viernes, 18 de septiembre de 2009

La GUERRA del PROFESOR BERTENEV

Guión: Alfonso Zapico

Dibujo: Alfonso Zapico

Editorial: Dolmen

Formato: Álbum Cartoné. 80 Páginas

Precio: 18.95€

Calificación: 7/10

Corría finales de diciembre del año pasado cuando Café Budapest, la primera obra publicada en nuestro país de Alfonso Zapico (pero segunda del autor) encontraba su hueco en este espacio virtual con su pertinente recomicdación. Ya en ella, servidor apuntaba el gran trabajo que realizaba el asturiano gracias tanto a su personal grafismo y brillante narrativa, como a la elección del arriesgado tema. Una apuesta que no hacía más que reiterar, sin yo saberlo, claro está, los intereses que Zapico había iniciado en su primera obra, cuyo carácter inédito remedia ahora Dolmen con la estupenda edición en cartoné de la ópera prima del artista, esta Guerra del Profesor Bertenev.

Mucho menos arriesgada en el terreno gráfico, Zapico se muestra muy prudente (que no torpe) en su narrativa visual, como si por ser su primer trabajo prefiriera ser más conservador. Para ello, el artista acude a una maquetación de viñetas clásica pero no ortodoxa, variando tamaños y composiciones a su antojo, pero sin salirse del rectángulo que, con sus diferentes dimensiones acota, pero no ahoga, al decidido fluir de la historia, no suponiendo en ningún momento traba o lastre para que esta se despliegue en toda su amplitud. Ayudado por una paleta de colores concisa, que no se da a alardes innecesarios y permanece muy cercana a los tonos apagados, y con una ajustada caracterización de sus personajes que aleja al tebeo de la confusión a la que podía haberse visto abocado por la similaridad entre los mismos, Zapico deja, como ya hará en su posterior obra, que sea su guión el que realmente potencie los valores del Profesor Bertenev.

Menos comprometido que Café Budapest, pero no por ello carente del mismo poso de crítica hacia la guerra y lo que ésta es capaz de sacar del ser humano, La Guerra del Profesor Bertenev traza de forma hábil y con muy pocas (o ninguna) fisura, la historia de un intelectual que, abocado a luchar en la Guerra de Crimea, se encontrará en una situación imposible. Atrapado por los ingleses tras huir de una batalla para salvar su vida, terminará trabando amistad con ellos y ejerciendo su profesión docente en el campamento militar. Hasta que eso ocurre Zapico nos presenta a un antihéroe carismático, un títere en manos de un destino incierto que se mueve con naturalidad en un entorno (el del conflicto bélico) que le es tan ajeno como odioso.

Así definido, no es sorprendente que el lector sienta cierta empatía y enormes simpatías hacia Bertenev, haciéndose partícipe cercano de sus continuas diatribas y conflictos emocionales, siendo estos a los que el autor hace certera referencia con el título. Descrito como un humano tridimensional con las mismas angulaciones y vericuetos que dibujan la personalidad de cualquier ser de carne y hueso, Zapico demuestra que lo que conseguía con el Yechezkel de Café Budapest no era fruto de la casualidad, sino que venía ya fogueado de esta su primera y estupenda incursión en este mundillo del noveno arte que tanto nos encandila, tanto a nosotros, a un lado de la página, como a él, al otro.

Sergio Benítez (269)

jueves, 17 de septiembre de 2009

Una HISTORIA VIOLENTA

Guión: John Wagner

Dibujo: Vince Locke

Editorial: Astiberri


Formato: Libro Rústica. 296 Páginas


Precio: 18€


Calificación: 7.5/10


Aún en sus cintas más tempranas (hechas con más imaginación que medios) siempre ha habido algo del cine de Cronenberg que ha sabido captar mi atención. Tras un primer contacto con su cine en la extrema Scanners, fue con La Zona Muerta, estupenda adaptación de la novela de Stephen King, cuando el canadiense consiguió ganarme por completo. Desde entonces he seguido su carrera muy de cerca, recuperando los tres filmes que precedieron a la cinta con Michael Ironside (Vinieron de Dentro de..., Rabia y Cromosoma 3) y consumiendo con desigual intensidad los once que completan su filmografía hasta llegar a la magnífica Promesas del Este. Por el camino ha habido de todo, desde las geniales La Mosca o Inseparables, pasando por las correctas eXistenZ o El Almuerzo Desnudo hasta las infumables Crash o Spider, y creo que casi nadie podía esperar el radical giro que dió su trayectoria cuando en 2005 estrenó Una Historia de Violencia, basada en la novela gráfica que hoy recomicdamos.

Habiendo pasado por alto su lanzamiento para el Salón del Cómic del citado año, más que nada porque el pijamismo era lo que ocupaba toda mi atención por aquel entonces, me hice con ella hace unos meses recuperándola in extremis de una caja de devoluciones de mi tienda habitual. La duda lógica que albergaba antes de arrancar la lectura era la de si el filme de Cronenberg, cuya trama se me había antojado algo forzada a partir de su mitad, estaba sacada directamente del cómic o si, por el contrario, éste se alejaba lo suficiente como para resultar más interesante que su adaptación, y así ha sido...más o menos.

Sí, al igual que en la cinta de Cronenberg hay cambio hacia la mitad. Pero donde el realizador nos mete con calzador una rencilla entre hermanos algo absurda (aunque no más que ese polvo/violación en la escalera), Wagner opta por dar un giro radical con respecto a lo narrado hasta ese punto medio. Hasta entonces, las concomitancias entre película y novela gráfica son casi exactas: Tom, padre de familia y un pacífico y respetado ciudadano de un pequeño pueblo, ve como su cafetería es asaltada por dos criminales. Sin pensárselo dos veces, salta por encima del mostrador arriesgando su vida y reduce a los asaltantes casi sin pestañear. Aireado en las noticias a nivel nacional, el insigne héroe pronto deberá hacer frente a una amenaza aún mayor, la de tres matones que lo insisten en llamarlo Joey y buscan venganza por algo que el protagonista hizo en el pasado. De ritmo tranquilo y sosegado, la acción sólo se acelera en las dos secuencias más violentas, mostradas con naturalidad documentalista y en las que
Locke, de trazo inquieto y poco definido pero perfecto para el realista tono de la historia, no se corta un pelo.

Pasado el ecuador, el tebeo empieza a perder fuelle, aunque por razones que no sabría explicar con precisión: quizás sea que la premisa argumental de partida para la segunda mitad del tomo me recuerde demasiado (salvando las diferencias) a Érase Una Vez en América o, en menor medida a Sleepers. O quizás sea el hecho de que chirría en su articulación con los mecanismos que habían engranado la primera mitad. Sea como fuere lo cierto es que la historia de los dos adolescentes que buscan su lugar en el mundo y lo encuentran por la vía fácil, está ya un poco vista, aunque más aún lo está el maníaco homicida torturador sacado directamente de la enfermiza mente de Garth Ennis. A pesar de estos últimos detalles, Una Historia Violenta es una lectura muy agradecida, que sorprende cuando así lo busca y que sabe transmitir ese ansiado tono realista que tanto buscaba su guionista, sirviendo como perfecto desintoxicante a aquellos que en algún momento estén cansados del pijamismo pero no deseen dar el salto al tebeo hecho en el viejo continente y prefieran quedarse en yanquilandia.
Sergio Benítez (268)

PEDRO y YO

Guión: Judd Winick

Dibujo: Judd Winick

Editorial: Astiberri

Formato: Libro Rústica. 192 Páginas

Precio: 16€

Calificación: 9/10

Seguimos sacando adelante las recomicdaciones derivadas de Lo Mejor del 2008 y nos fijamos de nuevo en las que hacía Nacho acerca de Pedro y Yo, la obra autobiográfica de Judd Winick que llegó a nuestro compañero de forma especial por la reciente muerte de un ser querido. Y no me extraña, ya que con fallecimiento reciente o no, este es uno de esos pocos cómics que tiene el don de tocarte el alma, hurgar en tus sentimientos y sacarlos hacia afuera para que no tengas más remedio que enfrentarte a ellos y salir reforzado, o no.

El planteamiento de Winick es muy simple: en su estancia en The Real World - un reality de la MTV norteamericana que lleva causando sensación en yanquilandia desde 1992 y en el que un grupo de desconocidos comparten una casa continuando con su vida "normal" mientras las cámaras les siguen a todas partes, algo así como una mezcla entre Gran Hermano y EdTV la peli con Matthew MacConaughey - Winick conocío a Pedro Zamora, un joven de 22 años, seropositivo y una de las voces más potentes en la lucha contra el SIDA que había allá a principios de la década de los noventa. De sus experiencias con él, la gran amistad que se forjó entre los dos y la indeleble huella que el chico de origen cubano dejó en el guionista y dibujante es de lo que se nutre un tebeo que llegó a estar nominado al Pulitzer, un galardón que debería haberse llevado de calle por su grandiosa capacidad para transmitir emociones y la cercanía con la que Winick consigue desde un primer momento conectar con el lector, salvando la cuarta dimensión para sentarse con nosotros en nuestro sofá y narrarnos, como si un amigo nuestro se tratara, la historia de Pedro y Yo.

La portada original del tebeo (que superponía un par de instantáneas de los protagonistas) rezaba "Friendship, loss and what I learned" (Amistad, pérdida y lo que aprendí) un resumen muy sucinto de lo que se puede encontrar en estas brillantes 192 páginas por las que sin ningún tipo de aderezo ni ornamento, y de forma directa y sin cortapisas se nos hace partícipes íntimos de seis meses que cambiaron la vida del autor. Como es comprensible un lector no habituado a los slice of life (y más si son autobiográficos) tendrá muchas reticencias iniciales acerca de la posible sensiblería que una historia tan personal puede esconder. Desde aquí animo a cualquiera que guarde tales recelos que se olvide de ellos. No sólo Pedro y Yo escapa de pretender provocar la lágrima fácil en el lector, sino que el equilibrio entre momentos duros (que los hay, y de mucha intensidad) y otros más cómicos o ligeros es tal que lo que dimana de cada página del tebeo no es noñería y melodrama, sino una carga de humanidad gigantesca. Tanto es así que, conforme se acerca el trágico final de Pedro, algo que el lector sabe desde las primeras páginas, es tal la implicación que uno se ha creado con los personajes - y ya no sólo con aquél o Judd, sino con Pam o Sean - que evitar las más sinceras lágrimas resultaría un arduo trabajo de no ser por Winick y la manera con la que el autor mantiene en todo momento un tono cargado de esperanza y optimismo.

El único pero, y es tan discreto que casi resulta injusto el comentarlo, es el dibujo del artista. A primera vista tosco y de narrativa aparentemente simple y torpona, la labor al los lápices de Winick pronto se revela como la mejor ayuda posible con la que podía haber contado tan profundo tebeo. Sí, sus proporciones anatómicas quedan lejos de ser correctas (en muchos momentos parece estar dibujando los típicos sd del manga), y las perspectivas no se quedan muy atrás, pero es tanta la imbricación de texto y dibujos que una vez terminada la lectura, resulta de todo punto imposible imaginarse a uno sin el otro. Sólo me resta darle unas sentidas gracias a Nacho por haberme permitido descubrir un tebeo que nada a contracorriente, dice verdades como puños y no se corta ni un pelo a la hora de hacerlo y deviene en una intensa experiencia en la que todo áquel que haya perdido a alguien cercano podrá sentirse perfectamente identificado.

Sergio Benítez (267)

miércoles, 16 de septiembre de 2009

SERVITUD vols. 1 & 2

Guión: Fabrice David

Dibujo: Eric Bourgier

Editorial: Norma

Formato: Álbum Cartoné. 56 Páginas

Precio: 14€

Calificación: 8.5/10

Habiendo cultivado durante años (ya me sale la vena agrícola otra vez) muchos géneros, tanto en cine, literatura e historieta, hay unos a los que me gusta regresar cada vez más. Lo hacía de chaval y lo sigo haciendo gustosamente con ciertas canas y alguna que otra arruga. Son la ciencia ficción y la fantasía heroica, dos géneros, sobre todo el segundo, que si están bien contados, la capacidad de evasión del mundo real durante el rato que dura la lectura o el visionado de la película me resulta sencillamente liberadora y genial.


La fantasía heroica, a mi entender, adolece de una pequeña traba, que por extensión se puede aplicar a los tebeos en general, y es el infantilismo, pero en el caso de este género se propaga a todas las artes. No quiero criticar ese aspecto pues yo fui niño (¿o no?) y además hay cantidad de fantasía heroica infantil y juvenil de mucha calidad pero es demasiada a mi gusto: siempre encontramos un niño/a, una misión de salvar el mundo de manos de alguien perverso, o un final feliz y edulcorado, que acapara casi la mayor producción de fantasía en los tebeos y en el cine (en literatura al ser la producción mayor y más libérrima tenemos un poco de todo).


Después de esta disquisición sobre la fantasía heroica vengo a recomicdar los dos volúmenes aparecidos hasta la fecha de Servitud, empezando por el libro I, El cantar de Anoroer, que salió a primeros del 2008, y supuso un soplo nuevo y fresco en la fantasía europea trufada de títulos juveniles y la mayoría harto repetitivos.


Lo primero que llama poderosamente la atención es el color, todo repleto de tonos grisáceos y blancos, que unido al bello y realista dibujo de Eric Bourgier hace del aspecto grafico la primera gran baza de este tebeo y hace también que tengamos en cuenta que este autor va a dar que hablar en el mercado francobelga porque ¡vaya tela cómo dibuja!.


La otra virtud del cómic, para mí de gran importancia, es el guionista Fabrice David, ya que en un género tan trillado y arquetípico como es este, se pone serio y conciso y en un sólo tomo nos presenta los personajes y el mundo en el que viven al mismo tiempo que va haciendo trascurrir la trama, sin confusión alguna ni paja de por medio.


La historia viene a tratar sobre una extensa región (como toda buena historia hay que tirar del mapa que hay en la contracubiertas de vez en cuando) habitada por hombres, descendientes de los gigantes, que esta fragmentado en tres ramas de la misma familia donde una de ellas son los que reinan. Asistiremos como una de esas ramas de la familia, se asocia con unos misteriosos hombres del sur, llamados Drekkars y hacen de la traición una partida de ajedrez.


Decir que en la historia no hay niños, ni magos, ni criaturas fantásticas (si exceptuamos los dragones) solo incestos, conspiraciones, violencia y personajes que van encontrando la muerte, en un mundo no realmente muy detallado, ya que los autores se centran más en las relaciones humanas entre los clanes y los complots y traiciones. Por ahora, y no tiene la pinta de que en un futuro aparezca, hay poca fantasía en detrimento de mucho dramatismo y oscuridad, como la sensación de que un peligro acecha todo el rato. En definitiva para ser una obra que va a constar de cinco tomos, una enorme sorpresa y una muy buena presentación.


Y recientemente se ha publicado el segundo libro, Drekkars, en el que me llevo una primera sorpresa, ya que pensaba que iba a continuar la trama iniciada en el primer tomo, cuando esto no es así, ya que no salen ninguno de los personajes del primero. Y esto es por que nos cuenta la historia de estos enigmáticos hombres del sur, descendientes de los dragones, que ayudaron a la facción rebelde del primer tomo. Y contemplamos como dibujante y guionista se unen genialmente otra vez para mostrarnos una peculiar civilización que vive debajo de la tierra, como sus amados dragones. El libro viene acompañado de unos anexos, que son imprescindibles leer antes de empezar el tebeo donde te viene la historia, las costumbres, en resumidas cuentas, la extraña indisioncracia de este pueblo. La historia nos muestra a una sociedad muy poderosa pero a la vez podrida y corrompida, donde nadie se fía de nadie y donde sobrevuela siempre, como en el primer libro, ese misterio de quién serán unos y otros y cierto dramatismo que impregna toda la lectura de la obra. Por lo que puedo adivinar este segundo libro es el segundo acto de presentación de los personajes, y a partir de ahora los autores se dedicaran a rodar esto que tiene visos de convertirse en una apasionante y violenta historia, en la que cruzo los dedos para que siga siendo tan buena como hasta ahora y no defrauden.


En definitiva, una saga que viene a ser llamada una de los puntales de la fantasía heroica en el tebeo ( no me quiero adelantar ya que quedan tres libros aún), que despojada de todo elemento infantil y en sintonía con las mejores historias de este género, tales como La Canción de Hielo y fuego de George R.R. Martin y El Señor de los Anillos de Tolkien/Jackson, viene a salvar a todo buen aficionado a la fantasía heroica de la mediocridad en la que a mi entender estaba inmerso este genero en la historieta.


Toni (12)

TRAZO de TIZA

Guión: Miguelanxo Prado

Dibujo: Miguelanxo Prado

Editorial: Norma

Formato: Álbum Cartoné. 94 Páginas

Precio: 18€

Calificación: 8.5/10


Mucho y durante largo tiempo había oído, bueno, mejor dicho, leído, acerca de las muchas y grandes virtudes de Trazo de Tiza, la obra más conocida de la producción de Miguelanxo Prado. Pero no fue hasta que decidí ir haciéndome poco a poco con las que son consideradas obras seminales de la tebeografía (si es que tal palabra existe) española cuando reparé que una de las primeras que tenían que añadirse era la que hoy nos ocupa. Y para empezar no se me ocurre nada mejor que decir acerca del trabajo de Prado que lamento no haberlo leído antes.

La mezcla tan dispar de géneros que el artista coruñés vierte sobre Trazo de Tiza hace que la lectura plantee un reto constante a la atención del lector: por las poco más de noventa páginas se pasean descarados el drama costumbrista, el thriller, el romance, el misterio y una ligera brisa de ciencia-ficción que dotan al tebeo de un singular carácter ante el que es imposible permanecer impávido. Y lo mejor de todo es que Prado, sabedor de que la mezcla puede salirle rana y explotarle en la cara se toma las cosas con una calma extrema, tanto que puede llegar a parecer a mitad de la narración que el autor no tiene claro por dónde van a ir los tiros...nada más lejos de la verdad. La historia, de forma sucinta, sigue a cuatro personajes que van a encontrarse en un islote en medio de la nada (de ahí el título, que hace referencia al blanco de la piedra y la forma del lugar donde transcurre la acción en contraste con la inmesidad del mar que lo rodea). Ellos son dos mujeres y dos hombres, madre e hijo, únicos habitantes del lugar y dos patrones de barco (hombre y mujer) que llegan allí de forma casual. O eso es lo que el autor quiere hacernos creer durante gran parte del relato, porque no hay nada casual en todo lo que pasa en Trazo de Tiza. Desde el primer momento, ese sexto sentido que cualquier lector de cómics (o lector en general) termina desarrollando te dice que los grafittis del muro del embarcadero van a tener protagonismo en el futuro. Pero no sólo eso, bajo el ritmo pausado, casi letánico en ocasiones, subyacen desde los sentimientos de los personajes, tan complejos como la vida misma, hasta las muchas y delicadas pistas que el artista disemina en las bellísimas viñetas que van componiendo cada página del cómic.

De trazo delicado, el fenomenal dibujo de Prado sirve a la historia sin crear ninguna estridencia con la misma ni llamar demasiada atención sobre él hasta el punto de distraer al lector de lo que realmente interesa. Y si el trazo resulta atractivo, mucho más se puede decir del color, que casi pareciera estar dado con tiza y que, con sus tonos apagados y una paleta de lo más apropiada para el tono del relato, es el máximo responsable de la enrarecida atmósfera que destila el cómic. Con homenaje final incluido a Hugo Pratt (que da sentido al uso del faro y además entronca a la perfección con el personaje de Corto), Prado cierra un cómic brillante, un tebeo de esos que, no sólo hay que leer, sino que necesitará de futuras revisiones para sacar más punta a ese intrigante final que tantas preguntas deja en el aire y que tantas interpretaciones podría llegar a albergar.

Sergio Benítez (266)

martes, 15 de septiembre de 2009

DAREDEVIL: BORN AGAIN

Guión: Frank Miller

Dibujo: David Mazzuchelli

Editorial: Marvel

Formato: HC. 248 Páginas

Precio: $24.99

Calificación: O.M

Aprovechando las vacaciones de verano, y la tiesura económica que me invade últimamente, he decidido “revisitar” algunos de mis más queridos clásicos, aquellos a los que llamo obras maestras y releo una y otra vez, y de paso, haceros la correspondiente recomicdación, que mi jefe no me ha dado ni vacaciones este año… Por eso, no os extrañéis de que las próximas semanas os recomiende cosillas algo desfasadas, pero por las que, os aseguro, no ha pasado el tiempo.

La primera vez que me acerqué a la obra de Miller y Mazzuchelli, y casi me atrevería a decir que a Daredevil en general, fue a través de la serie de Spider-man que publicaba por entonces Planeta Agostini (comics Forum… que recuerdos). Y es que, a modo de complemento, y al final de cada número de nuestro amistoso vecino, podíamos encontrar ocho páginas de Daredevil, y como podéis suponer, el impacto entre ambas series era era bastante grande. Y es que, tras veintidós páginas de trepamuros, soltando chascarrillos mientras peleaba con el malo de turno, te encontrabas con un héroe muy diferente, oscuro, psicótico, incluso deprimente, que vivía en la calle, entre vagabundos, y que pocas veces hacía uso de su traje.


Con el paso de los años, y con una edición completa y decente de la obra entre mis manos, la experiencia de leer este Born Again no hizo más que mejorar. De hecho, y tras innumerables lecturas, sólo puedo decir que cada vez la disfruto más, y me parece más y más redonda.


Pero antes de seguir, ¿qué nos cuenta Born Again? Pues ni más ni menos que el enésimo intento de venganza de Kingpin hacia Daredevil, y las con secuencias de éste. La verdadera genialidad del guión de Frank Miller (a años luz de las chochás que ahora nos regala en forma de Batman y Robin) es la forma que venganza elegida por el criminal: una vez ha conocido la identidad secreta del héroe por parte de su ex-novia, ahora una yonki desesperada que malvive en la otra punta del mundo, se dedica ante nuestros ojos, a privarlo de luz, agua, un techo bajo el que cobijarse, de amigos, y finalmente, a dejarle sin esperanza alguna. Como veréis, las risas están garantizadas…


Del apartado gráfico se encarga David Mazzuchelli, que también firmaría con Miller la no menos magistral Batman: Año Uno. Su estilo, sucio a ratos, sencillo y muy directo, resulta perfecto para contar esta historia de héroes derrotados, vagabundos, redención y fé. Especialmente memorable resultan las splash pages donde se incluyen el título de cada capítulo y los créditos del cómic, y en las que podemos ver a Matt Murdock, nuestro querido abogado ciego, de forma progresiva, mientras avanza la historia, durmiendo plácidamente en su elegante apartamento, despertando en un sucio motel, en un hospicio, o en un callejón de Nueva York. Por el camino, secundarios indispensables como la propia Karen, que hará cualquier cosa para volver a los Estados Unidos, Ben Urich o Nuke, un mercenario contratado por Kingpin para sembrar el caos en la Gran Manzana y que cumplirá con creces su misión.


En resumen, una obra muy bien construida, dibujada y narrada, que a la postre, supuso un cambio fundamental en la forma de contar historias de pijamismo, alejándose de brillantes colorines, y efectos de sonido que acompañen a los puñetazos, por la desesperación de un héroe caido, y su intento por volver a conseguir lo que una vez tuvo. Lo que yo les diga, amigos, una obra maestra.


Jose (14)

CAMELOT 3000. The DELUXE EDITION

Guión: Mike W.Barr

Dibujo: Brian Bolland


Editorial: DC

Formato: Oversized HC. 320 Páginas


Precio: $34.99


Calificación: 9/10


En la que era su segunda visita a nuestro buen amigo Angux, Toni nos regalaba todo un ejercicio de nostalgia en el que repasaba sus inicios como lector y la gran influencia que tuvieron sus familiares en su formación comiquera. Entre los muchos títulos que citaba (la gran mayoría de ellos europeos) figuraba Camelot 3000, que tuvo la oportunidad de leer gracias a su hermano pequeño y del que recordaba "la esperanza que te queda al terminar de leerlo". Hacía ya un tiempo que la nueva edición publicada por DC aguardaba paciente en mi estantería para que me ocupara de ella en una nueva relectura (y no me pregunten, no logro recordar qué número hace esta) con la que rememorar tiempos pretéritos, y el comentario de nuestro compañero recomicdador era suficiente acicate como para aparcar la que ya había decidido como siguiente en el orden de lectura. Era hora de volver a sumergirme en la futurista visión de Barr y Bolland sobre los mitos artúricos, un mundo en en el que tuve mi bautismo hace muchos lustros.

Correría el año 1984 (u 85, no lo recuerdo con exactitud) cuando un jovenzuelo de unos diez años veía por primera vez una cinta que ya entonces le parecía fascinante aunque no lograra entender ni la mitad. La película era Excalibur, ese ejemplar ejercicio cinematográfico rodado por John Boorman sobre las leyendas artúricas directamente basado en el que, como bien reconoce Barr en su introducción, probablemente es el libro clave acerca del rey y sus caballeros, Le Morte d'Arthur de Sir Thomas Mallory, escrito alrededor de 1462 cuando el autor estaba preso en la infame prisión de Newgate en Londres. Cualquiera que se haya acercado a dicha obra, o al filme, sabrá que en ellos residen todos los hechos, ciertos o inciertos, que se conocen acerca de Arturo: hijo bastardo de Uther Pendragón e Ygraine, Arturo será arrancado de los brazos de sus padres por Merlin nada más nacer para ser entregado a un caballero. Años después el futuro rey descubrirá su legado cuando logre arrancar la espada que su padre había hundido en la piedra, y que sólo el auténtico monarca de Inglaterra podría empuñar. De ahí se pasará a la consabida construcción de Camelot, la formación de la Mesa Redonda, las intrigas de Morgana (hija de Ygraine y su legítimo esposo y por tanto hermanastra de Arturo), el trágico romance de Ginebra, esposa del rey, con Lanzarote, su mejor caballero cuyo destierro sumirá a Inglaterra en una profunda depresión; la búsqueda del Grial como remedio al mal que azota al país y, por último, la batalla de Salisbury, que el regente tendrá que librar con Mordred, hijo suyo y de Morgana (concebido a traición) y que le costará la vida.

Queriendo alejarse de la historia ya narrada por Mallory, Barr sitúa la acción del cómic en un futuro lejano para así aprovechar la leyenda de que Arturo resurgirá cuando Inglaterra más lo necesite. Y la verdad es que el panorama que el guionista dibuja para la Pérfida Albión (y para el resto del mundo) no podría ser más desolador: no sólo la sociedad se ha deshumanizado por completo, sino que una invasión extraterrestre amenaza con destruir y esclavizar a la raza humana. En esta tesitura, y en las primeras páginas de la historia, Barr introduce a Tom, un joven que intentando huir con su familia hacia Francia pierde a sus padres en el intento y, no por casualidad, va a dar con la tumba de un Arturo que, tampoco por accidente, despierta. A partir de ese momento, el resucitado rey, dedica sus esfuerzos (durante los números dos y tres de los doce de que constó la maxiserie) a encontrar a varios de sus antiguos caballeros y a su reina, siendo los primeros los más conocidos de cuántos llegaron a sentarse alrededor de la Mesa Redonda: Lanzarote, Galahad (hijo del anterior), Kay (hermanastro de Arturo), Perceval (el que encontraría el Grial), Tristán (famoso por su romance con Isolda) reencarnado en una mujer y Gawain.

Siguiendo en cierto modo el hilo conductor de las leyendas recogidas por Mallory, Barr traza la historia de manera que se repitan muchos de los acontecimientos del pasado, actualizados no cabe duda por la idiosincrasia del trasfondo en el que aquélla se mueve, pero manteniendo intacto el espíritu romántico de las novelas de caballería. Así, a lo largo de las trescientas y pico páginas de que consta la narración, acudiremos a la recuperación de Excalibur por mano de la Dama del Río, a la reaparición de la pérfida Morgana, la nueva traición de Lanzarote y Ginebra para con su rey, la búsqueda del Grial o la batalla final contra la bruja y su hijo Mordred. Por el camino, y gracias a una portentosa imaginación, el guionista va introduciendo sutiles cambios que, junto a la ambientación futurista (mezclada a la perfección con la medieval), insuflan la suficiente originalidad en la obra como para poder presentarla envuelta en un halo de respeto por la tradición que le antecede al tiempo que se le aporta nueva e independiente vida para las futuras generaciones, consolidando de paso un cómic que, a excepción del primer número, de narrativa algo más torpe y atribulada, no ha envejecido un ápice en los ¡veinticinco años! que han transcurrido desde su publicación.

De ello tiene gran parte de responsabilidad la grandiosa labor de Brian Bolland, que convierte cada página de Camelot 3000 en una obra de arte digna de admiración. En pleno estado de gracia, y antes de acometer la que será su obra cumbre, The Killing Joke, Bolland cuaja con el presente tebeo un magistral trabajo que se mueve a placer entre el terreno más clásico y formulaciones narrativas más abiertas. Así, por las páginas de Camelot 3000 podemos observar desde construcciones cerradas de viñetas ortogonales perfectamente encajadas en el formato hasta espectaculares splash pages (las de Excalibur saliendo del agua, Arturo arrancándola de la piedra o aquella del despertar de Merlin son acongojantes) pasando por múltiples combinaciones que incluyen viñetas abiertas o de formalización no ortodoxa (vamos, viñetas que no son rectangulares, para entendernos). Mención aparte merecen las portadas originales, doce láminas en las que al artista expone con claridad el por qué de su fama como ilustrador de cubiertas, por más que se le eche en falta su arte en las páginas interiores de los cómics desde hace ya demasiados años.

Como única pega a la nueva edición de DC, que también incluye bastantes bocetos el ilustraciones a lápiz de Bolland, es el hecho de que no se haya recoloreado a la manera que sí se hizo con The Killing Joke. No es que sea de aquellos a los que les gusta ver recoloreado infográficamente el material antiguo (aún me duelen los ojos cada vez que recuerdo los primeros números de la edición de Planeta del Príncipe Valiente) pero teniendo en cuenta el asombroso trabajo que hizo Bolland con el citado cómic, no habría estado de más que le hubiera metido mano a este, con una paleta que se antoja algo vetusta, sobre todo si se observa la portada del volumen (impresionante por otra parte). Pero este es al fin y al cabo un mal menor si de lo que se trata es de valorar el cómic al margen de actualizaciones, y ahí Camelot 3000 sigue siendo un ejemplo sobresaliente de cómo se las gastaba DC en los primeros años de la década de los ochenta. ¿Volverá alguna vez a conseguir lo que entonces?. Sólo el tiempo lo dirá.

Sergio Benítez (265)