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lunes, 22 de marzo de 2010

BONE: PHONEY CONTRAATACA

Guión: Jeff Smith

Dibujo: Jeff Smith

Editorial: Astiberri

Formato: Libro Cartoné. 496 Páginas

Precio: 45€

Calificación: 9/10

En el segundo megatocho que saca Astberri, Phoney Contraataca, nos encontramos con la segunda trilogía de la serie, El Matadragones, RockJaw Señor de la Frontera Oriental y La Cueva del Anciano. Pero el título elegido para el volumen no está desacertado en absoluto, pues básicamente se trata de Phoney Bone enredando la vida de sus primos a más no poder, al pretender hacer creer a todo el mundo que es un matadragones para que lo conviertan en jefe, mientras que Thorn y la Abuela Ben se encuentran con Kingdok. El malvado Señor de las Langostas comienza a mover ficha. Por otro lado Smiley y Fone Bone pretenden llevar al pequeño bebe mostrorrata cerca de los suyos y se encuentran con... ¡¡Un momento!! Que os destripo todo el tomo.

El problemón de ser el del medio (disculpad la brevedad de la recomicdación) es que no tengo que deciros nada sobre la serie, pues la presentación ya la hizo Jose en la primera trilogía, y tampoco puedo valorarla en conjunto porque falta la tercera... Así que ¿qué hago?. Pues recomendar (de la forma más efuisva posible) la lectura de toda la obra completa a aquellos que no lo hayan hecho aún y citaros en éste mismo sitio dentro de un tiempecillo para leer la recomicdacion del apasionante final.

Saludos!

Nacho (43)

martes, 12 de enero de 2010

BONE: El VALLE

Guión: Jeff Smith

Dibujo: Jeff Smith

Editorial: Astiberri

Formato: Libro Cartoné. 528 Páginas

Precio: 45€

Calificación: 9/10

Cuando en una de las famosas reuniones del equipo de este blog (ya sabéis, en la cubierta de un crucero, disfrutando de caviar y champán), comentábamos como hacernos cargo de la recomicdacion de Bone, varias ideas se plantearon. La primera, hacer una reseña por cada uno de los nueve volúmenes que componen la serie, pero se deshecho porque podía resultar pesado. La segunda, hacer una reseña del One Volume Edition americano, que recopila en mas de 1.300 páginas la serie completa, pero que podía dejar sin cubrir muchos de los aspectos que esta fantástica serie nos contaba durante su larga andadura.


La solución, aprovechar las trilogías en que se divide (editadas con primor por Astiberri en tres lujosos volúmenes) para hacer una recomicdación sobre cada una, y para colmo de originalidad, repartirnos entre todos las tareas de recomicdador, y de esta forma, aportar tres visiones distintas sobre la serie. Por tanto, me haré cago de la primera trilogía, dejando paso a mis estimados compañeros recomicdadores para que continúen con la segunda y la tercera.


Pero vamos al lío, que se me va la crítica sin decir nada. Bone, originalmente publicada por Cartoon Books, una pequeña editorial, propiedad del autor, y luego por Image, quien reeditaría y terminaría la serie; apareció por vez primera en formato comic book, para luego ser recopilada hasta la saciedad, en diversos formatos e incluso recientemente, ha conocido una (magnífica) edición en color. Para aquellos que como yo, decidieron seguir la serie mes a mes, decir que la cosa no resulto un camino de rosas sería quedarse corto, ya que la colección se publicó de forma muy irregular, durante más de diez años.


Ganadora de toneladas de premios, Bone nos cuenta la historia de los tres primos Bone (Fone Bone, el protagonista de la serie, el adorable e inocentón Smiley Bone, y el despreciable Phoney Bone), y de cómo tras ser forzados a abandonar su pueblo natal (Boneville) debido a una de las meteduras de pata de Phoney, conocen multitud de personajes, aventuras, e incluso, su destino verdadero. Pero no nos adelantemos tanto. En sus primeras aventuras, los primos Bone llegaran a Barrelhaven, un pequeño pueblo, donde conocerán, entre otros muchos entrañables personajes secundarios, a Thorn, una bella joven que se convertirá en el eterno amor platónico de Fone Bone, y a su abuela, quien tras su bonachona apariencia esconde todo un verdadero genio, y algún que otro secreto, procedente de su pasado, que se contaría en la serie limitada Rose (que ya se recomicdó por aquí en los inicios del blog), fuera de la colección.


Sin desvelar la historia, decir que en esta primera trilogía el tono de la serie es mucho mas sencillo y amable, contando pequeños relatos, como la famosa carrera de vacas, que se verán interrumpidos por apariciones de las mostroratas, villanos de la función, y sobre todo, aunque de momento en segundo plano, y a través de sueños, el autor nos va contando pequeños fragmentos del pasado de Thorn, que se convertirán en trascendentales en el devenir de la serie.


Jeff Smith, el creador de la serie, hace un excelente trabajo de guión, donde mezcla con originalidad la aventura con el humor, y donde consigue que nos encariñemos con los tres primos de grandes narices, y al mismo tiempo, contarnos la historia de amor y amistad de Fone Bone y Thorn. En el apartado grafico, del que también se hace cargo, destaca el excelente diseño de personajes, los escenarios y en general, el universo que crea para la obra, donde dragones rojos, abejas gigantes, pulgas y seres fantásticos se mezclan con absoluta normalidad con humanos y animales convencionales.


Para terminar, y dejando paso a mis inestimables colegas de blog, recomendar encarecidamente esta lectura, y convenceros de que la disfrutes cómodamente sentados en vuestro sofá favorito, en una lluviosa tarde de otoño.


Jose (30)

jueves, 3 de diciembre de 2009

MARÍA y YO

Guión: María Gallardo & Miguel Gallardo

Dibujo: Miguel Gallardo

Editorial: Astiberri

Formato: Libro Cartoné. 64 Páginas

Precio: 12€

Calificación: 7.5/10

Tantas comparaciones con Arrugas y el hecho de que Gallardo y Roca hubieran compartido tareas bajo un mismo título (el divertido Emotional World Tour) me habían llevado a hacerme una idea equivocada acerca de lo que podía esperar sobre María y Yo. Dicha idea partía de pensar que, de un modo similar a la magistral obra de su compañero de profesión, el título de Gallardo se acercaría al problema del autismo intentando de alguna forma aleccionar a la población de cómo discurre una persona con dicha enfermedad dándonos alguna lección de paso de cómo enfrentarse a ella. Pero nada más alejado de la realidad.

Dibujado e ideado como si de un cuento para su propia hija se tratara, y aunque muchas lecciones puedan derivarse como efecto secundario de la lectura, lo cierto es que la naturalidad que desprenden sus páginas hace que el lector se implique en las vidas de padre e hija de tal manera que casi no es necesario que el autor eche mano de un tono que pretenda enseñar nada a nadie, sirviendo el relato de unas vacaciones con María quizás para exorcizar ciertos demonios y poder arremeter a gusto contra las miradas de incomprensión que muchas personas ejercen sobre las pequeñas idiosincrasias derivadas de la enfermedad, quizás para desmentir sin pretenderlo muchas de las falsas verdades que se suelen asociar al autismo.

De gran variabilidad narrativa y con un esquema libre que no se somete a acotaciones de ningún tipo, Gallardo va experimentando a placer con la maquetación de cada página, alternando su simplicísimo dibujo con profusos textos en los que se descubre como un gran narrador. El trazo suelto del artista va que ni pintado al aparente tono desenfadado del cómic, y la decisión de imprimirlo a dos tintas (negra y roja) no hace sino reforzar esa idea que apuntaba al principio acerca de que, por más que haya visto la luz y acaparado excelentes críticas y premios por todas partes, María y Yo es un producto que bien podría haber estado encuadernado con anillas, tener las pastas estropeadas de tanto usarlo y servir a una sonriente niña como su juguete preferido.

Sergio Benítez (325)

miércoles, 11 de noviembre de 2009

CÓMO NO HACER NADA

Guión: Guy Delisle

Dibujo: Guy Delisle

Editorial: Astiberri

Formato: Libro Rústica. 144 Páginas

Precio: 16€

Calificación: 6/10

Si bien las dos lecturas que le había hecho a Delisle (Pyongyang y Shenzen) no habían alcanzado el nivel de las muchas que había consumido de Jason, los dos citados volúmenes editados por Astiberri me habían hecho crearme ciertas expectativas acerca de este Cómo No Hacer Nada del mismo modo que las tenía con respecto a Low Moon. De hecho, aunque las recomicdaciones salen separadas con varios meses de diferencia, ambas fueron leídas la misma semana y, lamentablemente, ambas me decepcionaron, ahora bien, no de igual manera.

Dándole un repaso a la reseña de Low Moon mis comentarios apuntaban a que la capacidad para remover sentimientos en el lector era algo que este último trabajo de Jason había perdido en comparación con los otros que habían aparecido por estos lares. Teniendo en cuenta que ninguna de las obras de Delisle apunta en una dirección que no sea la de entretener a la par que educar de alguna manera al lector sobre culturas que normalmente están cerradas a los ojos de occidente, tampoco esperaba que Cómo No Hacer Nada fuera a descubrirme alguna nueva faceta del quebequés, pero sí al menos iba buscando ese entretenimiento ligero y algo reflexivo que había encontrado con anterioridad. Nada más lejos de la realidad.

Muy pocas páginas después de haber comenzado la lectura uno se da perfecta cuenta de que en la intención de Delisle a través de las muchas historias que conforman el volumen no hay otro objetivo que conocer sus propios límites, explorando el autor las fronteras de su narrativa de un extremo a otro sin que ello signifique que lo que se nos está narrando tenga que estar sujeto a parámetros de inteligibilidad. Haciendo gala de un trazo ecléctico, que unas veces es al que estamos acostumbrados para pasar a otras en las que no podríamos afirmar a ciencia cierta que tenemos delante una obra del canadiense, el autor nos va ofreciendo un corolario de relatos en los que la casualidad, la improvisación y un extraño sentido del surrealismo pesan bastante, cualidades estas tres que hacen alejarse paulitanemente al lector de lo que a su cerebro cuesta aprehender. Así, relatos como Trifulca entre los Yakuzas (de un carácter desestructurado algo irritante), Amor, Gloria y Belleza (¿qué pretendía conseguir el autor con esto?), En Gaspesia o El Trágico Destino de los Animalitos de la Granja, son prueba palpable de que las intenciones de Delisle apuntan más a una cierta autocomplacencia que a hacer de los relatos algo de lo que un lector cualquiera pueda disfrutar.

Pero sería injusto no darle al César lo que es del César, y no todo en Cómo No Hacer Nada es enmarcable en las categorías que hemos apuntado en el párrafo anterior, antes bien, hay en el volumen varias historias que, sin ser magistrales, si que hacen gala de una magnífica brillantez, siendo quizás los dos mejores aquélla sin título en el que el protagonista es perseguido por un curioso paparazzi, o esa otra titulada Amélie. Curiosamente ambas carecen de diálogos, mostrando Delisle en ellas la enorme influencia que ha ejercido en su storytelling el trabajar para el mundo de la animación ya que la secuenciación tanto en una como en otra resulta envidiable.

Como obra que nos sirva de salto previo a su terna de "diarios de viaje", Cómo No Hacer Nada resulta muy adecuada, ya que en momentos puntuales el Delisle de Pyongyang, Shenzen o Crónicas Birmanas hace aparición, aunque sea por poco tiempo. Como complemento de estas tres, la recopilación se antoja errática e incosistente a la par que poco representativa en el montante total de la carrera del autor si se tiene en cuenta que cualquiera de las anteriores la supera con mucho.

Sergio Benítez (311)

viernes, 23 de octubre de 2009

¡CHHHT!

Guión: Jason

Dibujo: Jason

Editorial: Astiberri

Formato: Libro Rústica. 128 Páginas

Precio: 12€

Calificación: 8/10

Poniendo fin al recorrido que hemos venido efectuando desde hace unos meses por la obra de Jason, llegamos a ¡Chhht!, primero de los tebeos del autor noruego que se publicó en España y singular recital de maestría narrativa por un autor cuya evolución ha ido al revés de como se puede observar en algunos de sus compañeros de profesión: si la evolución a la hora de contar una historia lleva en algún momento a prescindir de la palabra para que sean las imágenes las que nos transmitan aquella, Jason comienza en este punto para, en las lecturas ya recomicdadas por estos lares, ir añadiendo poco a poco el uso de la voz a sus antropomorfizados personajes, aunque nunca llegará a abusar de ella.

Con un cuervo como protagonista, Jason explota en ¡Chhht! las mismas habilidades narrativas que le hemos podido ver en sus obras posteriores, con la diferencia de que en algunas de las muchas historias cortas que componen este tomo, el autor se muestre extremadamente críptico, dificultando bastante la aprehensión de lo que quiere transmitir, un mensaje que queda claramente expuesto en unos momentos, para pasar a oscurecerse en el siguiente. Cargando las tintas en la intensa fuerza con la que se sabe capacitado a la hora de hacer llegar sentimientos como la melancolía, la desesperanza o la pérdida, Jason elige esta última, centrada de nuevo en la ausencia de un ser querido, para comenzar la dispar narración con una intensidad impresionante.

El humor, aunque sea agridulce, también tiene cabida entre la miríada de facetas que el noruego es capaz de abarcar, y es inevitable no esbozar una pequeña sonrisa al contemplar la forma en la que nos muestra como la muerte se apega a aquellos que deben fenecer. A partir de ahí, y casi siempre mediante una cerrada estructura de 2x3 viñetas por página (que rara vez es rota), Jason dibuja con mayor o menor habilidad relatos que van desde el correr del tiempo cuando un hijo hace aparición en nuestras vidas, hasta todo lo que puede pasar por nuestra cabeza cuando somos engañados y el despecho hace presa de nuestros pensamientos.

Es a partir de este último cuando la lectura se vuelve más obscura y compleja de entender, dejando un sabor agridulce final que aún así no es capaz de arruinar el recuerdo del grueso de una obra que si algo demuestra es la gigantesca capacidad que Jason ha venido demostrando desde el inicio de su carrera, una corta pero impresionante trayectoria de un autor que ya forma parte de aquellos elegidos a los que seguiré haga lo que haga.

Sergio Benítez (299)

jueves, 15 de octubre de 2009

SHENZHEN

Guión: Guy Delisle

Dibujo: Guy Delisle

Editorial: Astiberri

Formato: Libro Rústica. 152 Páginas

Precio: 18€

Calificación: 7/10

Publicado por primera vez por L'Association en el año 2000, tres años antes de que la estupenda Pyongyang viera la luz, Shenzhen revela desde muy temprano en sus páginas lo experimental de su carácter y su innegable cualidad de campo de pruebas para lo que después sería la obra que se desarrolla en la capital de Corea del Norte. Partiendo de la misma premisa argumental que su título posterior (la estancia en una ciudad asiática para supervisar las tareas de animación en un estudio), Delisle se muestra titubeante y algo torpón durante buena parte de las ciento cincuenta y dos páginas de que consta el volumen editado por Astiberri.

Por espacio de un mes (dos semanas más de lo que después estaría en la capital norcoreana) el autor vive en un país cuyas costumbres, quizás algo más relajadas que las de los habitantes que viven bajo el régimen impuesto por Kim Jong-Il, no resultan por ello menos surrealistas a los ojos de un occidental: las abarrotadas (y públicas) consultas de los dentistas; los irreales parques temáticos que reproducen a escala y sin mucha exactitud lugares del mundo "exterior"; la dieta, en la que hay cabida para cualquier clase de carne, incluida la de perro; las diferencias entre la ciudad donde se desarrolla la acción y Hong-Kong, mucho más abierta a occidente o el singular hermetismo de los chinos, con su particular sentido de la educación son algunas de las idiosincrasias que Delisle, haciendo gala del sentido del humor que ya le descubrieramos en Pyongyang, nos describe en Shenzhen.

Pero como decía en el primer párrafo, aunque la simiente de lo que desarrollará a posteriori se encuentre en las páginas del tomo, el presente tebeo evidencia en exceso su carácter primerizo, acusando el lector una molesta sensación de desencuadre que se prolonga hasta que el autor encuentra el punto exacto de equilibrio entre narrativa visual (de exactas características a su siguiente obra, con el trazo suelto, simple y caricaturesco....casi como si de un storyboard se tratara) y discurso verbal. Una vez Delisle da con la dosificación correcta entre ambos aspectos de este noveno arte que tanto nos apasiona, la lectura de Shenzhen adquiere otro cariz, uno más vivaraz, simpático y conseguido que atrapa como ya lo hiciera con Pyongyang y lleva de la mano al lector hasta una más que satisfactoria conclusión.

Sergio Benítez (292)

viernes, 9 de octubre de 2009

ADIÓS, CHUNKY RICE

Guión: Craig Thompson

Dibujo: Craig Thompson


Editorial: Astiberri


Formato: Libro Cartoné. 128 Páginas


Precio: 15€


Calificación: 8/10


Con el paso de los años los amigos que la vida ha ido poniéndome en el camino me han demostrado una y otra vez que la amistad bien entendida puede ser más grande que cualquier lazo de sangre (tenga este el título que tenga). Ya sean aquellos perdidos que reencontré (tú sabes quién eres), como aquellos que la casualidad quiso un día que se convirtieran en mis "hermanos" (todos vosotros sabéis también quiénes sois), hace tiempo que puedo corroborar aquello de que, quien tiene un amigo, tiene un tesoro. Que mi mudanza de Sevilla a Algeciras me obligara hace más de año y medio a alejarme de muchos de ellos ha hecho que sienta que lo que Thompson trata en Adiós, Chunky Rice me sea muy, muy cercano.

Dejar a un amigo al que quieres atrás, o a un hermano, o a tu mascota y el dolor que la lejanía de ese amor produce compone la temática principal que Thompson trata de forma sencilla y deliciosa en este tierno y conmovedor cómic. Con un lenguaje escrito simple y uno visual fascinante, el autor de Blankets nos habla desde las páginas de la obra como si de un niño se tratara, dotando a las emociones de la franqueza y la cercanía que sólo un infante con su sinceridad y falta de malicia es capaz de hacer: simplificando al máximo la expresión hablada (tanto que cuando Solomon dialoga con cualquiera de los personajes lo hace comiéndose vocales o consonantes) el autor permite que los sentimientos de pérdida que los personajes van padeciendo lleguen con tanta naturalidad como fuerza a un lector al que no le queda más remedio que rendirse ante la honesta ternura que destilan cada una de las páginas del cómic.

Pero Thompson no sólo se ciñe a hablarnos de cómo los protagonistas copan con la pérdida (momentánea o permanente) con la que comenzaba el párrafo anterior, sino que también ahonda en el conflicto que se plantea cuando el amor, entendido como atadura a otra persona, es una traba para la realización de la libertad del ser como individuo, algo que expone mediante la desequilibrada relación entre Chunky Rice y Dandel, siendo el primero el que siente la necesidad de mirar más lejos, embarcándose para, qué duda cabe, descubrirse a sí mismo. Esta transición argumental permite al autor pasar de una narración lineal a una fragmentada en dos lugares: la historia arranca presentándonos a varios de los protagonistas, mezclando el artista animales antropomorfizados (Chunky es una tortuga, Dandel una rata) con humanos y pájaros (Solomon y su mascota Merle) sin que en ningún momento chirríen los goznes que articulan tan ecléctica combinación. Tras unas cuarenta páginas, la acción pasa a tener nuevos protagonistas (los peculiares tripulantes de la embarcación en la que la tortuga se irá del pueblo) y desde ahí, el autor va saltando del mar a tierra, de la tierra al mar, hablándonos aquí de otro tipo de amor, aquél que siente Charles, el hermano de Solomon, por el medio marino.

En lo que respecta a la narrativa visual, Adiós, Chunky Rice es, como apuntaba más arriba, fascinante; y aquí hay mucho en lo que apoyarse: desde la facilidad con la que Thompson hace aflorar los sentimientos en el lector, a la naturalidad con la que introduce los saltos temporales (perfectamente insertados en la trama sin que se produzcan roturas en la continuidad), pasando por la composición de cada página, en la que el autor se reinventa una y otra vez, eludiendo la repeteción de estructuras aviñetadas en un tour de force difícil de ignorar que le sirve para concretar una lectura apasionante, plena en matices y capas de significado que enriquecen sobremanera tan "bonito" tebeo.

Sergio Benítez (287)

jueves, 1 de octubre de 2009

NO ME DEJES NUNCA

Guión: Jason

Dibujo: Jason


Editorial: Astiberri

Formato: Libro Rústica. 48 Páginas

Precio: 12€

Calificación: 7.5/10

Si pudiéramos comparar cualquier trabajo de Jason de los ya recomicdados hasta la fecha por estos lares con una receta culinaria, la mejor forma de definir las creaciones del autor sería a través de esas insospechadas fusiones a las que gente como Arzak o Adriá tanto nos tienen acostumbrados en los últimos tiempos y que han dejado atrás conceptos en su momento tan revolucionarios como la nouvelle cuisine para ofrecernos deconstrucciones y estrambóticos experimentos con nitrógeno líquido u oro en polvo.

Maestro en esto de servir como crisol de influencias de lo más variopintas, Jason nos ofrece en No Me Dejes Nunca un nuevo recital de imaginación portentosa en la que confluyen inesperadas referencias cinematográficas y, en esta ocasión, todo un repaso a la generación de escritores que hicieron grande a la literatura universal desde el viejo mundo. Para ello, Jason sitúa la acción en el París de 1920, y nos va presentando, como sólo él sabe hacerlo, a Hemingway (curiosamente el título original del tebeo), Scott Fitzgerald, James Joyce, escritores todos que por aquel entonces frecuentaban las calles más bohemias de Montmartre.

Pero claro está, viniendo de Jason uno debe esperarse lo extraordinario, y en este caso el toque de genialidad del autor noruego es convertir a estos tres grandes literatos y a otros que aparecen citados (genial la referencia a lo confuso de la narrativa de Tolstoi con tantos personajes) en autores de cómics que pelean día a día por buscarse la vida en un competitivo mundo. Una situación que, obviamente, sirve de reflejo directo de lo que en el mundillo del noveno arte es una constante.

Y si esta curiosa conversión, que como ya he dicho da para chistes de un humor bastante ácido, no fuera suficiente, a la mitad del relato Jason se quita un disfraz, para ponerse otros dos muy diferentes con nombres propios: Akira Kurosawa y Stanley Kubrick. La forma en la que ambos cineastas relataron Rashomon y Atraco Perfecto es tomada como préstamo directo para narrar un robo desde diferentes puntos de vista envolviendo finalmente la globalidad del tebeo, como ya es constante en él, de una sutil reflexión acerca del amor que viene a sumarse a todas aquellas que le hemos leído con anterioridad.

Sergio Benítez (280)

El JUEGO de la LUNA

Guión: Enrique Bonet

Dibujo: José Luis Munuera

Editorial: Astiberri

Formato: Álbum Cartoné. 136 Páginas

Precio: 21€

Calificación: 8.5/10

Pura poesía visual. Así. Sin paños calientes. Eso es lo que nos ofrece El Juego de la Luna, el esperadísimo nuevo trabajo de José Luis Munuera que, por si alguien no se había dado enterado todavía, confirma al dibujante murciano como uno de los mejores artistas españoles del momento.

De su personal grafismo, heredero de las influencias del mundo de la animación en el que se inició, mezclado con el mejor Franquin (su estancia en Spirou y Fantasio ha hecho mucha mella en el estilo del artista) ya hemos hablado aquí largo y tendido en las recomicdaciones de los dos volúmenes que Planeta ha editado hasta la fecha con el trabajo del español en dicha colección. Pero claro está, un artista inquieto como Munuera no podía quedarse satisfecho con repetir formas y estructuras ya vistas, y en El Juego de la Luna nos sorprende con una monocromía (que sólo rompe el rojo de la vestimenta de la protagonista) fantástica que crea a la perfección ese extraño ambiente que rodea a Aldea, la región fuera del tiempo en la que se desarrolla la acción. Envuelta en un halo de misterio y desdefinida como decorado destinado a potenciar el drama que se desarrolla en las páginas del volumen (editado maravillosamente por Astiberri), Aldea puede ser cualquier pueblo del noroeste de la geografía española con sus horreos, sus meigas y sus horas brujas, con la neblina que envuelve de magia a un bosque iluminado por nuestro satélite y que Munuera define con geniales brochazos de gris de diferentes intensidades.

Con este telón de fondo, los personajes, brillantemente caracterizados y caricaturizados cuando el arquetipo así lo pide, van cobrando vida ante nuestros ojos sin dificultad, algo a lo que la labor de Enrique Bonet, alma mater de este proyecto (no en vano fue él quien lo inició hace quince años), no es ajeno. Dividiendo la narración en dos actos separados temporalmente por un período indefinido de años, Bonet concreta con El Juego de la Luna un trabajo sin fisuras, en el que lo onírico y lo real se entremezclan sin problemas para dar como resultado un guión escrito con una pasión que dimana de cada viñeta y página dibujadas por Munuera. La historia del cómic, que sigue la tragedia que acompaña a Artemisa (apropiado nombre de la diosa griega que siempre se asoció a la Luna), su hermano, un joven enamorado de ella y el déspota de la aldea; se va desarrollando de forma pausada, dejando que el lector se deje seducir por el ambiente que crea el dibujante para que, toda vez quede capturado por el sutil juego que propone la historia, ya no pueda zafarse de sus embrujadoras páginas.

Decía ayer con la recomicdación de Sangre Armenia que iba a haber tres títulos esta semana que demostraban hasta donde puede llevarnos un cómic.
Aunque en términos diferentes y salvando las distancias entre lo que cada cómic pretende que El Juego de la Luna pueda ser comparable a cualquier poesía o pintura del periodo romántico resulta muy obvio una vez se ha finalizado su lectura. Que por ser tebeo salga perdiendo en esa comparación es una injusticia en la que no vamos a caer en este rincón de la red. El trabajo de Bonet y Munuera es una gran obra de un gran arte. Y en esta última parte de la afirmación no caben disquisiciones de ningún tipo.

Sergio Benítez (279)

lunes, 21 de septiembre de 2009

BLANKETS

Guión: Craig Thompson

Dibujo: Craig Thompson


Editorial: Astiberri


Formato: Libro Cartoné. 600 Páginas


Precio: 35€


Calificación: 9/10


Hay gente con la que estás predestinado a llevarte bien, sea como sea. Jesús (no el hijo de Dios) es una de esas personas. Pareja de la prima de mi esposa (una mujer fascinante con la que se puede hablar de lo que a uno le venga en gana...la prima quiero decir, que piense eso de mi esposa es obvio), desde el momento en que nos conocimos y cruzamos dos palabras, me di cuenta de que Jesús pertenecía a ese raro tipo de amigos con los que nunca se te acaba el tema de conversación, sea este el que sea. Pero es que, para colmo, al interfecto le encantan el cine, los videojuegos (una pasión personal descubierta recientemente) y, cómo no, los cómics. Y aquí es donde entra en liza Blankets. Resulta que estando de visita en su casa hace unos meses, y repasando su incipiente aunque prometedora tebeoteca (en la que hay lugar para todo, desde manga a pijamismo pasando por un buen surtido de independiente y europeo), me encontré con la sorpresa de que había dos ejemplares del volumen de la obra de Thompson. Ante la pregunta "¿cómo es que tienes dos?", Jesús me contaba cómo, habiéndolo comprado en la web de la Fnac, estos se habían confundido y le habían mandado la edición en catalán. Ante la imposibilidad de leérselo en tal idioma, se había tenido que comprar otro en castellano, quedando la primera a merced de mis largos colmillos. Y no, no se catalán, pero como quiera que dicha lengua es (más o menos, que no se me mosquee ningún purista) una mezcla de español y francés, y del segundo recuerdo lo suficiente como para leerlo y enterarme de lo que pasa...pues no dude dos veces y me traje el tocho a casa para completar una carencia que Mario había calificado más de una vez de "imperdonable". Teniendo en cuenta que este es uno de esos cómics que el cofundador de esta bitácora califica sin despeinarse de "muy bonito" (y el que no se acuerde de lo que dicha palabra significa por estos lares que repase esta recomicdación) la ocasión la pintaban calva.

Inmersa de lleno en el mismo terreno autobiográfico que tan buenas sensaciones nos han dejado hasta ahora obras como Píldoras Azules, Epileptic, S, Mi Vida Mal Dibujada o Una Posibilidad Entre Mil, Blankets partía con una gran ventaja para ganarme, algo que hacía a las pocas páginas de comenzar al presentarnos a esos hermanos compartiendo cama y una de las mantas que dan título a la novela gráfica. Hablándonos desde un principio de tú a tú y con el corazón en la mano, Thompson dedica las primeras cincuenta páginas (aproximadamente) a rememorar varios hechos de su infancia, apuntalando su historia en dos pilares fundamentales, su rechazo inicial al mundo de los adultos, derivado de los abusos que tanto su hermano como él sufrieron por parte de un canguro (la persona que los cuidaba, no el animal) y, sobre todo, la fuerte influencia que durante gran parte de su vida ejerció la religión.

Del primero es obvio inferir que la gran capacidad que desde pequeño mostraba Thompson hacia el dibujo, sería interpretada por cualquier psicólogo como una manera del autor no ya de poder evadirse de la realidad que lo rodeaba, sino de crear su propia realidad para así moldearla a su antojo, algo sobre lo que inciden muchas de las páginas del volumen en las que el artista fantasea acerca del mundo en el que le ha tocado vivir . Pero sin duda alguna es la segunda la que lo marca de manera indefectible desde muy pequeño. Nacido en el seno de una familia cristiana fervorosamente creyente, Thompson es expuesto desde infante a las contradicciones y actitudes dogmáticas inherentes a la religión, provocando desde muy temprano los típicos sentimientos de culpa que siempre se asocian a las doctrinas religiosas. En este sentido, y siendo como es el autor dolorosamente franco en el cien por cien de la narración, resulta esclarecedor esa "única" masturbación que el adolescente, castrado de libertad por un "Dios" que impone reglas sin dar explicaciones, descubre una vez ha conocido a Raina, el primer amor y motor fundamental de Blankets en gran parte del devenir de la historia. Más allá del sentido explícito que el autor otorga al título con la manta que comparte con su hermano en las primeras páginas del libro, es la religión la primera manta figurativa que nos encontramos en el relato, una que siempre está dispuesta a cubrir a quiénes bajo ella se quieran cobijar, aunque pidiendo mucho a cambio.

Ahora bien, la manta sobre la que Thompson realmente reflexiona es aquella que, a partir de cierto punto, le proporciona el amor. En el terreno físico porque es la primera muestra de que Raina le ama, al confeccionarle una de las típicas american quilts hechas a partir de retazos de diferentes telas cada una con un significado especial. En el metafísico, porque es donde el autor encuentra por vez primera el solaz y paciego que hasta entonces se le ha negado de una forma u otra, volcándose el joven de tal manera en la relación con su primera novia que pierde totalmente la perspectiva de lo que para ella significa ese primer amor. Tal dosis de realidad (no sé a vosotros, pero a mi me pasó lo mismo con mi primera pareja) hace que el lector se vea arrastrado aún más por la espiral de genialidad que destilan las seiscientas páginas del volumen: alternando Thompson la narración entre tres tiempos (infancia, adolescencia y edad adulta) y moviéndose del primero al segundo a su antojo, la lectura de Blankets es apasionada y de una crudeza que en algunos momentos resulta desgarradora.

Es precisamente esa última cualidad la que aporta el último grano de grandeza a tan bellísima obra: huyendo de edulcorar la realidad, Thompson se mantiene fiel a sus experiencias y reflexiona sobre las mismas con una posición honesta desde la que va arrojando reflexiones, más o menos personales, más o menos universales, con las que el lector podrá identificarse o no, pero que seguro no le dejarán indiferente. Quizás la conclusión sea algo anticlimática, pero si algo dejan claro las dos últimas páginas es que Blankets está pensado primero como un vehículo de expresión personal que sirve al autor para verbalizar (en palabras e imágenes) todos aquellos demonios que siempre le han acosado y después, y esto puede llegar a antojarse una consecuencia imprevista, como una forma de compartir dichos demonios con el resto de la humanidad.

¡Ah!, casi se me olvidaba. Mario tenía razón. Es un tebeo "muy bonito".

Sergio Benítez (270)

jueves, 17 de septiembre de 2009

Una HISTORIA VIOLENTA

Guión: John Wagner

Dibujo: Vince Locke

Editorial: Astiberri


Formato: Libro Rústica. 296 Páginas


Precio: 18€


Calificación: 7.5/10


Aún en sus cintas más tempranas (hechas con más imaginación que medios) siempre ha habido algo del cine de Cronenberg que ha sabido captar mi atención. Tras un primer contacto con su cine en la extrema Scanners, fue con La Zona Muerta, estupenda adaptación de la novela de Stephen King, cuando el canadiense consiguió ganarme por completo. Desde entonces he seguido su carrera muy de cerca, recuperando los tres filmes que precedieron a la cinta con Michael Ironside (Vinieron de Dentro de..., Rabia y Cromosoma 3) y consumiendo con desigual intensidad los once que completan su filmografía hasta llegar a la magnífica Promesas del Este. Por el camino ha habido de todo, desde las geniales La Mosca o Inseparables, pasando por las correctas eXistenZ o El Almuerzo Desnudo hasta las infumables Crash o Spider, y creo que casi nadie podía esperar el radical giro que dió su trayectoria cuando en 2005 estrenó Una Historia de Violencia, basada en la novela gráfica que hoy recomicdamos.

Habiendo pasado por alto su lanzamiento para el Salón del Cómic del citado año, más que nada porque el pijamismo era lo que ocupaba toda mi atención por aquel entonces, me hice con ella hace unos meses recuperándola in extremis de una caja de devoluciones de mi tienda habitual. La duda lógica que albergaba antes de arrancar la lectura era la de si el filme de Cronenberg, cuya trama se me había antojado algo forzada a partir de su mitad, estaba sacada directamente del cómic o si, por el contrario, éste se alejaba lo suficiente como para resultar más interesante que su adaptación, y así ha sido...más o menos.

Sí, al igual que en la cinta de Cronenberg hay cambio hacia la mitad. Pero donde el realizador nos mete con calzador una rencilla entre hermanos algo absurda (aunque no más que ese polvo/violación en la escalera), Wagner opta por dar un giro radical con respecto a lo narrado hasta ese punto medio. Hasta entonces, las concomitancias entre película y novela gráfica son casi exactas: Tom, padre de familia y un pacífico y respetado ciudadano de un pequeño pueblo, ve como su cafetería es asaltada por dos criminales. Sin pensárselo dos veces, salta por encima del mostrador arriesgando su vida y reduce a los asaltantes casi sin pestañear. Aireado en las noticias a nivel nacional, el insigne héroe pronto deberá hacer frente a una amenaza aún mayor, la de tres matones que lo insisten en llamarlo Joey y buscan venganza por algo que el protagonista hizo en el pasado. De ritmo tranquilo y sosegado, la acción sólo se acelera en las dos secuencias más violentas, mostradas con naturalidad documentalista y en las que
Locke, de trazo inquieto y poco definido pero perfecto para el realista tono de la historia, no se corta un pelo.

Pasado el ecuador, el tebeo empieza a perder fuelle, aunque por razones que no sabría explicar con precisión: quizás sea que la premisa argumental de partida para la segunda mitad del tomo me recuerde demasiado (salvando las diferencias) a Érase Una Vez en América o, en menor medida a Sleepers. O quizás sea el hecho de que chirría en su articulación con los mecanismos que habían engranado la primera mitad. Sea como fuere lo cierto es que la historia de los dos adolescentes que buscan su lugar en el mundo y lo encuentran por la vía fácil, está ya un poco vista, aunque más aún lo está el maníaco homicida torturador sacado directamente de la enfermiza mente de Garth Ennis. A pesar de estos últimos detalles, Una Historia Violenta es una lectura muy agradecida, que sorprende cuando así lo busca y que sabe transmitir ese ansiado tono realista que tanto buscaba su guionista, sirviendo como perfecto desintoxicante a aquellos que en algún momento estén cansados del pijamismo pero no deseen dar el salto al tebeo hecho en el viejo continente y prefieran quedarse en yanquilandia.
Sergio Benítez (268)

PEDRO y YO

Guión: Judd Winick

Dibujo: Judd Winick

Editorial: Astiberri

Formato: Libro Rústica. 192 Páginas

Precio: 16€

Calificación: 9/10

Seguimos sacando adelante las recomicdaciones derivadas de Lo Mejor del 2008 y nos fijamos de nuevo en las que hacía Nacho acerca de Pedro y Yo, la obra autobiográfica de Judd Winick que llegó a nuestro compañero de forma especial por la reciente muerte de un ser querido. Y no me extraña, ya que con fallecimiento reciente o no, este es uno de esos pocos cómics que tiene el don de tocarte el alma, hurgar en tus sentimientos y sacarlos hacia afuera para que no tengas más remedio que enfrentarte a ellos y salir reforzado, o no.

El planteamiento de Winick es muy simple: en su estancia en The Real World - un reality de la MTV norteamericana que lleva causando sensación en yanquilandia desde 1992 y en el que un grupo de desconocidos comparten una casa continuando con su vida "normal" mientras las cámaras les siguen a todas partes, algo así como una mezcla entre Gran Hermano y EdTV la peli con Matthew MacConaughey - Winick conocío a Pedro Zamora, un joven de 22 años, seropositivo y una de las voces más potentes en la lucha contra el SIDA que había allá a principios de la década de los noventa. De sus experiencias con él, la gran amistad que se forjó entre los dos y la indeleble huella que el chico de origen cubano dejó en el guionista y dibujante es de lo que se nutre un tebeo que llegó a estar nominado al Pulitzer, un galardón que debería haberse llevado de calle por su grandiosa capacidad para transmitir emociones y la cercanía con la que Winick consigue desde un primer momento conectar con el lector, salvando la cuarta dimensión para sentarse con nosotros en nuestro sofá y narrarnos, como si un amigo nuestro se tratara, la historia de Pedro y Yo.

La portada original del tebeo (que superponía un par de instantáneas de los protagonistas) rezaba "Friendship, loss and what I learned" (Amistad, pérdida y lo que aprendí) un resumen muy sucinto de lo que se puede encontrar en estas brillantes 192 páginas por las que sin ningún tipo de aderezo ni ornamento, y de forma directa y sin cortapisas se nos hace partícipes íntimos de seis meses que cambiaron la vida del autor. Como es comprensible un lector no habituado a los slice of life (y más si son autobiográficos) tendrá muchas reticencias iniciales acerca de la posible sensiblería que una historia tan personal puede esconder. Desde aquí animo a cualquiera que guarde tales recelos que se olvide de ellos. No sólo Pedro y Yo escapa de pretender provocar la lágrima fácil en el lector, sino que el equilibrio entre momentos duros (que los hay, y de mucha intensidad) y otros más cómicos o ligeros es tal que lo que dimana de cada página del tebeo no es noñería y melodrama, sino una carga de humanidad gigantesca. Tanto es así que, conforme se acerca el trágico final de Pedro, algo que el lector sabe desde las primeras páginas, es tal la implicación que uno se ha creado con los personajes - y ya no sólo con aquél o Judd, sino con Pam o Sean - que evitar las más sinceras lágrimas resultaría un arduo trabajo de no ser por Winick y la manera con la que el autor mantiene en todo momento un tono cargado de esperanza y optimismo.

El único pero, y es tan discreto que casi resulta injusto el comentarlo, es el dibujo del artista. A primera vista tosco y de narrativa aparentemente simple y torpona, la labor al los lápices de Winick pronto se revela como la mejor ayuda posible con la que podía haber contado tan profundo tebeo. Sí, sus proporciones anatómicas quedan lejos de ser correctas (en muchos momentos parece estar dibujando los típicos sd del manga), y las perspectivas no se quedan muy atrás, pero es tanta la imbricación de texto y dibujos que una vez terminada la lectura, resulta de todo punto imposible imaginarse a uno sin el otro. Sólo me resta darle unas sentidas gracias a Nacho por haberme permitido descubrir un tebeo que nada a contracorriente, dice verdades como puños y no se corta ni un pelo a la hora de hacerlo y deviene en una intensa experiencia en la que todo áquel que haya perdido a alguien cercano podrá sentirse perfectamente identificado.

Sergio Benítez (267)

viernes, 4 de septiembre de 2009

ESPERA...

Guión: Jason

Dibujo: Jason


Editorial: Astiberri

Formato: Libro Rústica. 72 Páginas

Precio: 9€

Calificación: 9/10

En esta retrospectiva itinerante e intermitente que venimos haciendo desde hace unos meses sobre la obra de Jason editada en España, llegamos a Espera...segundo de los tebeos del autor que Astiberri publicaba a principios de 2005. Y lo sorprendente es que por más que a nuestras espaldas queden ya varias grandes lecturas, Jason no deja de maravillar y acongojar con este tebeo. Curioso es también que en este recorrido que hemos hecho en lecturas reCOMICdadas, el haber ido de delante hacia atrás en el tiempo (con alguna que otra incursión de las últimas novedades del autor) haya resultado un proceso tan inusual como insólito, ya que, a falta de leer ¡Chhht!, la primera obra del artista noruego publicada en nuestro país, la inversa evolución en el estilo de Jason ha ido descubriéndome a un autor cada vez más increíble.

Este comentario viene a colación porque, si bien ya sabía de la parquedad de diálogos que el guionista y dibujante suele utilizar en sus historias, haciendo que estas funcionen a la perfección, no podía imaginar que una lectura pudiera resultar tan intensa, cargada de emociones y sentimientos y llena de contenido como lo es Espera... casi sin necesidad de utilizar diálogos. De hecho, demostrando su maestría a la hora de dominar el arte secuencial, muchas de las conversaciones entre los personajes podrían haber sido eliminadas sin que se redujera ni un ápice la fuerza con la que se transmite el mensaje del tebeo. Este no es otro que lo azaroso de la vida, lo rápido que puede operarse un cambio en la misma, y las nefastas consecuencias que este puede tener para nuestro futuro.

Como en el resto de las obras comentadas por aquí, el grafismo de Jason, en esta ocasión exento de color, es de una necesaria simplicidad para que nada del mensaje se pierda en el continente. De esta manera, y en aras de la consecución de dicha simplicidad, la composición de página se limita a seis viñetas cerradas, que enclaustran a un personaje, Jon, cuya vida comienza a relatarse a retazos, como si un adulto intentará recordar su infancia, llegándole sólo fogonazos de la misma a través de recuerdos parciales, momentos puntuales de una vida que ya pasó. A partir de un determinado momento, en el que el autor introduce un trágico punto de inflexión, el ritmo de la narración cambia, aunque no bruscamente, buscando ahora el noruego transmitir la monotonía de la vida diaria acusada, que duda cabe, por los fantasmas del pasado.

Su final, de un nihilismo demoledor, no deja dudas acerca de la futilidad de muchas de las irritaciones que los seres humanos nos llevamos día sí, día no (y si toca el del medio también). Con un esperanzador mensaje escondido tras la congoja y el dolor que rezuman las últimas páginas, Jason vuelve a dar con Espera... no sólo una magistral lección de cómo hacer buen cómic sin necesidad de grandes alardes, sino una necesaria y sincera bofetada al lector que siga creyendo que los tebeos son una forma de literatura menor y una sólida enseñanza vital. ¿Se le puede pedir más a un cómic?.

Sergio Benítez (257)

jueves, 3 de septiembre de 2009

El ÚLTIMO GRAN VIAJE de OLIVIER DUVEAU

Guión: Jali

Dibujo: Jali

Editorial: Astiberri

Formato: Libro Rústica. 168 Páginas

Precio: 16€

Calificación: 8/10

Perdidos en algún lugar lejano de nuestra vasta memoria se encuentran los recuerdos de las cosas que hemos ido viviendo y almacenado sin darle mayor importancia. Uno de los recuerdos más vívidos que guardo de mi niñez fue cuando, teniendo ocho años, sufrí una grave caída de uno de esos laberintos cúbicos metálicos que había en los parques infantiles, fracturándome el cráneo y perdiéndome cuatro meses de clases. El caso es que durante esos meses, todos mis familiares tuvieron a bien colmarme de lecturas diversas que iban desde Astérix, Tintín o Mortadelo, a diversos títulos de Julio Verne o Emilio Salgari, pasando por toda una selección de libros que quedaron almacenados y olvidados en los recovecos de mi memoria.

Y ahí se habrían quedado sino fuera porque la nueva obra de Jali me trajo a la memoria uno de ellos, que durante mucho tiempo tuvo especial significancia tanto por ser un regalo de mi querido abuelo como por su rareza. Su título, La Aventura Formidable del Hombrecillo Indomable (si alguien quiere leerlo que siga este enlace). De carácter absurdo y ritmo frenético, quiero pensar que este poema ilustrado por el checo Hans Traxler se encuentra de alguna forma detrás del hipnótico relato que el español teje con El Último Gran Viaje de Olivier Duveau. A través de una narrativa portentosa, que se vale de un personalísimo grafismo para contar la historia haciendo brotar en el lector una fascinación tan inexplicable como inevitable, Jali concreta con este volumen una magnífica aproximación al terreno de las fábulas, conectando (y de ahí que la lectura me recordara aquél libro de la infancia) con nuestros recuerdos más tempranos, aquellos momentos en los que cualquier cosa era una aventura tan grande como la vida misma y el más pequeño descubrimiento cobraba la mayor de las importancias.

Pero Jali no se para en provocar cierta nostalgia con la primera parte de la historia - aquella en la que Olivier es niño - sino que, convirtiendo a su protagonista en hombre, comienza a derivar lo que hasta entonces había sido un relato más o menos objetivo, que mezclaba la evolución biográfica del personaje con una pasión desmesurada por las estrellas y un amor irracional por una mujer, de nombre Estel, hacia terrenos que entran de lleno en la mirada subjetiva y en lo que cada uno pueda aportar a una lectura que hacia su punto medio se torna en un dechado poético precioso. Con Olivier montado a lomos de un imposible cohete y recorriendo un firmamento llamado a colmar sus ansias, Jali va dirigiendo a lector y protagonista hacia un final tan evocador como inesperado, lleno de una poesía que es difícil ignorar y que deja un regusto agradable en el paladar.

Regalándonos a la conclusión de la historia principal un cuento algo turbador, que pasa del carácter infantil al adulto sin dificultad alguna, el autor navarro cierra un volumen compacto que se lee en un suspiro y deja ganas de mucho más, como si haber recorrido el universo con Olivier Duveau no hubiera sido suficiente para saciar las ansias nostálgicas de nuestra añorada niñez.

Sergio Benítez (256)

miércoles, 19 de agosto de 2009

LOW MOON

Guión: Jason

Dibujo: Jason

Editorial: Astiberri


Formato: Libro Cartoné. 216 Páginas

Precio: 22€


Calificación: 7.5/10


Hablar como lo hemos hecho por este blog de forma tan recurrente (y lo que queda) sobre la obra de un mismo autor no es cosa fácil. Hacerlo además sobre un artista como Jason, cuyos tebeos orbitan casi siempre sobre los mismos temas lo hace un poco más complicado. Y la tarea aún se hace más ardua cuando de la brillante narrativa del autor, el maravilloso uso que hace de los silencios, la capacidad de condensación de sus historias y lo genial de su uso de las elipsis y saltos temporales lo hemos dicho casi todo. Quizás sea por este motivo, o por haber formado parte de una semana de lecturas algo anodinas, este Low Moon de Jason es el más irregular de cuantos tomos ha editado Astiberri hasta la fecha del autor noruego, lo que tampoco significa afirmar que sea una lectura aburrida o mala si tenemos en cuenta la alta calidad usual en el trabajo del artista.

Y lo es para empezar por que, aún contando con unas historias que potencialmente podrían haber llegado a tener la misma entidad que cualquiera de sus otros trabajos, Jason no consigue emocionar, estremecer y encandilar como si lo ha hecho con anterioridad. Ello no es debido ni mucho menos a que la extensión de las mismas sea insuficiente (mucho ha demostrado este artista lo que es capaz de transmitir con una única página) sino más bien a que su desarrollo, y la conclusión de algunas de ellas, plantean más interrogantes de los que resuelven y, sobre todo, a que para la ocasión y por primera vez, el autor no se implica emocionalmente, transmitiendo todos y cada uno de los relatos que componen este Low Moon una frialdad que actua de frontera infranqueable.

Dicho esto, Low Moon resulta un corolario ejemplar de las formas narrativas de Jason, y podría servir de perfecta introducción para todos aquellos a los que el noruego no haya convencido a priori: en sus más de doscientas páginas y a través de cinco historias, el artista vuelve a abordar temas como el amor/desamor con el que tanto ha jugado anteriormente en la práctica totalidad de los títulos aparecidos en nuestro país o las relaciones entre padre e hijo que ya le viéramos en ¡Chhht!. Bajo una misma estructura constante de cuatro viñetas por páginas, y haciendo uso, como ya comentábamos al principio, de su magistral capacidad para el uso de la elipsis, el artista nos lleva de la mano a través de varias historias: desde la extraña venganza de una mujer contra varios hombres (nunca sabremos lo que les pasó con ellos, sólo podemos imaginarlo) y de cómo utiliza el sexo para conseguir lo que quiere hasta la abducción de una madre y esposa y como su marido e hijo van copando con ello; pasando por un extraño western (en el que hay teléfonos móviles y los bares sólo sirven capuchinos) en el que el duelo a muerte entre sheriff y forajido es al ajedrez; la doble historia de dos hombres capaces de hacer lo que sea por su amor hacia una mujer o una nueva incursión en el terreno zombi como sólo él sabe hacerla.

Con ciertos trucos narrativos nuevos (los bocadillos en negro de Estás Allí o la imitación de los típicos primerísimos primeros planos del western) Jason nos deja una obra-crisol que, vale, no estará a la altura de las demás, pero que está a una altura a la que ya quisieran llegar muchas.

Sergio Benítez (241)

viernes, 7 de agosto de 2009

LUPUS

Guión: Frederik Peeters

Dibujo: Frederik Peeters


Editorial: Astiberri

Formato: 4 Álbumes Rústica. 96-112 Páginas


Precio: 15-16.5€


Calificación: 8.5/10


Tras varias intentonas de completar el único trabajo de Peeters de los editados en nuestro país que me faltaba por leer, finalmente fue el Carcelero el que propició la adquisición del cuarto volumen resolviéndome la duda que tenía acerca de si las páginas en blanco que en él aparecían eran un error de impresión o un recurso narrativo (y muy bueno por cierto). Con el cuarto tomo ya en mi posesión, y habiendo dejado unos cuantos meses la colección durmiendo el sueño de los justos, la lectura de Constellation provocó unas ganas enormes de acometer la que por todos lados había sido calificada como la Obra Maestra del artista suizo.

A todos aquellos que así la consideran quizás les parezca baja la calificación obtenida, pero la verdad es que, aún siendo un cómic que sobresale por encima de la media, Lupus no consigue llegar (al menos en mi modesta opinión) a las cotas de genialidad que si alcanzaba Píldoras Azules. Ahora bien, salvo esa fantástica forma de entender el amor que ya le observábamos al autor en la citada obra, el tono de esta se separa completamente para pasar de la autobiografía a la ciencia ficción mezclada con genialidad con las bases de partida de las buddy movies por una parte y de las road movies por otra. El resultado, como es esperable con tal mezcolanza de influencias, es de todo menos típico.

La estructura de Lupus, al menos la superficial y más apreciable cuando se ha finalizado la lectura, parte de la base de utilizar a tres personajes principales cada volumen, una suerte de extraña trinidad donde dos de ellos, Lupus y Sanaa siempre son fijos, mientras que el tercero varía desde Tony, el compañero y amigo del protagonista, pasando por Nyargance, el carismático anciano que les ayudará en el segundo volumen, Darnelle, la piloto de la cápsula médica, hasta llegar al más peculiar de todos, el robot ¿B2t? que les acompañará en esa abandonada estación espacial que sirve de marco al cuarto y último tomo. Con todos ellos, y algunos secundarios más, Peeters va construyendo un universo que mezcla lo real con lo onírico, plasmando las extravagantes visiones y ensoñaciones de Lupus mediante fantásticas viñetas con criaturas y constelaciones que parecen sacadas de cualquier relato lovecraftiano.

Dominando a la perfección todos los recursos narrativos a su alcance, y habiendo encontrado un perfecto punto de equilibrio a la hora de captar la expresividad de sus personajes, Peeters encara el montaje de Lupus como si cada viñeta formara parte de un complejo mecanismo de relojería en el que todo tiene que engranar al milímetro. Quizás sea por este motivo por el que, al contrario de lo que ocurría en Píldoras Azules, en algunos momentos (los menos, todo hay que decirlo), la obra del suizo se antoje fría y poco apasionada, algo que Peeters se encarga de ocultar envolviendo al resto del relato de una carga emocional que siquiera consigue equilibrar toda la obra y ofrecer, a la postre, una lectura multifacetada con varias capas de contenido.

Cargados de complejos simbolismos plasmados a través de su expresionista y brillante trazo, estos cuatro volúmenes suponen un peldaño considerable en la constante ascensión que Peeters ha seguido demostrando después con sus dos magníficos volúmenes de RG. Obra compleja en lo visual, con pocas (muy pocas) concesiones a la galería en lo argumental, y un final tan inesperado como poético y apropiado, Lupus se vislumbra como uno de esos tebeos que, de cuando en cuando, habrá que retomar para ir exprimiendo diferentes lecturas que nos vayan acercando a la completa y anhelada aprehensión de todos los mensajes que Peeters disemina en estas geniales cuatrocientas páginas.

Sergio Benítez (232)

miércoles, 5 de agosto de 2009

El CIRCO del DESALIENTO

Guión: David Rubín

Dibujo: David Rubín

Editorial: Astiberri

Formato: Libro Rústica. 172 Páginas

Precio: 16€

Calificación: 8.5/10

Y por fin llegaba el momento de hincarle el diente a la primera obra de David Rubín publicada en España. Como ya hemos hablado por activa y por pasiva del autor gallego por estos lares en las recomicdaciones dedicadas a Cuaderno de Tormentas y La Tetería del Oso Malayo, no abundaremos mucho más en los muchos y soberbios epítetos que definen a este insigne y joven artista, baste decir que en cuanto a narrativa y acabado visual, todas las historias contenidas en este volumen están a la misma altura que aquellas contenidas en las otras dos obras citadas.

El primer pero a El Circo del Desaliento viene de la mano de la diferencia de nivel dentro de las diferentes historias que componen este particular tomo y, sobre todo, del orden de las mismas. Me explico, si en lugar de empezar con la magistral Donde Nadie Puede Llegar, se hubiese decidido arrancar con cualquiera de los otros relatos, dejando este para el final, el rasero que dicha historia plantea no habría servido de medida para el resto; cosa que si pasa, mermando, aunque no considerablemente, el impacto que relatos tan sólidos como La Sombra Gigante que me Ahoga o El Fulgor Blanco habrían tenido si de ellos no se hubiera esperado lo mismo que del primero.

El segundo (y último) pero es el que se deriva de la exploración por parte de Rubín de los límites en los que un relato de poca longitud puede resultar atractivo y contar una historia con cierto empaque. Reduciéndolo casi a la mínima expresión (no es que llegue a una viñeta como Hank Ketcham con Daniel el Travieso), con una página para contar lo que pretende, Rubín pierde en el experimento la indudable fuerza con la que sí están caracterizadas el resto de las historias, quedando el puñado de relatos así montados como meras anécdotas dentro del conjunto del tomo.

Trascendidos estos dos escollos, es necesario apuntar que tanto el comienzo como el final de El Circo del Desaliento no dejarán a nadie indiferente: Donde Nadie Puede Llegar, narrada a través de flashbacks y con una suerte de héroe vigilante como protagonista, vuelve a poner de relieve la enorme capacidad de Rubín para darle un giro a los "hombres con mallas", y el final de la historia es uno de esos que te deja el corazón en un puño. De la misma manera, pero encerrando cierto hálito de esperanza, Las Sinfonías Congeladas resulta una lectura de lo más entrañable y, como diría mi compañero de blog Mario, muy bonita; una preciosidad que orbita, como muchas veces en el autor, alrededor del amor.

Lo que me sigue resultando sorprendente, una vez terminada la lectura, es la febril imaginación que Rubín demuestra en lo visual y, aún más, las muchas y diversas maneras a través de las que el artista ha contado historias de amor de todo talante, tanto feliz como amargo. Era algo que ya había inferido con las otras dos lecturas. Es algo que El Circo del Desaliento no ha hecho más que confirmar. David Rubín ya es una referencia incuestionable a la hora de hablar de tebeo español actual y, ya a título personal, se ha convertido en poco más de un año, y con sólo tres lecturas, en uno de mis autores patrios favoritos. ¿Quién lo habría dicho?.

Sergio Benítez (228)