domingo, 14 de diciembre de 2008

4 FANTÁSTICOS: ENEMIGOS

Guión: Robert Kirkman

Dibujo: Cliff Rathburn

Editorial: Panini

Formato: TPB 144 Páginas

Precio: 9 €

Calificación: 6/10

Hablaba hace unos días con mi compañero de blog y comentábamos que hay algunas reseñas que salen más fácil que otras. Cuando la opinión sobre algo que nos hemos leído está cerca de algún extremo, las palabras salen solas ( véase Batman RIP o Jimmy Corrigan, por poner un par de ejemplos). La cosa cambia enteros cuando se trata de un cómic que ni fu ni fa.

Eso ocurre con la recomicdación de hoy, 4 Fantásticos: Enemigos. Una lectura que no pasa de ser agradable, algo muy difícil de encontrar hoy en día entre tanto tebeo publicado, pero claro, cuando uno se acostumbra a comer jamón, el chopped no lo quiere ver ni en pintura.

Enemigos tenía, a priori, todo los boletos para ser una lectura correcta: aventura familiar, guionista de lujo y dibujo sencillo, limpio y bastante vistoso. Y en ese aspecto no defrauda, pero claro, uno siempre quiere más.

La historia creada por Robert Kirkman se aleja bastante de lo que nos tiene acostumbrado en Walking Dead. Aparca las sorpresas y la atmósfera thrilleriana para tejer un guión muy correcto en el que abundan por igual los tics típicos de la primera familia Marvel, con cada uno de los roles perfectamente definidos y desarrollados, y altas dosis de humor. Sin ser el colmo de la originalidad, se deja leer con una sonrisa en todo momento: un par de enemigos clásicos se hacen con el ADN de todos los malosos que de una manera u otra se la tienen jurada al cuarteto. A partir de aquí se sucederán multitud de situaciones jocosas y divertidas en las que se mezclan empleados del edificio Baxter, mujeres alienígenas, la Zona Negativa y problemas de espacio a la hora de encarcelar a los malos de turno.

Cliff Rathburn, el que pone los grises en las aventuras de nuestros zombies favoritos, es el encargado de plasmar todas estas idas de olla. ¿Un tipo que lo único que hace es dibujar sombras estará a la altura? Sí… pero claro, no es el copón padre ni mucho menos. Se defiende bastante bien. Yo lo definiría como un Scott Kollins un poco más torpe. Cumple, y su trazo caricaturesco se adapta bastante bien al tono general de la historia.

Agradable y poco más. No pidan peras al olmo porque aquí no las van a encontrar. Uno no se puede acostumbrar a lo bueno, hay que guardar para cuando las vacas flacas. Y mira tú por donde que a lo tonto, a lo tonto ya me he zampado la reseña entera. Pues sí que había para hablar del tebeo, no mucho pero algo había.

Marione (40)

sábado, 13 de diciembre de 2008

La NUEVA ISLA del TESORO

Guión y Dibujo: Osamu Tezuka

Editorial: Glenat


Formato: Libro Rústica. 232 Páginas


Precio: 8.95€


Calificación: 6.5/10


En este particular recorrido que estamos efectuando por la obra del Dios del Manga, ha llegado el momento de pararnos en aquella que lo empezó todo. Aunque esta afirmación sea poco precisa, ya que Tezuka había publicado algunas obras cortas antes de esta que nos ocupa, La Nueva Isla del Tesoro se considera como su primera aportación FUNDAMENTAL al mundo del manga. Hasta su publicación, el manga se limitaba a relatos cortos de pocas páginas impresos en un papel de calidad paupérrima, por ello, el que Tezuka osara plantear la publicación de un libro de doscientas páginas era visto casi como un suicidio profesional. Paradójicamente, la apuesta funcionó, y el éxito de ventas de Shin Takarijama (así se titula en japonés) fue el comienzo de una carrera impresionante.

El problema es que La Nueva Isla del Tesoro tal y como la concebía Tezuka no fue el manga que apareció en 1947. Retocado hasta limites hirientes por el editor del maestro, fue publicado con numerosos cambios entre los que se incluía una conclusión de la historia diferente al imaginado por él. Es por ello que, con motivo de la biblioteca que Kodansha (una de las editoriales japonesas más poderosas) comenzó a editar en los años ochenta recopilando en ¡trescientos tomos! la totalidad de su obra, Tezuka puso manos a la obra y redibujó las doscientas páginas originales para devolver a La Nueva Isla del Tesoro su esplendor inicial retomando. El dibujante corrigió diálogos, expresiones y, lo más importante, devolvió el final original mucho más onírico y cargado de mensaje que la noñez editada originalmente (y que terminaba con la página en la que los personajes se despiden de la isla)

El resultado es el que podemos disfrutar en la edición española, en la que Glénat ha incluido un completo artículo introductorio (de cuya información están sacados los dos párrafos anteriores) y un diario en el que Tezuka explica sus inicios como dibujante.

Con el recuerdo fresco de los sinsabores que dejaron Next World y Metrópolis, he de decir que me aproximé a La Nueva Isla del Tesoro con cierta cautela. Comprenderán pues mi sorpresa al haberme encontrado con una lectura mucho más amena, simpática y desenfadada que las anteriormente citadas: la engañosa facilidad con la que se lee no puede ocultar, desde la primera página, por qué Tezuka cambió la forma de entender el manga. Una composición general de cuatro viñetas por página (alterada a placer para dotar de mayor impacto a la escena que así lo requiere) nos muestra a un dibujante claramente influenciado por el lenguaje cinematográfico. Tanto es así que las primeras seis páginas de las aventuras de Pete, que carecen de diálogo, podrían pasar perfectamente por ser el storyboard de una película cualquiera.

Por más que esté re-dibujado casi cuarenta años después (en los el dibujante dejó muy atrás las influencias de sus comienzos), Tezuka respetó el estilo que por aquel entonces desarrollaba, marcado a fuego por el mundo de la animación de la todopoderosa Disney. Aún así, es innegable el talento de un autor en vías de convertirse en el genio que terminaría siendo años más tarde y que, con pequeños apuntes, comenzaba ya a mostrar con esta Nueva Isla del Tesoro porque hoy aún sigue siendo el más grande de los dibujantes nipones.

¡Por cierto!, casi se me olvidaba. La próxima parada en el recorrido será Lost World. Hasta entonces...¡Sayonara!.

Sergio Benítez (81)

viernes, 12 de diciembre de 2008

ESPECIAL CLANDESTINE

Guión y Dibujo: Alan Davis

Editorial: Marvel

Formato: Premiere HC. 312 Páginas


Precio: $29.99


Calificación: 8/10


Durante muchos años consideré que el cómic era un arte esencialmente visual y, en consecuencia, me acercaba a la compra de aquellos títulos cuyo dibujo me parecía más "bonito". En esos comienzos como coleccionista jamás se me habría ocurrido adquirir, por poner un ejemplo cercano, el Píldoras Azules de Frederik Peeters (que comentaremos en un futuro no muy lejano). Menos mal que la madurez va arrancando con los años los velos que nos impiden ver algo más allá de la factura artística para poder disfrutar plenamente de otros aspectos. Pero no me quiero ir por las ramas. El caso es que uno de los autores con los que me enganché enseguida, y con el que sigo enganchado después de tanto tiempo (hasta el punto de ser uno de los únicos al que le compro a ciegas cualquier cosa) es el británico Alan Davis. Desde su Harry 20 on the High Rock; pasando por el extravagante D.R. & Quinch; la irregular Captain Britain; su corta estancia en Miracleman; las geniales aportaciones a Batman and the Outsiders y Batman; las dos etapas de Excalibur; la creacción de Clandestine; los tres números de Fantastic Four: Heroes Reborn; los dos prestigios de Superboy's Legion, guionizados por Mark Farmer; la excelente The Nail (en sus dos partes); su incursión en el universo Wildstorm con Gen 13;el durante tantos años acariciado proyecto con Killraven o su colaboración con Busiek en Avengers; hasta llegar a sus recientes (y geniales) Fantasic Four: The End y, de nuevo, Clandestine; Alan Davis es un autor que nunca (NUNCA) defraduda. Es precisamente con motivo de la aparición de la segunda miniserie de la ecléctica familia inventada por el autor británico por lo que nos disponemos a efectuar un repaso a toda la trayectoria de una de las series más queridas por su creador.

El Clan de los Destine hace su primera aparición allá por 1994 en la desaparecida Marvel Comic Presents. Una corta historia de ocho páginas nos presenta a los que serán los protagonistas principales de la futura serie: Rory y Pandora (hermanos mellizos y de volátil carácter), Wally, su tutor, Kay, Samantha, Dominic y Newton (con un sospechoso parecido a Woody Allen) conforman una familia en la que nada es lo que parece. Dicha historia sólo sirve para hacernos una idea del tono desenfadado que rodeará a la serie, no avanzando nada sobre su contenido.

Un año después, Clandestine llega a las librerías especializadas americanas con el primer número de lo que inicialmente se prevé será una serie regular: obviando las bondades de un dibujo en el que Davis sigue despuntando como uno de los mejores artistas del noveno arte, lo que llama la atención es la habilidad del británico para hilvanar un guión que, sin llegar a ser una obra maestra, si que supera con creces lo que muchos escritores llegaron a conseguir cuando tenían al dibujante como compañero de fatigas (todos recordamos con espanto las múltiples tramas creadas por Claremont en los primeros números de Excalibur). Con el serio entrenamiento que supuso su labor como guionista cuando se reincorporó a Excalibur en el número 42, Davis nos ofrece en Clandestine todo un perfecto ejemplo de cómo escribir un cómic de superhéroes ameno y divertido pero con la solidez suficiente para ser tomado en serio. Detalles como el personaje de Adam (el patriarca del Clan), su origen y la culpa que lleva sobre sus hombros, son marca de la casa, como también lo son las personalidades perfectamente definidas de todos los protagonistas.

Con tan sólo ocho números editados, Davis anuncia su marcha de Clandestine, dejando huérfana a la colección. Lo que en principio partía como una oportunidad perfecta para volver a disfrutar del autor de forma mensual, se queda en agua de borrajas. Como excusa (no sabemos hasta que punto cierta) el británico argumenta desavenencias irreconciliables con la editorial debidas al color que se le está aplicando a la colección. Fuera Davis, Marvel intenta continuar la serie para aprovechar el buen tirón que ésta ha mantenido en sus ocho números. Para ello cuenta con los guiones de Glenn Dakin, autor británico de cierto renombre en su país, y los lápices de Pino Rinaldi y Bryan Hitch. Los cuatro números que perdura la serie tras la marcha de Davis son un ejercicio de futilidad comercial, un descalabro monumental que terminar por convencer a los responsables de la Casa de las Ideas que Clandestine sin su creador, no es Clandestine. Así las cosas la colección se cancela en su número doce sin saber si algún día volverá a ver la luz.

Un año después de la cancelación, Marvel anuncia un crossover de dos números especiales en los que Clandestine, otra vez con Davis al frente, medirá sus fuerzas contra los X-Men. Aunque su lectura se hace cortísima, sobre todo por el ritmo que Davis aplica a la historia, es un gustazo poder volver a ver al artista dibujando a los X-Men y, por supuesto, a la familia Destine. El guión, que sigue el manual del buen crossover (si es que tal cosa existe) al pie de la letra, demuestra de nuevo la capacidad de Davis para innovar donde otros fallan, aportando miradas frescas en todo aquello que toca; permitiéndose además el autor dar un pequeño tirón de orejas a la maquinaria comercial de Marvel mediante una simple conversación entre Rory y Pandora que tira por tierra aquellos cuatro números que nunca debieron existir.

Tras este crossover (recogido junto a los ocho números iniciales en el tomo que nos ocupa) Davis se lanza de cabeza a la concreción de otros muchos proyectos, dejando otra vez a los aficionados con la duda de si algún día volverá a escribir y dibujar las aventuras de la familia Destine...


Guión y Dibujo: Alan Davis

Editorial: Marvel

Formato: Miniserie de Cinco números en Comic Book de 24 Páginas

Precio: $2.99 c/u

Calificación: 8/10

Han tenido que pasar la friolera de doce años para que Davis vuelva a narrar nuevas aventuras de los Destine, y la verdad es que, a la luz de lo que nos ofrece, la espera ha valido la pena.

Retomando la historia casi donde la dejó tras su primera salida de la colección, Davis construye con tan sólo cinco números un guión apasionante que se lee (se devora) con un entusiasmo propio de la adolescencia; conseguir eso es algo que no está al alcance de cualquiera pero, claro está, no estamos hablando de cualquiera. Introduciendo nuevos misterios en la saga, y recuperando algunos de los enemigos que ya había presentado al inicio de la serie, Davis insufla nueva vida en sus personajes sin cambiarlos en su esencia. Lejos de querer atraer a nuevas generaciones de lectores, el autor tira constantemente de la escueta continuidad que el mismo construyó, escarbando entre los recovecos de la historia mostrada hace catorce años para dar aún más cohesión a esta, su particular familia de superhéroes.

Poco más se puede comentar (el dibujo es magistral, pero eso ya lo saben ¿no?) de una miniserie que sabe a poco (por no decir a nada) y que deja abiertas un par de puertas bastante interesantes para que Davis retome a Rory, Pandora, Walter y compañía en un futuro que esperemos no sea muy lejano...

Sergio Benítez (80)

jueves, 11 de diciembre de 2008

PIEL COLOR MIEL




Guión y Dibujo: Jung Kin Jun

Editorial: Rossell

Formato: Libro Cartoné. 297 Páginas

Precio: 22.95€

Calificación: 8.5/10

Aunque con los años he ido creyendo cada vez menos en las casualidades, no puedo dejar de sorprenderme muchas veces ante las extrañas coincidencias de la vida. En este caso, y aunque probablemente os extrañe de primeras, la casualidad ha sido la sucesión de dos lecturas autobiográficas con claras concomitancias en cuanto a la forma de plasmar gráficamente los recuerdos: una es esta Piel Color Miel, la otra, que me tiene absorbido en estos días, La Ascensión del Gran Mal. Los lugares comunes entre una y otra, desconocidas por el que esto suscribe hasta hace un par de semanas, es lo que me ha llevado a pensar en esto de las casualidades, en cómo muchas veces las cosas se van alineando para que, al final uno termine disfrutando de dos cómics que son una auténtica delicia (aunque del segundo todavía me quede más de la mitad, lo estoy devorando, y eso es siempre una muy buena señal).

El haber leído tantos cómics de autor completo en los últimos tiempos ha ido provocando que cada vez se me antoje más complicado el poder dividir una reseña en términos clásicos de guión por un lado y dibujo por otro. Esto no significa que no pueda hacerse, sino que el separarlos desvirtuaría por completo un comentario que ya de por si no es capaz de hacerle justicia a una obra de arte. Y si muchas veces esta separación resulta compleja (como podía serlo hace unos días la recomicdación de El Cazador de Rayos) cuando se trata de un tebeo como Piel Color Miel, la tarea se torna en imposible.

Ello es debido principalmente a que la traba con la que Jung liga dibujo y narración escrita está tan bien imbricada y transmite un discurso tan genial en su conjunto que separarlos sería como intentar hacer una mayonesa batiendo los huevos por un lado y el aceite por otro. Hilando sus recuerdos de forma aparentemente aleatoria, Jung va guiando al lector por los recovecos más personales de su atribulada vida, comenzando con el relato de cómo, siendo coreano, llego a vivir a los cinco años con una familia belga. Lejos de querer conmover o caer en el sentimentalismo, el autor narra Piel Color Miel impregnado de un optimismo contagioso que, si bien en ciertos momentos se deja contaminar por un hálito de tristeza (esa continua búsqueda interior de su auténtica madre), es capaz de elevar la moral al más pintado.

En el relato que el artista hace de su vida llama poderosamente la atención ( y es ahí donde conecta directamente con la obra de David B.) la forma tan primaria de plasmar los recuerdos y de cómo estos se trasladan al terreno visual. Implicando directamente al lector en la comprensión última de lo que se pretende con cada viñeta, Jung echa mano de un lenguaje visual brillante en el que lo que se plasma con el dibujo es, casi siempre, la primera imagen que a uno se le viene a la cabeza leyendo el texto: por ejemplo, si en una viñeta está contando que los escandinavos fueron los que mayor número de coreanos adoptaron, el dibujo que acompaña al texto es un barco vikingo con la bandera del país asiático.

Preñado de ideas visuales que inciden una y otra vez sobre este concepto narrativo, la lectura de Piel Color Miel termina convirtiéndose en una sorpresa continua siempre a la expectativa de saber con qué nueva invención va a dar al pasar la página. Esta variabilidad hace que las casi trescientas páginas (entrevista con el autor incluida) no caigan en ningún momento en la monotonía que uno no tiene que esforzarse mucho por encontrar en decenas de tebeos mainstream (aquí no hay descompresión narrativa) de esos que han ido provocando mi actual desinterés por los universos MarvelDCeros. Una gozada de cómic.

Sergio Benítez (79)

miércoles, 10 de diciembre de 2008

BATMAN R.I.P.

Guión: Grant Morrison

Dibujos: Tony Daniel

Editorial: DC

Formato: Comic Book

Precio: 2.99 / 3.99 $

Calificación: 1/10 (por las portadas de Ross, que si no...)

Recuerdo como esa enciclopedia de cine llamada Carlos Pumares explicaba en su programa radiofónico Polvo De Estrellas que si una película era una obra maestra era porque desde el actor principal hasta el que pone las flores en el camerino estaban estupendos. Sin embargo cuando una peli era infecta la ecuación se volvía a repetir pero en el otro sentido, no había nadie que se pudiera salvar, ni el director, ni el guionista, ni el que sacaba a pasear a los perros.

Algo parecido pasa con este Batman RIP, enésima obra llamada a convulsionar el estatus del hombre murciélago. Y es que no hay por donde cogerla. Mare mía, que cosita más mala. Desde la primera página hasta la última nos encontramos con una serie de despropósitos y de tópicos que hacen de esta saga, muy posiblemente, lo peor que me he leído este año que esta a punto de finar.

Vayamos por partes para no mancharnos mucho. De la etapa de Morrison al frente de la serie cabecera me he leído algo, no toda, apunten el Batman And Son, que ya reseñe en su momento y que me pareció una lectura de lo más cerdoidal y rancia, y poco más. Pero RIP es incluso peor. No se muy bien que ha intentado Morrison, o mejor dicho, sí lo se. Me imagino al amigo Didio pidiéndole, como si de un niño envidioso se tratara, su propia Muerte Del Capitán América. Y eso no es posible, por la sencilla razón de que ni Morrison es Brubaker, ni Batman es el Capi. Así de simple.

En cuanto al dibujo… ¡por favor! No lo entiendo. Si quieres hacer de este RIP un evento de vital importancia haz el favor de poner a gente que esté a la altura de las circunstancias. Otra vez Didio, menudo piquito tienes hijo mio, diciendo que el trabajo de Tony Daniel en RIP es, con diferencia, el mejor de toda su carrera. Ah, pues muy bien. Por cierto Mr Didio, tan solo una preguntita sin importancia, WHO THE FUCK IS TONY DANIEL? Pero que clase de engaño es éste. Tony Daniel, en sus años mozos, no era un buen dibujante, cosa que no ha cambiado para nada en el 2008. Que poco transmite este hombre, siendo su especialidad los personajes estáticos y desproporcionados.

Y de la historia tampoco quiero entrar en muchos detalles porque, primero, no hay muchos, y segundo, tampoco quiero chafar la lectura a lectores potenciales, si es que queda alguno. Nuevo grupo de villanos llamado El Guante Negro formado por individuos que parece los hayan sacado del programa de Jesús Quintero: un tipo de dos metros que lleva una gabardina y un cubo de metal en la cabeza, un jorobado que usa careta y que bien podría ser el Pozí, un notas con traje, corbata y una mascara de lucha libre mejicana y para rematar un arlequín-mimo-psicópata (como te pasas Morrison) que está pa comerselo. Pues lo dicho, este grupo hará todo lo posible para amargarle la existencia al amigo Wayne, el cual está muy acaramelado con una jamelga nueva que ha descubierto cierto aspecto oculto de nuestro prota. A partir de aquí habrá asaltos a la mansión, Alfred por los suelos, Bruce amnésico y llevando un traje de Batman que se parece bastante a la equipación con la que España ganó la última Eurocopa, Robin y Nightwing haciendo de las suyas (no, eso no, malpensados), Batmito en plan Pepito Grillo y un final que es del tebeo, nunca mejor dicho. Buff, vaya pastel.

Para colmo de males, una vez terminé Batman RIP, me zampé el primer número de Secret Invasion, o lo que es lo mismo, OH-MY-GOD! Brutal, pero eso es otra historia, y menuda historia, de la que hablaré la próxima semana. Hasta entonces esperemos que este Batman RIP se quede RIP y bien RIP, por tus RIPs.

Marione (39)

*Si la serie central es mala. el resto de tie-ins es pura ojana. Ni los pajaros lo quieren para hacer nidos.

martes, 9 de diciembre de 2008

PRIMERAS VECES



Guión: Sibylline

Dibujo: Varios


Editorial: La Cúpula


Formato: Libro Cartoné. 204 Páginas

Precio: 18€

Calificación: 8/10


Hablar de sexo sin ningún tipo de tapujos y con total libertad sigue siendo una suerte de tabú en un país que se da golpes en el pecho llamándose liberal. Prueba fehaciente de ello es la reacción que tuvo un cliente de mi tienda habitual de cómics que estaba en la caja al mismo tiempo que yo: su cara de estupor al ver mi anillo de casado y observar como adquiría con total naturalidad este Primeras Veces lo decía todo, me estaba juzgando sin ni siquiera conocerme, y todo porque estaba cometiendo la obscenidad de llevarme a casa un cómic erótico. Evidentemente no le dije nada (a estas alturas de mi vida he tenido que contemplar ese tipo de miradas reprobativas en muchas ocasiones, y no precisamente por llevar en la mano un cómic erótico, sino simplemente por llevar un cómic), pero no me faltaron ganas de soltarle algo como "Sí, que pasa, estoy casado y me llevo un tebeo pornográfico, ¿algo que objetar?".

Leído Primeras Veces me encantaría volver a cruzármelo para comentar la ternura e infinidad de sentimientos que subyacen bajo la evidente y explícita capa sexual que sirve como reclamo a un tomo cuya adquisición fue provocada por dos factores con nombre propio: Oliver Vatine y Cyril Pedrosa. Al segundo lo descubría hace un par de semanas con esa maravilla llamada Tres Sombras. Al primero me lo encontré hace años en la edición española de Aquablue (Planeta, nunca te perdonaré que no la terminaras de editar) y también en la miniserie de Star Wars:Heir to the Empire, y no sabía nada de él desde entonces.

Y me he ido por la tangente. Volviendo a lo que Primeras Veces supone como lectura he de admitir que, por más que sus diez historias sean narradas por dibujantes diferentes de muy variados estilos (y para ello sólo hace falta comparar el trazo realista de Avian o Bertail con lo figurativo de McKean) una sola voz es la que los une desde el punto de vista argumental, la de Sibylline. Con el anonimato que proporciona el pseudónimo bajo el que se esconde la joven secretaria de David Chauvel, editor de Delcourt, lo sugerente de cada uno de los relatos queda subrayado por describir de forma intensa una primera vez, ya sea iniciando a sus protagonistas temporales en el sexo, la masturbación con consolador, el trío, la sodomía, el lesbianismo o los juegos de rol sexuales.

Explícitas como cualquier película pornográfica, las historias de Primeras Veces no muestran incomodidad ninguna a la hora de narrar con detalle algo tan natural como el sexo, siendo labor del lector ir un paso más allá para encontrar otros mensajes que abunden el contenido que se desprende de cada capítulo, y créanme cuando les digo que en las pocas páginas que ocupan cada uno de ellos hay mucho por descubrir.

Dejando esa personal labor a aquellos que adquieran el volumen editado por La Cúpula, no puedo terminar de escribir sobre este estupendo tebeo sin alabar la selección de dibujantes que adornan con su trazo las palabras de Sibylline. Al margen de los citados Pedrosa y Vatine, de la variedad que ofrece Primeras Veces me quedo con el dibujo desenfadado de Virginie Augusstin (de la que tendré que hacerme con su Alim, el Curtidor) y la elegancia de Vince.

Sobra comentar que Primeras Veces es una compra muy recomicdable para aquellos que vean el sexo como lo que es (y no como algo a lo que tenerle tanto respeto como miedo) y no tengan reparos en que alguien pueda mirarles con malos ojos (con esa "mirada sucia" que decía Resines) en la tienda donde lo adquieran.


Sergio Benítez (78)

lunes, 8 de diciembre de 2008

GARI FOLCH

Guión y Dibujo: Joan Mundet

Editorial: Dolmen

Formato: Libro Cartoné. 136 Páginas

Precio: 15€

Calificación: 7/10

Siendo uno de los dibujantes españoles con los que tuve un contacto más temprano, el trazo de Estebán Maroto (que descubrí un día por casualidad en la miniserie de Atlantis editada por Zinco) siempre me parecido fascinante. La facilidad con la que el dibujante conseguía concretar el realismo de sus figuras, unida a la grandiosa vertiente fantástica que cultivaba en casi todas sus obras, hicieron de él uno de esos dibujantes a los que siempre he tratado de seguirles la pista. Es lógico pues que, al hojear este volumen de Gari Folch para dilucidar si llevármelo a casa o no, mis dudas se disiparan rápidamente cautivado por un dibujo que pedía a gritos una mayor atención.

Como suele pasarme al descubrir a un nuevo artista del que no conocía nada, me puse enseguida a investigar para averiguar quién era Joan Mundet y así poder llenar algunas líneas más de esta recomicdación. Nacido en una pequeña población cerca de Barcelona, Mundet desarrolló de forma muy temprana la afición por dibujar, comenzando su actividad como profesional en 1974. Y es precisamente en ese momento donde arranca lo que el dibujante y guionista relató para las páginas de la desaparecida Rambla (una revista de cómics editada en Cataluña en el primer lustro de los años ochenta), sus difíciles inicios como dibujante de tebeos.

Aún siendo un relato autobiográfico, Mundet inventa a un alter ego (Joan Fornells) para narrar a través de él las penurias por las que cualquier artista de cómic que no estuviera consagrado pasaba en España en los años de la transición: desmitificando una profesión que siempre ha estado envuelta en una aureola de prestigio, Mundet ancla a la realidad del día a día lo que suponía tener que ir llamando de puerta en puerta y ver como gente que sabía de tebeos como podía saber de ingeniería aeronáutica desprestigiaba tu trabajo por el mero hecho de no tener "oficio", algo que sólo podía adquirirse, obviamente, si se tenía la oportunidad de trabajar en el mercado del cómic.

A la luz de lo que Mundet dibujaba (y dibuja, en las novelas y adaptaciones al cómic de Alatriste) está claro que, o los editores de la época estaban ciegos o tenían muy pocas aptitudes en su profesión. No quiero que nadie se ofenda, pero leyendo Gari Folch el asombro acerca de las impresionantes cualidades del trazo del artista, sólo se ve superado por la estupefacción al contemplar como su trabajo era rechazado y denostado una y otra vez. Con un genial dominio de la composición y un dibujo que aglutina obvias influencias como las de Maroto o Altuna, Mundet ofrece en este volumen un recital en el que subyace un claro mensaje, alejado de la obviedad de que con tesón se alcanza todo.

Ese mensaje, apuntado de forma sutil en la portada con la protagonista (su mujer) en posición fetal envuelta en una sábana ilustrada con viñetas de cómic, es el hilo conductor ya no sólo de la narración sino, de forma más que probable, de la vida de Mundet: el amor por su esposa. Es este sentimiento el que le empuja a seguir adelante superando rechazos y trabajos mal pagados. Y es precisamente amor, ya no sólo por su compañera, sino por el tebeo, lo que rezuma de todas las páginas de Gari Folch, una elección excelente y necesaria por parte de Dolmen que esperemos tenga continuidad en la recuperación de otros trabajos poco conocidos de los años ochenta.

Sergio Benítez (77)