martes, 7 de octubre de 2008

BATMAN AÑO 100

Guión y Dibujo: Paul Pope

Editorial: Planeta DeAgostini

Formato: Rústica. 240 Páginas

Precio: 16.95€

Calificación: 8/10

Dejemos las cosas claras antes de entrar en materia. Vaya por delante que hasta la lectura de este Batman Año 100, lo poco que había leído de Paul Pope, y lo mucho que había ojeado, no me gustaba en absoluto. En esos fugaces vistazos, y con la única lectura completa que suponía la historia de Batman Black and White, Pope era uno de esos autores cuyo dibujo, sinceramente, "me echaba para atrás" a la hora de plantearme la adquisición de un tebeo por él firmado. Diversas recomicdaciones venidas de blogs vecinos (La Cárcel o Zona Negativa) hicieron tambalear mis firmes creencias y, en un arrebato, me llevé el tomo de mi tienda de cómics (entre otras cosas).

Preparado para encontrarme el trazo que ya conocía, lo que no podía esperar era descubrir en el artista norteamericano a un narrador consumado en lo visual, y más que interesante en lo que al guión atañe. Como dibujante, Pope aglutina influencias muy diversas que, según el perfil que cierra el tomo, van desde Hugo Pratt a Frank Miller, pasando por Jack Kirby o Alex Toth. De tal mezcolanza surge un estilo personal y claramente identificable cuya "suciedad" y rapidez son las mejores armas con las que suplir las evidentes carencias que muestra en cuanto a fisonomía y anatomía. Dichas carencias no son impedimento para que, ya desde esa endiablada persecución con la que arranca la historia, el artista enseñe su descarnado talento a la hora de planificar la página como si de una sucesión de fotogramas se tratara, siendo esa vertiente de la narrativa la que mejor irá explotando a lo largo de la lectura.

En su faceta de tejedor de historias, Pope supera con creces a lo que su vena gráfica es capaz de dar de sí, pergeñando un guión en el que se incide sobre ciertos detalles inexplorados del Caballero Oscuro. El situar la acción cien años después de la primera aparición del murciélago facilita a Pope la construcción de un futuro distópico de claras reminiscencias orwellianas en el que Batman es tildado (aunque no se diga directamente) de amenaza anarquista a eliminar. Escrito siempre con el rostro oculto, el Batman de Pope es un héroe atípico y esquivo cuyas motivaciones escapan incluso a aquellas personas que comparten su secreto; un secreto que, desvelado por Jim Gordon (nieto del comisario original), arroja cierta luz sobre una de las preguntas más lógicas que uno se hace cuando aborda cualquier etapa del hombre murciélago: ¿es el Batman que conocemos el mismo que nació en 1939?.

La respuesta, unida a una trama de política y terrorismo, conforma una historia apasionante que se lee casi sin pestañear, y en la que el dibujo de Pope, con sus abultados defectos, son pasados por alto como un mal menor que ayuda de forma eficaz al rápido fluir de los acontecimientos que el artista hilvana con suma facilidad. Batman Año 100 es, desde ya, de lo mejorcito que he podido leer sobre el personaje...y mira que he leído.

Sergio Benítez (32)

lunes, 6 de octubre de 2008

CEREBUS vol.1: CEREBUS

Guión y Dibujo: Dave Sim

Editorial: Aardvark Vanaheim

Formato: TPB 534 Páginas

Precio: 30 $

Calificación: 6/10

Corría el año 79 cuando un fumeta llamado Dave Sim decidió dar un paso más en su camino autodestructivo y abusó de manera incontrolada del LSD. No sería la primera ni la última vez que este canadiense visitaría el hospital aquejado de ver dragones rojos volando por todos sitios. En uno de sus múltiples ingresos hospitalarios decidió crear una historia de, digamos 300 números, protagonizada por un animalejo que es una especie de oso hormiguero acerdado, vamos, con rasgos de cochino. La historia en cuestión sería de corte fantástico-heroico, tomando como principal referencia a Conan el Bárbaro. Manejando estos datos uno se puede preguntar: Un cerdo que juega a ser Conan y que su creador es un tipo capaz de fumarse a su padre reliado en una sabana, a ver déjame pensar… ¡No gracias!

Pues que nadie se equivoque. Estamos frente a uno de los más grandes creadores de comic independiente de todos los tiempos y con su obra Cerebus ha hecho historia pese a quien le pese. Cuando anuncié a mi hermano y a mi compañero de blog, ambos Sergios, que me pensaba hacer con todo Cerebus sus respuestas fueron bastante parecidas: ¿Te has metido lo mismo que Dave Sim? Pues no, no me había metido nada, tan solo quería formar mi propia opinión sobre una obra de la que todo el mundo habla y que no deja indiferente a nadie.

Cerebus, tras ser publicado en forma de comic book más o menos mensual, era recopilado en lo que se conocen en el mundillo como phone books (listines telefónicos), unos megatochos que van de 300 a 600 páginas. Llama la atención que la calidad de estas páginas sea muy parecida a la misma que emplean los periódicos, un papel muy fino en el que los litros de tinta negra utilizada por Sim no cala de puro milagro.

Lo que nos vamos a encontrar en este primer tomo de la serie titulado Cerebus, también se ha quebrado mucho la cabeza con el título, es una sucesión de historias cortas, de uno a tres números, en las que Sim nos contará algunas peripecias del bicharraco en cuestión. Mucho bárbaro descerebrado, espadas, brujos y un largo etcétera de tópicos que no sacan de un aprobado al resultado final. El estilo utilizado por Sim bebe directamente de clásicos como Barry Windsor Smith o Neal Adams, referencias estilísticas que nunca se ha molestado en ocultar. Un dibujo un tanto tosco, torpe y en algunas ocasiones desproporcionado, normalito tirando a regulero. A favor de Sim se puede decir que la evolución en su arte es impresionante. Número a número le toma el pulso a su creación y ya al final del tomo la cosa mejora enteros.

El tono general de los guiones va del intento de parecer serio a una extraña mezcla de humor y tenebrosidad, mezcla de Dragones y Mazmorras con los Looney Toons. De todas formas no hay que darle más importancia a este primer tomo, el cual recopila los primeros 25 números, que la de presentar a casi todos los personajes que nos vamos a encontrar a lo largo de la serie. Personajes que en algunas sagas serán los únicos protagonistas de la historia, relegando a Cerebus a un segundo plano.

Tan solo decir que el aquí firmante reseñará Cerebus en su totalidad. Poco a poco, porque como imaginarán, un tomo de 500 páginas escrito en un inglés bastante personal y en el que muchas veces las páginas de prosa sustituyen a los dibujos no se lee en dos días, así que pido paciencia. El camino promete ser largo pero apasionante. ¿Cómo? No, repito que no me he metido nada raro en plan Dave Sim, lo que pasa es que uno es así de imbec… digo… de curioso, quise decir curioso. Me parece que empezaré a ver cerdos grises persiguiéndome allá donde vaya. Al tiempo.

Marione (21)

domingo, 5 de octubre de 2008

GUS volúmenes 1 & 2

Guión y Dibujo: Christophe Blain

Editorial: Norma

Formato: Álbum Cartoné. 80 y 88 Páginas

Precio: 16 y 17€

Calificación: 9/10

De todos los géneros que el cine ha cultivado a lo largo de estos ciento y pico años de historia, siempre ha habido uno que me ha cautivado especialmente, el western. Supongo que algo tendrá que ver que todas aquellas veces que me quedaba en casa de mis abuelos (se os sigue echando de menos muchísimo) mi querido abuelo me obligara a sentarme con él a ver la película de "convoys" de turno cuando yo lo que realmente quería hacer era jugar con mis Clicks de Famobil. A fuerza de ver decenas de "películas de vaqueros" el género terminó por convertirse en uno por el que me inclinaba especialmente a la hora de decidir cuál iba a ser la película a alquilar el fin de semana (una decisión que normalmente causaba la exasperación de mi hermana pequeña, más dada a ñoñerías tipo Sissi).

El caso es que con los años, y después de que esas decenas se hayan transformado en cerca de dos centenas, sigo devorando cualquier western que caiga entre mis manos, ya sea en celuloide o, de un tiempo a esta parte, en nuestro querido noveno arte. Y aunque todavía no he tenido la oportunidad de hincarle el diente a Blueberry (todo se andará), la recomicdación de Álvaro Pons sobre este Gus hubiera sido pasada por alto sino fuera por el género al que pertenece.

Teniendo en cuenta que por no reventarme nada había leído muy por encima lo que el Carcelero había escrito sobre el segundo de los tomos que nos ocupa, esperaba de la lectura de Gus un relato animado acerca de un grupo de bandidos que se dedican a robar bancos y trenes y poco más. Nada podría haberme preparado para la apasionante disertación aviñetada que Cristophe Blain arroja a la cara del lector acerca del amor.

Por más que le he dado vueltas antes de comenzar a escribir esta reseña, me resulta imposible valorar por separado la doble tarea de Blain como escritor y dibujante. El trabajo del artista es uno de esos rara avis que de cuando en cuando surgen en este mundillo, no se puede hablar del guión sin hacer referencia a su personalísimo trazo y su vibrante y genial narrativa; no se puede hablar del dibujo sin dejar de mencionar lo que se pone en juego en el desarrollo de la historia.

Ya desde el primer volumen queda claro que las reflexiones que Blain hace acerca del más hermoso de los sentimientos humanos giran en torno a lo sorprendente y obsesivo del mismo, a la capacidad que tenemos las personas para comportarnos de las más excéntricas maneras sin que en ese momento pensemos si lo que estamos haciendo tiene mucho sentido o no. Rotando alrededor de los tres integrantes de la banda, y haciendo especial hincapié en el alocado Gus que da nombre a la serie, Blain compone un primer volumen a base de pequeñas historias hiladas con sutileza que se cierran en un capítulo final con el que el autor dota de un brillante carácter cíclico a todo lo leído con anterioridad.

Tras arrancar el segundo tomo otra vez con Gus como protagonista, Blain pronto deja atrás a su narigudo personaje para centrarse en Clem y convertirlo en eje central y único del grueso de la historia. La decisión de Blain es inmejorable, y esa doble vida del bandido a caballo entre su familia y su amante, robando bancos y siempre con esa conciencia polifémica persiguiéndolo, es reflejada con maestría en unas páginas plenas de recursos narrativos que en no pocas ocasiones parecen sacados del mejor John Ford.

Sonora recomicdación donde las haya, lo único que resta lamentar es lo larga que se va a hacer la espera hasta que se publique el tercer volumen de una gran historia cuya universalidad trasciende, y de qué manera, las fronteras de cualquier género que se le quiera aplicar...y eso no es algo que se pueda decir todos los días.

Sergio Benítez (31)

sábado, 4 de octubre de 2008

La CUENTA ATRÁS. Parte I

Guión: Carlos Portela

Dibujo: Sergi San Julián


Editorial: Faktoría K de Libros


Formato: Cartoné. 96 Páginas


Precio: 15€


Calificación: 8.5/10

Con la claridad que da el paso del tiempo, podríamos afirmar sin miedo a equivocarnos que uno de los indicadores decisivos (al margen de la entrada en la Guerra de Irak, y los atentados del 11-M) en el cambio de poderes de 2004 fue la pésima gestión de la catástrofe del Prestige. Rodeado de mentiras, placebos publicitarios encaminados a tranquilizar a la opinión pública y declaraciones que constantemente se contradecían, el hundimiento del petrolero fue un momento muy oscuro de la historia reciente de nuestro país.

Es por ello que la valentía de un tebeo como La Cuenta Atrás hace que, de partida, cuente con mis más francas simpatías para obtener una buena calificación, cosa que consigue, no por la predisposición a obtenerla, sino porque nos encontramos ante una lectura diferente, atrevida y sutil al tiempo que sincera y políticamente incorrecta. Estos factores, unidos a otros que es mejor dejar al descubrimiento por parte del lector, son los que provocan que el guión de Portela se establezca como uno de los mejores que hemos tenido el gusto de recomicdar en lo que llevamos de vida en este espacio virtual.


Para empezar, esa decisión de contar los hechos hacia atrás, que en manos más torpes habría provocado un deslavazamiento de los personajes, en Portela encuentra un escritor capaz, que saca un partido brillante de un recurso narrativo tan poco controlable. Los "actores" de la historia son definidos desde el primer momento, por más que este sea la conclusión de la historia si esta se hubiera contado en su orden normal. Ello obliga a que el lector tenga que realizar una labor inductiva (casi deductiva, podríamos decir) a la hora de ir rellenando los huecos que Portela deja de forma consciente, sea en la definición de los personajes, sea en ciertos detalles (como la pintada en el bar) que hasta el transcurso de varios capítulos no veremos cómo llegaron a ocurrir.


Las sólidas voces propias con las que el guionista dota a cada uno de los participantes del relato encuentran su reflejo inequívoco en la labor de San Julián, que en cada página da lo mejor de si mismo para reforzar la solidez del guión. Recordando en cierta manera a The Killing Joke por el modo en que se van hilando los capítulos, cada uno flashback de los que le preceden, el dibujo de San Julián aunque sencillo en apariencia, permite al artista definir, sin lugar a confusión, a cada uno de los implicados en la acción dotándolos de una corporeidad que trasciende las dos dimensiones del papel.


Primorosamente editado por Faktoria K de Libros, La Cuenta Atrás es un tebeo del que lo peor que se podría decir es que es NECESARIO. Agitar conciencias ha sido siempre la labor del arte, y en el caso del cómic que nos ocupa es más que evidente que las intenciones de Portela y San Julián van encaminadas a que la universalidad del mensaje que emiten (y que huye raudo de lecturas políticas evitando nombres propios que todos conocemos) llegue a un sector de la población que pudo, o no, estar en contacto directo con los hechos que durante unos meses tiñeron de negro a la sociedad española.

Sergio Benítez (30)

viernes, 3 de octubre de 2008

PASO al NOROESTE

Guión y Dibujo: Scott Chantler

Editorial: La Cúpula

Formato: Rústica. 274 Páginas

Precio: 18€


Calificación: 7.5/10

¿Un cómic escrito y dibujado por un canadiense que se basa en hechos históricos de la época colonial de aquel país?. ¡Qué diablos, me lo llevo!. Eso más o menos fue lo que pasó por mi cabeza cuando vi el volumen de Paso al Noroeste en mi tienda habitual de cómics. Esperaba al menos que esta compra a ciegas me permitiera pasar un rato entretenido y poco más. El resultado superó con creces tan exiguas expectativas.

El desconocido Scott Chantler, que guioniza por primera vez en este tebeo, cumple de forma soberbia en su doble labor, sin que en ambas se produzcan estridencias de ningún tipo ni la historia se resienta en el ajustado ritmo de su avance. Partiendo de situaciones históricas reales, Chantler imagina un guión en el que personajes ficticios se acoplan con fina precisión a los requerimientos de lo que entenderíamos por estándares de habitantes del siglo XVIII.

De esta forma, la lectura de Paso al Noroeste no dista mucho de lo que James Fenimore Cooper (autor de El Último Mohicano) podría haber llegado a ofrecernos si hubiera sido él el encargado de la escritura del guión. Si algo prueba esto es que, aún neófito en estas lides, Chantler se muestra como un avezado guionista conocedor de todas las herramientas necesarias para que la narración de los acontecimientos fluya sin problemas, saltándose las reglas básicas (como bien explica en las geniales notas que se incluyen al final del volumen) cuando así lo cree necesario.


Con un dibujo que, en sus propias palabras, es "sencillo y de animación", Chantler, que al igual que con el guión usa los recursos de la narración visual con maestría, se ha convertido con tan sólo doscientas y pico de páginas en uno de esos autores a los que habrá que seguirles la pista de cerca. Teniendo en cuenta que futuros proyectos pasan por más entregas de historias ambientadas en el mundo de Paso al Noroeste, así como una novela gráfica de carácter bélico situada en la Segunda Guerra Mundial (mi período favorito de la historia) y otra orientada a un público infantil llamada Three Thieves, dicho seguimiento seguro que será francamente entretenido.

Sergio Benítez (29)

jueves, 2 de octubre de 2008

BATMAN: SECRETOS

Guión y Dibujo: Sam Kieth

Editorial: Planeta DeAgostini

Formato: Rústica 128 Páginas

Precio: 6,95 €

Calificación: 8,5/10

A ver, al que le suene de algo el siguiente chiste que levante la mano: “Dos locos se escapan de un manicomio. Tras avanzar por los techos de los edificios llegan hasta un hueco entre dos de ellos. El primero salta sin problema pero el segundo no se atreve. El que ha logrado pasar hasta el otro lado le propone al segundo que use la luz de la linterna que porta para pasar sobre ella. El que ha quedado apartado le responde indignado que no, que él no está loco, porque seguro que cuando camine sobre la luz, la apagará y caerá al vacío”. Pues sí, todos han acertado, pertenece a esa magna obra que es La Broma Asesina.

Sam Kieth siempre me ha parecido un grandísimo autor, alguien a quién hay que seguirle la pista en el cada vez más saturado mercado comiquero, y no solo por su personalísimo estilo, sino por incorporar a sus obras un toque de distinción bastante peculiar. La publicación de este Secretos me cogió completamente desprevenido y mi sorpresa fue mayúscula cuando leí, casi al final de la obra, una referencia directa al famoso chiste. Dicha mención forma parte de la resolución de la trama y su incorporación no chirría para nada y mucho menos desmerece el trabajo del barbudo guionista.

Tengo que reconocer que cuando empecé el comic me dio la impresión de estar frente a la enésima revisión de la relación Batman-Joker. Y no estaba equivocado ya que de eso trata este Secretos pero el toque que le imprime Kieth hace que supere con nota a la típica historia batmaniana. Quien haya seguido la carrera de Kieth habrá podido ver la evolución brutal en su trabajo. Desde sus primeros pasos en Epicurus, Sandman o Lobezno Bloodlust, hasta sus más modernos Four Women, Zero Girl o Batman/Lobo, no ha parado de experimentar con sus ilustraciones y su peculiar narrativa.

Un aparentemente reformado Joker saldrá de Arkham para hacerle la vida imposible a más de un personaje, entre los que está, por supuesto, el amigo Batman. Utilizará artimañas basadas en amenazas, manipulación, chantaje y demás sucias artes. Y, ¿saben cual es la base de todas estas perrerías? Efectivamente, secretos, secretos del pasado de estos personajes que se suponían enterrados pero no olvidados.

Kieth se maneja de maravilla con esta historia. Dice que aceptó el encargo porque estaba deseando trabajar con el Joker, uno de sus personajes favoritos, y eso se nota en el resultado final. Su dibujo, plagado de excesos gráficos, escenas desquiciantes y experimentación a troche y moche, es perfecto para el tono oscuro de la obra. Tendría que repasar el Arkham Asylum de Morrison y McKean, obra que guarda bastantes similitudes con este Secretos, y creo, que esta última le gana por más de una cabeza, y no, no estoy llamando cabezón al bueno de Kieth, pero sí creo que el resultado final es mucho más coherente y compacto que el de la obra de Morrison.

A la espera de que Planeta se anime a publicar más obras de Kieth relacionadas con Batman (Scratch y Batman/Lobo) habrá que conformarse con este Secretos el cual me ha dejado una gratísima impresión y unas ganas terribles de revisitar algunas obras anteriores de este genial autor. Porque yo voy con la verdad por delante, no me guardo secretos que después puedan utilizar en mi contra, ¿qué se han creído? Pero no vayan contándolo por ahí, que esto quede entre nosotros. ¿Hace?

Marione (20)

miércoles, 1 de octubre de 2008

PROMETHEA vol.5

Guión: Alan Moore

Dibujo: J.H.Williams III


Editorial: Norma


Formato: Cartoné. 200 Páginas


Precio: 17€


Calificación: 8/10

Llegando por fin al final de la serie sorprende,por arriesgada, la primera decisión de Moore: los acontecimientos que se narran en el volumen arrancan tres años después de lo que el último número del cuarto tomo relataba. Tamaña elipsis temporal sirve al guionista para describir a una Sophie que ha renegado de su papel como Promethea a fin de evitar lo inevitable. A partir de ahí, Moore retoma con brío a un grupo de personajes, fundamentales para entender la serie, y comienza a volver hacerlos orbitar alrededor de Sophie/Promethea.

Dicho uso, que podría resultar un tanto obvio, es envuelto en novedad, utilizando Moore a todos ellos como una única voz, la de la humanidad, incapaz de asimilar la magnitud de lo que ocurre a su alrededor.
Al mismo tiempo, el guionista, que cierra todo el universo de America's Best Comics con la presente saga, se permite la licencia de introducir en los números que conforman el tomo a sus creaciones más famosas para dicho universo, entre la que destaca, por su protagonismo, la familia Strong.

Una vez todas las piezas están colocadas en su sitio correspondiente, Moore comienza los movimientos finales de la partida, y lo hace como sólo a él podría ocurrírsele: lejos de mostrar un apocalipsis tenebroso y desolador, Moore interpreta el fin de los días como una nueva oportunidad de redención para la raza humana (aunque sea dentro del cómic todos sabemos a quién van dirigido los mensajes del escritor anglosajón) y vuelve a demostrar que a la hora de ser metafóricos no hay quien le gane.
Y por si todo ello fuera poco, estos últimos números de la serie concretan lo que se había venido apuntando a lo largo de toda la colección: usando las páginas de Promethea como un particular púlpito, Moore rompe de forma definitiva la frontera de la cuarta dimensión y habla directamente al lector por boca de su tecno-heroina. Sin que dicho mensaje quede filtrado por ningún agente contaminante y contando con la complicidad y el acerbo del lector para sacar sus propias conclusiones acerca de lo que está leyendo, Moore establece nuevos niveles de profundidad en una colección con una miríada de capas por descubrir.

La eclosión final, en ese último número (que Norma ha tenido a bien incluir como desplegable al margen de su obligada paginación) tan experimental como efectivo, permite a guionista y dibujante cerrar una serie de la forma más atípica posible. A Williams III, que durante el transcurso del tomo sigue experimentando con las infinitas posibilidades que al parecer le da su ingenio (y que van desde imitar el dibujo de Sprouse o Nowlan, hasta la pintura o el retoque infográfico de las viñetas), en la forma de un experimento visual y de diseño que pocas veces más en su vida podrá tener. A Moore en la manera en que, tras finalizar la serie en el número treinta y uno, la cábala treinta y dos supone el espacio último desde el que verter de forma brillante el manantial de conocimientos acerca de magia, esoterismo, astrología o ciencia con el que hasta ese momento había ido trufando el devenir de la colección.


Si algo deja claro este último tomo de Promethea, es que es esta una colección cuyo carácter atípico y profusión de datos la convierten en una de esas raras lecturas que habrá que retomar conforme vayan pasando los años. Sólo así existirán ciertas garantías de que todo lo expuesto por Moore a lo largo de la serie sea, finalmente, aprehendido...repito, ciertas garantías, que no todas.

Sergio Benítez (28)