YOU'RE NOW ENTERING RECOMICLAND...now with only one recomicdatorCorren tiempos aciagos para la blogosfera.
Aprovechando su última visita a Algeciras, Mario, haciendo gala de la enorme humildad que le caracteriza, me comunicaba con un gran pesar que abandonaba el blog, una noticia que sin ser esperada, si que me resultaba de todo punto lógica, ya que algunas de las sensaciones que comentaba mi compañero ayer acerca de la "presión" (autoimpuesta en todo momento) de tener que recomicdar cada vez que se termina un lectura es algo que puede llegar a cansar.
Por lo que a mi respecta, mientras el tiempo me lo permita (a las ganas las tengo muy educadas desde hace años) seguiré con el mismo ritmo de actualización, esto es, diario de lunes a viernes. En cuanto vea que me es imposible continuarlo, desaceleraré a tres semanales. Así que despreocupaos, que por ahora no os dejaremos huérfanos de recomicdaciones.
En cuanto a ti, Mario, hago aquí público lo que ya te he dicho unas cuantas veces, esto es tan criatura tuya como mía, y aquí seguirá en cuanto quieras volver a ella. Hasta entonces,
Nuff Said!.

Guión: Alan Moore
Dibujo: Dave Gibbons
Editorial: DC
Formato: Slipcase HC. 464 Páginas
Precio: $75.00
Calificación: O.M.
Antes de comenzar con nuestra recomicdación de Watchmen vaya por delante otra que no se le debería pasar a ningún aficionado al cómic en general y menos aún a cualquier amante de la magna obra de Moore y Gibbons en particular: W de Watchmen, un magnífico libro editado por Dolmen y que ha escrito Rafa Marín para deleite de todos aquellos que quieran saber más acerca de cualquier detalle imaginable de la serie. Un gran trabajo que hace aún más grande la lectura que ahora nos proponemos recomicdar.
Cuando Mario y un servidor empezaron este blog el pasado mes de junio, teníamos claro que, siguiendo la idiosincrasia con la que nos habíamos propuesto caracterizar a nuestra criatura, tarde o temprano íbamos a tener que recomicdar tebeos de esos se consideran seminales dentro de la historia del noveno arte. Y aunque uno podría pensar que después de haber escrito acerca de La Broma Asesina, El Regreso del Señor de la Noche, el Spirit de Eisner, Contrato con Dios o el Donald de Carl Barks, tendría que ser bastante fácil ponerse a discurrir sobre todo aquello que Watchmen ha supuesto para mí como lector de cómics; no deja de ser menos cierto el hecho de que acometo esta recomicdación con cierto recelo por la envergadura y las connotaciones que arrastra siempre el tener que hablar sobre una Obra Maestra, venga esta de la disciplina que venga. Pero como reza el dicho, la historia no la escriben los cobardes, así que valor, y al tajo.
Como quiera que sobre Watchmen se han vertido ríos de tinta, y que con la recomicdación del libro de Rafa Marín quedan cubiertas casi todas las lagunas que uno pudiera aún albergar acerca del tebeo, esta recomicdación no va a ser tan extensa como podría ser esperable (al menos eso pretendo) y va a comenzar, como tantas otras en este blog, relatando (dentro de lo que mi memoria me permita) las circunstancias que me llevaron, hace ya "taitantos" años, a leer Watchmen. Suponiendo que la edición de Zinco en doce cómics llegara un año después de su publicación a tierras españolas, no fue hasta...aquí es donde mis neuronas comienzan a sobrecalentarse por el esfuerzo, así que aventuraré que...allá por 1992 cuando me topé, de pura casualidad en una pequeña tiendecita con los diez primeros números de la serie saldados por "cuatro duros". Podréis imaginar cuál no fue mi frustración al comenzar a leer, quedar enganchado y ser consciente de que iba a pasar mucho, pero mucho, mucho tiempo hasta poder conseguir los otros dos números (en Algeciras por aquel entonces lo más parecido a una tienda de cómics eran los Mortadelo que se podían comprar en el quiosco de prensa situado enfrente de casa de mis padres). En fin, que los hados quisieron que unos meses más tarde, una fugaz visita a Sevilla, y el pertinente sablazo a la cartera de mi padre, me permitieran optar a leer una obra que había despertado mi curiosidad más allá de lo imaginable.
Aquella noche de vuelta de la capital hispalense no podía dejar de pensar en cómo terminaría la historia y, fue llegar a mi dormitorio y encerrarme en él para, de una sentada, tragarme los doce números completos, complementos incluidos. Núbil adolescente por entonces, la carga de mensajes y múltiples capas que Watchmen encerraba para una mente medianamente ágil pero todavía en proceso de formación, provocó poco menos que un cortocircuito sináptico: no era capaz de procesar lo que a todas luces era un cómic fuera de lo normal, tanto en calidad como en la forma en la que se apartaba de cualquier tebeo de superhéroes (aunque de esos no había nada que encontrar allí) de los que había consumido hasta ese momento.
Personalmente, creo que ese detalle en particular (unido a otra miríada de circunstancias) es el que hizo grande a Watchmen y sigue haciendo que hoy, veintitrés años después, sea un cómic tanto o más vigente que las muchas intentonas de DC o Marvel por vendernos los mega-super-macro-eventos anuales. Atreviéndome a rozar mínimamente la superficie de toda esa multitud de detalles que aglutina la obra de Moore y Gibbons, hay ciertos elementos de la misma que suponen un matiz claramente diferenciador con respecto a las muchas lecturas que antes, durante y después de Watchmen han visto la luz en el universo de los tebeos. De entre ellos, y por aquello de no alargar este análisis más de lo que ya lo estoy haciendo, destacaría, sin que el orden implique importancia, los siguientes:
. La simetría a tres niveles con la que Moore juega a lo largo del tebeo, asemejando la experiencia a estar contemplando una complejísima mancha de Rorschach y en la que llaman la atención la relación temática de los números pares e impares o el asombroso reflejo, primero estructural, después en muchas viñetas, con el que está montado el número cinco.
. Los constantes devaneos de Moore para con el lector a la hora de adelantar el final. Un detalle imposible de apreciar en una primera lectura y que con las subsiguientes va desvelándose poco a poco, siendo la conversación del Comediante con Moloch en el segundo número, un ejemplo clarísimo de los deseos del guionista de que alguien descubra parte de la impactante conclusión antes de que esta se produzca.
. La constante mirada critica con la que el escritor va desmotando pieza a pieza la imagen de héroe impoluto que hasta el momento de su publicación era la tónica reinante (aunque no absoluta) en los cómics. No sólo me refiero al tono realista que caracteriza a la narración, que podemos encontrar incluso cuando esta incide sobre el Dr. Manhattan, sino a las constantes puyas que Moore introduce acerca de la idiosincrasia (muchas veces de carácter sexual) de unas personas que se disfrazan para poder sentirse realizadas. A este respecto resulta revelador leer con la mentalidad de un adulto toda la secuencia del primer encuentro íntimo entre Dreiberg/Laurie, Búho Nocturno/Espectro de Seda haciendo caso a los comentarios que van surgiendo de la televisión. Simplemente genial.
. El número dedicado al Dr.Manhattan, ya no sólo porque es uno de los más reveladores, sino por el dominio temporal que el guionista demuestra en todas y cada una de sus páginas, haciendo de él una lectura intensa tanto en forma como en contenido.
. El ecuador de la narración (el número seis), dedicado al mejor personaje de la misma, con la secuencia más violenta de toda la historia, y con una frase "No estoy encerrado aquí con vosotros. Sois vosotros los que estáis encerrados conmigo" que lo dice todo sobre Rorschach y la claridad de sus ideas a la hora de impartir su particular justicia.
. Los complementos (todos ellos imprescindibles para captar lo que Moore narra ) y, sobre todo, el cómic de piratas que sirve de reflejo continuo de la acción, ya sea de forma directa como una suerte de recorrido apócrifo sobre la vida de Veidt y lo que el megalómano pretende hacer, ya sea como metáfora puntual que toca a otros personajes como Rorschach o en menor medida pero no con menos fuerza, al quiosquero, las pandillas, la taxista lesbiana o el niño que lo lee con denodado interés.
Y podríamos seguir y seguir analizando la práctica totalidad, no ya de las páginas, sino de las viñetas; unos pequeños rectángulos que Gibbons carga de mensajes y contenidos y que convierten Watchmen en uno de esos pocos cómic a los que es estrictamente necesario volver de vez en cuando para afianzar las impresiones que su última lectura dejo e ir creando nuevas que vayan acumulándose en nuestra memoria. Huelga decir que el trabajo del dibujante británico es la perfecta traslación de lo que Moore pare para cada página y número, y que la reciprocidad entre el guionista y él es la máxima responsable de que hoy y tras incontables zambullidas en todas las ediciones que han ido pasando por mis estanterías (y de las que sin duda me quedo con la Absolute americana) Watchmen consiga seguir sorprendiendo con nuevos hallazgos. Una perfecta definición de por qué este cómic es una Obra Maestra del noveno arte.
Sergio Benítez (117)
P.D: Y sí, al final ha quedado un poco larga, pero me lo pueden perdonar, ¿no?.