martes, 30 de junio de 2009

ASTOUNDING WOLFMAN vol.1

Guión: Robert Kirkman

Dibujo: Jason Howard

Editorial: Image

Formato: TPB. 96 Páginas

Precio: $9.99

Calificación: 7/10

Si me esfuerzo un poco, puedo verme, con 6 ó 7 años, sentado en la mesa de la cocina, al lado de mi hermano mayor, con mi primer comic en la mano. No recuerdo con exactitud si fue un número de Los Vengadores o de Los Cuatro Fantásticos, pero sí que recuerdo dos cosas, que ya no pasan tanto como antes en los comics que sigo leyendo.


La primera es que un solo número me duraba toda la tarde. Es cierto que mi hermano leía más rápido que yo, pero no era por eso, era por la cantidad de cosas que pasaban en sólo 22 páginas, y que ahora se necesita de un HC completo para que realmente pase algo (sí, Bendis, va por ti). Cosas de la “descompresión narrativa”, que la llaman ahora, o “cómo llenar una serie durante año y medio sin que realmente pase nada”.


La segunda cosa que más me gustaba de mis comics de antaño es que todo era posible. Me explico: los personajes sufrían todo tipo de aventuras, y estaban a punto de morir en cada número, y si lo hacían, aquello tenía visos de permanencia (Brubaker, ésta va por ti…). Con el paso de los años, descubrí que la muerte de un personaje que salía en cine o TV, tenía su propia colección (o 5 ó 6), y generaba dinero a mansalva, nunca iba a ser muy definitiva.


Pero bueno, Jose, a qué viene todo este rollo? (sí, sí, ya voy, y me he quedado con vuestras caras, ¡¡sois los de la otra vez!!!). Pues todo esto viene a cuento porque Robert Kirkman ha conseguido devolverme esa ilusión de que todo es posible en los comics. ¿Y cómo se consigue esto? Muy fácil, creas tus propios personajes, y así no hay problema en matar al que se te antoje, ni editores que te busquen las cosquillas…


Una vez me tuvo enganchado con sus Invincible y Walking Dead, el siguiente paso fue echarle un vistazo a su nueva creación en Image. El tema no me atraía mucho, pero viniendo de un guionista que ha hecho de las peripecias de los supervivientes de un ataque zombie una de mis lecturas preferidas mes a mes, no pude resistirme. A los lápices le acompañaba Jason Howard (Otro de los de “Jason, ¿no?, ¡encantado hombre!"), que se parecía lo suficiente al dibujante de Invincible para terminar de convencerme.


¿El resultado? En primer lugar, se trata de un comic de superhéroes en toda regla. Es decir, que el hombre lobo en este caso tarda muy poco en “equiparse” para combatir el mal, y deja de lado angustias existenciales. Eso sí, los dramones personales y familiares siguen, y el que decida dar una oportunidad a la serie sabrá de lo que hablo. Por el camino, muertes, alguna resurrección (no he dicho que Kirkman fuese perfecto), acción a raudales, subtramas, y final inesperado “marca de la casa” en cada número. Yo sólo digo que el segundo TPB viene de camino a mi casa…


Pues eso, que habrá que dar las gracias a mi hermano mayor por prestarme aquellos primeros comics y responder a mis interminables preguntas sobre el tema (gracias, Quique), y a Kirkman por escribir como lo hace y ofrecer cada mes 22 páginas como las de antes.


Jose (3)

NOCTURNO. EL que CAMINA con los MUERTOS

Un día antes de que termine el mes abandonamos las muchas recomicdaciones que este junio han visto la luz acerca de las novedades del Salón, y volvemos pues a tirar de cosillas más antiguas y, por supuesto, de lo que poco (eufemismo) que nos vayamos comprando cada treinta días. Antes de pasar a la que devuelve el blog a su normal discurrir, tenemos que apuntaros dos breves comentarios. El primero es que queda una GRAN recomicdación del Salón por publicar, pero es competencia de Mario y este mes ha andado algo liadillo (aunque promete que no tardará en leerla y escribirla). El segundo es que, aunque suponemos que muchos de vosotros ya se habrán dado cuenta, el blog ha pasado a una cadencia de actualización de dos veces al día desde la adición de nuestros tres nuevos colaboradores. Así las cosas, las horas de publicación de las recomicdaciones serán las habituales, diez de la mañana y cuatro de la tarde y, si no hay cambios, las mañanas serán de un servidor y las tardes, por este orden, de Nacho, Jose, Toni y Mario, supliendo la ausencia de alguno de ellos el abajo firmante y dejando los viernes por la tarde para descanso del personal. Esperamos que disfrutéis del cambio.

Nuff Said!!

Guión: Tony Sandoval

Dibujo: Tony Sandoval


Editorial: La Cúpula

Formato: Libro Rústica. 116 Páginas


Precio: 17.5€


Calificación: 6.5/10


Sinceridad ante todo.

De los muchos ratos que he pasado, paso (y sin duda pasaré) delante del ordenador escribiendo, no sólo las recomicdaciones, sino las críticas, artículos y páginas de televisión del periódico y de Cine & Bso, un alto porcentaje de las mismas no presentan ningún problema. Vamos, que teniendo claro las dos primeras frases, casi que se escriben solas. En contraposición, un pequeño grupo de críticas de cine (de esas que ni fu ni fa) y alguna que otra recomicdación que responde a esa misma categoría se resisten una y otra vez a dejarse analizar. Como ya he dicho esto responde normalmente a que ni es una obra notable (o sobresaliente) ni tampoco tan mala como para ponerla a parir, sino que se queda en medio, en esa tierra de nadie que, cuando te preguntan "¿qué tal ha estado la película/el cómic?", sólo te sale responder "psche".

Afianzada en este amplio margen encontramos a Nocturno, un cómic que intenta por todos los medios ser original, consiguiéndolo sólo a ratos y dejando una sensación extraña, como de haber leído algo que uno no tendría claro en qué ámbito clasificar. Así, la segunda obra publicada en nuestro país del mexicano Tony Sandoval después de El Cadáver y el Sofá (que curiosamente no me llamó la atención en su momento como si lo ha hecho esta) se mueve entre muy diversos géneros, sin entrar de lleno en ninguno de ellos. Slice of life, terror, fantástico, romance y hasta un punto de superhéroes vigilantes podremos encontrar en el desarrollo de una historia que tampoco resulta fácil de resumir. A ver, por una parte tenemos a Seck, un niño sombrío que habla con su padre muerto años atrás y que un buen día, haciendo caso a los consejos de su progenitor, se va de casa de su tío para volver con un amigo con el que tenía una banda de rock duro (sic). Allí conocerá a Karen, una periodista que sueña con gigantescos monstruos marinos y de la que se enamorará. Y también están los violentos componentes de una banda que compite en fama con aquella formada por Seck y sus amigos. Como podéis comprobar, máxime si le echáis un ojo al volumen, Nocturno es un cómic que de tan ecléctico, queda deslavazado en exceso, no quedando muy claras cuáles son las intenciones del autor para con su producto (¿mero entretenimiento o lectura con vocación reflexiva?).

Las primeras páginas, dibujadas por Sandoval en tonos grises para remarcar aún más lo mísero de la vida de Seck junto a su tío y hermano, inciden de pleno en el carácter fantástico (entretenimiento) del relato, ya que éste se introduce como el cuento que una especie de ninfa del bosque cuenta a un errante enmascarado. A partir del momento en el que el protagonista comienza su viaje, Sandoval vira hacia el color y es entonces cuando el discurrir de la historia se vuelve más errático. En lo que al aspecto visual se refiere desde este punto, el autor diferencia dos tipos de gamas cromáticas, una más acuarelada que la otra, que imprimen una fuerte personalidad al devenir de la acción, mucho más de la que el guión es capaz de transmitir al lector. El trazo del artista, caricaturesco pero de gran vigor visual, también se amolda a los diferentes estadíos de la narración siendo, a la postre, lo que mejor funciona de un tebeo que discurre con excesiva rapidez y cuyo final, aunque coherente con el resto de la historia, se antoja algo abrupto.

Sergio Benítez (198)

lunes, 29 de junio de 2009

LITTLE EGO

Guión: Vittorio Giardino

Dibujo: Vittotio Giardino

Editorial: Norma

Formato: Álbum Rústica. 56 Páginas

Precio: 10€

Calificación: 7/10

La semana pasada comentaba en mi despedida que para ésta iba a hacer una reseña porno. Tenía una preparada de ésas que harían ruborizarse hasta al más atrevido director de cine para adultos. Pero por desgracia un viruscillo se adueñó del computador de mi trabajo y el archivo se fue al peo. He intentado repetirlo, pero sin éxito. Así que he bajado un poquito el listón desde el porno más sucio, pervertido, depravado, guarro y asqueroso, y en su lugar os ofrezco una obra de erotismo, sensualidad, imaginación y, ¡cómo no! desnudos.

Este tomo es el particular homenaje que realiza Vittorio Giardino a la obra de McCay. Sólo que aquí Ego no es precisamente “little”, es más bien una muchacha veinteañera de muy buen ver cuyas aventuras nocturnas en el país de los sueños son un poco más para adultos que las que tenía Nemo. Por supuesto, mantiene la estructura similar a las historias de éste último: comienza con una secuencia onírica para terminar la aventura en el lecho y liada entre las sábanas, pero eso sí: ligerita de ropa y con referencia siempre a su psicoanalista, al que nunca veremos.

Comenzando con tímidas historias de dos páginas en las que cualquier objeto, animal o persona que se acerque a Ego puede ser el desencadenante de una situación erótica, poco a poco las historias van aumentando en número de páginas y teniendo continuidad entre sí. El elemento surrealista y disparatado que suele acompañar a cualquiera de nuestros sueños también lo tenemos presente en las historias, mandando al traste cualquier estructura lógica que pensáramos que tenía la historia. El fondo de una viñeta puede resultar que de una secuencia a otra pase a ser un decorado de una obra de teatro, en una pequeña aldea en mitad del desierto puede aparecer una moderna peluquería, e incluso que algún personaje sea consciente de que es un sueño y querer escapar de él.

Y de Giardino ¿qué deciros? Si ya lo conocéis estaréis familiarizados con su maravilloso, limpio y detallista trazo, con la elegancia de sus personajes, su estilo puro e inmaculado, cálido, claro, sensual… Vamos, el artista perfecto para el tipo de obra de la que hablamos. Y si sois de los que no lo conocéis, además de alegraros la vista con éste álbum que Norma reeditó en el 2006 añadiendo 8 páginas más al tomo que yo tengo y que es perfectamente encontrable en cualquier librería, no deberíais dejar pasar su Sam Pezzo, su Max Fridman o el lamentablemente inconcluso Jonas Fink (de los cuales ya hablaremos más adelante…).

Quizá si queremos buscarle un pero al tomo, éste sería el look añejo de los personajes. Pero hay que tener en cuenta que es una obra realizada en los ochenta, por lo que la vestimenta, peinados, maquillajes y demás son representativos de la época. Así que pensándolo mejor, esto más que un pero puede ser un aliciente más.

No es una obra imprescindible del noveno arte. No son guiones profundos y rebuscados. No es porno duro. Pero resulta muy bonito de ver y bastante entretenido. Y los sesudos estudiosos de la obra de McCay comprobarán que hay bastante más conexión entre las aventuras de ésta hermosa joven y el chavalín Nemo de las que se puedan apreciar a simple vista.

Una buena manera de definirlo la tiene Kim Thomson en la introducción: "Descúbrelo por ti mismo y descubrirás una rareza: maravillosamente dibujado, suntuosamente coloreado y sexualmente libre de toda culpa, como un sexy tazón de fresas, te dejará un dulce sabor de boca".

Por cierto, para evitar la saturación del correo electrónico y el diluvio de comentarios solicitando cuál era la otra obra que en principio iba a reseñar hoy os diré que era $%&/#€@¬| ¡¡ALERTA VIRUS – ALERTA VIRUS!!…………………….

Lamentamos comunicarles que una extraña mutación de virus informático llamado cnsra se ha hecho fuerte en el teclado del ordenador de Nacho, ha tomado como rehénes al cubilete de clips y al portaminas y tiene a nuestro colaborador retenido. Exige lubricante y una limpieza a fondo de pelusillas para su liberación. Seguiremos informando.

Nacho (3)

AS de PIQUE

Guión: Ricardo Barreiro

Dibujo: Juan Giménez


Editorial: Dolmen

Formato: Libro Cartoné. 226 Páginas


Precio: 25€


Calificación: 9.5/10


Se que no es una manera muy ortodoxa de comenzar una recomicdación, pero no me queda más remedio que empezar dándole un pequeño tirón de orejas virtual (cuidado, sin acritud) a Dolmen por lo mucho que se han demorado en la edición de As de Pique. Considerando que se trataba de una de las novedades más esperadas del Salón (y no hablo sólo por mi, que varios conocidos expresaron su deseo de comprar el volumen) el que no estuviera lista a tiempo para el evento comiquero es un fallo sobre el que la editorial no se ha pronunciado, y al final ha sido publicado in extremis dentro del mes de junio (casi al mismo tiempo que otra de sus novedades postergadas, el integral de Gorka). Objeciones en cuanto a las demoras al margen, lo importante es que ya tenemos disponible en nuestras tiendas la obra de Barreiro y Giménez y al hilo de su retraso lo primero que hay que afirmar, en descargo de la editorial, es que la espera ha valido (y MUCHO) la pena.

Mi idea inicial para con este volumen era haber hecho una recomicdación común con el de Diario de Guerra de Hugo Pratt. Ya que las concomitancias entre uno y otro son más que evidentes, todo lo dicho en el primer párrafo de dicho comentario sirve para acercaros al por qué del motivo por el que As de Pique era una novedad tan esperada y explica, aunque sólo en parte, cómo he sido capaz de leerme el tomo de una sola sentada. La parte que no explica, y que es ajena a mi fascinación acerca de la Segunda Guerra Mundial, es aquella que atañe a la enorme calidad de lo creado por Barreiro y Giménez.

A los guiones, el primero crea un cómic apasionante en pequeñas dosis de diez páginas. La constricción en la extensión de las historias no es impedimento para que entre ellas se vaya tejiendo un tapiz que no conoce límites geográficos, algo que aumenta sobremanera el carácter de universalidad que Barreriro pretende dar a As de Pique. A diferencia del cómic dibujado por Pratt, que estaba guionizado por ingleses y tenía la clara intención de sublimar el heroicismo del ejército británico durante la contienda, el tebeo de los argentinos no se casa con nadie, ofreciendo una realista y descarnada visión de la guerra en la que no hay héroes, ni tampoco buenos ni malos, sólo hombres luchando del lado de un poder u otro y dejándose la vida por defender un ideal, sea éste cual sea. La neutralidad del guión para con uno u otro bando, y el claro posicionamiento del escritor del lado de la humanidad queda patente en muchos de los magníficos capítulos que trufan tan estupenda lectura. De todos ellos, hay varios que sobresalen en el sentido que estamos comentando, sirviendo como severa crítica hacia lo absurdo de la guerra: El Juego del Gato y el Ratón, en sus dos partes, nos permite conocer las motivaciones de aviadores aliados y alemanes pudiendo observar que las acciones de unos no siempre respondían a elevados ideales de libertad, sino simplemente de cumplir órdenes, y las de los otros (como se ha puesto tantas veces de manifiesto desde el fin de la guerra) no tenían porque adherirse a los postulados del nazismo, lo que queda de relieve aún de forma más patente en un capítulo sin título en el que uno de los miembros del As de Pique cae en territorio alemán.

Junto a estas tres historias, hay otra terna que no puede dejar de ser mencionada, la formada por Una Misión de Rutina y las dos partes del bombardeo a Dresde. La primera, sin diálogos de ningún tipo, pone de manifiesto la brutalidad y sin sentido de muchos de los ataques que se llevaron a cabo sobre algunas ciudades alemanas (la imagen de la sombra de la niña es sobrecogedora). Las otras dos, incidiendo sobre el mismo aspecto, evidencian la determinación de los pilotos de uno y otro bando por cumplir con su deber, aunque este fuera tan terrible como el que describe Barreiro con todo lujo de detalles. Detalles que son capturados hasta límites espectaculares por el arte de un Juan Giménez en estado de gracia. El dibujo del argentino, no es que apunte maneras, es que es tanto o más espectacular que muchas cosas que le hemos podido leer después (y me estoy acordando, obviamente, de La Casta de los Metabarones): con esa facilidad que siempre ha tenido para caracterizar a sus personajes, donde el trazo de Giménez se muestra arrebatadoramente inspirado es en la maquinaria bélica que tantas páginas del volumen ocupa (al fin y al cabo se trata de las aventuras de un bombardero), dibujando el artista con soltura inusitada y todo lujo de precisión, todos aquellos aviones, barcos o submarinos que en un momento u otron aparecen en las páginas. Y todo ello haciendo gala de una narrativa magistral que, sin perder de vista la claridad secuencial en ningún momento (los combates aéreos son prodigiosos), se atreve además a explorar recursos muy vistosos, como los puntos de vista subjetivos, la rotura de una estructura cerrada (en contraposición a lo que si veíamos en el trabajo de Pratt) que permite maquetar cada página a su antojo, u otros muy llamativos como el trozo de carrete fotográfico en el que queda recogido secuencialmente el tiroteo a un avión.

La edición de Dolmen se completa, en un tomo muy bien presentado en tapa dura con la ilustración de portada en satinado sobre mate, con un prólogo de Juan Giménez, una larga introducción acerca de la serie por Eduardo Serradilla, e ilustraciones a color y textos sacados de la edición original que Toutain publicara a finales de los ochenta, concretando un tomo INDISPENSABLE para cualquier aficionado a los cómics y de paso, probablemente, el mejor volumen que la editorial mallorquí ha publicado hasta la fecha...aunque se haya hecho esperar.

Sergio Benítez (197)

viernes, 26 de junio de 2009

1985

Guión: Mark Millar

Dibujo: Tommy Lee Edwards

Editorial: Panini

Formato: 3 Cómic-books. 56 / 48 Páginas

Precio: 3.5 / 3.7€

Calificación: 6.5/10

Si hay algo que gusta al ser humano en general y a los coleccionistas en particular es ejercitar nuestra nostalgia. Los programas televisivos que a lo largo de los años nos recuerdan décadas pasadas siempre encuentran su cuota de audiencia y, seamos sinceros, ¿qué es el coleccionismo (sobre todo cuando uno llega a ese momento en el que empieza a adquirir cosas de años atrás) sino la búsqueda constante de aquello que nos hizo felices en un momento dado de nuestra infancia/adolescencia?. Pues bien, como quiera que en esta bitácora ya hemos mirado más de una y dos veces atrás, no creo que nadie se moleste si lo volvemos a hacer, aunque sea brevemente. Y no, no voy a contar dónde estaba yo en 1985 (tenía diez años, estudiaba como un niño bueno, y me hartaba de leer y jugar; vamos, lo normal) sino cómo un servidor fue dejando paulatinamente de comprar tebeos de grapa.

Cuando comencé a coleccionar cómics en firme lo único que durante bastantes años (cinco o seis) alimentó mi tebeoteca fueron los cómic-books. Dispuestos en principio de forma horizontal (alternando la apertura de los mismos para que se combaran por igual) y ordenados por las pocas series que acumulaba al cabo del mes, la cosa comenzó a ponerse paulatinamente seria al cabo de dos o tres años, teniendo que cambiar mi sistema de colocación de horizontal a vertical. Como ya he comentado en alguna ocasión, fue mi traslado a Sevilla para cursar la carrera lo que provocó una enorme explosión en mi colección, máxime cuando, ya con acceso a internet, pude descubrir Milehigh y hacerme con todo el Hulk de Peter David o el Nexus de Baron y Rude al completo (por no hablar del Excalibur
o el Batman y los Outsiders de Alan Davis). Llegado el momento, eran tantas las colecciones que llevaba al cabo del mes, y tan poco el tiempo que tenía para leer (si por algo se caracteriza la carrera de Arquitectura es por no dejarte tiempo ni para respirar) que lo que intentaba mantener a un ritmo mensual se me olvidaba de un mes para otro, y lo que no era al final consumido cada seis, siete y ocho meses. Es entonces cuando me replanteé seriamente el cambio de formato apoyándome para ello en el Previews y los TPB (o HC) americanos. Y así fue como una práctica que me había definido como coleccionista quedó relegada, primero a ser regalada a alguno de mis amigos coleccionistas conforme aquellas cosas que estaban editadas en tomo recopilatorio fueron siendo sustituidas, segundo a ocupar hoy en día media balda de las treinta y muchas que conforman las estanterías de mi tebeoteca.

Habiéndoseme pasado por alto su edición americana (como si tuviera que explicaros que cada vez he ido centrándome más en lo europeo y dejando de lado el pijamismo) 1985 supone la primera grapa que me he comprado en una tienda de cómics en años, aunque, como ya era costumbre, he esperado hasta tener los tres números para leérmelos de una sentada; y menos mal, porque de otra manera los escasos veinte minutos que he invertido en acabarlos se habrían transformado en tres dosis de cinco o seis minutos bastante insatisfactorias. Leído de una vez, el trabajo de Millar quizá pierda la efectividad de los simpáticos cliffhangers que ponen punto y final a cada número, ayudando en contraposición a que la compacidad de lo narrado por el guionista adquiera una entidad de la que sin duda carecería mes a mes. Ejercicio de nostalgia hacia un tiempo en el que los tebeos todavía no habían dado el paso a la edad adulta que llevarían a cabo los consabidos Watchmen y Dark Knight Returns, 1985 sigue a un niño de trece años de nuestro mundo cuando descubre que los villanos del Universo Marvel están entrando en él con pretensiones poco amistosas. Tal punto de partida, que podría haber sido aprovechado por Millar de mil y una maneras, queda al final como un quiero y no puedo que repite esquemas y situaciones de los tebeos de la época aportando alguna que otra pincelada de genialidad (las discusiones de los dependientes de la tienda de cómics, la previsible profesión a la que se dedicará el protagonista por salvar a su padre) que queda, a la postre, demasiado diluida entre tanta splash-page, peleita de turno e hilo conductor que no va a ninguna parte.

A ello no ayuda en exceso el trabajo de Tommy Lee Edwards cuyo dibujo, que diferencia en trazo el mundo real del mundo Marvel, se encuentra a caballo de las influencias de John Paul Leon para el primero y una suerte de Scott Kollins "limpio de rayitas" para el segundo. De narrativa algo confusa ayudada, qué duda cabe, por el apagado colorido que se le da a nuestro mundo (en contraposición a la luminosidad de la versión marvelita) el trabajo de Edwards no parece el más idóneo para un cómic que debería haber desprendido más épica en su aspecto visual pero que al final se queda en un vano intento por crear un producto original dentro de la monótona monocromía que invade La Casa de las Ideas desde hace tiempo. Eso sí, las dos páginas finales son capaces de redimir (casi) todo aquello que no funciona a lo largo de los seis números, dejando al final un regusto indefinido, ni muy dulce, ni excesivamente amargo.

Nuff Said!!

Sergio Benítez (196)

La DINASTÍA de los PATOS

Guión: Guido Martina & Alberto Savini

Dibujo: Scarpa, Carpi & Freccero

Editorial: Planeta DeAgostini

Formato: Libro Cartoné Acolchado. 368 Páginas

Precio: 20€

Calificación: 7/10

¿Cómo se le pone nota a la nostalgia?. ¿Cómo se puede calificar un cómic que forma parte indeleble de tus recuerdos de la infancia?. Difícil tarea, muy difícil. Difícil primero por el perenne temor previo a que el recuerdo de la última lectura que se le realizó a esta Dinastía de los Patos fuera de esos que no sobreviven el paso del tiempo. Difícil también porque acercarse tantos años después a un material al que se le tiene tanto cariño como a este es establacer a priori un punto de vista mucho más subjetivo del que después trasciende en las recomicdaciones (que al fin y al cabo son opiniones personales). Y difícil sobre todo porque, si bien las novedades Disney - los especiales de Don Miki, los Patomas, etc...- han ido cayendo como moscas conforme han ido siendo editados, sólo la Biblioteca de Carl Barks y el Jungle Town han encontrado su sitio en esta bitácora de recomicdaciones, más que nada porque las lecturas con los personajes animados no son un material sobre el que se pueda decir mucho a no ser que estemos hablando de ciertos autores (Gottfredson, Rosa, Barks o Scarpa, por citar a cuatro).

Así las cosas, ¿qué puedo comentaros acerca de La Dinastía de los Patos?. Pues para empezar que los varios Don Miki donde apareció publicada allá por finales de los setenta forman parte de esos tebeos acerca de los que nunca más se supo después de una de esas temidas mudanzas en las que siempre desaparece "misteriosamente" una caja. Que debido a ello, era una de las cosas que, desde que Planeta desembarcara con Disney el pasado año, estaba deseando volver a ver editada. Y que con ella finalmente entre las manos, hay que comenzar alabando el gusto de la editorial a la hora de publicar la historia completa (añadido del 2005 incluido) en un volumen con una cubierta acolchada en la que viene impresa una de las monedas que se regalaron en su momento y de las que, desgraciadamente, nunca más se supo después de áquel traslado de vivienda.

Siguiendo a los antepasados de Gilito, Donald y Jorge, Jaimito y Juanito a lo largo de los siglos, no se puede afirmar que La Dinastía de los Patos tenga una estructura muy original al margen de su premisa de partida. Cada número nos presenta a un antecesor del ávaro Gilito mientras este intenta salvaguardar un magnífico tesoro a costa del trabajo de sus cuatro sobrinos y, por supuesto, de un sufrido predecesor de Ungenio Tarconi, protegiéndolo unas veces de los Golfos Apandadores, otras de su archienemigo, Rockerduck. Ello lleva a una reiteración argumental que además de poder llegar a cansar al lector, tira una y otra vez de los tópicos asociados al quinteto protagonista (la avaricia y tacañería de Gilito, la vagueza de Donald, el famoso Manual de los Jóvenes Castores de los tres mellizos), si bien los saltos temporales agilizan en cierto modo el discurrir de una acción maravillosamente plasmada por el hábil trazo de Romano Scarpa (muy bien entintado por Cavazzano) o cualquiera de los otros dos dibujantes implicados en un proyecto que, sin ser una maravilla del noveno arte, si que mantiene todo lo que puede el encanto y la inocencia que, al menos en mi memoria, siempre le han acompañado.

Sergio Benítez (195)

jueves, 25 de junio de 2009

TAMARA DREWE

Guión: Posy Simmonds

Dibujo: Posy Simmonds


Editorial: sins entido


Formato: Libro Cartoné. 136 Páginas


Precio: 22€


Calificación: 9/10


Si alguien me llega a decir hace unos años que el slice of life iba a convertirse en uno de mis géneros comiqueros favoritos...

Tal y como comentaba ayer en la recomicdación de El Arte de Volar, había sendas novedades del Salón que D. Álvaro Pons consideraba como aquellas que se ceñían a la expresión "sólo pueden quedar dos". El tebeo de Altarriba y Kim era uno, Tamara Drewe, la obra publicada por Posy Simmonds en la sección Review de los sábados del periódico británico The Guardian que ha conseguido alzarse con dos premios tan sumamente importantes como el de la Crítica de ACBD al mejor álbum publicado en Francia durante el 2008 y el Esencial de Angouleme, el otro. Tantas alabanzas y premios, unidos a la normal curiosidad que ambos habían provocado en un servidor hacían de este volumen una de las compras obligadas del evento comiquero barcelonés.

Y lo cierto es que en esta ocasión todo lo que se ha dicho sobre el trabajo de la autora británica ha sido totalmente justificado. Para empezar, y resumiendo mucho lo que a continuación pasaré a comentar de forma más exhaustiva, Tamara Drewe es una obra apasionante, intensa, que atrapa en la primera página y no te suelta hasta el final, un virtuoso ejercicio en metalenguaje visual que se devora con fruición y que deja una inmejorable sensación en el lector.

Para conseguirlo, Simmonds no echa mano de historias de ciencia ficción, o complicadas tramas de asesinatos envueltas en modélicos thrillers; no necesita de superhéroes en esa clave realista (y casi surrealista) que tanto han explorado Ellis o Morrison, ni tampoco aventuras en el sentido clásico de la palabra. A Simmonds tampoco le hacen falta personajes que tengan el pesado lastre de la continuidad atado a sus páginas, ni precisa de nombres famosos con los que ganarse el público antes de salir publicado. No, la guionista y dibujante, cuya trayectoria se remonta más de treinta años en el pasado, sólo requiere de un puñado de personajes sacados de la clase media británica, un entorno reducido en el que poder controlarlos y un hilo conductor en la forma de una femme fatale, una Dalila que sin poder controlarlo emite una irresistible pulsación sexual que afecta todo lo que se encuentra alrededor, arruinándolo sin remedio. Esa mujer es Tamara Drewe.

Como si de una Agatha Christie se tratara (pero sin que haya un escabroso crimen por medio que resolver..aunque si hay alguna muerte que otra) Simmonds coloca a sus personajes, sus piezas, en el decorado que conforma un pequeño e imaginario pueblo en el condado de Wessex. Allí, y de la manera más natural que a uno pueda ocurrírsele, la autora nos presenta poco a poco a los protagonistas de la tragicomedia: primero está Glen Larson, un orondo escritor americano atascado con su novela que llega a una granja cuyos propietarios, Beth y Nicholas Hardiman, han transformado en un paraiso para literatos. Ella se centra en las tareas de atención a los inquilinos mientras que él, un afamado escritor de novelas de misterio (con un personaje que arrastra gran cantidad de seguidores, el Dr. Inchcombe, una suerte de Hércules Poirot, de nuevo la similitud a Christie), trata de sacar su siguiente trabajo adelante mientras esconde a su esposa sus continuos escarceos amorosos con otras féminas. Completando el eje principal de la historia encontramos a la mujer que da título al volumen, Tamara, una belleza que levanta pasiones y que se convierte en centro de atención allá donde va. Será ellá la que, con su presencia, y de forma directa o indirecta, de lugar a la maraña de acontecimientos que Simmonds desgrana con presteza en las poco menos de ciento cuarenta páginas de que consta la "novela gráfica".

Rodeados de varios secundarios con voz propia y de gran peso específico en la trama, la grandeza de Tamara Drewe radica tanto en la forma en que la artista hace interactuar a sus personajes, como en el realismo que todos ellos destilan y, sobre todo, en el envoltorio con el que la creadora dota a su obra. Muestras de lo primero y de lo segundo son los diálogos, frescos, naturales y que podrían pasar tranquilamente por transcripciones de conversaciones auténticas entre dos (o más) personas cualesquiera sin que, además, los cambios de edad de sus protagonistas (que se mueven desde la adolescencia a la cincuentena) afecten a la gracilidad con la que Simmonds insufla vida a cada uno, siendo tan veraces los personajes de Casey o Jody, dos jovencitas con mucho que decir en el discurrir de la historia, como los de Nicholas o Glen.

Ahora bien, lo que resulta más llamativo a priori, y se descubre después como un potencial inagotable, es la forma visual que la autora da al discurrir de la acción: entremezclando texto con dibujos (unas veces encerrados en viñetas, otras no) Simmonds aporta una inercia a la lectura que resultaría imposible valorar en su justa medida: diferentes tipos de fuentes para identificar de forma sutil a cada personaje cuando este habla por vía de los textos van jugando a un multiplicidad de significados de los cuales tres son los más evidentes. El primero y el segundo, los que se identifican a un golpe de vista, responden al constante juego de protagonismo con que la británica dinamiza la lectura, haciendo que ora el texto sirva de apoyo a las viñetas, ora éstas últimas sean las que relegan su importancia a los párrafos de una prosa brillante en lo descritpivo, vibrante en lo argumental. El tercer sintagma de significado es el que adquiere Tamara Drewe una vez se ha concluido la lectura. Sólo entonces puede apreciarse en su totalidad ese juego metalingüistico de varios niveles que plantea Simmonds, sobre todo en esa dualidad última que adquieren los textos primero como narración en el hilo conductor, después como parte de algo más grande, un algo demasiado valioso para ser expuesto aquí y que prefiero dejar a cada uno el placer de poder descubrir.

....sinceramente, jamás le habría creido.

Sergio Benítez (194)

ENDURANCE

Guión: Luis Bustos

Dibujo: Luis Bustos

Editorial: Planeta DeAgostini

Formato: Libro Cartoné. 184 Páginas

Precio: 12.95€

Calificación: 8.5/10

Tengo que admitir que de todos los lanzamientos de ese "nuevo" sello Fórum que Planeta se ha sacado de la manga para este Salón, el único que me llamaba la atención, por su evocador título, era La Sangre de las Valkirias. Cuando las novedades de la editorial desembarcaron en la tienda y me dediqué a echarle un vistazo a todas y cada una de ellas, el citado título no consiguió atraparme lo suficiente y lo dejé, al lado del Bacterias y este Endurance, un cómic este último que sí me llamó bastante la atención por lo personal de su grafismo, pero que aparqué en aras de hacerme con otras cosas que estaban en la lista de obligados y porque, además, ya conocía la historia de Ernest Shackleton a través una estupenda película Imax que ví hace un par de años en mi última visita a Barcelona, no creyendo que, al margen de lo que dicha cinta me había contado, el trabajo de Bustos pudiera añadir algo más.

El caso es que un par de semanas más tarde, y con la sequía de novedades que ha sido este mes de Junio (y menos mal) volvía a hojear el tomito y, ¡qué demonios!, me dejé llevar por mi instinto, me lié la manta a la cabeza y lo compré, dispuesto al menos a recordar algunos detalles de la impresionante odisea que los veintiséis hombres que acompañaron al intrépido inglés vivieron en aras de una aventura casi imposible: cruzar la Antártida en trineo. Hazañas similares había había contado ya en el pasado con nombres tan ilustres, en un sentido u otro, como Admunsen o el Capitán Scott, y Shackleton, un soñador e inquieto personaje, perseguía repetir el triunfo del primero, intentando a toda costa evitar la tragedia que envolvió al segundo.

Para mostrarnos el viaje, Bustos opta inicialmente por una narración fragmentada en lo temporal, llevándonos hacia adelante y hacia atrás en el tiempo durante las primeras páginas para después abandonarla por un hilo conductor continuo que sigue a los intrépidos hombres en su viaje por el Atlántico hasta llegar al continente helado. A los guiones Bustos se descubre como un asombroso escritor de personajes, definiendo con precisión casi clínica (aunque no exento de pasión) a todos aquellos a los que otorga la capacidad del diálogo y dotándolos de unas personalidades que casi en ningún caso se ajustan a patrones estereotipados, un detalle que, sinceramente, es de agradecer. Así, a lo largo de las ciento ochenta y cuatro páginas de que consta el volumen, el autor sigue a unos personajes que por más que vivieran hace casi un siglo no se nos antojan anticuados, fundamental para que el énfasis que el español pone en la narración no se pierda en un sólo momento y el lector logre la empatía suficiente como para sufrir por el incierto destino de los personajes.

Gráficamente, la traslación de lo que Bustos idea para el guión es, a falta de más epítetos, impecable: con un estilo de dibujo que se asemeja al de David Rubín y una narrativa portentosa que no tiene miedo de experimentar con los recursos que sean necesarios (desde la inclusión de fotografías retocadas a la ruptura de la página tradicional, pasando por múltiples diseños de aviñetado), el dibujante refleja con intensa pasión las vicisitudes en las que se ve envuelta la tripulación del Endurance, evitando en todo momento caer en la monotonía, algo que consigue reinventándose con cada nueva página, en cada nueva viñeta, componiendo una lectura épica a la par que intimista en la que en ningún momento se pierde la perspectiva acerca de lo que se quiere transmitir: lo indómito y perseverante del espíritu humano, ya sea en la lucha de este contra si mismo y sus semejantes o contra la impávida naturaleza de los hielos eternos de la Antártida.

Sergio Benítez (193)

miércoles, 24 de junio de 2009

El ARTE de VOLAR

Guión: Antonio Altarriba

Dibujo: Kim

Editorial: Ediciones de Ponent

Formato: Álbum Cartoné. 208 Páginas

Precio: 34€

Calificación: 7.5/10

En este mundillo del coleccionismo de cómics hay ciertas constantes que uno siempre cree que son personales (e intransferibles) pero que, cuando comienza a conocer a otros "locos" como él, entiende que donde pensaba personal debía haber pensado universal (y transferibles). Una de ellas, que ya he compartido en más de una ocasión con algún conocido es aquella de dejar para el "final" aquellos cómics a los que uno tiene más ganas cuando se le han acumulado varios tomos. En el caso que nos atañe, y ciñéndolo a este mes en el que a las columnas de lectura atrasada ha venido a sumarse la correspondiente al Salón, desde un primer momento tenía claro que había ciertos tebeos que iban a ser los últimos leídos y, por supuesto, recomicdados. Dos ya habéis podido comprobar cuáles son (Peter Pan y Las Puertitas del Señor López), quedando para lo que resta de semana este Arte de Volar y un par de títulos más que se desvelarán a partir de mañana. Las razones para que las recomicdaciones que estáis leyendo esta semana hayan sido las "elegidas" son de lo más variopintas: desde el reencuentro con una lectura que en su momento no valoré en su justa medida, hasta una que había devorado hacía más de veinticinco años, pasando por las dos que el Sr. Carcelero consideraba como las inexcusables del Salón de Barcelona.

Sea porque el criterio de Álvaro es uno en el que el noventa por ciento de las veces se puede confiar, sea porque el tema del cómic en cuestión me atraía enormemente (al igual que lo había hecho hace poco el 36/39 de Giménez), sea porque la introducción de Antonio Martín lo calificaba como "una obra magistral que recupera la Historia de los españoles y que hará Historia", las expectativas con respecto a lo que me esperaba en El Arte de Volar eran muy, muy elevadas. Pero claro, no contaba con esa ley no escrita que afirma que a mayor expectativa, mayor decepción...no ha sido así exactamente, pero la verdad es que si me esperaba una lectura que superara con creces el notable que al final ha obtenido.

¿Qué cuáles son los dos principales escollos que (casi) han hecho zozobrar a la obra de Altarriba y Kim?. El primero de ellos, y quizás el principal, es bastante sencillo de señalar, el dibujo. No me malinterpreten, no estoy diciendo que sea "malo" (un epíteto que evito usar siempre que puedo), lo que si afirmo es que, a la luz del guión de Altarriba, resulta algo inadecuado ese "trazo que parece de un fanzine", como bien apuntaba Mario cuando charlábamos el otro día acerca del presente volumen. Así, el dibujo del creador de Martínez el Facha es algo que no permite volcarse a fondo con las intensas emociones, sentimientos y acontecimientos que el guionista pone en juego. Documentado de forma exhaustiva hasta el más mínimo detalle, la estructura narrativa cerrada y algo estática de cada página unido a un dibujo que, en definitiva, no cuadra con mis gustos (que es de lo que al fin y al cabo se trata) fue consiguiendo sacarme de la lectura en no pocas ocasiones, estableciendo una barrera invisible entre la historia y un servidor difícil de romper en muchos momentos.

Al margen del dibujo de Kim, el otro detalle, aunque de menor importancia, es la desigualdad tanto de ritmo como de intensidad emocional de lo que Altarriba narra a lo largo de las poco más de doscientas páginas de que consta el volumen. Y precisamente aquí es donde podríamos cambiar de bando y comenzar a hablar de la fortaleza del tebeo, su guión. Estructurado como un enorme flashback que el guionista inicia con el suicidio de su padre, motivo fundamental por el que terminará escribiendo esta obra, El Arte de Volar recorre casi un siglo de la historia de nuestro país a través de un ciudadano cualquiera, un hombre del campo que se vio envuelto en una serie de circunstancias históricas extraordinarias y que luchó en ambos bandos durante la Guerra Civil para después, una vez exiliado a Francia, combatir a los nazis desde la resistencia. Para poder trasladar con la intensidad y el detalle que se merece todo lo acaecido durante esos nueve años (y todos los que siguieron después) en los que Altarriba padre no cesó de luchar, Altarriba hijo cuenta con una ayuda ejemplar, la de las numerosas cuartillas autobiográficas que su progenitor escribió como una suerte de terapia de autoayuda para exorcizar sus demonios. Dichas cuartillas, transformadas por el escritor en guión del cómic, nos acercan a un soñador, un hombre que siempre supo que sus cualidades superaban con mucho el papel que le había tocado jugar en la vida y que, debido a ello, sólo conoció la felicidad de forma intermitente.

Para que la intensidad de lo plasmado por Antonio Altarriba padre no se pierda en el distanciamiento de la tercera persona, el guionista se saca de la manga, cual prestidigitador, un "conejo" genial: a través de una alianza de sangre cuy significado conoceremos en el transcurso de la narración, el hijo se convierte en padre y el padre en hijo (frase supermaniana donde las haya) permitiendo así que, salvo un primer acto narrado desde la obligada perspectiva del escritor, todo el tebeo tenga la voz de su progenitor. Ello permite sentir mucho más cercanas todas las vicisitudes por las que este singular hombre tuvo que pasar y cuyas ansias de "volar", de llegar más lejos de lo que la sociedad y el acotado mundo donde había nacido siempre fueron motivo de frustración. Encarnado en su padre, Altarriba desnuda la narración de toda crítica hacia las dos contiendas bélicas o el régimen franquista, desvistiéndose de todo rasgo de su personalidad y dejando que sea la del "protagonista" la que vierta, si así lo cree necesario, juicios de valor acerca de lo que pudo vivir. Esto permite al hijo encarar ciertas situaciones que no han debido (ni debieron) resultar nada fáciles, como saber que su padre frecuentó señoras de dudosa compañía durante algún tiempo, que fue infiel a su madre con la esposa de uno de sus socios o que terminó odiando a su esposa hasta el punto de querer perderla de vista.

Este distanciamiento, se traduce como apuntaba más arriba, en que la intensidad de lo que se nos narra llegue con desigual fuerza, siendo en este sentido el cómic como una sinfonía, arrancando con una magnífica obertura, seguida de dos movimientos mucho más conservadores, para terminar con un ajustado allegro ma non troppo que deja la puerta abierta para una magnífica coda final, un último capítulo que se eleva como lo mejor de un cómic que, ante todo, es memoria viva de una España que nunca debería olvidarse.

Sergio Benítez (192)

Las PUERTITAS del SEÑOR LÓPEZ

Guión: Carlos Trillo

Dibujo: Horacio Altuna

Editorial: Planeta DeAgostini

Formato: Álbum Cartoné. 200 Páginas

Precio: 12.95€

Calificación: 10/10

Aunque sus funciones podrían ser desgranadas en mil y un aspectos, si hay tres cosas que siempre busco en una obra de arte (sobre todo si hablamos de literatura, cine y, por supuesto, cómics) esas son: que me entretenga, que mueva a la reflexión y que, de alguna manera, quede marcada a fuego en mi memoria como un hito a recordar. En el peor de los casos, lo que se encuentra más a menudo es lo primero, un trabajo entretenido, pero que tan pronto se consume, se olvida. Si tenemos un poco de suerte, podemos dar con un producto que sea capaz de traspasar esa invisible frontera que con los años vamos construyendo para que nuestras neuronas no sean atacadas de forma impune por cualquier cosa que consumamos. Dar con una obra que consiga las tres cosas, y para colmo a un nivel impresionante (evidentemente hay categorías dentro de lo que algo puede llegar a entretener o suscitar la reflexión), es un hecho que pocas veces acontece, siendo motivo de celebración el haber podido dar con él. Obviamente, Las Puertitas del Señor López consigue de calle los tres objetivos (sino no me habría currado la introducción para nada) y supone el primer diez de entre todas las novedades de este Salón del Cómic que hemos venido repasando durante todo el mes.

Antes de abordar la lectura de Las Puertitas...la única obra que había leído de Altuna era Ficcionario, y todo porque Fernan (ese amigo y dependiente de una tienda de cómics de Sevilla del que creo haberos hablado alguna vez) se empecinó en que me lo llevara una tarde de viernes de hace unos cuantos añitos. El paso del tiempo, como siempre suele pasar con estas cosas, había dejado únicamente un grato recuerdo de aquella lectura, suficiente como para que la adquisición de esta nueva colección sobre Altuna que inaugura el presente volumen vaya a convertirse en compra obligada cada mes que Planeta tenga a bien publicar un nuevo tomo. Echándose de menos algún que otro material extra (y anda que no lo tendrán fácil, con el autor viviendo en España) el pero que se le puede, y debe, poner a la edición de Planeta es que la calidad de reproducción, aún siendo en su mayoría excelente, guarda alguna sorpresa desagradable en la forma de páginas sensiblemente desenfocadas o con las manchas de negros tan sobresaturadas que se comen las tintas, aunque esto sólo ocurra en un par de ocasiones, siendo el resto más que aceptable.

Lo que no defrauda en absoluto es el trabajo tanto de Trillo como de Altuna y la verdad es que me veo en un brete para decidir por dónde empezar a comentar tan magna labor. Quizás porque sea más sencillo, me atreveré primero con el dibujo de Altuna, de una calidad descomunal y una imaginación soberbia. El argentino responde de forma directa a lo que su compatriota va exigiendo en cada guión, dando lo mejor de si mismo para cada historia de cinco páginas: estructuradas de forma independiente, las pequeñas píldoras que componen el volumen dan lugar a que el artista se luzca a placer, utilizando desde su característico trazo, a caballo entre la caricatura y el realismo, a otros acabados en los que da paso a un dibujo cercano al fotorealismo siendo maravillosas, a este respecto, la historia en la que emula a la mítica Casablanca de Curtiz, o aquellas en las que hacen aparición personajes históricos como Gardel o Napoléon.

Y si el trabajo de Altuna juega en una liga diferente, el de Trillo es, directamente, de otro planeta. De lo poco que le había leido al guionista argentino, todo me había dejado una sensación satisfactoria, pero usar este calificativo para describir lo que el guionista consigue en Las Puertitas...es quedarse muy, muy corto. De entrada, y al igual que le pasa al dibujante, Trillo encuentra un auténtico polvorín en la menuda estructura de cinco páginas por historia con la que se caracteriza al tebeo. Al trabajar con los mismos personajes, perfectamente caracterizados desde su primera aparición por el magistral coqueteo del guionista con ciertos estereotipos (el marido y trabajador pusilánime, la mujer dominante, el típico jefe), la atención del lector se centra en cada uno de los capítulos en un intenso juego en el que se traspasa la cuarta dimensión para introducirnos directamente en lo que el escritor imagina en cada momento. Cierto es que la práctica totalidad de las historias que conforman el magnífico fresco imaginado por la pareja de artistas responde a un momento, la década de los setenta, un lugar, Argentina, y una situación, el régimen del Proceso de Reorganización Nacional; pero no es menos cierto que el mensaje universal que esconden las páginas de Las Puertitas... es uno que no tiene fecha de caducidad ni aplicación geográfica: temas como la libertad de expresión, el sentirse esclavo de un sistema del que poco conocemos, cómo los gobiernos y medios de comunicación nos lavan el cerebro, el inconformismo ante la burocracia y sus mecanismos...todos estos y muchos más son de tal rabiosa actualidad que resulta asombroso constatar que es este un tebeo pergeñado hace ya tres décadas.

Mucho me dejo por el camino (hay dos o tres historias que serían merecedoras de una recomicdación sólo para ellas, cómo esa de las nubes de pensamiento) pero es que es más lo que se puede obtener de una lectura que, ante todo, es un gañido a la libertad en un momento en que cualquier grito era ahogado desde lo más alto. Sólo por eso, por la valentía que tantos demostraron cuando los poderes fácticos querían criar cobardes, valdría la pena adquirir y devorar este volumen. Pero como ya digo, hay mucho más, tanto como la imaginación permita elucubrar cuando abrimos una puerta...

Sergio Benítez (191)

martes, 23 de junio de 2009

BATMAN BARCELONA: El CABALLERO del DRAGÓN

Guión: Mark Waid

Dibujo: Diego Olmo

Editorial: Planeta DeAgostini

Formato: Álbum Cartoné. 48 Páginas

Precio: 5.95€

Calificación: 3/10

Una de las principales ventajas que veía a la hora de formar parte del staff de Lecturas reCÓMICdadas era ponerme del otro lado, y ser yo quien os ahorrara, queridos niños y niñas, algunos eurillos, evitando alguna compra de esas tontas, que te dan ganas de regalar el comic, o de quemarlo, pero que ya no quieres tener en casa, ni mucho menos que se acerque a tus Absolutes.

Ya como fiel lector del blog, he utilizado las enseñanzas de Sergio y Mario para decidirme por una compra determinada, y sobre todo para no llevarme sorpresas (lo cuál está muy bien), además de para descubrir obras “escondidillas” en la tienda, detrás de la enésima edición de la misma obra. Ya sabéis, de las que piden sólo un ejemplar para la tienda, y es el que Sergio tiene reservado…

Y dirán ustedes, ¿pero este hombre habla del cómic en algún momento? Pues sí (y no me gusta vuestro tono, por cierto), pero la basura, digo el cómic, que nos ocupa es fácilmente reseñable en un par de líneas, y habrá que contar algo, no? Vale, vale, vosotros lo habéis querido.

Como habréis deducido ya, jóvenes castores, Batman en Barcelona fue mi segundo regalo de cumpleaños no esperado. Mi reacción, de sorpresa al ver la edición que se han marcado para 48 páginas de nada, y la portada de Jim Lee, copia-pega de tantas otras suyas, no podía presagiar lo que se me venía encima.

A saber, a Killer Croc se le ha ido la pinza y se ha plantado en Barcelona, creyéndose el dragón de la leyenda de San Jorge (toma ya, Mark Waid, con dos cojones, con lo que tu has sido en Flash). Pues nada, allá que se presenta Batman, le harta de hostias, y se lo lleva de vuelta. ¿Cómo? ¿Que lo he destripado? Pero si es que no pasa nada más en el cómic, ¿qué queréis que os diga?. Si tenéis mucha paciencia, dentro del tomo explican la génesis del cómic, en una Comic-Con de esas enormes, donde la premisa de los editores era clara: Batman y Barcelona. Y claro:

  • ¿Sale Batman?. Bastante
  • ¿Sale Barcelona? Estooo, un montón. Con su Sagrada Familia, su Pedrera y todos sus apaños.

Pues hala, hala, a quejarse a otra parte. En el apartado gráfico están Diego Olmo y Marta Martínez, que no lo hacen mal, pero que si no llegan a ser españoles, ni los pongo. En resumen, y si me escucha Mark Waid, Didio, o la madre que los parió: si lo que queríais era que saliera Batman y Barcelona, y no os dio tiempo a hacer un guión, tengo una sugerencia para la próxima: haced Superman en Cuenca en Poster-Book, fijo que lo petáis.

Jose (2)

PETER PAN Integral

Guión: Régis Loisel

Dibujo: Régis Loisel

Editorial: Glénat

Formato: Álbum Cartoné. 384 Páginas

Precio: 49.50€

Calificación: 9/10

Con el paso del tiempo mis modos de pensamiento acerca de cómo ocurren las cosas en la vida han ido cambiando desde una tendencia bastante escécptica que afirmaba con rotundidad (¡ah!, bendita adolescencia) que todo lo que se producía a lo largo de nuestra existencia era fruto de la casualidad, a una forma de ver los acontecimientos del día a día que sabe apreciar cómo hilos invisibles se van alineando para que tal o cual hecho tenga lugar. Aplicado a la recomicdación que hoy nos ocupa, esta forma de entender pasado y presente, para que lo que está por venir sea consecuencia directa de ellos y no fruto del azar, tiene relación directa con cuál ha sido mi extraña relación con el Peter Pan de Loisel. Tengo que confesar aquí y ahora que esta no es la primera vez que leo la magnífica obra del autor francés, es más, dicha confesión adquiere cierto tono de vergüenza al tener que afirmar que mi primera lectura del tebeo fue tan insatisfactoria que me llevó a cometer la "locura" de regalar los seis tomos que Glénat editara hace unos años. Pero claro, por aquél entonces se unían dos hechos que me no me dejaban apreciar la magnificencia con la que Loisel trata este prólogo a la inmortal obra de Barrie: por un lado la ceguera con el pijamismo, que aunque no me impedía acercarme tímidamente al cómic europeo, si que servía de seria traba para disfrutarlo plenamente; por el otro, y quizás con mayor peso, el que desde aquella lectura, hecha hace cuatro o cinco años, hasta ahora, servidor haya experimentado serios cambios en su vida, cambios que se han traducido en esa nueva forma de ver las cosas, de saber relacionar detalles aparentemente inconexos y poder sacar conclusiones de ellos.

El caso es que de una primera lectura de la que trascendió muy poco, y a la que no hubiera puntuado por encima del seis/siete, ahora me encuentro ante una obra que no llega al diez por un par de detalles que no terminan de cuajar, sin que ello suponga un estorbo para considerarla un trabajo sobresaliente. Antes de entrar en materia hay que pararse un instante para alabar el buen gusto de Glénat a la hora de editar en un sólo volumen los seis que en su momento se publicaron más el equivalente a un séptimo con una estupenda entrevista a Loisel, y decenas de bocetos, un material que siempre se agradece pero que resulta caro de ver impreso por estos lares.

Como primera impresión que me gustaría trasladar de este Peter Pan está el que sea una obra con múltiples capas de significado, tantas que una sola lectura sólo puede acaso arañar la primera, ya que Loisel, que afirma sin pudor ninguno haber elaborado el cómic por su pasión hacia la película de Disney y no hacia el libro de Barrie, que le parece anecdótico y poco conciso acerca de episodios fundamentales de la historia del niño que no quería crecer, escudriña con ahínco esos recovecos vacíos de contenido que le achaca a la novela, explorando ciertos momentos clave y abundando sobre todo en la compleja personalidad de Peter y, sobre todo, de Campanilla. El primero es un personaje que el francés transforma en algo fuera de lo común, desvistiéndolo de la inevitable carga de inocencia que tenía su homónimo disneyano y psicoanalizándolo casi como si fuera una persona real. Sólo así se explican esos traumas que le hace arrastrar, barridos por la peculiar idiosincrasia temporal de la Isla de Nunca Jamás, un lugar capaz de borrar cualquier recuerdo y al que es bastante fácil asimilar a ese mecanismo de defensa que tiene nuestra mente a la hora de afrontar un recuerdo cruento, suavizándolo con el tiempo hasta el punto de taparlo bajo capas de autodefensa. Por boca de Peter, Loisel vomita gran cantidad de diálogos que aparentemente carecen de sentido, frases que muchas veces se antojan inconexas y que quedan lejos de serlo, adquiriendo su razón de ser, conforme la lectura va tocando a su fin.

Y si el personaje de Peter es fascinante, entonces Campanilla se alza como la clara protagonista de la obra (no en vano es la que aparece en portada, si es que eso sigue queriendo resaltar algo) y la forma en que Loisel la trata no deja lugar a dudas de que este proyecto no podía haber caído en manos más hábiles. Enmudeciéndola por completo, como ya hiciera Disney en su filme, los actos del hada, descrita una y otra vez por boca de otros personajes como un ser caprichoso, celoso y maquiavélico en extremo, no tienen nada de casual y desde la elección de Peter como ese elegido que debe librarlos del pirata que acecha a los habitantes de la isla, al dramático acontecimiento que precipita todo el clímax final, el travieso personaje nunca para de hacer de las suyas siempre por ese amor incondicional que siente hacia su querido Peter, un amor que le hace cometer salvajes tropelías.

Pero no estaríamos siendo ecuánimes si sólo hablarámos de Peter y Campanilla, ya que lo pergeñado por Loisel tiene una clara vocación coral, sabiendo el artista, tanto a través de su magnífico trazo -deudor claro del mundo de la animación y poseedor de un storytelling y un uso del color que sólo pueden calificarse como brillantes - como por medio del guión, dotar de voz y entidad propia hasta al más pequeño de los personajes que pululan por la obra. De entre todos ellos merecen especial mención Garfio, por supuesto, un hombre amargado que se fue del mundo real mediante no se sabe muy bien que triquiñuela (atención a la revelación del quinto número, todo un hallazgo por parte de autor) y que ahora pasa sus días en su barco buscando la manera de conseguir el tesoro que guardan los habitantes de la isla y del que, como debe ser, nunca sabremos su contenido. También resaltan Rose, precursora clara de Wendy y motor silente de mucho de lo que pasa desde su aparición, el Doctor Kundal, otro de los engranajes fundamentales de la acción y fuente directa de inspiración para ese fantástico cuentacuentos que se supone es Peter o, en menor grado, la madre del protagonista, responsable primera del miedo del niño a crecer y convertirse en adulto.

Comentaba al principio que había un par de detalles que no terminan de cuajar una vez finalizada la lectura de la obra. El primero de ellos, y menor en importancia, es que muchas de las suposiciones que Loisel aventura acerca de cómo Garfio perdió la mano o cuál es la importancia del cocodrilo en la historia ya quedaron apuntadas tanto en el filme de Disney como en ese incomprendido producto que es el Hook de Spielberg. Cualquiera que las haya visto sabrá a que me estoy refiriendo cuando digo que el impacto de lo narrado por Loisel pierde algo de fuerza vista las cintas. El segundo es al que realmente cuesta dar una explicación plausible que apoye su inclusión en la historia: la aparición de Jack el Destripador. Si bien la época en la que Loisel centra la acción es la misma en la que el terrible asesino cometió sus crímenes, la intención del autor a la hora de incluirlo como personaje recurrente de la trama queda algo deslavazada. ¿Pretende ser un reflejo pervertido del personaje principal al pintarlo como un hombre que recurre al olvido para borrar sus crueles asesinatos, del mismo modo que se olvidan las cosas en Nunca Jamás?, ¿o quizás la intención del autor es que sirva como fiel reflejo de una condición humana que no se abandona aunque ya no se viva en el mundo real?. Sea como fuere no parece que su eliminación de la trama hubiese afectado ni al perfecto funcionamiento de la misma ni a la impresión última que nos deja, la de haber leído un cómic de esos que pasaran a la historia.

Sergio Benítez (190)

lunes, 22 de junio de 2009

Lo MEJOR de TUMBITA

Guión: Tunet Vila

Dibujo: Tunet Vila

Editorial: Non Stop! Comics

Formato: Libro Rústica. 80 Páginas

Precio: 6€

Calificación: 7.5/10

Bueno, tras la buena acogida que parece que tuvo mi primera reseña (¡cuánta gente sin criterio hay por ahí!) aquí estoy de nuevo.

Imaginad la situación: noche cerrada, cielo nublado, la luna en cuarto... menguante mismo, estás en un cementerio (¿Que por qué estás en un cementerio? A mí que me cuentas, el que ha ido allí eres tú, no yo...) y de repente oyes un crujido de ésos que te ponen los pelos de punta, se levanta la losa que tapa una tumba y... ¡¡Aparece un esqueleto cachondo!! Pero cachondo de cachondeo, no de los que tienen intenciones reproductivas...

Tumbita fue un personaje creado por Tunet Vila en los años 50, aunque no vió la luz hasta los... Espera, ¿para qué voy a trabajar si os puedo copiar el texto de la contraportada? Ahí queda éso:

"Tumbita es una de las tiras cómicas más recordadas por los lectores de cómic veteranos.
Este esqueleto pícaro y simpático fue creado por la enfermiza mente de Tunet Vila allá por los años 50, pero tuvo que permanecer enterrado hasta 1970, cuando la editorial Vértice decidió publicarlo como complemento de sus colecciones de superhéroes Marvel. Y así comenzó una larga carrera; más de 300 tiras durante 10 años.
Non Stop! Comics recupera una cuidada selección de Tumbita para el primer volumen de la colección de humor gráfico No Lo Pillo.
El humor negro y el absurdo son el argumento para las aventuras de un muerto que se busca la vida como puede. Ojalá os muráis de risa."

"Estoy loca por sus huesos" -- M. Monroe

"Cuando me muera quiero ser como él" -- G. Marx

Buff, agotado estoy de darle a copiar y pegar. Me tomo un Redbull y seguimos...

Yo descubrí al personaje en mi tierna infancia en las contraportadas de La Tumba de Drácula. Y, aunque el tomo editado por Non Stop! es en blanco y negro, yo siempre he recordado al personaje en blanco y azul. Y es que, por motivos que desconozco se publicaba con el azul sustituyendo al negro. Son de esas cosas que te acuerdas, pero entonces ni tenías la edad ni existían los medios como para averiguarlo.

En cuanto a ¿qué os vais a encontrar en el tomo?, pues ración doble de chiste por página (esto en cristiano es dos por hoja) prácticamente mudos a excepción de algún titular de prensa que lee el protagonista. Algunos son de humor absurdo, otros de humor negro, quizá unas gotitas de humor verde, pero definitivamente HUMOR. Y aunque tiene ya el medio siglo sobrepasado, los gags siguen funcionando sin problema hoy en día.

Completa el tomo una entrevista con el autor y un dibujo hecho para la ocasión.

Y ahora vamos a ser malos malosos y contaremos la parte negativa. Es mudo, con dos gags por página, y cuando te quieres dar cuenta ya lo has devorado. ¡¡Le faltan hojas!! Y no porque se despeguen como en los tomos de otras editoriales, precisamente...

Si nos dicen que tuvo 300 tiras en 10 años y aquí tenemos ochenta y pico páginas... ¿dónde están las ciento y pico tiras que faltan? Una lástima que hayan pasado cuatro años desde la edición del tomo y no haya aparecido un segundo con el resto del material. ¿Será porque está extraviado? ¿Serán las ventas? ¿Será que escribo esta reseña cuatro años tarde porque ya mismo vais a ir todos cagando leches a vuestra librería a comprar el tomo? ¿Quién sabe..?

Bueno, ya llevamos dos reseñas de "humorismo". Para la siguiente habrá que cambiar el chip. ¿Que tal un cómic porno y poniendo muchas imágenes en la reseña? (no creo que lo haga, pero así nos aseguramos la audiencia, ¿no, jefe?)

Saludos!

Nacho (2)

MISTIGRI

Guión: Chris Stygryt

Dibujo: Nacho Casanova

Editorial: Ediciones de Ponent


Formato: Libro Rústica. 133 Páginas


Precio: 15€

Calificación: 6.5/10

¡Ah, los recuerdos de la infancia!. Aquellos días de colegio en los que las horas pasaban volando mientras estudiabas casi por inercia deseando terminar para jugar con los Madelman o los Clicks de Famobil. Aquellos días de verano en los que uno se reencontraba con sus amigos estivales y deseaba, ante todo, que las tardes nunca tuvieran fin, entre juegos de policías y ladrones, escondites, o balón prisionero.

Jugar a recordar todo eso siempre entraña sus riesgos, sobre todo cuando, ya siendo adulto, descubres al recordar que muchas veces no todo era tan bucólico como nos hemos esforzado en pintarnos a lo largo de nuestro crecimiento. Jugar a escribir un cómic que se basa principalmente en los recuerdos fragmentados de una niñez que tuvo lugar hace más de treinta años, y hacerlo además intentando reconstruir ésta a través de fotografías dispersas, es toda una hazaña. Que además el cómic sea de carácter universal, dando igual que su autor sea francés, con todas las diferencias culturales que ello implica, es digno de alabanza.

El problema es que, al margen de la forma tan simple, directa y honesta con la que Stygry se dirige al lector y que es la que aporta ese sentido de universalidad, la narración fragmentada no ayuda a que la empatía hacia él (o al menos hacia su "él" de pocos años) se consiga al cien por cien, sobre todo cuando ésta vira hacia temas muy personales, como cuando plasma la manera en la que vivió la separación de sus padres. Ello termina jugando bastante en contra de un tebeo que se inicia de forma inocente, casi casual, con Titú (su apodo de infante) jugando a andar por encima de una de las líneas que delimitan el campo de fútbol de su colegio (¿quién no lo ha hecho de pequeño?) y que, acto seguido, comienza a forjar, página tras página, ese carácter desestructurado del que antes hablaba. Así, a lo largo de las ciento treinta y tres páginas que componen el volumen, y aunque el guionista hace el esfuerzo consciente de presentar las anécdotas en orden cronológico, uno no puede evitar una normal sensación de pérdida, ya que nuestras neuronas intentan hilar los saltos temporales con suposiciones que, probablemente, son de todo punto incorrectas.

En la parte gráfica Nacho Casanova cumple sin estridencias con un dibujo de trazo suelto y desenfadado que sabe cómo caracterizar a los personajes y ser solvente al mismo tiempo en la fluidez narrativa, siendo especialmente destacables del conjunto las páginas dedicadas a una pesadilla recurrente del guionista, en las que el español trastoca el orden "natural" de tinta sobre papel blanco para, con el lienzo en negro, insinuar con tinta blanca lo que acechaba a Stygryt por las noches, esas noches que nunca eran lo suficientemente cortas como para permitir que toda nuestra infancia fuera un juego continuo.

Sergio Benítez (189)