jueves, 5 de noviembre de 2009

GÉNESIS

Guión: Robert Crumb adaptando La Biblia

Dibujo: Robert Crumb

Editorial: La Cúpula

Formato: Libro Cartoné. 220 Páginas

Precio: 29.90€

Calificación: 9/10

Que el libro más vendido de la historia (y no lo digo yo, es un comentario que siempre se escucha cuando se habla de La Biblia) sea adaptado al noveno arte no debería ser motivo de extrañeza. Muchos han sido y muchos serán los intentos del catolicismo de atrapar a nuevos fieles, aunque para ello haya que usar un instrumento del "maligno" como son los tebeos (recordemos que según el Dr. Wertham eran el origen de todos los males de la juventud y que el sr.Molina Foix los ponía a la altura de los libros de preescolar). Y ahí tenemos para demostrarlo a gente como Víctor de la Fuente, Serpieri o Jesús Blasco poniendo su talento para diversas adaptaciones de material bíblico que se llevaron a cabo en nuestro país a principios de los ochenta.

Que el libro más vendido de la historia, sea adaptado al noveno arte por Robert Crumb es, como poco, harina de otro costal. El padre del Underground norteamericano (ese movimiento que alteró por completo los estándares de la sociedad yanqui allá por finales de los sesenta) ha sido uno de los autores independientes más alabados dentro de este mundillo gracias a obras tan irreverentes como Fritz el Gato o Las Enseñanzas de Mr. Natural. Es por esto, y no por otro motivo que, cuando supe que Mr. Crumb estaba enfrascado en una traslación a las viñetas del Génesis bíblico no pude más que soltar un sonoro ¿CÓMO?. Ya me imaginaba a todas las profesiones religiosas norteamericanas rasgándose las vestiduras e intentando poco menos que quemar todas las copias del cómic una vez este se editara en Estados Unidos. Podía ver a los típicos capitostes religiosos arremetiendo contra la blasfemia que suponía mostrar desnudos (porque estaba claro que los iba a haber, y en cantidad) acompañando al texto base de la vida de millones de fieles a lo largo y ancho de este mundo. Y muchas más cosas podría haberme imaginado y la verdad final hubiera seguido inmutable: que nada más editarse, la novela gráfica se ha encaramado directamente al primer puesto de la lista de cómics del New York Times y que, al menos hasta donde yo sé, ningún clérigo/cura/sacerdote/obispo (ya se hacen una idea) se ha rasgado la sotana preso de una indignación incontenible.

¿El motivo?. Uno extremadamente simple: Crumb adapta de forma FIEL y PRECISA el Génesis bíblico, no aportando ningún tipo de interpretación personal al mismo, tratando (y consiguiendo) ser lo más neutro posible. El resultado son doscientas veinte páginas de puro talento visual y narrativo. Un talento que ha le ha costado al autor americano cuatro años de su vida pero que, visto el resultado, vale la pena desde la primera a la última viñeta, tanto en lo que a la complicada labor de traslación del texto original se refiere como, sobre todo, a lo que atañe a la vertiente visual.

Condensando nombres, lugares, edades y todo dato que se deriva de la ardua lectura que siempre supone La Biblia (un libro al que, seamos sinceros ahora que no nos escucha nadie, hay que echarle reaños a la hora de leerlo) lo que Crumb termina ofreciéndonos con Génesis es, fuera de toda duda, la mejor aproximación al texto religioso que jamás se haya hecho nunca en este mundillo. Y lo es primero porque en ese intento de desnudar la adaptación de toda afección personal, el autor consigue poner de relieve todas las incongruencias que en nombre de la religión y con La Biblia como base se han cometido a lo largo de la historia: los que nunca se hayan acercado al libro sagrado o lo hicieran en el colegio (como el que esto suscribe) y no estén familiarizados con él, hallarán aquí muchos motivos para rechazar una religión que suele hacer alarde de estar basada en un libro escrito por la mano de un Dios magnánimo, benevolente y que siempre responde a la plegarias de sus fieles, para encontrarse a en realidad a un personaje vengativo, caprichoso, soberbio y déspota al que religiones como el Judaismo profesan devoción.

Al margen de este, quizás el mejor y más inconsciente hallazago por parte de Crumb, Génesis supone la constatación de la entidad de la libre interpretación a la que La Biblia ha sido sometida a lo largo de los siglos, sorprendiendo (y cómo) las prácticas cuasi-incestuosas de muchos de sus protagonistas y los comportamientos moralmente dudosos que los protegidos divinos ostentaban casi siempre. La obra del artista norteamericano se aleja así de raíz de las azucaradas versiones que el catecismo suele ofrecer, algo a lo que el dibujo apoya de una forma asombrosa. El alucinante grafismo de Crumb deja al lector sin aliento a cada tornar de página, con cada nueva viñeta, cada nuevo personaje, cada paisaje. Contemplar la minuciosa tarea que lleva a cabo el dibujante es uno de esos procesos que ralentizan sin remedio la lectura, pero la verdad es que dada la calidad de un trazo con cualidad inexcusable de grabado, este problema poco importa. Sin necesidad de recurrir a grandes aspavientos, con una franqueza tremenda (los desnudos abundan, como debería ser), en riguroso blanco y negro, y con una compulsión por el detalle que se transforma en un trazo profuso que llena cada viñeta hasta el último rincón sin provocar en ningún momento una sensación de horror vacui, sería muy fácil afirmar, aunando en una conclusión lo que aquí hemos arrojado acerca de ella, que Génesis es la Obra Maestra de Robert Crumb pero, ¡diantres, es que lo es!.

Sergio Benítez (308)

miércoles, 4 de noviembre de 2009

EVA



Guión: Didier Comés

Dibujo: Didier Comés

Editorial: Norma

Formato: Álbum Rústica. 95 Páginas

Calificación: 8/10

Viendo la rica mezcolanza de géneros, estilos y autores en la que se está convirtiendo este blog de Sergio, Mario y nosotros sus colaboradores (irrumpo fuerte con el peloteo, ¡¡eh!!) me vienen a la cabeza ciertas ausencias, en ningún momento debidas a los anteriormente citados. Y si todos sabemos ya que el mundo del cómic es vasto e inmenso como ancha es Castilla, también deberíamos ser ya conscientes de que con paciencia y sobre todo con este grupo de locos todo llegará y se recomicdará.


Sabedor de que mis compañeros fichajes controlan más los ámbitos pijamistas, vertigueros, garthennieros y que el omnipresente Sergio controla las nuevas tendencias astiberras con alguna que otro guiño a los toutaineros y en realidad a todo lo que se le ponga por delante; yo, además de recomicdar alguna que otra obra nueva, voy a comenzar con mi regreso a recuperar autores y obras de la vieja Europa, historia viva de este Arte, que puede que no los conozca ni el tato pero ahí estarán en los archivos recomicdadores.


Al hilo de lo comentado al principio, esta ausencia (ya reparada) de la que hablo hoy hace referencia al autor belga Dieter Hermann Comés, más conocido como Didier Comés; autor que comenzó hacia 1969 en las revistas Pilote y Spirou haciendo trabajos primerizos pero que no fue hasta mediados los 70 cuando cambió y encontró su marchamo propio y su grafismo peculiar con el blanco y negro, del que hizo su modo de vida y se erigió en uno de sus mayores genios.


La obra de la que vamos a hablar, de la muchas que hay editadas en ediciones antiguas pero que aún se pueden encontrar, es Eva, una historia que empieza con una bella mujer que tiene una avería con el coche en medio del campo y va a pedir ayuda a la única casa que se encuentra, una vieja mansión habitada por dos extraños y ambiguos hermanos gemelos. Lo que es un comienzo normal y usual, de la mano del amigo Comés va derivando en todo un tratado de las relaciones sexuales, del desdoblamiento de la personalidad. En la historia vamos asistiendo a un crescendo no exento de morbo y lascivia por un lado y temor e intriga por otro, en el que se crea un triángulo amoroso que al final es un puro espejismo, en un mundo creado por fantasmas y autómatas. Una historia que, a la postre, versa de cómo la soledad tiene mil formas de hacer mella en las personas.


Pero nada esta dicho si no hablamos del dibujo. Este hombre tiene la misma facilidad para dibujar los claroscuros como cualquier persona tiene la de respirar. Leyendo el cómic se nota esa virtud pasmosa con la que crea la historia utilizando solo esos dos colores. Los personajes son algo hieráticos y sus rostros inexpresivos pero pronto se nota que es su estilo, lo hace adrede, y en esta obra en concreto dota al ambiente de una cualidad claustrofóbica que es lo mejor de la lectura.


En definitiva, un cómic mitad thriller psicológico mitad obra personal y peculiar de un autor que hace ya mucho renegó de la comercialidad y el éxito para hacer bullir su vida interior con el blanco y con el negro y sugerir cosas, muchas cosas. Simplemente eso.


Toni (13)

SAMBRE Integral

Guión: Bernard Yslaire & Balac

Dibujo: Bernard Yslaire

Editorial: Glénat

Formato: Álbum Cartoné. 304 Páginas

Precio: 45€

Calificación: 6.5/10

Como lo prometido es deuda, y me gusta cumplir mi palabra cuando así la doy, tras los comentarios que se vertieron en la anterior recomicdación de Yslaire que se hizo en estas líneas (la de la irregular Cielo Sobre Bruselas), resolví que cuando tuviera la oportunidad me haría con los cuatro volúmenes que componían Sambre, la que para todo entendido era la mejor obra del artista belga. Dejándolo estar momentáneamente por la dificultad de conseguir los cuatro a la vez, así como por el hecho de toda la lectura que sigue acumulándose en mis estanterías, el mes de julio (que fue cuando algún lector me pidió que lo leyera y lo recomicdara) dió paso al de agosto, y luego al de septiembre, y así habría continuado por mucho tiempo sino hubiera sido porque Glénat decidió echarme un cable y sacar este precioso integral (el volumen es una maravilla) con toda la historia y mucho material extra a la manera que ya habían hecho con el Peter Pan de Loisel. Y bueno, sí, eran cuarenta y cinco euros en algo sobre lo que sólo tenía vagas referencias pero, ¿quién dijo miedo?.

La ambiciosa historia de amor imposible que Yslaire propone en Sambre tiene como marco histórico una época no menos convulsionada de la historia de Francia, la que abarcó desde la instauración de la monarquía constitucional en 1830 hasta la proclamación de la breve pero intensa Segunda República en febrero de 1848, centrando el artista belga la acción del cómic en el último año de monarquía previo a la sublevación popular que llevaría a la deposición Luis Felipe de Orleans, el llamado rey burgués. Es en este marco, y en principio alejado del cosmopolita París, donde Yslaire permite que Sambre de comienzo. Y lo hace dejándose imbuir por el desatado espíritu romántico decimononesco que tan buenas muestras dejó en el arte pictórico de la época, arrancando en un cementerio con el entierro del patriarca de la familia Sambre. Allí conoceremos a Bernard y Sara, los hermanos que servirán al artista de espina dorsal de toda la narración. Y allí también nos presentara este a Julie, una joven con los ojos rojos (por una supuesta hemofilia del nervio óptico) cuya intervención supondrá el comienzo del fin para la familia Sambre.

A partir del pasional encuentro de Bernard y Julie, Yslaire comienza a vertebrar una historia de ritmo muy irregular cuyas ambiciones terminan pasándole factura: por una parte, todo aquello que atañe a la revolución popular, y en particular el uso que el autor hace de Julie como alegoría de la libertad (con constantes referencias al famoso cuadro de Delacroix) sitúandola en una posición de gran relevancia, es de una correcta solidez, y se eleva a la postre como lo mejor de la lectura. Sin embargo, el resto de la misma parece más un folletín de tres al cuarto, con multitud de oscuros secretos del pasado, amantes, bastardos y demás elementos que harían las delicias de cualquier guionista televisivo venezolano. El que este sea el aspecto más potenciado, sobre todo por esa constante huida que el Yslaire guionista provoca de la solución final (seamos francos, la historia que se cuenta en cuatro álbumes no daría ni para dos en manos más hábiles), hace que al final la lectura se vuelva plúmbea y algo farragosa, llegando a importarle a uno poco más que un pimiento el cruento destino que puedan llegar a sufrir los personajes.

Afortunadamente, en el aspecto gráfico Yslaire si que da la campanada, con un dibujo que caricaturiza a sus personajes olvidándose hasta cierto punto de la proporcion facial para dotarlos de mayor expresividad, un objetivo que, sin duda, consigue con creces. Además, ese romanticismo desaforado que antes coméntabamos se hace palpable en casi cada página del volumen, tanto por la cualidad oscura de sus viñetas, como por la sombría paleta elegida (en la que sólo destaca el rojo de los ojos de Julie, del pelo de los Sambre, o de la sangre del pueblo) o por los escenarios quejumbrosos y preñados de una fuerte carga de melancolía en los que se van desarrollando los acontecimientos. Punto fuerte de la obra, es el dibujo el que sirve al lector para seguir mostrando un cierto interés por una historia cuyos valores descienden en picado tras un interesante primer volumen. Y si remataba la recomicdación de Cielo Sobre Bruselas afirmando que no volvería a incidir en la obra del belga, ahora lo vuelvo a repetir: Sambre será, esta vez con pleno convencimiento, la última lectura que le haga a Yslaire. A más ver.

Sergio Benítez (307)

martes, 3 de noviembre de 2009

SUPERLÓPEZ vols. 4 & 5

Guión: Jan

Dibujo: Jan

Editorial: Ediciones B

Formato: Varios

Precio: Varios

Calificación: 9/10

Para todos aquellos que se quedaron con ganas de mas tras la recomicdación de sus primeras aventuras, volvemos a la carga con los dos álbumes siguientes, publicados por vez primera a principios de los 80. Nota importante antes de empezar: Se advierte que el cariño con el que leí estas historias por vez primera ha podido nublar la objetividad de éste crítico. Avisados quedan.


El primero de los álbumes, Los Alienigenas, trata sobre la llegada de una nave espacial con unos seres con la capacidad de duplicar la forma o apariencia de cualquier cosa o persona, lo que sin lugar a dudas provocará más de un malentendido a costa de nuestro querido López. Tras las dos aventuras del Supergrupo, formada por pequeñas historias de ocho páginas que tenían un hilo conductor, ésta es la primera de las historias en la que la trama continua de un capitulo a otro, formando una historia larga de sesenta y dos páginas, y desde ese momento, éste sería el formato elegido por JAN en los restantes álbumes.


Para ser la primera vez que JAN contaba con tantas paginas a su disposición, la historia que se nos cuenta no está muy bien resuelta, y aunque algunos problemas de ritmo aparezcan por el camino, tiene momentos realmente divertidos. Además, resulta muy interesante ser testigos de cómo el autor introduce elementos que quedarían para siempre en la mitología de la serie, como el hecho de que los poderes de López dependan del traje azul y rojo que siempre lleva, como descubriremos cuando salte una y otra vez la ventana de la oficina o del hospital, y se de cuenta de que no lleva puesto el traje adecuado. También se presentan secundarios que luego serán muy recurrentes, como el General Sintacha, militar obsesionado con su más que probable vuelta al manicomio, o Carapincho, jefe del hampa local.


Con el segundo de los álbumes que hoy comentamos, el quinto de la serie, la calidad mejora notablemente, y es que nos hallamos ante El señor de los Chupetes, una de las más conocidas aventuras del personaje, y casi me atrevería a decir la favorita del público (la de un servidor es La semana mas larga, como comentaré próximamente por aquí. Bueno, si me dejan).


Aquí el homenaje es continuo, y las referencias al Señor de los Anillos resultan lo más logrado de la historia. Quizás fruto de lecturas y relecturas, hay aquí momentos inolvidables de la historia del tebeo español (que a gusto me he quedao, oigan), como el origen de los chupetes y nuestra obsesión con ellos a traves de la historia, o el bolsazo que Luisa le propina a López tras ponerse a llorar después de quitarle el chupete que lo hacia invisible.


El guión resulta mucho mas original y sorprendente que en otras ocasiones, y mientras se van recopilando chupetes y avanza la historia, el escenario cambia constantemente, del Amazonas al Océano Atlántico, al Desierto del Sahara, al Everest o a la mismísima Luna… En resumen, mucha acción, aventura, y el característico sentido del humor del autor, con esas situaciones cotidianas que siempre consiguen arrancarme una sonrisa, como aquella del niño castigado por su profesor al decir que ha visto una ballena volado, o la resolución de la historia de la ballena, con ese "vaya rollo” que le suelta Superlopez a Pinocho y Gepetto cuando se los encuentra dentro de la ballena y estos empiezan a contarle como llegaron alli.


Resumiendo, dos álbumes imprescindibles, por los que no pasan los años, y de compra obliatoria, sin excusas de europeismo, pijamismo o lo que sea que cada uno lea. Además, como apuntábamos en la anterior reseña, se pueden encontrar fácilmente en librerías y grandes superficies dentro del primero de los Superhumor del personaje, que recopila los primeros cinco álbumes por 15€. Así que, haciendo caso a las muchos anuncios que aparecen en las historietas de Superlópez, no me queda mas remedio que decirles: “¡No sean idiotas, no fumen y lean mucho!”


Jose (22)

IRON MAN: EXTREMIS

Guión: Warren Ellis

Dibujo: Adi Granov

Editorial: Panini

Formato: Libro Cartoné. 144 Páginas

Precio: 16€

Calificación: 8/10

Poco o nada me ha gustado desde siempre Iron Man. Ni siquiera en mi época pijamista, cuando le tiraba los tejos a todo aquello que procedía de los universos de DC o Marvel, el hombre de hojalata me llamaba la atención. No sé si era el hecho de que no fuera un realmente un superhéroe, o más bien el que, por mucho que los guionistas que de él se hicieron cargo quisieran, fuera uno de segunda. Tanto es así que, si mi memoria no me falla, creo que este Extremis es la primera lectura que hago de un cómic del personaje, aunque ello no implique que no esté familiarizado con su historia, algo inevitable si se han leído durante muchos años diversas colecciones marvelitas con Los Vengadores entre ellas. ¿Y qué es lo que me ha llevado a decidirme ahora, cuando ya ni siquiera me atraen los tebeos "pijamistas"?. Pues un nombre, el de Warren Ellis, un autor al que hasta ahora he seguido con sumo interés y que rara ha sido la vez que me ha decepcionado.

Que un escritor tan personal como Ellis se atreviera a meterle mano a un personaje como Iron Man tiene hasta cierta lógica. Cualquiera que se haya acercado alguna vez a una serie escrita por el inglés se habrá dado cuenta de la desaforada pasión que el guionista ha demostrado una y otra vez hacia la tecnología de punta, estando siempre al día de los más recientes avances en las muchas ramas de la ciencia e incluyendo todo ello en sus tebeos, que siempre quedan caracterizados por esa jerga técnica que, al menos a título personal, deja maravillado. Así, no es de extrañar que Ellis utilice este primer arco de la nueva encarnación de la serie para redefinir al personaje como sólo él sabe hacerlo: con la premisa argumental de tener que luchar contra un individuo que ha sido genéticamente mejorado con un virus inteligente llamado Extremis (una especie de variante del suero del supersoldado que otorga poderes increíbles), el escritor coge a Tony Stark, lo vuelve del revés y termina, por fin, haciendo lo que nadie se había atrevido a hacer hasta ahora, lo convierte en un superhéroe en la acepción más ceñida de la palabra, o sea, dándole poderes de verdad más allá de su armadura.

Tan arriesgada apuesta le sale al inglés redonda, y los seis números incluídos en la edición de Panini (estupenda como siempre, aunque quizás innecesaria existiendo ya como existía una en rústica) son una auténtica gozada en todos los sentidos. En lo que al guión respecta, Extremis nos ofrece a un Ellis en plena forma que sabe como dotar de veracidad hasta a la frase más imposible, ofreciéndonos todo un recital de su mejor hacer, teniendo en consideración que es este un tebeo de encargo (o alimenticio si se prefiere) y no un proyecto personal como Planetary. En el apartado gráfico el bosnio Adi Granov resulta no una, sino LA elección perfecta para lo que Ellis pretende mostrar. Su estilo hiperrealista, que muchas veces nos lleva a mirar en más de una ocasión una misma viñeta para cerciorarnos que no es una foto, intenta huir lo máximo posible de la estaticidad que siempre se asocia con este tipo de trazado, haciendo gala de una narrativa muy dinámica y perfectamente planificada, como demuestran las diversas secuencias de peleas que quedan esparcidas por la acción (atención a aquella del primer ataque de Extremis, alternada con una conversación entre Tony y otros dos personajes). Una pena que su proverbial lentitud no le sirva a Marvel para mucho más que portadista mensual, porque con el talento que derrocha en cada página uno no puede dejar de pensar en muchas de las colecciones de las que podría hacerse cargo.

Sergio Benítez (306)

lunes, 2 de noviembre de 2009

LITTLE MOUSE Gets Ready

Hoy toca una recomicdación algo atípica, y les cuento el por qué: sin Nacho saberlo (cuando lean el primer párrafo de su comentario lo comprenderán mejor) servidor ya había escrito la reseña de este Little Mouse casi tres meses antes de recibir la suya. Y como no podía dejar pasar una casualidad tan curiosa, he decidido que en lugar de utilizar su recomicdación y desdeñar la mía, o viceversa, esta será la primera vez que en lecturas reCOMICdadas aparezcan dos opiniones sobre un mismo título en un mismo texto. Juzguen ustedes el resultado.

Nuff said!!


Guión y Dibujo: Jeff Smith

Editorial: Toon Books

Formato: HC Apaisado. 32 Páginas

Precio: $12.95

Calificación: 8/10 (Nacho), Sin Calificación (Sergio)

No sé yo qué es lo que se le habrá pasado a Sergio por la cabeza al recibir ésta recomicdación. Además sin previo aviso ni comentario por mi parte, a saco, sin paños calientes. ¿Y por qué? Pues porque quizá considere que tengo poca vergüenza al pretender recomicdar un libro de poco más de treinta páginas, a viñeta por hoja y que además está destinado a los niños.

Y sí, vergüenza la justa. Pero ¿acaso los comics pijameros en los 90 eran una sucesión de splash pages una tras otra? ¿acaso los guiones (si se les podía llamar así) eran dignos de ser comparados con los libros destinados a los niños? Es más, el autor del tomo es el mismísimo Jeff Smith que es mundialmente famoso por su Bone. Si arrejuntamos todo ésto con mi faceta de padre ¿por qué no recomicdarlo?

Lo primero que hay que tener claro es que en lo que lleváis leído de entrada ya se ha superado con creces la cantidad total de palabras que hay en el libro. Se trata de un libro infantil, no pretendamos saturar a los pobres infantes. Menos mal que el autor es Smith. Miedito me daría si fuese Claremont o Moore...

Lo segundo es que es muy bonito de ver. Al fin y al cabo una de las grandes lacras que casi todo el mundo le puso a Smith desde los inicios de su Bone era el tono infantil y cartoonesco de sus dibujos. Así que para un libro para los peques éste estilo viene como anillo al dedo.

Tercero: la trama. Durante sus apasionantes páginas acompañamos al joven ratoncito en el complicado periplo de prepararse para salir de paseo con su madre. Recibimos útiles consejos, vemos como supera varios problemas que se le plantean y, finalmente, cómo termina todo el asunto.

Está claro que si no tienes hijos o si no eres completista de la obra de Jeff Smith, ésta obra no es para tí. Yo por mi parte ya se lo he contado varias veces a mi retoño, y él está encantado.

Una cosa: por supuesto que la nota está acorde a la comparación realizada con otros libros similares que pululan por casa, que nadie caiga en errores.

Saludos!

Nacho (24)

¿Que por qué no hay calificación?. A ver, ¿podrían ustedes, como adultos, poner nota a alguno de los cómics para niños que de seguro han pasado alguna vez por sus manos?. No, ¿verdad?.

El completismo es lo que me llevaba hace unos meses a encargar por el Previews una obra de la que no tenía la menor información. Sólo sabía que venía firmada por Jeff Smith, y eso era garantía suficiente para mis ansias coleccionistas. Pero claro, cuando lo tuve en la mano, vi su grosor, y lo ojee en la tienda, no es que me arrepintiera de llevármelo a casa, es que los trece euros de desembolso podían haberse dedicado a alguna adquisición más provechosa. ¿Por qué?. Pues básicamente porque este Little Mouse está destinado a introducir a los peques de la casa en el lenguaje de los cómics y para ello (y en un esfuerzo muy loable, todo sea dicho) el creador de Bone concreta veinticinco páginas de una ¿historia? en la que vemos como un ratón se viste. Con claras pretensiones educativas que funcionan a las mil maravillas, las páginas de Little Mouse se resuelven en una o dos viñetas a lo sumo y la lectura del tomito no lleva (o no debería llevar) más de dos minutos quedándose al final el cómic en un experimento agradable que sirve para demostrar, por si alguien no lo sabía todavía, que aún con las premisas más inocentes y tontas, Smith es capaz de cuajar un ejercicio narrativo estupendo.

Sergio Benítez (305 1/2)

La VIDA es BUENA si NO te RINDES

Guión: Seth

Dibujo: Seth


Editorial: sins entido


Formato: Libro Cartoné. 200 Páginas

Precio: 17.90€


Calificación: 8.5/10


Dice Seth en una estupenda entrevista que hace unos días tuve la oportunidad de ver por la red (búsquenla, vale la pena verla si entienden la lengua de la pérfida Albión) que detesta que muchos críticos lo hayan calificado de nostálgico en las constantes alabanzas hacia su obra. Y lo dice con el conocimiento del sentido peyorativo que hasta cierto punto arrastra el calificativo y, sobre todo, porque si hay un epíteto que defina a la perfección el sentimiento que con más fuerza dimana de las páginas de La Vida es Buena si No te Rindes ese es la melancolía, algo que se constata de manera indefectible cuando uno ve alguna foto del autor canadiense y esa forma tan particular de vestir con la que siempre se muestra. Salido directamente de un armario de la América de la década de los treinta o los cuarenta, Seth es una contradicción en sí mismo. Y de contradicciones, melancolía y maestría a la hora de narrar es de lo que debemos hablar al referirnos a esta insigne obra y a su autor.

Un paseo rápido por las páginas de esta segunda (y estupenda) edición de sins entido del título con el que el autor comenzó a llamar la atención no es capaz de revelar mucho más que una apesadumbrada primera impresión, la que se deriva del bitono y de las muchas ausencias de diálogo que se aprecian a simple vista. Pero no nos dejemos engañar, La Vida es Buena si No te Rindes es mucho más que lo que cualquier mirada furtiva (o para el caso malintencionada) sería capaz de captar, dando Seth toda una lección de maestría narrativa y configurando con este título un primer acercamiento inmejorable a su recién editada (y al parecer soberbia) George Sprott, que aguarda ya en mis estanterías a ser leída.

Centrándonos en el título que nos ocupa, el autor no puede arrancar mejor su narración: mediante un discurso en primera persona y voz en off, Seth se nos presenta como un amante empedernido de los cómics, un coleccionista enfermizo y compulsivo que, cuando se embarca en una empresa, no conoce límites y, sobre todo, una persona que aún teniéndolo relativamente fácil para ser feliz, se empeña en no serlo. Así las cosas, y con unas primeras páginas hipnóticas en las que el autor captura con inusitada facilidad la atención del lector, el hilo conductor que sirve a Seth para llevar a sus sufridos interlocutores por los diversos vericuetos de su vida es la búsqueda impenitente de un dibujante de nombre Kalo que ilustró algunas páginas de humor para la revista The Newyorker. La obsesión que el autor desarrolla por el artista (ficticio como muy bien observa Fran J. Ortiz en su estupendo blog) es el motor que impulsará las doscientas páginas que componen el volumen, una obsesión que en ocasiones rallará lo enfermizo y que llevará al autor a un viaje por los recovecos de su propia memoria y existencia, al viajar, buscando pistas, a algunos lugares en los que pasara su infancia.

La melancolía que Seth imprime a todas sus páginas es una de la que resulta muy fácil (y hasta cierto punto apasionante) impregnarse. No sólo el autor consigue transmitir sin ningún tipo de cortapisas las complejidades y constantes contradicciones que abundan en su existencia (como por ejemplo la incapacidad para mantener una relación estable aunque no le cueste encontrar pareja) a través de unos monólogos intensos y perfectamente insertados en el devenir de la historia, sino que desde el punto de vista meramente visual, La Vida es Buena si No te Rindes es un festín melancólico como pocos. Decía un poco más arriba que el bitono ayudaba a que dicha cualidad apareciera en una rápida mirada al volumen, una mirada que, obviamente no era capaz de captar la forma en la que Seth juega con los ritmos, aparententemente pausados y, sobre todo, los silencios, dedicándose en esos momentos en que su voz se acalla y no hay nada que interrumpa el inquieto movimiento de nuestros ojos, a recorrer mediante fantasmagóricas instántaneas los mudos y sombríos paisajes urbanos de Ontario, haciendo hincapié, ora en sus edificios, ora en las personas que los pueblan.

Testigo mudo del mundo que se desenvuelve ante él, Seth se muestra no obstante muy elocuente cada vez que pretende acercar al lector su gran pasión por el noveno arte. Y lo hace de la mejor manera posible, trufando la narración de constantes menciones a otros cómics que, de un modo u otro, le fueron dejando huella a lo largo de su vida: mucho habría que decir de las numerosas referencias que el canadiense incluye, pero, ya por desconocimiento de algunas de ellas, ya porque para hablar sobre las que sí conocemos (Carlitos o Tintín) necesitaríamos muchas más líneas de las que a estas alturas de la recomicdación estaríais dispuestos a seguir leyendo, dejamos esa tarea y la de descubrir a un autor fascinante y una obra fantástica en vuestras manos. Os aseguro que no os arrepentiréis.

Sergio Benítez (305)