lunes, 13 de abril de 2009

FABLES vol.10: The GOOD PRINCE

Guión: Bill Willingham

Dibujo: Mark Buckingham


Editorial: DC


Formato: TPB. 240 Páginas

Precio: $17.99

Calificación: 9/10

Permítanme comenzar con una pequeña historieta personal: cuando comencé a coleccionar cómics en firme, el material que durante dos o tres años nutrió mis por aquel entonces exiguas estanterías fue, en su inmensa mayoría, grapa. ¿Por qué?, pues muy sencillo, Algeciras no contaba en aquellos tiempos con tienda de cómics (una carencia que Inma y su Amuleto vinieron a suplir con el tiempo) y lo máximo a lo que uno podía aspirar era a lo que llegaba a esta o aquella papelería cercana a su casa. Aún así, el nivel de compras no era bajo, y por mis manos pasaron infinidad de series en comic-book y, de cuando en cuando, algún que otro de los tomos editados por Zinco o Forum que, no se sabe muy bien por obra de que hados, llegaban a mi ciudad. Todo ello cambió por un doble motivo cuando emigré a Sevilla: primero, el descubrimiento de las tiendas de cómics (la recordada Elektra, Nostromo, Arte 9, la fenecida Rumbo Sur) y del Previews; el segundo, y más importante, internet. A través de la red, y con el auxilio de Milehigh (una tienda imprescindible aún hoy) pude ir completando los muchos huecos que faltaban en mi tebeoteca con ingentes cantidades de grapas venidas del otro lado del océano. Pero, ay, llegó un momento que eran tantas las colecciones que seguía, y tan poco el tiempo para leer (la puñetera carrera se encargó de ello a base de bien) que se me acumulaban las lecturas atrasadas por meses y si no era así, llevar tantas colecciones para adelante comenzaba a mermar seriamente en mi capacidad retentiva, hasta el punto de que casi no era capaz de recordar de un mes para el siguiente que pasaba en tal o cual título. Y entonces llegaron los tomos recopilatorios. "Mi salvación", pensé. Y sí, lo fueron, al menos durante unos años en los que si quería, podía leer doce meses de cualquier serie del tirón siendo un poco paciente. Y aquí es donde arranca la verdadera recomicdación de Fables...

Y diréis, ¿que tiene que ver toda esta historieta con la serie de Willingham y Buckingham?. Muy sencillo, desde hace año y medio más o menos, son tantas las lecturas que se me han acumulado (y ya no son grapas, sino tomos de grosor variable) que cuando me he querido dar cuenta, llevaba más de doce meses sin hincarle el diente a la genial colección de los personajes de cuentos, con todo lo que ello implica: mi memoria, que ya no es lo que era por tanta saturación de información (y no sólo de cómics, sino también de cine, bandas sonoras y, por supuesto, mi profesión), no es capaz de acordarse de los detalles de un título al que hace más de trescientos sesenta y cinco días que ni miraba, cuanto más si se trata de una colección cuya continuidad es fundamental para su buen entendimiento y disfrute. Es por ello que cuando saqué este tomo diez de la balda que tengo destinada a pendientes, lo hice no sin cierto temor a que no fuera a acordarme de nada. Y así fue, al menos durante las primeras diez páginas.

Perdido inicialmente entre las muchas referencias que se hacían a lo sucedido en los números (o tomos) anteriores de la serie, gracias a que Willingham pronto se centra en establecer los dos frentes iniciales sobre los que moverá la totalidad del volumen, podemos disfrutar de una de las sagas más compactas de cuantas haya escrito el guionista desde que comenzara su serie hace ya casi siete años. Haciendo gala de una salud envidiable, Fables encara con The Good Prince un arco argumental soberbio, en el que el guionista coge a uno de los personajes más queridos (al menos por el que esto suscribe) del inmenso universo de cuento por él imaginado y le da un giro de ciento ochenta grados, transformando a Flycatcher de encargado de la limpieza en el edificio que rige los destinos de Fabletown en monarca de un nuevo reino en el corazón de las tierras controladas por el temido Adversario.

Usando para ello la misma calidad de imaginación que ha venido demostrando hasta la fecha, Willingham añade a la ya rica iconografía de Fables un nuevo personaje y, por ende, nuevas leyendas con las que jugar, las Artúricas, trayendo para la ocasión a Lanzarote como principal acicate para lograr que Fly se transforme en rey. Lo que sigue es el recuento de las hazañas del soberano de Haven en su lucha continua contra las fuerzas del Adversario, logrando el guionista cotas de excelencia a la hora de narrar las nobles peripecias del que hasta hace poco en la serie había sido un simplón secundario.

Decía antes que Willingham abre dos frentes bien diferenciados centrándose el segundo de ellos en avanzar lo que ocupará sin duda buena parte del futuro inmediato de la serie: la inminente guerra entre Fabletown y las fuerzas del Adversario. Descubierto el plan del enemigo gracias a Frau Totenkinder (la bruja de Hansel y Gretel), las pequeñas píldoras de información que el hábil escritor va soltando a lo largo de la lectura van dibujando lo que se adivina como una saga apasionante de la que habrá que estar muy pendiente.

En el apartado gráfico, Mark Buckingham cumple como ha hecho hasta ahora a lo largo de la gran mayoría de los sesenta y nueve números de la serie. Habiéndose distanciado notablemente de sus obvias similitudes iniciales con Chris Bachalo (dibujante que últimamente ha oscurecido su narrativa de forma ostensible) no es que el trazo de Buckingham haya evolucionado mucho desde los inicios de Fables, pero es innegable que su personal estilo ha sido el que se ha convertido a la serie en lo que es, con esos enmarcados de página tan característicos y la correcta diferenciación de personajes que consigue con pocos elementos.

Lo dicho, Fables (y no sólo este tomo sino la serie en general) es uno de los mejores tebeos regulares editados hoy en Estados Unidos que nada tienen que ver con los superhéroes. Retomando el comentario con el que iniciaba la recomicdación, si algo tengo claro es que no voy a volver a esperar más de un año para leer el volumen 11 (titulado War and Pieces). De hecho, cuando escribo estas líneas, el recopilatorio viene de camino desde el otro lado del charco, así que es de esperar que en pocas semanas volvamos a incidir sobre este magno cómic. Hasta entonces, que ustedes sean felices y, si la crisis se lo permite, coman perdices.

Sergio Benítez (141)

miércoles, 8 de abril de 2009

DRAGONBALL ULTIMATE EDITION


Guión y Dibujo: Akira Toriyama

Editorial: Planeta DeAgostini

Formato: 32 Libros Rústica. 224-232 Páginas

Precio: 7.95€ c/u

Calificación: 10/10

Creo haber comentado alguna vez que Dragonball jugó un papel muy importante en mi decisión de empezar a tomarme los cómics como algo más en serio que un mero entretenimiento. Hasta la aparición del número uno de la serie roja en 1992, llevaba dos o tres años coqueteando con la idea de que las compras esporádicas que hacía de algún que otro cómic suelto pasaran a ser una costumbre mensual, uniéndose a mis otras dos aficiones (el cine y la música de cine) como parte de mis gastos fijos. Sin embargo, en ese tiempo, no encontraba ninguna colección que llamara mi atención lo suficiente. A ver, no me malinterpretéis, estaban Superman, Spider-man, Hulk o los dichosos mutantes, pero el peliagudo asunto de la continuidad ya me echaba bastante para atrás por aquel entonces. Como quiera que Bola de Dragón se había convertido en muy poco tiempo en un visionado obligado, el encontrarme un buen día con el cómic en la papelería que servía de desfogue para mis cada vez más recurrentes compras fue todo un shock: en tonos rojos y con el título de Dragonball Z en un amarillo chillón aparecía en la portada un Goku con el pelo rubio que no se había visto hasta entonces por la televisión. Ahí comenzaba todo.

Como podrán comprender, el cariño que guardo a ese número en especial (que por desgracia vendí conforme me fui haciendo con las diferentes ediciones que Planeta fue sacando en el transcurso de los años) en mi memoria es un punto de partida poco objetivo para la recomicdación que están leyendo, pero espero que sepan perdonármelo. Habiéndome saltado la serie blanca, que había comenzado a editarse pocos meses antes, y a sabiendas de que la duplicidad de publicación por parte de Planeta se debía a la voluntad de la editorial de enganchar a nuevos lectores anticipándoles lo que iba a ocurrir en el anime, Dragonball pasó, de la noche a la mañana a ser EL PRIMER cómic del que no podía prescindir ningún mes, calmando mis ansias lectoras en el tiempo que pasaba entre la publicación de uno y otro número releyendo de forma ávida las páginas de los números que ya tenía en mi poder. A partir de ahí, y poco a poco, otros cómics comenzaron a formar parte de mi incipiente colección. Pero siempre con Dragonball ocupando un sitio de preferencia.

El coleccionista que desde pequeño ha habitado en mí fue evolucionando, se mudó de ciudad, y comenzó a abrir horizontes con otros tebeos, pero manteniendo la constancia en cuanto a mi fidelidad con la magistral serie de Toriyama: tras las series blanca y roja vinieron los tomos (primeros los blancos, después los amarillos), y tras ellos, e ignorando de forma más que consciente la compra de las series amarilla y azul, llegarían los treinta y dos volúmenes que componen la Ultimate Edition. Con páginas a color, nuevas portadas del dibujante nipón y una cuidada edición a un tamaño superior a de los tomitos blancos/amarillos pero inferior a la del cómic de grapa, la Ultimate Edition ocupa hoy un lugar prominente en mis estanterías y ya ha sido objeto de un par de lecturas completas (la que le hice mientras recibía la suscripción mensual y una más que efectué una vez hubo terminado su publicación) que no han hecho más que confirmar que Dragonball es una de esas series por las que no pasa el tiempo y en la que múltiples incursiones no hacen mella en su capacidad para entretener como pocas.

Diferenciándose del anime en la no eternización de las varias sagas que la componen (todo el mundo recuerda lo de los segundos que faltaban para que Namek explotara), Toriyama consigue con sus más de siete mil páginas un cómic que sabe como divertir, mantener la tensión y motivar a una lectura que, aunque en muchas ocasiones resulta rápida en exceso por las ingentes cantidades de viñetas que se dedican a las escenas de lucha, es de lo más gratificante. Poco se puede decir que no se haya dicho ya acerca de las inmensas virtudes del dibujante como narrador, sobre todo en lo que a las peleas atañe, dominando el nipón a la perfección los encuadres y nunca cayendo en la desorientación espacial que tanto abunda en los tebeos japoneses: a ninguna página de Dragonball puede achacársele el ser confusa o haber saltado de una viñeta a otra sin que la elipsis narrativa quede perfectamente definida. Esto, unido a la perfecta caracterización que Toriyama hace de todos y cada uno de sus personajes, desde los principales hasta el último secundario, y el derroche de imaginación y detalle que pone, no sólo en la creación de ellos sino en los fantásticos entornos donde va moviendo la acción, convierte a Dragonball en todo un ejemplo de manga a seguir.

En cuanto a los guiones, mucho se ha criticado la simplicidad de los mismos y como el avance de la serie acusa, a partir de la inclusión de Piccolo y la posterior aparición de la denominación Z, el síndrome del "malo más grande": los detractores de la serie (que los hay, como es natural) siempre han arremetido contra el hecho de que, con la aparición de Vegeta, la frescura y humor de Bola de Dragón se pierda en un afán del Toriyama escritor por poner a prueba los límites de su storytelling y, por consiguiente, de su imaginación, a la hora de concretar el siguiente supervillano. En mi modesta opinión eso resultaría negativo si el japonés repitiera esquemas cada vez que una saga acaba y comienza la siguiente. Pero ese no es el caso. Dragonball no acusa en ningún momento cansancio por parte de su creador, como mucho se le podría achacar una cierta premura en los últimos números, cuando cierra como loco los flecos que le han quedado sueltos, y aún así estaríamos haciendo flaco favor a todo lo que se desarrolla en el resto de la colección. Y aquí hay decenas de momentos en los que detenerse: desde la impactante transformación de Goku en Superguerrero al sacrificio de nuestro héroe en la lucha con Radik o la fusión de los héroes con los Potala; desde la revelación del origen de Piccolo y su relación con cierto personaje divino a la chocante muerte de Krilin o la relación de éste con la robot y la niña que tienen en común (sic); desde Vegeta convirtiéndose en Ozaru y Yajirobai tornándose en inesperado héroe a Célula alcanzando la perfección y transformándose en un ser invencible o la curiosa relación entre el monstruo Bu y el cobarde Satán....son tantos los detalles de la historia en los que nos podríamos fijar que necesitaríamos de otra recomicdación para poder listarlos convenientemente.

Y es que Bola de Dragón hay que tomarla como lo que es, un entretenimiento de primer orden que no pretende mover a la reflexión profunda, sino hacer que el lector vuelva a una etapa de su vida donde bastaba con leer "Kamehameha" para ser transportados durante varios minutos a un mundo en el que todo era posible de la mano de unos personajes que para siempre quedarán bien guardados en nuestra memoria. Sirva esta
recomicdación como sentido homenaje a una colección que tanto supuso para muchos aficionados en su momento y que, eso seguro, seguirá despertando pasiones en las futuras generaciones que a ella se acerquen.

Sergio Benítez (140)

P.D: ¡Casi se me olvida!. Con motivo de las festividades nos tomamos unas mini vacaciones lo que queda de Semana Santa y nos volveremos a ver el lunes con nuevas recomicdaciones.

martes, 7 de abril de 2009

DR. SLUMP


Guión y Dibujo: Akira Toriyama

Editorial: Planeta DeAgostini

Formato: 40 Libros Rústica. 80-96 Páginas

Precio: 3.60€ c/u

Calificación: 9/10

La primera vez que escuché hablar de Dr.Slump no fue en ninguna revista especializada, más que nada porque el manga como tal aún no había desembarcado en España. Tampoco fue por Internet, ya que la red era un concepto que ni siquiera existía como la conocemos hoy. No, la primera vez que escuché algo sobre la genial serie de Toriyama ésta se llamaba Arale y fue por boca de un antiguo amigo del instituto: Julio, que así se llamaba, tenía ascendencia gallega, y todos los veranos y fiestas de guardar aprovechaba para subir a tan bella tierra para estar con sus congéneres. Y fue precisamente a la vuelta de las Navidades del 90 cuando, bromeando acerca de no se qué tema, soltó, en su perfecto gallego: "¡Eu son Suppamán!". O algo así. Estupefacto por la extrañeza de dicha frase le pregunté que de donde la había sacado, contestándome él que de una serie de dibujitos animados japoneses que ponían en la televisión autonómica gallega. Y ahí quedó todo durante muchos años. Hasta que un buen día de 1997 descubrí que cierta tienda de cómics sevillana tenía en sus estanterías el número uno de Dr.Slump. Aunque ya sabía de su existencia por las pistas que había ido recogiendo de aquí y allá desde que Bola de Dragón hiciera su aparición cinco años antes, no podía imaginar que se trataba de la misma serie de la que Julio tanto había hablado. Obviamente, el cómic terminó en mi casa...él, y los treinta y nueve tomos restantes que forman esta gran obra de Akira Toriyama.

Viéndola con la perspectiva de los años lo cierto es que el tono de Dr.Slump y sus intenciones guardan muchas similitudes con una de mis sitcoms norteamericanas favorita (por cierto, que quede claro para los restos que la mejor serie de la historia de la televisión yanqui es Friends; he dicho), la genial e intrascendente Seinfeld. Definidiéndose a si misma como una "serie que no va de nada", los diez años que estuvo en antena nos dejaron muchas muestras para comprobar que efectivamente, y al margen de su punto de partida - cuatro amigos, dos de ellos ex-pareja, y lo que la vida les va guardando- Seinfeld es inclasificable. Y esto mismo podría ser aplicable a Dr.Slump: con un punto de partida muy claro y un cierto viso de continuidad (del que, todo sea dicho, Seinfeld casi carecía), la serie de Toriyama es una continua experimentación del joven mangaka - que cuenta con veinte años cuando empieza a dibujar y veinticinco cuando arranca con la presente colección- en cuanto a los límites del humor absurdo y surrealista que caracterizó a Sembei, Arale y compañía durante sus cinco años de vida.

Dr. Slump comienza cuando un tímido inventor algo torpe, olvidadizo y obsesionado con las mujeres
- una obsesión que heredará el Mutenroi de Bola de Dragón- llamado Sembei Norimaki construye un robot con forma de niña de diez años al que bautiza como Arale. A partir de ahí, y manteniendo como hilo común por una parte el enamoramiento constante del chiflado inventor por Midori, la candorosa profesora del colegio con la que siempre intentará casarse, consiguiéndolo finalmente y de la forma más absurda hacia la mitad de la serie; y por la otra los constantes e increíbles inventos de aquél y las pertinaces trastadas que Arale va cometiendo allá donde vaya, Toriyama crea un universo rico tanto en personajes como en ciertos detalles (esos mojones tan típicos del nipón) que hacen de Dr.Slump un cómic maravilloso.

Caracterizando a la serie con un espíritu coral que hace que muchas veces los secundarios adquieran tanto o más protagonismo que Arale, Norimaki, Gatchán o Midori, el artista japonés se inventa toda una serie de carismáticos acompañantes entre los que se encuentran Taro, Akane, Pisuke, la insoportable Kinoko, el malvado Dr. Mashirito, una versión reducida de Ultraman y, cómo no, el ridículo Suppamán (incluso un Dios con toda la cara del Duende Tortuga llegará a aparecer por la serie).Todos y cada uno de ellos, y otros muchos más, sirven a Toriyama como constante arma arrojadiza con la que tratar las situaciones más peregrinas, siempre con gran intrascendencia y sentido del humor y nunca pretendiendo conseguir nada más que hacer reír a carcajada limpia al lector, algo que, con enorme y pasmosa facilidad, consiguen todas y cada una de las historias, todos y cada uno de los tomos sin excepción. Obviamente no es este el lugar para intentar repasar la ingente cantidad de chistes, homenajes (genial aquel alumno nuevo del colegio llamado Skop con el rostro de Leonard Nimoy), parodias y referencias multiculturales que Toriyama esconde a lo largo de los cuarenta tomos, algo que creemos obligado dejar al descubrimiento del lector.

Y no, no me he olvidado del apartado gráfico, es que he querido reservarlo para el final. Asomarse a cualquier página dibujada por Toriyama, sea cual sea la serie, suele ser una auténtica gozada, una sensación aumentada si cabe en Dr.Slump por la asombrosa cantidad de detalles con las que el japones empaqueta su trabajo: casi cada viñeta de la serie esconde algún detalle en el que pararse al menos unos segundos para dar fe del cariño y tiempo invertidos en el dibujo. Además, Dr.Slump sirve como precisa exposición de las inquietudes gráficas del autor así como de la evolución del mismo en el tiempo. Comenzando a dibujar con un estilizado trazo, Toriyama irá paulatinamente achatando a todos sus personajes, siendo notable el uso que hará de la diferenciación entre su trazo más "serio" y el más suelto y dicharachero. Dicha distinción nunca queda mejor expuesta que cuando el nipón quiere poner en ridículo (y esa es una de las constantes del tebeo) a Sembei, dibujándolo como un atractivo adulto cuando este quiere impresionar a Midori o a si mismo para, en la siguiente viñeta, cuando ha quedado patente su incapacidad para relacionarse con una mujer sin sangrar por la nariz o su torpeza para que los grandes inventos que lleva a cabo sean tan grandes, representarlo como un cabezón paticorto.

Si con algo deberían quedarse tras leer esta recomicdación es con la clara idea de que pasearse por Villa Pingüino es tarea obligada para cualquier amante de los cómics, ya se hayan criado desde pequeños en los bosques con Thorgal, lanzando su escudo con el Capitán América o surcando los cielos con Superman;
tal es su grandeza y genio. Dr.Slump es una serie para la que no existe edad recomendada, pues su humor y naturalidad es recomendable para todas las edades. Si todavía no se han acercado a su lectura, salgan ahora mismo y háganse con alguno de sus tomos; y no me vengan con la excusa de que "es que es un manga" o que "no me gusta el cómic japonés"....¡paparruchadas!. Hagan lo que les digo. No se arrepentirán.

Bye Cha!.

Sergio Benítez (139)

lunes, 6 de abril de 2009

NEKOMAJIN

Pasado mañana se estrena la temida versión (muy libre por lo que se ha podido ver) de imagen real de Dragonball, que para colmo de males se ha subtitulado Evolution no vaya a ser que se confunda con el manga o la serie de dibujitos (sic), y de la que, según parece, hay planes para una trilogía que recorrería las tres etapas del anime (Dragonball, Dragonball Z y Dragonball GT). Esperando que esto no suceda, y la pésima taquilla japonesa así lo apunta, os ofrecemos un mini-especial que, sinceramente, no tenía pensado hacer, más que nada por falta de tiempo. Al final han podido más las ganas que el tiempo y arrancamos aquí con una breve recomicdación de Nekomajin.

Ncha!


Guión y Dibujo: Akira Toriyama

Editorial: Planeta DeAgostini

Formato: Libro Rústica. 192 Páginas

Precio: 7.95€

Calificación: 6/10

Última de las obras de Toriyama publicada en España (y última de las creadas por el autor hasta la fecha), resulta triste observar como el artista japonés ha ido reduciendo la calidad de sus productos en cuanto a guión se refiere desde que dejara Bola de Dragón. Así, Nekomajin se une a los Kajika, Cowa! o Sand Land, mangas en los que lo único que ha hecho es repetir esquemas y fórmulas extraídas directamente de sus dos grandes éxitos
, las geniales Dr.Slump y Dragonball.

El protagonista de Nekomajin es un gato con poderes mágicos que se dedica a defender el bien de una manera bastante peculiar y egoísta. Editada en España en un tomo de formato similar al de la Ultimate Edition de Dragonball, las historias que aquí se recogen fueron publicadas en ocho entregas entre 1999 y 2005 en el país del sol naciente y sólo las cinco últimas, tituladas Nekomajin Z guardan una cierta semblanza de continuidad. Las otras tres sirven para presentar a un personaje que por su comportamiento recuerda rápidamente al Bu de Dragonball, ya que la moralidad con la que actúa es bastante cuestionable, y al final hace más trastadas que deshace entuertos. Punto en común con la magna obra del nipón es también el detalle del más potente ataque del gato, el nekokameha, directamente extraído del kamehameha de Goku, personaje que, junto a Vegeta, y Bu, aparecerá en las tres últimas aventuras. De ellas, la centrada en Vegeta resulta la más hilarante, por cuanto el duro personaje queda completamente ridiculizado.

Y si los apuntes hacia Dragonball se ciñen más o menos a lo que hemos comentado arriba, los de Dr.Slump son más sutiles pero abarcan la totalidad de la lectura en la forma de ese humor absurdo que tan bien caracterizó al primer trabajo del japonés. El problema es que, allí donde la serie de Arale era todo frescura, Nekomajin es simplemente reiteración tras reiteración, y el cómic apenas consigue provocar media sonrisa, ni siquiera cuando Toriyama recurre a la auto-parodia de los últimos capítulos.

Donde el artista no defrauda ni un ápice es en el acabado visual, que bebe directamente de las copiosas cotas que alcanzara en Dragonball, dominando con una facilidad envidiable los encuadres, la composición de página y el storytelling a la hora de plasmar las luchas (que resultan un pálido reflejo de las maravillosas peleas de la serie de Goku y cía.), pero olvidándose por el camino de crear un manga con cierto espíritu de independencia que sepa sobrevivir a sus excesivos débitos. A la postre, Nekomajin resulta un triste y ¿temporal? epitafio (no se sabe mucho acerca de en qué anda metido) a la grandiosa carrera del autor gracias al que se popularizó el manga en nuestro país.

Sergio Benítez (138)

viernes, 3 de abril de 2009

PEQUEÑOS ECLIPSES

Guión y Dibujo: Fane & Jim

Editorial: Rossell

Formato: Libro Cartoné. 296 Páginas

Precio: 21.95

Calificación: 8.5/10

Si elimináramos de su filmografía todas aquellas cintas que no son adaptaciones de textos literarios, de lo concretado por Branagh en los últimos veinte años, nos quedarían tres películas, Morir Todavía, Los Amigos de Peter y el genial remake de La Huella. Como quiera que en Pequeños Eclipses no hay lugar para reencarnaciones ni tampoco para un cara a cara entre dos únicos personajes, está claro que sacar a colación al director y actor inglés de forma tan rocambolesca sirve para quedarnos con la tercera en discordia, Los Amigos de Peter. En ésta, Branagh compone un afinado retrato de la multiplicidad y variedad de las relaciones humanas a través del peculiar caleidoscopio que conforman un variopinto grupo de amigos que se reúnen después de diez años sin verse, convocados por uno de ellos. Con sutiles diferencias (como por ejemplo que el grupo lo formen seis y no ocho amigos) la historia hilvanada con maestría por Fane & Jim guarda no pocas concomitancias con la estupenda cinta del realizador inglés.

Seis amigos (bueno, cinco amigos y una joven agregada) se trasladan a un pequeño pueblo de la campiña francesa para contemplar un eclipse de sol. El grupo, en el que menos la joven todos rondan los treinta y cinco años, lo componen un matrimonio cuyas peleas sólo quedan superadas por sus fogosas reconciliaciones; un padre felizmente casado decidido a tener una aventura extramarital con una joven de diecinueve años que ha conocido por internet; el estereotipo de gay, amigo de las mujeres y con muy poco éxito en el amor y, completando el quinteto, una sobria y reservada mujer que esconde no pocos secretos de alcoba.

Escrito y dibujado a cuatro manos, la implicación de Fane & Jim en su creación se traduce de forma directa no tanto en la historia (cuyas bases quedan sentadas por el encuentro de los amigos) como en el desarrollo de los diálogos. En ellos, los artistas vuelcan todo su acerbo de conocimientos de las pequeñas idiosincrasias que nos hacen humanos para dar vida a seis personajes que, si no nos dijeran que son ficticios, podríamos afirmar que tienen sus contrapartidas en el mundo tridimensional. A lo largo del fin de semana que los personajes comparten, un lector convertido en improvisado voyeur acompaña a los autores mientras estos diseccionan con precisión quirúrgica a todos y cada uno de los "intérpretes" de este hiperrealista relato que juega sus mejores cartas en la naturalidad con la que se van planteando todas y cada una de las "secuencias" (atentos a la cena en el restaurante).

A aportar esa rara cualidad ayuda sobremanera la elección de dejar el dibujo en unos inquietos lápices manchados de gris sin que la tinta pueda corregir ninguna imperfección. Ello provoca que casi todas las páginas transpiren ese aire de apunte del natural que tan bien sabe capturar el guión, conformando ambos una lectura cuya efusiva recomicdación, como habrán supuesto, es más que obligada.

Sergio Benítez (137)

jueves, 2 de abril de 2009

RG vol.2: Bangkok-Belleville

Guión: Pierre Dragon

Dibujo: Frederik Peeters

Editorial: Astiberri

Formato: Libro Cartoné. 112 Páginas

Precio: 16€

Calificación: 8.5/10

Con la doble comodidad que le permiten tanto el haber firmado un primer volumen redondo, como el hecho de haber presentado a la mayoría de los protagonistas del relato, Dragon y Peeters se centran en este genial segundo volumen de RG en una historia apasionante situada temporalmente un año después de los acontecimientos narrados en Riyad-Sur-Seine.

El título del volumen, Bangkok-Belleville (que mezcla hábilmente el lugar de procedencia de los criminales de turno con el barrio de París donde se mueven) introduce una historia en la que Dragon (guionista y protagonista, no lo olvidemos) se ve envuelto en la investigación de la trata de inmigrantes tailandeses. Con el crudo realismo que ya caracterizaba a la primera entrega, el guionista navega por sus recuerdos, plasmados de forma impecable por un Peeters si cabe mejor que el de aquella primera parte, mostrándonos sin ningún tipo de cortapisas los sórdidos mundos por los que se debe mover un agente del RG francés.

Sacando provecho de la ventaja que ofrece el haber tomado cariño a los tridimensionales personajes, Dragon elige a la perfección tanto la historia principal, relatando la investigación de forma tan clara que uno parece estar viviéndola, como los hechos que se van produciendo a nivel personal, destacando la gran humanidad con la que maneja la delicada situación de uno de sus compañeros.

Todo un recital de brillantez el que Dragon y Peeters han realizado con estos dos volúmenes de que en principio iban a coronarse con un tercero. No se sabe muy bien por qué (aunque todo apunta a diferencias creativas) pero los últimos rumores comentan que al final la aventura se quedará en las dos historias publicadas hasta la fecha. Una lástima, aunque siempre podremos disfrutar de la genialidad que RG Riyad-Sur Seine y Bangkok-Belleville destilan por los cuatro costados.

Sergio Benítez (136)

miércoles, 1 de abril de 2009

RICARDO. CORAZÓN de LEÓN

Guión: Frédéric Brrémaud

Dibujo: Federico Bertolucci

Editorial: Planeta DeAgostini

Formato: Álbum Cartoné. 94 Páginas

Precio: 14.95€

Calificación: 4/10

Dos cosas quedan claras cuando uno termina de leer Ricardo Corazón de León. La primera es la clara (descarada, si se quiere) inspiración que tanto Brrémaud como Bertolucci, este segundo de forma lógica (más que nada porque para eso trabaja en Disney), toman de la alocada versión de Robin Hood que los todopoderosos estudios de animación llevaran a cabo en 1973. La segunda es que no es nada recomicdable comprar compulsivamente si antes no se ha mirado bien quiénes son los autores de un tebeo.

Si hubiese aplicado la segunda afirmación, me habría dado cuenta de que, por más que me encanten los cómics con animales antropomorfizados, el guión venía firmado por el mismo escritor que la deleznable Daffodil. Ello hubiera sido razón de sobra para evitar el gasto de quince euros que supone el presente álbum, así como la pérdida de tiempo que implica la lectura de la absurda y deslavazada historia que Brrémaud desgrana a través de los dos álbumes que componen el editado por Planeta.

Sin pies ni cabeza, con un arranque en medio de ninguna parte, personajes mal escritos (cuando lo están, por supuesto), un nulo sentido de la coherencia narrativa y un final cogido por los pelos, Ricardo Corazón de León es una muestra más de la irregular labor de Brrémaud a los guiones, que esta vez se salva (aunque no lo suficiente como para aprobar) por un efectivo dibujo de Bertolucci que, sin grandes alardes, intenta aclarar como puede lo confuso de la historia.

No hace falta decirlo, pero por si acaso, eviten a toda costa la lectura de este álbum. Sus economías (ahora en crisis), su tiempo (que nunca sobra) y, sobre todo, su salud mental (que hay que cuidar al máximo), lo agradecerán...vamos, que me podría haber ahorrado este párrafo y haberles instado a que leyeran el último de la reseña de Daffodil...si es que ya no se ni lo que escribo...

Sergio Benítez (135)