Guión: James Robinson
Dibujo: Tony Harris & VVAA
Editorial: DC
Formato: 6 HC (4 publicados hasta la fecha). 416/448 Páginas
Precio: $49.99
Calificación: 9.5/10
Serie maldita en nuestros lares y solicitada cienes de miles de millones de veces por los cuatro chalados de siempre, Starman goza actualmente de una reedición por parte de los señores de DC en forma de Omnibus. ¿Que qué son los Omnibus? Pues unos tomacos gordetes de diecipico grapas arrejuntadas cada uno, con su tapica dura, sus guardas y demás...Corría el año '96 cuando los amiguetes de la recordada y llorada por muchos editorial Zinco publicaron dos tometes de Starman, que conformaban la primera saga: Pecados del Padre. Y en ése mismo momento un servidor de ustedes se enganchó a la serie. Pero... ¡Oh, diantres! Mis meses y meses de espera por la publicación de más material se vieron truncados por la desaparición del mapa de la mencionada editorial. ¿Y entonces...? Pues a lanzarse a la edición americaniense.Pero... ¿Y el grande y enorme desfase que había entre el último número que leí y el que ése mismo mes se estaba publicando? Pues nada, se tira de tepebeses y todos tan contentos. Pero... ¿Por qué los señores de DC se dejaban éste o aquel número sin agrupar? ¡Aaaah! Que luego salía en el siguiente tomo para no interrumpir el hilo de la historia... Vale. Me la compraré en tomitos en lugar de seguirla en grapa.Pues de vale, y una leche. Se terminó la serie y se quedaron varios números sin poner en tomos. Por no hablar de las series limitadas y demás especiales relacionados con la serie que se habían ido a parar al limbo. Entonces, al señor Didio, jefazo de DC, que es un canalla, se le pasa por la cabeza recopilar toda la serie en seis tomillos de tapa dura, ordenada cronológicamente y con sus respectivos especiales y series limitadas intercaladas dónde corresponde. Y un servidor piensa "Didio, que te den". Y mi amigo y librero me dice: "Tú caeras..."Pasan los meses y aguanto. Pasa un año y aguanto. Pero el otro día me encontraba apático y bajo de defensas y... ¡tacatá, tres Omnibus de golpe para casa!. Yo agacho la cabeza y en cinco manzanas a la redonda se escuchan las carcajadas siniestras de mi librero.Pero, si ésto es una recomicdación, ¿qué hago yo contadoos mi vida en lugar de hablar del cómic? Pueees...Venga, os diré algo sobre el tebeo de marras: Starman trata del relevo generacional entre un pijamero de la Edad Dorada y su hijo. Trata del legado. Trata del significado de ser Starman. Trata de todos y cada uno de los héroes que han llevado ése nombre. Trata de un Solomon Grundy que no tiene nada que ver con el que conocéis. Trata de Opal City. Trata de una familia de policias. Trata de un malo maloso que no es tan malo maloso.Trata de honor. Trata de venganza. Trata de viajes espaciales. Trata de... de... de muchas cosas, vamos.Bien escrita (dentro de los márgenes que supone el pijamismo) del puño del señor James Robinson, perfectamente planeada y revelada desde los primeros números (ojito a la predición que le hace Hope a Jack). Magistralmente dibujada por Tony Harris en la mayoría de sus grapas, sí, un Harris más primerizo y menos pulido del que se pueda encontrar en Ex-Machina, pero aún así bastante agradable a la vista.Y lo mejor de todo. Cuando Robinson dejó estar al personaje, sorprendentemente la editorial también lo hizo. Y eso en el pijamismo actual es algo bastante atípico. Había pensado hacer recomicdación por tomo, pero al final he decidido daros una visión muy por encima de la serie. Y tan por encima. Releyendo ésto me doy cuenta que os hablo más de mi vida que de la serie en sí, pero bueno, si me gasté $150 (convertidos a euros) de golpe y porrazo en un material que ya tenía anteriomente, se supone que creo que la cosa merece la pena ¿no?. Pero siendo totalmente sincero... ¿de verdad lo que yo os cuente influye en vuestra decisión de compra?Saludos!
Nacho (20)

Guión: Fernando Fernández
Dibujo: Fernando Fernández
Editorial: Toutain
Formato: Álbum Rústica. 72 Páginas
Calificación: 10/10 (en cuanto al dibujo)
En cierto modo, este Cuando el Cómic es Arte dedicado al gran Fernando Fernández sirve para dar cierre a lo que podría asimilar al prólogo de esta nueva etapa como coleccionista de cómics que comencé hace poco más de un año: tras haber ido renunciando poco a poco al pijamismo dado el ínfimo nivel en el que este se encuentra, y abrir fronteras al inexplorado mundo europeo, era sólo cuestión de tiempo que mis miras fueran a dar con el vasto panorama de creación patria que se desarrolló en nuestro país durante los setenta y buena parte de los ochenta. Y si este recopilatorio sirve de conclusión del prólogo no es más que por un motivo: a partir de ahora, y dado que las novedades las solemos tener bien cubiertas, vais a notar un aumento en la etiqueta de Recomicdaciones de Anteayer por parte de un servidor ya que voy a empezar a dar salida a todo aquello que he ido acumulando en los últimos meses. No os digo que podréis encontraros para no reventar la capacidad de sorpresa del blog, pero sí que los que disfrutéis con los grandes del tebeo español de las citadas décadas vais a poder encontrar aquí muchos de sus trabajos.
De Fernando Fernández ya hablamos largo y tendido cuando recomicdamos su magistral Drácula, y aún así, por mucho que comentáramos en aquella ocasión, y a la luz de lo que se puede observar en este tomo de Toutain, mucho fue lo que se quedó en el tintero debido a que, al estar pintado, el volumen editado por Glénat no dejaba lugar para poder apreciar todo lo que Fernández lograba cuando tenía una página en blanco por delante. Capaz de dominar cualquier técnica pictórica (ya sea en color, blanco y negro, lápiz, plumilla, acuarela, pastel. rotulador, cera, témpera, óleo..) lo que demuestran los variopintos relatos del volumen es la asombrosa capacidad narrativa del autor y el sólido control que llegó a ejercer sobre los mecanismos del arte secuencial antes de retirarse a la pintura.
Tan sólo asomarse a las páginas de Cuando el Cómic es Arte en esa primera historia titulada Ocirino, las diferencias con lo que el autor desarrollaba en la adaptación de la novela de Bram Stoker se hacen más que evidentes: un trazo limpio, detallista, que usa las manchas de negro allí donde son estrictamente necesarias se conjuga con una narración que responde de forma precisa a lo que el guión (lo más flojo en términos generales de todo el volumen) va exigiendo. A partir de ahí, Fernández nos lleva de la mano por un imaginario profuso, capaz de dar cabida a análisis críticos sobre la fiesta nacional envueltos en un manto de poesía visual de belleza inabarcable, a historias para no dormir (sobre las que Chicho Ibáñez tendría mucho que explicar), tiras cómicas presas de un fino humor negro o a bucles sin fin en los que se exploran los límites de la ciencia-ficción, ya sea en riguroso y estilizado blanco y negro, como en un color capaz de robar el aliento.
Demostrando que sus capacidades como artista visual siempre quedaron por encima de aquellas que supo desarrollar como escritor, Fernández deja entrever no obstante los grandes esfuerzos realizados por dar con ideas novedosas en este último terreno, encontrando el mejor ejemplo de ello en Círculos V, penúltima historia de las recogidas en el volumen en la que combinando las técnicas más diversas y dejándose inspirar por el carácter evocador del monolito clarkiano cuaja un pequeño y fascinante relato que muestra, más allá de toda duda razonable, lo que el artista podría haber llegado a desarrollar si la industria española se hubiera desarrollado de una forma menos asfixiante. Las preguntas que quedan en el aire son muy concretas, ¿se atreverá algún día alguna editorial nacional a mirar hacia atrás para hacerse con los derechos de lo que el artista dibujo para Warren?. ¿Veremos algún día una reedición en condiciones de Argon el Salvaje?...
Sergio Benítez (288)
Guión: Craig Thompson
Dibujo: Craig Thompson
Editorial: Astiberri
Formato: Libro Cartoné. 128 Páginas
Precio: 15€
Calificación: 8/10
Con el paso de los años los amigos que la vida ha ido poniéndome en el camino me han demostrado una y otra vez que la amistad bien entendida puede ser más grande que cualquier lazo de sangre (tenga este el título que tenga). Ya sean aquellos perdidos que reencontré (tú sabes quién eres), como aquellos que la casualidad quiso un día que se convirtieran en mis "hermanos" (todos vosotros sabéis también quiénes sois), hace tiempo que puedo corroborar aquello de que, quien tiene un amigo, tiene un tesoro. Que mi mudanza de Sevilla a Algeciras me obligara hace más de año y medio a alejarme de muchos de ellos ha hecho que sienta que lo que Thompson trata en Adiós, Chunky Rice me sea muy, muy cercano.
Dejar a un amigo al que quieres atrás, o a un hermano, o a tu mascota y el dolor que la lejanía de ese amor produce compone la temática principal que Thompson trata de forma sencilla y deliciosa en este tierno y conmovedor cómic. Con un lenguaje escrito simple y uno visual fascinante, el autor de Blankets nos habla desde las páginas de la obra como si de un niño se tratara, dotando a las emociones de la franqueza y la cercanía que sólo un infante con su sinceridad y falta de malicia es capaz de hacer: simplificando al máximo la expresión hablada (tanto que cuando Solomon dialoga con cualquiera de los personajes lo hace comiéndose vocales o consonantes) el autor permite que los sentimientos de pérdida que los personajes van padeciendo lleguen con tanta naturalidad como fuerza a un lector al que no le queda más remedio que rendirse ante la honesta ternura que destilan cada una de las páginas del cómic.
Pero Thompson no sólo se ciñe a hablarnos de cómo los protagonistas copan con la pérdida (momentánea o permanente) con la que comenzaba el párrafo anterior, sino que también ahonda en el conflicto que se plantea cuando el amor, entendido como atadura a otra persona, es una traba para la realización de la libertad del ser como individuo, algo que expone mediante la desequilibrada relación entre Chunky Rice y Dandel, siendo el primero el que siente la necesidad de mirar más lejos, embarcándose para, qué duda cabe, descubrirse a sí mismo. Esta transición argumental permite al autor pasar de una narración lineal a una fragmentada en dos lugares: la historia arranca presentándonos a varios de los protagonistas, mezclando el artista animales antropomorfizados (Chunky es una tortuga, Dandel una rata) con humanos y pájaros (Solomon y su mascota Merle) sin que en ningún momento chirríen los goznes que articulan tan ecléctica combinación. Tras unas cuarenta páginas, la acción pasa a tener nuevos protagonistas (los peculiares tripulantes de la embarcación en la que la tortuga se irá del pueblo) y desde ahí, el autor va saltando del mar a tierra, de la tierra al mar, hablándonos aquí de otro tipo de amor, aquél que siente Charles, el hermano de Solomon, por el medio marino.
En lo que respecta a la narrativa visual, Adiós, Chunky Rice es, como apuntaba más arriba, fascinante; y aquí hay mucho en lo que apoyarse: desde la facilidad con la que Thompson hace aflorar los sentimientos en el lector, a la naturalidad con la que introduce los saltos temporales (perfectamente insertados en la trama sin que se produzcan roturas en la continuidad), pasando por la composición de cada página, en la que el autor se reinventa una y otra vez, eludiendo la repeteción de estructuras aviñetadas en un tour de force difícil de ignorar que le sirve para concretar una lectura apasionante, plena en matices y capas de significado que enriquecen sobremanera tan "bonito" tebeo.
Sergio Benítez (287)
Guión: Mariko Tamaki
Dibujo: Jillian Tamaki
Editorial: La Cúpula
Formato: Libro Cartoné. 148 Páginas
Precio: 18€
Calificación: 5.5/10
Ser profesor durante los doce últimos años me ha dado la oportunidad de ver como, poco a poco, los intereses de la juventud han ido cada vez alejándose más de aquellos de mi generación. Tratar de entenderlos para no quedarse desfasados y conseguir conectar con ellos para que el mensaje les siga llegando con la misma fuerza (ya sea este el contenido de las clases como ciertos valores que no deberían perderse) resulta cada vez más complicado. Cierto es que algunas constantes como el pensar veinte de las veinticuatro horas del día en sexo permanecen (hay que cosas que no cambiarán nunca, afortunadamente), pero conectar con personas que no leen nada de nada (y cuando lo hacen es un hito), no se interesan por el mundo que les rodea más allá de los amigos con los que hablan por el messenger o con los que se cogen la curda de turno los fines de semana, y a los que sólo les motivan temas de muy poco calado para su futuro (incluso para el más inmediato) se antoja como un deporte de riesgo más que como una profesión. Y a ese respecto, a internarse en la mente de una joven, es a lo que se arriesgan Mariko y Jillian Tamaki con Skim, tratando de plasmar en las páginas de esta novela gráfica las inquietudes de una adolescente cualquiera.
Para ello echan mano de una chica de origen oriental que vive en Canadá, lugar de residencia de la guionista y de nacimiento de la dibujante, y cuyo entorno es el propicio para entrar de lleno en el universo de una adolescente: rechazada por las chicas más cool de su instituto, y con sólo una amiga con la que mantiene constantes tiras y aflojas, Kimberly no encuentra su sitio ni en su lugar de estudio, ni en su casa ni en el mundo en el que le ha tocado vivir. Para acrecentar sus "problemas" (que siempre parecen descomunales cuando uno es joven) un compañero del instituto se ha suicididado, aparentemente por ser gay y no poder aceptarlo, provocando una ola de pánico entre los profesores del centro que en seguida pones manos a la obra para evitar que nadie más caiga en las redes de la Parca. En el interin, Kimberly, cuya voz es puesta en texto por la guionista a través de su diario, libro en el que la protagonista vierte toda su personalidad (intereses en brujería incluidos), amaga un primer despertar sexual que sirve a las creadoras del cómic para suscitar cierto interés en el lector.
El problema es que, hasta que llega dicho momento, y quizás en un vano intento de capturar lo errático del devenir de su "actriz" principal, Mariko Tamaki va de aquí para allá sin rumbo fijo, haciendo de la lectura un arduo ejercicio al que es difícil cogerle el pulso. Una lástima, sobre todo si se considera la originalidad gráfica de la que hace gala la dibujante, dando el do de pecho a la hora de configurar un producto visualmente atractivo y novedoso (principal motivo por el que este tomo cayó en mis manos) que no teme experimentar con una miriada de composiciones cambiando incluso sutilmente de estilo en alguna que otra ocasión. Su dibujo, de trazo muy suelto y espigado en la concreción de la figura humana, aporta un aire de frescura juvenil a la lectura que el guión trata pero falla en conseguir, sobre todo conforma se acerca al final, variando el tono meláncolico y de fatalidad del volumen hacia un forzado happy ending que esa página final, tan innecesaria como incomprensible, termina de rematar.
Sergio Benítez (286)
Guión: G. Willow Wilson
Dibujo: M. K. Perker
Editorial: DC. Vertigo
Formato: Libro Rústica. 160 Páginas
Precio: $17.99
Calificación: 5.5/10
Dentro de esta afición nuestra, muchas veces resulta curioso observar los comentarios de críticos "serios" que las editoriales usan en las cubiertas de sus cómics en este caso para llamar la atención de potenciales lectores. Sinceramente, nunca he creído que tal maniobra funcione, y menos aún en un mundillo, el de los tebeos, en el que a los pocos días de salir un nuevo producto uno puede encontrar opiniones mucho más fiables, aunque es probable que menos sesudas, de lo que está dudando en comprarse o no. En el caso que nos ocupa, DC elige dos frases, una de el crítico de Los Angeles Times, otra del de School Library Journal que apuntan hacia las fuentes de las que bebe la historia pergeñada por Willow Wilson y al extraordinario debut que supone esta novela gráfica...yo no llegaría a tanto.
Para empezar, la periodista metida a guionista de cómics, crea un relato extraño, que entremezcla un trasfondo de crítica hacia la situación político-social de Oriente Medio con un primer plano pleno en fantasía y ciertas gotas de romance en el que hay lugar para magos negros y genios milenarios. Con este ambicioso objetivo inicial, Wilson arranca la acción presentándonos, como si de una novela de Agatha Christie se tratara, a los jugadores que van a intervenir en el misterio: una turista americana, un terrorista suicida en potencia, una soldado israelí, un camello de tres al cuarto y un radical periodista egipcio, a los que hay que añadir una pipa de agua con un genio dentro. Jugando inicialmente a su antojo con tan ecléctico grupo, a la guionista se le comienza pronto a ir su creación de las manos y el maritaje entre las diferentes subtramas no se produce de forma cómoda, fallando asimismo en que la adición de los elementos fantásticos se haga con sutileza y, sobre todo, en que el mensaje político no lastre un tramo final que se antoja algo estirado y demasiado orientado a un forzado happy ending que, la verdad, no pega ni con cola.
Aunque atesore algunas ideas que podrían haberse desarrollado mejor, la del Nilo debajo del Nilo queda algo pobretona, e incluso teniendo otras que si alcanzan todo su potencial, ese cofre que salvaguarda una palabra es la mejor de ellas por lo poético de su significado; la lectura de Cairo no es de esas que uno vaya a recordar dentro de poco tiempo, algo a lo que ayuda el que visualmente la novela gráfica no sea nada del otro mundo: si bien el artista turco sabe recoger con cierta precisión las emociones de los protagonistas según éstas se van sucediendo, falla en algo que el guión pide a gritos, atar la acción a una realidad menos limpia y más crispada, que quizás se hubiera olvidado de reproducir los escenarios del Cairo con la irregular precisión con la que lo hace, para volcarse más tapar los defectos narrativos del guión, cosa que Perker no consigue y que provoca esa sensación última de que todo el tebeo es un quiero y no puedo cargado de buenas intenciones.
Sergio Benítez (285)
Guión: Jean-Pierre Gibrat
Dibujo: Jean-Pierre Gibrat
Editorial: Norma
Formato: 2 Álbumes Rústica. 64 Páginas c/u
Precio: 10€ c/u
Calificación: 10/10
Estaba yo con el encefaloplano en cuanto a obras a recomicdar, cuando Sergio me dijo: "¿y por qué no haces La Prórroga?" Y yo todo contento acepté. Al fin y al cabo me gustó mucho en su día, y Gibrat hace un trabajo impecable de guión con un dibujo para quitarse el sombrero.Tras releerme ésta obra ambientada en Francia, año 1943 en la que Julien Sarlat salta del tren que le llevaba a Alemania y se oculta en Cambeyrac, su pueblo natal, dónde se entera que el tren del que saltó fue posteriormente bombardeado y le han dado por muerto, por lo que decide ocultarse en un edificio abandonado del pueblo, desde el cual observa la vida diaria de los habitantes de la población, que se encuentra bajo la ocupación alemana, y en especial de Cecile, la chica de la que Julien está enamorado....pufff, un respiro....me cagué en todas mis muelas. ¿Cómo narices os hablo yo de ésto?Hay veces en que no sabes cómo recomendar una obra. Y es que he escrito ésta recomicdación cuatro veces, y las cuatro las he mandado a la papelera. Estoy mudo, no tengo palabras (y esto es algo poco común), pero en cambio estoy lleno a rebosar de sensaciones. Y es que La Prórroga produce sensaciones. Muchas, de hecho: humor, ternura, sentimentalismo, miedo, rabia, amor, lástima, alegría, sorpresa, duda, pena... Sobre todo cuando terminamos el segundo tomo. Mucha pena. Pena por que se termina y porque... bueno, mejor lo leéis y lo descubriréis vosotros mismos.Saludos!Nacho (19)
Guión: Pejac
Dibujo: Pejac
Editorial: Viaje a Bizancio
Formato: Álbum Rústica. 48 Páginas
Precio: 14€
Calificación: 8/10
Las experimentaciones en el campo de la innovación visual de los cómics son casi tan antiguas como el medio y siempre han acusado una clara tendencia orientada a acercar al tebeo a los postulados de dos disciplinas artísticas con las que guarda no pocas concomitancias: la pintura y el cine. De la primera, siempre se han intentado heredar sus cualidades atemporales así como la capacidad de, con una sóla "viñeta" poder contar toda una historia sin necesidad de ningún elemento ajeno como los textos de apoyo. De las imágenes en movimiento, el tebeo ha heredado las ansias por acercar sus mecanismos narrativos a los de veinticuatro fotogramas por segundo. Más próximo de la primera que del segundo, aunque con unos encadenados que podrían pasar por trabajados fundidos de un filme, encontramos esta interesante obra que es Vuelo Rasante.
Muchas cosas llaman poderosamente la atención del trabajo de Pejac. Para empezar, la ausencia total de textos, ya sea en diálogos, como en cuadros de apoyo, la desnudez verbal del trabajo del artista sirve para revelar en las primeras páginas del cómic una clara intención, que sea el lector, con su imaginación, y su bagaje, el que aporte el sentido deseado a la lectura. Para ello, y este es otro detalle desde el que Vuelo Rasante exuda originalidad, el santanderino se muestra tremendamente hábil tanto en la construcción de cada viñeta, como en la maquetación de las mismas: los capítulos del volumen, numerados en una cuenta hacia atrás desde el siete, constan todos de las mismas páginas, cinco, del mismo número de viñetas, nueve y de la misma composición, ocho viñetas horizontales que ocupan las cuatro primeras páginas, y una suerte de splash page para concluir cada capítulo. Tan aparentemente cerrada estructura, crea desde un primer momento un ritmo interno marcado a fuego por el imparable avance de los hechos que se van desgranando. Estos, tan cerrados en lo argumental como uno quiera, pueden contar una historia (en realidad varias cruzadas) hilada siempre a través de pequeños detalles, o servir como escapismo a la imaginación del lector, atrapado como este queda en la rica poesía visual que encierra el tebeo desde el primer capítulo.
Sea como fuere, las bondades de Vuelo Rasante no acaban ahí. Son también dignas de elogio las elecciones en los materiales con los que se dibuja cada viñeta, combinándose hábilmente aguadas monocromáticas con el uso de la tinta china sobre los que se superponen las manchas de color, un color que no es dado por casualidad y que encierra, a través de su limitada gama (verdes, rojo y amarillo), más capas de significancia de las que aquí nos atreveriámos a descubrir. De hecho, y aunque podría seguir argumentando razones para acercarse a esta poco habitual pero estupenda lectura voy a parar aquí, dejándome de forma consciente en el tintero una descripción más exhaustiva de la concatenación de historias, unidas por símbolos o colores, o el análisis profuso sobre la innegable cualidad onírica que agrupa a las breves (pero muy intensas) cuarenta y ocho páginas. Lo mejor es que cada uno, desde su particular idiosincrasia, se acerque sin prejuicios a un tebeo que gana en sucesivas relecturas y que, cuanto más se le aporte, más nos devuelve. Sergio Benítez (284)