Guión: Kenny Ruiz

Dibujo:Kenny Ruiz


Editorial: Dolmen

Formato: Libro Rústica. 48 Páginas


Precio: 7€


Calificación: 7/10


De un tiempo a esta parte, sobre todo desde mi brusco viraje desde el pijamismo más rabioso al europeismo más recalcitrante, el slice of life ha pasado de ser un concepto más o menos ajeno al que me había acercado de forma puntual con el Strangers in Paradise de Terry Moore, a copar muchas horas de lectura tebeística. No es este el lugar para enumerar uno por uno la ingente cantidad de títulos que han pasado por mis manos, pero sí para comentar que, tras la espléndida sorpresa que supuso el integral de El Cazador de Rayos, este Barcelona pasó pronto a formar parte de esa infame lista negra de cómics por comprar que mes a mes deja mis arcas vacías en aras de conseguir menguarla lo más posible. Como quiera que este pequeño tebeo de Ruiz no entraba en mis prioridades comparado con completar a Carlos Giménez, José Ortiz o Richard Corben; llevaba ya tiempo dejándolo de lado cuando, no se sabe muy bien cómo (cómo se acordó de que lo tenía apuntado en mi lista, quiero decir), Mario me lo regaló por mi cumpleaños.

Barcelona es, en palabras de su autor, "un cómic destinado principalmente al público femenino" con el que el artista quiso descansar entre los dos álbumes que componían El Cazador de Rayos que, de nuevo según Ruiz " era un proyecto me absorvía mucho". Y la verdad es que las dos afirmaciones sirven para situar perfectamente las cualidades mas relevantes del título que hoy nos ocupa, ya que Barcelona es un tebeo mucho más luminoso y vital y claramente orientado a las chicas, aunque ello no signifique ni mucho menos que alguien con cromosomas XY pueda disfrutarlo como Dios manda.

La historia que Ruiz nos cuenta en Barcelona parte de una premisa que, por más que se haya utilizado hasta la saciedad en el cine y la literatura, sigue funcionando sin problemas: la de una chica que, en busca de sí misma, abandona su ciudad natal para irse a una más grande a probar fortuna. Ese es el caso de Cyan (sí, como el color), que deja atrás Granada para mudarse a la capital catalana con ganas de comerse el mundo. Como siempre suele pasar, será el mundo la que se lo coma a ella, no encontrando la protagonista trabajo como fotógrafa, ni ese amor que tan esquivo se le muestra. Aún asi, como toda buena "heroína" que se precie, Cyan hará todo lo que esté en su mano para salir adelante, conociendo en el interín a una serie de personajes que van conformando, junto a la ciudad, el silente marco de fondo de la historia. El dibujo del artista, algo menos trabajado que el de El Cazador de Tormentas, pero igual de efectivo que éste, se suaviza para amoldarse al tono del relato, sin que ello suponga un descenso en la calidad narrativa, dando la conjunción de ambas facetas del autor un tebeo muy entretenido y de agradable lectura.

Sergio Benítez (385)

Las CRÓNICAS del SIN NOMBRE

Guión: Víctor Mora

Dibujo: Luis García

Editorial: Glénat

Formato: Álbum Cartoné. 112 Páginas

Precio: 14.96€

Calificación: 9/10

Si escribir una crítica siempre es un ejercicio complicado; hacerlo, y hacerlo de manera que se honre en condiciones al trabajo del que se habla, lo es aún más. Tanto es así, que si sobre un título al uso, las ideas que al final terminan concretándose sobre este espacio en blanco que nos proporciona la ventana de Blogger son más o menos adecuadas; cuando la recomicdación que uno arranca es de tal calibre como estas Crónicas del Sin Nombre, dichas ideas se muestran esquivas, como si una mano invisible quisiera impedir que lo que se plasmara en estas líneas no hiciera justicia a aquello de lo que se habla. Y es que este título de Víctor Mora y Luis García no es uno cualquiera, sino probablemente el pináculo de la carrera de su escritor, algo que es mucho decir si tenemos en cuenta de quién estamos hablando.

Tan severa afirmación necesita de aserciones que la refrenden. Y es aquí donde esa torpeza que muchas veces arrastra el lenguaje a la hora de expresar las sensaciones hace su inefable aparición. Les pido disculpas pues de antemano si lo que a partir de ahora vayan a leer no consigue alcanzar a transmitir la grandeza de esta insigne obra.

Lo primero que exige esta recomicdación es una contextualización temporal: corre el año 1973 cuando Víctor Mora y Luis García comienzan a trabajar en la realización de la primera historia de las siete que, a lo largo de seis años, terminarán por concretar Las Crónicas del Sin Nombre. Son tiempos convulsos para nuestro país ya que, tras treinta y cuatro años de dictadura, comienza a vislumbrarse un final cercano para el franquismo (que aún tardaría dos años en expirar). En esta tesitura y con ese oxímoron entre aperturismo y conservadurismo que planteó el régimen en sus últimos tiempos, Víctor Mora acomete la escritura de los guiones de estos relatos como un silente agitador de conciencias. Para ello, y mezclando de forma sublime ficción y realidad, y muy a la manera de como Oesterheld ya había hecho años atrás en su magistral Mort Cinder, se inventa a un personaje que ni tiene nombre ni rostro definido, un grito claro del guionista a la masa que, callada (voluntariamente o a la fuerza), había aguantado de forma estoica la pobredumbre de la posguerra y el drama de una España dividida en dos. Con tal bofetada a las constreñidas mentalidades que habían provocado el exilio de muchos españoles, Mora traza, con suma inteligencia, una suerte de recorrido metafórico que va haciendo hincapié en conceptos como la injusticia, la ética o, sobre todo, la libertad.

Sutil por un lado, y contundente por el otro, el trabajo del guionista catalán oculta muy bien sus cartas para aquellos que no sepan como leerlas. Es por ello que resulta grandioso descubrir hoy, más de treinta años después, la carga conceptual que se ocultaba tras todas y cada una de las historias, escondida en géneros tan dispares como la aventura medieval, el drama cotidiano, la ciencia-ficción o el western. En cada uno, Mora introduce ese pequeño apunte, esa nota discordante que sólo aquél con vista y ingenio agudizado podía encontrar. Pero ahí está no obstante, esperando pacientemente a ser encontrado. Optaré aquí por no desgranar una por una las historias que componen este maravilloso fresco que es Las Crónicas del Sin Nombre, y les dejaré el reconfortante trabajo de que descubran, sin ningún tipo de influencias externas, lo que Mora legó a la historia del tebeo español hace más de tres décadas.

Lo que no puedo dejar de comentar es lo mayestático del dibujo de un Luis García para el que faltan epítetos: detrás de cada idea, de cada argucia enterrada en diálogos aparentemente inocuos, detrás de todas y cada una de las pautas que Mora iba marcando, encontramos a un dibujante pletórico en imaginación y soberbio en su concreción gráfica. Mucho se le ha criticado a García (o mucho se le criticó) el hecho de que la gran mayoría de su trabajo se basara en la referencia fotográfica. A todas esas voces, hoy acalladas gracias a que el paso del tiempo siempre pone las cosas dónde deben estar, yo les diría que ya quisieran muchos tener el talento del puertollanense para, con fotos o sin ellas, ser capaces de plasmar ideas con la fuerza con la que él lo hacía. Y aquí, de nuevo, habría tantos ejemplos como páginas y viñetas tiene el volumen: de lápiz prodigioso, capaz de un hiperrealismo que deja boquiabierto al lector, el dibujante no se esconde en sus referencias, antes bien, las moldea a su antojo en una estructura que se aleja de la estaticidad propia de la técnica de referencia fotográfica para acercarse al dinamismo de los grandes narradores. Aprehender una página de García podrá ser un proceso extenuante para un lector que no esté acostumbrado a más profusión que la que dan los colores infográficos, pero aquellos que se dejen seducir por la desnudez de su lápiz y su plumilla, encontrarán en él a uno de los mejores dibujantes que ha dado nuestro país.

No quisiera finalizar sin antes advertirles de algo vital: Las Crónicas del Sin Nombre no es un tebeo de lectura fácil. Exige de nosotros una atención que no suele ser común en páginas aviñetadas. Puede llegar al punto de ser algo obscura y huidiza a la hora de regalar el tesoro que lleva escondida. Pero les garantizo que, poniendo algo de empeño y mucho mimo, encontrarán en ella una lectura de esas que nunca se olvidan.

Sergio Benítez (382)

miércoles, 30 de junio de 2010

BANDOLERO

Guión:Carlos Giménez

Dibujo: Carlos Giménez

Editorial: Glénat


Formato:Álbum Cartoné. 64 Páginas


Precio: 11.95€


Calificación: 8.5/10


Resulta algo triste observar cómo muchos de los personajes que fueron iconos de nuestra infancia son desconocidos totales para las nuevas generaciones, y algo más darse cuenta de que con el tiempo, estos caeran en el olvido. De los muchos que podríamos citar está claro que Curro Giménez marcó una época en televisión española, dando una visión bastante aproximada (todo lo aproximada que una serie de ficción suele ser) de la vida de un grupo de bandoleros en la Andalucía decimononesca. A lo largo de sus tres temporadas, la serie hizo famosos a sus tres actores principales: Sancho Gracia como el protagonista, Álvaro de Luna como el Algarrobo y José Sancho como el Estudiante, papeles por los que todavía hoy, más de treinta años después, siguen siendo reconocidos.

Aunque su primera emisión me pilló bastante pequeño, el recuerdo temprano de la misma, unida a un visionado en las muchas veces que TVE la repuso a comienzos de los ochenta hizo que las aventuras de los bandoleros formaran parte de mi infancia tanto como las de Mazinger, Heidi, Marco u Orzowei. Así que pueden imaginarse la sorpresa cuando descubrí que uno de los muchos títulos que componían la extensa tebeografía de Carlos Giménez llevaba por título Bandolero y por subtítulo: Historia Verdadera y Real de la Vida y Hechos Notables de Juan Caballero, Escrita a la Memoria por él Mismo y Adaptada a la Historieta por Carlos Giménez, dando a entender tan extensa frase que, separándose de lo que suele ser habitual en su obra, el autor madrileño había basado su guión, no en experiencias personales o en la ficción escrita por alguno de los guionistas con los que ha trabajado, sino en la historia real de un personaje que vivió durante el s.XIX en tierras de Despeñaperros hacia el sur.

Poco importa, a la luz de la magnífica lectura, que Giménez extraiga su inspiración de la singular biografía de Juan Caballero cuando los resultados son de tan alta calidad como los que podemos encontrar aquí: tomando tan sólo varios episodios de la vida del bandolero, el artista español construye un relato apasionante que entronca de pleno en la mejor tradición del western que tan bien supo cultivar con Gringo adaptando los parámetros del género americano a un sabor mucho más castizo y nuestro sin que ello vaya en ningún momento en detrimento de lo que el autor de Paracuellos es capaz de cuajar. Por las páginas de Bandolero, y con su habitual genio, Giménez describe con presteza la singular y paradójica figura de Caballero, un asaltador de caminos con un peculiar sentido del honor, por una parte; y los escenarios por los que este se movió, por la otra, situándonos a la perfección (tanto como la serie de televisión o mejor) en la época en que el personaje llevó a cabo sus correrías mediante unas magníficas localizaciones y mejores escenarios. El resultado, aun a sabiendas de que es un trabajo de menor calado que Paracuellos, Los Profesionales, Hom, Koolau o 36-39: Malos Tiempos, sigue demostrando, más allá de toda duda, que cualquier tebeo de Giménez, por muy pequeño que sea, es más grande que los mayores de otros autores.

Sergio Benítez (381)

viernes, 4 de junio de 2010

PERRO

Guión: Joaquín Resano

Dibujo: Pedro Osés

Editorial: Ariadna

Formato: Álbum Rústica. 64 Páginas

Precio: 12€

Calificación: 6/10

Cuando un cómic indica en su portada que cuenta con un prólogo de un Eurodiputado por Los Verdes; se llama Perro, y la ilustración de cubierta es la de un mono con la cabeza conectada a unos electrodos, llevarse a engaño acerca del contenido es bien complicado. Una tarea que se antoja imposible cuando en la contraportada nos habla de "una historia con la experimentación cosmética con animales como telón de fondo". Así las cosas, y esperando encontrarme con un relato socialmente comprometido con la fortuna de los miles de animales que mueren en laboratorios a lo ancho de este mundo cada día, la sorpresa fue mayúscula cuando, conforme avanzaba la lectura, me di de bruces con un tebeo que poco tenía que ver con tan dramático hilo conductor.

En su lugar, lo que Perro nos ofrece es una historia bienintencionada acerca de un cirujano plástico de renombre que, un buen día, y por arte de magia, se ve transformado en can, teniendo que escapar de las fauces de los crueles humanos que quieren apresarlo para vivir como un trotamundos en compañía de pastor del Pirineo. Narrada en flashback por el protagonista a su socio una vez ha recobrado su forma humana, la lectura de Perro es un tanto paradójica: si bien desde un comienzo queda expuesto de forma más o menos clara (aquí hay mucho que leer entre líneas) que el protagonista es un hombre con pocos sentimientos y mucha pasión por su trabajo, lo que le ha llevado a tener desatendida a su esposa, y por más que sus correrías como animal hagan florecer al ser humano bondadoso y atento que "todos llevamos dentro"; se antojan de todo punto increíbles (en la acepción negativa del término) las reacciones de los actores secundarios del relato, que ni se comportan como estereotipos, ni lo hacen como lo hubieran hecho personas de carne y hueso, quedando su (in)definición en una incómoda tierra de nadie.

Con el fuerte handicap que supone para el tebeo la flaqueza de un guión que intenta mezclar demasiadas referencias (la inclusión del "indio" y la pipa alucinógena es, como poco, chocante) poco puede hacer el correcto trabajo que Pedro Osés desarrolla al frente de los dibujos. Por más que su narrativa sepa ajustar de forma brillante el ritmo que va imponiendo el guión, y por mucho que él sea el "culpable" último de la gran mayoría de la calificación, es imposible ignorar las fallas de una historia cuyo happy ending resulta aún más fantasioso que el propio desarrollo de la acción.

Sergio Benítez (377)

jueves, 27 de mayo de 2010

PROBABILIDADES

Guión: Olga Carmona Peral, Marcos Prados


Dibujo: Olga Camona Peral


Editorial: Recerca


Formato: Tomo 56 páginas.


Precio: 5,70 €


Nota: 7/10


Cuantas probabilidades hay de acertar, de errar? ¿Cuántas probabilidades hay de encontrar lo que uno quiere o lo que uno necesita? ¿Cuántas probabilidades hay de tener una vida normal con unos amigos normales, más o menos feliz?


¿Y cuantas probabilidades hay de lo contrario?


Probabilidades es la obra de dos autores españoles, la dibujante Olga Carmona (más información en olgacarmonaperal.blogspot.com) y acompañándole a los guiones Marcos Prados, centrada en la vida de Ana el día que decide emanciparse, hacer el doctorado y comenzar una nueva vida. Acaba teniendo suerte, encontrando su piso ideal y céntrico para compartir con otra chica, divertida, agradable y amistosa. Esta le presenta a su novio y otro amigo, el cual parece interesado en ella. Parece que todo marcha sobre ruedas, que todo es perfecto.


Pero por supuesto, si todo fuera bonito y maravilloso en esta historia este comic no habría nacido. Ana no termina de hacer buenas migas con Ezequiel, el novio de su compañera, ya que esta intuye que esconde algo, que hay algo más debajo de esa fachada de buen chico, buen novio y buen amigo. Algo que provoca en Ana un terror que le cala hasta los huesos, la paraliza, que le provoca terribles pesadillas y visiones de cosas que le llevaran a creer que ha perdido la cabeza.


Pero ¿Qué probabilidad hay de que esa sensación sea cierta? ¿Qué probabilidad hay de que no lo sea?


Olga Carmona nos introduce en la piel de Ana con un dibujo en blanco y negro muy detallado en las expresiones de los protagonistas, dotándoles de gran facilidad para transmitir sentimientos y sensaciones. Una interesante historia con una más que interesante reflexión final, aunque a mi parecer la historia habría dado para más, haber sido un poco más larga, ya que se lee de un tirón, aunque como ya he dicho, la reflexión final invita a la relectura de esta obra.



Sebastián (29)