Dibujo: Daniel Torres
Editorial: Norma
Formato: Libro Cartoné. 280 Páginas
Precio: 24€
Calificación: 9/10
La verdad es que cuando vi publicitado este Burbujas no me senti para nada atraído por el. Lo que son los prejuicios. Ya he dicho que no había leído nada de Torres antes, pero si había hojeado por encima algo de Roco Vargas y no he había hecho mucha gracia. Es por ello que la presente novela gráfica se habría quedado durmiendo el sueño de los justos en la tienda sino fuera por mi maldita costumbre (¡bendita costumbre! a decir verdad) de echar aunque sea un rápido vistazo a las novedades semanales cuando ayudo a Inma, la propietaria de la tienda en la que adquiero todos mis tebeos, a sacarlos de la cajas y colocarlos. Así fue como me encontré, en tan sólo cuestión de segundos, de estar pasando las páginas del tomo a estar diciéndole a Inma que me lo dejara reservado ya que ese día iba bien servido con más de cuatro volúmenes bajo el brazo.
Comenzada la lectura fue tanto el nivel de implicación que no tuve más remedio que acabarla de una sentada. ¡280 páginas del tirón!. No me ocurría eso desde.....sinceramente, no lo recuerdo, al menos no con tantísimas páginas de por medio. La narración de Torres comienza con un hombre de mediana edad, esa mediana edad que al parecer tanto tememos los de nuestro género, hablando consigo mismo delante de un acuario. Tal presentación no es ni casual ni mucho menos excéntrica como poco después nos explicara el artista por boca de Ramón. Decidido a variar el errático rumbo de su vida, Ramón ha tomado la determinación de exorcizar sus demonios hablando en voz alta delante de los impasivos peces que nadan en su prisión de cristal. Nada más empezar Torres nos da una bofetada en la cara con una cruel metáfora de la sociedad, y de ahí en adelante el valenciano dedica sus esfuerzos durante el resto de la lectura a viviseccionar el mundo en el que vivimos sin tener en cuenta convencionalismos de ningún tipo. Consciente de que ha creado a un personaje con el que es muy sencillo empatizar, el artista lo dota de un singular discurso que juega de forma constante a que Ramón se vea a si mismo ora como Robert Mitchum en cualquiera de sus famosos papeles (la referencia a La Noche del Cazador es simplemente magistral), incluso manteniendo una conversación con John Wayne, para cuyos Centauros del Desierto se guarda también otro momentazo, ora como el burro que todo somos alguna vez en nuestras vidas. Haciendo que su protagonista hable, no sólo con él mismo ni con los peces, sino que mantenga conversaciones con sus desaparecidos padre y tío, Torres habla a nuestra nostalgia y pone de relieve el fundamental protagonismo que nuestros mayores tienen en nuestras vidas para bien o para mal, incluso cuando ya no están.
Lo mejor de Burbujas, y lo que en esencia consigue que sea una lectura tan fascinante, es que el guionista y dibujante no se limita a disertar sobre lo divino y lo humano desde una posición de ventaja con respecto al espectador, sino que habla al mismo de tú a tú, partiendo por supuesto de la asunción de que este es poseedor de cierta cultura, y poco a poco va haciendo que el lector se sumerja en revisar ciertos topicazos de la cultura universal revestidos de un sentido del humor tan caústico y corrosivo que resulta imposible no reirse. A este respecto son brillantes las láminas (lo del síndrome de Sísifo no tiene nombre) y, sobre todo, esa visualización del eterno conflicto entre hombres y mujeres visto desde las trincheras de una batalla cualquiera y con los símbolos de ambos sexos sustituyendo los anónimos rostros de los combatientes. Se me acaban los epítetos que dedicarle a tan impresionante obra, así que os dejo aquí, con la miel en los labios, para que seáis vosotros los que la descubráis como yo ya he hecho y lo hago consciente de que me dejo comentar la magnífica labor de Torres a los lápices......









