martes, 27 de octubre de 2009

PLANETARY

Guión: Warren Ellis

Dibujo: John Cassaday

Editorial: Wildstorm

Formato: 27 Cómic-books. 24/40 Páginas

Precio: $2.99-3.99

Calificación: 9.5/10

¿El año?. 1998

¿El mes?....pues la verdad es que no lo recuerdo, pero tengo la impresión de que era verano...no, verano, no, más bien principios de otoño.

¿El cómic?. Un Gen 13 número 33 (y no preguntéis, ya he dicho más de una vez que tengo un pasado muy pijamista) guionizado por John Arcudi y dibujado por un Gary Frank excelentemente entintado por Cam Smith.

Todo esto no sería de gran relevancia sino fuera porque como complemente de tan irregular tebeo (lo único medio bueno de Gen 13 fueron sus inicios) los lectores nos encontrábamos con una pequeña sorpresa en forma de historia de ocho páginas en las que Wildstorm nos presentaba una nueva serie llamada Planetary, guionizada por un Ellis que por aquél entonces ya había comenzando a demostrar lo que podía hacer con una serie tan irregular como Stormwatch y dibujado por un virtual desconocido, al menos para el que esto suscribe, llamado John Cassaday. La historia en sí era una mera anécdota para que conociéramos a Elijah Snow, Jakita Wagner y Drummer, tres miembros de una organización privada de alcance global llamada Planetary. Poco podíamos imaginar entonces que esas ocho páginas, que ya servían de adelanto a ciertos intereses que el guionista explotaría después (con esa reimaginación brillante del origen de Hulk), darían lugar a una de las mejores series del panorama americano de la última década.

Lo primero que llamará la atención de los que nunca hayan oído hablar de esta magna serie (y si eso es así más vale que dejes de leer y salgas corriendo a ver que puedes encontrar en tu tienda habitual) es que Ellis y Cassaday hayan tardado ¡once años! en sacar ¡veintisiete números!. Haciendo unas matemáticas facilonas no llegaría ni a dos ejemplares y medio al año, algo que, conocido de antemano, es de suponer que hubiera hecho temblar al editor más pintado. La causa directa de ello es el afán perfeccionista que ambos abrazaron como religión tras comenzar la colección. Tanto es así que, según se cuenta, ni Ellis ni Cassaday han dado un número por terminado hasta no quedar completamente satisfechos con él, algo impensable en, por ejemplo, una de las cabeceras mutantes. Pero claro, no estamos ante un título cualquiera de esos que Marvel o DC sacan como churros con guionistas y dibujantes más mercenarios de la profesión que otra cosa. No. Aquí estamos tratando con algo mucho más serio y sesudo llamado, qué duda cabe, a formar parte indeleble de la historia del noveno arte.

Siete meses después de esas ocho páginas (que también aparecían como complemento del C.23 número seis, si es que hay alguien a quien le interese tan inútil dato) aparece el primer número de la serie regular, y utilizando una de esas frases comerciales que tanto gustan a los yanquis, "nada volverá a ser lo mismo". Ignorando hasta cierto punto la presentación que había supuesto el complemento, Ellis narra en este primer ejemplar la "incorporación" de Elijah Snow, un hijo del s.XX (del mismo modo que lo era Jenny Sparks, la líder de Authority) con muy mala baba y poderes de control de temperatura, al grupo Planetary formado por Jakita, con poderes de gran velocidad y fuerza y una tendencia incontrolable a pegarle a todo aquello que se mueve y The Drummer, un joven capaz de hablar con cualquier tipo de máquina y de ver la información que circula por el aire.

Con una formación que se mantendrá perenne a lo largo de los veintisiete números que componen la serie, el primero sirve asimismo para hacerse una idea más clara de aquello que se intuía en el complemento, que Planetary va a servir a Ellis como un sentido y continuo homenaje a la cultura popular del s.XX en todo lo que ella ha llegado a serle de inspiración. Así, en este primer ejemplar, el escritor presenta a un grupo de héroes de principios/mediados del siglo pasado en el que no es difícil adivinar las versiones de Doc Savage (nombrado aquí como Doc Brass), The Shadow (the Spider), Tarzán (Lord Shackleton) o Hark (claramente inspirado en Fumanchú). Además, el guionista también comienza a hacer uso de esa característica que tanto ha sabido desarrollar, y que no es otra que la tecno-jerga con la que describe las más alucinantes invenciones, explicando aquí el multiverso como un "Copo de Nieve". Por su parte, Cassaday, aún primerizo, ya apunta maneras tanto en la precisa caracterización de sus personajes, como en el storytelling, aunque en este último aspecto este todavía a años luz de lo que llegará a conseguir.

Tras cuatro primeros números en los que Ellis
se dedica a homenajear a los filmes de Godzilla, el cine de fantasmas chino o el de acción a-la-John-Woo, el cuarto introduce un concepto que resultará muy familiar a aquellos que se dejaran encandilar por las maravillas de Authority, la Sangría, ese corredor entre universos por el que se mueve la nave del grupo que tan buenos momentos nos hizo pasar en manos del guionista inglés o de su compatriota Mark Millar. Pero, ¡ay!, tras estos cuatro ejemplares, comienzan los problemas de regularidad de la serie, necesitando los autores diecinueve meses para completar los doce primeros números de Planetary (que fueron recopilados en un Omnibus de obligatoria presencia en toda tebeoteca que se precie, allá por el 2002).

Hasta ese número doce, que en cierto modo cierra una primera etapa de la serie, habrá pasado de todo. Ellis sigue introduciendo cuantos más homenajes o variaciones de iconos de la cultura popular, mejor, y ello provoca que la lectura de Planetary sea un auténtico gustazo para todos aquellos amantes del cine, la literatura y, sobre todo, el mundo del cómic. Por las muchas páginas que componen esa primera docena, el guionista oriundo de Essex trae a las páginas de su criatura a Los Cuatro Fantásticos (que convierte en la némesis del trío de Planetary y en el enemigo a combatir a lo largo de toda la colección); homenajea a los compatriotas y colegas de profesión que desembarcaron en Estados Unidos en los ochenta (con especial atención por Moore y Morrison) dando al tiempo a entender la procedencia del Spider Jerusalem de su Transmetropolitan; rememora todos aquellos arquetipos que caracterizaron el cine de ciencia-ficción de los años cincuenta y sesenta; da toda una lección a los guionistas de Superman, Wonder Woman o Green Lantern al reinventarlos en poquísimas páginas; trae a la acción a un personaje claramente inspirado en el Nick Furia de Steranko...y todo ello mientras hace avanzar la historia a cada página y viñeta. Ahí es nada.

Y a todo esto, ¿qué pasa con Cassaday?. Pues muy simple, que el dibujante comienza a encontrar formas de reinventarse continuamente, sin dar muestras de un cansancio que por otra parte hubiese resultado difícil de comprender dada la gran variedad de situaciones que los guiones le van exigiendo y efectuando un salto cualitativo asombroso entre lo que podemos ver en los primeros números en comparación con el duodécimo, y de éste con el décimotercero, uno en el que Ellis sigue metiendo personajes como Sherlock Holmes o Drácula y con el que Cassaday demuestra que es capaz de controlar a la perfección la acción aunque para ello tenga que ceñirse al ámbito de una habitación.

Lamentablemente, si en lo estrictamente artístico, tanto guionista como dibujante dan el do de pecho, es a partir de este número trece cuando la colección comienza a sufrir de forma más acusada los retrasos en la aparición de la siguiente aventura. Así, si hasta aquí el máximo retraso que se había producido era de noventa días, desde aquí, pasaremos de esa trimestralidad a saltos que abarcaran desde los veinticuatro meses, los transcurridos entre el número quince y el dieciséis, hasta los tres años que han pasado desde el veintiséis hasta la reciente aparición del veintisiete y último. Una periodicidad dispersa (y me estoy quedando corto) que ante todo ha sido una dura prueba para aquellos que esperábamos cada nueva entrega como agua de mayo.

¿Y qué ha pasado en esos quince números?. De todo. Ha pasado de todo. Sin querer entrar en detalles (aunque cualquiera lo diría por la monstruosa extensión que tiene ya esta recomicdación) Ellis conjuga a la perfección los homenajes que sigue sacando en casi cada número - y en este sentido presten atención al de las películas de artes marciales, aquél que hace a Julio Verne, el que se marca con las historias a lo Galactus o la magnífica revisión que hace del Llanero Solitario - con el progresivo avance del doble pero único macguffin que llega a utilizar. ¿Cómo?. ¿Que qué es eso de doble pero único?. Sencillo. Por más que parezca que Ellis establece un doble objetivo en la serie con el enfrentamiento de Planetary contra Los Cuatro por un lado, y la recuperación de un antiguo miembro por otro, en realidad el guionista nos está engañando vilmente, y ambas no son sino dos caras de una única moneda. Una moneda que llegado al final, se centra en ese prolongado último número en atar todos los cabos sueltos, y ahí es donde radica ese medio punto que le falta a la serie para alcanzar un hasta entonces merecidísimo diez.

Ya sea tanto en el trabajo del guionista (atención a los alucinógenos pero coherentes diálogos del número veintiuno) como en la soberbia labor de un Cassaday que literalmente se sale a cada nuevo número (y aquí sería imposible destacar uno sobre otro), lo cierto es que el gargantuesco lapso de tiempo transcurrido entre el penúltimo y último no sienta bien a la serie; no ya por el ritmo, eso es obvio, sino porque, como era de esperar, se muestra incapaz de cubrir todas las expectativas que a lo largo de los años había conseguido generar. Pero quizás eso sea buscarle tres pies al gato cuando, reitero, estamos hablando de una de las colecciones americanas más atípicas, arriesgadas, bien escritas y mejor dibujadas que he tenido el placer de leer en los últimos tiempos. Y si eso no les convence, me limito a instarles a que lean la frase que acompaña al título del blog de Jotace...no tengo nada más que añadir.

Sergio Benítez (301)

6 comentarios:

Ali dijo...

Gran reseña para un gran tebeo, Sergio. Me muero de ganas por leer la obra entera. Espero que Norma publique el 2º tomo en el 2010 y en un tomo similar al 1º.

Saludetes

sebelo2 dijo...

Muchas gracias Ali. Ya te adelanto que leída del tirón es probable que ese pequeño bajón que comento al final de la recomicdación sea imperceptible.
A ver si Norma se mueve rápido y publica el final de la serie.
Saludetes,
Sergio

Nacho dijo...

La verdad es que es un pedazo de serie desde el primer al último número. Y todo lo que se ha criticado en cuanto a periodicidad durante éstos años va a caer en el olvido de cara a las generaciones posteriores, que podrán disfrutar la serie al completo y de una tacada.

Y sí, Ali. Me parece que el noventaycien por cien de los lectores españoles llevan unas semanitas poniendo velitas a sus santos favoritos para que Norma saque un tomo en el Saló que viene similar al que sacó para rematar la serie.

Saludos!

Ali dijo...

Nacho, empecé a poner velas a mis santos favoritos cuando dejaron de publicarla en grapa, XDDD.

Saludazos

Goku_Junior dijo...

Pues este señor Ellis no será el mismo de Astonishing X-men por que vamos... bueno paso de hablar mal de una saga de mierda que han tardado mas de un año en editar (ups! se me escapo!).

Bueno, a ver si Norma se pone las pilas y saca una buena edición con toda la serie.

sebelo2 dijo...

Pues no Goku, no es el mismo que el de esa saga tan sumamente olvidable en cuanto a guión (el dibujo de Bianchini no está del todo mal) que es Ghost Box. En fin, no todo puede ser sobresaliente porque entonces nos arruinaríamos.
Saludetes,
Sergio