miércoles, 6 de mayo de 2009

BURBUJAS

Guión: Daniel Torres

Dibujo: Daniel Torres

Editorial: Norma

Formato: Libro Cartoné. 280 Páginas

Precio: 24€

Calificación: 9/10

Para ser la primera vez que leo algo de Daniel Torres tengo que admitir que, como dirían los yanquis, "has blown my mind away". ¡Menudo cómic!, intenso, imaginativo, visualmente fascinante y tan realista que, casi da igual la edad que tenga uno, es imposible evitar sentirse identificado con el singular protagonista en algún momento de la narración. Pero me estoy apresurando, vayamos con más calma que no quiero dejarme nada en el tintero y la emoción me puede.

La verdad es que cuando vi publicitado este Burbujas no me senti para nada atraído por el. Lo que son los prejuicios. Ya he dicho que no había leído nada de Torres antes, pero si había hojeado por encima algo de Roco Vargas y no he había hecho mucha gracia. Es por ello que la presente novela gráfica se habría quedado durmiendo el sueño de los justos en la tienda sino fuera por mi maldita costumbre (¡bendita costumbre! a decir verdad) de echar aunque sea un rápido vistazo a las novedades semanales cuando ayudo a Inma, la propietaria de la tienda en la que adquiero todos mis tebeos, a sacarlos de la cajas y colocarlos. Así fue como me encontré, en tan sólo cuestión de segundos, de estar pasando las páginas del tomo a estar diciéndole a Inma que me lo dejara reservado ya que ese día iba bien servido con más de cuatro volúmenes bajo el brazo.

Comenzada la lectura fue tanto el nivel de implicación que no tuve más remedio que acabarla de una sentada. ¡280 páginas del tirón!. No me ocurría eso desde.....sinceramente, no lo recuerdo, al menos no con tantísimas páginas de por medio. La narración de Torres comienza con un hombre de mediana edad, esa mediana edad que al parecer tanto tememos los de nuestro género, hablando consigo mismo delante de un acuario. Tal presentación no es ni casual ni mucho menos excéntrica como poco después nos explicara el artista por boca de Ramón. Decidido a variar el errático rumbo de su vida, Ramón ha tomado la determinación de exorcizar sus demonios hablando en voz alta delante de los impasivos peces que nadan en su prisión de cristal. Nada más empezar Torres nos da una bofetada en la cara con una cruel metáfora de la sociedad, y de ahí en adelante el valenciano dedica sus esfuerzos durante el resto de la lectura a viviseccionar el mundo en el que vivimos sin tener en cuenta convencionalismos de ningún tipo. Consciente de que ha creado a un personaje con el que es muy sencillo empatizar, el artista lo dota de un singular discurso que juega de forma constante a que Ramón se vea a si mismo ora como Robert Mitchum en cualquiera de sus famosos papeles (la referencia a La Noche del Cazador es simplemente magistral), incluso manteniendo una conversación con John Wayne, para cuyos Centauros del Desierto se guarda también otro momentazo, ora como el burro que todo somos alguna vez en nuestras vidas. Haciendo que su protagonista hable, no sólo con él mismo ni con los peces, sino que mantenga conversaciones con sus desaparecidos padre y tío, Torres habla a nuestra nostalgia y pone de relieve el fundamental protagonismo que nuestros mayores tienen en nuestras vidas para bien o para mal, incluso cuando ya no están.

Lo mejor de Burbujas, y lo que en esencia consigue que sea una lectura tan fascinante, es que el guionista y dibujante no se limita a disertar sobre lo divino y lo humano desde una posición de ventaja con respecto al espectador, sino que habla al mismo de tú a tú, partiendo por supuesto de la asunción de que este es poseedor de cierta cultura, y poco a poco va haciendo que el lector se sumerja en revisar ciertos topicazos de la cultura universal revestidos de un sentido del humor tan caústico y corrosivo que resulta imposible no reirse. A este respecto son brillantes las láminas (lo del síndrome de Sísifo no tiene nombre) y, sobre todo, esa visualización del eterno conflicto entre hombres y mujeres visto desde las trincheras de una batalla cualquiera y con los símbolos de ambos sexos sustituyendo los anónimos rostros de los combatientes. Se me acaban los epítetos que dedicarle a tan impresionante obra, así que os dejo aquí, con la miel en los labios, para que seáis vosotros los que la descubráis como yo ya he hecho y lo hago consciente de que me dejo comentar la magnífica labor de Torres a los lápices......

Sergio Benítez (157)

martes, 5 de mayo de 2009

36-39: MALOS TIEMPOS

Guión: Carlos Giménez

Dibujo: Carlos Giménez

Editorial: Glénat

Formato: 4 Álbumes Cartoné. 56/64 Páginas

Precio: 15€ c/u

Calificación: Obra Maestra

Por ese azar del destino que hace que uno nazca en una fecha y no otra, y en una familia y no otra, la vida quiso que servidor fuera alumbrado entre una de "rojos" y otra de "fachas". Por parte materna, mis abuelos sufrieron la Guerra Civil en el bando de los perdedores y nada menos que en Marruecos, teniendo que huir con lo puesto de la noche a la mañana de la parte española a la francesa cuando en España los rebeldes daban el golpe de estado. Por parte paterna la historia es precisamente todo lo contrario ya que mi abuelo, militar de carrera, se pasó la Guerra matando en diversos frentes españoles y fue uno de los "elegidos" por Franco para formar parte de la División Azul que éste envió al frente ruso como apoyo a los nazis. Y entre medio de unas y otras historias quedo yo, antibelicista convencido y, por si no resulta obvio, mucho más cercano a las historias de hambre, muertes absurdas y miedo de mi abuelo materno que las de gloria, grandeza de España y las afirmaciones de "con Franco se vivía mejor" que alguna vez que otra llegué a escuchar en casa de los padres de mi padre.

De esto se desprende, y no hay que ser muy despierto para darse cuenta, que con tan sólo unas páginas leídas, Carlos Giménez me había ganado por completo con su última y magistral obra, un relato intenso, crudo, descarnado y lamentablemente realista de lo que fueron los tres años durante los que se prolongó la Guerra Civil. A través de las brillantes páginas con las que el autor de Paracuellos llena los cuatro volúmenes estupendamente editados por Glénat, tenemos la oportunidad de acercarnos casi como si estuviéramos allí, a treinta y tres meses que cambiaron la faz de nuestro país durante cerca de cuarenta años. Y lo hacemos a ras de la calle, algo a lo que el autor ya nos tiene acostumbrados en obras como Barrio o Los Profesionales pero que aquí, en Malos Tiempos, cobra una singular importancia mostrando la Guerra como una herramienta despreciable que sólo sabe sacar a la luz lo peor del ser humano. Para ello, Giménez se vale de una familia corriente de ideología izquierdista que sirve al autor para poner de relieve las miserias que los madrileños, como foco sobre el que se centraron desde un principio las miras del generalísimo, tuvieron que vivir durante los constantes bombardeos que día tras día asolaron la capital durante el conflicto.

Sabedor de que tiene muchas historias que contar, el artista madrileño evita estructurar los cuatro volúmenes a través de una continuidad que hubiera lastrado la lectura de forma innecesaria, provocando así que las muchas "anécdotas" (todas ellas reales) que quedan plasmadas en las páginas de Malos Tiempos se sujeten a una semblanza argumental en cada uno de los tomos. Así, el primero se adentra en los inicios del conflicto y muestra de manera desnuda, sin florituras ni concesiones, los absurdos asesinatos que se cometieron desde ambos bandos. A partir de ahí, y con la clara intención de no hacer ninguna concesión hacia la galería, Giménez va trazando un recorrido brutal por el hambre, los bombardeos y el final de la guerra con los comienzos del franquismo, reflexionando sobre cada uno de dichos "momentos" a través de esa voz de la razón que resultan ser Marcelino y su esposa, esa suerte de protagonistas que ven pasar la guerra casi como meros espectadores y sin poder hacer nada al respecto.

Como el autor bien dice en su también magnífico epílogo del tercer volumen, Malos Tiempos intenta ser lo más neutral posible, algo que no lleva implícito que el autor no tenga clara su posición, antes bien, esta rezuma de forma cristalina por los cuatro costados de cada tomo, quedando claro que la libertad, la condena al conflicto, a los que lo provocaron y alimentaron y a aquellos que oprimieron al pueblo español durante tantas décadas es el motor principal que mueve a Giménez a dejarse la piel en cada plancha de las que componen la magna obra. Como si de un Goya transfigurado en dibujante de tebeos se tratara (algo que ya Antonio Martín apunta en sus magníficos textos introductorios), las estampas negras que el artista traza con cruel precisión en las páginas de 36-39 contemplan desde su parcialidad la totalidad de lo que los ciudadanos de a pie tuvieron que vivir durante esos oscuros años y en este sentido, hay historias en los tomos para todos los gustos: desde aquellas en las que el autor saca a florecer el humor negro y amargo que trascendía en muchas de las páginas de Paracuellos, hasta el dolor y el drama más intenso que uno pueda imaginarse, perteneciendo a esta última tendencia las dos mejores historias (y esto es mucho decir pues todas son magistrales) de cuantas trufan la lectura; Sito, que cierra provocando desconsoladas lágrimas en este lector el segundo tomo, y Tisis, que pone punto y final al cuarto.

Superado muchas veces por la intensidad de lo que tiene que contar, no debe resultar extraño al lector familiarizado con la obra del madrileño el encontrarse que Giménez, durante la intensa experiencia que supone devorar los cuatro volúmenes, afea en extremo sus dibujos, desfigurando a sus personajes para hacer así más cercanos los horrores de una Guerra que nunca hubo de tener lugar (¿y cuál no lo fue?). Que Carlos Giménez se merece el Príncipe de Asturias de las Artes es algo para lo que esta humilde recomicdación no es necesaria: su papel fundamental en la historia del tebeo español, la grandeza de lo que durante años ha contado en todas sus series de carácter biográfico, y el hecho de que 36-39: Malos Tiempos sea una Obra Maestra del noveno arte son sólo pequeños apuntes que deberían servir para que al autor se le reconociera desde las más altas esferas de la "cultura" española un título que, para aquellos que lo admiramos, ya tiene más que ganado.

Sergio Benítez (155)

lunes, 4 de mayo de 2009

El PEREGRINO de las ESTRELLAS

Guión: Carlos Trillo

Dibujo: Enrique Breccia

Editorial: Doedytores

Formato: Libro Rústica. 144 Páginas

Precio: 12€

Calificación: 8/10

Que Argentina es la cuna de autores e historietas de calidad incuestionable es algo que los muchos trabajos que han llegado a nuestro país de allende los mares demuestran una y otra vez. Es por ello que la oportunidad que ahora brinda Doedytores de hacerse con ciertas obras completas que en su día vieron la luz en España de forma irregular es una ocasión que no debería dejarse pasar.

En el caso que nos ocupa, y según recordaba vagamente mi suegro (persona a la que hay que acudir cuando se tienen ciertas dudas acerca de cualquier dato que concierna a la publicación de tebeos en nuestras tierras) El Peregrino de las Estrellas fue editado por estos lares como historietas sueltas dentro de la revista Comix Internacional, o al menos eso es lo que el padre de mi mujer llegaba a barruntar. Nada que ver con la novela homónima de Jack London, la aparición original de la obra de Trillo y Breccia data de finales de los setenta y, según parece por los comentario que he podido leer por la red, llevaba largo tiempo inencontrable. Re-editada ahora dentro de la colección Biblioteca MP de Novela Gráfica con el número 3 - los 1 y 2 están dedicados a Gigamesh el Inmortal de Lucho Olivera y El Loco Chávez de Trillo y Altuna, el 4 a El Día del Juicio de Barreiro y Solano López- podemos disfrutar de un tebeo preñado de imaginación por parte de los guiones de Trillo al tiempo que dejarnos atrapar por el portentoso dibujo de un estupendo Enrique Breccia.

El argumento del tomo sigue a tres personajes, el capitán de un navío, su timonel y un grumete cuando su embarcación es absorbida por una especie de agujero negro en medio del mar. Por él, el barco y sus tres tripulantes llegan a un universo paralelo donde vivirán mil y una aventuras. La introducción del volumen hace mención al Moby Dick de Melville y a Joseph Conrad como claras influencias de Trillo a la hora de escribir El Peregrino de las Estrellas, y aunque estoy bastante de acuerdo con la segunda (y un poco menos con la primera) creo que la lectura deja entrever de forma bastante obvia el hecho de que Homero y su Odisea también tienen mucho que decir en el constante errar de los personajes y cómo van calando de mundo fantástico en mundo fantástico. De hecho, sino fuera porque es anterior a ella, diría que la reimaginación de la obra homérica en Ulises 31 también tiene mucho que decir. Sea como fuere, Trillo insufla todo su buen hacer a unos personajes parcamente descritos (tampoco hace falta mucho más) pero con un gran carisma y, sobre todo, a una sucesión de aventuras a cada cual más imaginativa. Por citar sólo una de las doce que completan el volumen (aunque no terminan la historia, que es de suponer quedo inconclusa), me quedaría con Uno Para Todos, de genial humor agridulce. Por su parte, Breccia traslada a las imágenes de forma precisa e igualmente imaginativa lo que el guionista va dictando, haciendo gala de un trazo detallista cuando así es requerido y rápido cuando el detalle no es necesario, aportando esta versatilidad a la lectura una agilidad tremenda a la que no es ajena su estupendo storytelling y la innata habilidad del argentino a la hora de usar los blancos y negros de forma magistral.

Huelga decir que tanto entretenimiento y calidad por tan exiguo precio deberían ser compra obligada para todo aquél que se de de bruces con el presente tomo en su tienda de cómics (que fue lo que me pasó a mi). Con ganas de encontrar los dos primeros citados más arriba, y pendiente de lectura el cuarto, el deseo es que Doeytores sigan recuperando material clásico de la historieta argentina para que podamos disfrutar de tantos y tantos trabajos que nunca vieron la luz en nuestro país.

Sergio Benítez (154)

viernes, 1 de mayo de 2009

LOBEZNO: ARMA X


Guión y Dibujo : Barry Windsor-Smith

Editorial: Panini

Formato: Cartoné. 144 Páginas

Precio: 15.95€

Calificación: 9.5/10

Desde que el hombre es hombre y los seres humanos pululan por este mundo en libre albedrío siempre se han movido impulsados por un sentimiento de curiosidad que muchas veces ha significado problemas. Queremos saber. Es algo innato, al menos en la mayoría de las personas.

Ni que decir tiene que esa sed de conocimiento nos trae de cabeza a nosotros, oh pobres seguidores de series, películas y tebeos. ¿Qué pasa en la isla de Perdidos? ¿Dejarán de correr algún día los hermanos Scofield? ¿Quién es Lobezno y que pasó realmente en Canadá?

Para saber las respuestas a estas preguntas toca esperar poco, mucho y a saber. Como habrán deducido las dudas acerca de Lobezno son las que permanecerán en el limbo hasta vaya usted a saber o Quesada quiera.

Corría el año 1991 cuando Marvel dio carta blanca a Barry Windsor-Smith para que hiciera un serial de ocho páginas mensuales bajo la cabecera Marvel Comics Presents. La finalidad no era otra que dar y explicar un origen al personaje más carismático de la franquicia mutante.

¿Y lo hizo? Bueno, sí y no. Sí, porque la historia de la que Smith es autor completo nos cuenta como el adamantium llega al cuerpo de Logan. Un guión plagado de trampas y dobles sentidos, de una crudeza, salvajismo y oscuridad como pocas veces se ha visto en los coloridos tebeos mutantes. Y no, porque como buen guión, responde algunas preguntas pero deja en el aire otras tantas, quizás para ser aprovechadas en un futuro.

La Marvel de Quesada movió ficha y hace algunos años publicó Lobezno: Origen. Un guión que bien podría ser Cumbres Borrascosas anotado por Corín Tellado. ¿Solucionaba algo? Sí y no. Sí, porque…bueno ya se pueden hacer una idea. Y es que gran parte del carisma que posee el mutante de las garras se basa precisamente en ese pasado desconocido y misterioso del que nos van brindando pequeñas y confusas dosis. Para qué destrozar la gallina de los huevos de oro. Marvel pensará que mientras tengan a Lobezno en su serie mensual, en Origins, en los Nuevos Vengadores, en Astonishing X-Men y en toda serie que se ponga por delante y encima les resulte rentable, para que cambiar ese status.

En cuanto a la serie que hoy nos toca, Arma X, poco que decir. Una autentica obra maestra. Windsord-Smith tocó techo con un guión que nos muestra a un Logan salvaje, movido por sus instintos más primarios. Muertes, desmembramientos por doquier, litros y litros de sangre, muchos cables y tecnología punta en un experimento medio controlado y que intentará esclarecer incógnitas planteadas hace bastante tiempo.

La habilidad de Smith a los lápices queda patente desde la primera página. Madre mía, menudo despliegue de buen hacer que se marca el tipo. La sordidez, frialdad, ambiente malsano y despiadado del laboratorio está perfectamente retratado en cada viñeta. Una autentica maravilla visual que no ha llegado a superar en sus obras posteriores.

Desconozco si el inminente film se basará, o al menos, aprovechará algunas de las cuestiones planteadas en esta serie. Si el director es inteligente algo picará de aquí. Y si no, pues toca esperar, aunque como ya he dicho un poco más arriba no se si nosotros lo veremos, quizás nuestros hijos, o los hijos de nuestros hijos o los hijos de los hijos de…

Marione (2ª época #2)

jueves, 30 de abril de 2009

LOBEZNO. ¡SEDIENTO de SANGRE!


Guión: Peter David

Dibujo: Sam Kieth

Editorial: Forum

Formato: Tomo Rústica. 104 Páginas


Calificación: 6/10


Andaba Forum liada con los fastos de su décimo aniversario cuando un pipiolo con algo de acné y mucha curiosidad por comprobar si había algo más de vida en los tebeos al margen de Astérix, Tintín, Mortadelo (y cía.) y Superlópez se aventuraba a comprar un tomito de un llamativo color rojo con un tío peludo, desnudo y con seis garras que daban bastante susto. El pipiolo, ocviamente (que dirían Les Luthiers) era un servidor. El tebeo, Lobezno ¡Sediento de Sangre!.

Así es, queridos lectores, este tebeo, junto con algunos otros que ahora mismo no recuerdo (o más bien no quiero recordar) supuso mi puerta de entrada al mágico mundo de La Casa de las Ideas...al menos de forma oficial (oficiosamente había leído algo de Spider-man y La Masa siendo un tierno infante). En los diecisiete años que han transcurrido desde entonces el recuerdo de lo pergeñado por David y Kieth se mantenía tan imborrable como en alta estima, por lo que cuando Mario y el que suscribe comenzaron a pensar las recomicdaciones que irían incluidas en este especial dedicado a Lobezno, no tuve duda alguna de que ¡Sediento de Sangre! tenía que formar parte de la selección. Ello me iba a permitir volver a valorar, con la experiencia acumulada de estos años, si aquello que en mi juventud tanto me había impactado seguía conservando algo de lo que en su momento pude apreciar.

Por más que me pese, la calificación obtenida es un dato que habla por si sólo, respondiendo sin atisbo de dudas a mis preguntas: un tebeo que en su momento habría superado fácilmente el notable hoy se escapa por los pelos del aprobado justito. ¿Y a qué es debido esto?. Principalmente al guión de David. A ver, teniendo en cuenta que la historia en este tomo recopilada fue editada en su forma original como parte de ocho números del Marvel Comics Presents, tampoco esperaba encontrarme con un guión a la altura de otros trabajos del escritor, pero sí un relato que hiciera justicia al grato recuerdo que guardaba de él y que, a la postre, no llega a pasar de la anécdota descomprimida. Y es precisamente esto último, una característica que cada vez aborrezco más, lo que me habría sacado por completo de la lectura de no haber sido por un pequeño gran detalle, el dibujo de Sam Kieth.

Aquí sí que mis recuerdos no se equivocaban al valorar tanto la labor del artista de Maxx o Epicurus: con un gusto casi psicótico por el detalle y un juego en la composición de página que en no pocas ocasiones recuerda al gran Eisner y su Spirit, Kieth concreta con esta historia de Lobezno uno de sus trabajos más profusos en lo visual, preludio inequívoco de lo que después podríamos verle en la alucinógena Maxx.

Queda aquí pues testimonio de que en muchas ocasiones es recomendable dejar que la memoria guarde los recuerdos que quiera acerca de lecturas o películas (no volváis a ver Una Pandilla Alucinante) que recordamos con cariño. Es preferible eso que pasar por el mal trago de pensar que, o no tenías gusto hace una veintena de años, o tus filias han evolucionado de tal manera que no serías capaz de reconocerte de joven si te llamaras Marty McFly y pudieras encontrarte contigo mismo en el pasado.

Sergio Benítez (153)

miércoles, 29 de abril de 2009

WOLVERINE: LOGAN


Guión: Brian K.Vaughan

Dibujo: Eduardo Risso

Editorial: Marvel

Formato: Premiere HC. 112 Páginas

Precio: $19.99

Calificación: 7/10

Con la edición de Origin parecía que Quesada abría por fin la veda para empezar a contar la oscura vida de un personaje al que ya se le había puesto fecha de nacimiento. La realidad, no obstante, fue bien diferente y no se produjeron cambios sustanciales en el personaje hasta el evento de Civil War. Fue entonces, con un Lobezno recuperando de golpe todos sus recuerdos, cuando Marvel decidía que ya era hora de llenar los huecos dejados tras treinta años de personaje. Nacía así Wolverine: Origins, una serie regular auspiciada por Daniel Way y Steve Dillon que abundaría sobre detalles nunca contados del canadiense.

Como ya he dicho no pocas veces, he terminado agotado al intentar seguir ciertas colecciones hasta sus últimas consecuencias. Es por ello que mis contactos con la regularidad de los universos de DC y Marvel se limiten a proyectos autoconclusivos en los que los requerimientos acerca de conocimientos de continuidad sean mínimos. La miniserie que nos ocupa entraba de lleno en este concepto (y se alejaba de la citada Origins, de la que sólo me leí los seis primeros números) y teniendo en cuenta los nombres que estaban al frente, no dudé ni un segundo a la hora de pedírmela por Previews.

Brian K.Vaughan es uno de los pocos guionistas que sigo haga lo que haga, como ya he comentado alguna vez por aquí. Con la clara intención de concretar una historia que se pudiera leer de forma aislada, los planteamientos de Vaughan de cara a Logan son muy similares a los que Claremont y Miller desarrollaron en su mítica miniserie allá por los ochenta. Así, Vaughan narra una historia centrada en Japón para mostrarnos el momento en el que nuestro mutante favorito se hizo hombre. Esta frase publicitaria, demasiado exagerada, esconde una historia que el guionista estructura en dos tiempos diferentes, la Segunda Guerra Mundial y el presente.

La segunda línea temporal es tan sólo una excusa para que Vaughan desarrolle, aunque muy brevemente dada la exigua duración de la miniserie, lo que realmente le interesa, una historia de encuentros y pérdidas que ya hemos leído mil veces en otros tantos tebeos, pero no por ello deja de funcionar a la perfección. Eso sí, una vez consumida en poco más de veinte minutos, la sensación que el guión deja en el lector es que este era un proyecto cuyas necesidades superaban ampliamente las setenta y dos páginas en las que queda constreñido, quedándose al final en un quiero y (casi) no puedo.

Afortunadamente ahí está el gran Eduardo Risso para suplir las carencias de lo que Vaughan no llega a ofrecer. El argentino, maestro de las sombras y un narrador consumado (como ya ha demostrado por activa y por pasiva en esa gran obra que es 100 Balas), ofrece en Logan todo un recital de buen hacer a los lápices y las tintas, una labor que queda complementada a la perfección por la correcta paleta con la que Dean White perfila pasado y presente.

Como tebeo de mutantes Logan se alza por encima de lo que normalmente podemos encontrar en las aburridísimas series X (menos los New X-Men de Morrison y los Astonishing de Whedon, claro está). Como tebeo a secas no pasará a la historia como piedra angular del personaje, tan sólo como un entretenimiento de rápido consumo, algo a lo que Marvel nos tiene ya más que acostumbrados.

Sergio Benítez (152)

martes, 28 de abril de 2009

LOBEZNO: HONOR


Guión: Chris Claremont

Dibujo: Frank Miller

Editorial: Panini

Formato: Cartoné 96 Páginas

Precio: 14,95 €

Calificación: 8/10

Anda que no me he echado yo buenas risas con los colegas discutiendo el número de películas en las que sale el bueno de Christopher Lambert portando una espada. Da igual que sea una katana, una espada bastarda a dos manos o un abrecartas. Desde que protagonizó en su día Los Inmortales parece que se ha encasillado "un poco" en el papel de espadachín. Algo parecido ocurre con Frank Miller: si a las espadas de marras añadimos un buen puñado de ninjas y samuráis, un entorno como Japón, que siempre viene bien, y para rematar la jugada, sumamos un código de honor que hay que seguir a rajatabla, tendremos entretenimiento seguro.

Desempolvé mis ejemplares del coleccionable de Planeta para acometer una nueva lectura del Lobezno:Honor. Y he de confesar que no recordaba una historia tan entretenida como la que me he encontrado.

Vayamos por partes. No podíamos esperar otra cosa del guionista de Honor. Nada menos que Papá Claremont. Si alguien ha sabido dotar de personalidad a los mutantes, y en especial al enano canadiense de malas pulgas, ese ha sido él sin lugar a dudas. Para Honor, el escritor teje una interesantísima historia plagada de ninjas de La Mano, traiciones y amor verdadero, sí, sí, amor, que con Claremont las cosas eran distintas. Épica y heroicidad campan a sus anchas por cada una de las páginas de la miniserie.

El apartado gráfico corre a cargo de un primerizo Frank Miller, que nos ofrece un auténtico recital de buenas, qué digo buenas, de excelentes ideas rematadas de manera torpe y tosca. Que nadie se vaya a llevar las manos a la cabeza. Por este blog ya se ha dicho por activa y por pasiva que Miller es un excelente narrador, con unas composiciones de páginas bastante llamativas y espectaculares, pero su mediocridad a los lápices siempre ha sido tapada por buenos entintadores (Klaus Janson) o trucos de luces y sombras (Sin City). Honor no iba a ser menos, y hay tanto de lo uno como de lo otro.

Recomicdadísima lectura este Lobezno: Honor, que aún datando de 1982 no ha envejecido nada mal. Al fin y al cabo sólo hay que echar un vistazo al presente de todo lo relacionado con la miniserie para echarse a llorar: Claremont no consigue ni a la de tres llegar a las cotas ochenteras que él mismo marcó; de Miller mejor ni hablamos que ya tiene lo suyo con el truño de Spirit y está más perdido que el barco del arroz, y no digamos Lobezno, que anda repartido en unas dieciocho colecciones mensuales, título arriba o abajo. Sí, somos pesaditos con la misma cantinela, pero es que ya no se hacen tebeos pijameros como los de antes, y esto os lo digo por la gloria de mi madre, que quizás no sea el código de honor al que tanto apela Miller, pero a mi me suena mucho mejor.

Marione (2ª Época #1)