miércoles, 11 de marzo de 2009

El JUEGO LÚGUBRE

Guión y Dibujo: Paco Roca

Editorial: Dolmen

Formato: Álbum Cartoné. 64 Páginas


Precio: 15€

Calificación: 7/10

Gala. Surrealismo. Genio. Excéntrico. Cadaqués.

Todas estas palabras llevan irremisiblemente a un nombre, Salvador Dalí, el que junto a Picasso probablemente sea el artista más universal que haya dado nuestro país. La compleja personalidad del pintor, acerca del que se forjaron numerosas leyendas urbanas, es la base de partida para que Paco Roca cree una ficción de gran solidez.

Para ello, el completo autor parte de adaptar un supuesto relato que, con el mismo título, dice encontró en una tienda de antigüedades.
Así, Roca se pone al servicio de la historia de Jonás, un supuesto secretario del pintor, cuyo nombre no es Dalí, sino Deseo (cambiando también el de Gala por Galatea) que vivió con él y su pareja en momentos previos al comienzo de la Guerra Civil. El relato que adapta el cómic de Roca parte de dar crédito a las citadas leyendas urbanas, dibujando a un Dalí cuyas excentricidades son llevadas al paroxismo. Hasta tal punto se deforma al genio catalán, que la narración nos muestra a un pintor capaz de matar para llevar a cabo sus surrealistas obras, mostrándonos Paco Roca el posible origen de cuadros como el conocido Jirafas Encendidas e incluyendo el autor sus propias versiones de otros como Mae West o Construcción Blanda con Judías Hervidas.

Desdibujada la línea que separa delirio de realidad, Roca juega con el lector a placer, haciendo avanzar una anécdota por inusitados terrenos en los que su preciso grafismo sirve de ajustado vehículo a las necesidades de la narración. Ambientado a la perfección en ese pequeño pueblo de pescadores que era el Cadaqués de los años treinta, bajo la simplicidad del dibujo de Roca subyace un artista capaz de dejarse imbuir de un pretérito surrealismo para poder llevar a cabo todas aquellas apariciones del pintor (homenaje incluido a la famosa escena del Perro Andaluz).


Si algo demuestra este Juego Lugúbre, en su comparación con Arrugas o El Faro, es la increíble versatilidad de Roca a la hora de tratar historias tan dispares. A falta de leer los otros dos tebeos suyos editados por estos lares (Hijos de la Alhambra y Gog) sigo pensando que el autor valenciano es uno de los más interesantes que ha dado nuestra geografía en la última década. Muy mal lo tendría que hacer en futuros proyectos para hacerme cambiar de opinión.

Sergio Benítez (120)

martes, 10 de marzo de 2009

La PRINCESA CABALLERO

Guión y Dibujo: Osamu Tezuka

Editorial: Glénat

Formato: 3 Volúmenes Rústica

Precio: 8.95€ c/u

Calificación: 7/10


"Choppy y la Princesa son buenos amigos.
Choppy la defiende de sus enemigos".

Si hace veinte años me hubieran dicho que iba a terminar escribiendo una reseña sobre una de las series de dibujitos más noña de la época, me habría reído en la cara de quien afirmara aquello. Amante irredento de todo lo que signifique animación, incluso en aquellos años tenía mis límites y la serie sobre una princesa con dos corazones me superaba con mucho (y se lo dice alguien que vio Candy, Candy enterita....y lloró a moco tendido con la muerte de Anthony...no, en serio).

Saltemos eso, unos veinte años, y situémonos en una visita a casa de mi amigo Paco en Madrid. Sin saber que en los últimos tiempos le había dado por coleccionar cómics, y más concretamente, la obra de Tezuka, me sorprendió encontrar en sus estanterías los tres tomos de La Princesa Caballero. Pero claro, cómo iba a saber yo, poco ducho en la obra del Kamisama No Manga, que las aventuras de Zafiro y Tink (pues así se llaman los personajes originales) eran creación suya.

El caso es que unos meses después, y tras las lecturas poco gratificantes de sus primeras obras, decidí que, qué demonios, le daría una opción a La Princesa Caballero. Y lo cierto es que, sin esperar demasiado (casi nada, me aventuraría a decir) la lectura de los tres tomos me ha sorprendido gratamente. A ver, que nadie se lleve a engaño. En esencia, La Princesa Caballero no es más adulta que las obras que hasta ahora hemos comentado aquí. De hecho, el ser el primer Shojo Manga (manga para chicas) lo aleja del gusto por la ciencia ficción demostrado por Metrópolis o Next World, y por lo tanto de mis filias. ¿Porqué me ha gustado entonces?, estarán preguntandose.

A decir verdad, no tengo la menor idea. Quizás sea porque, de todo lo que hemos comentado hasta ahora, La Princesa Caballero sea la que más deje notar las sempiternas influencias disneyanas (sobre todo de Blancanieves y Cenicienta). Pero quizás también porque subyacen otras influencias más sutiles como la obra de Shakespeare, la versión de los hermanos Grimm del cuento popular La Bella Durmiente, el ballet del Lago de los Cisnes del gran Tchaikovsky, o el espíritu de los relatos de caballería o piratería tan comunes en la literatura de aventuras. Aunque parezca imposible, Tezuka incluye dosis de todas ellas (y algunas más) en el relato de las aventuras y desventuras (más estas últimas) de Zafiro mientras intenta encontrar su gran amor y definirse por uno de los dos sexos que habitan en ella.

Si argumentalmente esta es la obra más Disney de Tezuka hasta la fecha, la parte gráfica no se queda atrás, por más que Tezuka innove sobre el tejido del manga con la introducción de los fondos floridos o los enormes ojos de los protagonistas (algo que terminará siendo marca de registro de los shojo): desde el diseño de Tink, sacado directamente de los querubines de la Pastoral de Fantasía, hasta el de la bruja Hell, la notable influencia de los estudios de animación se vislumbra más que nunca.

Aunque cuente con tres volúmenes para su tranquilo desarrollo, lo atribulado de todo el final hace pensar que quizás Tezuka no tuviera clara la conclusión de su obra (cogida con alfileres) hasta poco antes de terminarla. Esto no quita para que hasta la mitad del tercer volumen no podamos disfrutar de una obra pionera en su género que, ante todo, es tremendamente entretenida.

Sergio Benítez (119)

lunes, 9 de marzo de 2009

SPIDERMAN: ESPÍRITUS de la TIERRA



Guión y Dibujo: Charles Vess


Editorial: forum


Formato: Albúm Rústica. 80 Páginas


Calificación: 6.5/10


Retrocedamos diecisiete años a 1992. Año marcado por Olimpiadas y Exposiciones Universales y en el que Forum todavía ejercía su hegemonía como la editorial española que más cómics editaba al cabo del mes (muy por encima de lo que Zinco era capaz de lanzar al mercado). La multiplicidad de sus productos, que eran impresos en una gran variedad de formatos, permitía a los lectores acercarse a todos los recovecos del Universo Marvel. De todos ellos, mi favorito siempre fue la novela gráfica. Quizás por su tamaño, quizás porque siempre se trataba de proyectos especiales, quizás porque por aquel entonces el coleccionar cómics comenzaba a tomar forma y las historias autoconclusivas eran la mejor opción antes de introducirse en el caos de la continuidad de una colección.

Sea como fuere, y tras un primer volumen en el que la editorial había sacado cosas como los míticos Dios Ama, el Hombre Mata o La Muerte del Capitan Marvel (en lujosa tapa dura y papel satinado), cuando me llegó el turno de empezar a hacerme con los tebeos editados en este formato, Forum ya andaba metida en su segundo volumen, que había arrancado con el Nick Furia /Wolverine y en el que se publicarían estupendas historias como el Dr.Extraño / Dr.Muerte de Stern y Mignola, el Daredevil: Love and War de Miller y Sienkiewicz, el Hulka de Byrne, el Daredevil: Matadero de Starlin y Chiodo o este Spiderman: Espíritus de la Tierra de Charles Vess.

Lejos todavía de ver publicados sus futuros trabajos de Sandman o Stardust, Charles Vess había dibujado hasta este Spiderman tres números de Marvel Fanfare, y una novela gráfica titulada El Estandarte del Cuervo, con lo que poder tratar a uno de los personajes emblema de la compañía era toda una novedad para el dibujante. La primera decisión de Vess a la hora de abordar al trepamuros dice mucho de los gustos del artista ya que, en lugar de situar la acción en Nueva York, esta tiene lugar en las highlands escocesas. Allí, y con los elementos mágicos tan propios de la zona y que tanto gustan a Vess (sólo hay que echar un vistazo a los dos trabajos citados al comienzo de este párrafo para darse cuenta de ello), la rocambolesca historia en la que se ve envuelto Peter, en la que interviene El Club de Fuego Infernal aparecido en la mítica saga de Fénix Oscura, es una simple excusa para poder admirar la fantástica labor del autor a los lápices, tintas y colores.


Ya aquí se detectan las mismas virtudes que le llevaran a ser premiado por sus trabajos posteriores, aunque también aquí encontramos los pequeños defectillos que, de alguna manera, ha seguido lastrando posteriormente. Entre los primeros, su innata capacidad para el encuadre, la facilidad con la que compone los fondos sobre los que se desarrolla la acción y el maravilloso uso que hace del color. Entre los segundos, los errores a la hora de controlar la anatomía de los personajes, que provoca en ocasiones escorzos imposibles y pésimamente definidos.
Aunque encontrar hoy en día esta novela gráfica (o por extensión cualquiera de las otras que editó Forum) sea una auténtica labor de arqueología, tanto por tiempo como por el coste de las "piezas", si se encuentran por casualidad con este Espíritus de la Tierra y lo pueden adquirir a buen precio, no lo duden; no es que sea una gran historia, pero tiene ese sabor añejo que, de cuando en cuando, siempre conviene rememorar.

Sergio Benítez (118)

viernes, 6 de marzo de 2009

ABSOLUTE WATCHMEN

YOU'RE NOW ENTERING RECOMICLAND...now with only one recomicdator

Corren tiempos aciagos para la blogosfera.

Aprovechando su última visita a Algeciras, Mario, haciendo gala de la enorme humildad que le caracteriza, me comunicaba con un gran pesar que abandonaba el blog, una noticia que sin ser esperada, si que me resultaba de todo punto lógica, ya que algunas de las sensaciones que comentaba mi compañero ayer acerca de la "presión" (autoimpuesta en todo momento) de tener que recomicdar cada vez que se termina un lectura es algo que puede llegar a cansar.

Por lo que a mi respecta, mientras el tiempo me lo permita (a las ganas las tengo muy educadas desde hace años) seguiré con el mismo ritmo de actualización, esto es, diario de lunes a viernes. En cuanto vea que me es imposible continuarlo, desaceleraré a tres semanales. Así que despreocupaos, que por ahora no os dejaremos huérfanos de recomicdaciones.

En cuanto a ti, Mario, hago aquí público lo que ya te he dicho unas cuantas veces, esto es tan criatura tuya como mía, y aquí seguirá en cuanto quieras volver a ella. Hasta entonces,

Nuff Said!.


Guión: Alan Moore

Dibujo: Dave Gibbons


Editorial: DC


Formato: Slipcase HC. 464 Páginas


Precio: $75.00


Calificación: O.M.


Antes de comenzar con nuestra recomicdación de Watchmen vaya por delante otra que no se le debería pasar a ningún aficionado al cómic en general y menos aún a cualquier amante de la magna obra de Moore y Gibbons en particular: W de Watchmen, un magnífico libro editado por Dolmen y que ha escrito Rafa Marín para deleite de todos aquellos que quieran saber más acerca de cualquier detalle imaginable de la serie. Un gran trabajo que hace aún más grande la lectura que ahora nos proponemos recomicdar.

Cuando Mario y un servidor empezaron este blog el pasado mes de junio, teníamos claro que, siguiendo la idiosincrasia con la que nos habíamos propuesto caracterizar a nuestra criatura, tarde o temprano íbamos a tener que recomicdar tebeos de esos se consideran seminales dentro de la historia del noveno arte. Y aunque uno podría pensar que después de haber escrito acerca de La Broma Asesina, El Regreso del Señor de la Noche, el Spirit de Eisner, Contrato con Dios o el Donald de Carl Barks, tendría que ser bastante fácil ponerse a discurrir sobre todo aquello que Watchmen ha supuesto para mí como lector de cómics; no deja de ser menos cierto el hecho de que acometo esta recomicdación con cierto recelo por la envergadura y las connotaciones que arrastra siempre el tener que hablar sobre una Obra Maestra, venga esta de la disciplina que venga. Pero como reza el dicho, la historia no la escriben los cobardes, así que valor, y al tajo.

Como quiera que sobre Watchmen se han vertido ríos de tinta, y que con la recomicdación del libro de Rafa Marín quedan cubiertas casi todas las lagunas que uno pudiera aún albergar acerca del tebeo, esta recomicdación no va a ser tan extensa como podría ser esperable (al menos eso pretendo) y va a comenzar, como tantas otras en este blog, relatando (dentro de lo que mi memoria me permita) las circunstancias que me llevaron, hace ya "taitantos" años, a leer Watchmen. Suponiendo que la edición de Zinco en doce cómics llegara un año después de su publicación a tierras españolas, no fue hasta...aquí es donde mis neuronas comienzan a sobrecalentarse por el esfuerzo, así que aventuraré que...allá por 1992 cuando me topé, de pura casualidad en una pequeña tiendecita con los diez primeros números de la serie saldados por "cuatro duros". Podréis imaginar cuál no fue mi frustración al comenzar a leer, quedar enganchado y ser consciente de que iba a pasar mucho, pero mucho, mucho tiempo hasta poder conseguir los otros dos números (en Algeciras por aquel entonces lo más parecido a una tienda de cómics eran los Mortadelo que se podían comprar en el quiosco de prensa situado enfrente de casa de mis padres). En fin, que los hados quisieron que unos meses más tarde, una fugaz visita a Sevilla, y el pertinente sablazo a la cartera de mi padre, me permitieran optar a leer una obra que había despertado mi curiosidad más allá de lo imaginable.

Aquella noche de vuelta de la capital hispalense no podía dejar de pensar en cómo terminaría la historia y, fue llegar a mi dormitorio y encerrarme en él para, de una sentada, tragarme los doce números completos, complementos incluidos. Núbil adolescente por entonces, la carga de mensajes y múltiples capas que Watchmen encerraba para una mente medianamente ágil pero todavía en proceso de formación, provocó poco menos que un cortocircuito sináptico: no era capaz de procesar lo que a todas luces era un cómic fuera de lo normal, tanto en calidad como en la forma en la que se apartaba de cualquier tebeo de superhéroes (aunque de esos no había nada que encontrar allí) de los que había consumido hasta ese momento.

Personalmente, creo que ese detalle en particular (unido a otra miríada de circunstancias) es el que hizo grande a Watchmen y sigue haciendo que hoy, veintitrés años después, sea un cómic tanto o más vigente que las muchas intentonas de DC o Marvel por vendernos los mega-super-macro-eventos anuales. Atreviéndome a rozar mínimamente la superficie de toda esa multitud de detalles que aglutina la obra de Moore y Gibbons, hay ciertos elementos de la misma que suponen un matiz claramente diferenciador con respecto a las muchas lecturas que antes, durante y después de Watchmen han visto la luz en el universo de los tebeos. De entre ellos, y por aquello de no alargar este análisis más de lo que ya lo estoy haciendo, destacaría, sin que el orden implique importancia, los siguientes:

. La simetría a tres niveles con la que Moore juega a lo largo del tebeo, asemejando la experiencia a estar contemplando una complejísima mancha de Rorschach y en la que llaman la atención la relación temática de los números pares e impares o el asombroso reflejo, primero estructural, después en muchas viñetas, con el que está montado el número cinco.
. Los constantes devaneos de Moore para con el lector a la hora de adelantar el final. Un detalle imposible de apreciar en una primera lectura y que con las subsiguientes va desvelándose poco a poco, siendo la conversación del Comediante con Moloch en el segundo número, un ejemplo clarísimo de los deseos del guionista de que alguien descubra parte de la impactante conclusión antes de que esta se produzca.
. La constante mirada critica con la que el escritor va desmotando pieza a pieza la imagen de héroe impoluto que hasta el momento de su publicación era la tónica reinante (aunque no absoluta) en los cómics. No sólo me refiero al tono realista que caracteriza a la narración, que podemos encontrar incluso cuando esta incide sobre el Dr. Manhattan, sino a las constantes puyas que Moore introduce acerca de la idiosincrasia (muchas veces de carácter sexual) de unas personas que se disfrazan para poder sentirse realizadas. A este respecto resulta revelador leer con la mentalidad de un adulto toda la secuencia del primer encuentro íntimo entre Dreiberg/Laurie, Búho Nocturno/Espectro de Seda haciendo caso a los comentarios que van surgiendo de la televisión. Simplemente genial.
. El número dedicado al Dr.Manhattan, ya no sólo porque es uno de los más reveladores, sino por el dominio temporal que el guionista demuestra en todas y cada una de sus páginas, haciendo de él una lectura intensa tanto en forma como en contenido.
. El ecuador de la narración (el número seis), dedicado al mejor personaje de la misma, con la secuencia más violenta de toda la historia, y con una frase "No estoy encerrado aquí con vosotros. Sois vosotros los que estáis encerrados conmigo" que lo dice todo sobre Rorschach y la claridad de sus ideas a la hora de impartir su particular justicia.
. Los complementos (todos ellos imprescindibles para captar lo que Moore narra ) y, sobre todo, el cómic de piratas que sirve de reflejo continuo de la acción, ya sea de forma directa como una suerte de recorrido apócrifo sobre la vida de Veidt y lo que el megalómano pretende hacer, ya sea como metáfora puntual que toca a otros personajes como Rorschach o en menor medida pero no con menos fuerza, al quiosquero, las pandillas, la taxista lesbiana o el niño que lo lee con denodado interés.

Y podríamos seguir y seguir analizando la práctica totalidad, no ya de las páginas, sino de las viñetas; unos pequeños rectángulos que Gibbons carga de mensajes y contenidos y que convierten Watchmen en uno de esos pocos cómic a los que es estrictamente necesario volver de vez en cuando para afianzar las impresiones que su última lectura dejo e ir creando nuevas que vayan acumulándose en nuestra memoria. Huelga decir que el trabajo del dibujante británico es la perfecta traslación de lo que Moore pare para cada página y número, y que la reciprocidad entre el guionista y él es la máxima responsable de que hoy y tras incontables zambullidas en todas las ediciones que han ido pasando por mis estanterías (y de las que sin duda me quedo con la Absolute americana) Watchmen consiga seguir sorprendiendo con nuevos hallazgos. Una perfecta definición de por qué este cómic es una Obra Maestra del noveno arte.

Sergio Benítez (117)

P.D: Y sí, al final ha quedado un poco larga, pero me lo pueden perdonar, ¿no?.

jueves, 5 de marzo de 2009

SUPERMAN ANUAL #11

YOU ARE NOW LEAVING RECOMICLAND

Bueno, ustedes no, yo. Y es que esta reseña de Superman se convierte desde ya en mi canto del cisne particular. Hace ya algunos meses que comencé mi andadura en esto de los blogs y tengo que reconocer que ha sido una pasada. Pero también es cierto que requiere cierta dedicación. Más de lo que pensaba. Tiempo del que ahora no dispongo, y que, después de haberlo meditado bastante, me ha llevado a tomar está decisión.

Y no solo es cuestión de tiempo. En los últimos dos meses he notado algo que jamás pensé que ocurriría. Pocas ganas de enfrentarme a un tebeo. Cierta saturación comiquera, y como no, la obligatoriedad de la reseña hacían que acabar la lectura de un comic supusiera un trabajo extra. Y por ahí no estoy dispuesto a pasar.

Solo me queda agradeceros a todos vuestros comentarios y aseguraros que por supuesto nos leeremos por aquí. Sin duda.

Buenas noches y buena suerte.


Guión: Alan Moore

Dibujo: Dave Gibbons

Editorial: Zinco

Formato: Grapa 68 Páginas

Precio: 1 € (Saldo)

Calificación: 9.5/10

¿Es un pájaro? ¿Es un avión? No. Es una masa de pelo informe que, de paso, también escribe comics. Y qué bien lo hace el maldito. Para escribir historias cuyo protagonista sea un extraterrestre bastante fortachón y que pocas cosas pueden herirle hace falta hilar muy fino. Nunca le he visto el atractivo al bueno de Clark Kent, sin embargo sí es cierto que pululan por ahí algunos guiones de esos que quitan el hipo. Así por encima se me ocurre Identidad Secreta, la miniserie del Hombre de Acero facturada por Byrne y por supuesto lo escrito por Moore.

Este especial, el anual 11 yanqui, lo publicó la editorial Zinco hace ya algunos añitos, y recientemente lo ha recuperado Planeta en uno de sus innecesarios Absolutes, agrupando todo lo escrito por el guionista británico sobre el hombre de acero. La historia El Hombre Que Lo Tenía Todo es simplemente perfecta. Poco se puede añadir a lo escrito sobre un guión al que no se le ven fisuras por ningún sitio.

No hay que olvidar que es una historia corta, y es que después de leer otros comics del mismo número de páginas, como por ejemplo, La Broma Asesina, uno no sabe que pensar, ¿qué hace mejor Moore? ¿Miniseries?, ¿maxiseries?, ¿números unitarios?, ¿24 páginas? ¿48? Pues la verdad es que casi cualquier cosa que se proponga lo borda.

Lo que en principio debería ser una celebración del cumpleaños de Superman con algunos de sus amigotes, Wonder Woman, Batman y Robin, acaba convirtiéndose en una auténtica pesadilla a la que se le unirá un inesperado invitado.

Es en este momento cuando empieza el despliegue de ideas made in Moore. La narración se parte en dos. Por un lado lo que ocurre en el presente, donde nuestros héroes empiezan a repartir tollinas, y por otro lado lo que ocurre en… bueno, lo que pasa en otro sitio. Y es ahí donde Moore se muestra más Moore que nunca. Resultando una suerte de What If…? y un rollito filosófico-psicológico que convierte la historia en una de las mejores jamás escritas sobre el personaje. En tan solo 40 páginas. Y es que cuando uno vale…

Y a los lápices Dave Gibbons. Como siempre cumpliendo de sobra. Con su estilo elegante y limpio nos muestra una Fortaleza de la Soledad más oscura y tétrica que de costumbre. Alternando con unas secuencias Kryptonianas de lo más acertadas. ¿Qué se podía esperar de la pareja que acompañó a Moore en Watchmen? Pues eso.

Este cómic creo que existe para probar una vez más que no hace falta una retahila de tropecientos números para contar una buena historia, y que ni mucho menos importa el personaje protagonista de dicha historia. Como ya dije al principio, Superman no es un personaje fácil de escribir, pero ya se sabe que la gente con talento hace fácil lo difícil, y Moore tiene un talento más grande que su pelambrera.

Marione (65)

miércoles, 4 de marzo de 2009

SUPERMAN.BATMAN: WORLD's FINEST


Guión: Dave Gibbons

Dibujo: Steve Rude

Editorial: DC

Formato: TPB. 164 Páginas

Calificación: 9/10

De todos los tebeos que conforman mi biblioteca, muy pocos podrían afirmar formar parte del variopinto grupo de esas lecturas que cada cierto tiempo uno vuelve a repasar. A vuelapluma, y sin un orden determinado, compondrían este grupo cosas como Dragon Ball, Mafalda, Bone, Liberty Meadows, Wolverine: Bloodlust, Batman: Full Circle, Arrowsmith, Superman: Secret Identity, Preacher, JLA: The Nail, Next Men, Batman: Year One, The Dark Knight Returns, The Killing Joke, Ultimates (v.1 y 2), JLA:Earth 2, Kingdom Come, V for Vendetta, Marvels, Watchmen, Danger Girl, Stardust o Herobear. Todos ellos son cómics que han pasado más de una y dos veces por mis manos para ser releídos (y aunque parezcan muchos no lo son en comparación al resto de lo que se almacena en las estanterías). Sin embargo, si hay uno que se lleva la palma en cuanto a relecturas ese es este World's Finest.

Con un primer número aparecido en 1941 bajo el título World's Best Comics, a partir del número dos, la cabecera de la serie que relataba aventuras conjuntas de Batman y Superman, cambió su denominación por el de World's Finest Comics. Y con el siguió hasta el final de su aventura editorial, cuarenta y cinco años después. Normalmente de tono desenfadado y sin entrar a analizar mucho a ninguno de los dos personajes (para eso ya estaban sus correspondientes colecciones) World's Finest Comics sigue siendo hoy una de las colecciones más queridas por los aficionados que llevan metidos en este mundillo más de dos décadas.

Cuatro años después de su desaparición del mercado, DC lanzaba la miniserie de tres prestigios (editados por la añorada Zinco en nuestro país) que queda recogida en el volumen que nos ocupa. Con un Dave Gibbons que afrontaba su primer trabajo de envergadura a los guiones (antes había escrito algunos números de Rogue Trooper); el gran Steve Rude a los lápices
y en el color el magnífico Steve Oliff, World's Finest no podía contar con un mejor equipo creativo.

La historia del World's Finest de Gibbons y Rude se divide claramente en dos partes que corresponden a los dos primeros números por un lado, y al tercero por otro. Hilvanado a la perfección por el trasfondo que supone el que los dos archienemigos de los héroes, El Joker y Lex Luthor, cambien sus bases de operaciones de forma momentánea a Metrópolis y Gotham respectivamente, el guión de Gibbons va estructurándose de forma simétrica siempre que muestra a Batman y Superman por separado. Esta forma tan curiosa de componer la narrativa en igual número de páginas para ambos superhéroes sirve al guionista para ir configurando un relato lleno de intrigas en el que Gibbons plasma su interés por diferenciar la sombra que representa el primero por la luz que simboliza el segundo. Evidentemente, la extraña simetría utilizada por el escritor se rompe, en cada uno de los prestigios, siempre que ambos personajes comparten acción, algo que sucede, inicialmente, en Midway, ese pueblo a mitad de camino entre las dos ciudades más características del Universo DC.

Bien evidente es que si el magnífico trabajo de Gibbons no hubiera tenido su correspondencia en el dibujo, estaríamos hablando de un tebeo totalmente diferente; pero con Rude a los lápices (y Karl Kesel a las tintas) no podía haber lugar a equivocaciones. El que conozca el trabajo de The Dude (como él se autodenomina) para la mítica Nexus, sabrá que el artista es un narrador consumado en constante proceso de renovación y búsqueda de nuevas formas con las que sorprender a sus lectores. Podríamos decir que cuando dibuja World's Finest, Rude se encuentra en su mejor momento como dibujante, pero eso sería desmerecer la gran valía de todos su trabajos anteriores y posteriores. Salvo los titubeantes comienzos para la serie que lo daría a conocer, Rude ha sabido mantener, más allá de modas pasajeras, un estilo de línea clásica muy deudor de Milton Caniff en el trazo y Norman Rockwell en la composición y gusto por el detalle. Ambas influencias (y alguna más como la de Alex Toth) son claramente identificables en World's Finest.

Eligiendo como modelos de Batman y Superman las representaciones más clásicas de los personajes que le permitieron en DC (que en el caso del segundo fue la de los dibujos de Richard Fleischer), Rude trabaja cada página de World's Finest como si fuera una pieza única digna de exposición. Su pasión por que el detalle forme parte de la historia (que va más allá del carácter enfermizo de dibujantes como Geoff Darrow) es algo que se nota, y mucho, cuando uno examina con detenimiento muchas de las impresionantes viñetas que el artista cuaja en esta gran lectura; un trabajo que queda perfectamente suplementado por la labor de Steve Oliff, uno de los mejores coloristas que ha dado el mundo de los cómics norteamericanos.

En las notas de Steve Rude redactadas allá por 1992 y que cierran la lectura del tomo, descubrimos que DC tenía la firme intención de haber lanzado al mercado otra miniserie de World's Finest con el mismo equipo creativo. Lamentablemente, y por la más que probable razón de la proverbial lentitud del dibujante a la hora de terminar sus trabajos (el relanzamiento de Nexus bajo un nuevo sello editorial sólo ha visto dos números de los cuatro previstos en año y medio) esta miniserie nunca llegó a ver la luz. Visto hoy, tantos años después, y dada la incuestionable calidad del trabajo realizado, el que la segunda parte de World's Finest no fuera publicada es como poco, un mal menor. Pocos tebeos han sabido mostrar a ambos héroes con la fuerza, el mimo y ese sentido bigger-than-life que tanto gusta a los americanos. No es de extrañar pues que la lectura que precedió a esta reseña, fuera la quinta o la sexta que hacía del tomo...y lo se, necesito ayuda profesional pero, ¿y quien no?.

Sergio Benítez (116)

martes, 3 de marzo de 2009

La LIGA de los CABALLEROS EXTRAORDINARIOS


Guión: Alan Moore

Dibujo: Kevin O´Neill

Editorial: Planeta DeAgostini

Formato: Tapa Dura. 176 Páginas

Precio: 11,95 €

Calificación: 9.5/10

Soy muy poco dado a cambiar de formato los comics que ya tengo. Me explico. Si tengo algo en grapa, así se va a quedar. Lo que pasa es lo que pasa y si tienes alguna juntera que te mete por el mal camino pues algo cae. Y eso es lo que pasó con esta Liga De Los Caballeros Extraordinarios (en adelante LDLCE). Mis comics de treintaitantas páginas pasaron a mejor vida cuando Planeta publicó el recopilatorio en tapa dura. Una de las cosas que se tienen que producir para el cambio a tomo es que la obra bien lo merezca, y la Liga lo merece bastante.

Después del revuelo producido por el sello America´s Best Comics que el amigo Moore se sacó de la chistera tocaba comprobar si tal evento estaba a la altura de lo comentado o simplemente que el guionista británico tenía que pagar facturas y que el hambre es mu mala. Había de todo, pero incluso lo regulero tenía una calidad envidiable.

Si entre todas las series del sello había una que por su planteamiento inicial llamara poderosamente la atención era LDLCE. La premisa inicial es un poco de locos: un grupo de personajes sacados de las novelas de aventuras más clásicas (Drácula, El Hombre Invisible, Dr Jekyll y Mr Hyde, Capitan Nemo, etc…) ubicados en la época Victoriana. Si a ésto le sumamos un tono aventurero mezclado con grandes dosis de intriga y suspense nos podremos hacer una idea de lo que nos vamos a encontrar en la serie.

Moore sabe dosificar perfectamente las sorpresas y giros en el guión. Como se va formando el grupo, cuales serán sus aspiraciones, alguna traición, que siempre viene bien y muchísimas referencias literarias. Pero muchas, muchas. Personajes sacados de novelas como Moby Dick aparecen para hacer un breve cameo, trágicos desenlaces de otras tantas que se incrustan de manera maravillosa en la propia historia de los Caballeros. Como si del engranaje de un reloj se tratara, Moore sabe lo que quiere contar desde un principio y lo hace de manera que cada pieza tiene su sitio y encajan a la perfección.

Para ilustrar estas aventuras el barbudo guionista eligió a un dibujante también británico, Kevin O´Neill, el cual sonará por sus trabajos en las clásicas Marshal Law o Nemesis The Warlock. Su estilo, bastante feote, es perfecto para la historia. Muy detallado en algunas ocasiones, tanto, que hay páginas en las que nos podemos llevar un buen rato admirando su buen hacer como si de un Geoff Darrow se tratara.

Y lo mejor de todo es que la lectura no se resiente con el paso de los años. He perdido la cuenta de las veces que ha pasado por mis manos este tomo y previamente los comics en grapa y siempre se encuentran nuevas referencias, personajes de esta o aquella novela que se nos habían pasado por alto. Recomendadísimo trabajo de Moore para pasar un rato de extremo entretenimiento. Y no, ya se que se lo están preguntando, y la respuesta es no. No he cambiado este tomo en tapa dura por el Absolute. Al menos de momento porque como ya he dicho un poco más arriba la obra bien lo merece.

Marione (64)