jueves, 3 de septiembre de 2009

El ÚLTIMO GRAN VIAJE de OLIVIER DUVEAU

Guión: Jali

Dibujo: Jali

Editorial: Astiberri

Formato: Libro Rústica. 168 Páginas

Precio: 16€

Calificación: 8/10

Perdidos en algún lugar lejano de nuestra vasta memoria se encuentran los recuerdos de las cosas que hemos ido viviendo y almacenado sin darle mayor importancia. Uno de los recuerdos más vívidos que guardo de mi niñez fue cuando, teniendo ocho años, sufrí una grave caída de uno de esos laberintos cúbicos metálicos que había en los parques infantiles, fracturándome el cráneo y perdiéndome cuatro meses de clases. El caso es que durante esos meses, todos mis familiares tuvieron a bien colmarme de lecturas diversas que iban desde Astérix, Tintín o Mortadelo, a diversos títulos de Julio Verne o Emilio Salgari, pasando por toda una selección de libros que quedaron almacenados y olvidados en los recovecos de mi memoria.

Y ahí se habrían quedado sino fuera porque la nueva obra de Jali me trajo a la memoria uno de ellos, que durante mucho tiempo tuvo especial significancia tanto por ser un regalo de mi querido abuelo como por su rareza. Su título, La Aventura Formidable del Hombrecillo Indomable (si alguien quiere leerlo que siga este enlace). De carácter absurdo y ritmo frenético, quiero pensar que este poema ilustrado por el checo Hans Traxler se encuentra de alguna forma detrás del hipnótico relato que el español teje con El Último Gran Viaje de Olivier Duveau. A través de una narrativa portentosa, que se vale de un personalísimo grafismo para contar la historia haciendo brotar en el lector una fascinación tan inexplicable como inevitable, Jali concreta con este volumen una magnífica aproximación al terreno de las fábulas, conectando (y de ahí que la lectura me recordara aquél libro de la infancia) con nuestros recuerdos más tempranos, aquellos momentos en los que cualquier cosa era una aventura tan grande como la vida misma y el más pequeño descubrimiento cobraba la mayor de las importancias.

Pero Jali no se para en provocar cierta nostalgia con la primera parte de la historia - aquella en la que Olivier es niño - sino que, convirtiendo a su protagonista en hombre, comienza a derivar lo que hasta entonces había sido un relato más o menos objetivo, que mezclaba la evolución biográfica del personaje con una pasión desmesurada por las estrellas y un amor irracional por una mujer, de nombre Estel, hacia terrenos que entran de lleno en la mirada subjetiva y en lo que cada uno pueda aportar a una lectura que hacia su punto medio se torna en un dechado poético precioso. Con Olivier montado a lomos de un imposible cohete y recorriendo un firmamento llamado a colmar sus ansias, Jali va dirigiendo a lector y protagonista hacia un final tan evocador como inesperado, lleno de una poesía que es difícil ignorar y que deja un regusto agradable en el paladar.

Regalándonos a la conclusión de la historia principal un cuento algo turbador, que pasa del carácter infantil al adulto sin dificultad alguna, el autor navarro cierra un volumen compacto que se lee en un suspiro y deja ganas de mucho más, como si haber recorrido el universo con Olivier Duveau no hubiera sido suficiente para saciar las ansias nostálgicas de nuestra añorada niñez.

Sergio Benítez (256)

5 comentarios:

Toni C. dijo...

leñe, Sergio, has cogido carrerilla como astiberro que no hay quien te pare.........na, otro que si lo veo en la tienda tendré que echarle un vistazo.

sebelo2 dijo...

Hehehehe, pues no se yo quien tendrá parte de responsabilidad...no se yo ;P.
Saludetes Toni,
Sergio

Nacho dijo...

Este es de esos tomos que tienes en la mano más de una vez y nunca terminas de llevarte a casa.

Y luego pasan los meses y ni te acuerdas de su existencia.

Hasta que un recomicdador le da por decirte que merece la pena, y entonces vuelve a empezar el ciclo.

Saludos!

sebelo2 dijo...

Entono el mea culpa.
A mi me gustó mucho, pero es bastante raro, así que cautela.
Saludetes,
Sergio

JA dijo...

Hola a todos:
He estado un poco fuera de honda estas últimas semanas.
Haces bien en recomendar prudencia, Sergio. Es un cómic algo peculiar y a mi no me acabó de gustar, ni a mi mujer que le encantan los cuentos. No sé como explicarlo... le falta algo, pese a la personalidad que le confiere su peculiar grafismo.