martes 31 de marzo de 2009

BATTLE POPE vol.1

Guión: Robert Kirkman

Dibujo: Tony Moore

Editorial: Aleta

Formato: Libro Rústica. 108 Páginas

Precio: 13€

Calificación: 5/10

¿Un Papa entrenado para matar y repartir leña como si de John Rambo se tratara?. ¿Un Santo Padre hipermusculado, fumador, borracho y mujeriego que cuenta con la ayuda de un Cristo medio hippie para servir tollinas frescas a todo aquel demonio que se le ponga por delante?. ¿El sucesor de San Pedro pegando tiros a diestro y siniestro mientras intenta salvar al Arcangel San Miguel de la sed de poder de Lucifer?. Tenía que tener este cómic como fuera. Y más si venía firmado por un equipo tan sólido como el que había inventado una de mis series actuales favoritas, la magistral The Walking Dead. Evidentemente no esperaba algo a la altura de la citada colección, pero si un tebeo con el que soltar unas cuantas risas y quedarme tan a gusto.

Pero conforme avanzaba la lectura observaba con desesperación que las páginas del cómic no eran siquiera capaces de hacerme esbozar una sonrisa, y mucho menos provocar la carcajada abierta, algo que se mantuvo invariable hasta el final de una macarrada de tebeo con muy poco seso y mucho menos tino. El desaguisado que es Battle Pope se lo debemos tanto a la incoherencia e incontinencia verborreica de Kirkman, que no sabe cuando dejar de poner diálogos totalmente innecesarios en unos personajes a los que el carisma no les suena ni de lejos, como al dibujo de un primerizo Moore influenciado sobremanera por la rama Liefeld de Image, llegando el artista incluso a copiar viñetas de cómics como el Prophet de Platt.

Que un tebeo recurra como inspiración a aquellos subproductos que fueron los cómics salidos de la febril creatividad de Rob! dice muy, pero que muy poquito acerca de él, tan poco que la lectura de Battle Pope deviene en una pérdida de tiempo lamentable (¿las hay de otra clase?) que no deja lugar a dudas acerca de la posible compra de un segundo volumen que Aleta no se decide a sacar. Digo yo que por algo será.

Sergio Benítez (134)

lunes 30 de marzo de 2009

El GRAN CATSBY

Guión y Dibujo: Doha

Editorial: Glénat

Formato: 6 Libros Rústica. 1704 Páginas

Precio: 15-20€

Calificación: 8.5/10

Al menos una vez cada dos años (y siempre que el bolsillo lo permita), hacer un viaje relámpago a Madrid o Barcelona (ida y vuelta en el día) para ir de compras por las muchas tiendas de cómics que ambas capitales nos ofrecen, es una experiencia muy gratificante. Después de haber acudido a las dos ciudades en más de una ocasión, mis preferencias se han ido declinando claramente hacia Generación X, Elektra y Crisis en Madrid, y Universal (con su impresionante selección de material americano original) y Gigamesh en Barcelona. El caso es que estando el año pasado en la capital de la nación, fui a darme de bruces en la sección de manga de Generación X con los dos primeros volúmenes de una serie que desconocía por completo y que en seguida llamó mi atención gracias a una extraña cualidad que mezclaba el dibujo animado con una composición casi fotonovelística.

Como quiera que uno siempre anda a la búsqueda de nuevos estímulos comiqueros, no dude mucho en hacerme con los susodichos tomos (junto a unas cuantas cosas más, por supuesto) y, ahora, más de un año después de aquello, y cuando han transcurrido pocos meses desde que Glénat editara el sexto y último volumen me dispongo a recomicdar una obra que, si quisiera definir con dos palabras, se ajustaría perfectamente a original y diferente. Original desde el punto de vista visual, que ahora analizaremos de forma más pormenorizada. Diferente en cuanto a la poca autocomplacencia con la que Doha escribe un pentágono amoroso de lo más complejo, lleno de giros, sorpresas y con una carga emocional -y un atípico final- a los que es difícil resistirse: El Gran Catsby (que nada tiene que ver con la obra de Scott Fitzgerald) arranca con tres personajes; el que da el nombre al título, un treintañero vividor y bastante vago que vive acomodado en una relación más carnal que sentimental con Persu, una mujer con carácter que lo abandona para casarse por conveniencia en las primeras páginas del primer volumen y, por último, Hondu, el mejor amigo de Catsby y su apoyo en los momentos más difíciles. A estos tres se suman el marido de Persu y Sun, una mujer alocada y de intensa personalidad que pasará como una apisonadora por la vida del protagonista cambiándolo todo. De las relaciones entre los cinco, sus anhelos, deseos, sueños y frustraciones, nos hablará Doha en un lenguaje que reta constantemente al lector a no perderse ni una coma, alternando la primera persona de uno a otro personaje sin previo aviso y cambiando constantemente entre los discursos externos e internos de los mismos.

En este sentido, El Gran Catsby resulta algo complejo de seguir hasta más o menos la mitad del tercer tomo, cuando, acostumbrados a la forma de expresión escrita del artista coreano, podemos empezar a fijarnos en lo verdaderamente brillante de este manhwa, su narración visual: con un planteamiento de página abierto hasta el paroxismo y una descompresión narrativa que en muchos momentos puede llevar a la exasperación (y ríanse ustedes de Bendis) Doha pronto se revela como un hábil cineasta, sabiendo cómo colocar la cámara en todo momento para conseguir el efecto más dramático posible. En este sentido, el dibujante usa varios recursos que parecen sacados directamente de un filme de David Fincher, como esas fantásticas páginas en las que las viñetas comienzan acercándose al objetivo de una cámara para pasar a dibujar lo que éste está fotografiando y volver de nuevo al punto de vista del que la maneja. Dichos recursos visuales, sabiamente repartidos a lo largo de la lectura, redundan en acentuar con inusitada fuerza lo que los diálogos o textos de apoyo serían incapaces de conseguir.

Me he saltado, y de forma consciente, el hecho de que Doha dibuje a sus personajes antropomorfizándolos, una práctica que se reduce en su mayoría al "reparto" principal, no teniendo problemas el autor en representar a muchos de los secundarios en su forma humana. Lo chocante de dicha decisión, sobre todo cuando uno comprueba que el talento del autor podría haberle dado sin problemas para dibujar a todos en sus versiones homínidas, se esfuma rápidamente cuando la lectura hace que la cercanía hacia los cinco protagonistas sea más intensa si cabe y, trascendido el primer volumen, es bastante difícil imaginarse a Catsby, Persu, Sun o Hondu como gatos y perros, ya que los sentimientos puestos en juego por boca de ellos ostentan una cualidad tridimensional casi hiperrealista.

Mención a parte merecen los decorados en los que Doha plantea toda la historia, reproducidos fielmente de la realidad de un barrio coreano pero dibujados con tanto mimo y cuidado que es imposible no considerarlos un personaje más, algo que retrotrae de forma inmediata a la fabulosa cualidad cinematográfica de la que ya hacía mención antes y en la que, a la postre, reside la mayor fuerza de El Gran Catsby, convirtiéndola en una de las lecturas más sorprendentes que me he encontrado en los últimos tiempos sobre todo si se tiene en cuenta que el tebeo oriental (fuera de los Otomo, Tezuka, Toriyama, Taniguchi o Urasawa) nunca ha sido santo de mi devoción.

Sergio Benítez (133)

viernes 27 de marzo de 2009

HELLBOY. La OSCURIDAD LLAMA

Guión: Mike Mignola

Dibujo: Duncan Fegredo

Editorial: Norma

Formato: Cartoné. 200 Páginas

Precio: 20€

Calificación: 5/10

Más o menos a la mitad de la lectura de este La Oscuridad Llama (octavo volumen dentro de la saga de Hellboy) recordé por qué había dejado de leer al personaje hacía unos cuantos años. La razón no era otra que los agotadores guiones de Mignola. A simple vista, pues sólo hace falta arañar la superficie para darse cuenta de ello, es más que evidente que lo que le sobra al dibujante en su faceta puramente visual, le falta en la que necesita a la hora de controlar las historias en las que aquella se desarrolla. Pero no siempre fue así...

Corría 1994 cuando Mignola creaba a Hellboy, un demonio venido a la Tierra y criado como un humano para luchar contra toda clase de criaturas malignas. Original en su planteamiento y excepcional en su desarrollo, Hellboy: Semillas de Destrucción, que el dibujante escribía con la inestimable ayuda de John Byrne, era un ejemplar arranque para una colección que prometía muchísimo, sobre todo en lo que se refería al verdadero papel del personaje en ese temido Ragnarok.

Durante los catorce años que separan a ese primer volumen del que nos ocupa, Mignola ha conseguido lo que está al alcance de muy pocos. No sólo ha seguido desarrollando a placer la historia del personaje, sino que ha creado casi toda una línea editorial en la que hay cabida para novelas ilustradas e incluso un spin-off de la serie matriz. Y por si ello fuera poco, el dibujante ha visto como su creación era adaptada a la gran pantalla en dos películas dirigidas por Guillermo del Toro. Lo que todos estos datos tan conocidos ocultan es que tanta parafernalia ha ido provocando una progresiva despersonalización de la serie principal hasta el punto de que la lectura de este La Oscuridad Llama consiga desesperar en no pocas ocasiones.

¿Que en qué se traduce esa despersonalización?. Pues básicamente en un guión que no tiene ni pies ni cabeza, algo que el artista ya venía apuntando desde El Gusano Vencedor. Y es que tras el arranque de la serie, y la publicación de su mejor entrega, Despierta al Demonio, Mignola comenzó a demostrar que, si bien tenía más o menos claro hacía donde quería llevar al personaje, no se podía decir lo mismo del camino que tenía que seguir para la consecución de dicho objetivo. Esta alarmante ausencia de claridad de planteamientos es la que durante todos estos años se ha venido traduciendo en historias que sí, tendrían su hilo de continuidad, pero lo sabían esconder muy bien.

Trasladando estos conceptos al volumen que nos ocupa encontramos a un Mignola que para la ocasión cede los lápices a un perfecto emulador, Duncan Fegredo. Vaaale, la historia de La Oscuridad Llama supone un paso más en ese camino que llevará a Hellboy a asumir su principal rol dentro del apocalípsis final. Vaaaale, Mignola retoma a muchos de los personajes que han ido apareciendo a lo largo de los años y forman ya parte imperturbable de la iconografía del personaje. Vaaaale, la venganza de la Baba Yaga es algo que se veía venir desde hacía tiempo pero, ¿de verdad eran necesarias tantísimas e interminables páginas para contar lo que se podría haber resumido en la mitad?. Es más, ¿no se os ha quedado una frustrante sensación de coitus interruptus al finalizar la lectura?.

Parece como si, por querer abarcar demasiado, a Mignola le hubiera venido grande una historia en la que más que narrar, desbarra, sacándose personajes y situaciones de la manga y resolviéndolos de la forma más absurda, convencional y abrupta posible. De hecho, lo que supone la parte más destacable de la lectura, el dibujo de Fegredo, sirve tan bien de reflejo de las carencias del guión, que en más de una ocasión hay que releer las páginas para darse cuenta de lo qué demonios está pasando.

A la postre queda claro que los años que he estado sin leer Hellboy no han sido suficientes; lo que lleva a una inexorable conclusión: la lectura de esta La Oscuridad Llama supone un punto y final en mis intentos por seguir a un personaje cuya vida se ha prolongado más allá de cualquier límite lógico. Así que sin más; a más ver, Hellboy.

Sergio Benítez (132)

jueves 26 de marzo de 2009

ALL-STAR SUPERMAN

Guión: Grant Morrison

Dibujo: Frank Quitely


Editorial: DC


Formato: Dos Volúmenes Cartoné. 160 Páginas c/u


Precio: $19.99 c/u


Calificación: 9/10


Replica tardía al Universo Ultimate de su eterna competidora, DC pronto comenzaba a marcar pautas muy diferentes para las colecciones que en un futuro fueran a acogerse al sello All-Star. Para empezar, y de la misma manera que su contrapartida marvelita, las historias desarrolladas bajo el proyecto, se situarían fuera de la lastrante continuidad de los personajes, permitiendo a los autores plantear aquello que consideraran necesario para con el relato a plasmar en viñetas. A partir de este punto, único en común con las muchas series aparecidas con el distintivo Ultimate (la cuales he ido abandonando paulatinamente quedándome sólo con Spider-man), All-Star comienza a adquirir una personalidad propia que, al menos para un servidor, es bastante más atractiva que aquella de la idea pergeñada en su momento por Quesada y el inefable Jemas. De hecho, todas las diferencias que se quieran plantear entre ambas líneas editoriales, quedan constreñidas a un único apartado basado en que las historias de la serie de DC son autoconclusivas.

Recomicdada en su momento la primera de las series que aparecieron bajo el sello All-Star, la descomprimida y aún inacabada All-Star Batman and Robin the Boy Wonder, tocaba ya el turno a la premiada y por doquier alabada All-Star Superman, acuñada por un equipo cuyos trabajos hasta la fecha sólo podian calificarse de geniales para arriba: desde su primera colaboración en la inencontrable Flex Mentallo, hasta este Superman, el tándem inglés nos ha regalado la magnífica JLA: Earth 2, la estupenda New X-Men (aunque aquí no todo es del dibujante, lamentablemente) y la MAGISTRAL We3.

La sinergia que podíamos observar en todos y cada uno de los tebeos anteriores es la que va a servir como perfecto caldo de cultivo para que, una vez finalizada su intervención en el superhéroe más emblemlático de la historia del cómic podamos afirmar, casi sin miedo a equivocarnos, que All-Star Superman es la MEJOR historia jamás escrita sobre el Hombre de Acero. Ello no quiere decir que sea un cómic perfecto (que casi lo es) sino que es el MÁS perfecto de cuantos se han escrito a lo largo de los setenta años de historia del kriptoniano, situándose por encima de las otras dos que hasta ahora ocupaban dicho puesto en mi particular panteón: el It's a Bird de Seagle, y la maravillosa Secret Identity de Busiek e Immonen.

Libre de las ataduras que la continuidad de una serie mensual plantea, Morrison y Quitely crean una historia contada de forma simple con elementos complejos (aunque nunca complicados) que se van diseminando a lo largo de doce fantásticos números y que van funcionando a diferentes niveles: desde la ciencia ficción a la fantasía pasando por la mitología o el carácter superheróico, incidiendo Morrison en este último de forma especial al mostrarnos que la determinación de Superman tiene poco que ver con sus grandes poderes e invulnerabilidad física, y mucho con su fe ciega en el bien inherente a la humanidad y en cuán lejos está dispuesto a llegar a sacrificar por su mundo adoptivo, incluso hasta el último aliento y latido de su corazón. Tributo respetuoso hacia todo lo que se ha escrito del personaje por tantos y tantos autores antes que él, Morrison plantea All-Star Superman como un repaso concienzudo y preciso a todos aquellos elementos y personajes que a lo largo de los años han ido definidiendo al icono "decero" de una forma u otra.

Preñadas de la febril imaginación que el guionista ha demostrado en la práctica totalidad de sus trabajos, las versiones de los personajes que han rodeado a Superman adquieren una nueva e impresionante vida bajo la pluma del escritor inglés, tanto si estos son de los principales (es genial la sutileza con la que cambia a Lois) como si son de los secundarios que tantas veces hemos visto desatendidos o incluso aquellos que son de nueva creación (fantástico ese Quintum). Es sobre todo con los segundos donde Morrison pone mayor énfasis a la hora de separarlos sustancialmente de sus fuentes, destacando en este sentido las variaciones de Mxyzptlk o Zibarro (el único ser inteligente en el planeta Bizarro).

Pero si lo que hace con los personajes es genial, más lo es el empeño puesto en que cada número quede sembrado de multitud de referencias, llamativas o casi inapreciables, acerca de mil y un detalles que durante los años de existencia del personaje hemos podido ver los lectores. Sin ningún orden de preferencia en particular, sirvan los siguientes como ejemplo de lo que Morrison ha trabajado el decorado sobre el que se desarrolla esta pieza clave en la historia del personaje: la fortaleza de la soledad (una versión limpia y gargantuesca de la Batcueva) y su nueva llave; las mascotas que Superman guarda en ella (ese come soles); la variación de Doomsday con la que debe luchar un hombre de acero afectado por la kriptonita negra; la forma de introducir los poderes cuando está disfrazado de Clark; el uso final que se le da a los Kandorianos; todo lo concerniente a la acción que transcurre en el planeta Bizarro; la Tierra Q, un mundo en miniatura creado por Superman que evoluciona en pocas horas y que guarda un emotivo homenaje final para con Shuster y Siegel; la entrañable aparición de Krypto y los juegos con su dueño...

Y detrás de cada gesto, cada detalle, cada nueva visión de un personaje clásico, cada pose de Superman; detrás de todos los conceptos imposibles que Morrison quiere imaginar, ahí esta la maestría de un Frank Quitely INCOMENSURABLE. Bien es cierto que a lo largo de la lectura el británico, ya sea por premura, ya sea por una decisión consciente, define a Superman/Clark de muy diferentes formas, pero es un detalle que no resta ni un ápice de grandeza a la titánica labor con la que se carga el dibujante durante las más de trescientas páginas que abarca la historia. Aunque cada página sería digna de un análisis pormenorizado, no habría sitio en vuestra paciencia (ni en la mía) para poder desgranar aquí lo que Quitely lleva a cabo. Es preferible quizás quedarse con la clara impresión de que, sin lugar a dudas, este es el MEJOR trabajo que el inglés ha llevado a cabo hasta la fecha, y buena prueba de ellos son algunas de las icónicas páginas que quedan diseminadas a lo largo y ancho de la lectura: la doble que muestra a un majestuoso Superman volando con el sol de fondo; aquella en la que él y Lois se funden en un apasionado beso; la que culmina el primer volumen, con el superhombre arrodillado ante la tumba de Jonathan Kent o en la que aparece sentado meditando en la fortaleza de la soledad.


No se me ocurre mejor forma de finalizar esta recomicdación que citando a
Mark Waid en la introducción del segundo volumen cuando dice que "Realmente He Leído Cada Historia de Superman y Nunca Una Mejor." Estoy de acuerdo. Sin reservas.

Sergio Benítez (131)

miércoles 25 de marzo de 2009

THOR vol.1

Guión: J. Michael Straczynski

Dibujo: Olivier Coipel

Editorial: Marvel

Formato: Premiere HC. 160 Páginas

Precio: $19.99

Calificación: 7/10

Debo confesar que desde que me leyera, allá por el 2000, esa pequeña Obra Maestra del Noveno Arte que es Midnight Nation, me convertí en ferviente fan de J. Michael Straczynski. Como tal, he ido adquiriendo a través de estos años todo lo que el escritor a tenido a bien regalarnos, ya sea la excelente Rising Stars (cuidado, excelente por su guión, no por lo ramplón del dibujo de Zircher), la estupenda Supreme Power (en sus primera encarnación), o la a ratos genial (los primeros arcos junto a Romita Jr.), a ratos deleznable (ese One More Day), estancia en Spider-man. Comprenderán pues mi expectación cuando supe que el guionista se iba a hacer cargo de uno de mis personajes favoritos del universo Marvel, escribiendo un nuevo arranque para el Dios del Trueno Thor, que llevaba tres años sin colección propia.

Tras el Ragnarok con el que terminaba el segundo volumen de la colección del dios asgardiano, coincidente con la saga de Avengers Disassembled, y en la que Thor era dado por desaparecido, Marvel dejaba en suspenso cualquier reaparición del héroe hasta la Civil War, evento en el que un renovado personaje resultaba ser una suerte de clon del original que, defectuoso, asesinaba a Goliath para morir después a manos de Tormenta y Hércules. Así las cosas, y con las continuas demandas de los fans reclamando una nueva serie propia, se ponía a la venta, en julio de 2007, el primer número del volumen tres de Thor.

Straczynski arranca la nueva colección explicándonos brevemente el final del segundo volumen para, acto seguido, mostrarnos donde ha estado todo este tiempo Thor y cómo Donald Blake (su alter ego humano) ha sido capaz de encontrarlo. Una vez unidos de nuevo, Thor resuelve que todos los dioses no han muerto tras el Ragnarok, sino que se han transmutado en humanos, usando el guionista esta excusa para dar un lavado de cara a parte de lo que siempre se ha dado por hecho sobre los compañeros del Dios del Trueno (sobre todo Loki) y, de paso, introducir un nuevo Asgard en el segundo número como sólo a él se le puede ocurrir. Pero sin duda, el punto fuerte de la serie es ver a un Thor que se mueve a caballo entre la soledad, la duda ante despertar de nuevo a todos los dioses nórdicos, y una actitud desatada ante lo que considera injusto que tiene su punto álgido en el asombroso enfrentamiento con Iron Man.

Aunque sus primeros pasos en Marvel a bordo de la colección de los Vengadores fueran titubeantes, el dibujante francés Olivier Coipel ha ido demostrando poco a poco que es capaz de evolucionar de forma espectacular si la ocasión así lo requiere. Tras sorprenderme gratamente con su labor en House of M, el dibujante consigue con Thor superar cualquiera de sus trabajos anteriores, diseñando una estupenda nueva indumentaria para el Dios del Trueno, y cuajando seis números en los que las inevitables (y brillantes) splash-pages se alternan con un diseño de página que Coipel trabaja con igual intensidad ya esté desarrollando una secuencia de tortas, como las muchas de diálogos que pueblan el tomo.

Entre Straczynski y Coipel, el nuevo Thor afronta un futuro inmejorable que lo acerca a esa próxima adaptación cinematográfica cuyo estreno está previsto para 2010. Si algo queda claro con esta nueva serie es que el empeño del guionista por acercar los postulados del noveno arte a aquellos del séptimo sigue siendo una de sus mayores virtudes, construyendo con esta versión de Thor una aproximación brillante que podría ser trasladada a la pantalla de forma directa. ¿Se darán cuenta de ello en Marvel?. La respuesta, en algo más de un año.

Sergio Benítez (130)

martes 24 de marzo de 2009

SUPERMAN: KRYPTONITE

Guión: Darwyn Cooke

Dibujo: Tim Sale

Editorial: DC

Formato: Hardcover. 160 Páginas

Precio: $24.99

Calificación: 6.5/10

Los que llevéis un tiempo siguiendo este blog sabéis de sobra que el alejamiento que se ha ido produciendo de un tiempo a esta parte en el que suscribe con respecto a los tebeos de "gente en pijamas" (en favor de actitudes más Astiberras, como bien apuntó nuestro fiel lector Caracráter) ha ido aumentando a un ritmo que ni siquiera yo podría haber previsto hace unos meses. Teniendo esto en cuenta, resulta cada vez más complicado el que me acerque a un cómic de superhéroes, ya sea dentro o fuera de lo que la continuidad de DC o Marvel puedan llegar a ofrecer; pero aún así, hay proyectos a los que uno no puede negarles una oportunidad y Superman: Kryptonite, amparado por dos de mis autores favoritos, era uno de ellos.

Considerando que la nueva cabecera de Superman, titulada Confidential, arrancaba con seis números escritos por Darwyn Cooke y dibujados por Tim Sale (el último de los cuales se terminó publicando en el once de la serie por problemas no muy bien explicados), estaba claro que en el momento en que el arco se recopilara, un servidor tendría que hacerse con él. ¿Los motivos dicen? Muy claros. Por una parte el hecho de que desde que lo descubriera en Batman: Ego hace ya más de un lustro, he seguido todos y cada uno de los geniales trabajos que Cooke ha tenido a bien regalarnos, llámense estos la estupenda novela gráfica de Catwoman, esa obra maestra que es New Frontier o su personal y poco entendida aproximación al Spirit de Eisner. Por la otra un Tim Sale al que le llevo comprando trabajos desde su intervención en Deathblow, y que tantas alegrías ha dado con proyectos como Long Halloween, Superman for All Seasons o con sus colaboraciones para Marvel en los Spiderman: Blue, Captain America: White o Hulk:Grey.

Con estos antecedentes, la verdad es que esperaba mucho más acerca de este Superman: Kryptonite de lo que finalmente he encontrado. Y no me entiendan mal, la factura del cómic es impecable, sobre todo gracias a un Tim Sale para cuyo dibujo sería muy fácil hacer un chiste jugando con la significancia castellana del apellido del dibujante: con un estilo que ha ido puliendo y redondeando cada vez más, algo que hace las delicias del amante del cartoon que hay en mi, Sale vuelve a conseguir dotar al hombre de acero de una humanidad que trasciende las páginas del cómic, algo que ya hiciera con muchísima facilidad en la citada Superman for All Seasons, aunque en algunos momentos se note cierta prisa por finalizar las viñetas con cuatro trazos, sobre todo en el postergado número final.

El problema es que no puede decirse lo mismo acerca del poco inspirado guión de Cooke que retoma en cierto modo el espíritu de New Frontier, esto es, meterse en los intersticios de la continuidad de un universo (en este caso limitado al de un personaje) para entresacar una nueva visión acerca de un hecho fundamental. Si en el caso de la miniserie, este hecho era la formación de la JLA, en Superman: Kryptonite, Cooke arropa con su narrativa la aparición de la kriptonita en la vida del superhéroe intentando dotarla de reverberancias cuasi épicas que, francamente, superan con mucho lo que el tebeo requiere. La narración queda pues descompensada entre los denodados intentos del artista por escribir a un Superman con temores muy humanos (algo que consigue sin problemas), al tiempo que envuelve la explicación de cómo este entra en contacto con los restos radioactivos de su planeta en una historia un tanto rocambolesca (con un mafioso, un casino y, cómo no, Lex Luthor de por medio).

El resultado global es, como ya he apuntado, desigual, superando el trabajo de Sale en no pocas ocasiones lo que Cooke llega a imaginar. Con todo, y teniendo en cuenta que es de agradecer el hecho de que la historia este fuera de continuidad, este Superman: Kryptonite es una lectura agradable de fácil consumo. Y la verdad sea dicha, dado el nivel de muchas de las cosas que me ido encontrando en los últimos tiempos, no creo que, hoy por hoy, sea capaz de exigirle algo más a un cómic de superhéroes.

Sergio Benítez (129)

lunes 23 de marzo de 2009

CUANDO el CÓMIC es ARTE: PEPE GONZÁLEZ


Guión: Mackenzie, Lewis & Toutain

Dibujo: Pepe González


Editorial: Toutain


Formato: Álbum Rústica. 72 Páginas


Calificación: 10/10 (en lo que al dibujo respecta)


Pepe González (1939-2009)

Lo que son las cosas. Después de llevar tantos años leyendo cómics, uno tiene más o menos noción, aunque sea lejana, de los nombres más importantes del mundillo, ya sea de nuestra tierra o de allende los mares. Con todo, el saber quién es quién y el protagonismo que tuvo en algún momento de la historia del tebeo muchas veces no es óbice para haber leído algo de los que marcaron época. Dispuesto a enmendar las muchas carencias que aún me quedan como lector, hace tres semanas eché mano de dos volúmenes de esta histórica colección, retirándolos convenientemente de la abultada tebeoteca de mi suegro (amante empedernido del tebeo clásico español y articulista habitual de la Tebeosfera). Y en mis estanterías se habrían quedado esperando si no hubiese sido por el triste fallecimiento de uno de ellos, el gran Pepe González (el otro, el correspondiente a José Ortiz, será recomicdado en breve).

Siendo mi primer acercamiento al trabajo del gran artista español, del que sólo conocía alguna ilustración suelta (como las de Vampirella o Marilyn), la verdad es que resulta bastante adecuado haberlo hecho a través de el volumen que su gran amigo Josep Toutain le dedicó en la breve pero recordada colección llamada Cuando el Cómic es Arte publicada entre 1976 y 1982 y de la que se editaron cinco monográficos dedicados, por este orden, a Esteban Maroto, José Ortiz, Pepe González, Fernando Fernández y Victor de la Fuente. El objetivo de los mismos era dar a conocer la mayor variedad posible de estilos de cada autor aunque ello supusiera en algunas ocasiones incluir relatos no completos.Afortunadamente ese no es el caso del tomo dedicado a Pepe González.

Tras un par de textos introductorios, uno del propio Toutain, el otro de un tal Mike Butterworth, el volumen da paso a tres historias, unas cuantas páginas de corte humorístico con una de sus más reconocidas creaciones, Pamela y, por último ilustraciones de diverso talante que incluyen su famosísima pintura para Vampirella. Las historias, de extensión variada, se mueven entre las seis páginas de Más Allá del Alba, de género inclasificable (¿romántica mezclada con una levísima pincelada de ciencia ficción?) hasta las veinticuatro de Herma, con un tono claramente erótico y ligero; pasando por las diez del relato de Vampirella, el mejor en cuanto a guión, todo hay que decirlo.

Sí, a los guiones se les pueden poner muchos peros, aunque no es esta la ocasión para hacerlo, más que nada porque, sinceramente, dada la grandeza de lo dibujado por González, lo de menos es lo que cuentan los relatos, lo de más, CÓMO lo cuentan. En Pepe González se ve al maestro que muchos dibujantes posteriores a él seguirían de forma tan intensa durante el florecimiento del tebeo español en los sesenta y setenta -Maroto, Mundet, García López o Azpiri son nombres que a uno le vienen a la cabeza cuando ve los dibujos de González- con un trazo capaz de amalgamar diferentes tipos de acabado, siendo el más espectacular de ellos ese lápiz de compulsión hiperrealista que podemos observar en las dos primeras historias y que el artista varía a uno mucho más ligero en la última.

Habiendo desarrollado su trabajo de forma mayoritaria durante los años sesenta y setenta y fuera de nuestro país sobre todo, hoy en día resulta bastante complicado poder encontrar lo poco que llego a editarse por estas tierras. Aún así vaya esta recomicdación orientada a que os hagáis con cualquier cosa que podáis encontrar en tiendas de segunda mano, eBays varios o rastros...el desembolso y esfuerzo invertido en ello valdrá la pena, os lo aseguro.

Sergio Benítez (128)

viernes 20 de marzo de 2009

LOST GIRLS

Guión: Alan Moore

Dibujo: Melinda Gebbie

Editorial: Top Shelf

Formato: Tres Vólumenes Cartoné en Caja. 264 Páginas

Precio: $75

Calificación: 9/10

Me encontraba en mi estudio repasando tranquilamente el demencial avance de las novedades de Planeta para el Salón de Barcelona de este 2009 cuando me di cuenta sobresaltado de que, por más que pueda parecer increíble, aún tenía más de una y de dos lecturas acumuladas del Salón del año pasado. Como quiera que algunas de ellas quiero aguantarlas hasta que se completen (léase el Sky Masters de Kirby) dirigí mi mirada hacia la caja con tres volúmenes que llevaba casi doce meses esperando a ser leída desde que, aprovechando su salida para el evento comiquero, me hiciera con ella a través de la indispensable Midtown Comics. Estaba decidido, antes de meterme con las novedades que me había ido comprando en las últimas semanas acometería, por fin, el Lost Girls de Alan Moore.

Eso era un miércoles por la tarde. El jueves por la noche había terminado la lectura.

Antes que nada, y como aviso a aquellos cuya sensibilidad pueda ser herida, hay que aclarar que Lost Girls es un tebeo pornográfico en toda regla. Nada de erótico. No. Aquí, el sexo, tanto visual como narrado, es utilizado por Moore y Gebbie sin ningún tipo de pudor ni atadura durante un noventa por ciento de la lectura, dando el matrimonio un repaso completo a la práctica totalidad de las prácticas sexuales que uno pueda imaginar: desde la "normalidad" de la heterosexualidad o la homosexualidad (ya sea entre hombres o mujeres) hasta las "desviaciones" como la zoofilia, lluvia dorada, sadomasoquismo, fetichismo, bondage, menage a trois/quatre, orgías, incesto, sexo entre adultos y adolescentes...todo tiene cabida para un Moore cuyos intereses no van en ningún momento orientados a sancionar una práctica en favor de otra, ni a juzgar la moralidad o inmoralidad (recordemos que durante muchos años, el escritor y la que ahora es su esposa, compartieron lecho con la amante de esta) de una condición, la sexual, tan natural en el ser humano.

Lo que si parece que intenten el artista inglés y su mujer con Lost Girls es, por una parte, servir de polémico acicate para las constreñidas y estrechas moralidades norteamericanas y, por la otra, construir un vehículo lo suficientemente llamativo para conseguir exorcizar la gran mayoría de los demonios que con nombres como culpa o vergüenza azotan nuestro sentido del decoro a la hora de hablar o pensar acerca de sexualidad. Lo primero lo consiguen sobradamente habiendo levantado ampollas entre los sectores más conservadores en este mundillo y logrando, como ya ha pasado con tantos tebeos en Estados Unidos, que los libreros no se atrevieran a exponerlos e incluso venderlos por miedo a una acusación legal de corrupción de menores o vaya usted a saber qué. Lo segundo, y verdaderamente fascinante, es lo que vamos a intentar desgranar en los siguientes párrafos.

De entrada, el argumento de Lost Girls resulta bastante simple: en las postrimerías del asesinato del Archiduque de Austria y posterior comienzo de la Primera Guerra Mundial, tres mujeres de muy diferente condición se encuentran en un carísimo hotel austríaco. Ellas son, Alicia, una madura con tendencias sexuales claramente inclinadas hacia las mujeres. Dorothy, una joven norteamericana proveniente de Kansas que viaja por primera vez a Europa y a la que le encanta el sexo. Y Wendy, de treinta años, casada con un hombre veinte años mayor que ella y cuya situación sexual está lejos de ser satisfactoria. El encuentro de las tres, los intercambios de sus experiencias con el sexo y aquellas que vivirán juntas en el lujurioso establecimiento será el motor que impulse la historia.

La genialidad de Moore es que las tres mujeres sean en realidad unas versiones adultas de la Alicia de Lewis Carroll, la Dorothy de Frank L. Baum y la Wendy de J.M.Barrie, y que a lo largo de los tres volúmenes editados de forma primorosa por parte de Top Shelf (en una edición calcada con precisión por Norma), el relato de sus avatares sexuales no sea más que un reflejo perverso de aquellas imágenes icónicas que uno guarda en su memoria acerca de los momentos más llamativos de uno u otro cuento. Ejemplos sueltos de lo que Moore es capaz de retorcer los personajes originales de Alicia en el País de las Maravillas, El Mago de Oz o Peter Pan son el que el Conejo Blanco del cuento de Carroll sea ahora un amigo del padre de Alicia que abusa de ella con catorce años; que el Espantapájaros, el León o el Hombre de Hojalata sean granjeros a los que Dorothy usa en su búsqueda constante de satisfacción sexual; o que el Capitán Garfio de Barrie sea un pervertido que disfruta abusando de menores y que terminará manteniendo relaciones con Wendy y Peter.

Por si estas trastocadas/trastornadas/trasnochadas lecturas de los personajes clásicos no fueran suficientes, Moore, apoyándose en una titánica labor gráfica por parte de Gebbie (capaz de asimilar mil y un estilos a través de un trazo a veces dubitativo a veces muy efectivo), nos ofrece todo un recital de segundas y terceras lecturas/sentidos en la práctica totalidad de las páginas: cuando el texto nos está contando una cosa, el primer plano de la narrativa visual nos relata una muy diferente, llegándose incluso en ocasiones a contar con el apoyo de un tercer nivel de percepción en el fondo de las viñetas o en la forma en la que estas están estructuradas en la página. Al segundo respecto, resulta llamativo observar la pasión del creador de V de Vendetta por seguir jugando con la simetría que tanto usó en Watchmen, siendo la estructura de muchas páginas palíndromos perfectos de otras y componiéndose de idéntica manera cada capítulo dedicado a las diferentes protagonistas.

Al respecto de esa abundancia de capas con las que se trufa la lectura, resultan llamativos muchos ejemplos, desde esa magnífica visualización del estreno de La Consagración de la Primavera de Stravinsky y la dualidad de lo que la orquesta va dictando con lo que los deseos de las tres van aflorando, hasta esas páginas en las que se pone claramente de manifiesto la frialdad de la relación íntima entre Wendy y su marido (mientras ellos mantienen una conversación de lo más frívola, sus sombras se entregan apasionadas al sexo); pasando por el primer y último capítulo de la narración que, narrados a través de la imagen en el espejo de Alicia, dan una idea clara del ejercicio mental al que Moore nos somete: lo que vamos a leer son meros reflejos de la realidad, acaso prostituidos por la fantasía del autor a la que, durante el transcurso de la narración, iremos vertiendo nuestras propias experiencias para mirar de una manera u otra a lo que Lost Girls pretende transmitirnos desde las muchas dualidades que entre lo real y lo onírico van dándose la mano.

Una lección magistral de cómo hacer un GRAN cómic nadando a contracorriente.

Sergio Benítez (127)

jueves 19 de marzo de 2009

Y: the LAST MAN vol.10: WHYS and WHEREFORES

Guión: Brian K.Vaughan

Dibujo: Pia Guerra

Editorial: DC

Formato: TPB. 128 Páginas

Precio: $14.99

Calificación: 10/10


Cuando Perdidos empezó hace a emitirse hace casi cinco años, pronto quedó muy claro que la conclusión de la serie no iba a ser satisfactoria para toda la legión de seguidores que, desde muy temprano, comenzó a acumular la misma. Dicha impresión se agravó aún más con el irregular y plúmbeo devenir de gran parte de la segunda y tercera temporada, no así en las impresionantes cuarta y quinta (actualmente en emisión). El que la serie haya dado un salto de gigante en esta última no quita para que un servidor siga pensando que cuando dentro de poco más de un año asistamos al final de Perdidos, mucha gente quede descontenta con el resultado final. Algo parecido pasa con Y: The Last Man, cuya historia guarda no pocas concomitancias con la famosa serie de televisión más allá de que Vaughan sea escritor de las dos.

En los cinco números que preceden al sesenta y último de la colección, Vaughan sigue cerrando tramas, encuentros y da fin a relaciones que empezaron hace cinco años (tanto si estamos hablando de tiempo real como del que transcurre en el cómic). Ello obliga al escritor a acelerar ciertos esperados acontecimientos que, en algunos casos, carecen de la trascendencia que uno se podría haber imaginado. Así, el encuentro final entre Yorick y Beth (y no estoy destripando nada, no se preocupen) no resuena en las páginas como en un principio podríamos haber afirmado que iba a hacerlo, lo que no implica que tal y como se desarrolla tan esperado reencuentro sea totalmente lógico lo que el guionista plantea como consecuencias del mismo.

Ahora bien, lo que cae fuera de esta lógica y vuelve a puntar a la genialidad de Vaughan son los finales de los números 57 y 58. Ambos, de un impacto aplastante (sobre todo el del segundo) muestran a un guionista que tiene muy claro hacia donde quiere dirigir el final de la historia de Yorick, un final que puedo adelantar, no se acerca ni de lejos al edulcoramiento al que nos tienen habituados las historias Made in Hollywood...a no ser que estemos hablando de finales tipo el de Hijos de los Hombres.

Pia Guerra, consciente de que tiene que dar el todo por el todo, concreta algunas de las mejores escenas de la serie, recreándose en espectaculares páginas completas en las que uno o dos personajes centran toda la atención. Especial mención merece, por sus repercusiones, la página final del número 58, una muestra inequívoca de la brillantez que Guerra ha ido desarrollando (aunque no de forma continua) a lo largo de la colección: jugando gráficamente con la dualidad inglesa de la letra Y (que en la lengua anglosajona se pronuncia igual que la palabra why-por qué) la composición de Guerra se queda grabada a fuego en nuestra memoria de forma más indeleble que la que se hubiera obtenido con el uso de cualquier onomatopeya sobreimpresa, y más aún si tenemos en cuenta además que se trata, probablemente, de uno de los cliffhangers más inesperados de toda la historia.

Y llegamos así al número 60. El final de un camino por el que Vaughan nos ha llevado de la mano con pulso firme durante más de cinco años toca a su fin. El guionista, sabedor de ello y del riesgo que entraña meter la pata en el último momento, se desmarca con una historia que nos sitúa sesenta años en el futuro. Ello le permite jugar con flashbacks que van incidiendo en acontecimientos sin aparente cohesión pero relacionados todos con Yorick. El mejor de todos ellos (la muerte de uno de los personajes más queridos de la serie) permite a guionista y dibujante la creación de una de las escenas más emotivas de toda la colección, arrancando desconsoladas lágrimas del lector.

Bajo el título Alas, que hace mención al "Alas, poor Yorick" del Hamlet shakespeariano (y cuya traducción sería ¡Ay, pobre Yorick!) Vaughan concluye de forma magistral y tremendamente poética una serie que por ahorrar cansinos superlativos, es una Obra Maestra del Noveno Arte. Con Y:The Last Man el guionista americano concluye su obra más personal hasta la fecha, una cumbre en su carrera como escritor de cómics que será difícilmente superada....y no sólo por él mismo.

Sergio Benítez (126)

miércoles 18 de marzo de 2009

Y: the LAST MAN vol.7: PAPER DOLLS; vol.8: KIMONO DRAGONS & vol.9: MOTHERLAND

Guión: Brian K.Vaughan

Dibujo: Guerra & Sudzuka

Editorial: DC

Formato: TPB. 144 Páginas

Precio: $14.99 c/u

Calificación: 9/10

Llegamos a la recta final de este recorrido por Y: The Last Man que desembocará en una última reseña dedicada íntegramente al volumen 10. El lento y brillante devenir mediante el que la serie ha ido desarrollándose comienza a dar sus frutos, pues es en los números recogidos en el noveno tomo en los que Vaughan comienza a dar respuestas a las múltiples preguntas que ha ido diseminando a lo largo de los años.

Antes de ello, el escritor, con la eficaz ayuda de Guerra y de Goran Sudzuka (un clon de la primera), se sumerge en contarnos, por una parte, como se van entrelazando las vidas de los personajes femeninos que orbitan alrededor de Yorick; reservándose en los tomos siete y ocho dos números para contarnos, a través de flashbacks que ocupan la totalidad de los mismos, los orígenes de la Agente 355, Ampersand, la Dra. Mann y la Teniente General Alter, con resultados desiguales: si bien los tres primeros resultan esenciales para la total comprensión de los citados personajes, el de Alter se antoja excesivamente forzado, algo que también es extensible al personaje menos comprensible de toda la saga.

Ya en el tomo nueve, Vaughan comienza a acelerar el ritmo de los acontecimientos dando por fin UNA posible respuesta, que no LA respuesta, al porqué de la plaga que asoló al género masculino. Dicha respuesta, perfectamente argumentada por el escritor, y con raíces en varios números atrás, resulta del todo lógica y satisfactoria, pero casi innecesaria cuando, a entender del que esto suscribe, el objetivo último de Y: The Last Man no es dar este tipo de explicaciones, sino analizar la raza humana con la genialidad que Vaughan lo hace.

Cerrando el tomo con dos historias fuera de la continuidad que atañe a Yorick, y que Vaughan usa para completar de forma brillante el fresco que ha dibujado en este particular universo, todo queda ya preparado para los seis números que cerrarán una de las sagas más apasionantes jamás publicada en formato de tebeo.

Sergio Benítez (125)

martes 17 de marzo de 2009

Y: the LAST MAN vol.2: CYCLES, vol.3: ONE SMALL STEP, vol.4: SAFEWORD, vol.5: RING of TRUTH & vol.6: GIRL on GIRL

Guión: Brian K.Vaughan

Dibujo: Pia Guerra

Editorial: DC

Formato: TPB. 128 Páginas

Precio: $12.95 c/u

Calificación: 9/10

Escribir más de una reseña sobre una misma serie, da igual lo longeva que esta sea, siempre resulta complicado. A no ser que estemos hablando de alguna de las múltiples colecciones de la familia mutante marvelita, o del Sandman de Neil Gaiman (por poner dos ejemplos clarificadores), es difícil tener que incidir en aspectos novedosos sobre unos trabajos, los de guionista y dibujante, sin caer en la reiteración de lo que ya se ha escrito con anterioridad. Es por ello que la idea inicial que tenía para mi acercamiento a Y: the Last Man al final se haya visto transformada radicalmente.

Mi intención primera era dedicar a la fabulosa serie creada alimón por Vaughan y Guerra un total de diez reseñas, una por cada tomo recopilatorio editado en los Estados Unidos. Pronto me di cuenta que tal tarea, al margen de laboriosa, iba a devenir en unos comentarios plúmbeos y reiterativos acerca de la grandeza del realismo que tanto el escritor como la dibujante habían sido capaces de desarrollar en la colección. Y, la verdad sea dicha, lo último que deseaba era aburriros a vosotros, nuestros queridos lectores, objetivo último de estas nuestras neuras verbalizadas.

No me quedó pues más remedio que variar aquella intención, por más que me dolía no poder desgranar número por número la cantidad de geniales líneas de diálogo que, normalmente puestas en boca de Yorick
(geniales los guiños a Predicador o Cazafantasmas), Vaughan va hilvanando en una historia cuyo sentido del avance del tiempo y carácter cultural multi-referencial resultan envidiables. Había pues que cambiar la estrategia de acercamiento. ¿Cuál sería la nueva estructura de tan ingente trabajo?.

La respuesta, tan obvia como en contra de mis deseos iniciales, era dedicar un mismo espacio a la crítica de varios tomos. Decidido el nuevo formato, faltaba determinar cuantos recopilatorios sería capaz de aglutinar en único comentario. En principio creí que tres sería buen número, así que este texto que estáis leyendo iba a albergar inicialmente a los volúmenes dos, tres y cuatro. Pero conforme iba leyendo primero el cinco, después el seis, creí necesarios incluirlos también. Elevándose la cantidad de páginas aquí revisadas a un número cercano a las setecientas cincuenta.

Como podrán comprender, desgranar aquí todo lo transcurrido en los tres años de acontecimientos que tal número de páginas abarca sería un ejercicio de futilidad extrema. No sólo porque necesitaría más texto del que alguien estaría dispuesto a leer, sino porque no este un espacio que guste de destripar puntos vitales de la trama de ninguno de los tebeos que comentamos. Así que, en líneas generales, lo que puedo comentar acerca de Y: the Last Man y de los treinta números que abarcan los cinco tomos sobre los que incidimos es.......

.......NO, mejor descubránlo por ustedes mismos; les aseguro, con toda la certeza de alguien que lleva mucho tiempo leyendo de todo, que disfrutarán de cada página, cada acontecimiento, cada línea de diálogo y cada giro de guión como si se tratara de una historia protagonizada por cada uno. Eso, creánme, es más de lo que se puede decir sobre muchos de los tebeos que pululan por ahí hoy en día.

Sergio Benítez (124)

lunes 16 de marzo de 2009

Y: the LAST MAN vol.1: UNMANNED

Guión: Brian K.Vaughan

Dibujo: Pia Guerra

Editorial: DC

Formato: TPB. 128 Páginas

Precio: $12.95

Calificación: 8.5/10

6 años. 60 números. Unas 1500 páginas. Esos son los números que se necesitan para conseguir una de las mejores series de la historia del cómic. Y no crean que exagero. En absoluto. Lo que Brian K. Vaughan y Pia Guerra han conseguido con Y the Last Man va más allá de lo que un servidor puede llegar a expresar en una reseña. Parafraseando a una de las alabanzas que vienen en la portada de uno de los diez tomos en los que está recopilada la serie: "La mejor película de este año es un comic-book". ¡Cuán afinada afirmación!.

No es de extrañar pues que Hollywood haya puesto ya sus miras en la posible adaptación de Y a una trilogía de películas protagonizadas por Shia La Beouf y dirigidas (o al menos eso se comenta) por David Caruso, el responsable de Disturbia. Desde lecturas reCOMICdadas queremos dedicar nuestro pequeño homenaje a tan magnífica muestra del noveno arte y comenzamos con este primer volumen una serie de reseñas (de longitud desigual) que repasarán la totalidad de los sesenta números. Así que relájense en sus butacas, y prepárense porque aquí arrancamos...

En cuestión de segundos todo ser viviente sobre la faz de la tierra con un cromosoma Y (los machos de cada especie) fallece sin explicación aparente. A tal hecatombe sólo sobreviven dos varones: Yorick, un artista del escapismo, y su mono Ampersand (nombre del símbolo &). Yorick (cuyo nombre está extraído de uno de los personajes de Hamlet) habla con su novia Beth, que en esos momentos está en Australia, cuando la tragedia se desata. Aviones caen en picado, trenes se estrellan, se colapsan las carreteras y medio mundo deja de funcionar. En esta tesitura y a lo largo de un primer número de antología, Vaughan presenta a los que serán los principales protagonistas de la historia. Acompañando a Yorick en su particular odisea estarán su madre, congresista del gobierno americano; la Agente 355, perteneciente a una organización secreta que sirve directamente al Presidente; la doctora Mann, experta genetista, y la teniente Alter, militar del ejército israelí a la que una misteriosa llamada llevará a los Estados Unidos.

Con el telón de fondo que supone que los hombres desaparezcan de la faz de la Tierra, Vaughan comienza a deshilar la madeja que llevará a Yorick a recorrer medio país en busca de la Dra. Mann. En el camino, conoceremos a Hero (sí, el nombre de la enamorada de Mucho Ruido y Pocas Nueces) hermana de Yorick afiliada a las Amazonas, un peligroso grupo de mujeres radicales que haciendo honor a su nombre se han cortado un pecho y van a la búsqueda de nuestro héroe tan pronto se enteran de la existencia de un hombre vivo.

Vaughan, colaborador de la genial Lost (que menuda quinta temporada nos está regalando), demuestra su inherente capacidad a la hora de escribir una serie que va entretejiendo la trama de forma pausada, tomándose su tiempo para describir a los personajes con la profundidad que se merecen y limitando el cásting de los mismos, al menos en este primer tomo, a los seis citados. Ello no quita para que los secundarios que van apareciendo, muchos de los cuales sólo lo hacen unas pocas páginas, tengan la misma solidez que el sexteto protagonista. Vaughan se muestra como un perfecto analista de la psique femenina en particular y la humana en general, analizando, ya sea a grandes rasgos o a través de pequeños detalles la miríada de reacciones con las que el género superviviente se ve obligado a copar.

Contrapunto perfecto a lo que Vaughan establece en los guiones, el dibujo de Pia Guerra, cuya aparente simplicidad encierra un mundo por descubrir, entintado a la perfección por Jose Marzán, descubre a una artista que domina a la perfección la caracterización de los personajes sin tener que recurrir a muchos artificios. A fin de cuentas Y the Last Man no es una serie de superhéroes ni gente con poderes, es una historia en la que personas ordinarias se ven envueltas en circunstancias extraordinarias, captando tanto Guerra como Vaughan la esencia de esa normalidad en un cómic de esos que hacen historia. Imprescindible.

Sergio Benítez (123)

viernes 13 de marzo de 2009

The AMAZING SPIDER-MAN. BRAND NEW DAY HC vol.2

Guión: Bob Gale & Zeb Wells

Dibujo: Jimenesz, Bachalo & Kitson


Editorial: Marvel

Formato: Premiere HC. 168 Páginas


Precio: $24.99


Calificación: 5/10

Comentaba hace unos meses cuando hablaba del primer tomo del Brand New Day, que las voces que tachaban al tebeo como uno de los peores de Spider-man que se habían escrito eran, como poco exageradas. Tal afirmación, basada en la lectura de un volumen francamente entretenido y bien dibujado resulta ser, a la luz de la mediocridad de este segundo recopilatorio, un tanto precipitada aún teniendo en cuenta los nombres al frente del mismo.

No todos los días puede uno leer un cómic firmado por Bob Gale, el co-guionista de Regreso al Futuro, más que nada porque las incursiones del escritor en el noveno arte son contadas. Es por ello que las expectativas ante lo que nos podía ofrecer en los cuatro números por él narrados eran bastante grandes. Lamentablemente, lo que Gale pergeña no es más que un continuo refrito de ideas más que vistas en la colección del trepamuros, inventándose un nuevo villano (que volverá a aparecer, no cabe duda) llamado Freak cuyos poderes vienen derivados de un suero similar al que el Dr. Connors usa para convertirse en el Lagarto. Tal alarde de originalidad se tolera por la estupenda labor de Jimenez (que no por la de un correcto Kitson) a unos lápices que, no obstante, siguen intentando salir de la alargada sombra de George Pérez.


Tras el chasco de la lectura de lo escrito por Gale, el interés por lo correspondiente a Zeb Wells decrece por minutos y ni Lobezno, ni esa rocambolesca historia con un dios maya de por medio, ni el siempre estimulante dibujo de Bachalo son capaces de sacar a flote a unos números que se hunden con un pesado lastre, el de la sensación de que nadie sabe hacia donde se dirige esta nueva encarnación de Spider-man. Yo por si acaso me apeo en este punto de la colección, no me vaya a coger sin flotador el hundimiento de este Titanic en potencia. A más ver pues.
Sergio Benítez (122)

jueves 12 de marzo de 2009

SHUTTERBURG FOLLIES. una novela gráfica

Guión y Dibujo: Jason Little

Editorial: Planeta DeAgostini

Formato: Cartoné. 158 Páginas


Precio: 13.95€

Calificación: 6.5/10

Shutterburg Follies
es una de esas lecturas que llega a mis manos por casualidad. Nadie me la había recomicdado. No sabía de su existencia. No tenía ni idea de quién era el autor. Desconocía de que iba la historia y mucho menos si valdría la pena su compra. Pero de cuando en cuando la compra a ciegas es un deporte sano a practicar...siempre que el bolsillo lo permita, claro está.


Previa lectura, pero post-adquisición, indagué un poco por la red para hacerme una idea de qué iba a tragarme. El resultado de la corta investigación (es lo que tiene Internet, que no te tienes que pasar horas para encontrar los datos que buscas) me llevó a descubrir que Shutterburg Follies es el comienzo de Bee, la serie online que el autor va actualizando cada domingo acerca de las aventuras y desventuras de una adolescente bastante curiosa que trabaja en una tienda de revelado de una hora (como el personaje de Robin Williams en Retratos de una Obsesión). Para ser más exactos, Shutterburg Follies recoge las 153 primeras entregas de una serialización que, cuando escribo estas líneas, va por la entrega 70 de su segunda etapa.

Evidentemente, que las raíces del proyecto se encuentren en forma virtual antes que impresa no es nada nuevo (ahí está PvP para demostrarlo), cómo tampoco lo es la base del guión, una suerte de extraño cruce entre La Ventana Indiscreta y las novelas de Nancy Drew. No, la originalidad de Little se ciñe casi de forma exclusiva al apartado gráfico, en el que el autor, no es que innove, pero si plantea nuevas visiones acerca de viejas fórmulas narrativas. Las más llamativas, dejando al margen ese trazo que resulta tan cercano al de artistas como Mike Allred, se concretan en la composición de una página (recordemos, virtual primero) que ahorra en el uso de viñetas manejando muy pocas unidades y deformándolas a placer desde el cuadrado básico, siempre con esquinas redondeadas, hasta cualquier forma imaginable. Además, Little juega en muchas ocasiones con cómo se colocan estas sobre el formato apaisado, rompiendo la línea visual normal (en horizontal y de izquierda a derecha) para adaptarla a las necesidades de la acción narrativa.


Queda claro pues que, al menos desde el punto de vista visual (ya he dicho que la historia no es gran cosa), Shatterburg Follies merece la hora escasa de lectura que hay que dedicarle. Eso sí, si se quedan con ganas de más dado el abrupto final de la historia, como fue mi caso, les invito a pasarse por la página del
autor, donde podrán seguir cada semana las aventuras de Bee. Yo ya llevo un tiempo haciéndolo...¿a qué esperas tú?.

Sergio Benítez (121)

miércoles 11 de marzo de 2009

El JUEGO LÚGUBRE

Guión y Dibujo: Paco Roca

Editorial: Dolmen

Formato: Álbum Cartoné. 64 Páginas


Precio: 15€

Calificación: 7/10

Gala. Surrealismo. Genio. Excéntrico. Cadaqués.

Todas estas palabras llevan irremisiblemente a un nombre, Salvador Dalí, el que junto a Picasso probablemente sea el artista más universal que haya dado nuestro país. La compleja personalidad del pintor, acerca del que se forjaron numerosas leyendas urbanas, es la base de partida para que Paco Roca cree una ficción de gran solidez.

Para ello, el completo autor parte de adaptar un supuesto relato que, con el mismo título, dice encontró en una tienda de antigüedades.
Así, Roca se pone al servicio de la historia de Jonás, un supuesto secretario del pintor, cuyo nombre no es Dalí, sino Deseo (cambiando también el de Gala por Galatea) que vivió con él y su pareja en momentos previos al comienzo de la Guerra Civil. El relato que adapta el cómic de Roca parte de dar crédito a las citadas leyendas urbanas, dibujando a un Dalí cuyas excentricidades son llevadas al paroxismo. Hasta tal punto se deforma al genio catalán, que la narración nos muestra a un pintor capaz de matar para llevar a cabo sus surrealistas obras, mostrándonos Paco Roca el posible origen de cuadros como el conocido Jirafas Encendidas e incluyendo el autor sus propias versiones de otros como Mae West o Construcción Blanda con Judías Hervidas.

Desdibujada la línea que separa delirio de realidad, Roca juega con el lector a placer, haciendo avanzar una anécdota por inusitados terrenos en los que su preciso grafismo sirve de ajustado vehículo a las necesidades de la narración. Ambientado a la perfección en ese pequeño pueblo de pescadores que era el Cadaqués de los años treinta, bajo la simplicidad del dibujo de Roca subyace un artista capaz de dejarse imbuir de un pretérito surrealismo para poder llevar a cabo todas aquellas apariciones del pintor (homenaje incluido a la famosa escena del Perro Andaluz).


Si algo demuestra este Juego Lugúbre, en su comparación con Arrugas o El Faro, es la increíble versatilidad de Roca a la hora de tratar historias tan dispares. A falta de leer los otros dos tebeos suyos editados por estos lares (Hijos de la Alhambra y Gog) sigo pensando que el autor valenciano es uno de los más interesantes que ha dado nuestra geografía en la última década. Muy mal lo tendría que hacer en futuros proyectos para hacerme cambiar de opinión.

Sergio Benítez (120)

martes 10 de marzo de 2009

La PRINCESA CABALLERO

Guión y Dibujo: Osamu Tezuka

Editorial: Glénat

Formato: 3 Volúmenes Rústica

Precio: 8.95€ c/u

Calificación: 7/10


"Choppy y la Princesa son buenos amigos.
Choppy la defiende de sus enemigos".

Si hace veinte años me hubieran dicho que iba a terminar escribiendo una reseña sobre una de las series de dibujitos más noña de la época, me habría reído en la cara de quien afirmara aquello. Amante irredento de todo lo que signifique animación, incluso en aquellos años tenía mis límites y la serie sobre una princesa con dos corazones me superaba con mucho (y se lo dice alguien que vio Candy, Candy enterita....y lloró a moco tendido con la muerte de Anthony...no, en serio).

Saltemos eso, unos veinte años, y situémonos en una visita a casa de mi amigo Paco en Madrid. Sin saber que en los últimos tiempos le había dado por coleccionar cómics, y más concretamente, la obra de Tezuka, me sorprendió encontrar en sus estanterías los tres tomos de La Princesa Caballero. Pero claro, cómo iba a saber yo, poco ducho en la obra del Kamisama No Manga, que las aventuras de Zafiro y Tink (pues así se llaman los personajes originales) eran creación suya.

El caso es que unos meses después, y tras las lecturas poco gratificantes de sus primeras obras, decidí que, qué demonios, le daría una opción a La Princesa Caballero. Y lo cierto es que, sin esperar demasiado (casi nada, me aventuraría a decir) la lectura de los tres tomos me ha sorprendido gratamente. A ver, que nadie se lleve a engaño. En esencia, La Princesa Caballero no es más adulta que las obras que hasta ahora hemos comentado aquí. De hecho, el ser el primer Shojo Manga (manga para chicas) lo aleja del gusto por la ciencia ficción demostrado por Metrópolis o Next World, y por lo tanto de mis filias. ¿Porqué me ha gustado entonces?, estarán preguntandose.

A decir verdad, no tengo la menor idea. Quizás sea porque, de todo lo que hemos comentado hasta ahora, La Princesa Caballero sea la que más deje notar las sempiternas influencias disneyanas (sobre todo de Blancanieves y Cenicienta). Pero quizás también porque subyacen otras influencias más sutiles como la obra de Shakespeare, la versión de los hermanos Grimm del cuento popular La Bella Durmiente, el ballet del Lago de los Cisnes del gran Tchaikovsky, o el espíritu de los relatos de caballería o piratería tan comunes en la literatura de aventuras. Aunque parezca imposible, Tezuka incluye dosis de todas ellas (y algunas más) en el relato de las aventuras y desventuras (más estas últimas) de Zafiro mientras intenta encontrar su gran amor y definirse por uno de los dos sexos que habitan en ella.

Si argumentalmente esta es la obra más Disney de Tezuka hasta la fecha, la parte gráfica no se queda atrás, por más que Tezuka innove sobre el tejido del manga con la introducción de los fondos floridos o los enormes ojos de los protagonistas (algo que terminará siendo marca de registro de los shojo): desde el diseño de Tink, sacado directamente de los querubines de la Pastoral de Fantasía, hasta el de la bruja Hell, la notable influencia de los estudios de animación se vislumbra más que nunca.

Aunque cuente con tres volúmenes para su tranquilo desarrollo, lo atribulado de todo el final hace pensar que quizás Tezuka no tuviera clara la conclusión de su obra (cogida con alfileres) hasta poco antes de terminarla. Esto no quita para que hasta la mitad del tercer volumen no podamos disfrutar de una obra pionera en su género que, ante todo, es tremendamente entretenida.

Sergio Benítez (119)

lunes 9 de marzo de 2009

SPIDERMAN: ESPÍRITUS de la TIERRA



Guión y Dibujo: Charles Vess


Editorial: forum


Formato: Albúm Rústica. 80 Páginas


Calificación: 6.5/10


Retrocedamos diecisiete años a 1992. Año marcado por Olimpiadas y Exposiciones Universales y en el que Forum todavía ejercía su hegemonía como la editorial española que más cómics editaba al cabo del mes (muy por encima de lo que Zinco era capaz de lanzar al mercado). La multiplicidad de sus productos, que eran impresos en una gran variedad de formatos, permitía a los lectores acercarse a todos los recovecos del Universo Marvel. De todos ellos, mi favorito siempre fue la novela gráfica. Quizás por su tamaño, quizás porque siempre se trataba de proyectos especiales, quizás porque por aquel entonces el coleccionar cómics comenzaba a tomar forma y las historias autoconclusivas eran la mejor opción antes de introducirse en el caos de la continuidad de una colección.

Sea como fuere, y tras un primer volumen en el que la editorial había sacado cosas como los míticos Dios Ama, el Hombre Mata o La Muerte del Capitan Marvel (en lujosa tapa dura y papel satinado), cuando me llegó el turno de empezar a hacerme con los tebeos editados en este formato, Forum ya andaba metida en su segundo volumen, que había arrancado con el Nick Furia /Wolverine y en el que se publicarían estupendas historias como el Dr.Extraño / Dr.Muerte de Stern y Mignola, el Daredevil: Love and War de Miller y Sienkiewicz, el Hulka de Byrne, el Daredevil: Matadero de Starlin y Chiodo o este Spiderman: Espíritus de la Tierra de Charles Vess.

Lejos todavía de ver publicados sus futuros trabajos de Sandman o Stardust, Charles Vess había dibujado hasta este Spiderman tres números de Marvel Fanfare, y una novela gráfica titulada El Estandarte del Cuervo, con lo que poder tratar a uno de los personajes emblema de la compañía era toda una novedad para el dibujante. La primera decisión de Vess a la hora de abordar al trepamuros dice mucho de los gustos del artista ya que, en lugar de situar la acción en Nueva York, esta tiene lugar en las highlands escocesas. Allí, y con los elementos mágicos tan propios de la zona y que tanto gustan a Vess (sólo hay que echar un vistazo a los dos trabajos citados al comienzo de este párrafo para darse cuenta de ello), la rocambolesca historia en la que se ve envuelto Peter, en la que interviene El Club de Fuego Infernal aparecido en la mítica saga de Fénix Oscura, es una simple excusa para poder admirar la fantástica labor del autor a los lápices, tintas y colores.


Ya aquí se detectan las mismas virtudes que le llevaran a ser premiado por sus trabajos posteriores, aunque también aquí encontramos los pequeños defectillos que, de alguna manera, ha seguido lastrando posteriormente. Entre los primeros, su innata capacidad para el encuadre, la facilidad con la que compone los fondos sobre los que se desarrolla la acción y el maravilloso uso que hace del color. Entre los segundos, los errores a la hora de controlar la anatomía de los personajes, que provoca en ocasiones escorzos imposibles y pésimamente definidos.
Aunque encontrar hoy en día esta novela gráfica (o por extensión cualquiera de las otras que editó Forum) sea una auténtica labor de arqueología, tanto por tiempo como por el coste de las "piezas", si se encuentran por casualidad con este Espíritus de la Tierra y lo pueden adquirir a buen precio, no lo duden; no es que sea una gran historia, pero tiene ese sabor añejo que, de cuando en cuando, siempre conviene rememorar.

Sergio Benítez (118)

viernes 6 de marzo de 2009

ABSOLUTE WATCHMEN

YOU'RE NOW ENTERING RECOMICLAND...now with only one recomicdator

Corren tiempos aciagos para la blogosfera.

Aprovechando su última visita a Algeciras, Mario, haciendo gala de la enorme humildad que le caracteriza, me comunicaba con un gran pesar que abandonaba el blog, una noticia que sin ser esperada, si que me resultaba de todo punto lógica, ya que algunas de las sensaciones que comentaba mi compañero ayer acerca de la "presión" (autoimpuesta en todo momento) de tener que recomicdar cada vez que se termina un lectura es algo que puede llegar a cansar.

Por lo que a mi respecta, mientras el tiempo me lo permita (a las ganas las tengo muy educadas desde hace años) seguiré con el mismo ritmo de actualización, esto es, diario de lunes a viernes. En cuanto vea que me es imposible continuarlo, desaceleraré a tres semanales. Así que despreocupaos, que por ahora no os dejaremos huérfanos de recomicdaciones.

En cuanto a ti, Mario, hago aquí público lo que ya te he dicho unas cuantas veces, esto es tan criatura tuya como mía, y aquí seguirá en cuanto quieras volver a ella. Hasta entonces,

Nuff Said!.


Guión: Alan Moore

Dibujo: Dave Gibbons


Editorial: DC


Formato: Slipcase HC. 464 Páginas


Precio: $75.00


Calificación: O.M.


Antes de comenzar con nuestra recomicdación de Watchmen vaya por delante otra que no se le debería pasar a ningún aficionado al cómic en general y menos aún a cualquier amante de la magna obra de Moore y Gibbons en particular: W de Watchmen, un magnífico libro editado por Dolmen y que ha escrito Rafa Marín para deleite de todos aquellos que quieran saber más acerca de cualquier detalle imaginable de la serie. Un gran trabajo que hace aún más grande la lectura que ahora nos proponemos recomicdar.

Cuando Mario y un servidor empezaron este blog el pasado mes de junio, teníamos claro que, siguiendo la idiosincrasia con la que nos habíamos propuesto caracterizar a nuestra criatura, tarde o temprano íbamos a tener que recomicdar tebeos de esos se consideran seminales dentro de la historia del noveno arte. Y aunque uno podría pensar que después de haber escrito acerca de La Broma Asesina, El Regreso del Señor de la Noche, el Spirit de Eisner, Contrato con Dios o el Donald de Carl Barks, tendría que ser bastante fácil ponerse a discurrir sobre todo aquello que Watchmen ha supuesto para mí como lector de cómics; no deja de ser menos cierto el hecho de que acometo esta recomicdación con cierto recelo por la envergadura y las connotaciones que arrastra siempre el tener que hablar sobre una Obra Maestra, venga esta de la disciplina que venga. Pero como reza el dicho, la historia no la escriben los cobardes, así que valor, y al tajo.

Como quiera que sobre Watchmen se han vertido ríos de tinta, y que con la recomicdación del libro de Rafa Marín quedan cubiertas casi todas las lagunas que uno pudiera aún albergar acerca del tebeo, esta recomicdación no va a ser tan extensa como podría ser esperable (al menos eso pretendo) y va a comenzar, como tantas otras en este blog, relatando (dentro de lo que mi memoria me permita) las circunstancias que me llevaron, hace ya "taitantos" años, a leer Watchmen. Suponiendo que la edición de Zinco en doce cómics llegara un año después de su publicación a tierras españolas, no fue hasta...aquí es donde mis neuronas comienzan a sobrecalentarse por el esfuerzo, así que aventuraré que...allá por 1992 cuando me topé, de pura casualidad en una pequeña tiendecita con los diez primeros números de la serie saldados por "cuatro duros". Podréis imaginar cuál no fue mi frustración al comenzar a leer, quedar enganchado y ser consciente de que iba a pasar mucho, pero mucho, mucho tiempo hasta poder conseguir los otros dos números (en Algeciras por aquel entonces lo más parecido a una tienda de cómics eran los Mortadelo que se podían comprar en el quiosco de prensa situado enfrente de casa de mis padres). En fin, que los hados quisieron que unos meses más tarde, una fugaz visita a Sevilla, y el pertinente sablazo a la cartera de mi padre, me permitieran optar a leer una obra que había despertado mi curiosidad más allá de lo imaginable.

Aquella noche de vuelta de la capital hispalense no podía dejar de pensar en cómo terminaría la historia y, fue llegar a mi dormitorio y encerrarme en él para, de una sentada, tragarme los doce números completos, complementos incluidos. Núbil adolescente por entonces, la carga de mensajes y múltiples capas que Watchmen encerraba para una mente medianamente ágil pero todavía en proceso de formación, provocó poco menos que un cortocircuito sináptico: no era capaz de procesar lo que a todas luces era un cómic fuera de lo normal, tanto en calidad como en la forma en la que se apartaba de cualquier tebeo de superhéroes (aunque de esos no había nada que encontrar allí) de los que había consumido hasta ese momento.

Personalmente, creo que ese detalle en particular (unido a otra miríada de circunstancias) es el que hizo grande a Watchmen y sigue haciendo que hoy, veintitrés años después, sea un cómic tanto o más vigente que las muchas intentonas de DC o Marvel por vendernos los mega-super-macro-eventos anuales. Atreviéndome a rozar mínimamente la superficie de toda esa multitud de detalles que aglutina la obra de Moore y Gibbons, hay ciertos elementos de la misma que suponen un matiz claramente diferenciador con respecto a las muchas lecturas que antes, durante y después de Watchmen han visto la luz en el universo de los tebeos. De entre ellos, y por aquello de no alargar este análisis más de lo que ya lo estoy haciendo, destacaría, sin que el orden implique importancia, los siguientes:

. La simetría a tres niveles con la que Moore juega a lo largo del tebeo, asemejando la experiencia a estar contemplando una complejísima mancha de Rorschach y en la que llaman la atención la relación temática de los números pares e impares o el asombroso reflejo, primero estructural, después en muchas viñetas, con el que está montado el número cinco.
. Los constantes devaneos de Moore para con el lector a la hora de adelantar el final. Un detalle imposible de apreciar en una primera lectura y que con las subsiguientes va desvelándose poco a poco, siendo la conversación del Comediante con Moloch en el segundo número, un ejemplo clarísimo de los deseos del guionista de que alguien descubra parte de la impactante conclusión antes de que esta se produzca.
. La constante mirada critica con la que el escritor va desmotando pieza a pieza la imagen de héroe impoluto que hasta el momento de su publicación era la tónica reinante (aunque no absoluta) en los cómics. No sólo me refiero al tono realista que caracteriza a la narración, que podemos encontrar incluso cuando esta incide sobre el Dr. Manhattan, sino a las constantes puyas que Moore introduce acerca de la idiosincrasia (muchas veces de carácter sexual) de unas personas que se disfrazan para poder sentirse realizadas. A este respecto resulta revelador leer con la mentalidad de un adulto toda la secuencia del primer encuentro íntimo entre Dreiberg/Laurie, Búho Nocturno/Espectro de Seda haciendo caso a los comentarios que van surgiendo de la televisión. Simplemente genial.
. El número dedicado al Dr.Manhattan, ya no sólo porque es uno de los más reveladores, sino por el dominio temporal que el guionista demuestra en todas y cada una de sus páginas, haciendo de él una lectura intensa tanto en forma como en contenido.
. El ecuador de la narración (el número seis), dedicado al mejor personaje de la misma, con la secuencia más violenta de toda la historia, y con una frase "No estoy encerrado aquí con vosotros. Sois vosotros los que estáis encerrados conmigo" que lo dice todo sobre Rorschach y la claridad de sus ideas a la hora de impartir su particular justicia.
. Los complementos (todos ellos imprescindibles para captar lo que Moore narra ) y, sobre todo, el cómic de piratas que sirve de reflejo continuo de la acción, ya sea de forma directa como una suerte de recorrido apócrifo sobre la vida de Veidt y lo que el megalómano pretende hacer, ya sea como metáfora puntual que toca a otros personajes como Rorschach o en menor medida pero no con menos fuerza, al quiosquero, las pandillas, la taxista lesbiana o el niño que lo lee con denodado interés.

Y podríamos seguir y seguir analizando la práctica totalidad, no ya de las páginas, sino de las viñetas; unos pequeños rectángulos que Gibbons carga de mensajes y contenidos y que convierten Watchmen en uno de esos pocos cómic a los que es estrictamente necesario volver de vez en cuando para afianzar las impresiones que su última lectura dejo e ir creando nuevas que vayan acumulándose en nuestra memoria. Huelga decir que el trabajo del dibujante británico es la perfecta traslación de lo que Moore pare para cada página y número, y que la reciprocidad entre el guionista y él es la máxima responsable de que hoy y tras incontables zambullidas en todas las ediciones que han ido pasando por mis estanterías (y de las que sin duda me quedo con la Absolute americana) Watchmen consiga seguir sorprendiendo con nuevos hallazgos. Una perfecta definición de por qué este cómic es una Obra Maestra del noveno arte.

Sergio Benítez (117)

P.D: Y sí, al final ha quedado un poco larga, pero me lo pueden perdonar, ¿no?.

jueves 5 de marzo de 2009

SUPERMAN ANUAL #11

YOU ARE NOW LEAVING RECOMICLAND

Bueno, ustedes no, yo. Y es que esta reseña de Superman se convierte desde ya en mi canto del cisne particular. Hace ya algunos meses que comencé mi andadura en esto de los blogs y tengo que reconocer que ha sido una pasada. Pero también es cierto que requiere cierta dedicación. Más de lo que pensaba. Tiempo del que ahora no dispongo, y que, después de haberlo meditado bastante, me ha llevado a tomar está decisión.

Y no solo es cuestión de tiempo. En los últimos dos meses he notado algo que jamás pensé que ocurriría. Pocas ganas de enfrentarme a un tebeo. Cierta saturación comiquera, y como no, la obligatoriedad de la reseña hacían que acabar la lectura de un comic supusiera un trabajo extra. Y por ahí no estoy dispuesto a pasar.

Solo me queda agradeceros a todos vuestros comentarios y aseguraros que por supuesto nos leeremos por aquí. Sin duda.

Buenas noches y buena suerte.


Guión: Alan Moore

Dibujo: Dave Gibbons

Editorial: Zinco

Formato: Grapa 68 Páginas

Precio: 1 € (Saldo)

Calificación: 9.5/10

¿Es un pájaro? ¿Es un avión? No. Es una masa de pelo informe que, de paso, también escribe comics. Y qué bien lo hace el maldito. Para escribir historias cuyo protagonista sea un extraterrestre bastante fortachón y que pocas cosas pueden herirle hace falta hilar muy fino. Nunca le he visto el atractivo al bueno de Clark Kent, sin embargo sí es cierto que pululan por ahí algunos guiones de esos que quitan el hipo. Así por encima se me ocurre Identidad Secreta, la miniserie del Hombre de Acero facturada por Byrne y por supuesto lo escrito por Moore.

Este especial, el anual 11 yanqui, lo publicó la editorial Zinco hace ya algunos añitos, y recientemente lo ha recuperado Planeta en uno de sus innecesarios Absolutes, agrupando todo lo escrito por el guionista británico sobre el hombre de acero. La historia El Hombre Que Lo Tenía Todo es simplemente perfecta. Poco se puede añadir a lo escrito sobre un guión al que no se le ven fisuras por ningún sitio.

No hay que olvidar que es una historia corta, y es que después de leer otros comics del mismo número de páginas, como por ejemplo, La Broma Asesina, uno no sabe que pensar, ¿qué hace mejor Moore? ¿Miniseries?, ¿maxiseries?, ¿números unitarios?, ¿24 páginas? ¿48? Pues la verdad es que casi cualquier cosa que se proponga lo borda.

Lo que en principio debería ser una celebración del cumpleaños de Superman con algunos de sus amigotes, Wonder Woman, Batman y Robin, acaba convirtiéndose en una auténtica pesadilla a la que se le unirá un inesperado invitado.

Es en este momento cuando empieza el despliegue de ideas made in Moore. La narración se parte en dos. Por un lado lo que ocurre en el presente, donde nuestros héroes empiezan a repartir tollinas, y por otro lado lo que ocurre en… bueno, lo que pasa en otro sitio. Y es ahí donde Moore se muestra más Moore que nunca. Resultando una suerte de What If…? y un rollito filosófico-psicológico que convierte la historia en una de las mejores jamás escritas sobre el personaje. En tan solo 40 páginas. Y es que cuando uno vale…

Y a los lápices Dave Gibbons. Como siempre cumpliendo de sobra. Con su estilo elegante y limpio nos muestra una Fortaleza de la Soledad más oscura y tétrica que de costumbre. Alternando con unas secuencias Kryptonianas de lo más acertadas. ¿Qué se podía esperar de la pareja que acompañó a Moore en Watchmen? Pues eso.

Este cómic creo que existe para probar una vez más que no hace falta una retahila de tropecientos números para contar una buena historia, y que ni mucho menos importa el personaje protagonista de dicha historia. Como ya dije al principio, Superman no es un personaje fácil de escribir, pero ya se sabe que la gente con talento hace fácil lo difícil, y Moore tiene un talento más grande que su pelambrera.

Marione (y LXX)

miércoles 4 de marzo de 2009

SUPERMAN.BATMAN: WORLD's FINEST


Guión: Dave Gibbons

Dibujo: Steve Rude

Editorial: DC

Formato: TPB. 164 Páginas

Calificación: 9/10

De todos los tebeos que conforman mi biblioteca, muy pocos podrían afirmar formar parte del variopinto grupo de esas lecturas que cada cierto tiempo uno vuelve a repasar. A vuelapluma, y sin un orden determinado, compondrían este grupo cosas como Dragon Ball, Mafalda, Bone, Liberty Meadows, Wolverine: Bloodlust, Batman: Full Circle, Arrowsmith, Superman: Secret Identity, Preacher, JLA: The Nail, Next Men, Batman: Year One, The Dark Knight Returns, The Killing Joke, Ultimates (v.1 y 2), JLA:Earth 2, Kingdom Come, V for Vendetta, Marvels, Watchmen, Danger Girl, Stardust o Herobear. Todos ellos son cómics que han pasado más de una y dos veces por mis manos para ser releídos (y aunque parezcan muchos no lo son en comparación al resto de lo que se almacena en las estanterías). Sin embargo, si hay uno que se lleva la palma en cuanto a relecturas ese es este World's Finest.

Con un primer número aparecido en 1941 bajo el título World's Best Comics, a partir del número dos, la cabecera de la serie que relataba aventuras conjuntas de Batman y Superman, cambió su denominación por el de World's Finest Comics. Y con el siguió hasta el final de su aventura editorial, cuarenta y cinco años después. Normalmente de tono desenfadado y sin entrar a analizar mucho a ninguno de los dos personajes (para eso ya estaban sus correspondientes colecciones) World's Finest Comics sigue siendo hoy una de las colecciones más queridas por los aficionados que llevan metidos en este mundillo más de dos décadas.

Cuatro años después de su desaparición del mercado, DC lanzaba la miniserie de tres prestigios (editados por la añorada Zinco en nuestro país) que queda recogida en el volumen que nos ocupa. Con un Dave Gibbons que afrontaba su primer trabajo de envergadura a los guiones (antes había escrito algunos números de Rogue Trooper); el gran Steve Rude a los lápices
y en el color el magnífico Steve Oliff, World's Finest no podía contar con un mejor equipo creativo.

La historia del World's Finest de Gibbons y Rude se divide claramente en dos partes que corresponden a los dos primeros números por un lado, y al tercero por otro. Hilvanado a la perfección por el trasfondo que supone el que los dos archienemigos de los héroes, El Joker y Lex Luthor, cambien sus bases de operaciones de forma momentánea a Metrópolis y Gotham respectivamente, el guión de Gibbons va estructurándose de forma simétrica siempre que muestra a Batman y Superman por separado. Esta forma tan curiosa de componer la narrativa en igual número de páginas para ambos superhéroes sirve al guionista para ir configurando un relato lleno de intrigas en el que Gibbons plasma su interés por diferenciar la sombra que representa el primero por la luz que simboliza el segundo. Evidentemente, la extraña simetría utilizada por el escritor se rompe, en cada uno de los prestigios, siempre que ambos personajes comparten acción, algo que sucede, inicialmente, en Midway, ese pueblo a mitad de camino entre las dos ciudades más características del Universo DC.

Bien evidente es que si el magnífico trabajo de Gibbons no hubiera tenido su correspondencia en el dibujo, estaríamos hablando de un tebeo totalmente diferente; pero con Rude a los lápices (y Karl Kesel a las tintas) no podía haber lugar a equivocaciones. El que conozca el trabajo de The Dude (como él se autodenomina) para la mítica Nexus, sabrá que el artista es un narrador consumado en constante proceso de renovación y búsqueda de nuevas formas con las que sorprender a sus lectores. Podríamos decir que cuando dibuja World's Finest, Rude se encuentra en su mejor momento como dibujante, pero eso sería desmerecer la gran valía de todos su trabajos anteriores y posteriores. Salvo los titubeantes comienzos para la serie que lo daría a conocer, Rude ha sabido mantener, más allá de modas pasajeras, un estilo de línea clásica muy deudor de Milton Caniff en el trazo y Norman Rockwell en la composición y gusto por el detalle. Ambas influencias (y alguna más como la de Alex Toth) son claramente identificables en World's Finest.

Eligiendo como modelos de Batman y Superman las representaciones más clásicas de los personajes que le permitieron en DC (que en el caso del segundo fue la de los dibujos de Richard Fleischer), Rude trabaja cada página de World's Finest como si fuera una pieza única digna de exposición. Su pasión por que el detalle forme parte de la historia (que va más allá del carácter enfermizo de dibujantes como Geoff Darrow) es algo que se nota, y mucho, cuando uno examina con detenimiento muchas de las impresionantes viñetas que el artista cuaja en esta gran lectura; un trabajo que queda perfectamente suplementado por la labor de Steve Oliff, uno de los mejores coloristas que ha dado el mundo de los cómics norteamericanos.

En las notas de Steve Rude redactadas allá por 1992 y que cierran la lectura del tomo, descubrimos que DC tenía la firme intención de haber lanzado al mercado otra miniserie de World's Finest con el mismo equipo creativo. Lamentablemente, y por la más que probable razón de la proverbial lentitud del dibujante a la hora de terminar sus trabajos (el relanzamiento de Nexus bajo un nuevo sello editorial sólo ha visto dos números de los cuatro previstos en año y medio) esta miniserie nunca llegó a ver la luz. Visto hoy, tantos años después, y dada la incuestionable calidad del trabajo realizado, el que la segunda parte de World's Finest no fuera publicada es como poco, un mal menor. Pocos tebeos han sabido mostrar a ambos héroes con la fuerza, el mimo y ese sentido bigger-than-life que tanto gusta a los americanos. No es de extrañar pues que la lectura que precedió a esta reseña, fuera la quinta o la sexta que hacía del tomo...y lo se, necesito ayuda profesional pero, ¿y quien no?.

Sergio Benítez (116)

martes 3 de marzo de 2009

La LIGA de los CABALLEROS EXTRAORDINARIOS


Guión: Alan Moore

Dibujo: Kevin O´Neill

Editorial: Planeta DeAgostini

Formato: Tapa Dura. 176 Páginas

Precio: 11,95 €

Calificación: 9.5/10

Soy muy poco dado a cambiar de formato los comics que ya tengo. Me explico. Si tengo algo en grapa, así se va a quedar. Lo que pasa es lo que pasa y si tienes alguna juntera que te mete por el mal camino pues algo cae. Y eso es lo que pasó con esta Liga De Los Caballeros Extraordinarios (en adelante LDLCE). Mis comics de treintaitantas páginas pasaron a mejor vida cuando Planeta publicó el recopilatorio en tapa dura. Una de las cosas que se tienen que producir para el cambio a tomo es que la obra bien lo merezca, y la Liga lo merece bastante.

Después del revuelo producido por el sello America´s Best Comics que el amigo Moore se sacó de la chistera tocaba comprobar si tal evento estaba a la altura de lo comentado o simplemente que el guionista británico tenía que pagar facturas y que el hambre es mu mala. Había de todo, pero incluso lo regulero tenía una calidad envidiable.

Si entre todas las series del sello había una que por su planteamiento inicial llamara poderosamente la atención era LDLCE. La premisa inicial es un poco de locos: un grupo de personajes sacados de las novelas de aventuras más clásicas (Drácula, El Hombre Invisible, Dr Jekyll y Mr Hyde, Capitan Nemo, etc…) ubicados en la época Victoriana. Si a ésto le sumamos un tono aventurero mezclado con grandes dosis de intriga y suspense nos podremos hacer una idea de lo que nos vamos a encontrar en la serie.

Moore sabe dosificar perfectamente las sorpresas y giros en el guión. Como se va formando el grupo, cuales serán sus aspiraciones, alguna traición, que siempre viene bien y muchísimas referencias literarias. Pero muchas, muchas. Personajes sacados de novelas como Moby Dick aparecen para hacer un breve cameo, trágicos desenlaces de otras tantas que se incrustan de manera maravillosa en la propia historia de los Caballeros. Como si del engranaje de un reloj se tratara, Moore sabe lo que quiere contar desde un principio y lo hace de manera que cada pieza tiene su sitio y encajan a la perfección.

Para ilustrar estas aventuras el barbudo guionista eligió a un dibujante también británico, Kevin O´Neill, el cual sonará por sus trabajos en las clásicas Marshal Law o Nemesis The Warlock. Su estilo, bastante feote, es perfecto para la historia. Muy detallado en algunas ocasiones, tanto, que hay páginas en las que nos podemos llevar un buen rato admirando su buen hacer como si de un Geoff Darrow se tratara.

Y lo mejor de todo es que la lectura no se resiente con el paso de los años. He perdido la cuenta de las veces que ha pasado por mis manos este tomo y previamente los comics en grapa y siempre se encuentran nuevas referencias, personajes de esta o aquella novela que se nos habían pasado por alto. Recomendadísimo trabajo de Moore para pasar un rato de extremo entretenimiento. Y no, ya se que se lo están preguntando, y la respuesta es no. No he cambiado este tomo en tapa dura por el Absolute. Al menos de momento porque como ya he dicho un poco más arriba la obra bien lo merece.

Marione (LXIX)

lunes 2 de marzo de 2009

GIVE ME LIBERTY

Este viernes se estrena (¡por fin!) Watchmen. Y como ya es tradición en este blog, vamos a dedicar toda la semana a reCÓMICdar obras de sus dos autores, Alan Moore y Dave Gibbons, ya sea juntos o por separado, e incluso en la doble labor de Gibbons como dibujante y guionista. Sin más comenzamos por uno de los tebeos más representativos del dibujante datado a principios de los noventa. Que ustedes lo disfruten y...

¡Nuff Said!


Guión: Frank Miller

Dibujo: Dave Gibbons


Editorial: Norma


Formato: Cartoné. 208 Páginas

Precio: 18€


Calificación: 9/10


EXAMEN PRESIDENCIAL

Marque la respuesta que crea correcta, desarrolllando aquellas que crea necesario.

¿Qué Presidente abolió la 22ª Enmienda de la Constitución?

[A] El Presidente Rexall

[B] El Presidente Hoover

[C] El Presidente Jefferson

¿Cómo elaboraría usted una recomicdación de Give Me Liberty?.

[A] Economía de crisis.
Gran tebeo dibujado por Dave Gibbons en su mejor momento y un Frank Miller al que, gracias a Dios, no le da por desbarrar.

[B]. Con tufillo intelectual.
Miller se envuelve en un manto nostradámico para ofrecernos una visión pseudo-apocalíptica de un futuro distópico con resonancias contemporáneas en el que se ven reflejadas ciertas realidades actuales (con mesiánicos presidentes incluidos) que Gibbons, con su habitual presteza y psicotropía detallista, dota de un inusitado carácter de tebeo-más-allá-del-tebeo, deshaciéndose al tiempo de su atávica rigidez.

[C]. Al estilo bloggero.
Como quiera que ya coleccionaba cómics de forma más o menos "seria" cuando se publicó esta obra por primera vez en nuestro país (si la memoria no me falla, un año después de su edición norteamericana, fechada en 1990) el recuerdo de Give Me Liberty quedaba lejano en el tiempo. Un agradable rescoldo de lo que su lectura había supuesto, y la clara impresión de que se trataba de uno de los mejores trabajos que le había leído a Gibbons en cuanto a dibujo, la decisión de incluir este tebeo en el especial que ahora arranca era la más clara de entre las cuatro obras que acompañarían a Watchmen, aunque tan sólo fuera por volver a leerla después de tantos años, algo a lo que este blog ya ha ayudado en varias ocasiones con otros olvidados tebeos.

Y la impresión de la relectura no podría ser mejor. Cuando Miller y Gibbons unen sus esfuerzos en la creación de Give Me Liberty ambos son autores consagrados. El primero por sus míticos trabajos en Daredevil o El Regreso del Señor de la Noche; el segundo, cómo no, por Watchmen. La fusión de sus personalidades artísticas tiene lugar en una historia de ciencia-ficción con tintes políticos que, publicada por Dark Horse, jamás hubiera encontrado su lugar en alguna de las majors por aquel entonces debido a lo "fuerte" de su contenido: sin cortarse lo más mínimo, Miller, con la irreverencia de su personalidad totalmente asumida, carga las tintas del relato de Give Me Liberty en ironizar, ora de forma sutil, ora de manera directa, contra la forma de gobierno norteamericana, las políticas exteriores expansionistas y monopolizadoras de su país, la figura del presidente y el poder que ella conlleva, las grandes compañías (aquí representadas por las hamburgueseras) e incluso, la famosa "Guerra de las Galaxias" del presidente Reagan, que había abandonado el despacho oval sólo dos años antes de la publicación del tebeo.

Para mayor pundonor, Miller efectúa este singular repaso a través de los ojos de una mujer de color nacida en una suerte de ghetto y que encontrará su redención en los PAX, un cuerpo pacificador militar motor de la narración. El tomar como protagonista a una de las minorías raciales más castigadas por la historia de norteamérica no es casual y Miller lo sabe, sirviendo el hecho de que la protagonista sea negra como amplificador de las diversas ramificaciones y reverberaciones de una historia en la que el creador de Sin City abunda con ciertos recursos que ya habían sido explorados por ejemplo, en Watchmen. Así, no debe resultar extraño para el lector encontrar páginas de ficticias revistas que inciden, ya en contar un sesgo de la vida de uno de los dos presidentes que aparecen en el tebeo, ya en dibujar la situación geo-política en la que queda sumida la nación americana cuando se declara una guerra civil, ya en mostrar anuncios de neumáticas mujeres que se rebelan contra su creador.

Y si bien lo escrito por Miller tiene una fuerza y empaque indudable, no es menos cierto que la compacidad final de Give Me Liberty es debida a la excelsa labor de un Gibbons que toca techo con el dibujo que aquí podemos contemplar: con su característico estilo, pero deshaciéndose de la rigidez de formas que hasta entonces se le podía haber visto en cualquiera de sus obras, Gibbons se explaya a placer en unas páginas narradas con virtuosismo y secuenciadas con engranajes perfectamente engrasados que le permiten pasar de las múltiples viñetas a las splash-pages sin que el incesante ritmo de la lectura se resienta un ápice.

Ligados mediante una fuerte inercia y una trabazón indisoluble, los trabajos de Miller y Gibbons para Give Me Liberty concretan un tebeo que no sólo sirve como espejo a la realidad social de una época y un lugar (la América de principios de los noventa) ya que sus postulados, despojados de todos los adornos propios del medio, siguen manteniendo su carácter de rabiosa actualidad; y es eso, a la postre, lo que sigue haciendo grande a esta magnífica lectura.

Sergio Benítez (115)