martes, 20 de enero de 2009

SNOOPY & CARLITOS 1950-1952

Guión y Dibujo: Charles M. Schulz

Editorial: Planeta DeAgostini

Formato: Cartoné 368 Páginas

Precio: 14,95 €

Calificación: 9.5/10

- Bueno, al final ¿qué ha caído de Reyes?
- Pues mira, entre otras cosas, el primero de Snoopy y Carlitos.
- ¿Snoopy? ¿Ese no era un perro símbolo de las juventudes pijolates y de una compañia de seguros?
- Sí, pero también es un comic.
- ¿Cómo los de la Patrulla X?
- No, más bien no. Es una tira cómica de las que se publican en los periódicos. Su creador Charles M. Schulz estuvo dando el callo como unos 50 años. Y después dicen que la etapa de Bendis y Bagley al frente de Ultimate Spiderman es de record. Anda que no les queda na por recorrer todavía.
- Pero macho, 50 años dibujando las aventuras de un perro y su dueño cabezón es un poco aburrido, ¿no?.
- ¡Para nada! Cada tira consta de cuatro viñetas, menos las dominicales que tienen más, y no solo salen Carlitos y Snoopy, que para colmo no se sabe quien es su verdadero dueño. En este primer tomo la pandilla, que en un principio eran cuatro, empieza a crecer y se van sumando más personajes. Y para colmo la evolución de éstos son la leche: un personaje que en principio no hablaba empieza a expresarse como los demás, Snoopy y sus bocadillos de pensamiento son de lo más hilarantes, las penurias de Carlitos que se hacen cada vez más preocupantes,…
- No sé yo… Por lo que me estás contando lo veo muy para niños.
- Por favor, esa parte es la mejor. Lo más increíble de esta serie es el hecho de que no aparecen adultos, al menos de forma física, porque el comportamiento, teorías y manera de pensar de estos niños es para escribir una tesis. Por supuesto que hay espacio para tiras más livianas como los innumerables chistes que se hacen sobre el tamaño de la cabeza de Carlitos, los continuos ataques directos de éste a sus amigas Patty y, sobre todo, Violeta o los famosos pasteles de barro marca de la casa.
- Me suena un poco de haber leído algo parecido con un niño y su tigre, ¿no?
- Cualquier dibujante de tiras cómicas modernas como Bill Watterson y su Calvin y Hobbes o Frank Cho y su Liberty Meadows no esconden su devoción por el padre de la, posiblemente, mejor y más importante tira de humor de la historia, así que los homenajes e influencia en estos trabajos son inevitables.
- Mira, me estás convenciendo. ¿Dónde compro al Carlitos ese?
- Planeta DeAgostini está sacando una edición bastante buena basándose en la americana publicada por Fantagraphics. Tapa dura, papel de bastante calidad, precio ajustado y con unas introducciones y entrevistas de lo más apañadas. Eso sí, prepárate para sufrir un poco, ya que hay publicados siete tomos y hasta completar los 25 de los que consta la colección pueden pasar muchas cosas.
- Hombre, creo que merece la pena, pero por lo que estás diciendo me esperaba una nota más alta.
- Ten en cuenta que si le pongo un 10 al primer tomo de una colección como ésta no dejo mucho margen a la mejora, y estoy convencido de que la cosa se pondrá bastante mejor. Eso seguro.
- Pues vale, me lo compro. Aunque como no me guste tú respondes.
- OK. Pero es completamente imposible que no te gusten las aventuras de este icono del comic americano. Es más, si no te gusta te prometo que te devuelvo el dinero. No, no te lo prometo…te lo juro. Te lo juro por Snoopy.

Marione (53)

lunes, 19 de enero de 2009

EPILEPTIC

Guión y Dibujo: David B.

Editorial: Jonathan Cape. London

Formato: Libro Cartoné. 368 Páginas

Precio: 16.99 Libras

Calificación: 8/10 (a revisar en un futuro próximo)

No pude verme la cara cuando lo abrí, pero seguramente fue de una estupefacción tremenda. Mario conseguía sorprenderme como pocos regalos de cumpleaños han podido. En mis manos, un grueso tomo en tapa dura con un fascinante diseño de sobrecubierta; un autor David B. (al que conocía de oídas) y un título, Epileptic, que no me sonaba ni de lejos. "Es La Ascensión del Gran Mal", me decía Mario, encendiendo una tenue luz que me recordaba haber visto nombrado dicho título en los comentarios de una reseña de La Cárcel. Refiriéndole esto, mi compañero de blog me respondía "Sí, fue en aquella entrada en la que le preguntaste a Álvaro por las páginas del Lupus número 4". Vale, ya lo recordaba (la pregunta en cuestión hacía referencia a si las páginas en blanco del cuarto volumen de la serie de Peeters eran error de imprenta o recurso narrativo, y se la hacía en la entrada en la que el Carcelero comentaba Por los Caminos Oscuros).

Aclarado tal punto, y a sabiendas de que tenía entre manos una obra que era considerada magistral, me dispuse pocos días después a leerla. Vaya por delante, antes de entrar en materia, que hacía mucho tiempo que no me costaba tanto terminarme un cómic. Este inusual hecho es el que de forma más clara explica la coletilla que le he colocado a la calificación: aún habiéndome resultado una lectura ardua y difícil no puedo negar los impresionantes valores narrativos, visuales e innovadores que David B. introduce en este Epileptic (un título muy poco sugerente comparado con el original), y es por eso que la calificación que le he otorgado estará sujeta a una revisión en cuanto rescate su lectura en un futuro.

Dicho esto, tratar de si quiera arañar la superficie de la en muchos momentos insondable historia que David B. nos narra en Epileptic resulta, cuando menos, harto complicado. Primero, porque no se trata de un cómic "bonito" (como diría Mario), y hay que tener cierta predisposición y un estado de ánimo bastante positivo para soportar la arremetida emocional con el que el autor nos empuja al abismo en cada página. Segundo, y quizás más importante, porque (al igual que me pasaba con los masones en el Fábula de Venecia de Pratt) al no estar familiarizado con la ingente, casi interminable, cantidad de referencias acerca del esoterismo, la cultura macrobiótica, y toda la suerte de extraños mundos en los que los padres del autor se introdujeron para dar con una solución al mal que afectaba a su hijo, es muy complicado y casi imposible en algunos momentos, afrontar con cierto grado de comprensión lo que el artista nos quiere transmitir.

Lo paradójico de este "defecto" es que al mismo tiempo se convierte en la mayor virtud de la lectura. Es innegable para cualquiera que se acerque a Epileptic, que David B. no es un dibujante común. En la simpleza de un trazo al que se le adivinan múltiples influencias, el artista va desarrollando a lo largo de toda la narración una nueva forma de cómic, algo así como una novela gráfica intelectual en la que lo que se plasma en viñetas son una serie de ideas orientadas hacia el diseño. Muy similar a lo que comentábamos cuando hablábamos de Piel Color Miel, pero infinitamente más complejo, David B. se atreve incluso en las páginas de Epileptic a plasmar crípticos sueños que convierten a los lectores en unos improvisados Freud o Jung, psicoanalistas de una compleja personalidad que se abre por completo al más preciso escrutinio.

Abundando aún más en esa complejidad visual con la que el autor va concretando su fascinante historia, David B. ahonda en lo profundo de su memoria y la de sus congéneres para trasladarnos la historia tal y como si nosotros fuéramos sus protagonistas. Para ello, el artista no escatima detallar hasta donde puede la vida de cada uno de los implicados en el complejo viaje al que toda su familia se ve abocada debido a la enfermedad de su hermano. En este esfuerzo, no es de extrañar que el autor resuma la vida de sus abuelos o padres, tanto cómo la de los múltiples médicos que atienden a su hermano o la de la vecina de turno si así se tercia.

Como decía al principio, Epileptic no es una lectura fácil en el sentido de la palabra que se suele asociar a los tebeos más tradicionales, orientando David B. su obra a un sesgo de la población lectora de cómics muy concreto y estrechamente acotado. Aún así, su enorme variedad temática y sus constantes cambios de ritmo y tono retan de forma continua al lector como pocos cómics se atreverían a hacer. Ya sólo por eso se merece el notable que le otorgamos en Lecturas reCOMICdadas; para conseguir el sobresaliente, no obstante, tendrá que esperar unos cuantos años más.

Sergio Benítez (97)

viernes, 16 de enero de 2009

GREEN ARROW. El CAZADOR ACECHA

Guión y Dibujo: Mike Grell

Editorial: Planeta DeAgostini

Formato: TPB 144 Páginas

Precio: 11,95 €

Calificación: 8.5/10

Hay que ver lo contento que me tiene Planeta DeAgostini y su política de recuperar material clásico. Pero, no clásico en plan Rip Kirby, Terry y los Piratas y Carlitos, que también están muy bien. No. Yo me refiero más a títulos que uno se lee de niño y se nos quedan grabados en la memoria. Cosas como el Adam Strange de Kubert, el Twilight de García López o la Cosa del Pantano de Wrightson. Y es a este último grupo al que pertenece el comic que hoy se reCÓMICenda.

En algún momento del pasado me leí este Green Arrow El Cazador Acecha. No sé muy bien quién me lo dejó, o si era mío y se perdió, como se pierden tantos tebeos Lo que sí tenía bastante claro era la sensación de haberlo disfrutado a base de bien.

Mike Grell poco tiene que demostrar a estas alturas de la película. Miembro fundador de First Comics. Un tipo que devolvió… no, espera, que le dió la vida a un personaje con tan poco potencial como era Green Arrow y que creó algunas de las historias más importantes e impactantes de la vida de este Robin Hood urbano.

Posiblemente el mayor acierto en esta historia es, precisamente, el colocar al personaje en un ambiente que parece sacado de una película de terror ochentero. Me explico. Con un asesino de prostitutas suelto por Seattle, referencias a la guerra de Vietnam, algo de crítica política y mucha venganza. De tal magnitud son estas ansias de sangre, que hará cuestionarse al bueno de Oliver sus propios principios.

Y es que por momentos las escenas dibujadas por Grell nos transportan a callejones de lo más sórdidos los cuales están poblados de macarras y gañanes que matarían a su abuela por los míseros dólares que lleven en el monedero. Todo muy Charles Bronson en Yo Soy La Justicia o Clint Eastwood en la saga de Harry Callaghan.

El apartado gráfico es de lo que más me ha impresionado en mucho tiempo. Menudas ilustraciones se marca el amigo Grell. En muchas viñetas se nos muestra los lápices sin tinta alguna y, para que nos vamos a engañar, el tipo vale para ésto de los tebeos. La oscuridad, pobreza y soledad de los rincones menos recomendados de Seattle son retratados con un mimo y una destreza como pocas veces vistas en un comic mainstream.

Ni que decir tiene que he disfrutado como un enano. Supongo que es algo comprensible, ya que hay pocas cosas más satisfactorias que el releer un comic que tenías prácticamente olvidado y descubrir que ha envejecido de manera maravillosa y que dentro de algún tiempo caerán más visitas y seguirá tan lozano como el primer día. Más o menos como a mí me gustaría ir cumpliendo años, aunque, eso sí, sin la capucha verde. Yo me conformo con una guayabera bien amplia y jugando al dominó en la peña de la esquina.

Marione (52)

jueves, 15 de enero de 2009

MOUSE GUARD: FALL 1152 HC

Guión & Dibujo: David Petersen

Editorial: Archaia Studio Press

Formato: Libro Cartoné. 200 Páginas

Precio: $24.95

Calificación: 6.5/10

Soy el primero en afirmar que hoy en día vivir sin
Internet sería casi imposible. Aunque sea de una generación que vivió largo tiempo hasta que los ordenadores fueron parte común de nuestras vidas, y ya estaba en la veintena cuando tuve mi primera conexión a la red, he de admitir que toda la cantidad de información que se puede encontrar en el ciberespacio y la de grandes amigos que he podido conocer primero a través del e-mail, después en persona, eran conceptos cuasi impensables en la era pre-internet. Ese acceso mayoritario a la información ha provocado que todo el mundo (TODO) pueda verter sus opiniones, más o menos fundadas, acerca de cualquier tema que le venga en gana, con las garantías del anonimato propias de este medio.

Ello implica que haya que tener mucho cuidado no tanto con lo que uno lee, sino con cómo lo lee y que veracidad le da. Podría poner muchos ejemplos de lo que digo, pero me ceñiré a dos muy llamativos, uno genérico, el otro particularizado. Ambos hacen referencia al concepto de
hype (expectativa) que tan en boga ha puesto ese flujo de información masivo al que antes me refería. No es extraño que, con motivo del estreno de una cinta, la red comience a inundarse con críticas hiper-positivas o hiper-negativas (aquí no hay medias tintas) acerca de la misma. En el caso de las primeras, se va generando una expectación (hype) que en la mayoría de las ocasiones supera con mucho lo que realmente la cinta va a terminar ofreciéndonos.

El ejemplo particularizado al que me refería es, obviamente, Mouse Guard. Anunciada su publicación por Norma para el Salón del Cómic de 2008, fueron muchos sitios y blogs, los que se hicieron eco de la gran obra a la que podríamos tener acceso. Pasada la edición del evento barcelonés, fue curioso observar como esos mismos espacios virtuales se apresuraban a desdecirse con críticas que tachaban de muy irregular (o directamente malo) a la obra de David Petersen. Las preguntas que quedan en el aire son, ¿era realmente tan buena?, NO. ¿Tan execrable resulta?, TAMPOCO. ¿Qué pasa entonces con Mouse Guard?...sigan leyendo.

La respuesta a la última cuestión pasa por considerar toda esa gama de grises que las exacerbadas actitudes de los internautas (no todos, cuidado) siempre tienden a ignorar. Como concepto original, Mouse Guard no es del todo novedoso. Antropomorfizar animales es algo que la literatura lleva haciendo desde los tiempos de las pirámides. El cine también ha tenido su ración de animales parlanchines de mano de cualquier película de animación que se tercie. ¿Y el cómic?. Pues como buen hijo bastardo de los dos anteriores, ha reflejado en más de una ocasión animales que se comportan como humanos (ahí tenemos Blacksad). Pero el concepto que Petersen desarrolla en Mouse Guard va un poco más allá, imaginando el autor toda una sociedad matriarcal en pleno medievo que nada tiene que ver con lo que normalmente encontramos en los cómics de animalitos (y que suele ser una sociedad humana en la que las personas son sustituidas por otras especies).

En lo que fracasa Petersen (aunque no estrepitosamente) es en hacer interesante y compacta la lectura fragmentada en que deviene la recopilación de los seis números originalmente publicados en formato comic-book. Esas entradillas escritas que abren la lectura de cada número terminan por independizar demasiado un capítulo de otro, saltándose acontecimientos que el reducido formato elegido para la publicación no puede abarcar. La irregularidad que ello provoca es tal que hay números en los que Petersen se explaya durante páginas y páginas en mostrar lo bien que puede ilustrar una pelea con una serpiente o un grupo de cangrejos, mientras otros, sobre todo el que cierra el argumento, son resueltos a golpe de elipsis.

En la faceta meramente visual Petersen se descubre como un gran ilustrador...que no dibujante de cómics. Y es que tras finalizar la lectura de Mouse Guard uno no puede dejar de pensar lo bien que habría funcionado la historia como un cuento ilustrado, o incluso una novela gráfica al estilo de Stardust. Sea como sea, el sabor final que me ha dejado no ha sido lo suficientemente bueno como para querer volver a visitar el menudo universo de estos peleones ratones. Que no se diga que no lo he intentado...

Sergio Benítez (96)

miércoles, 14 de enero de 2009

ROMEO & JULIETA

Guión: Ricardo Goméz

Dibujo: David Rubín

Editorial: Ediciones SM

Formato: Libro Cartoné. 36 Páginas

Precio: 9€

Calificación: 7/10

Pocos argumentos hacían falta para auto-convencerme de la compra de este cómic. Para empezar, es adaptación de Shakespeare, un autor al que en su momento le leí gran parte de su obra (se me quedaron en el tintero algunas de las menores) y que dejó indeleble huella en el que suscribe. Y si el poder disfrutar de la historia ideada por el escritor anglosajón plasmada en viñetas no fuera lo suficientemente atractiva, ahí estaba David Rubín para redondear esta estupenda iniciativa de SM que, al menos por estas latitudes, no ha tenido todavía una correcta distribución (de hecho este tomo tuve que adquirirlo en mi última visita a Sevilla).

Vadeando la dificultad que entraña, no ya simplificar la complejidad de la obra de Shakespeare, sino además plasmarla en treinta páginas sin que se pierda la coherencia de las casi trescientas del relato original, la adaptación de Ricardo Gómez avanza con paso firme discerniendo de forma correcta lo que puede incluir y lo que puede ser prescindible. En el empeño, Gómez se deja, como no podía ser de otra manera, las abundantes descripciones de personajes que pueblan el texto original algo que, paradójicamente, juega en favor de la lectura, ya que la universalidad de los mismos habla por si sola. Claro está que si se ha leído previamente la obra, se echa de menos que personajes como Mercutio o Tebaldo no hayan sido más desarrollados, pero es perfectamente comprensible que el guionista haya preferido centrar su atención en los dos amantes.

Tras haberme dejado sin palabras con su Cuaderno de Tormentas, y haber vuelto a repetir la hazaña con La Tetería del Oso Malayo (que en breve aparecerá por este espacio virtual), tenía ganas de saber cómo iba David Rubín a amoldar su personalísimo e inconfundible estilo visual (lleno de metáforas gráficas y una imaginería fantástica) a los constreñimientos propios de un proyecto orientado, qué duda cabe, a los más pequeños de la casa. Leído Romeo & Julieta, podemos afirmar que si bien gran parte (que no toda) de esa portentosa imaginación se pierde en aras de una mayor claridad narrativa, no es menos cierto que ciertos detalles como las caracterizaciones del narrador y de Tebaldo o la doble página en la que se plasma la tragedia de la obra son inconfundiblemente rubinianas.

Lectura interesante aunque con cierto carácter infantil que suaviza muchas de las situaciones del texto shakespeariano, esta adaptación de Romeo & Julieta es un comienzo muy prometedor para un proyecto al que le deseamos cuente con el suficiente apoyo de público como para contar con cierta continuidad. Por lo pronto lo que si sería exigible es una mayor difusión del mismo, ya que en la página web de la editorial la fecha de salida del presente tomo figura como octubre del pasado 2008 y no ha sido hasta hace un par de semanas cuando se ha empezado a dejar ver por las librerías.

Sergio Benítez (94)

martes, 13 de enero de 2009

GATO SALIENDO de una BOLSA y OTRAS OBSERVACIONES

Antes de leer la más que interesante recomicdación de hoy, se les convoca a TODOS, ¡oh fieles seguidores!, a elaborar una lista de lo mejor del 2008. Desde este humilde blog queremos ser un poco más originales que el resto y serán los lectores-visitantes los que decidan las mejores lecturas del año pasado. La inciativa partió de uno de nuestros comentaristas más activos: Toni-Caracrater, que no Soprano. La cosa en bien sencilla, las diez obras que más os han gustado del 2008. Para más info visiten los comentarios de Jazz Maynard. Envien sus Top-10 (no la obra de Moore) a la dirección del blog:


No se hagan los remolones y envien algo a la voz de.......¡YA!


Guión y Dibujo: Jeffrey Brown

Editorial: La Cúpula

Formato: Cartoné 116 Páginas

Precio: 15 €

Calificación: 8/10

Pues empezamos con las reseñas de los regalos navideños. La primera en llegar es curiosamente el último paquete que recibí. Al principio me descolocó un poco la forma cuadrada del mismo. Por mucho que lo tocateara no conseguía adivinar que era. Después de despedazar el envoltorio las dudas e incógnitas se disiparon al momento. Era el Gato Saliendo De Una Bolsa Y Otras Observaciones del indie Jeffrey Brown.

Curioso autor al que le seguía la pista desde hace ya algún tiempo aunque no me había pillado todavía nada. Pues eso, que ahí estaba mi primo Santi para remediarlo. Voy a intentar no utilizar los tópicos del tipo: “Este comic solo se lo recomiendo a los que tengan gatos” o “Abstenerse los amantes de los perros”. Para nada, todo eso es una gran montaña de basura. Sirva como ejemplo mi caso, que creo que los gatos son unas bolitas de pelos bastante asquerosas y de los animales más sibilinos, traicioneros y falsos que existen en toda la fauna ibérica, y aún así, el tebeo me ha encantado.

El que esté familiarizado con la serie, perdón… con la mejor serie jamás publicada en la historia de los comics, que es Predicador, recordará cierta escena protagonizada por el bueno de Cassidy, un gato, un retrete y una maceta. Ésto era lo más cariñoso que se me podía ocurrir a la hora de tratar a uno de estos animalejos. Que equivocado estaba. Brown logra transmitir todo su amor y sensibilidad hacia los felinos, y más concretamente, hacia su linda gatita Misty, en este casi mudo tebeo.

Lo poco que conocía de Brown se resumía a unas páginas en una recopilación editada por Chris Ware. Su trazo sencillo, simple y, para que nos vamos a engañar, feote, de esos que piensas que tu sobrinito de dos años lo puede hacer infinitamente mejor, me llamó mucho la atención. El tono de la historia se puede catalogar de eso llamado slice of life (desde este preciso instante rebautizado como elailolai), por lo que se lee con una sensación de “Ésto me suena” o “Es verdad, a mi me pasa lo mismo” que tira de espaldas. Supongo que para las personas que tengan gatos esta sensación será todavía mayor.

Divertido y personal trabajo que solo se puede encontrar en el mundo indie, no me imagino a Marvel o DC publicando un comic de 100 páginas con Spiderman o Batman acariciando un gato todo el rato. Aunque ahora que me doy cuenta, Marvel sí que tiene a una cría de lobo entre sus héroes y además tiene un protagonismo mayúsculo en su universo. ¡Redios! Marvel arriesga más en sus colecciones que Jeffry Brown en las suyas. Me pareció ver un lindo Lobezno. Ver para creer.

Marione (51)

lunes, 12 de enero de 2009

JAZZ MAYNARD vols. 1 al 3


Guión: Raule

Dibujo: Roger Ibañez

Editorial: Diávolo

Formato: 3 Álbumes Cartoné. 52 Páginas

Precio: 15.95-16.95€

Calificación: 9/10

Muy alabado durante el pasado 2008 en todos los foros y páginas de internet, la curiosidad acerca de este Jazz Maynard terminó picándome lo suficiente como para acercarme a él a mediados de año, cuando todavía sólo había publicados dos de los tres volúmenes que iban a componer la serie. A sabiendas de que el tercero no tardaría en aparecer, decidí aparcar la lectura de los dos que ya tenía hasta poder acercarme a ella de forma completa. Con la aparición del tercer tomo a finales de diciembre y el anuncio de que estos tres volúmenes se convertían en el primer arco argumental de una serie indefinida estaba claro que no iba a seguir esperando para hincarle el diente a un tebeo que ha supuesto la primera sorpresa agradable de este 2009.

Lo primero que llama poderosamente la atención de Jazz Maynard es el dibujo de Roger. Estilizando al máximo las redondeces de Alan Davis o Adam Hughes, el artista barcelonés hace gala de una gran personalidad que no se limita al innegable atractivo de su trazo sino que ofrece en cada página un poderoso recital narrativo siempre dentro de las constricciones de la viñeta: por más que la composición de página sea cerrada (no hay experimentaciones en cuanto a rotura del aviñetado o splash-pages) Roger sabe sacar un partido inusitado a la distribución y distinto tamaño de las mismas, sin que en ningún momento el vibrante discurrir de la historia se vea resentido por no caer en las arquetipos discursivos que normalmente asociaríamos a las "secuencias de acción". Es precisamente en éstas, y en cómo coreografía las escenas de lucha donde el dibujante se muestra especialmente eficaz y sorprendente, controlando a la perfección el entorno en el que sitúa a los personajes para evitar una molesta sensación de caos. En la caracterización de aquéllos, Roger es preciso e inequívoco, ajustando al máximo las diferencias faciales y anatómicas entre los tres protagonistas masculinos (Jazz, Teo y Judas) así como las del resto del "reparto".

Con un talento tan impresionante al lado, la labor de Raule podría haber quedado eclipsada debajo de lo espectacular del dibujo, algo que el guionista evita de forma magistral articulando una historia de acusado tono noir cuyo punto álgido es la concreción de los personajes y la interacción entre los mismos. Con el telón de fondo de la ciudad Condal, y una trama que incluye corrupción política, trapicheos con la mafia china, trata de mujeres y niñas y el robo de una moneda de valor incalculable, Raule va trazando a sus personajes con pulso firme, definiendo a los mismos con pocas líneas de diálogo y creando a un personaje central, Jazz, de indudable atractivo y enorme potencial. Como si de una explosiva mezcla entre Bourne, Bond, Remington Steele (genial la cita a La Princesa Prometida) o el protagonista de Shoot'Em Up se tratara, Jazz Maynard es uno de esos personajes que atrapa nada más verlo. Consciente de ello, Raule reserva los mejores momentos de la historia para su estrella, sin que ello vaya en detrimento de los demás "actores", que se definen con igual maestría, siendo el enigmático Judas o la explosiva Lucía claros ejemplos de ello.

Emparejamiento brillante de guión y dibujo, Jazz Maynard es una lectura con muy pocas fisuras y mucho que ofrecer a los amantes del género noir en particular y los del buen cómic en general. Guardándose un par de ases en la manga para lo que está por venir, el trabajo de Raule no tiene nada que envidiarle al de figuras tan llamativas del otro lado del charco como Brubaker o Rucka, algo que es compartido por el espectacular trazo de Roger, todo un descubrimiento al que no perderemos de vista en las recomidaciones que estén por venir de tan fantástica serie.

Sergio Benítez (95)